{"id":55549,"date":"2022-04-01T15:41:23","date_gmt":"2022-04-01T13:41:23","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=55549"},"modified":"2022-04-01T15:48:09","modified_gmt":"2022-04-01T13:48:09","slug":"eucaristia-presencia-real-cristo-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/eucaristia-presencia-real-cristo-iglesia\/","title":{"rendered":"La Eucarist\u00eda como \u201cpresencia real de Cristo en la Iglesia\u201d"},"content":{"rendered":"<p>El <a href=\"https:\/\/exaudi.org\/es\/author\/ranierocantalamessa\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">cardenal Raniero Cantalamessa<\/a>, predicador de la Casa Pontificia, ha meditado sobre la Eucarist\u00eda \u201ccomo presencia real de Cristo en la Iglesia\u201d en el 4\u00aa serm\u00f3n de esta Cuaresma 2022.<\/p>\n<p>El tema de las\u00a0meditaciones cuaresmales\u00a0de este a\u00f1o es \u201cTomad, comed: esto es mi cuerpo\u201d, una catequesis mistag\u00f3gica sobre la Eucarist\u00eda, el t\u00edtulo de la de hoy ha sido \u201cLa Eucarist\u00eda como presencia real del Se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, sigue el texto completo de la 4\u00aa predicaci\u00f3n de Cuaresma de 2022, tomada de la\u00a0<a href=\"http:\/\/www.cantalamessa.org\/?p=3994&amp;lang=es\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">p\u00e1gina\u00a0<em>web<\/em>\u00a0oficial<\/a>\u00a0del cardenal Cantalamessa.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de nuestras catequesis mistag\u00f3gicas sobre las tres partes de la Misa \u2013 liturgia de la palabra, consagraci\u00f3n y comuni\u00f3n \u2013 meditemos hoy en la Eucarist\u00eda como presencia real de Cristo en la Iglesia.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo afrontar un misterio tan elevado e inaccesible? Nos vienen a la mente de inmediato las infinitas teor\u00edas y discusiones existentes en torno a ella, las divergencias entre cat\u00f3licos y protestantes, entre latinos y ortodoxos, que llenaban los libros en los que hemos estudiado teolog\u00eda, nosotros que ya tenemos una cierta edad, y estamos tentados de pensar que es imposible decir todav\u00eda algo m\u00e1s sobre este misterio que pueda edificar nuestra fe y caldear nuestro coraz\u00f3n, sin deslizarnos inevitablemente en la pol\u00e9mica interconfesional.<br \/>\nPero es precisamente \u00e9sta la obra maravillosa que el Esp\u00edritu Santo est\u00e1 realizando en nuestros d\u00edas entre todos los cristianos. Nos impulsa a reconocer qu\u00e9 gran parte hab\u00eda, en nuestras disputas eucar\u00edsticas, de presunci\u00f3n humana de poder encerrar el misterio en una teor\u00eda o, incluso, en una palabra, as\u00ed como la voluntad de prevalecer sobre el adversario. Nos impulsa a arrepentirnos de haber reducido la prenda de amor y de unidad que nos dej\u00f3 nuestro Se\u00f1or a un objeto privilegiado de nuestras disputas.<\/p>\n<p>La v\u00eda para ponernos en marcha sobre este camino del ecumenismo eucar\u00edstico es la v\u00eda del reconocimiento rec\u00edproco, la v\u00eda cristiana del agape, es decir, del compartir, o de las \u201cdiferencias reconciliadas\u201d, come dice nuestro Santo Padre. No se trata de pasar por encima de las divergencias reales, o de disminuir en algo la aut\u00e9ntica doctrina cat\u00f3lica. Se trata, m\u00e1s bien, de poner en com\u00fan los aspectos positivos y los valores aut\u00e9nticos que hay en cada una de las tradiciones, de modo que podamos constituir una \u201cmasa\u201d de verdad com\u00fan que comience a atraernos hacia la unidad.