{"id":168427,"date":"2026-04-28T08:00:37","date_gmt":"2026-04-28T06:00:37","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=168427"},"modified":"2026-04-28T08:29:33","modified_gmt":"2026-04-28T06:29:33","slug":"loado-seas-mi-senor-por-nuestra-hermana-la-muerte-corporal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/loado-seas-mi-senor-por-nuestra-hermana-la-muerte-corporal\/","title":{"rendered":"\u00abLoado seas, mi Se\u00f1or, por nuestra hermana la muerte corporal\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Sobre la vocaci\u00f3n del ser humano<\/strong><\/h3>\n<p>Coincidiendo con el tiempo de Cuaresma que nos prepara y conduce al de la celebraci\u00f3n de la Pasi\u00f3n y la Pascua del Se\u00f1or, y casi en parte como una imagen metaf\u00f3rica con que se me antoja ver a la naturaleza participando en s\u00edntesis alusiva del ambiente del calendario eclesial, la amplia ventana orientada hacia el oeste que ilumina desde la izquierda el escritorio donde escribo me permite disfrutar de los contrastantes y plurales cambios de la poblada arboleda, especialmente compuesta de caobos (<em>Swietenia macrophylla<\/em>) que crecen en las aceras y en la alargada isla central de la avenida. Con las peculiaridades deslumbrantes del intenso sol tropical, y conforme a la luz recibida en cada espacio y a las correspondientes y variables sombras que van cayendo durante los d\u00edas del a\u00f1o \u2013curiosas circunstancias que alteran la previsi\u00f3n de una supuesta sincronizaci\u00f3n en los procesos naturales de crecimiento\u2013, simult\u00e1neamente los \u00e1rboles presentan diferentes estados en mi campo visual: la fronda de algunos caobos a\u00fan permanece verde; otros ya abrieron los ovoides frutos le\u00f1osos y arrojan sus semillas en forma de una sorprendente aleta o pala de h\u00e9lice para esparcir su misi\u00f3n en alegre y veloz vuelo giratorio; los m\u00e1s cercanos a la ventana, perseverantes en su caducifolia anual, hace apenas un par de d\u00edas perdieron completamente sus hojas desnudando sus ramas y hoy amanecen estrenando el reto\u00f1o de sus m\u00faltiples hojitas pardas que pronto reverdecen, como un despertar de sonrisas que auguran la renovaci\u00f3n. Fieles al ADN que porta su simiente, en los caobos se cumple cada a\u00f1o el ciclo estacional que incluye el verdor intenso, la aparici\u00f3n de las diminutas flores entre amarillentas y verdosas y el posterior anuncio de los frutos; m\u00e1s tarde la dispersi\u00f3n de las semillas vol\u00e1tiles \u2013espect\u00e1culo que siempre me maravilla como en un juego de ni\u00f1o\u2013 y el despojamiento completo de las hojas semejando en apariencia la sequ\u00eda y la muerte de la planta; al final, y tan solo dos o tres jornadas despu\u00e9s, sucede una vez m\u00e1s el estallido anual de un nuevo follaje que se estrena para anunciar la vida que se reinicia.<\/p>\n<p><iframe title=\"Spotify Embed: \u00abLoado seas, mi Se\u00f1or, por nuestra hermana la muerte corporal\u00bb\" style=\"border-radius: 12px\" width=\"100%\" height=\"152\" frameborder=\"0\" allowfullscreen allow=\"autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/open.spotify.com\/embed\/episode\/4Wz7Ri2PJtYtEjGt4WRSZG?si=e8dbdb97de344695&amp;utm_source=oembed\"><\/iframe><\/p>\n<p>Pero tal vez podr\u00edamos extender la meditaci\u00f3n que sugiere este contemplar bot\u00e1nico un poco m\u00e1s all\u00e1. La menci\u00f3n de la semilla y su ADN, lo que, desde una perspectiva, es equivalente a su esencia y a su vocaci\u00f3n, me lleva a pensar en las im\u00e1genes que comparto con los estudiantes en una como clave recordatoria cuando hablamos de las tres virtudes teologales. Por supuesto que las palabras <em>vocaci\u00f3n<\/em> y <em>virtud<\/em> se asocian necesariamente con la definici\u00f3n propia de lo humano, pero en un ejercicio de la imaginaci\u00f3n quiz\u00e1s alcanzar\u00edamos a comprender un poco m\u00e1s la \u00edntima conexi\u00f3n entre ellas y el ser de toda persona. Cada semilla \u2013tomemos por ejemplo la del caobo\u2013, para que verdaderamente cumpla la definici\u00f3n de su ser codificado en el ADN espec\u00edfico, posee estrechamente unidas en su condici\u00f3n lo que podr\u00edamos distinguir como tres \u00abvirtudes\u00bb, elementos fundamentales que hacen posible la germinaci\u00f3n. \u00bfNos atrevemos por un momento a imaginar l\u00fadicamente a la semilla con una conciencia que discierne cu\u00e1les son estas virtudes? Aceptando esta conveniente imagen y si logramos continuar el juego, podemos ver que la semilla, para que en verdad y efectivamente lo sea, <em>cree<\/em>, tiene memoria y sabe con toda certeza que proviene de un caobo y que esta <em>fe<\/em> la une indisociablemente al \u00e1rbol de su origen, nexo que tambi\u00e9n se extiende en el legado de la especie de la que es responsable. Tal certidumbre tiene como consecuencia la inequ\u00edvoca confianza de que, a trav\u00e9s de su ser como simiente, de su potencia, se originar\u00e1 una nueva planta, se producir\u00e1 otro \u00e1rbol de caobo, lo que configura su misi\u00f3n y su vocaci\u00f3n: es esta su <em>esperanza<\/em>. Mas, para confirmar y cristalizar en el futuro esta esperanza, la semilla tiene que renunciar a preservarse y dejar de permanecer en el estado inicial que la identifica en su forma y apariencia. Para que en verdad sea simiente en plenitud que origine una nueva planta y no un miembro est\u00e9ril de la colecci\u00f3n en un recipiente cualquiera, debe despojarse de su estructura y componentes en la tierra que la recibe; tiene que entregarse y dejar de ser: debe morir como semilla a fin de que el germen en su interior pueda vivir, crecer y transformarse. Este despojarse, entregar completamente el ser para el bien de la existencia de otra vida, \u00bfacaso no describe de una manera similar lo que conocemos en esencia como el <em>amor caridad<\/em>? En esa decisi\u00f3n de renuncia que verdaderamente activa y confirma el ser de la semilla para que d\u00e9 vida, encontramos para nuestro \u00fatil recuerdo la inseparable vinculaci\u00f3n entre la fe, la esperanza y la caridad reunidas