{"id":153438,"date":"2009-06-29T11:30:32","date_gmt":"2009-06-29T09:30:32","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=153438"},"modified":"2026-02-24T15:02:07","modified_gmt":"2026-02-24T14:02:07","slug":"caritas-in-veritate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/caritas-in-veritate\/","title":{"rendered":"Caritas in Veritate"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><span style=\"color: #663300;\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br \/>\n<b><i><span style=\"font-size: large;\">CARITAS IN VERITATE<\/span><\/i><\/b><br \/>\nDEL SUMO\u00a0 PONT\u00cdFICE<br \/>\n<b>BENEDICTO\u00a0 XVI<\/b><br \/>\nA LOS OBISPOS<br \/>\nA LOS PRESB\u00cdTEROS Y DI\u00c1CONOS<br \/>\nA LAS PERSONAS CONSAGRADAS<br \/>\nA TODOS LOS FIELES LAICOS<br \/>\nY A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD<br \/>\nSOBRE EL DESARROLLO<br \/>\nHUMANO\u00a0 INTEGRAL<br \/>\nEN LA CARIDAD Y EN LA VERDAD<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><a name=\"INTRODUCCI%C3%93N_\"><\/a><b>INTRODUCCI\u00d3N<\/b><\/p>\n<p><a name=\"1\"><\/a>1. La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrecci\u00f3n, es la principal fuerza impulsora del aut\u00e9ntico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor \u2014<i>\u00abcaritas\u00bb<\/i>\u2014 es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valent\u00eda y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre \u00e9l, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a08,32). Por tanto, defender la verdad, proponerla con humildad y convicci\u00f3n y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. \u00c9sta \u00abgoza con la verdad\u00bb (<i>1 Co<\/i>\u00a013,6). Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera aut\u00e9ntica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocaci\u00f3n que Dios ha puesto en el coraz\u00f3n y en la mente de cada ser humano. Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la b\u00fasqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y\u00a0el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. En Cristo, la\u00a0<i>caridad en la verdad<\/i>\u00a0se convierte en el Rostro de su Persona, en una vocaci\u00f3n a amar a nuestros hermanos en la verdad de su proyecto. En efecto, \u00c9l mismo es la Verdad (cf.\u00a0<i>Jn\u00a0<\/i>14,6).<i><\/i><\/p>\n<p><a name=\"2\"><\/a>2. La caridad es la v\u00eda maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, seg\u00fan la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, es la s\u00edntesis de toda la Ley (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a022,36-40). Ella da verdadera sustancia a la relaci\u00f3n personal con Dios y con el pr\u00f3jimo; no es s\u00f3lo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el peque\u00f1o grupo, sino tambi\u00e9n de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas. Para la Iglesia \u2014aleccionada por el Evangelio\u2014, la caridad es todo porque, como ense\u00f1a San Juan (cf.\u00a0<i>1 Jn<\/i>\u00a04,8.16) y como he recordado en mi primera Carta enc\u00edclica \u00abDios es caridad\u00bb (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a><\/i>):\u00a0<i>todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo<\/i>. La caridad es el don m\u00e1s grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza.<\/p>\n<p>Soy consciente de las desviaciones y la p\u00e9rdida de sentido que ha sufrido y sufre la caridad, con el consiguiente riesgo de ser mal entendida, o excluida de la \u00e9tica vivida y, en cualquier caso, de impedir su correcta valoraci\u00f3n. En el \u00e1mbito social, jur\u00eddico, cultural, pol\u00edtico y econ\u00f3mico, es decir, en los contextos m\u00e1s expuestos a dicho peligro, se afirma f\u00e1cilmente su irrelevancia para interpretar y orientar las responsabilidades morales. De aqu\u00ed la necesidad de unir no s\u00f3lo la caridad con la verdad, en el sentido se\u00f1alado por San Pablo de la \u00ab<i>veritas in caritate<\/i>\u00bb (<i>Ef<\/i>\u00a04,15), sino tambi\u00e9n en el sentido, inverso y complementario, de \u00ab<i>caritas in veritate<\/i>\u00bb. Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la \u00ab<i>econom\u00eda<\/i>\u00bb de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad. De este modo, no s\u00f3lo prestaremos un servicio a la caridad, iluminada por la verdad, sino que contribuiremos a dar fuerza a la verdad, mostrando su capacidad de autentificar y persuadir en la concreci\u00f3n de la vida social. Y esto no es algo de poca importancia hoy, en un contexto social y cultural, que con frecuencia relativiza la verdad, bien desentendi\u00e9ndose de ella, bien rechaz\u00e1ndola.<\/p>\n<p><a name=\"3\"><\/a>3. Por esta estrecha relaci\u00f3n con la verdad, se puede reconocer a la caridad como expresi\u00f3n aut\u00e9ntica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones humanas, tambi\u00e9n las de car\u00e1cter p\u00fablico.\u00a0<i>S\u00f3lo en la verdad resplandece la caridad<\/i>\u00a0y puede ser vivida aut\u00e9nticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simult\u00e1neamente la de la raz\u00f3n y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comuni\u00f3n. Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un\u00a0envoltorio vac\u00edo que se rellena arbitrariamente. \u00c9ste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Es presa f\u00e1cil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por significar lo contrario. La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, as\u00ed como de un fide\u00edsmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensi\u00f3n personal y al mismo tiempo p\u00fablica de la fe en el Dios b\u00edblico, que es a la vez \u00ab<i>Agap\u00e9<\/i>\u00bb y \u00ab<i>L\u00f3gos<\/i>\u00bb: Caridad y Verdad, Amor y Palabra.<\/p>\n<p><a name=\"4\"><\/a>4. Puesto que est\u00e1 llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto,\u00a0<i>la verdad<\/i>\u00a0es \u00ab<i>l\u00f3gos<\/i>\u00bb\u00a0<i>que crea<\/i>\u00a0\u00ab<i>di\u00e1-logos<\/i>\u00bb y, por tanto, comunicaci\u00f3n y comuni\u00f3n. La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar m\u00e1s all\u00e1 de las determinaciones culturales e hist\u00f3ricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el\u00a0<i>l\u00f3gos<\/i>\u00a0del amor: \u00e9ste es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad. En el contexto social y cultural actual, en el que est\u00e1 difundida la tendencia a relativizar lo verdadero, vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesi\u00f3n a los valores del cristianismo no es s\u00f3lo un elemento \u00fatil, sino indispensable para la construcci\u00f3n de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral. Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir f\u00e1cilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este modo, en el mundo no habr\u00eda un verdadero y propio lugar para Dios. Sin la verdad, la caridad es relegada a un \u00e1mbito de relaciones reducido y privado. Queda excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de alcance universal, en el di\u00e1logo entre saberes y operatividad.<\/p>\n<p><a name=\"5\"><\/a>5. La caridad es amor recibido y ofrecido. Es \u00abgracia\u00bb (<i>ch\u00e1ris<\/i>). Su origen es el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Esp\u00edritu Santo. Es amor que desde el Hijo desciende sobre nosotros. Es amor creador, por el que nosotros somos; es amor redentor, por el cual somos recreados. Es el Amor revelado, puesto en pr\u00e1ctica por Cristo (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a013,1) y \u00abderramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo\u00bb (<i>Rm<\/i>\u00a05,5). Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad.<\/p>\n<p>La doctrina social de la Iglesia responde a esta din\u00e1mica de caridad recibida y ofrecida. Es\u00a0<i>\u00abcaritas in veritate in re sociali\u00bb<\/i>, anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad. La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia. Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la raz\u00f3n, en la distinci\u00f3n y la sinergia a la vez de los dos \u00e1mbitos cognitivos. El desarrollo, el bienestar social, una soluci\u00f3n adecuada de los graves problemas socioecon\u00f3micos que afligen a la humanidad, necesitan esta verdad. Y necesitan a\u00fan m\u00e1s que se estime y d\u00e9 testimonio de esta verdad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuaci\u00f3n social se deja a merced de intereses privados y de l\u00f3gicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto m\u00e1s en una sociedad en v\u00edas de globalizaci\u00f3n, en momentos dif\u00edciles como los actuales.<\/p>\n<p><a name=\"6\"><\/a>6.\u00a0<i>\u00abCaritas in veritate\u00bb<\/i>\u00a0es el principio sobre el que gira la doctrina social de la Iglesia, un principio que adquiere forma operativa en criterios orientadores de la acci\u00f3n moral<i>.\u00a0<\/i>Deseo volver a recordar particularmente dos de ellos, requeridos de manera especial por el compromiso para el desarrollo en una sociedad en v\u00edas de globalizaci\u00f3n:\u00a0<i>la justicia y el bien com\u00fan<\/i>.<\/p>\n<p>Ante todo, la\u00a0<i>justicia<\/i>.\u00a0<i>Ubi societas, ibi ius<\/i>: toda sociedad elabora un sistema propio de justicia<i>. La caridad va m\u00e1s all\u00e1 de la justicia<\/i>, porque amar es dar, ofrecer de lo \u00abm\u00edo\u00bb al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es \u00absuyo\u00bb, lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar. No puedo \u00abdar\u00bb al otro de lo m\u00edo sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde. Quien ama con caridad a los dem\u00e1s, es ante todo justo con ellos. No basta decir que la justicia no es extra\u00f1a a la caridad, que no es una v\u00eda alternativa o paralela a la caridad: la justicia es \u00abinseparable de la caridad\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn1\" name=\"_ednref1\">[1]<\/a>, intr\u00ednseca a ella. La justicia es la primera v\u00eda de la caridad o, como dijo Pablo VI, su \u00abmedida m\u00ednima\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn2\" name=\"_ednref2\">[2]<\/a>, parte integrante de ese amor \u00abcon obras y seg\u00fan la verdad\u00bb (<i>1 Jn<\/i>\u00a03,18), al que nos exhorta el ap\u00f3stol Juan. Por un lado, la caridad exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los leg\u00edtimos derechos de las personas y los pueblos. Se ocupa de la construcci\u00f3n de la \u00abciudad del hombre\u00bb seg\u00fan el derecho y la justicia. Por otro, la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la l\u00f3gica de la entrega y el perd\u00f3n<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn3\" name=\"_ednref3\">[3]<\/a>. La \u00abciudad del hombre\u00bb no se promueve s\u00f3lo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y m\u00e1s a\u00fan, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comuni\u00f3n. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios tambi\u00e9n en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salv\u00edfico a todo compromiso por la justicia en el mundo.<\/p>\n<p><a name=\"7\"><\/a>7. Hay que tener tambi\u00e9n en gran consideraci\u00f3n el bien com\u00fan. Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por \u00e9l. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien com\u00fan. Es el bien de ese \u00abtodos nosotros\u00bb, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn4\" name=\"_ednref4\">[4]<\/a>. No es un bien que se busca por s\u00ed mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que s\u00f3lo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo m\u00e1s eficaz. Desear\u00a0<i>el bien com\u00fan<\/i>\u00a0y esforzarse por \u00e9l\u00a0<i>es exigencia de justicia y caridad<\/i>. Trabajar por el bien com\u00fan es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jur\u00eddica, civil, pol\u00edtica y culturalmente la vida social, que se configura as\u00ed como\u00a0<i>p\u00f3lis<\/i>, como ciudad. Se ama al pr\u00f3jimo tanto m\u00e1s eficazmente, cuanto m\u00e1s se trabaja por un bien com\u00fan que responda tambi\u00e9n a sus necesidades reales. Todo cristiano est\u00e1 llamado a esta caridad, seg\u00fan su vocaci\u00f3n y sus posibilidades de incidir en la\u00a0<i>p\u00f3lis<\/i>. \u00c9sta es la v\u00eda institucional \u2014tambi\u00e9n pol\u00edtica, podr\u00edamos decir\u2014 de la caridad, no menos cualificada e incisiva de lo que pueda ser la caridad que encuentra directamente al pr\u00f3jimo fuera de las mediaciones institucionales de la\u00a0<i>p\u00f3lis<\/i>. El compromiso por el bien com\u00fan, cuando est\u00e1 inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y pol\u00edtico. Como todo compromiso en favor de la justicia, forma parte de ese testimonio de la caridad divina que, actuando en el tiempo, prepara lo eterno. La acci\u00f3n del hombre sobre la tierra, cuando est\u00e1 inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificaci\u00f3n de esa\u00a0<i>ciudad de Dios<\/i>\u00a0universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana. En una sociedad en v\u00edas de globalizaci\u00f3n, el bien com\u00fan y el esfuerzo por \u00e9l, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn5\" name=\"_ednref5\">[5]<\/a>, dando as\u00ed forma de unidad y de paz a la\u00a0<i>ciudad del hombre<\/i>, y haci\u00e9ndola en cierta medida una anticipaci\u00f3n que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.<\/p>\n<p><a name=\"8\"><\/a>8. Al publicar en 1967 la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, mi venerado predecesor\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es.html\">Pablo VI<\/a>\u00a0ha iluminado el gran tema del desarrollo de los pueblos con el esplendor de la verdad y la luz suave de la caridad de Cristo. Ha afirmado que el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn6\" name=\"_ednref6\">[6]<\/a>\u00a0y nos ha dejado la consigna de caminar por la v\u00eda del desarrollo con todo nuestro coraz\u00f3n y con toda nuestra inteligencia<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn7\" name=\"_ednref7\">[7]<\/a>, es decir, con el ardor de la caridad y la sabidur\u00eda de la verdad. La verdad originaria del amor de Dios, que se nos ha dado gratuitamente, es lo que abre nuestra vida al don y hace posible esperar en un \u00abdesarrollo de todo el hombre y de todos los hombres\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn8\" name=\"_ednref8\">[8]<\/a>, en el tr\u00e1nsito \u00abde condiciones menos humanas a condiciones m\u00e1s humanas\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn9\" name=\"_ednref9\">[9]<\/a>, que se obtiene venciendo las dificultades que inevitablemente se encuentran a lo largo del camino.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de la Enc\u00edclica, deseo rendir homenaje y honrar la memoria del gran Pont\u00edfice Pablo VI, retomando sus ense\u00f1anzas sobre el\u00a0<i>desarrollo humano integral<\/i>\u00a0y siguiendo la ruta que han trazado, para actualizarlas en nuestros d\u00edas. Este proceso de actualizaci\u00f3n comenz\u00f3 con la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, con la que el Siervo de Dios\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es.html\">Juan Pablo II<\/a>\u00a0quiso conmemorar la publicaci\u00f3n de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0con ocasi\u00f3n de su vig\u00e9simo aniversario. Hasta entonces, una conmemoraci\u00f3n similar fue dedicada s\u00f3lo a la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i>. Pasados otros veinte a\u00f1os m\u00e1s, manifiesto mi convicci\u00f3n de que la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0merece ser considerada como \u00abla\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i>\u00a0de la \u00e9poca contempor\u00e1nea\u00bb, que ilumina el camino de la humanidad en v\u00edas de unificaci\u00f3n.