{"id":54314,"date":"2022-03-11T12:27:31","date_gmt":"2022-03-11T11:27:31","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=54314"},"modified":"2022-03-18T13:53:09","modified_gmt":"2022-03-18T12:53:09","slug":"cardenal-cantalamessa-redescubrir-el-asombro-eucaristico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/cardenal-cantalamessa-redescubrir-el-asombro-eucaristico\/","title":{"rendered":"Cardenal Cantalamessa: \u201cRedescubrir el asombro eucar\u00edstico\u201d"},"content":{"rendered":"<p>\u201cRedescubrir el asombro eucar\u00edstico\u201d es el objetivo de las predicaciones de Cuaresma del <a href=\"https:\/\/exaudi.org\/es\/author\/ranierocantalamessa\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">cardenal Raniero Cantalamessa<\/a>.<\/p>\n<p>De acuerdo a la Oficina de Prensa de la Santa Sede, a las 9 horas de esta ma\u00f1ana, en el Aula Pablo VI, el cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, pronunci\u00f3 el primer Serm\u00f3n de Cuaresma.<\/p>\n<p>El tema de las meditaciones cuaresmales de este a\u00f1o es \u201cTomad, comed: esto es mi cuerpo\u201d, una catequesis mistag\u00f3gica sobre la Eucarist\u00eda. \u00a0Las reflexiones cuaresmales tendr\u00e1n como objeto la Eucarist\u00eda en su etapa actual, es decir, como sacramento.<\/p>\n<p>Los pr\u00f3ximos sermones de Cuaresma tendr\u00e1n lugar los viernes 18 y 25 de marzo y 1 y 8 de abril de 2022.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, sigue el texto completo de la 1\u00aa predicaci\u00f3n de Cuaresma de 2022, tomada de la <a href=\"http:\/\/www.cantalamessa.org\/?p=3994&amp;lang=es\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">p\u00e1gina <em>web<\/em> oficial<\/a> del cardenal Cantalamessa.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Entre los muchos males que la pandemia de Covid est\u00e1 causando a la humanidad, ha habido al menos un efecto positivo desde el punto de vista de la fe. Nos ha hecho tomar conciencia de la necesidad que tenemos de la Eucarist\u00eda y del vac\u00edo que crea su carencia. Durante el per\u00edodo m\u00e1s agudo de la pandemia en 2020 me impresion\u00f3 mucho -y a m\u00ed creo que a muchos otros- lo que significaba asistir todas las ma\u00f1anas por televisi\u00f3n a la Santa Misa celebrada por el Papa Francisco en Santa Marta.<\/p>\n<p>Algunas iglesias locales y nacionales han decidido dedicar este a\u00f1o a una catequesis especial sobre la Eucarist\u00eda, de cara de un deseado renacimiento eucar\u00edstico en la Iglesia Cat\u00f3lica. Me parece una decisi\u00f3n oportuna y un ejemplo a seguir, tal vez subrayando algunos aspectos no siempre tomados en consideraci\u00f3n. Por eso, he pensado hacer una peque\u00f1a contribuci\u00f3n al proyecto, dedicando las reflexiones de esta Cuaresma a un reexamen del misterio eucar\u00edstico.<br \/>\nLa Eucarist\u00eda est\u00e1 en el centro de cada tiempo lit\u00fargico, de la Cuaresma no menos que de los dem\u00e1s tiempos. Es lo que celebramos todos los d\u00edas, la Pascua diaria. Cada peque\u00f1o progreso en su comprensi\u00f3n se traduce en un progreso en la vida espiritual de la persona y de la comunidad eclesial. Pero tambi\u00e9n es, por desgracia, lo m\u00e1s expuesto, por su repetitividad, a caducar de forma rutinaria, a algo que se da por descontado. San Juan Pablo II, en la carta <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/special_features\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_20030417_ecclesia_eucharistia_sp.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Ecclesia de Eucharistia<\/em><\/a>, escrita en abril 2003, dice que los cristianos deben redescubrir y mantener viva el \u201casombro eucar\u00edstico\u201d. Para este prop\u00f3sito quisieran servir nuestras reflexiones: redescubrir el asombro eucar\u00edstico.