<\/p>\n<p>Es incre\u00edble c\u00f3mo algunas posiciones cat\u00f3licas, ortodoxas y protestantes, en torno a la presencia real, resultan divergentes entre s\u00ed y destructivas, cuando son contrapuestas y vistas como alternativas entre s\u00ed; mientras que, por el contrario, aparecen como maravillosamente convergentes, si se mantienen unidas en equilibrio. Es la s\u00edntesis que debemos empezar a hacer; debemos examinar las grandes tradiciones cristianas, para quedarnos \u201ccon lo bueno\u201d de cada una, como nos exhorta el Ap\u00f3stol (cf. 1 Tes 5,21). Esta es la \u00fanica forma en que podemos esperar llegar un d\u00eda a sentarnos todos alrededor de la misma mesa.<\/p>\n<h2><strong>Una presencia real, pero escondida: la tradici\u00f3n latina<\/strong><\/h2>\n<p>Vayamos, pues, a visitar con este esp\u00edritu las tres principales tradiciones eucar\u00edsticas \u2014latina, ortodoxa y protestante\u2014 para edificarnos con las riquezas de cada una de ellas y reunirlas a todas en el tesoro com\u00fan de la Iglesia. La idea que tendremos, al final, del misterio de la presencia real resultar\u00e1 m\u00e1s rica y viva.<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n de la teolog\u00eda y de la liturgia latina, el centro indiscutido de la acci\u00f3n eucar\u00edstica, del que brota la presencia real de Cristo, es el momento de la consagraci\u00f3n. En \u00e9l Jes\u00fas act\u00faa y habla en primera persona. San Ambrosio, por ejemplo, escribe:<\/p>\n<p>Este pan es pan antes de las palabras sacramentales; pero, una vez que recibe la consagraci\u00f3n, el pan se convierte en carne de Cristo\u2026 \u00bfCon qu\u00e9 palabras se realiza la consagraci\u00f3n y qui\u00e9n las dijo? \u00a1Con las palabras que dijo el Se\u00f1or Jes\u00fas! Porque todo lo que se dice antes son palabras del sacerdote, alabanzas a Dios, oraciones en que se pide por el pueblo, por los reyes, por los dem\u00e1s; pero cuando se llega al momento en que se realiza el sacramento venerable, el sacerdote ya no usa palabras suyas, sino de Cristo. Luego es la palabra de Cristo la que hace (<em>conficit<\/em>) este sacramento\u2026 Mira, pues, qu\u00e9 poder (<em>operatorius<\/em>) tiene la palabra de Cristo\u2026 Antes de la consagraci\u00f3n no exist\u00eda el cuerpo de Cristo, pero despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n te digo que ya es cuerpo de Cristo. \u00c9l lo dijo y se hizo, \u00c9l lo mand\u00f3 y fue creado (cf. Sal 33,9) .<\/p>\n<p>Podemos hablar, en la visi\u00f3n latina, de un realismo cristol\u00f3gico. \u201cCristol\u00f3gico\u201d porque toda la atenci\u00f3n se dirige aqu\u00ed a Cristo, visto tanto en su existencia hist\u00f3rica y encarnada, como en la de Resucitado; Cristo es tanto el objeto como el sujeto de la Eucarist\u00eda, es decir, aquel que es realizado en la Eucarist\u00eda y el que realiza la Eucarist\u00eda. \u201cRealismo\u201d porque este Jes\u00fas no es visto presente sobre el altar simplemente como un signo o un s\u00edmbolo, sino en verdad y con su realidad. Dicho realismo cristol\u00f3gico, por poner un ejemplo, es visible en el canto Ave verum que dice: \u201cSalve, verdadero cuerpo, nacido de Mar\u00eda Virgen, que realmente has sufrido y fuiste inmolado en la cruz por el hombre, de cuyo costado atravesado man\u00f3 sangre y agua\u2026\u201d<br \/>\nEl concilio de Trento, a continuaci\u00f3n, precis\u00f3 mejor esta forma de concebir la presencia real, utilizando tres adverbios: <em>vere, realiter, substantialiter<\/em>. Jes\u00fas est\u00e1 presente verdaderamente, no s\u00f3lo en imagen o en figura; est\u00e1 presente realmente, no s\u00f3lo subjetivamente, para la fe de los creyentes; est\u00e1 presente sustancialmente, es decir, seg\u00fan su realidad profunda que es invisible a los sentidos, y no seg\u00fan su apariencia que sigue siendo la del pan y el vino.