<\/p>\n<p><a name=\"9\"><\/a>9. El amor en la verdad \u2014<i>caritas in veritate<\/i>\u2014 es un gran desaf\u00edo para la Iglesia en un mundo en progresiva y expansiva globalizaci\u00f3n. El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacci\u00f3n \u00e9tica de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano. S\u00f3lo con la\u00a0<i>caridad, iluminada por la luz de la raz\u00f3n y de la fe<\/i>, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un car\u00e1cter m\u00e1s humano y humanizador. El compartir los bienes y recursos, de lo que proviene el aut\u00e9ntico desarrollo, no se asegura s\u00f3lo con el progreso t\u00e9cnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor que vence al mal con el bien (cf.\u00a0<i>Rm<\/i>\u00a012,21) y abre la conciencia del ser humano a relaciones rec\u00edprocas de libertad y de responsabilidad.<\/p>\n<p>La Iglesia no tiene soluciones t\u00e9cnicas que ofrecer<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn10\" name=\"_ednref10\">[10]<\/a>\u00a0y no pretende \u00abde ninguna manera mezclarse en la pol\u00edtica de los Estados\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn11\" name=\"_ednref11\">[11]<\/a>. No obstante, tiene una misi\u00f3n de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocaci\u00f3n. Sin verdad se cae en una visi\u00f3n empirista y esc\u00e9ptica de la vida, incapaz de elevarse sobre la praxis, porque no est\u00e1 interesada en tomar en consideraci\u00f3n los valores \u2014a veces ni siquiera el significado\u2014 con los cuales juzgarla y orientarla. La fidelidad al hombre exige\u00a0<i>la fidelidad a la verdad<\/i>, que es la \u00fanica\u00a0<i>garant\u00eda de libertad<\/i>\u00a0(cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a08,32) y\u00a0<i>de la posibilidad de un desarrollo humano integral<\/i>. Por eso la Iglesia la busca, la anuncia incansablemente y la reconoce all\u00ed donde se manifieste. Para la Iglesia, esta misi\u00f3n de verdad es irrenunciable. Su doctrina social es una dimensi\u00f3n singular de este anuncio: est\u00e1 al servicio de la verdad que libera. Abierta a la verdad, de cualquier saber que provenga, la doctrina social de la Iglesia la acoge, recompone en unidad los fragmentos en que a menudo la encuentra, y se hace su portadora en la vida concreta siempre nueva de la sociedad de los hombres y los pueblos<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn12\" name=\"_ednref12\">[12]<\/a>.<\/p>\n<p align=\"center\"><b><a name=\"CAP%C3%8DTULO__PRIMERO_\"><\/a>CAP\u00cdTULO\u00a0 PRIMERO<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><span style=\"color: #663300;\">EL\u00a0 MENSAJE<br \/>\nDE\u00a0 LA\u00a0\u00a0<i>POPULORUM\u00a0 PROGRESSIO<\/i><\/span><\/b><\/p>\n<p><a name=\"10\"><\/a>10. A m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os de su publicaci\u00f3n, la relectura de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0insta a permanecer fieles a su mensaje de caridad y de verdad, consider\u00e1ndolo en el \u00e1mbito del magisterio espec\u00edfico de Pablo VI y, m\u00e1s en general, dentro de la tradici\u00f3n de la doctrina social de la Iglesia. Se han de valorar despu\u00e9s los diversos t\u00e9rminos en que hoy, a diferencia de entonces, se plantea el problema del desarrollo. El punto de vista correcto, por tanto, es el de la\u00a0<i>Tradici\u00f3n de la fe apost\u00f3lica<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn13\" name=\"_ednref13\">[13]<\/a>, patrimonio antiguo y nuevo, fuera del cual la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0ser\u00eda un documento sin ra\u00edces y las cuestiones sobre el desarrollo se reducir\u00edan \u00fanicamente a datos sociol\u00f3gicos.<\/p>\n<p><a name=\"11\"><\/a>11. La publicaci\u00f3n de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0tuvo lugar poco despu\u00e9s de la conclusi\u00f3n del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II. La misma Enc\u00edclica se\u00f1ala en los primeros p\u00e1rrafos su \u00edntima relaci\u00f3n con el Concilio.<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn14\" name=\"_ednref14\">[14]<\/a>\u00a0Veinte a\u00f1os despu\u00e9s, Juan Pablo II subray\u00f3 en la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>\u00a0la fecunda relaci\u00f3n de aquella Enc\u00edclica con el Concilio y, en particular, con la Constituci\u00f3n pastoral\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn15\" name=\"_ednref15\">[15]<\/a>. Tambi\u00e9n yo deseo recordar aqu\u00ed la importancia del Concilio Vaticano II para la Enc\u00edclica de Pablo VI y para todo el Magisterio social de los Sumos Pont\u00edfices que le han sucedido. El Concilio profundiz\u00f3 en lo que pertenece desde siempre a la verdad de la fe, es decir, que la Iglesia, estando al servicio de Dios, est\u00e1 al servicio del mundo en t\u00e9rminos de amor y verdad. Pablo VI part\u00eda precisamente de esta visi\u00f3n para decirnos dos grandes verdades. La primera es que\u00a0<i>toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y act\u00faa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre<\/i>. Tiene un papel p\u00fablico que no se agota en sus actividades de asistencia o educaci\u00f3n, sino que manifiesta toda su propia capacidad de servicio a la promoci\u00f3n del hombre y la fraternidad universal cuando puede contar con un r\u00e9gimen de libertad. Dicha libertad se ve impedida en muchos casos por prohibiciones y persecuciones, o tambi\u00e9n limitada cuando se reduce la presencia p\u00fablica de la Iglesia solamente a sus actividades caritativas. La segunda verdad es que\u00a0<i>el aut\u00e9ntico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn16\" name=\"_ednref16\">[16]<\/a>. Sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento. Encerrado dentro de la historia, queda expuesto al riesgo de reducirse s\u00f3lo al incremento del tener; as\u00ed, la humanidad pierde la valent\u00eda de estar disponible para los bienes m\u00e1s altos, para las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige. El hombre no se desarrolla \u00fanicamente con sus propias fuerzas, as\u00ed como no se le puede dar sin m\u00e1s el desarrollo desde fuera. A lo largo de la historia, se ha cre\u00eddo con frecuencia que la creaci\u00f3n de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo. Desafortunadamente, se ha depositado una confianza excesiva en dichas instituciones, casi como si ellas pudieran conseguir el objetivo deseado de manera autom\u00e1tica. En realidad, las instituciones por s\u00ed solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocaci\u00f3n y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, adem\u00e1s, una visi\u00f3n trascendente de la persona, necesita a Dios: sin \u00c9l, o se niega el desarrollo, o se le deja \u00fanicamente en manos del hombre, que cede a la presunci\u00f3n de la auto-salvaci\u00f3n y termina por promover un desarrollo deshumanizado. Por lo dem\u00e1s, s\u00f3lo el encuentro con Dios permite no \u00abver siempre en el pr\u00f3jimo solamente al otro\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn17\" name=\"_ednref17\">[17]<\/a>, sino reconocer en \u00e9l la imagen divina, llegando as\u00ed a descubrir verdaderamente al otro y a madurar un amor que \u00abes ocuparse del otro y preocuparse por el otro\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn18\" name=\"_ednref18\">[18]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"12\"><\/a>12. La relaci\u00f3n entre la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0y