<\/p>\n<p>Hablar de la Eucarist\u00eda en tiempo de pandemia y ahora adem\u00e1s con los horrores de la guerra delante de nuestro ojos, no es huir de la realidad dram\u00e1tica que estamos viviendo, sino una ayuda para mirarla desde un punto de vista m\u00e1s elevado y menos contingente. La Eucarist\u00eda es la presencia en la historia del acontecimiento que ha invertido para siempre los papeles entre vencedores y v\u00edctimas. En la cruz, Cristo hizo de la v\u00edctima el verdadero vencedor: \u201c<em>Victor quia victima<\/em>\u201d, lo define san Agust\u00edn: vencedor precisamente por ser v\u00edctima. La Eucarist\u00eda nos ofrece la verdadera clave de lectura de la historia. Ella nos asegura que Jes\u00fas est\u00e1 con nosotros, no solo intencionalmente, sino realmente en este mundo nuestro que parece escaparse de nuestras manos en cualquier momento. Nos repite: \u201c\u00a1Animo! Yo he vencido al mundo!\u201d (Juan 16: 33).<\/p>\n<h2><strong>La Eucarist\u00eda en la historia de la salvaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>\u00bfQu\u00e9 lugar ocupa la Eucarist\u00eda en la historia de la salvaci\u00f3n? La respuesta es: \u00a1no ocupa un lugar, sino que lo ocupa todo! La Eucarist\u00eda es co-extensiva a la historia de la salvaci\u00f3n. Sin embargo, est\u00e1 presente de tres maneras diferentes, en los tres tiempos o fases diferentes de la salvaci\u00f3n: est\u00e1 presente en el Antiguo Testamento como figura; est\u00e1 presente en el Nuevo Testamento como acontecimiento y est\u00e1 presente en el tiempo de la Iglesia como sacramento. La figura anticipa y prepara el acontecimiento, el sacramento \u201cprolonga\u201d y actualiza el evento.<br \/>\nEn el Antiguo Testamento \u2014dec\u00eda\u2014, la Eucarist\u00eda est\u00e1 presente \u201cen figura\u201d. Una de estas figuras era el man\u00e1, otra el sacrificio de Melquisedec, otra el sacrificio de Isaac. En la secuencia <em>Lauda Sion Salvatorem<\/em>, compuesta por santo Tom\u00e1s de Aquino para la fiesta del <em>Corpus Christi<\/em>, se canta: \u201cPresagiado en las figuras: sacrificado en Isaac, indicado en el cordero pascual, dado a los padres como man\u00e1\u201d: <em>In fig\u00faris pr\u00e6sign\u00e1tur, \/ cum Isaac immol\u00e1tur: \/agnus pasch\u00e6 deput\u00e1tur: \/datur manna p\u00e1tribus.<\/em> Como figuras de la Eucarist\u00eda, santo Tom\u00e1s llama a estos ritos \u201clos sacramentos de la Ley antigua\u201d.<\/p>\n<p>Con la venida de Cristo y su misterio de muerte y resurrecci\u00f3n, la Eucarist\u00eda ya no est\u00e1 presente como figura, sino como acontecimiento, como realidad. Lo llamamos \u201cacontecimiento\u201d porque es algo que sucedi\u00f3 hist\u00f3ricamente, un hecho \u00fanico en el tiempo y en el espacio, sucedido solo una vez (semel) e irrepetible: Cristo \u201cs\u00f3lo una vez, en la plenitud de los tiempos, apareci\u00f3 para anular el pecado por medio del sacrificio de s\u00ed mismo\u201d (Heb 9,26).<br \/>\nFinalmente, en el tiempo de la Iglesia, la Eucarist\u00eda \u2014dec\u00eda\u2014, est\u00e1 presente como sacramento, es decir, en el signo del pan y del vino, instituido por Cristo. Es importante que entendamos bien la diferencia entre el acontecimiento y el sacramento: en la pr\u00e1ctica, es la diferencia entre la historia y la liturgia. Dej\u00e9monos ayudar por San Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Nosotros \u2014dice el santo doctor\u2014 sabemos y creemos con fe cert\u00edsima que Cristo muri\u00f3 una sola vez por nosotros, \u00e9l, justo, por los pecadores, \u00e9l, Se\u00f1or