<br \/>\nPod\u00eda existir, es verdad, el peligro de caer en un \u201ccrudo\u201d realismo, o en un realismo exagerado. Pero el remedio a dicho peligro est\u00e1 en la misma tradici\u00f3n. San Agust\u00edn clarific\u00f3, de una vez por todas, que la presencia de Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda tiene lugar in sacramento. En otras palabras, no es una presencia f\u00edsica, sino sacramental, mediada por signos que son, precisamente, el pan y el vino. En este caso, sin embargo, el signo no excluye la realidad, sino que la hace presente, en el \u00fanico modo con el que el Cristo resucitado que \u201cvive en el Esp\u00edritu\u201d (1 Pe 3,18) puede hac\u00e9rsenos presente, mientras vivimos todav\u00eda en el cuerpo.<br \/>\nSanto Tom\u00e1s de Aquino \u2014el otro gran art\u00edfice de la espiritualidad eucar\u00edstica occidental, junto con san Ambrosio y san Agust\u00edn\u2014 dice lo mismo, al hablar de una presencia de Cristo \u201cseg\u00fan la sustancia\u201d bajo las especies del pan y del vino. Decir, en efecto, que Jes\u00fas se hace presente en la Eucarist\u00eda con su sustancia, significa que se hace presente con su realidad verdadera y profunda, que s\u00f3lo puede ser alcanzada mediante la fe. En el himno Adoro te devote, que refleja fielmente el pensamiento del santo Doctor y que ha servido m\u00e1s que muchos libros para plasmar la piedad eucar\u00edstica latina, se dice: \u201cLa vista, el tacto, el gusto, son aqu\u00ed falaces; s\u00f3lo queda la fe en tu palabra\u201d: \u201c<em>Visus tactus gustus in te fallitur \u2013 sed auditu solo tuto creditur<\/em>\u201d.<br \/>\nJes\u00fas est\u00e1 presente, pues, en la Eucarist\u00eda, de un modo \u00fanico que no tiene parang\u00f3n en otro lugar. Ning\u00fan adjetivo, por s\u00ed solo, es suficiente para describir dicha presencia; ni siquiera el adjetivo \u201creal\u201d. Real viene de res (cosa) y significa: a modo de cosa o de objeto; pero Jes\u00fas no est\u00e1 presente en la Eucarist\u00eda como una \u201ccosa\u201d o un objeto, sino como una persona. Si se quiere dar justamente un nombre a esta presencia, ser\u00eda mejor llamarla simplemente presencia \u201ceucar\u00edstica\u201d, porque se realiza solamente en la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<h2><strong>La acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo: la tradici\u00f3n ortodoxa<\/strong><\/h2>\n<p>La teolog\u00eda latina presenta muchas riquezas, pero no agota \u2014ni podr\u00eda hacer-lo\u2014 el misterio. Le ha faltado, al menos en el pasado, el debido relieve al Esp\u00edritu Santo, que es tambi\u00e9n esencial para comprender la Eucarist\u00eda. As\u00ed pues, nos volvemos hac\u00eda Oriente para interrogar a la tradici\u00f3n ortodoxa, con un \u00e1nimo, sin embargo, bien distinto al de anta\u00f1o; no ya inquietos por las diferencias, sino felices por la complementaci\u00f3n que \u00e9sta proporciona a nuestra visi\u00f3n latina.