{"id":188564,"date":"2026-10-12T10:30:18","date_gmt":"2026-10-12T08:30:18","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=188564"},"modified":"2026-10-11T18:00:17","modified_gmt":"2026-10-11T16:00:17","slug":"dispuestos-a-derramar-la-propia-sangre-antes-que-la-del-enemigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dispuestos-a-derramar-la-propia-sangre-antes-que-la-del-enemigo\/","title":{"rendered":"\u201cDispuestos a derramar la propia sangre antes que la del enemigo\u201d"},"content":{"rendered":"<p>El 31 de julio de 1926, las campanas enmudecieron en todo M\u00e9xico. La entrada en vigor de la penalizadora \u201cLey Calles\u201d y la consecuente suspensi\u00f3n del culto p\u00fablico por parte del episcopado fracturaron de ra\u00edz la cotidianidad de un pa\u00eds donde la vivencia de la fe marcaba el ritmo de la vida comunitaria. A cien a\u00f1os de aquella herida hist\u00f3rica, el fil\u00f3sofo Rodrigo Guerra L\u00f3pez \u2014secretario de la Pontificia Comisi\u00f3n para Am\u00e9rica Latina\u2014 ofreci\u00f3 este 7 de octubre una densa meditaci\u00f3n acad\u00e9mica en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, invitando a mirar la persecuci\u00f3n religiosa y la resistencia cristera no como un arsenal para alimentar las batallas ideol\u00f3gicas del presente, sino como una lecci\u00f3n de verdad, reconciliaci\u00f3n y empat\u00eda hist\u00f3rica.<\/p>\n<p><iframe title=\"Spotify Embed: Dispuestos a derramar la propia sangre antes que la del enemigo\u201d\" style=\"border-radius: 12px\" width=\"100%\" height=\"152\" frameborder=\"0\" allowfullscreen allow=\"autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/open.spotify.com\/embed\/episode\/58ZMh8cc3ChhZs60kpRBvX?si=uwZJe-8ORKGAOkG6CCiqBg&amp;utm_source=oembed\"><\/iframe><\/p>\n<h3><strong>M\u00e1s all\u00e1 de la trinchera ideol\u00f3gica<\/strong><\/h3>\n<p>Lejos de reducir el conflicto a un simple enfrentamiento maniqueo o a una caricatura pol\u00edtica, Guerra propuso una interpretaci\u00f3n \u00abtranspol\u00edtica\u00bb \u2014inspirada en los pensadores italianos Augusto del Noce y Rocco Buttiglione\u2014 para descifrar la complejidad de los hechos. Apoy\u00e1ndose en las investigaciones del historiador Jean Meyer y en estudios recientes, subray\u00f3 que la Cristiada fue una tr\u00e1gica guerra civil con un componente religioso decisivo, donde las motivaciones populares, la diversidad del campo mexicano y las crecientes tensiones entre un Estado revolucionario centralizador y una Iglesia institucionalmente aut\u00f3noma chocaron hasta la violencia.<\/p>\n<p>El ponente recorri\u00f3 las luces y sombras del proceso: desde la dram\u00e1tica salida de los sacerdotes de sus parroquias hasta la fragilidad de los \u00abArreglos\u00bb de 1929 \u2014que dejaron desprotegidos a miles de combatientes desmovilizados y desencadenaron una reclusi\u00f3n sangrienta y una \u00abSegunda Cristiada\u00bb\u2014, hasta llegar a la distensi\u00f3n pragm\u00e1tica bajo el gobierno de L\u00e1zaro C\u00e1rdenas.<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-188571 alignnone\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/IMG-20261010-WA0002.jpg?resize=1600%2C1200&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"1600\" height=\"1200\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/IMG-20261010-WA0002.jpg?w=1600&amp;ssl=1 1600w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/IMG-20261010-WA0002.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/IMG-20261010-WA0002.jpg?resize=1024%2C768&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/IMG-20261010-WA0002.jpg?resize=770%2C578&amp;ssl=1 770w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/IMG-20261010-WA0002.jpg?resize=1536%2C1152&amp;ssl=1 1536w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/IMG-20261010-WA0002.jpg?resize=500%2C375&amp;ssl=1 500w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/p>\n<h3><strong>La maduraci\u00f3n del pensamiento eclesial<\/strong><\/h3>\n<p>Uno de los aportes centrales de la conferencia fue destacar la evoluci\u00f3n teol\u00f3gica y magisterial desde 1926 hasta nuestros d\u00edas. Guerra explic\u00f3 c\u00f3mo la comprensi\u00f3n del laicado, del derecho a la libertad religiosa y de la presencia del Reino de Dios en la historia se ha profundizado tras el Concilio Vaticano II y las ense\u00f1anzas de pont\u00edfices como Juan Pablo II, Francisco y Le\u00f3n XIV.<\/p>\n<p>\u00abFidelidad a la tradici\u00f3n no es congelar un momento hist\u00f3rico determinado\u00bb, se\u00f1al\u00f3 el fil\u00f3sofo. Si bien los m\u00e1rtires de la persecuci\u00f3n merecen todo nuestro respeto y veneraci\u00f3n como testigos inquebrantables de la fe, la manera de incidir en la sociedad actual exige descartar cualquier tentativa de imponer respuestas pol\u00edticas un\u00edvocas o de instrumentalizar la fe como un programa de partido. La Declaraci\u00f3n <em>Dignitatis humanae<\/em> dej\u00f3 claro que la libertad religiosa forma parte inalienable de la dignidad de la persona humana, no de un concesi\u00f3n ni de un privilegio del Estado.<\/p>\n<h3><strong>Un amor desarmado y desarmante<\/strong><\/h3>\n<p>Al abordar los l\u00edmites morales de la leg\u00edtima defensa y el sentido profundo del martirio cristiano, Rodrigo Guerra concluy\u00f3 evocando una confidencia personal que el papa San Juan Pablo II comparti\u00f3 en su momento con el profesor Rocco Buttiglione. Record\u00f3 que al defender la verdad o la causa de Jesucristo puede llegarse, en circunstancias extremas, al derramamiento de sangre; sin embargo, la esencia del Evangelio radica en una convicci\u00f3n radical: <em>\u00abComo cristianos, debemos estar dispuestos a derramar primero la nuestra antes que la de nuestros enemigos\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>En un mundo marcado por crecientes polarizaciones, el centenario de la Cristiada se presenta as\u00ed no como un motivo para la revancha o la nostalgia de antiguas trincheras, sino como una llamada a construir puentes, sanar heridas mediante la amistad social y defender la libertad desde la fuerza desarmada de la verdad, el bien y el perd\u00f3n.