por los siervos. Sabemos perfectamente que esto s\u00f3lo ha sucedido una vez; y, sin embargo, el sacramento lo renueva peri\u00f3dicamente, como si se repitiera varias veces lo que la historia proclama que ha sucedido una sola vez. Sin embargo, acontecimiento y sacramento no est\u00e1n en contraste entre s\u00ed, como si el sacramento fuera falaz y solo el acontecimiento fuera verdadero. De hecho, de lo que la historia afirma haber sucedido, en realidad, una sola vez, de esto el sacramento renueva (<em>renovat<\/em>) a menudo la celebraci\u00f3n en el coraz\u00f3n de los fieles. La historia revela lo que sucedi\u00f3 una vez y c\u00f3mo sucedi\u00f3, el liturgia hace que el pasado no se olvide; no en el sentido de que hace que vuelva a suceder (<em>non faciendo<\/em>), sino en el sentido de que lo celebra (<em>sed celebrando<\/em>) .<\/p>\n<p>Aclarar la conexi\u00f3n que existe entre el sacrificio \u00fanico de la cruz y la Misa es algo muy delicado y siempre ha sido uno de los puntos de mayor disenso entre cat\u00f3licos y protestantes. Agust\u00edn utiliza, como hemos visto, dos verbos: renovar y celebrar que son muy justos, siempre que, sin embargo, se entiendan uno a la luz del otro: la Misa renueva el acontecimiento de la cruz celebr\u00e1ndolo (\u00a1no reiter\u00e1ndolo!) y lo celebra renov\u00e1ndolo (\u00a1no s\u00f3lo record\u00e1ndolo!). La palabra, en la que hoy se logra el mayor consenso ecum\u00e9nico, es quiz\u00e1s el verbo (tambi\u00e9n utilizado por Pablo VI, en la enc\u00edclica Mysterium fidei) representar entendido en el sentido fuerte de re-presentar, es decir, hacer presente de nuevo .<\/p>\n<p>Seg\u00fan la historia, ha habido, por lo tanto, una sola Eucarist\u00eda, la realizada por Jes\u00fas con su vida y su muerte; seg\u00fan la liturgia, sin embargo, es decir, gracias al sacramento, hay tantas Eucarist\u00edas como se han celebrado y se celebrar\u00e1n hasta el fin del mundo. El acontecimiento se realiz\u00f3 una sola vez (semel), el sacramento se realiza \u201ccada vez\u201d (quotiescumque). Gracias al sacramento de la Eucarist\u00eda nos convertimos, misteriosamente, en contempor\u00e1neos del acontecimiento; el acontecimiento se nos hace presente y nosotros al acontecimiento.<br \/>\nNuestras reflexiones cuaresmales tendr\u00e1n como objeto la Eucarist\u00eda en su etapa actual, es decir, como sacramento. En la Iglesia antigua hab\u00eda una catequesis especial, llamada mistag\u00f3gica, que estaba reservada al obispo y se impart\u00eda despu\u00e9s, no antes, del bautismo. Su objetivo era revelar a los ne\u00f3fitos el significado de los ritos celebrados y las profundidades de los misterios de la fe: bautismo, confirmaci\u00f3n o unci\u00f3n y, en particular, la Eucarist\u00eda. Lo que nos proponemos hacer es precisamente una peque\u00f1a catequesis mistag\u00f3gica sobre la Eucarist\u00eda. Para permanecer lo m\u00e1s posible anclados a la naturaleza sacramental y ritual de la misma, seguiremos de cerca el desarrollo de la Misa en sus tres partes \u2014liturgia de la palabra, liturgia eucar\u00edstica y comuni\u00f3n\u2014, a\u00f1adiendo al final una reflexi\u00f3n sobre el culto eucar\u00edstico fuera de la Misa.<\/p>\n<h2><strong>Liturgia de la Palabra<\/strong><\/h2>\n<p>En los primer\u00edsimos d\u00edas de la Iglesia, la liturgia de la Palabra estaba separada de la liturgia eucar\u00edstica. Los disc\u00edpulos, refieren los Hechos de los Ap\u00f3stoles, \u201ctodos los d\u00edas, todos juntos, asist\u00edan al templo\u201d; all\u00ed escuchaban la lectura de la Biblia, recitaban los salmos y las oraciones junto con los dem\u00e1s jud\u00edos; hac\u00edan lo que se hace en la liturgia de la Palabra; luego se reun\u00edan por separado, en sus casas, para \u201cpartir el pan\u201d, es decir, para celebrar la Eucarist\u00eda (cf. Hch 2,46).