en la vocaci\u00f3n manifiesta de la simiente. No obstante, apenas esta reflexi\u00f3n nace de una \u00fatil y escogida met\u00e1fora did\u00e1ctica, pues habr\u00eda que tener presente que la plenitud real del ser humano, como resultado del don de s\u00ed amoroso, exige la consciente y libre voluntad de la entrega en la persona como donaci\u00f3n gratuita de amor que es tambi\u00e9n dirigida a un destinatario concreto y personal. De un modo \u00fanico, cercan\u00edsimo y paradigm\u00e1tico lo hizo Jes\u00fas al encarnar y cumplir as\u00ed la voluntad del Padre para salvar a la humanidad y a cada uno de nosotros; Cristo \u00abme am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed\u00bb, nos dice san Pablo con exactitud (G\u00e1latas 2, 20). Pienso entonces c\u00f3mo Jes\u00fas utiliz\u00f3 con la claridad m\u00e1s luminosa la misma imagen de la semilla para anunciar su propia y necesaria Pascua y tambi\u00e9n su Gloria: \u00abLes aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto\u00bb (Juan 12, 24). El anuncio es asimismo la invitaci\u00f3n para seguir el camino que \u00c9l traza y descubrir en cada paso elegido nuestra \u00edntima vocaci\u00f3n tan similar a la de la semilla. Una vez m\u00e1s san Pablo completar\u00e1 la met\u00e1fora de la siembra de la semilla identific\u00e1ndola con la promesa de nuestra resurrecci\u00f3n y la bienaventuranza divina (1\u00aa Corintios 15, 35-58).<\/p>\n<p>Al tocar el tema de la vocaci\u00f3n, recurro una vez m\u00e1s a experiencias que me gusta rentabilizar. Con alguna frecuencia, en el contexto de las reflexiones que se suscitan en los cursos que ofrezco a los estudiantes con el fin de invitarlos a la lectura y a la literatura, singularmente a trav\u00e9s de las im\u00e1genes de las leyendas art\u00faricas a la luz de lo quijotesco, y asimismo en la opci\u00f3n de servicio con el fin de impartir las lecciones para una espec\u00edfica formaci\u00f3n franciscana, casi siempre, como un corolario natural de los di\u00e1logos, llego a compartir una expresi\u00f3n interrogante que, en \u00e1nimo l\u00fadico y sin pretender una originalidad, trato de favorecer una pausa de meditaci\u00f3n para saborear el sentido y alcance de las palabras: \u00ab\u00bfCu\u00e1l es la vocaci\u00f3n del ser humano?\u00bb, pregunto. Al responder seguidamente y de forma concisa \u00abser humano\u00bb, sin variar la locuci\u00f3n, pero justo deteni\u00e9ndome en el verbo en el que se ha convertido el sustantivo de la interrogaci\u00f3n precedente, aspiro a propiciar una conciencia acerca del insoslayable fin esencial que nos llama y que cada uno de nosotros, en su particularidad existencial, debe alcanzar: ser humano, ser plenamente humano, hallar la plenitud humana; plenitud que invariablemente asociamos con el bien. Sin embargo, acaso en este instante puede venir a la mente aquel viejo y tradicional aforismo sobre el \u00aberrar es de humanos\u00bb, como si el cometer errores constituyese la sustancia fundamental de lo humano y que ello mismo definir\u00eda la vocaci\u00f3n a la que me refiero, una suerte de excusa y condenaci\u00f3n en la conformidad de la limitaci\u00f3n. Sin embargo, lo que en verdad se nos revela con esta m\u00e1xima es una tendencia al equ\u00edvoco asociada a nuestra fr\u00e1gil condici\u00f3n, por lo que aquella afirmaci\u00f3n se ve completada con otro aserto m\u00e1s estimulante en una de las variantes de la frase: \u00abpero enmendar o rectificar es de sabios\u00bb; y esa enmienda sin duda est\u00e1 apuntando a aproximar la senda necesaria de vida, a seguir un ideal de lo que es bueno en verdad.<\/p>\n<p>Pareciera claro que para lograr y a su vez mantenerse en la vocaci\u00f3n humana individual \u2013que al mismo tiempo comparte su manifestaci\u00f3n en la vivencia compartida en comunidad, a\u00fan m\u00e1s al estar conscientes de que el ser humano \u00abno puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s\u00bb (<em>Gaudium et spes<\/em>, 24)\u2013 se requiere el prudente e incesante cultivo de las facultades y potencialidades de la propia naturaleza humana que abarca lo espiritual, lo intelectual, lo sensitivo, lo biol\u00f3gico. Entre l\u00edmites y potencias se perfila entonces la vocaci\u00f3n humana, y para ello la virtud cardinal de la prudencia, definida en la \u00e9tica cristiana con la sabidur\u00eda en acci\u00f3n, nos pide actuar de acuerdo a la realidad; la misma \u00e9tica que se identifica con la imagen verdadera del ser humano a la que est\u00e1 llamada toda persona: \u00abY Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen; lo cre\u00f3 a imagen de Dios, los cre\u00f3 var\u00f3n y mujer\u00bb (G\u00e9nesis 1, 27). As\u00ed, el <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em> (N\u00ba1877) nos explica con precisi\u00f3n qui\u00e9n ofrece los contornos de esta imagen de la vocaci\u00f3n humana hacia la plenitud verdadera: Jes\u00fas, el Hijo de Dios, y Dios con el Padre (Mateo 11, 27 y Juan 10, 30; 14, 9-11). La vocaci\u00f3n al ser pleno es intr\u00ednseca a la fe que dota el Esp\u00edritu (1\u00aa Corintios 12, 3) y que contempla al \u00abYo soy\u00bb del Hijo (Juan 8, 58) consonante con la voz del Padre (\u00c9xodo 3, 14). Esta ser\u00e1 la convicci\u00f3n de Francisco de As\u00eds, que no solo ver\u00e1 la vocaci\u00f3n humana en el anuncio del mensaje evang\u00e9lico del amar, sino especialmente en la forma concreta y expl\u00edcita de ese amor manifiesto en la m\u00e1xima donaci\u00f3n y ofrenda de Jesucristo desde la Encarnaci\u00f3n hasta el sacrificio de su Muerte que culminar\u00e1 en la plenitud de la Gloria de la Resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>II<\/strong><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>\u00abBienvenida sea mi hermana la muerte\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>El elegido e inconmensurable anonadamiento de Jes\u00fas, el despojamiento de su condici\u00f3n divina para venir exclusivamente a servir y a entregarse a la humanidad desde la desposesi\u00f3n, la <em>k\u00e9nosis<\/em> tan fascinante para <em>il Poverello<\/em> constituir\u00e1 la clave de la l\u00f3gica