<\/p>\n<p><em><strong>Conferencia completa:<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>Verdad hist\u00f3rica y empat\u00eda hist\u00f3rica<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>Una meditaci\u00f3n en voz alta a cien a\u00f1os<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>de la persecuci\u00f3n religiosa y de la resistencia cristera<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>Rodrigo Guerra L\u00f3pez<\/b><b>*<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>Pontificia Universidad de la Santa Cruz<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>7 de octubre de 2026<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el verano de 1926 ocurri\u00f3 en muchos lugares de M\u00e9xico algo que, visto a un siglo de distancia, puede parecernos dif\u00edcil de comprender en toda su gravedad: las campanas dejaron de sonar en las ciudades y en los pueblos de todo el pa\u00eds. Esto no fue un hecho meramente anecd\u00f3tico o fortuito. No se trataba simplemente de un cambio en el paisaje de los pueblos. En una sociedad mayoritariamente cat\u00f3lica, las campanas acompa\u00f1aban el nacimiento y la muerte, convocaban a la misa, anunciaban las fiestas, marcaban las horas y expresaban p\u00fablicamente que la experiencia religiosa formaba parte de la vida ordinaria de la comunidad. Cuando el 31 de julio de 1926 se suspendi\u00f3 el culto p\u00fablico y los sacerdotes se retiraron de los templos, muchos mexicanos sintieron que algo esencial de su mundo hab\u00eda sido arrancado de ra\u00edz.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Jean Meyer ha insistido recientemente, al acercarse el centenario de estos acontecimientos, en que el llamado \u201cconflicto religioso\u201d fue mucho m\u00e1s amplio que la Cristiada armada. La guerra fue uno de sus episodios, quiz\u00e1 el m\u00e1s dram\u00e1tico, pero s\u00f3lo puede comprenderse dentro de una larga y dif\u00edcil relaci\u00f3n entre la Iglesia, el Estado liberal y posteriormente el Estado revolucionario mexicano. Adem\u00e1s, como ha se\u00f1alado el propio Meyer, recordar esta historia exige evitar que la memoria se convierta en combustible para nuevas polarizaciones. La tarea del historiador consiste en comprender a los actores en su propio tiempo, no en reclutarlos retrospectivamente para nuestras batallas contempor\u00e1neas (Meyer, 2026).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Toda la empat\u00eda y simpat\u00eda que nos pueden causar los muchos testigos de la fe que existieron en M\u00e9xico en tiempos de persecusi\u00f3n, requieren para ser apreciados, de su debida contextualizaci\u00f3n y hermen\u00e9utica hist\u00f3rica. La falta de pensamiento contextual en este y en tantos otros episodios de la historia, f\u00e1cilmente nos conduce a manipulaciones ideol\u00f3gicas que terminan eclipsando la complejidad de los hechos y la verdadera riqueza y aprendizajes que pueden surgir de los mismos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las siguientes l\u00edneas no son fruto de un especialista en estudios hist\u00f3ricos sino de un fil\u00f3sofo que al mirar ciertos hechos trata de realizar una interpretaci\u00f3n transpol\u00edtica de los mismos. Este enfoque, que de repente puede ser desconcertante, lo aprendi\u00f3 quien aqu\u00ed escribe de Augusto del Noce y de Rocco Buttiglione. Ambos, a trav\u00e9s de sus obras, nos ayudan a mirar con afecto y simpat\u00eda la historia, siempre compleja, siempre llena de luces y sombras, pero tambi\u00e9n nos invitan a trascenderla desde un par\u00e1metro superior que permite evidenciar algunas lecciones que puede ser bueno aprender (Buttiglione, 1991; Del Noce, 1982).<\/span><\/p>\n<h3><b>De la Constituci\u00f3n de 1917 a la Ley Calles<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El antecedente jur\u00eddico inmediato fue la Constituci\u00f3n mexicana de 1917. Sus art\u00edculos 3, 5, 24, 27 y, especialmente, 130 introdujeron severas restricciones a la presencia institucional de las Iglesias. La educaci\u00f3n qued\u00f3 sometida a un r\u00e9gimen laico particularmente restrictivo para las organizaciones religiosas; las \u00f3rdenes religiosas perdieron reconocimiento; se limitaron las manifestaciones p\u00fablicas de culto; las Iglesias carecieron de personalidad jur\u00eddica y de capacidad ordinaria para poseer bienes; los ministros de culto fueron privados de determinados derechos pol\u00edticos, y las legislaturas estatales recibieron la facultad de fijar el n\u00famero de sacerdotes que pod\u00edan ejercer su ministerio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, durante algunos a\u00f1os existi\u00f3 una diferencia considerable entre la letra constitucional y la realidad. Carranza y Obreg\u00f3n fueron anticlericales, pero las disposiciones se aplicaron con intensidad desigual. Hab\u00eda estados extremadamente hostiles hacia la Iglesia y otros donde gobernadores, obispos y autoridades locales encontraron f\u00f3rmulas pragm\u00e1ticas de convivencia. La ruptura decisiva lleg\u00f3 durante la presidencia de Plutarco El\u00edas Calles (1 de diciembre de 1924 al 30 de noviembre de 1928)<\/span><b>.<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Conviene no reducir a Calles a la caricatura de un hombre que pretend\u00eda sencillamente que los mexicanos dejaran de creer en Dios. Su anticlericalismo era radical, pero su problema fundamental era tambi\u00e9n pol\u00edtico: consideraba incompatible con la consolidaci\u00f3n del Estado revolucionario la existencia de una Iglesia poderosa, organizada, obediente a Roma y capaz de movilizar socialmente a millones de ciudadanos. Desde esa perspectiva, la religi\u00f3n privada pod\u00eda tolerarse; una Iglesia institucionalmente aut\u00f3noma aparec\u00eda, en cambio, como un poder rival. El fallido intento de impulsar en 1925 una Iglesia cat\u00f3lica mexicana separada de Roma resulta especialmente revelador: no se trataba de sustituir toda religi\u00f3n por ate\u00edsmo, sino de debilitar una Iglesia que escapaba al control del Estado (Meyer, 2022).