<br \/>\nMuy pronto, sin embargo, esta pr\u00e1ctica se hizo imposible tanto por la hostilidad hacia ellos por parte de las autoridades jud\u00edas, como porque para entonces las Escrituras hab\u00edan adquirido para ellos un nuevo significado, todo orientado a Cristo. As\u00ed fue como la escucha de la Escritura tambi\u00e9n se traslad\u00f3 del templo y la sinagoga a los lugares de culto cristianos, asumiendo gradualmente la fisonom\u00eda de la liturgia actual de la Palabra que precede a la plegaria eucar\u00edstica. En la descripci\u00f3n de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica hecha por san Justino en el siglo II, no s\u00f3lo la liturgia de la Palabra es parte integrante de ella, sino que a las lecturas del Antiguo Testamento se han a\u00f1adido ahora las que el santo llama \u201clas memorias de los ap\u00f3stoles\u201d, es decir, los Evangelios y las Cartas, pr\u00e1cticamente el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Escuchadas en la liturgia, las lecturas b\u00edblicas adquieren un significado nuevo y m\u00e1s fuerte que cuando se leen en otros contextos. No se pretende tanto conocer mejor la Biblia, como cuando se lee en casa o en una escuela b\u00edblica, cuanto reconocer al que se hace presente en la fracci\u00f3n del pan, iluminar cada vez un aspecto particular del misterio que se est\u00e1 a punto de recibir. Esto aparece, de manera casi program\u00e1tica, en el episodio de los dos disc\u00edpulos de Ema\u00fas. Fue al escuchar la explicaci\u00f3n de las Escrituras cuando los corazones de los disc\u00edpulos comenzaron a derretirse, de modo que luego pudieron reconocerlo \u201cal partir el pan\u201d (Lc 24,1ss.). \u00a1La de Jes\u00fas resucitado fue la primera \u201cliturgia de la palabra\u201d en la historia de la Iglesia!<\/p>\n<p>Segunda caracter\u00edstica: en la Misa las palabras y los episodios de la Biblia no s\u00f3lo son narrados, sino revividos; la memoria se convierte en realidad y presencia. Lo que sucedi\u00f3 \u201cen aquel tiempo\u201d, sucede \u201cen este momento\u201d, \u201choy\u201d (hodie), como le gusta expresarse a la liturgia. No s\u00f3lo somos oyentes de la palabra, sino interlocutores y actores de la misma. Es a nosotros, all\u00ed presentes all\u00ed, a quienes se dirige la palabra; estamos llamados a ocupar el lugar de los personajes evocados.<\/p>\n<p>Algunos ejemplos ayudar\u00e1n a entender. Una vez que leemos, en la primera lectura, el episodio de Dios hablando a Mois\u00e9s desde la zarza ardiente: estamos, en la Misa, ante la verdadera zarza ardiente\u2026 Otra vez se habla de Isa\u00edas que recibe en sus labios el carb\u00f3n ardiente que le purifica para la misi\u00f3n: estamos a punto de recibir en los labios el verdadero carb\u00f3n ardiente, el fuego que Jes\u00fas vino a traer a la tierra\u2026 Ezequiel es invitado a comer el rollo de los or\u00e1culos prof\u00e9ticos: nos estamos preparando para comer al que es la palabra misma hecha carne y hecho pan.<br \/>\nEsto se hace a\u00fan m\u00e1s claro si pasamos del Antiguo Testamento al Nuevo, de la primera lectura al pasaje del Evangelio. La mujer que sufr\u00eda una hemorragia est\u00e1 segura de que ser\u00e1 sanada si puede tocar el borde del manto de Jes\u00fas: \u00bfqu\u00e9 decir de nosotros que estamos a punto de tocar mucho m\u00e1s que el borde de su manto? Una vez escuchaba en el Evangelio el episodio de Zaqueo y me llam\u00f3 la atenci\u00f3n su \u201cactualidad\u201d. Yo era Zaqueo; las palabras estaban dirigidas a m\u00ed: \u201cHoy debo venir a tu casa\u201d; era de m\u00ed de quien se pod\u00eda decir: \u201c\u00a1Se ha alojado con un pecador!