que seguir\u00e1 en su andar para cumplir el mandamiento del amor desde la minoridad y en el asumir la pobreza para s\u00ed mismo que se afirma en el completo desapropio. No cesa de admirarme la diafanidad con la que Francisco de As\u00eds comprende en su diario vivir y desde la interioridad m\u00e1s profunda, desde un saber que es a la vez real sabor del cuerpo \u2013pues funde entendimiento, intuici\u00f3n y sensibilidad\u2013, esta verdad que se manifiesta en la existencia y en el universo, as\u00ed como en la gu\u00eda de su obrar, de su sendero de peregrino vital que intenta traducir en la predicaci\u00f3n y en sus pocos textos. Ver\u00eddicamente ama a Dios \u00abcon todo el coraz\u00f3n y con toda el alma, con todo el esp\u00edritu, con toda tu mente y con todas las fuerzas\u00bb (Marcos 12, 30; Deuteronomio 6, 5), y este mismo amor, en el reconocimiento de la filiaci\u00f3n al Padre Creador, lo enlaza en fraternidad amorosa y universal con todos los seres humanos sin distinci\u00f3n y tambi\u00e9n con cada creatura del Se\u00f1or que comparte nuestra Casa Com\u00fan. La composici\u00f3n del <em>C\u00e1ntico del hermano sol<\/em> o <em>C\u00e1ntico de las creaturas <\/em>(FF 263) en la \u00faltima etapa de su vida se llevar\u00e1 a cabo en el culmen de la revelaci\u00f3n del ser que encuentra su plenitud en el completo donarse. Y esta iluminaci\u00f3n solo puede manifestarse en el irrefrenable celebrar esta verdad de la Creaci\u00f3n y en el saber que se pertenece a ella, un singular y consciente estar que tambi\u00e9n supone el conocimiento y aceptaci\u00f3n de la finitud temporal en la tierra, el habitar reconciliado que necesita expresarse para tambi\u00e9n ser posible: <em>el canto es existencia<\/em>, tal como lo formula \u00c9loi Leclerc citando el l\u00facido y sugestivo verso de Rainer Maria Rilke. Y Francisco, asumi\u00e9ndose \u00e9l mismo como juglar de Dios junto a sus compa\u00f1eros de aventura, con la imagen memorable, o mejor, casi indisociable de su vivir con la alegr\u00eda que consiste en adorar y amar, canta as\u00ed las maravillas de la existencia de todo lo creado, lo que en s\u00ed mismo nos muestra la bondad, verdad y belleza del existir, en sinton\u00eda afirmativa con la mirada sonriente del Padre Creador que \u00abmir\u00f3 todo lo que hab\u00eda hecho, y vio que era muy bueno\u00bb (G\u00e9nesis 1, 31). Ello lo logra en su vivir la pobreza que ha elegido siguiendo a Jes\u00fas, en la m\u00e1s completa desposesi\u00f3n que le lleva a ver, apreciar y recibir todo como don, aun aquello que nos resulta misterioso, lo que no comprendemos e incluso nos causa temor: conf\u00eda en acogerlo todo con gracia de \u00e1nimo y asimismo como gracia recibida que adquiere as\u00ed un cabal sentido.<\/p>\n<p>Acabo de escribir <em>cabal sentido<\/em> y siento que, aunque cierto, casi lo hago como una f\u00f3rmula hecha que manifiesta una mera aceptaci\u00f3n que no puedo soslayar, por lo que quiz\u00e1s debo detenerme un poco m\u00e1s en esta exploraci\u00f3n. Es curioso que las \u00faltimas estrofas que completan el <em>C\u00e1ntico de las creaturas<\/em> no solo fueron compuestas para responder a momentos distintos, sino que adem\u00e1s las laudes al Se\u00f1or ya no solo se concentran en apuntar a los elementos de la Creaci\u00f3n que asombran a nuestros sentidos con el don de su existir, como el sol que nos regala su luz, su calor y esplendor; la luna con sus sugestivas fases y las crepitantes estrellas que silenciosas nos ofrecen su belleza en el cielo de la noche; el variable viento que lleva el aire en todo tiempo, el mismo que inunda el interior de nuestros cuerpos para poder respirar, inequ\u00edvoca se\u00f1al consciente de nuestro estar; la util\u00edsima y fresca agua, cuyo encuentro tangible en sed y necesidad provoca goce casi inenarrable; el fuego y sus formas refulgentes y cambiantes, c\u00e1lida y luminosa energ\u00eda semejante a la alegr\u00eda festiva; y la tierra que nos acoge y hospeda, que entrega los variados frutos que nos sostienen cuando buscamos cuidarla y cultivarla con nuestro trabajo. Como necesaria coda que nos descubre el motivo central del <em>C\u00e1ntico<\/em>, en lo que podr\u00eda verse como la etapa conclusiva relacionada con el vivir humano inserto en la Creaci\u00f3n, Francisco menciona en dos de las tres estrofas finales las alabanzas al Se\u00f1or precisamente por aquello que surge a partir de las experiencias del sufrimiento, de la enfermedad y de la muerte, lo que, parafraseado otra vez a Rilke, en nuestro devenir cotidiano se nos presentan con el rostro terr\u00edfico de los inevitables \u00abdragones\u00bb de la existencia. Como humanos tan consustanciados con la vida y con el temor hacia lo que no conocemos y nos espera, sabemos que esos dragones est\u00e1n ah\u00ed, se aceptan sus conceptos tal vez con una postura un tanto estoica y que traga grueso; por momentos se miran con frialdad y distantes como en ajenidad. Y en el contexto de la fe, a menos que se haya tenido una real experiencia de Dios en el vivir que transforma la visi\u00f3n, solo resta seguir una obediente resignaci\u00f3n ante su sentido misterioso en la promesa de la esperanza. Generalmente eludimos hablar de aquellos dragones como si con esta prevenci\u00f3n se pudiera conjurar su encuentro y enfrentamiento, intentar lograr su postergaci\u00f3n y lejan\u00eda en el tiempo. En nuestro natural amor propio y en el instintivo apego a la vida, particularmente la percepci\u00f3n del momento de la muerte se nos presenta con una opacidad quiz\u00e1s impenetrable \u2013y a\u00fan m\u00e1s si pensamos en las muertes que son fruto de la injusticia o las absurdas y fortuitas que provocan nuestro natural rechazo y nos llevan a interrogarnos sobre por qu\u00e9 suceden\u2013. Cuando centramos la mirada en nuestra situaci\u00f3n particular y meditamos un poco sobre la muerte, admitimos su inevitabilidad a pesar de que casi siempre lo hacemos como con una conciencia exterior, como con un anticipado y forzado concepto aprendido desde afuera m\u00e1s que asumido en verdad, porque no hay posibilidad de una previa