<br \/>\nEn la tradici\u00f3n ortodoxa, en efecto, resalta de manera especial la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica. Esta comparaci\u00f3n ha tra\u00eddo sus frutos, despu\u00e9s del concilio Vaticano II. Hasta entonces, en el Canon Romano de la Misa, la \u00fanica menci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo era la que, por inciso, se hac\u00eda en la doxolog\u00eda final: \u201cPor Cristo, con \u00e9l y en \u00e9l\u2026 en la unidad del Esp\u00edritu Santo\u2026\u201d Ahora, en cambio, todos los c\u00e1nones nuevos recogen una doble invocaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo: una sobre las ofrendas, antes de la consagraci\u00f3n, y otra sobre la Iglesia, despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n.<br \/>\nLas liturgias orientales han atribuido siempre la realizaci\u00f3n de la presencia real de Cristo sobre el altar a una operaci\u00f3n especial del Esp\u00edritu Santo. En la an\u00e1fora, llamada de Santiago, en uso en la Iglesia antioquena, el Esp\u00edritu Santo es invocado con estas palabras:<\/p>\n<p>Env\u00eda sobre nosotros y sobre estos santos dones presentados, tu sant\u00edsimo Esp\u00edritu, Se\u00f1or y dador de vida, que est\u00e1 sentado contigo, Dios y Padre, y con tu \u00fanico Hijo. \u00c9l reina consustancial y coeterno; ha hablado en la ley y en los profetas y en el Nuevo Testamento; descendi\u00f3, bajo forma de paloma, sobre nuestro Se\u00f1or Jesucristo en el r\u00edo Jord\u00e1n, pos\u00e1ndose sobre \u00e9l; descendi\u00f3 sobre los santos ap\u00f3stoles el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, bajo la forma de lenguas de fuego. Env\u00eda este Esp\u00edritu tuyo, tres veces santo, Se\u00f1or, sobre nosotros y sobre estos santos dones presentados, para que, por su venida, santa, buena y gloriosa, santifique este pan y lo transforme en el santo cuerpo de Cristo (Am\u00e9n); santifique este c\u00e1liz y lo transforme en la sangre preciosa de Cristo (Am\u00e9n).<\/p>\n<p>Hay aqu\u00ed bastante m\u00e1s que un simple a\u00f1adido de la invocaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Hay una mirada amplia y penetrante en toda la historia de la salvaci\u00f3n que ayuda a descubrir una dimensi\u00f3n nueva del misterio eucar\u00edstico. Partiendo de las palabras del s\u00edmbolo niceno-constantinopolitano que definen al Esp\u00edritu Santo como \u201cSe\u00f1or\u201d y \u201cdador de vida\u201d, \u201cque habl\u00f3 por los profetas\u201d, se ampl\u00eda la perspectiva hasta trazar una aut\u00e9ntica \u201chistoria\u201d de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda lleva a cumplimiento esta serie de intervenciones prodigiosas. El Esp\u00edritu Santo, que en Pascua irrumpi\u00f3 en el sepulcro y, \u201ctocando\u201d el cuerpo inanimado de Jes\u00fas, lo hizo revivir, en la Eucarist\u00eda repite este prodigio. Desciende sobre el pan y sobre el vino, que son elementos muertos y les da la vida, los transforma en el cuerpo y en la sangre vivientes del Redentor. Verdaderamente \u2014como dijo el mismo Jes\u00fas hablando de la Eucarist\u00eda\u2014 \u201ces el Esp\u00edritu el que da la vida\u201d (Jn 6,63). Un gran representante de la tradici\u00f3n eucar\u00edstica oriental, Teodoro de Mopsuestia, escribe:<\/p>\n<p>En virtud de la acci\u00f3n lit\u00fargica, nuestro Se\u00f1or est\u00e1 como resucitado de entre los muertos y, por la venida del Esp\u00edritu Santo, distribuye su gracia sobre todos nosotros\u2026 Cuando el sacerdote declara que este pan y este vino son el cuerpo