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1926 se promulg\u00f3 lo que popularmente conocemos como \u201cLey Calles\u201d. T\u00e9cnicamente, se trat\u00f3 de la Ley que reforma el C\u00f3digo Penal para el Distrito y Territorios Federales sobre delitos del fuero com\u00fan y delitos contra la Federaci\u00f3n en materia de culto religioso y disciplina externa, destinada a hacer efectivas mediante sanciones penales las restricciones religiosas de la Constituci\u00f3n. Su importancia fue enorme porque introdujo multas, arrestos, prisi\u00f3n, clausuras, expulsi\u00f3n de sacerdotes extranjeros y castigos para quienes incumplieran las disposiciones en materia de culto y disciplina externa. Podr\u00eda decirse que, si la Constituci\u00f3n de 1917 hab\u00eda construido el sistema, la Ley Calles le puso dientes. Conviene distinguirla de la Ley Reglamentaria del art\u00edculo 130, expedida en enero de 1927.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Uno de los conflictos m\u00e1s delicados fue el registro de sacerdotes. Para el gobierno pod\u00eda parecer una cuesti\u00f3n administrativa: quien ejerc\u00eda una actividad regulada deb\u00eda inscribirse ante el poder p\u00fablico. Para la Iglesia la cuesti\u00f3n tocaba un principio mucho m\u00e1s profundo. Un sacerdote no recibe del Estado su misi\u00f3n sacerdotal; la recibe de la Iglesia, concretamente de su obispo. Si las autoridades pod\u00edan determinar qui\u00e9n pod\u00eda ejercer, cu\u00e1ntos ministros pod\u00eda haber y bajo qu\u00e9 condiciones pod\u00edan hacerlo, la discusi\u00f3n dejaba de ser simplemente burocr\u00e1tica y se convert\u00eda en una cuesti\u00f3n de libertad eclesial.<\/span><\/p>\n<h3><b>Cuando la resistencia se convirti\u00f3 en guerra<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La respuesta del episcopado fue dram\u00e1tica: con la entrada en vigor de la legislaci\u00f3n, el 31 de julio de 1926, qued\u00f3 suspendido el culto p\u00fablico. Jean Meyer ha recuperado testimonios conmovedores de quienes vivieron aquella noche. En San Juli\u00e1n, Jalisco, una mujer recordaba d\u00e9cadas despu\u00e9s el templo lleno, las confesiones, los matrimonios celebrados precipitadamente, la \u00faltima bendici\u00f3n y, finalmente, la oscuridad. Para aquellos fieles la salida del sacerdote fue vivida casi como una orfandad (Meyer, 2026).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><b>La Cristiada no puede explicarse simplemente como una conspiraci\u00f3n clerical ni como un levantamiento de campesinos manipulados por obispos y organizaciones cat\u00f3licas<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. En muchos sitios los primeros levantamientos fueron espont\u00e1neos, locales y escasamente coordinados. La religi\u00f3n no era una pantalla detr\u00e1s de la cual se ocultaban \u00fanicamente intereses econ\u00f3micos o agrarios; era, para muchos combatientes, una motivaci\u00f3n real. Investigaciones posteriores, como las de Matthew Butler sobre Michoac\u00e1n, han confirmado al mismo tiempo que el mundo campesino era mucho m\u00e1s diverso de lo que podr\u00eda sugerir una imagen rom\u00e1ntica de un campo mexicano un\u00e1nimemente cristero: hubo comunidades cat\u00f3licas que se levantaron y otras que se alinearon con agraristas y autoridades revolucionarias (Butler, 2004).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por eso es mejor hablar de una guerra civil con un componente religioso decisivo que de una confrontaci\u00f3n simple entre \u201ccat\u00f3licos\u201d y \u201cno cat\u00f3licos\u201d. En otras palabras, es preciso tomar en cuenta que incluso entre los servidores del gobierno hab\u00eda cat\u00f3licos practicantes. La frontera pol\u00edtica y la frontera religiosa no coincid\u00edan perfectamente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfCu\u00e1ntas personas murieron? Aqu\u00ed es necesario proceder con especial prudencia. No existe una cifra actualizada y universalmente aceptada de \u201ccat\u00f3licos asesinados por ser cat\u00f3licos\u201d. Tampoco todos los muertos del bando cristero pueden ser considerados m\u00e1rtires en sentido can\u00f3nico. Jean Meyer calcul\u00f3 aproximadamente entre 25 000 y 30 000 combatientes cristeros muertos, frente a alrededor de 50 000 hombres de las fuerzas federales y auxiliares. Al a\u00f1adir la mortalidad civil producida por la guerra, la represi\u00f3n, los desplazamientos forzados, el hambre y las epidemias, consider\u00f3 posible una cifra total de hasta 250 000 vidas perdidas (Meyer, 2022).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otro estudio acad\u00e9mico de 2025 habla de al menos 90 000 v\u00edctimas y menciona la estimaci\u00f3n de un cuarto de mill\u00f3n cuando se incluyen los efectos civiles m\u00e1s amplios (Cazorla-S\u00e1nchez &amp; Rodr\u00edguez-L\u00f3pez, 2025).\u00a0<\/span><\/p>\n<h3><b>Roma tampoco hablaba con una sola voz<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La guerra revel\u00f3 asimismo profundas diferencias dentro de la Iglesia. Algunos obispos consideraban que cualquier concesi\u00f3n al gobierno implicar\u00eda admitir una ileg\u00edtima subordinaci\u00f3n. Otros juzgaban que era necesario proteger la vida sacramental y buscar alguna forma de convivencia. Tampoco la Curia romana era monol\u00edtica. El cardenal Pietro Gasparri, secretario de Estado de P\u00edo XI, era m\u00e1s inclinado al pragmatismo que otros personajes, como el cardenal Tommaso Boggiani. Los documentos vaticanos abiertos posteriormente a los investigadores han permitido reconstruir estas tensiones con mayor precisi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1926 P\u00edo XI se inclin\u00f3 hacia una postura particularmente firme: la Iglesia no deb\u00eda realizar ning\u00fan acto que pudiera interpretarse como