el Concilio Vaticano II no representa una fisura entre el Magisterio social de Pablo VI y el de los Pont\u00edfices que lo precedieron, puesto que el Concilio profundiza dicho magisterio en la continuidad de la vida de la Iglesia<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn19\" name=\"_ednref19\">[19]<\/a>. En este sentido, algunas subdivisiones abstractas de la doctrina social de la Iglesia, que aplican a las ense\u00f1anzas sociales pontificias categor\u00edas extra\u00f1as a ella, no contribuyen a clarificarla. No hay dos tipos de doctrina social, una preconciliar y otra postconciliar, diferentes entre s\u00ed, sino\u00a0<i>una \u00fanica ense\u00f1anza, coherente y al mismo tiempo siempre nueva<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn20\" name=\"_ednref20\">[20]<\/a>. Es justo se\u00f1alar las peculiaridades de una u otra Enc\u00edclica, de la ense\u00f1anza de uno u otro Pont\u00edfice, pero sin perder nunca de vista la coherencia de todo el\u00a0<i>corpus<\/i>\u00a0doctrinal en su conjunto<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn21\" name=\"_ednref21\">[21]<\/a>. Coherencia no significa un sistema cerrado, sino m\u00e1s bien la fidelidad din\u00e1mica a una luz recibida. La doctrina social de la Iglesia ilumina con una luz que no cambia los problemas siempre nuevos que van surgiendo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn22\" name=\"_ednref22\">[22]<\/a>. Eso salvaguarda tanto el car\u00e1cter permanente como hist\u00f3rico de este \u00abpatrimonio\u00bb doctrinal<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn23\" name=\"_ednref23\">[23]<\/a>\u00a0que, con sus caracter\u00edsticas espec\u00edficas, forma parte de la Tradici\u00f3n siempre viva de la Iglesia<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn24\" name=\"_ednref24\">[24]<\/a>. La doctrina social est\u00e1 construida sobre el fundamento transmitido por los Ap\u00f3stoles a los Padres de la Iglesia y acogido y profundizado despu\u00e9s por los grandes Doctores cristianos. Esta doctrina se remite en definitiva al hombre nuevo, al \u00ab\u00faltimo Ad\u00e1n, Esp\u00edritu que da vida\u00bb (<i>1 Co<\/i>\u00a015,45), y que es principio de la caridad que \u00abno pasa nunca\u00bb (<i>1 Co<\/i>\u00a013,8). Ha sido atestiguada por los Santos y por cuantos han dado la vida por Cristo Salvador en el campo de la justicia y la paz. En ella se expresa la tarea prof\u00e9tica de los Sumos Pont\u00edfices de guiar apost\u00f3licamente la Iglesia de Cristo y de discernir las nuevas exigencias de la evangelizaci\u00f3n. Por estas razones, la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, insertada en la gran corriente de la Tradici\u00f3n, puede hablarnos todav\u00eda hoy a nosotros.<\/p>\n<p><a name=\"13\"><\/a>13. Adem\u00e1s de su \u00edntima uni\u00f3n con toda la doctrina social de la Iglesia, la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a>\u00a0enlaza estrechamente con el conjunto de todo el magisterio de Pablo VI<\/i>\u00a0y, en particular, con su magisterio social. Sus ense\u00f1anzas sociales fueron de gran relevancia: reafirm\u00f3 la importancia imprescindible del Evangelio para la construcci\u00f3n de la sociedad seg\u00fan libertad y justicia, en la perspectiva ideal e hist\u00f3rica de una civilizaci\u00f3n animada por el amor. Pablo VI entendi\u00f3 claramente que la cuesti\u00f3n social se hab\u00eda hecho mundial\u00a0<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn25\" name=\"_ednref25\">[25]<\/a>\u00a0y capt\u00f3 la relaci\u00f3n rec\u00edproca entre el impulso hacia la unificaci\u00f3n de la humanidad y el ideal cristiano de una \u00fanica familia de los pueblos, solidaria en la com\u00fan hermandad.\u00a0<i>Indic\u00f3 en el desarrollo, humana y cristianamente entendido, el coraz\u00f3n del mensaje social cristiano<\/i>\u00a0y propuso la caridad cristiana como principal fuerza al servicio del desarrollo. Movido por el deseo de hacer plenamente visible al hombre contempor\u00e1neo el amor de Cristo, Pablo VI afront\u00f3 con firmeza cuestiones \u00e9ticas importantes, sin ceder a las debilidades culturales de su tiempo.<\/p>\n<p><a name=\"14\"><\/a>14. Con la Carta apost\u00f3lica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_letters\/documents\/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens.html\">Octogesima adveniens<\/a><\/i>, de 1971, Pablo VI trat\u00f3 luego el tema del sentido de la pol\u00edtica y el\u00a0<i>peligro que representaban las visiones ut\u00f3picas e ideol\u00f3gicas<\/i>\u00a0que compromet\u00edan su cualidad \u00e9tica y humana. Son argumentos estrechamente unidos con el desarrollo. Lamentablemente, las ideolog\u00edas negativas surgen continuamente. Pablo VI ya puso en guardia sobre la ideolog\u00eda tecnocr\u00e1tica<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn26\" name=\"_ednref26\">[26]<\/a>, hoy particularmente arraigada, consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo s\u00f3lo a la t\u00e9cnica, porque de este modo quedar\u00eda sin orientaci\u00f3n. En s\u00ed misma considerada, la t\u00e9cnica es ambivalente. Si de un lado hay actualmente quien es propenso a confiar completamente a ella el proceso de desarrollo, de otro, se advierte el surgir de ideolog\u00edas que niegan\u00a0<i>in toto<\/i>\u00a0la utilidad misma del desarrollo, consider\u00e1ndolo radicalmente antihumano y que s\u00f3lo comporta degradaci\u00f3n. As\u00ed, se acaba a veces por condenar, no s\u00f3lo el modo err\u00f3neo e injusto en que los hombres orientan el progreso, sino tambi\u00e9n los descubrimientos cient\u00edficos mismos que, por el contrario, son una oportunidad de crecimiento para todos si se usan bien. La idea de un mundo sin desarrollo expresa desconfianza en el hombre y en Dios. Por tanto, es un grave error despreciar las capacidades humanas de controlar las desviaciones del desarrollo o ignorar incluso que el hombre tiende constitutivamente a \u00abser m\u00e1s\u00bb. Considerar ideol\u00f3gicamente como absoluto el progreso t\u00e9cnico y so\u00f1ar con la utop\u00eda de una humanidad que retorna a su estado de naturaleza originario, son dos modos opuestos para eximir al progreso de su valoraci\u00f3n moral y, por tanto, de nuestra responsabilidad.<\/p>\n<p><a name=\"15\"><\/a>15. Otros dos documentos de Pablo VI, aunque no tan estrechamente relacionados con la doctrina social \u2014la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html\">Humanae vitae<\/a><\/i>, del 25 de julio de 1968, y la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, del 8 de diciembre de 1975\u2014 son muy importantes para delinear el\u00a0<i>sentido plenamente humano del desarrollo propuesto por la Iglesia<\/i>. Por tanto, es oportuno leer tambi\u00e9n estos textos en relaci\u00f3n con la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>.<\/p>\n<p>La Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html\">Humanae vitae<\/a><\/i>\u00a0subraya el sentido unitivo y procreador a la vez de la sexualidad, poniendo as\u00ed como fundamento de la sociedad la pareja de los esposos, hombre y mujer, que se acogen rec\u00edprocamente en la distinci\u00f3n y en la complementariedad; una pareja, pues, abierta a la vida<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn27\" name=\"_ednref27\">[27]<\/a>. No se trata de una moral meramente individual: la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html\">Humanae vitae<\/a><\/i>\u00a0se\u00f1ala los\u00a0<i>fuertes v\u00ednculos entre \u00e9tica de la vida y \u00e9tica social<\/i>, inaugurando una tem\u00e1tica del magisterio que ha ido tomando cuerpo poco a poco en varios documentos y, por \u00faltimo, en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html\">Evangelium vitae<\/a><\/i>\u00a0de Juan Pablo II<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn28\" name=\"_ednref28\">[28]<\/a>. La Iglesia propone con fuerza esta relaci\u00f3n entre \u00e9tica de la vida y \u00e9tica social, consciente de que \u00abno puede tener bases s\u00f3lidas, una sociedad que \u2014mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz\u2014 se contradice radicalmente aceptando y tolerando las m\u00e1s variadas formas de menosprecio y violaci\u00f3n de la vida humana, sobre todo si es d\u00e9bil y marginada\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn29\" name=\"_ednref29\">[29]<\/a>.