y la sangre de Cristo, afirma que se han transformado por el contacto del Esp\u00edritu Santo. Sucede lo mismo que en el cuerpo natural de Cristo cuando recibi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo y su unci\u00f3n. En ese momento, con la venida del Esp\u00edritu Santo, creemos que el pan y el vino reciben una especie de uni\u00f3n de gracia. Y desde entonces los consideramos como el Cuerpo y la Sangre de Cristo, inmortales, incorruptibles, impasibles e inmutables por naturaleza, como el Cuerpo mismo de Cristo en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, es importante tener en cuenta una cosa que nos permite ver c\u00f3mo incluso la tradici\u00f3n latina tiene algo que ofrecer a los hermanos ortodoxos. El Esp\u00edritu Santo no act\u00faa separadamente de Jes\u00fas, sino en la palabra de Jes\u00fas. De \u00e9l dice Jes\u00fas: \u201cNo hablar\u00e1 por su cuenta, sino que hablar\u00e1 lo que oiga\u2026 \u00c9l me dar\u00e1 gloria porque recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1\u201d (Jn 16,13-14). Por eso no hay que separar, y mucho menos contraponer, las palabras de Jes\u00fas (\u201cEsto es mi Cuerpo\u201d) de las palabras de la ep\u00edclesis (\u201cQue este mismo Esp\u00edritu santifique estas ofrendas, para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo\u201d).<br \/>\nLa llamada a la unidad para los cat\u00f3licos y los hermanos ortodoxos, se eleva desde las profundidades mismas del misterio eucar\u00edstico. Aunque el recuerdo de la instituci\u00f3n y la invocaci\u00f3n del Esp\u00edritu sucedan en momentos distintos (el hombre no puede expresar el misterio en un solo instante), su acci\u00f3n, sin embargo, es conjunta. La eficacia proviene, ciertamente, del Esp\u00edritu (no del sacerdote, ni de la Iglesia), pero dicha eficacia se ejerce en la palabra de Cristo y a trav\u00e9s de ella.<\/p>\n<p>La eficacia que hace presente a Jes\u00fas sobre el altar no viene \u2014como he dicho\u2014 de la Iglesia, pero \u2014y a\u00f1ado\u2014 no tiene lugar sin la Iglesia. Ella es el instrumento vivo a trav\u00e9s del cual y junto con el cual obra el Esp\u00edritu Santo. En la venida de Jes\u00fas sobre el altar sucede lo mismo que en la venida final en gloria: \u201cEl Esp\u00edritu y la Esposa\u201d (la Iglesia) \u201cdicen\u201d a Jes\u00fas: \u201cVen\u201d (cf. Ap 22,17). Y \u00e9l viene.<\/p>\n<h2><strong>La importancia de la fe: la espiritualidad protestante<\/strong><\/h2>\n<p>La tradici\u00f3n latina ha puesto de relieve \u201cqui\u00e9n\u201d est\u00e1 presente en la Eucarist\u00eda: Cristo; la tradici\u00f3n ortodoxa ha resaltado \u201cpor qui\u00e9n\u201d se obra su presencia: por el Esp\u00edritu Santo; la teolog\u00eda protestante pone de relieve \u201csobre qui\u00e9n\u201d se obra dicha presencia; en otras palabras, en qu\u00e9 condiciones el sacramento obra, de hecho, en quien lo recibe, lo que significa. Estas condiciones son distintas, pero se resumen en una palabra: la fe.<\/p>\n<p>No nos detengamos en seguida en las consecuencias negativas sacadas, en determinados per\u00edodos del principio protestante seg\u00fan el cual los sacramentos no son m\u00e1s que \u201csignos de la fe\u201d. Pasemos por encima de la pol\u00e9mica y los malentendidos, y d\u00e9monos cuenta de que esta en\u00e9rgica llamada a la fe es saludable precisamente para salvaguardar el sacramento y no hacer que degenere en una de tantas \u201cbuenas obras\u201d, o en algo que act\u00faa mec\u00e1nica y m\u00e1gicamente, casi a espaldas del hombre. En el fondo, se trata de descubrir el profundo significado de esa exclamaci\u00f3n que la liturgia hace resonar al final de la consagraci\u00f3n y que, en un tiempo \u2014a\u00fan nos acordamos de ello\u2014, estaba incluso insertada en el centro de la f\u00f3rmula de la consagraci\u00f3n, como para subrayar que la fe es parte esencial del misterio: <em>Mysterium fidei<\/em>, \u201cEste es el misterio de nuestra fe\u201d.