experimentaci\u00f3n personal, aunque s\u00ed hayamos padecido el desgarre de una pena aguda o quiz\u00e1s el extra\u00f1o estupor paralizante cuando fallece un ser querido o somos testigos directos de este acontecimiento en alguien del que apenas tenemos noticia. Pero esa misma perplejidad, que tambi\u00e9n viene acompa\u00f1ada de una consecuente tristeza y muchas veces del dolor por esa partida, tan constantes en cada vivencia, tal vez pueda cambiar su acostumbrado signo con otra luz que resplandece en lo \u00edntimo. Aunque como humanos toda explicaci\u00f3n definitiva al final se nos escape, \u00bfno podr\u00edan verse asimismo estos misterios como dones, indistinguibles en una primera mirada porque solo se ha seguido la inercia de la aflicci\u00f3n, la extra\u00f1eza o la in\u00fatil negaci\u00f3n? \u00bfNo son tambi\u00e9n dones los \u00abvalles de sombras\u00bb (cfr. salmo 23, 4)? \u00bfQu\u00e9 pueden descubrirnos esos pasajes que se recorren durante un tiempo y nos parecen tan oscuros pues no alcanzamos a vislumbrar su fin? Rilke alude a los dragones de los mitos que en el supremo y s\u00fabito instante de la entrega generosa en la constancia de lo heroico se transforman en princesas, y as\u00ed agrega con perspicacia en uno de sus consejos al joven poeta: \u00abQuiz\u00e1 todos los dragones de nuestra vida son princesas que esperan solo eso, vernos una vez hermosos y valientes\u00bb. Francisco de As\u00eds no alcanz\u00f3 a tener en principio esta claridad de visi\u00f3n cuando, en una veleidosa aspiraci\u00f3n heroica y de nobleza, dese\u00f3 ser caballero en su frustrada aventura que se interrumpi\u00f3 en Spoleto hacia el verano de 1205, punto de inflexi\u00f3n que inici\u00f3 su proceso de conversi\u00f3n para convertirse en el santo de la fraternidad universal que conocemos. Casi concluyendo su vida, unos veinte a\u00f1os despu\u00e9s de aquel episodio y tras un intenso peregrinaje no exentos de graves dolencias y enfermedades, Francisco justamente nos descubre y nos comparte, en su confiada experiencia de \u00abdejar que Dios sea Dios\u00bb, la iluminaci\u00f3n de su <em>C\u00e1ntico<\/em> final; apreciamos c\u00f3mo acoge con inspirada naturalidad a los dragones infaltables como dones que suscitan su alabanza y gratitud: el ser logra revestir su alma de hermosura y de valor para recibir con sorprendente calidez a \u00abnuestra hermana \u00a0\/ la muerte corporal, \/ de la cual ning\u00fan hombre \/ viviente puedes escapar\u00bb. El entra\u00f1able t\u00edtulo fraterno dirigido a la muerte no deja duda de su afirmaci\u00f3n en entrega al todo, con su misterio y con su extra\u00f1a y parad\u00f3jica compleja simplicidad cuando contrasta lo viviente, y que as\u00ed se reconoce como gracia, porque Jes\u00fas en su generos\u00edsima v\u00eda <em>ken\u00f3tica<\/em> (Filipenses 2,6-8) tambi\u00e9n muri\u00f3 en la cruz y asimismo venci\u00f3 a la muerte con la resurrecci\u00f3n y la transform\u00f3 para nosotros mediante la promesa cierta de la plenitud de la vida gloriosa.<\/p>\n<p>La <em>Leyenda de Perusa<\/em>, igualmente conocida como <em>Compilaci\u00f3n de As\u00eds<\/em> y compuesta antes de 1246, nos cuenta sobre Francisco que, en aquel oto\u00f1o de 1226, cuando yac\u00eda enfermo y era atendido en el palacio episcopal de As\u00eds por un m\u00e9dico amigo natural de Arezzo, exclam\u00f3 \u00abcon gozo inmenso interior y exterior\u00bb al momento de recibir el informe del diagn\u00f3stico de su padecimiento incurable: \u00abBienvenida sea mi hermana la muerte\u00bb. El mismo texto biogr\u00e1fico relata c\u00f3mo <em>il Poverello<\/em>, \u00abpara confortar su esp\u00edritu y para evitar que decayera su \u00e1nimo por las muchas y diversas dolencias\u00bb, con frecuencia invitaba a sus compa\u00f1eros a entonar el <em>C\u00e1ntico del hermano sol<\/em>, expresi\u00f3n de su intensa alegr\u00eda, para entonces inconcebible al prinicipio en la congoja de los m\u00e1s cercanos y asimismo para el confundido fray El\u00edas, vicario general de la orden. Por ello adem\u00e1s le dice al m\u00e9dico que lo atend\u00eda: \u00abyo no soy un cobarde que teme a la muerte. El Se\u00f1or, por su gracia y misericordia, me ha unido tan estrechamente a \u00c9l, que me siento tan feliz para vivir como para morir\u00bb (<em>Leyenda de Perusa<\/em>, 99-100; FF 1638). Creo que es importante advertir este hecho en el que Francisco tuvo la dichosa gracia de conocer la inminencia de su partida de este mundo, pues le permiti\u00f3 prepararse humana y espiritualmente en sus \u00faltimos momentos, tanto en el vivir como en el morir seg\u00fan leemos en la valiosa fuente de la <em>Leyenda perusina<\/em>. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edamos entender esos pasos felices de su peregrinaje hacia el final destino terrestre?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>III<\/strong><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Los relatos sobre el tr\u00e1nsito de Francisco de As\u00eds<\/strong><\/h3>\n<p>Con sutileza fray Pietro Maranesi, en su libro <em>La via di frate Francesco<\/em><em>. Gli ultimi tre anni della vita del santo: introduzione ai centenari francescani<\/em> (2023), distingue entre las fuentes biograf\u00edas fundamentales sobre el santo dos perspectivas diferentes que nos muestran c\u00f3mo Francisco fue al encuentro con la \u00abhermana muerte\u00bb. Por un lado, la <em>Leyenda de Perusa<\/em>, florilegio de textos que recogen los testimonios de sus compa\u00f1eros m\u00e1s constantes (\u00abNosotros que hemos vivido con el bienaventurado Francisco y hemos escrito estas cosas sobre \u00e9l, damos testimonio\u2026\u00bb, es una frase que podemos leer en el fragmento 14), presenta quiz\u00e1s una visi\u00f3n m\u00e1s cercana y humana sobre lo que podr\u00eda considerarse como \u00abla muerte de un hombre cristiano\u00bb al describir detalles que revelan una mayor espontaneidad y tambi\u00e9n un gusto y amor por la vida, as\u00ed como la memoria de lo que ella ha ofrecido. Por otro lado, las reconocidas como biograf\u00edas oficiales, es decir, la primera <em>Vida<\/em> de Tommaso da Celano, encargada