<\/p>\n<p>La Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>\u00a0guarda una relaci\u00f3n muy estrecha con el desarrollo, en cuanto \u00abla evangelizaci\u00f3n \u2014escribe Pablo VI\u2014 no ser\u00eda completa si no tuviera en cuenta la interpelaci\u00f3n rec\u00edproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn30\" name=\"_ednref30\">[30]<\/a>. \u00abEntre evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana (desarrollo, liberaci\u00f3n) existen efectivamente lazos muy fuertes\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn31\" name=\"_ednref31\">[31]<\/a>: partiendo de esta convicci\u00f3n, Pablo VI aclar\u00f3 la relaci\u00f3n entre el anuncio de Cristo y la promoci\u00f3n de la persona en la sociedad.\u00a0<i>El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelizaci\u00f3n<\/i>, porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre. Sobre estas importantes ense\u00f1anzas se funda el aspecto misionero\u00a0<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn32\" name=\"_ednref32\">[32]<\/a>\u00a0de la doctrina social de la Iglesia, como un elemento esencial de evangelizaci\u00f3n<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn33\" name=\"_ednref33\">[33]<\/a>. Es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella.<\/p>\n<p><a name=\"16\"><\/a>16. En la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, Pablo VI nos ha querido decir, ante todo, que el progreso, en su fuente y en su esencia, es una\u00a0<i>vocaci\u00f3n<\/i>: \u00abEn los designios de Dios, cada hombre est\u00e1 llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocaci\u00f3n\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn34\" name=\"_ednref34\">[34]<\/a>. Esto es precisamente lo que legitima la intervenci\u00f3n de la Iglesia en\u00a0la problem\u00e1tica del desarrollo. Si \u00e9ste afectase s\u00f3lo a los aspectos t\u00e9cnicos de la vida del hombre, y no al sentido de su caminar en la historia junto con sus otros hermanos, ni al descubrimiento de la meta de este camino, la Iglesia no tendr\u00eda por qu\u00e9 hablar de \u00e9l. Pablo VI, como ya Le\u00f3n XIII en la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn35\" name=\"_ednref35\">[35]<\/a>, era consciente de cumplir un deber propio de su ministerio al proyectar la luz del Evangelio sobre las cuestiones sociales de su tiempo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn36\" name=\"_ednref36\">[36]<\/a>.<\/p>\n<p>Decir que el\u00a0<i>desarrollo es vocaci\u00f3n<\/i>\u00a0equivale a reconocer, por un lado, que \u00e9ste nace de una llamada trascendente y, por otro, que es incapaz de darse su significado \u00faltimo por s\u00ed mismo. Con buenos motivos, la palabra \u00abvocaci\u00f3n\u00bb aparece de nuevo en otro pasaje de la Enc\u00edclica, donde se afirma: \u00abNo hay, pues, m\u00e1s que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocaci\u00f3n que da la idea verdadera de la vida humana\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn37\" name=\"_ednref37\">[37]<\/a>. Esta visi\u00f3n del progreso es el coraz\u00f3n de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0y motiva todas las reflexiones de Pablo VI sobre la libertad, la verdad y la caridad en el desarrollo. Es tambi\u00e9n la raz\u00f3n principal por lo que aquella Enc\u00edclica todav\u00eda es actual en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"17\"><\/a>17. La vocaci\u00f3n es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable. El\u00a0<i>desarrollo humano integral supone la<\/i>\u00a0<i>libertad responsable<\/i>\u00a0de la persona y los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana. Los \u00abmesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn38\" name=\"_ednref38\">[38]<\/a>\u00a0basan siempre sus propias propuestas en la negaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposici\u00f3n. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio para el desarrollo, mientras que la humildad de quien acoge una vocaci\u00f3n se transforma en verdadera autonom\u00eda, porque hace libre a la persona. Pablo VI no tiene duda de que hay obst\u00e1culos y condicionamientos que frenan el desarrollo, pero tiene tambi\u00e9n la certeza de que \u00abcada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre \u00e9l se ejercen, el art\u00edfice principal de su \u00e9xito o de su fracaso\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn39\" name=\"_ednref39\">[39]<\/a>. Esta libertad se refiere al desarrollo que tenemos ante nosotros pero, al mismo tiempo, tambi\u00e9n a las situaciones de subdesarrollo, que no son fruto de la casualidad o de una necesidad hist\u00f3rica, sino que dependen de la responsabilidad humana. Por eso, \u00ablos pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dram\u00e1tico, a los pueblos opulentos\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn40\" name=\"_ednref40\">[40]<\/a>. Tambi\u00e9n esto es vocaci\u00f3n, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad com\u00fan. Pablo VI percib\u00eda netamente la importancia de las estructuras econ\u00f3micas y de las instituciones, pero se daba cuenta con igual claridad de que la naturaleza de \u00e9stas era ser instrumentos de la libertad humana. S\u00f3lo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; s\u00f3lo en un r\u00e9gimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada.<\/p>\n<p><a name=\"18\"><\/a>18. Adem\u00e1s de la libertad, el\u00a0<i>desarrollo humano integral como vocaci\u00f3n exige tambi\u00e9n que se respete la verdad<\/i>. La vocaci\u00f3n al progreso impulsa a los hombres a \u00abhacer, conocer y tener m\u00e1s para ser m\u00e1s\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn41\" name=\"_ednref41\">[41]<\/a>. Pero la cuesti\u00f3n es: \u00bfqu\u00e9 significa \u00abser m\u00e1s\u00bb? A esta pregunta, Pablo VI responde indicando lo que comporta esencialmente el \u00abaut\u00e9ntico desarrollo\u00bb: \u00abdebe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn42\" name=\"_ednref42\">[42]<\/a>. En la concurrencia entre las diferentes visiones del hombre que, m\u00e1s a\u00fan que en la sociedad de Pablo VI, se proponen tambi\u00e9n en la de hoy, la visi\u00f3n cristiana tiene la peculiaridad de afirmar y justificar el valor incondicional de la persona humana y el sentido de su crecimiento. La vocaci\u00f3n cristiana al desarrollo ayuda a buscar la promoci\u00f3n de todos los hombres y de todo el hombre. Pablo VI escribe: \u00abLo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupaci\u00f3n de hombres, hasta la humanidad entera\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn43\" name=\"_ednref43\">[43]<\/a>. La fe cristiana se ocupa del desarrollo, no apoy\u00e1ndose en privilegios o posiciones de poder, ni tampoco en los m\u00e9ritos de los cristianos, que ciertamente se han dado y tambi\u00e9n hoy se dan, junto con sus naturales limitaciones<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn44\" name=\"_ednref44\">[44]<\/a>, sino s\u00f3lo en Cristo, al cual debe remitirse toda vocaci\u00f3n aut\u00e9ntica al desarrollo humano integral.