aceptaci\u00f3n de una legislaci\u00f3n considerada violatoria de su libertad. Pero tres a\u00f1os de conflicto obligaron a reconsiderar no la doctrina, sino la <\/span><b>estrategia<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. La suspensi\u00f3n del culto no hab\u00eda logrado modificar la Constituci\u00f3n, la guerra no ofrec\u00eda una perspectiva cierta de victoria y el da\u00f1o pastoral era enorme. Millones de personas viv\u00edan sin una vida sacramental ordinaria; sacerdotes y obispos estaban muertos, escondidos o expulsados; las di\u00f3cesis estaban profundamente desorganizadas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00edo XI termin\u00f3 por considerar que mantener indefinidamente la suspensi\u00f3n del culto pod\u00eda ocasionar un da\u00f1o mayor que abandonarla. Este cambio resulta imprescindible para comprender los \u201cArreglos\u201d de 1929. No signific\u00f3 que Roma comenzara a considerar justas las leyes mexicanas. Signific\u00f3 que dej\u00f3 de considerar conveniente continuar combati\u00e9ndolas mediante la suspensi\u00f3n del culto.<\/span><\/p>\n<h3><b>Los \u201cArreglos\u201d que apenas pod\u00edan llamarse acuerdos<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las negociaciones de 1929 involucraron principalmente al arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, a Pascual D\u00edaz Barreto, al presidente Emilio Portes Gil y al embajador estadounidense Dwight Morrow. El 21 de junio se alcanz\u00f3 el entendimiento que pas\u00f3 a la historia como los \u201cArreglos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La expresi\u00f3n puede inducir a error. No hubo un concordato. No se modific\u00f3 la Constituci\u00f3n, no se derog\u00f3 la Ley Calles, no desapareci\u00f3 el art\u00edculo 130 y la Iglesia no obtuvo la personalidad jur\u00eddica que reclamaba. Precisamente por ello Meyer titul\u00f3 su investigaci\u00f3n posterior <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Si se pueden llamar acuerdos\u2026<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Meyer, 2021). La documentaci\u00f3n abierta en M\u00e9xico y en la Santa Sede le permiti\u00f3 mostrar la fragilidad de un arreglo que descansaba tanto en declaraciones p\u00fablicas como en entendimientos pol\u00edticos y garant\u00edas que no siempre quedaron formalmente aseguradas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La concesi\u00f3n principal del gobierno consisti\u00f3 en interpretar de modo menos agresivo las leyes. El presidente Portes Gil afirm\u00f3 que el Estado no pretend\u00eda destruir a la Iglesia ni intervenir en sus funciones espirituales. El delicado registro de sacerdotes se entendi\u00f3 de una manera que permit\u00eda preservar, al menos de facto, el principio eclesial: el Estado no creaba sacerdotes ni decid\u00eda qui\u00e9n pose\u00eda ministerio; registraba a quienes hab\u00edan sido designados por la propia autoridad religiosa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A cambio, la Iglesia reanud\u00f3 el culto p\u00fablico. Las campanas volvieron a sonar, los sacerdotes regresaron a los templos y se normaliz\u00f3 progresivamente la administraci\u00f3n de los sacramentos. Pero esa decisi\u00f3n supon\u00eda tambi\u00e9n que los cristeros abandonaran las armas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aqu\u00ed se encuentra una de las heridas m\u00e1s dolorosas de la historia. Los combatientes pr\u00e1cticamente no hab\u00edan participado en la negociaci\u00f3n que terminaba la guerra. Muchos hab\u00edan peleado durante casi tres a\u00f1os convencidos de que defend\u00edan la libertad de la Iglesia y ahora se les ped\u00eda desmovilizarse sin que las leyes que hab\u00edan provocado el levantamiento hubieran sido derogadas. Desde Roma, sin embargo, la pregunta era otra: si es posible recuperarse la vida sacramental, \u00bfes moralmente razonable prolongar una guerra de resultado incierto?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Muchos cristeros obedecieron. Pero algunos sintieron que hab\u00edan sido abandonados. El problema se agrav\u00f3 porque, una vez entregadas las armas, numerosos antiguos combatientes y dirigentes fueron perseguidos y asesinados. Meyer ha estimado alrededor de 1 500 v\u00edctimas en esta represi\u00f3n selectiva posterior, aunque la cifra exacta contin\u00faa siendo objeto de discusi\u00f3n (Meyer, 2021).<\/span><\/p>\n<h3><b>La \u201cSegunda Cristiada\u201d<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La paz de 1929 tampoco resolvi\u00f3 definitivamente el conflicto. A partir de 1931 y 1932 volvieron las restricciones, expulsiones de sacerdotes y cierres de templos en diversos estados. P\u00edo XI denunci\u00f3 en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Acerba animi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que las expectativas creadas por el entendimiento de 1929 hab\u00edan sido defraudadas. Record\u00f3 expresamente que la reanudaci\u00f3n del culto nunca hab\u00eda significado la aceptaci\u00f3n de las leyes cuestionadas: se hab\u00eda abandonado un m\u00e9todo de resistencia, no la reivindicaci\u00f3n de libertad para la Iglesia (P\u00edo XI, 1932).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En ese contexto surgi\u00f3 lo que habitualmente se conoce como la <\/span><b>Segunda Cristiada<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. Su cronolog\u00eda var\u00eda seg\u00fan regiones y autores, pero suele situarse aproximadamente entre 1931\u20131932 y 1938, con supervivencias posteriores de algunos grupos. No alcanz\u00f3 nunca la magnitud militar de la primera. Fue un fen\u00f3meno fragmentado, guerrillero y regional, alimentado por la decepci\u00f3n ante los \u201cArreglos\u201d, las nuevas pol\u00edticas anticlericales y, desde 1934, el conflicto en torno a la educaci\u00f3n socialista.