por el Papa Gregorio IX en 1229 poco despu\u00e9s de la canonizaci\u00f3n de Francisco, y particularmente la <em>Leyenda Mayor<\/em>, concluida hacia 1263 por san Buenaventura y que se convirti\u00f3 en el definitivo texto conciliatorio para establecer una observancia com\u00fan de la Regla y cesaran as\u00ed las tensiones internas de entonces en la Orden de los Hermanos Menores, dibujan con sumo cuidado la imagen de un hombre que se encuentra al borde de la perfecci\u00f3n, un h\u00e9roe cristiano liberado de toda atadura carnal y terrenal, lanzado ya a la beatitud en la preparaci\u00f3n de la partida definitiva buscando emular en su propia escala las etapas de la Pascua de Jes\u00fas crucificado; en s\u00edntesis, intentan mostrar \u00abla muerte de un santo cristiforme\u00bb. Creo que el contraste de los textos que nos lega la tradici\u00f3n nos permite pensar los diversos sentidos de interpretaci\u00f3n que ambas miradas resaltan, as\u00ed como su complementariedad: nos aproximan ciertamente a esos pasos tan humanos de la vocaci\u00f3n individual de Francisco que aspira a seguir las huellas de su amado Jesucristo y que lo convierten en un modelo ideal concentrado en lo espiritual, pero, adem\u00e1s, apreciamos al mismo <em>Poverello<\/em> enamorado de Cristo, pero que aspira hasta el final estar en un real y concreto sentir fraterno que necesariamente se impregna de vida terrena junto a los amigos y compa\u00f1eros de peregrinaje.<\/p>\n<p>En la lectura de la <em>Leyenda de Perusa<\/em> (5, 7-8, 12-13; FF 1546-1548, 1555, 1558), revisando apenas los pasajes que aparecen en la narraci\u00f3n de la estancia de nuestro personaje enfermo en el palacio del obispo Guido de As\u00eds, encontramos aludidas tanto una comprensible inclinaci\u00f3n al decaimiento por parte de Francisco debido a las dolencias f\u00edsicas y espirituales acumuladas, como la necesidad de darse \u00e1nimo y asimismo tratar de confortar el natural pesar y preocupaci\u00f3n de sus queridos compa\u00f1eros de aventura en la <em>sequela Christi<\/em>, quienes ya present\u00edan la inminente muerte de su padre espiritual. Sin duda, el contagiante gozo de las alabanzas por la fraternidad de la Creaci\u00f3n expresadas en el <em>C\u00e1ntico<\/em> \u2013incluyendo las \u00faltimas dedicadas no solo a la \u00abhermana muerte\u00bb, sino tambi\u00e9n a aquellos que sufren y los que construyen la paz y perdonan por amor\u2013 brindar\u00edan un particular consuelo. Pero creo que hay algo m\u00e1s. Siempre tengo presente lo que Josef Pieper se\u00f1ala sobre el consuelo y c\u00f3mo puede pensarse su significado en lo que podr\u00eda ser una t\u00e1cita definici\u00f3n que va m\u00e1s all\u00e1 de la manifestaci\u00f3n perceptible o inmediata: es una alegr\u00eda silenciosa, la m\u00e1s \u00edntima que en verdad significa un <em>s\u00ed<\/em> a la vida, la impl\u00edcita afirmaci\u00f3n de la existencia. A pesar de sufrir el dolor, en particular el de una p\u00e9rdida, oportunamente recibimos ese callado abrazo fraterno y a la vez consolador y pensamos: con este sincero afecto y a trav\u00e9s de \u00e9l \u00abla vida vale la pena\u00bb. Aunque la frase suele ser vista como un lugar com\u00fan demasiado repetido, su formulaci\u00f3n completa jam\u00e1s se desgasta: es veraz en cada palabra, pues consiste en un saber interior que solemos manifestar en cada momento que asoma su particular dureza, una convicci\u00f3n que es casi como un peque\u00f1o reflejo de la sonrisa de Dios Padre en el G\u00e9nesis cuando contempl\u00f3 lo que hab\u00eda creado y \u00abvio que era muy bueno\u00bb.<\/p>\n<p>En Francisco igualmente resulta llamativo el detalle de las despedidas que ratifican el afecto fraterno mediante el obsequio de una atenci\u00f3n dedicada con el sentido adi\u00f3s humano de la separaci\u00f3n, a la vez que sugieren una como recapitulaci\u00f3n personal de las andanzas iniciales de su seguimiento de Jes\u00fas, como cuando pocos meses antes dict\u00f3 el <em>Testamento <\/em>(FF 110-131) para sus seguidores y menciona con precisi\u00f3n aquello que cambi\u00f3 su existencia para optar definitivamente por el Evangelio: el Se\u00f1or lo condujo a practicar la misericordia y ternura con los leprosos, y esa libre expresi\u00f3n de amor fraterno hacia los m\u00e1s excluidos produjo su total conversi\u00f3n, pues lo que antes le parec\u00eda amargo se torn\u00f3 en dulzura del cuerpo y del alma. As\u00ed, conociendo que su partida de este mundo estaba muy pr\u00f3xima, Francisco prefiere dejar el palacio episcopal, que ya le resultar\u00eda incompatible \u2013y por ende inc\u00f3modo, podr\u00edamos inferir\u2013 para la escogida pobreza de su forma de vida, y procede a volver a la vecindad de Santa Mar\u00eda de la Porci\u00fancula, el amado y peque\u00f1o espacio donde se inici\u00f3 el movimiento expansivo de la fraternidad minor\u00edtica. En el sendero que desciende al valle desde la colina donde se ubica As\u00eds, sus compa\u00f1eros lo llevan hacia su destino en camilla debido a la intensa debilidad que consum\u00eda su cuerpo y por unos instantes se detienen al frente de uno de los leprosarios objeto de su primer trabajo de cuidado y entrega amorosa, San Salvatore delle Pareti. Desde all\u00ed Francisco, incorpor\u00e1ndose un poco del lecho port\u00e1til, dirige el rostro casi ciego a su querida ciudad natal para despedirse, dedicarle una plegaria y una especial bendici\u00f3n. Asimismo, ya en el pobr\u00edsimo convento de peque\u00f1as chozas que agrupaba a sus frailes junto a la capillita de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles de la Porci\u00fancula, recuerda al primero de sus amigos que lo sigui\u00f3 en 1208 en la extraordinaria aventura evang\u00e9lica, el caballero y noble doctor Bernardo de Quintavalle, con quien adem\u00e1s desea compartir un rico dulce que tanto le gustaba y del que har\u00e9 menci\u00f3n m\u00e1s adelante. Lo manda a llamar entonces para bendecirlo y en el encuentro ocurre lo que podr\u00edamos considerar uno de esos involuntarios y graciosos chascos o chistes que de pronto suceden en momentos muy serios para hacernos sonre\u00edr: debido a la enfermedad de los ojos, Francisco no pod\u00eda ver a Bernardo y as\u00ed extiende su mano para palpar su cabeza, pero en vez de ello toc\u00f3 la del hermano Gil que estaba a su lado. De inmediato Francisco se percat\u00f3 de su equivocaci\u00f3n y exclam\u00f3 \u00abEsta no es la cabeza del hermano Bernardo\u00bb, por lo que insisti\u00f3 de nuevo en querer bendecir al primog\u00e9nito de los Hermanos Menores, lo que finalmente logr\u00f3 y con quien pudo conversar un rato.