\u00a0<i>El Evangelio es un elemento fundamental del desarrollo<\/i>\u00a0porque, en \u00e9l, Cristo, \u00aben la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn45\" name=\"_ednref45\">[45]<\/a>. Con las ense\u00f1anzas de su Se\u00f1or, la Iglesia escruta los signos de los tiempos, los interpreta y ofrece al mundo \u00ablo que ella posee como propio: una visi\u00f3n global del hombre y de la humanidad\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn46\" name=\"_ednref46\">[46]<\/a>. Precisamente porque Dios pronuncia el \u00abs\u00ed\u00bb m\u00e1s grande al hombre<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn47\" name=\"_ednref47\">[47]<\/a>, el hombre no puede dejar de abrirse a la vocaci\u00f3n divina para realizar el propio desarrollo. La verdad del desarrollo consiste en su totalidad: si no es de todo el hombre y de todos los hombres, no es verdadero desarrollo. \u00c9ste es el mensaje central de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, v\u00e1lido hoy y siempre. El desarrollo humano integral en el plano natural, al ser respuesta a una vocaci\u00f3n de Dios creador<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn48\" name=\"_ednref48\">[48]<\/a>, requiere su autentificaci\u00f3n en \u00abun humanismo trascendental, que da [al hombre] su mayor plenitud; \u00e9sta es la finalidad suprema del desarrollo personal\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn49\" name=\"_ednref49\">[49]<\/a>. Por tanto, la vocaci\u00f3n cristiana a dicho desarrollo abarca tanto el plano natural como el sobrenatural; \u00e9ste es el motivo por el que, \u00abcuando Dios queda eclipsado, nuestra capacidad de reconocer el orden natural, la finalidad y el \u201cbien\u201d, empieza a disiparse\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn50\" name=\"_ednref50\">[50]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"19\"><\/a>19. Finalmente, la visi\u00f3n del desarrollo como vocaci\u00f3n comporta que\u00a0<i>su centro sea la caridad<\/i>. En la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, Pablo VI se\u00f1al\u00f3 que las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material. Nos invit\u00f3 a buscarlas en otras dimensiones del hombre. Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende\u00a0 de los deberes de la solidaridad. Despu\u00e9s, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo. Por eso, para alcanzar el desarrollo hacen falta \u00abpensadores de reflexi\u00f3n profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a s\u00ed mismo\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn51\" name=\"_ednref51\">[51]<\/a>. Pero eso no es todo. El subdesarrollo tiene una causa m\u00e1s importante a\u00fan que la falta de pensamiento: es \u00abla falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn52\" name=\"_ednref52\">[52]<\/a>. Esta fraternidad, \u00bfpodr\u00e1n lograrla alguna vez los hombres por s\u00ed solos? La sociedad cada vez m\u00e1s globalizada nos hace m\u00e1s cercanos, pero no m\u00e1s hermanos. La raz\u00f3n, por s\u00ed sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia c\u00edvica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. \u00c9sta nace de una vocaci\u00f3n transcendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha ense\u00f1ado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna. Pablo VI, presentando los diversos niveles del proceso de desarrollo del hombre, puso en lo m\u00e1s alto, despu\u00e9s de haber mencionado la fe, \u00abla unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn53\" name=\"_ednref53\">[53]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"20\"><\/a>20. Estas perspectivas abiertas por la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0siguen siendo fundamentales para dar vida y orientaci\u00f3n a nuestro compromiso por el desarrollo de los pueblos. Adem\u00e1s, la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0subraya reiteradamente la\u00a0<i>urgencia de las reformas<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn54\" name=\"_ednref54\">[54]<\/a>\u00a0y pide que, ante los grandes problemas de la injusticia en el desarrollo de los pueblos, se act\u00fae con valor y sin demora. Esta\u00a0<i>urgencia viene impuesta tambi\u00e9n por la<\/i>\u00a0<i>caridad en la verdad<\/i>. Es la caridad de Cristo la que nos impulsa: \u00ab<i>caritas Christi urget nos<\/i>\u00bb (<i>2 Co<\/i>\u00a05,14). Esta urgencia no se debe s\u00f3lo al estado de cosas, no se deriva solamente de la avalancha de los acontecimientos y problemas, sino de lo que est\u00e1 en juego: la necesidad de alcanzar una aut\u00e9ntica fraternidad. Lograr esta meta es tan importante que exige tomarla en consideraci\u00f3n para comprenderla a fondo y movilizarse concretamente con el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb, con el fin de hacer cambiar los procesos econ\u00f3micos y sociales actuales hacia metas plenamente humanas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><a name=\"CAP%C3%8DTULO__SEGUNDO\"><\/a>CAP\u00cdTULO\u00a0 SEGUNDO<\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color: #663300;\"><b>EL DESARROLLO HUMANO<br \/>\nEN NUESTRO TIEMPO<\/b><\/span><\/p>\n<p><a name=\"21\"><\/a>21. Pablo VI ten\u00eda una\u00a0<i>visi\u00f3n articulada del desarrollo<\/i>. Con el t\u00e9rmino \u00abdesarrollo\u00bb quiso indicar ante todo el objetivo de que los pueblos salieran del hambre, la miseria, las enfermedades end\u00e9micas y el analfabetismo. Desde el punto de vista econ\u00f3mico, eso significaba su participaci\u00f3n activa y en condiciones de igualdad en el proceso econ\u00f3mico internacional; desde el punto de vista social, su evoluci\u00f3n hacia sociedades solidarias y con buen nivel de formaci\u00f3n; desde el punto de vista pol\u00edtico, la consolidaci\u00f3n de reg\u00edmenes democr\u00e1ticos capaces de asegurar libertad y paz. Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, al ver con preocupaci\u00f3n el desarrollo y la perspectiva de las crisis que se suceden en estos tiempos,\u00a0<i>nos preguntamos hasta qu\u00e9 punto se han cumplido las expectativas de Pablo VI<\/i>\u00a0siguiendo el modelo de desarrollo que se ha adoptado en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Por tanto, reconocemos que estaba fundada la preocupaci\u00f3n de la Iglesia por la capacidad del hombre meramente tecnol\u00f3gico para fijar objetivos realistas y poder gestionar constante y adecuadamente los instrumentos disponibles. La ganancia es \u00fatil si, como medio, se orienta a un fin que le d\u00e9 un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien com\u00fan como fin \u00faltimo, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza. El desarrollo econ\u00f3mico que Pablo VI deseaba era el que produjera un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible. Es verdad que el desarrollo ha sido y sigue siendo un factor positivo que ha sacado de la miseria a miles de millones de personas y que, \u00faltimamente, ha dado a muchos pa\u00edses la posibilidad de participar efectivamente en la pol\u00edtica internacional. Sin embargo, se ha de reconocer que el desarrollo econ\u00f3mico mismo ha estado, y lo est\u00e1 a\u00fan, aquejado por\u00a0<i>desviaciones y problemas dram\u00e1ticos<\/i>, que la crisis actual ha puesto todav\u00eda m\u00e1s de manifiesto. \u00c9sta nos pone improrrogablemente ante decisiones que afectan cada vez m\u00e1s al destino mismo del hombre, el cual, por lo dem\u00e1s, no puede prescindir de su naturaleza. Las fuerzas t\u00e9cnicas que se mueven, las interrelaciones planetarias, los efectos perniciosos sobre la econom\u00eda real de una actividad financiera mal utilizada y en buena parte especulativa, los imponentes flujos migratorios, frecuentemente provocados y despu\u00e9s no gestionados adecuadamente, o la explotaci\u00f3n sin reglas de los recursos de la tierra, nos induce hoy a reflexionar sobre las medidas necesarias para solucionar problemas que no s\u00f3lo son nuevos respecto a los afrontados por el Papa Pablo VI, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, que tienen un efecto decisivo para el bien presente y futuro de la humanidad. Los aspectos de la crisis y sus soluciones, as\u00ed como la posibilidad de un nuevo desarrollo futuro, est\u00e1n cada vez m\u00e1s interrelacionados, se implican rec\u00edprocamente, requieren nuevos esfuerzos de comprensi\u00f3n unitaria y una\u00a0<i>nueva s\u00edntesis humanista<\/i>. Nos preocupa justamente la complejidad y gravedad de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica actual, pero hemos de asumir con realismo, confianza y esperanza las nuevas responsabilidades que nos reclama la situaci\u00f3n de un mundo que necesita una profunda renovaci\u00f3n cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor. La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en\u00a0<i>ocasi\u00f3n de discernir y proyectar de un modo nuevo<\/i>. Conviene afrontar las dificultades del presente en esta clave, de manera confiada m\u00e1s que resignada.