\u201d y era a m\u00ed, despu\u00e9s de recibirlo en comuni\u00f3n, a quien Jes\u00fas dec\u00eda: \u201cHoy ha entrado la salvaci\u00f3n en esta casa\u201d (cf. Lc 19,9).<\/p>\n<p>As\u00ed de cada episodio del Evangelio. \u00bfC\u00f3mo no identificarnos en la Misa con el paral\u00edtico a quien Jes\u00fas le dice: \u201cTus pecados te son perdonados\u201d y \u201cLev\u00e1ntate y anda\u201d (cf. Mc 2,5.11); con Sime\u00f3n sosteniendo al Ni\u00f1o Jes\u00fas en los brazos (cf. Lc 2,27-28); con Tom\u00e1s que toca sus heridas (Jn 20,27-28)? En el segundo domingo del Tiempo Ordinario del actual ciclo lit\u00fargico est\u00e1 el pasaje evang\u00e9lico en el que Jes\u00fas dice al hombre de la mano paralizada: \u201c\u00a1Extiende la mano! La extendi\u00f3, y su mano fue curada\u201d (Mc 3,5). \u201cNo tenemos la mano paralizada; pero todos tenemos, algunos m\u00e1s o menos, el alma paralizada, el coraz\u00f3n reseco. A quien escucha Jes\u00fas le dice en ese momento: \u201c\u00a1Extiende tu mano! Extiende tu coraz\u00f3n ante m\u00ed, con la fe y la disposici\u00f3n de ese hombre.<\/p>\n<p>La Escritura proclamada durante la liturgia produce efectos que est\u00e1n por encima de toda explicaci\u00f3n humana, a la manera de los sacramentos que producen lo que significan. Los textos divinamente inspirados tambi\u00e9n tienen un poder curativo. Despu\u00e9s de leer el pasaje del Evangelio en la Misa, la liturgia invitaba en un tiempo a que el ministro besara el libro diciendo: \u201cQue las palabras del Evangelio borren nuestros pecados\u201d (<em>Per evangelica dicta deleantur nostra delicta<\/em>).<\/p>\n<p>A lo largo de la historia de la Iglesia, acontecimientos epocales han ocurrido como resultado de escuchar las lecturas b\u00edblicas durante la Misa. Un joven escuch\u00f3 un d\u00eda el pasaje del Evangelio donde Jes\u00fas le dice a un joven rico: \u201cSi quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y d\u00e1selo a los pobres y tendr\u00e1s un tesoro en el cielo. Luego, ven y s\u00edgueme\u201d (cf. Mt 19,21). Entendi\u00f3 que esta palabra estaba dirigida a \u00e9l personalmente, as\u00ed que se fue a casa, vendi\u00f3 todo lo que ten\u00eda y se retir\u00f3 al desierto. Su nombre era Antonio, el iniciador del monacato. Muchos siglos despu\u00e9s, otro joven, recientemente convertido, entr\u00f3 en una iglesia con un compa\u00f1ero. En el Evangelio del d\u00eda Jes\u00fas dec\u00eda a sus disc\u00edpulos: \u201cNo tom\u00e9is nada para el camino, ni bast\u00f3n, ni bolsa, ni pan, ni dinero, y no llev\u00e9is dos t\u00fanicas\u201d (Lc 9,3). El joven se volvi\u00f3 hacia su compa\u00f1ero y le dijo: \u201c\u00bfHas escuchado? Esto es lo que el Se\u00f1or quiere que nosotros hagamos tambi\u00e9n\u201d. As\u00ed comenz\u00f3 la Orden Franciscana.<\/p>\n<p>La liturgia de la Palabra es el mejor recurso que tenemos para hacer de cada vez, de la Misa, una celebraci\u00f3n nueva y atractiva, evitando as\u00ed el gran peligro de una repetici\u00f3n mon\u00f3tona que especialmente los j\u00f3venes encuentran aburrida. Para que esto suceda, debemos invertir m\u00e1s tiempo y oraci\u00f3n en la preparaci\u00f3n de la homil\u00eda. Los fieles deber\u00edan ser capaces de comprender que la palabra de Dios toca las situaciones reales de la vida y es la \u00fanica que tiene respuestas a las preguntas m\u00e1s serias de la existencia.