<\/p>\n<p>La fe no \u201chace\u201d, sino que s\u00f3lo \u201crecibe\u201d el sacramento. S\u00f3lo la palabra de Cristo, repetida por la Iglesia y hecha eficaz por el Esp\u00edritu Santo, \u201chace\u201d el sacramento. Pero, \u00bfde qu\u00e9 servir\u00eda un sacramento \u201checho\u201d, pero no \u201crecibido\u201d? A prop\u00f3sito de la Encarnaci\u00f3n, hombres como Or\u00edgenes, san Agust\u00edn o san Bernardo, dijeron: \u201c\u00bfDe qu\u00e9 me sirve que Cristo haya nacido de Mar\u00eda una vez en Bel\u00e9n, si no nace tambi\u00e9n, por la fe, en mi coraz\u00f3n?\u201d Lo mismo se debe decir tambi\u00e9n de la Eucarist\u00eda: \u00bfde qu\u00e9 me sirve que Cristo est\u00e9 realmente presente sobre el altar, si no est\u00e1 presente para m\u00ed? No existe m\u00fasica alguna all\u00ed donde no hay ning\u00fan o\u00eddo que pueda escucharla. Ya durante el tiempo en que Cristo estaba f\u00edsicamente presente en la tierra, era necesaria la fe; de lo contrario \u2014como \u00e9l mismo repite tantas veces en el Evangelio\u2014 su presencia no serv\u00eda de nada, o serv\u00eda m\u00e1s bien como condenaci\u00f3n: \u201c\u00a1Ay de ti Coroza\u00edn, ay de ti Cafarna\u00fam\u201d!<br \/>\nLa fe es necesaria para que la presencia de Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda sea, no s\u00f3lo \u201creal\u201d, sino tambi\u00e9n \u201cpersonal\u201d, es decir, de persona a persona. En efecto, una cosa es \u201cestar\u201d y otra \u201cestar presente\u201d. La presencia supone alguien que est\u00e1 presente y alguien a quien se hace presente; supone comunicaci\u00f3n rec\u00edproca, el intercambio entre dos sujetos libres que toman conciencia el uno del otro. Es mucho m\u00e1s, pues, que un simple estar en un determinado lugar.<br \/>\nSemejante dimensi\u00f3n subjetiva y existencial de la presencia eucar\u00edstica no anula la presencia objetiva que precede la fe del hombre, es m\u00e1s, la supone y la valora. Lutero, que tanto ensalz\u00f3 la funci\u00f3n de la fe, es tambi\u00e9n uno de los que ha sostenido con mayor vigor la doctrina de la presencia real de Cristo en el sacramento del altar. En el famoso coloquio de Marburgo de 1529 el afirm\u00f3:<\/p>\n<p>No puedo entender las palabras \u201cEsto es mi cuerpo\u201d, de manera distinta de como suenan. Tendr\u00e1n que probar los dem\u00e1s que all\u00ed donde dice \u201cEsto es mi cuerpo\u201d, no est\u00e1 el cuerpo de Cristo. No quiero escuchar explicaciones basadas en la raz\u00f3n. No admito disputa alguna sobre palabras tan claras; rechazo los argumentos de raz\u00f3n o de sentido com\u00fan. Demostraciones ma-teriales, argumentos geom\u00e9tricos: rechazo todo esto por completo. Dios est\u00e1 por encima de las matem\u00e1ticas, y hay que adorar y cumplir con estupor las palabras de Dios.