<\/p>\n<p><a name=\"22\"><\/a>22. Hoy, el cuadro del desarrollo\u00a0<i>se despliega en m\u00faltiples \u00e1mbitos<\/i>. Los actores y las causas, tanto del subdesarrollo como del desarrollo, son m\u00faltiples, las culpas y los m\u00e9ritos son muchos y diferentes. Esto deber\u00eda llevar a liberarse de las ideolog\u00edas, que con frecuencia simplifican de manera artificiosa la realidad, y a examinar con objetividad la dimensi\u00f3n humana de los problemas. Como ya se\u00f1al\u00f3 Juan Pablo II<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn55\" name=\"_ednref55\">[55]<\/a>, la l\u00ednea de demarcaci\u00f3n entre pa\u00edses ricos y pobres ahora no es tan neta como en tiempos de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>.\u00a0<i>La riqueza mundial crece en t\u00e9rminos absolutos, pero aumentan tambi\u00e9n las desigualdades<\/i>. En los pa\u00edses ricos, nuevas categor\u00edas sociales se empobrecen y nacen nuevas pobrezas. En las zonas m\u00e1s pobres, algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Se sigue produciendo \u00abel esc\u00e1ndalo de las disparidades hirientes\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn56\" name=\"_ednref56\">[56]<\/a>. Lamentablemente, hay corrupci\u00f3n e ilegalidad tanto en el comportamiento de sujetos econ\u00f3micos y pol\u00edticos de los pa\u00edses ricos, nuevos y antiguos, como en los pa\u00edses pobres. La falta de respeto de los derechos humanos de los trabajadores es provocada a veces por grandes empresas multinacionales y tambi\u00e9n por grupos de producci\u00f3n local. Las ayudas internacionales se han desviado con frecuencia de su finalidad por irresponsabilidades tanto en los donantes como en los beneficiarios. Podemos encontrar la misma articulaci\u00f3n de responsabilidades tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de las causas inmateriales o culturales del desarrollo y el subdesarrollo. Hay formas excesivas de protecci\u00f3n de los conocimientos por parte de los pa\u00edses ricos, a trav\u00e9s de un empleo demasiado r\u00edgido del derecho a la propiedad intelectual, especialmente en el campo sanitario. Al mismo tiempo, en algunos pa\u00edses pobres perduran modelos culturales y normas sociales de comportamiento que frenan el proceso de desarrollo.<\/p>\n<p><a name=\"23\"><\/a>23. Hoy, muchas \u00e1reas del planeta se han desarrollado, aunque de modo problem\u00e1tico y desigual, entrando a formar parte del grupo de las grandes potencias destinado a jugar un papel importante en el futuro. Pero se ha de subrayar que\u00a0<i>no basta progresar s\u00f3lo desde el punto de vista econ\u00f3mico y tecnol\u00f3gico<\/i>. El desarrollo necesita ser ante todo aut\u00e9ntico e integral. El salir del atraso econ\u00f3mico, algo en s\u00ed mismo positivo, no soluciona la problem\u00e1tica compleja de la promoci\u00f3n del hombre, ni en los pa\u00edses protagonistas de estos adelantos, ni en los pa\u00edses econ\u00f3micamente ya desarrollados, ni en los que todav\u00eda son pobres, los cuales pueden sufrir, adem\u00e1s de antiguas formas de explotaci\u00f3n, las consecuencias negativas que se derivan de un crecimiento marcado por desviaciones y desequilibrios.<\/p>\n<p>Tras el derrumbe de los sistemas econ\u00f3micos y pol\u00edticos de los pa\u00edses comunistas de Europa Oriental y el fin de los llamados \u00abbloques contrapuestos\u00bb, hubiera sido necesario un replanteamiento total del desarrollo. Lo pidi\u00f3 Juan Pablo II, quien en 1987 indic\u00f3 que la existencia de estos \u00abbloques\u00bb era una de las principales causas del subdesarrollo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn57\" name=\"_ednref57\">[57]<\/a>, pues la pol\u00edtica sustra\u00eda recursos a la econom\u00eda y a la cultura, y la ideolog\u00eda inhib\u00eda la libertad. En 1991, despu\u00e9s de los acontecimientos de 1989, pidi\u00f3 tambi\u00e9n que el fin de los\u00a0<i>bloques<\/i>\u00a0se correspondiera con un nuevo modo de proyectar globalmente el desarrollo, no s\u00f3lo en aquellos pa\u00edses, sino tambi\u00e9n en Occidente y en las partes del mundo que se estaban desarrollando<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn58\" name=\"_ednref58\">[58]<\/a>. Esto ha ocurrido s\u00f3lo en parte, y sigue siendo un deber llevarlo a cabo, tal vez aprovechando precisamente las medidas necesarias para superar los problemas econ\u00f3micos actuales.<\/p>\n<p><a name=\"24\"><\/a>24. El mundo que Pablo VI ten\u00eda ante s\u00ed, aunque el proceso de socializaci\u00f3n estuviera ya avanzado y pudo hablar de una cuesti\u00f3n social que se hab\u00eda hecho mundial, estaba a\u00fan mucho menos integrado que el actual. La actividad econ\u00f3mica y la funci\u00f3n pol\u00edtica se mov\u00edan en gran parte dentro de los mismos confines y pod\u00edan contar, por tanto, la una con la otra. La actividad productiva ten\u00eda lugar predominantemente en los \u00e1mbitos nacionales y las inversiones financieras circulaban de forma bastante limitada con el extranjero, de manera que la pol\u00edtica de muchos estados pod\u00eda fijar todav\u00eda las prioridades de la econom\u00eda y, de alg\u00fan modo, gobernar su curso con los instrumentos que ten\u00eda a su disposici\u00f3n. Por este motivo, la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0asign\u00f3 un papel central, aunque no exclusivo, a los \u00abpoderes p\u00fablicos\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn59\" name=\"_ednref59\">[59]<\/a>.<\/p>\n<p>En nuestra \u00e9poca, el Estado se encuentra con el deber de afrontar las limitaciones que pone a su soberan\u00eda el nuevo contexto econ\u00f3mico-comercial y financiero internacional, caracterizado tambi\u00e9n por una creciente movilidad de los capitales financieros y los medios de producci\u00f3n materiales e inmateriales. Este nuevo contexto ha modificado el poder pol\u00edtico de los estados.<\/p>\n<p>Hoy, aprendiendo tambi\u00e9n la lecci\u00f3n que proviene de la crisis econ\u00f3mica actual, en la que los\u00a0<i>poderes p\u00fablicos<\/i>\u00a0del Estado se ven llamados directamente a corregir errores y disfunciones, parece m\u00e1s realista una renovada valoraci\u00f3n de su papel y de su poder, que han de ser sabiamente reexaminados y revalorizados, de modo que sean capaces de afrontar los desaf\u00edos del mundo actual, incluso con nuevas modalidades de ejercerlos. Con un papel mejor ponderado de los poderes p\u00fablicos, es previsible que se fortalezcan las nuevas formas de participaci\u00f3n en la pol\u00edtica nacional e internacional que tienen lugar a trav\u00e9s de la actuaci\u00f3n de las organizaciones de la sociedad civil; en este sentido, es de desear que haya mayor atenci\u00f3n y participaci\u00f3n en la\u00a0<i>res publica<\/i>\u00a0por parte de los ciudadanos.