<\/p>\n<p>Hay dos maneras de preparar una homil\u00eda. Uno puede sentarse a la mesa y elegir el tema en base a las propias experiencias y conocimientos; luego, una vez que el texto est\u00e9 preparado, ponerse de rodillas y pedir a Dios que infunda el Esp\u00edritu en las propias palabras. Es algo bueno, pero no es una forma prof\u00e9tica. Para ser prof\u00e9ticos deber\u00edamos seguir el camino inverso: primero ponernos de rodillas y preguntarle a Dios cu\u00e1l es la palabra que quiere hacer resonar para su pueblo.<\/p>\n<p>De hecho, Dios tiene su propia palabra para cada ocasi\u00f3n y no deja de revelarla a su ministro, quien se lo pide humilde e insistentemente. Al principio ser\u00e1 s\u00f3lo un peque\u00f1o movimiento del coraz\u00f3n, una luz que se ilumina en la mente, una palabra de la Escritura que atrae la atenci\u00f3n y arroja luz sobre una situaci\u00f3n vivida. Es, aparentemente, solo una peque\u00f1a semilla, pero contiene lo que la gente necesita escuchar en ese momento.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de eso, uno puede sentarse a la mesa, abrir sus libros, consultar notas, recoger y ordenar sus pensamientos, consultar a los Padres de la Iglesia, a los maestros, a veces a los poetas; pero ahora ya no es la palabra de Dios la que est\u00e1 al servicio de tu cultura, sino tu cultura al servicio de la palabra de Dios. S\u00f3lo de esta manera la Palabra manifiesta su poder intr\u00ednseco.<\/p>\n<h2><strong>La obra del Esp\u00edritu Santo<\/strong><\/h2>\n<p>Pero hay que a\u00f1adir una cosa: toda la atenci\u00f3n prestada a la palabra de Dios por s\u00ed sola no es suficiente. Sobre ella debe descender \u201cla fuerza de lo alto\u201d. En la Eucarist\u00eda, la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo no se limita s\u00f3lo al momento de la consagraci\u00f3n, a la ep\u00edclesis que se recita antes ella. Su presencia es igualmente indispensable para la liturgia de la Palabra y, veremos a su debido tiempo, para la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo contin\u00faa, en la Iglesia, la acci\u00f3n del Resucitado que, despu\u00e9s de la Pascua, \u201cabri\u00f3 las mentes de los disc\u00edpulos a la comprensi\u00f3n de las Escrituras\u201d (cfr. Lc 24,45). La Escritura, dice la Dei Verbum del Concilio Vaticano II, \u201cdebe leerse e interpretarse con la ayuda del mismo Esp\u00edritu mediante el cual fue escrita\u201d . En la liturgia de la palabra, la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo se ejerce a trav\u00e9s de la unci\u00f3n espiritual presente en el que habla y en el oyente.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed;<br \/>\npor eso me consagr\u00f3 con la unci\u00f3n<br \/>\ny me envi\u00f3 a llevar la buena nueva a los pobres (Lc 4,18).<\/p>\n<p>Jes\u00fas indic\u00f3 as\u00ed de d\u00f3nde saca su fuerza la palabra proclamada. Ser\u00eda un error confiar s\u00f3lo en la unci\u00f3n sacramental que hemos recibido de una vez por todas en la ordenaci\u00f3n sacerdotal o episcopal. Esta nos permite realizar ciertas acciones sagradas, como gobernar, predicar y administrar los sacramentos. Nos da, por as\u00ed decirlo, la autorizaci\u00f3n para hacer ciertas cosas, no necesariamente autoridad al realizarlas; asegura la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, \u00a1no necesariamente la \u00e9xito apost\u00f3lico!<\/p>\n<p>Pero si la unci\u00f3n es dada por la presencia del Esp\u00edritu y es su don, \u00bfqu\u00e9 podemos hacer para tenerla? En primer lugar, debemos partir de una certeza: \u201cHemos recibido la unci\u00f3n del Santo\u201d, nos asegura san Juan (1 Jn 2,20). Es decir, gracias al bautismo y la confirmaci\u00f3n \u2014y, para algunos, a la ordenaci\u00f3n sacerdotal o episcopal\u2014 ya poseemos la unci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, seg\u00fan la doctrina cat\u00f3lica, ha impreso en nuestra alma un car\u00e1cter indeleble, como una marca o un sello: \u201cEs Dios mismo \u2014escribe el Ap\u00f3stol\u2014, quien nos ha conferido la unci\u00f3n, nos ha impreso el sello y nos ha dado las arras del Esp\u00edritu en nuestros corazones\u201d (2 Cor 1,21-22).