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Existe adem\u00e1s una diferencia fundamental: la jerarqu\u00eda cat\u00f3lica y la Santa Sede no alentaron la nueva rebeli\u00f3n. <\/span><b>Los llamados \u201cirreductibles\u201d se encontraban en la parad\u00f3jica situaci\u00f3n de combatir alegando la defensa de una Iglesia que les ped\u00eda no combatir. <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">Enrique Guerra Manzo ha mostrado que estos grupos no pueden reducirse a simples bandoleros o restos desorganizados de la primera Cristiada; tuvieron motivaciones, redes y proyectos propios, aunque carecieron de la fuerza nacional del movimiento original de 1926\u20131929 (Guerra Manzo, 2005).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La verdadera distensi\u00f3n comenz\u00f3 durante el gobierno de L\u00e1zaro C\u00e1rdenas. Despu\u00e9s de su ruptura con Calles, expulsado del pa\u00eds en 1936, la pol\u00edtica religiosa fue moder\u00e1ndose. La expropiaci\u00f3n petrolera de 1938 tuvo incluso un notable valor simb\u00f3lico: amplios sectores cat\u00f3licos respaldaron a C\u00e1rdenas ante el conflicto con las compa\u00f1\u00edas extranjeras. Estado e Iglesia comenzaban a descubrir que pod\u00edan discrepar profundamente y, sin embargo, reconocerse como actores leg\u00edtimos dentro de una misma sociedad. El verdadero <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">modus vivendi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> mexicano naci\u00f3 de ese aprendizaje m\u00e1s que de los fr\u00e1giles documentos de 1929.<\/span><\/p>\n<h3><b>Mirar la Cristiada cien a\u00f1os despu\u00e9s<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un siglo m\u00e1s tarde, recordar aquella persecuci\u00f3n sigue siendo necesario. El mensaje publicado por la Conferencia del Episcopado Mexicano con motivo del centenario propone conservar la memoria de los m\u00e1rtires, defender la libertad religiosa y trabajar por la reconciliaci\u00f3n, sin convertir la guerra ni la violencia en objeto de celebraci\u00f3n (Conferencia del Episcopado Mexicano, 2026). Recordar cristianamente y recordar hist\u00f3ricamente exige algo m\u00e1s que reivindicar a unos y condenar a otros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tal vez la primera lecci\u00f3n es <\/span><b>respetar la historicidad de los acontecimientos<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. No debemos imponer mec\u00e1nicamente categor\u00edas actuales a personas que vivieron hace cien a\u00f1os. Ni Plutarco El\u00edas Calles, ni los obispos, ni los campesinos cristeros, ni P\u00edo XI pensaban con nuestras categor\u00edas contempor\u00e1neas sobre democracia, derechos humanos, libertad religiosa o relaciones Iglesia-Estado. La Declaraci\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Dignitatis humanae<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> del Vaticano II, por ejemplo, desarroll\u00f3 posteriormente una comprensi\u00f3n mucho m\u00e1s expl\u00edcita del derecho de toda persona a la inmunidad frente a la coerci\u00f3n religiosa y de la obligaci\u00f3n del Estado de reconocer jur\u00eddicamente esa libertad (Concilio Vaticano II, 1965a).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero el principio funciona tambi\u00e9n en sentido inverso. Ser\u00eda un error trasladar sin m\u00e1s al presente las categor\u00edas teol\u00f3gico-pol\u00edticas de 1926 como si en cien a\u00f1os no hubiera existido ning\u00fan desarrollo doctrinal. La fidelidad a la tradici\u00f3n cat\u00f3lica no consiste en congelar un momento hist\u00f3rico determinado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esto resulta particularmente evidente en la <\/span><b>teolog\u00eda del laicado<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. P\u00edo XI comprend\u00eda la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica como \u201cparticipaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n de los laicos con el apostolado jer\u00e1rquico\u201d, formulaci\u00f3n perfectamente comprensible en el contexto eclesiol\u00f3gico de entreguerras (P\u00edo XI, 1931, 1935).\u00a0 El Vaticano II no rechaz\u00f3 la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, que sigue siendo una realidad valiosa de la Iglesia; pero ampli\u00f3 enormemente la comprensi\u00f3n de la vocaci\u00f3n laical. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lumen gentium<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ense\u00f1a que el car\u00e1cter secular es \u201cpropio y peculiar\u201d de nosotros, los fieles laicos. Los laicos buscamos el Reino de Dios precisamente ocup\u00e1ndonos de los asuntos temporales y transform\u00e1ndolos desde dentro, como fermento (Concilio Vaticano II, 1964, n. 31). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Christifideles laici<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> profundiz\u00f3 posteriormente esta perspectiva y record\u00f3 que los fieles no pueden abdicar de su responsabilidad directa en la vida pol\u00edtica y social (Juan Pablo II, 1988, n. 42).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De ah\u00ed se desprende una tercera lecci\u00f3n: tambi\u00e9n ha madurado nuestra manera de comprender <\/span><b>el Reino de Dios y la acci\u00f3n pol\u00edtica<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. La enc\u00edclica <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Quas primas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de 1925 utilizaba un lenguaje fuerte acerca de la realeza de Cristo sobre individuos y sociedades, caracter\u00edstico del magisterio de aquel per\u00edodo (P\u00edo XI, 1925). Ser\u00eda equivocado afirmar que el Concilio Vaticano II neg\u00f3 la dimensi\u00f3n social de la fe o la realeza de Jesucristo. Pero el vocabulario magisterial posterior acent\u00faa otros aspectos y distingue cuidadosamente el Reino de cualquier configuraci\u00f3n pol\u00edtica concreta. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lumen gentium<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> afirma que el Reino se hace presente ante todo en las palabras, las obras y <\/span><b>la propia persona de Jesucristo<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">; Juan Pablo II lo formular\u00e1 de modo todav\u00eda m\u00e1s expl\u00edcito: el Reino no es primordialmente \u201cun concepto, una doctrina o un programa\u201d, sino una persona con el rostro y el nombre de Jes\u00fas de Nazaret (Juan Pablo II, 1990, n. 18).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por ello la expresi\u00f3n hist\u00f3rica \u201creinado social de Jesucristo\u201d, aun siendo teol\u00f3gicamente inteligible dentro de su contexto, ocupa hoy un lugar mucho menos central en el lenguaje magisterial. Esto no significa que el Evangelio carezca de consecuencias pol\u00edticas, econ\u00f3micas y culturales. Significa que esas consecuencias no pueden identificarse con un r\u00e9gimen, un partido o un programa contingente. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gaudium et spes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> distingue expresamente el progreso temporal del crecimiento del Reino, aunque reconozca la relaci\u00f3n entre ambos, y afirma la leg\u00edtima pluralidad de las soluciones pol\u00edticas (Concilio Vaticano II, 1965b, nn. 39, 75\u201376).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Conviene hacer aqu\u00ed una precisi\u00f3n: la Constituci\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gaudium et spes<\/span><\/i> <b>ense\u00f1a que<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> la Iglesia no se identifica con ninguna comunidad pol\u00edtica ni con ning\u00fan sistema; hay que distinguir claramente lo que los cristianos realizan en nombre propio, bajo su responsabilidad ciudadana, de lo que realizan en nombre de la Iglesia. La posterior \u201cNota doctrinal de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe sobre la participaci\u00f3n pol\u00edtica de los cat\u00f3licos\u201d afirma incluso que puede existir una leg\u00edtima pluralidad de partidos en los que los cat\u00f3licos participen. Por tanto, ning\u00fan partido concreto deber\u00eda pretender ser <\/span><b>la traducci\u00f3n pol\u00edtica exclusiva del catolicismo<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> (Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, 2002).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esto no significa caer en relativismo. Las ideolog\u00edas siguen siendo peligrosas cuando reducen la complejidad de la realidad a una explicaci\u00f3n \u00fanica y terminan sacrificando la dignidad de la persona a un proyecto hist\u00f3rico. La experiencia mexicana recuerda dram\u00e1ticamente que un Estado convencido de poseer el monopolio de la modernidad y del progreso puede terminar violentando libertades fundamentales. Los cat\u00f3licos tienen razones hist\u00f3ricas para estar especialmente atentos a cualquier forma contempor\u00e1nea de coerci\u00f3n religiosa, venga de gobiernos, movimientos culturales o mayor\u00edas sociales. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Dignitatis humanae<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> establece con claridad que la libertad religiosa pertenece a la persona por su dignidad y debe ser reconocida como derecho humano, no como privilegio otorgado por el Estado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Existe, finalmente, una lecci\u00f3n quiz\u00e1 menos atendida. La cultura eclesial de comienzos del siglo XX estaba fuertemente marcada por un <\/span><b>paradigma antimoderno<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. Desde la crisis modernista de comienzos de siglo, una parte importante del catolicismo tend\u00eda a leer la modernidad como una cadena de errores: racionalismo, liberalismo, secularizaci\u00f3n, socialismo y relativismo aparec\u00edan como etapas de un mismo alejamiento de la verdad cristiana. Investigaciones recientes sobre el Vaticano II muestran hasta qu\u00e9 punto este paradigma estuvo presente todav\u00eda en los debates conciliares y c\u00f3mo la mayor\u00eda del Concilio termin\u00f3 tomando distancia de \u00e9l (Blanchard, 2025).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El Vaticano II no canoniz\u00f3 la modernidad. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gaudium et spes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> reconoce en ella grandezas y miserias, enormes progresos y contradicciones inquietantes. Pero en vez de interpretarla como un bloque homog\u00e9neo que deb\u00eda rechazarse, propuso escrutar los \u201csignos de los tiempos\u201d y discernirlos a la luz del Evangelio. En cierto modo, su m\u00e9todo recuerda la imagen evang\u00e9lica del trigo y la ciza\u00f1a: en la historia humana lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, las posibilidades de crecimiento y las amenazas a la dignidad conviven y requieren discernimiento. La relaci\u00f3n de la Iglesia con el mundo comenz\u00f3 as\u00ed a formularse crecientemente mediante la categor\u00eda del <\/span><b>di\u00e1logo<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">, un giro conciliar cuya importancia sigue siendo reconocida por la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica contempor\u00e1nea (Paparella, 2026).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta perspectiva llega hasta nuestros d\u00edas. Francisco, en Fratelli tutti, insisti\u00f3 en la amistad social, el encuentro y la capacidad de transformar los conflictos sin convertir al adversario en enemigo (Francisco, 2020). Le\u00f3n XIV ha retomado expl\u00edcitamente ese camino. Desde los primeros d\u00edas de su pontificado ha hablado de \u201cconstruir puentes mediante el di\u00e1logo y el encuentro\u201d; en 2026 ha advertido contra las visiones parciales de la realidad que alimentan la confrontaci\u00f3n y ha presentado el di\u00e1logo, la cohesi\u00f3n social y la b\u00fasqueda paciente del bien com\u00fan como alternativas a la polarizaci\u00f3n (Le\u00f3n XIV, 2025, 2026).