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n a Clara de As\u00eds, su querid\u00edsima y entra\u00f1able \u00abplantita\u00bb y hermanita espiritual, la primera mujer que lo sigui\u00f3 en su ruta de la fidelidad a la pobreza evang\u00e9lica, anhelaba poder enviarle unas palabras de consuelo, bendici\u00f3n y despedida, y as\u00ed dict\u00f3 un mensaje que hizo llegar con uno de los hermanos al Convento de San Dami\u00e1n donde viv\u00eda en clausura con su comunidad de las Hermanas pobres: \u00abVe y lleva este escrito a la se\u00f1ora Clara. Le dir\u00e1s que no sufra ni est\u00e9 triste, porque no pueda verme ahora; pero que est\u00e9 segura de que, antes de su muerte, ella y sus hermanas me ver\u00e1n y les proporcionar\u00e9 un gran consuelo\u00bb. Y as\u00ed ocurri\u00f3. A la ma\u00f1ana siguiente de morir Francisco, su cuerpo fue llevado en procesi\u00f3n por todo el pueblo de As\u00eds, entre himnos y alabanzas, hasta San Dami\u00e1n, donde Clara y las dem\u00e1s hermanas pudieron llorarlo de cerca y darle su adi\u00f3s.<\/p>\n<p>As\u00ed fueron las despedidas de quienes podr\u00edamos considerar los representantes m\u00e1s queridos de las \u00f3rdenes franciscanas primera y segunda. Pero, asimismo, la que m\u00e1s tarde ser\u00e1 conocida como la tercera orden, la conformada por los seglares, tuvo como protagonista de un episodio singular a Jacopa dei Sette Sogli (tambi\u00e9n conocida como Settesoli), a quien Francisco llamaba con cari\u00f1o y amistad \u00abfrate Jacopa\u00bb o \u00abfray Jacoba\u00bb, un curioso y excepcional mote privilegiado de cercan\u00eda al <em>Poverello<\/em> para esta dama noble que tanto apoy\u00f3 el movimiento de los Hermanos Menores en Roma. Francisco, desprovisto de toda posesi\u00f3n, quer\u00eda informarle acerca de su estado final y adem\u00e1s solicitarle dos peculiares favores. El primer favor consist\u00eda en que le enviara un \u00abpa\u00f1o mon\u00e1stico de color ceniza\u00bb con la que sus hermanos podr\u00edan confeccionar una t\u00fanica para la mortaja en el acto de su entierro, luego de que ocurriera su fallecimiento; el segundo favor estaba pensado para complacer su paladar en el tiempo que le restaba de vida: que Jacoba le preparara unos <em>mostaccioli<\/em>, sus dulces favoritos, especie de galletas que se hacen \u00abcon almendras, az\u00facar o miel y otros ingredientes\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 curioso, peque\u00f1o y tierno gusto con el que quer\u00eda consentirse el propio hermano Francisco en v\u00edspera de su tr\u00e1nsito al Se\u00f1or y que pide a una seguidora tan cercana a su coraz\u00f3n! Aquel Francisco que practicara el ayuno en cinco cuaresmas al a\u00f1o \u2013m\u00e1s de 200 d\u00edas, si incluimos otras importantes fechas\u2013 al final de su vida pide perd\u00f3n a su cuerpo, el \u00abhermano asno\u00bb que soportaba sus sacrificios y tantos dolores y penas, y acepta agradarlo con este halago tan especial. As\u00ed, sus compa\u00f1eros prepararon la carta para fray Jacoba (FF 253-255) y, cuando pensaban enviarla a Roma, la gentil dama, inspirada antes por el Esp\u00edritu Santo, ya estaba en la entrada del espacio del convento anhelando tener el consuelo de despedirse de Francisco; previendo lo inevitable, precisamente hab\u00eda tra\u00eddo el pa\u00f1o que hab\u00eda solicitado el enfermo, adem\u00e1s de unas velas e incienso, y asimismo los componentes de los <em>mostaccioli<\/em>. Y contin\u00faa contando la <em>Leyenda<\/em> c\u00f3mo la amiga romana prepar\u00f3 el manjar que tanto apreciaba Francisco. \u00abPero \u00e9l comi\u00f3 poco, porque su cuerpo iba desfalleciendo cada d\u00eda m\u00e1s a causa de su grav\u00edsima enfermedad y acerc\u00e1ndose a la muerte (\u2026) Y sucedi\u00f3 que, seg\u00fan la voluntad de Dios, dentro de la misma semana en que vino la se\u00f1ora Jacoba, el bienaventurado Francisco pas\u00f3 al Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl hombre fraternal es siempre un testimonio del Padre. Quien le ve, ve al Padre\u00bb, escribe \u00c9loi Leclerc al narrar un muy doloroso episodio de la muerte de un fraile en el tren de prisioneros que sal\u00eda en abril de 1945 del\u00a0<em>campo<\/em>\u00a0de concentraci\u00f3n nazi de\u00a0<em>Buchenwald,<\/em> suceso que lo llev\u00f3 a \u00e9l y a sus compa\u00f1eros frailes franciscanos tambi\u00e9n cautivos en el mismo vag\u00f3n, en un espont\u00e1neo gesto solo explicable en la entrega de la fe, a elevar a viva voz el <em>C\u00e1ntico del hermano sol<\/em>. Y Leclerc trata de explicar aquello que no puede comprenderse ni expresarse del todo, y nos habla de que en \u00abla noche del alma\u00bb, en los momentos de dolor y oscuridad, de sufrimiento y angustia, la manifestaci\u00f3n de paciencia y cuidado, de amor y amistad hacia al otro tiene un valor tan inapreciable, que se convierte en un rayo de luz que como milagro ilumina nuestra fragilidad en la penuria o en la miseria: \u00abVuelve a darnos un rostro, nos recrea. De repente volvemos a saber que somos hombres\u00bb. Y podemos agregar en esta conciencia que somos creaturas amadas del Padre y que abrimos nuevamente los ojos limpios para celebrar cada detalle de las maravillas de la Creaci\u00f3n y c\u00f3mo los seres humanos de buena voluntad las contemplan e intentan cuidarlas. Aquel sorprendente hecho que recoge en el posfacio de su libro <em>El c\u00e1ntico de las criaturas <\/em>(1970), \u00c9loi Leclerc ni siquiera se atreve a compararlo con la experiencia del <em>Poverello<\/em>; apenas intenta rescatar la necesaria reflexi\u00f3n sobre la construcci\u00f3n de la