<\/p>\n<p>Esta r\u00e1pida mirada que hemos dado a las distintas tradiciones cristianas es suficiente para hacernos vislumbrar el inmenso don que se hace presente a la Iglesia cuando las distintas confesiones cristianas deciden poner en com\u00fan sus bienes espirituales, como hac\u00edan los primeros cristianos, de quienes se dice que lo \u201cten\u00edan todo en com\u00fan\u201d (Hch 2,44). Es \u00e9ste el mayor agape, a nivel de toda la Iglesia, que el Se\u00f1or hace que deseemos ver de coraz\u00f3n, para alegr\u00eda de nuestro Padre com\u00fan y para el fortalecimiento de su Iglesia.<\/p>\n<h2><strong>Sentimiento de presencia<\/strong><\/h2>\n<p>Hemos llegado al final de nuestra breve peregrinaci\u00f3n eucar\u00edstica a trav\u00e9s de las diversas confesiones cristianas. Hemos recogido tambi\u00e9n nosotros algunas cestas de fragmentos que han sobrado de la gran multiplicaci\u00f3n de los panes que ha tenido lugar en la Iglesia. Pero no podemos terminar aqu\u00ed nuestra meditaci\u00f3n sobre el misterio de la presencia real. Ser\u00eda como haber recogido los fragmentos y no com\u00e9rselos. La fe en la presencia real es algo grande, pero no nos basta; al menos no basta la fe entendida en un cierto modo. No basta tener una idea exacta, profunda, teol\u00f3gicamente perfecta de la presencia real de Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda. Cu\u00e1ntos te\u00f3-logos lo saben todo sobre dicho misterio, pero no conocen la presencia real. Porque, en sentido b\u00edblico, uno \u201cconoce\u201d algo s\u00f3lo si lo experimenta. Conoce verdaderamente el fuego s\u00f3lo quien, al menos una vez, ha sido alcanzado por una llama y ha tenido que echarse atr\u00e1s r\u00e1pidamente para no quemarse.<\/p>\n<p>San Gregorio de Nisa nos dej\u00f3 una expresi\u00f3n estupenda para indicar este nivel m\u00e1s alto de fe; habla de \u201cun sentimiento de presencia\u201d que se tiene cuando alguien es atrapado por la presencia de Dios y tiene una cierta percepci\u00f3n (no s\u00f3lo una idea) de que \u00e9l est\u00e1 presente. No se trata de una percepci\u00f3n natural; es fruto de una gracia que opera como una ruptura de nivel, un salto de cualidad.<br \/>\nHay una analog\u00eda muy importante con lo que ocurr\u00eda cuando, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas se dejaba reconocer por alguien. Era algo imprevisto que, de repente, cambiaba por completo el estado de una persona. Pocos d\u00edas despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n los ap\u00f3stoles est\u00e1n pescando en el lago, y aparece un hombre en la orilla. Se entabla un di\u00e1logo a distancia: \u201c\u00bfTen\u00e9is algo de comer?\u201d, responden: \u201c\u00a1No!\u201d. Pero, de pronto, salta una chispa en el coraz\u00f3n de Juan y lanza un grito: \u201c\u00a1Es el Se\u00f1or!\u201d, y entonces todo cambia y corren hacia la orilla (cf. Jn 21,4ss.). Lo mismo sucede, aunque de modo m\u00e1s sereno, con los disc\u00edpulos de Ema\u00fas; Jes\u00fas caminaba con ellos, \u201cpero sus ojos eran incapaces de reconocerlo\u201d; finalmente, en el gesto de partir el pan \u201cse les abrieron los ojos y lo reconocieron\u201d (Lc 24,13ss.).<\/p>\n<p>Algo parecido tiene lugar el d\u00eda en que un cristiano, despu\u00e9s de haber recibido tantas y tantas veces a Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda, finalmente, por un don de la gracia, lo \u201creconoce\u201d.