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por eso recordar la Cristiada <\/span><b>no deber\u00eda servir para reconstruir hoy las trincheras de 1926. <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">Deber\u00eda servir para comprender mejor lo que sucede cuando el poder pol\u00edtico invade la conciencia, pero tambi\u00e9n lo que sucede cuando una lectura ideol\u00f3gica de la historia transforma toda diferencia en enemistad irreconciliable.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La imagen de aquellas campanas sigue siendo elocuente. En 1926 dejaron de sonar, y una parte de M\u00e9xico tom\u00f3 las armas. En 1929 volvieron a sonar, pero la paz todav\u00eda estaba lejos de ser una aut\u00e9ntica reconciliaci\u00f3n. Hicieron falta a\u00f1os de sufrimiento, una segunda insurgencia y un lento aprendizaje mutuo para que Iglesia y Estado comprendieran que ninguno pod\u00eda construir el futuro eliminando al otro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tal vez \u00e9sta sea la ense\u00f1anza m\u00e1s valiosa a cien a\u00f1os de distancia: <\/span><b>la libertad religiosa necesita leyes justas, pero la convivencia necesita algo m\u00e1s que leyes. Necesita una cultura capaz de reconocer al otro, de distinguir sin excluir, de defender convicciones sin absolutizar soluciones contingentes y de construir puentes incluso all\u00ed donde la memoria conserva heridas profundas.<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Recordar a quienes sufrieron y murieron santamente durante la persecuci\u00f3n religiosa es un deber de justicia. Convertir su memoria en un instrumento para nuevas polarizaciones ser\u00eda, en cambio, no haber comprendido la lecci\u00f3n que su historia nos deja.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si miramos con atenci\u00f3n la ense\u00f1anza m\u00e1s reciente de la Iglesia sobre los conflictos y las guerras, podemos comprender dos cosas importantes. La leg\u00edtima defensa conserva relevancia moral cuando la dignidad inalienable de la persona humana se encuentra en grave riesgo y exige una respuesta necesaria y proporcionada. Al mismo tiempo, la violencia no puede convertirse en m\u00e9todo, estrategia permanente ni mecanismo de poder. Por el contrario, es necesario anunciar la verdad, el bien y la belleza de manera \u201cdesarmada y desarmante\u201d, para abrir espacio a lo espec\u00edficamente cristiano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo espec\u00edficamente cristiano es un tema que rebasa estas consideraciones y ameritar\u00eda otras sesiones. Aqu\u00ed basta recordar que Jesucristo entrega libremente su vida por todos. Esa forma de amor, que incluye a los enemigos m\u00e1s irreductibles, es un camino educativo en el que los santos, y especialmente los m\u00e1rtires, son nuestros principales referentes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nuestros m\u00e1rtires no son s\u00f3lo testigos de una muerte injusta, sino de una forma de amor que vence a los violentos, no en el plano de la fuerza, sino en el de la verdad y el bien, siempre superiores a todo juego de poder.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para ser capaces siquiera de meditar un poco en estas cuestiones, nuestras convicciones sobre la persona, la libertad y la conciencia deben rebasar el \u00e1mbito meramente te\u00f3rico y convertirse en una forma de vida. El cristianismo nos educa en la comprensi\u00f3n de que toda persona es un verdadero fin y, por lo tanto, jam\u00e1s debe ser usada como mero medio (Guerra, 2002). La libertad es obediencia voluntaria a la verdad y no mera indeterminaci\u00f3n ante m\u00faltiples opciones. La conciencia es el santuario y el tribunal \u00faltimo en el que t\u00fa y yo podemos optar por trascender las exigencias de la justicia y abrirnos a la posibilidad del perd\u00f3n y de sus consecuencias sobrenaturales. Estas nunca son s\u00f3lo de \u00edndole personal, sino que inciden directamente en el cumplimiento \u00faltimo del sentido de la historia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando pienso en estas cosas, recuerdo siempre el comentario de uno de mis m\u00e1s queridos profesores, Rocco Buttiglione, amigo muy cercano de Juan Pablo II. Seg\u00fan su testimonio, el Papa Wojty\u0142a le dijo en cierta ocasi\u00f3n, aproximadamente, lo siguiente: \u201cAl defender la causa de la verdad o la causa de Jesucristo, en ocasiones puede llegarse al derramamiento de sangre. Sin embargo, lo importante es comprender que, como cristianos, debemos estar dispuestos a derramar primero la nuestra antes que la de nuestros enemigos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><b>Referencias<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Blanchard, S. (2025). The ghost of Modernism: Evocations of anti-Modernist doctrinal documents at Vatican II. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Theological Studies, 86<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2), 220\u2013244.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Butler, M. (2004). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Popular piety and political identity in Mexico\u2019s Cristero Rebellion: Michoac\u00e1n, 1927\u201329<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Oxford University Press for the British Academy.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Buttiglione, R. (1991).\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Augusto Del Noce. Biografia di un pensiero<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Piemme.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cazorla-S\u00e1nchez, A., &amp; Rodr\u00edguez-L\u00f3pez, S. (2025). One cross, two continents: How Catholic women\u2019s resistance in Mexico inspired their Spanish counterparts (1926\u20131936). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Comparative Studies in Society and History<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, 1\u201322.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Conferencia del Episcopado Mexicano. (2026, 31 de julio). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">A cien a\u00f1os de aquel 1926: El conflicto religioso en M\u00e9xico. Memoria de nuestros m\u00e1rtires, libertad religiosa y construcci\u00f3n de la paz<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Concilio Vaticano II. (1964). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lumen gentium: Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Concilio Vaticano II. (1965a). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Dignitatis humanae: Declaraci\u00f3n sobre la libertad religiosa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Concilio Vaticano II. (1965b). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gaudium et spes: Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe. (2002). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los cat\u00f3licos en la vida pol\u00edtica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Del Noce, A. (1982).\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">L&#8217;interpretazione transpolitica della storia contemporanea<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Guida Editori.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Francisco. (2020). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Fratelli tutti<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Guerra L\u00f3pez, R. (2003).\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Afirmar a la persona por s\u00ed misma: La dignidad como fundamento de los derechos de la persona<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Comisi\u00f3n Nacional de los Derechos Humanos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Guerra Manzo, E. (2005). El fuego sagrado: La segunda Cristiada y el caso de Michoac\u00e1n (1931\u20131938). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Historia Mexicana, 55<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2), 513\u2013575.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Juan Pablo II. (1988). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Christifideles laici<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Juan Pablo II. (1990). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Redemptoris missio<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Le\u00f3n XIV. (2025, 17 de mayo). Discurso a los miembros de la Fundaci\u00f3n Centesimus Annus Pro Pontifice.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Le\u00f3n XIV. (2026). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Magnifica humanitas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Meyer, J. (2021). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Si se pueden llamar acuerdos\u2026: Cr\u00f3nica del conflicto religioso en M\u00e9xico, 1928\u20131938<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. CIDE.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Meyer, J. (2022). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La Cristiada<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (obra completa, 3 vols.). Siglo XXI Editores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Meyer, J. (2026, 8 de febrero). Recordar para no repetir. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El Universal<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Paparella, J. (2026). What relationship between the Church and the world? The emergence of dialogue as a conciliar turning point between Ecclesiam suam (1964) and Gaudium et spes (1965). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Irish Theological Quarterly, 91<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1), 35\u201358.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00edo XI. (1925). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Quas primas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00edo XI. (1931). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Non abbiamo bisogno<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00edo XI. (1932). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Acerba animi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00edo XI. (1935). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ad catholici sacerdotii<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00edo XI. (1937). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Firmissimam constantiam<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-188575 alignnone\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Exaudi-1.jpg?resize=940%2C788&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"940\" height=\"788\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Exaudi-1.jpg?w=940&amp;ssl=1 940w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Exaudi-1.jpg?resize=300%2C251&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Exaudi-1.jpg?resize=770%2C645&amp;ssl=1 770w, https:\/\/i0.wp.com\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Exaudi-1.jpg?resize=500%2C419&amp;ssl=1 500w\" sizes=\"(max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rodrigo Guerra analiza en Roma las lecciones de la Cristiada a un siglo de la persecuci\u00f3n religiosa en M\u00e9xico: un llamado a superar la polarizaci\u00f3n, abrazar la empat\u00eda hist\u00f3rica y defender la libertad sin trincheras ideol\u00f3gicas<\/p>\n","protected":false},"author":98,"featured_media":188567,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"inline_featured_image":false,"_wpcom_ai_launchpad_first_post":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[72],"tags":[2998,123653,2523,36523,68034,1834,123857,415,5394,13086,58880],"class_list":["post-188564","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-analisis","tag-concilio-vaticano-ii","tag-cristiada","tag-doctrina-social-de-la-iglesia","tag-historia-de-mexico","tag-iglesia-y-estado","tag-libertad-religiosa","tag-martires-cristeros","tag-mexico","tag-persecucion-religiosa","tag-rodrigo-guerra-lopez","tag-trending-es-151"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cDispuestos a derramar la propia sangre antes que la del enemigo\u201d &#8211; 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