fraternidad aun en los tiempos sombr\u00edos. Recordemos adem\u00e1s que, despu\u00e9s de su misi\u00f3n p\u00fablica cumpliendo la voluntad del Padre y anunciando la Buena Nueva, tambi\u00e9n Jes\u00fas vivi\u00f3 la m\u00e1s intensa agon\u00eda en la noche de Getseman\u00ed, v\u00edspera de la Pasi\u00f3n<em>. <\/em>En este sentido, las expresiones fraternas que recogen las an\u00e9cdotas alrededor del tr\u00e1nsito de Francisco de As\u00eds, tan llenas de vida, amistad y sabor me llevan a relacionar ciertos elementos con algunos rasgos que pueden distinguirse en los llamados <em>signos<\/em> que san Juan destaca en su Evangelio y que mostraron la gloria de Jes\u00fas y lo descubren como el Hijo de Dios. De esta forma, m\u00e1s all\u00e1 del sentido teol\u00f3gico de cada prodigio, la mirada humana que est\u00e1 presente en la delicada atenci\u00f3n, en la consideraci\u00f3n amorosa y en la compasi\u00f3n de Jes\u00fas completa cada suceso: el transformar el agua en vino magn\u00edfico durante la celebraci\u00f3n de las bodas de Can\u00e1; las singulares curaciones en Cafarna\u00fam y Jerusal\u00e9n para que los sanados pudieran incorporarse a la vida cotidiana; la multiplicaci\u00f3n de los panes y los peces para atender la necesidad de alimento de una multitud; el caminar sobre el mar de Galilea para reencontrarse con los ap\u00f3stoles; la curaci\u00f3n del ciego de nacimiento para que al fin pudiera ver las maravillas de la Creaci\u00f3n y al mismo Mes\u00edas anunciado e Hijo de Dios; la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, el querido y llorado amigo a quien devolvi\u00f3 a esta vida y con ello anunciar la de la plenitud y trascendencia futura. Cada uno de estos hechos milagrosos que suscitan alegr\u00eda est\u00e1n llenos de inter\u00e9s y esmero por la vida humana. Gracias a la Encarnaci\u00f3n, Jes\u00fas, nuestro hermano mayor que nos muestra al Padre y que sigui\u00f3 la ruta de la pasi\u00f3n y la cruz en su amor por cada uno de nosotros, busca asimismo los detalles que avivan justamente el cultivo del trato fraterno aqu\u00ed en este mundo que comparti\u00f3 con su humanidad. Pienso en este instante en algunos versos que he seleccionado de un poema de Jorge Luis Borges que lleva por t\u00edtulo \u00abJuan I, 14\u00bb y que pertenece al libro <em>Elogio de la sombra<\/em>, (1969):<\/p>\n<p>Yo que soy el Es, el Fue y el Ser\u00e1,<br \/>\nvuelvo a condescender al lenguaje,<br \/>\nque es tiempo sucesivo y emblema.<br \/>\nQuien juega con un ni\u00f1o juega con algo<br \/>\ncercano y misterioso;<br \/>\nyo quise jugar con Mis hijos.<br \/>\nEstuve entre ellos con asombro y ternura.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Fui amado, comprendido, alabado\u00a0y pend\u00ed de una cruz.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>A veces pienso con nostalgia<\/p>\n<p>en el olor de esa carpinter\u00eda.<\/p>\n<p>La cercan\u00eda amorosa de Jes\u00fas, la Palabra de Dios que puso su morada entre nosotros y ese \u00faltimo verso sobre \u00abel olor de esa carpinter\u00eda\u00bb que nos transporta a su casa en Nazaret viviendo con Mar\u00eda y Jos\u00e9 \u2013la Sagrada Familia que la habita\u2013, as\u00ed como a sentir en la memoria olfativa ese aroma tan intenso y peculiar que sugiere trabajo manual y madera, pertenencia a la comunidad y tambi\u00e9n el transcurso de la jornada laboral por el que pasar\u00eda cualquier hombre, creo que se emparentan con aquellos gustosos <em>mostaccioli <\/em>preparados por fray Jacopa y las tiernas despedidas de Bernardo y Clara que evocaron los a\u00f1os en As\u00eds, la amistad y las andanzas por los caminos anunciando la \u00ab<em>novitas <\/em>franciscana\u00bb sobre la conversi\u00f3n y el amor fraterno. En tales im\u00e1genes se encuentran unidas de forma estrecha la fraternidad y lo cotidianamente humano, un estar all\u00ed en la vida. Creo que ello nos reenv\u00eda una vez m\u00e1s a tantos pasajes del Evangelio, y en particular a la descripci\u00f3n del juicio final que compendia las obras del amor y adem\u00e1s subraya la concreta atenci\u00f3n especial a los necesitados de alimento, de agua, de un techo que hospede, de vestido, de visita y consuelo (Mateo 25, 31-46). Francisco de As\u00eds, en su continua pr\u00e9dica, recoge con claridad esta preocupaci\u00f3n trascendente para invitar a la fraternidad de todos, a cumplir la voluntad de Dios Padre y a confiar en su misericordia, a prepararse antes de que llegue la ineludible \u00abhermana muerte\u00bb. Y sobre esta \u00faltima advert\u00eda la necesidad del cambio de actitud y de vida para salvar el alma. As\u00ed lo recuerda expl\u00edcitamente en las dos redacciones de su <em>Carta a los fieles<\/em> (FF 178 y 179-206) y en la estrofa espec\u00edfica de su <em>C\u00e1ntico del hermano sol<\/em>, cuyo verso final alude una vez m\u00e1s al examen que tendremos en la vida futura y que se lee en la Escritura (Apocalipsis 20, 14-15; 21, 8) cuando nos preguntar\u00e1n sobre la fidelidad en el amor:<\/p>\n<p>Loado seas, mi Se\u00f1or, por nuestra hermana la muerte corporal,<br \/>\nde la cual ning\u00fan hombre viviente puede escapar.<\/p>\n<p>\u00a1Ay de aquellos que mueren en pecado mortal!<br \/>\n\u00a1Bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu sant\u00edsima voluntad,<br \/>\nporque la muerte segunda no les har\u00e1 mal!