<br \/>\nDe la fe y del \u201csentimiento\u201d de la presencia real, debe florecer espont\u00e1neamente la reverencia y, m\u00e1s a\u00fan, la ternura hacia Jes\u00fas sacramentado. Es \u00e9ste un sentimiento tan delicado y personal que s\u00f3lo con hablar de \u00e9l se corre el riesgo de estropearlo. San Francisco de As\u00eds ten\u00eda el coraz\u00f3n lleno de tales sentimientos hacia Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda. Se conmueve frente a Jes\u00fas en el sacramento, como en Greccio se conmueve frente al Ni\u00f1o de Bel\u00e9n; lo ve tan confiado a los hombres, tan desamparado, tan humilde. En su Carta a toda la Orden escribe palabras de fuego que queremos escuchar ahora como dirigidas a nosotros al final de nuestra meditaci\u00f3n sobre la presencia real de Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda:<\/p>\n<p>Ved vuestra dignidad, hermanos sacerdotes, y sed santos, porque \u00e9l es santo\u2026 Gran miseria y miserable debilidad, que cuando lo ten\u00e9is tan presente a \u00e9l en persona, vosotros os preocup\u00e9is de cualquier otra cosa en todo el mundo. \u00a1Tiemble el hombre entero, que se estremezca el mundo entero, y que el cielo exulte, cuando sobre el altar, en las manos del sacerdote, est\u00e1 Cristo, el Hijo del Dios vivo! \u00a1Oh admirable celsitud y asombrosa condescendencia! \u00a1Oh humildad sublime! \u00a1Oh sublimidad humilde, pues el Se\u00f1or del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra salvaci\u00f3n se esconde bajo una peque\u00f1a forma de pan! Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante \u00e9l vuestros corazones; humillaos tambi\u00e9n vosotros para que se\u00e1is ensalzados por \u00e9l. Por consiguiente, nada de vosotros reteng\u00e1is para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero.<\/p>\n<p>\u00a9 Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco<\/p>\n<ol>\n<li>SAN AMBROSIO<em>, Sobre los sacramentos IV<\/em>, 14-16: PL 16,439ss; [trad. esp. Explicaci\u00f3n del s\u00edmbolo. Los sacramentos. Los misterios (Ed. P. Cervera) (Ciudad Nueva, Madrid 2005)].<\/li>\n<li>SANTO TOM\u00c1S DE AQUINO, <em>Summa theologiae<\/em>, III, q.75, a.4.<\/li>\n<li>TEODORO DE MOPSUESTIA, Homil\u00edas catequ\u00e9ticas XVI, 11s.: <em>Studi e Testi<\/em> 145,551s [trad. esp. El Padrenuestro, el bautismo y la Eucarist\u00eda. Catequesis mistag\u00f3gicas XI-XVI (Ed. F.J. L\u00f3pez Sa\u00e9z) (Sigueme, Salamanca 2022)].<\/li>\n<li>Actas del Coloquio de Marburgo de 1529, en Obras de Lutero (ed. Weimar) 30,3,110ss.).<br \/>\n5.SAN GREGORIO DE NISA. Sobre el Cantar XI, 5,2: PG 44,1001 (<em>aisthesis parousias<\/em>).<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>4\u00aa predicaci\u00f3n de Cuaresma<\/p>\n","protected":false},"author":88,"featured_media":55550,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[132],"tags":[872,6202,2002,4953],"class_list":["post-55549","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vaticano-es","tag-cardenal-raniero-cantalamessa","tag-cuaresma-2022","tag-eucaristia-es","tag-trending-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>La Eucarist\u00eda como \u201cpresencia real de Cristo en la Iglesia\u201d &#8211; Exaudi<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"El cardenal Raniero Cantalamessa ha meditado sobre la Eucarist\u00eda \u201ccomo presencia real de Cristo en la Iglesia\u201d en el 4\u00aa serm\u00f3n de Cuaresma\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/exaudi.org\/es\/eucaristia-presencia-real-cristo-iglesia\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La Eucarist\u00eda como \u201cpresencia real de Cristo en la Iglesia\u201d &#8211; 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