<br \/>\nEsta unci\u00f3n, sin embargo, es como un ung\u00fcento perfumado encerrado en un jarr\u00f3n: permanece inerte y no libera ning\u00fan olor si no se rompe y no se abre el jarr\u00f3n. As\u00ed sucedi\u00f3 con el jarr\u00f3n de alabastro roto por la mujer del evangelio, cuyo aroma llen\u00f3 toda la casa (\u2026). Ah\u00ed es donde se inserta nuestra parte sobre la unci\u00f3n. No depende de nosotros, pero depende de nosotros eliminar los obst\u00e1culos que impiden la irradiaci\u00f3n. No es dif\u00edcil entender lo que significa para nosotros romper el jarr\u00f3n de alabastro. La vasija es nuestra humanidad, nuestro yo, a veces nuestro \u00e1rido intelectualismo. Romperlo significa ponerse en un estado de entrega a Dios y de resistencia al mundo.<\/p>\n<p>No todo, afortunadamente para nosotros, est\u00e1 confiado al esfuerzo asc\u00e9tico. Mucho puede, en este caso, la fe, la oraci\u00f3n, la humilde imploraci\u00f3n. Por lo tanto, pidamos la unci\u00f3n antes de que nos estemos preparando para una predicaci\u00f3n o acci\u00f3n importante al servicio del Reino. Mientras nos preparamos para la lectura del Evangelio y a la homil\u00eda, la liturgia nos hace pedir al Se\u00f1or que purifique nuestros corazones y labios para poder anunciar dignamente el Evangelio. \u00bfPor qu\u00e9 no decir alguna vez (o al menos pensar dentro de s\u00ed): \u201cUnge mi coraz\u00f3n y mi mente, Dios Todopoderoso, para que pueda proclamar tu palabra con la dulzura y el poder del Esp\u00edritu?\u201d.<\/p>\n<p>La unci\u00f3n no s\u00f3lo es necesaria para que los predicadores proclamen eficazmente la palabra, sino que tambi\u00e9n es necesario que los oyentes la acojan. El evangelista Juan escrib\u00eda a su comunidad: \u201cHab\u00e9is recibido la unci\u00f3n del Santo, y todos ten\u00e9is conocimiento\u2026 La unci\u00f3n que hab\u00e9is recibido de \u00e9l permanece en vosotros, y no necesit\u00e1is que nadie os instruya\u201d (1 Jn 2,20.27). No es que toda instrucci\u00f3n exterior sea in\u00fatil. \u201cEs el maestro interior \u2013dice san Agust\u00edn \u2013 quien verdaderamente instruye, es Cristo y su inspiraci\u00f3n los que instruyen. Cuando falta su inspiraci\u00f3n y su unci\u00f3n, las palabras externas solo provocan un alboroto in\u00fatil\u201d.<\/p>\n<p>Esperamos que a\u00fan hoy Cristo nos haya instruido con su inspiraci\u00f3n interior y mis palabras no hayan sido \u201cun ruido in\u00fatil\u201d.<\/p>\n<p>\u00a9 Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco<\/p>\n<p>1.TOM\u00c1S DE AQUINO, S.Th., III, q.60, a.2,2.<br \/>\n2.AGUST\u00cdN, Sermo 112: PL 38, 643.<br \/>\n3.PABLO VI, Mysterium fidei: AAS 57 (1965) 753ss.<br \/>\n4.JUSTINO, I Apologia, 67, 3-4<br \/>\n5.Dei Verbum, 12.<br \/>\n6.AGUST\u00cdN, Comentario a la Primera Carta de Juan, 3, 13.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera predicaci\u00f3n de Cuaresma 2022<\/p>\n","protected":false},"author":88,"featured_media":54316,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[146],"tags":[872,175,4953],"class_list":["post-54314","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciudad-del-vaticano","tag-cardenal-raniero-cantalamessa","tag-cuaresma","tag-trending-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Cardenal Cantalamessa: \u201cRedescubrir el asombro eucar\u00edstico\u201d &#8211; 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