<\/p>\n<p>San Buenaventura, en su <em>Leyenda Mayor<\/em> (XIV; FF 1239-1243) que toma como base la <em>Vida primera<\/em> escrita por Tommaso da Celano (VIII, 109-110; FF 509-512), busca continuar en esta ruta que requiere mirar nuestra vocaci\u00f3n humana de trascendencia hacia Dios. Nos narra as\u00ed las etapas finales del tr\u00e1nsito de Francisco en la sede de la fraternidad, a muy pocos metros de la capillita de la Porci\u00fancula. Cada aspecto que escoge describir lo hace de un modo quiz\u00e1s m\u00e1s solemne, por as\u00ed decirlo, pues parecen conformar una especie de paraliturgia y un como \u00e1gape espiritual con tres pasos significativos en la que Francisco, fiel a la desposesi\u00f3n y a la <em>k\u00e9nosis <\/em>en su seguimiento de Jes\u00fas pobre y crucificado, entrega su ser \u00edntegro al Se\u00f1or. Francisco sabe que llega su hora final y en la plena confianza en la misericordia del Se\u00f1or y apoyado en el amor de sus hermanos, extremando a\u00fan m\u00e1s su amor a la virtud que lo identifica, la \u00abse\u00f1ora santa pobreza\u00bb, <em>il Poverello<\/em> renuncia a su sencill\u00edsimo y remendado h\u00e1bito de sayal, se despoja de \u00e9l para as\u00ed acostarse desnudo y sin nada propio en el suelo de tierra, como queriendo ya confundirse con ella, en el polvo y la ceniza, en la asunci\u00f3n del destino del cuerpo humano y as\u00ed, con sus ojos dirigidos al cielo y la mano izquierda sobre el estigma de su costado derecho, dar su alma completamente libre de lazos en las manos de Dios Padre. A\u00fan m\u00e1s, Francisco agreg\u00f3 encarecidamente que cuando muriera lo dejaran yacer desnudo en la tierra por un breve tiempo antes de proceder al entierro. Su hermano custodio le pide entonces que, por santa obediencia, utilice como solo un pr\u00e9stamo vestir el h\u00e1bito de sayal de otro hermano, de forma que pudiera permanecer fiel y feliz en el amor a la santa pobreza. Seguidamente, faltando poco para su partida, pide que se re\u00fanan en torno a \u00e9l a todos los hermanos presentes, los consuela, los bendice y aconseja que permanezcan en el amor de Dios y la Santa Madre Iglesia, encomend\u00e1ndolos finalmente a la gracia del Se\u00f1or. Entonces, queriendo replicar la despedida de Jes\u00fas de los ap\u00f3stoles a quien con su inmenso amor llam\u00f3 \u00abamigos\u00bb, y c\u00f3mo prepar\u00e1ndose para la Pascua, Francisco solicita que se lea en voz alta el cap\u00edtulo 13 del Evangelio de san Juan, el mismo que relata el aleccionador lavatorio de los pies y nos anuncia el mandamiento del amor. A continuaci\u00f3n, recit\u00f3 el salmo 141 en que el que el rey David grita y pone su absoluta confianza en el Se\u00f1or: \u00abT\u00fa eres mi refugio y mi lote en el pa\u00eds de la vida\u00bb. Y escribe san Buenaventura: \u00abCumplidos, por fin, en Francisco todos los misterios, liberada su alma sant\u00edsima de las ataduras de la carne y sumergida en el abismo de la divina claridad, se durmi\u00f3 en el Se\u00f1or este var\u00f3n bienaventurado\u00bb. Ello acaeci\u00f3 al atardecer del s\u00e1bado 3 de octubre de 1226.<\/p>\n<p>San Pablo nos instruye con exactitud: \u00abPorque nosotros creemos que Jes\u00fas muri\u00f3 y resucit\u00f3: de la misma manera, Dios llevar\u00e1 con Jes\u00fas a los que murieron con \u00e9l\u00bb (1\u00aa Tesalonicenses 4, 14). Por ello celebramos el tr\u00e1nsito de Francisco de As\u00eds a la morada del Padre y comprendemos entonces el sentido de \u00abnuestra hermana la muerte corporal\u00bb si buscamos mantenernos en el camino de la vida en la adoraci\u00f3n a Dios uno y trino y consecuentemente en la construcci\u00f3n de la fraternidad. Muy posiblemente ignoramos cu\u00e1ndo nos visitar\u00e1 esta singular hermana. Entonces se me ocurre glosar con un sentido a\u00fan m\u00e1s cristiano una frase de Michel de Montaigne. El ensayista franc\u00e9s del Renacimiento pensaba que filosofar es prepararse para morir bien, lo cual es equivalente a vivir bien, esto es, que en el cultivo del amor se trabaje tanto como se pueda, y que cuando la muerte arribe nos encuentre sin temor en la labor de siembra y todav\u00eda m\u00e1s en nuestro jard\u00edn imperfecto que nunca termina de completarse. Una vez m\u00e1s la estrofa que prepara Francisco de As\u00eds para cerrar el <em>C\u00e1ntico del hermano sol<\/em> resume una propuesta m\u00e1s exacta y que invita al servicio amoroso:<\/p>\n<p>\u00a1Alabad y bendecid a mi Se\u00f1or,<\/p>\n<p>y dadle gracias y servirle con gran humildad!<\/p>\n<p>Estas cuatro acciones, inseparables entre s\u00ed para un seguidor de Cristo, a su vez constituyen las bases que se traducen en una real atenci\u00f3n al pr\u00f3jimo para cimentar un mundo m\u00e1s fraterno, as\u00ed como los elementos del motor que nos activa en la b\u00fasqueda de la verdadera paz. San Buenaventura recuerda en la misma <em>Leyenda Mayor<\/em> c\u00f3mo <em>il Poverello<\/em> exhortaba a sus hermanos con estas palabras a continuar la misi\u00f3n del Evangelio: \u00abComencemos, hermanos, a servir al Se\u00f1or nuestro Dios, porque bien poco es lo que hasta ahora hemos progresado\u00bb.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-168434\" src=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/analisis-2.jpg\" alt=\"\" width=\"940\" height=\"788\" srcset=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/analisis-2.jpg 940w, https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/analisis-2-300x251.jpg 300w, https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/analisis-2-770x645.jpg 770w, https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/analisis-2-500x419.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la celebraci\u00f3n de los 800 a\u00f1os del tr\u00e1nsito de san Francisco de As\u00eds<\/p>\n","protected":false},"author":72,"featured_media":168431,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[72,96,74],"tags":[110487,1761,110483,4610,110485,3900,10327,1364,2379,624,1371,3164,12365,240,110486,445,70332,1317,13595,1400,1342,25634,4234,110482,58880,14712,110484],"class_list":["post-168427","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-analisis","category-espiritualidad","category-iglesia-y-mundo","tag-800-anos","tag-amor","tag-cantico-de-las-criaturas","tag-caridad","tag-clara-de-asis","tag-conversion","tag-cristian-alvarez","tag-donacion","tag-ecologia-es","tag-esperanza","tag-espiritualidad","tag-fe-es","tag-francisco-de-asis","tag-fraternidad","tag-jacoba-dei-settesoli","tag-jesucristo","tag-misticismo-2","tag-muerte","tag-naturaleza","tag-pascua","tag-renuncia","tag-san-damian","tag-teologia-es","tag-transito","tag-trending-es-151","tag-vida-eterna","tag-vocacion-humana"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u00abLoado seas, mi Se\u00f1or, por nuestra hermana la muerte corporal\u00bb &#8211; 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