<\/p>\n<p><a name=\"25\"><\/a>25. Desde el punto de vista social, a los sistemas de protecci\u00f3n y previsi\u00f3n, ya existentes en tiempos de Pablo VI en muchos pa\u00edses, les cuesta trabajo, y les costar\u00e1 todav\u00eda m\u00e1s en el futuro, lograr sus objetivos de verdadera justicia social dentro de un cuadro de fuerzas profundamente transformado. El mercado, al hacerse global, ha estimulado, sobre todo en pa\u00edses ricos, la b\u00fasqueda de \u00e1reas en las que emplazar la producci\u00f3n a bajo coste con el fin de reducir los precios de muchos bienes, aumentar el poder de adquisici\u00f3n y acelerar por tanto el \u00edndice de crecimiento, centrado en un mayor consumo en el propio mercado interior. Consiguientemente, el mercado ha estimulado nuevas formas de competencia entre los estados con el fin de atraer centros productivos de empresas extranjeras, adoptando diversas medidas, como una fiscalidad favorable y la falta de reglamentaci\u00f3n del mundo del trabajo. Estos procesos han llevado a la\u00a0<i>reducci\u00f3n de la red de seguridad social<\/i>\u00a0a cambio de la b\u00fasqueda de mayores ventajas competitivas en el mercado global, con grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social. Los sistemas de seguridad social pueden perder la capacidad de cumplir su tarea, tanto en los pa\u00edses pobres, como en los emergentes, e incluso en los ya desarrollados desde hace tiempo. En este punto, las pol\u00edticas de balance, con los recortes al gasto social, con frecuencia promovidos tambi\u00e9n por las instituciones financieras internacionales, pueden dejar a los ciudadanos impotentes ante riesgos antiguos y nuevos; dicha impotencia aumenta por la falta de protecci\u00f3n eficaz por parte de las asociaciones de los trabajadores. El conjunto de los cambios sociales y econ\u00f3micos hace que las\u00a0<i>organizaciones sindicales<\/i>\u00a0tengan mayores dificultades para desarrollar su tarea de representaci\u00f3n de los intereses de los trabajadores, tambi\u00e9n porque los gobiernos, por razones de utilidad econ\u00f3mica, limitan a menudo las libertades sindicales o la capacidad de negociaci\u00f3n de los sindicatos mismos. Las redes de solidaridad tradicionales se ven obligadas a superar mayores obst\u00e1culos. Por tanto, la invitaci\u00f3n de la doctrina social de la Iglesia, empezando por la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn60\" name=\"_ednref60\">[60]<\/a>, a dar vida a asociaciones de trabajadores para defender sus propios derechos ha de ser respetada, hoy m\u00e1s que ayer, dando ante todo una respuesta pronta y de altas miras a la urgencia de establecer nuevas sinergias en el \u00e1mbito internacional y local.<\/p>\n<p>La\u00a0<i>movilidad laboral<\/i>, asociada a la desregulaci\u00f3n generalizada, ha sido un fen\u00f3meno importante, no exento de aspectos positivos porque estimula la producci\u00f3n de nueva riqueza y el intercambio entre culturas diferentes. Sin embargo, cuando la incertidumbre sobre las condiciones de trabajo a causa de la movilidad y la desregulaci\u00f3n se hace end\u00e9mica, surgen formas de inestabilidad psicol\u00f3gica, de dificultad para abrirse caminos coherentes en la vida, incluido el del matrimonio. Como consecuencia, se producen situaciones de deterioro humano y de desperdicio social. Respecto a lo que suced\u00eda en la sociedad industrial del pasado, el paro provoca hoy nuevas formas de irrelevancia econ\u00f3mica, y la actual crisis s\u00f3lo puede empeorar dicha situaci\u00f3n. El estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia p\u00fablica o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves da\u00f1os en el plano psicol\u00f3gico y espiritual. Quisiera recordar a todos, en especial a los gobernantes que se ocupan en dar un aspecto renovado al orden econ\u00f3mico y social del mundo, que\u00a0<i>el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad<\/i>: \u00abPues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida econ\u00f3mico-social\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn61\" name=\"_ednref61\">[61]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"26\"><\/a>26. En el plano cultural, las diferencias son a\u00fan m\u00e1s acusadas que en la \u00e9poca de Pablo VI. Entonces, las culturas estaban generalmente bien definidas y ten\u00edan m\u00e1s posibilidades de defenderse ante los intentos de hacerlas homog\u00e9neas. Hoy, las posibilidades de\u00a0<i>interacci\u00f3n entre las culturas<\/i>\u00a0han aumentado notablemente, dando lugar a nuevas perspectivas de di\u00e1logo intercultural, un di\u00e1logo que, para ser eficaz, ha de tener como punto de partida una toma de conciencia de la identidad espec\u00edfica de los diversos interlocutores. Pero no se ha de olvidar que la progresiva mercantilizaci\u00f3n de los intercambios culturales aumenta hoy un doble riesgo. Se nota, en primer lugar, un\u00a0<i>eclecticismo cultural<\/i>\u00a0asumido con frecuencia de manera acr\u00edtica: se piensa en las culturas como superpuestas unas a otras, sustancialmente equivalentes e intercambiables. Eso induce a caer en un relativismo que en nada ayuda al verdadero di\u00e1logo intercultural; en el plano social, el relativismo cultural provoca que los grupos culturales est\u00e9n juntos o convivan, pero separados, sin di\u00e1logo aut\u00e9ntico y, por lo tanto, sin verdadera integraci\u00f3n. Existe, en segundo lugar, el peligro opuesto de\u00a0<i>rebajar la cultura<\/i>\u00a0y homologar los comportamientos y estilos de vida. De este modo, se pierde el sentido profundo de la cultura de las diferentes naciones, de las tradiciones de los diversos pueblos, en cuyo marco la persona se enfrenta a las cuestiones fundamentales de la existencia<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn62\" name=\"_ednref62\">[62]<\/a>. El eclecticismo y el bajo nivel cultural coinciden en separar la cultura de la naturaleza humana. As\u00ed, las culturas ya no saben encontrar su lugar en una naturaleza que las transciende<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn63\" name=\"_ednref63\">[63]<\/a>, terminando por reducir al hombre a mero dato cultural. Cuando esto ocurre, la humanidad corre nuevos riesgos de sometimiento y manipulaci\u00f3n.<\/p>\n<p><a name=\"27\"><\/a>27. En muchos pa\u00edses pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentaci\u00f3n:\u00a0<i>el hambre<\/i>\u00a0causa todav\u00eda muchas v\u00edctimas entre tantos L\u00e1zaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epul\u00f3n, como en cambio Pablo VI deseaba<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn64\" name=\"_ednref64\">[64]<\/a>.\u00a0<i>Dar de comer a los hambrientos\u00a0<\/i>(cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a025,35.37.42) es un imperativo \u00e9tico para la Iglesia universal, que responde a las ense\u00f1anzas de su Fundador, el Se\u00f1or Jes\u00fas, sobre la solidaridad y el compartir. Adem\u00e1s, en la era de la globalizaci\u00f3n, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido tambi\u00e9n en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el m\u00e1s importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones econ\u00f3micas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad pol\u00edtica nacional e internacional. El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agr\u00edcola de los pa\u00edses m\u00e1s pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organizaci\u00f3n de los mercados, formaci\u00f3n y difusi\u00f3n de t\u00e9cnicas agr\u00edcolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-econ\u00f3micos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar as\u00ed tambi\u00e9n su sostenibilidad a largo plazo. Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo. En esta perspectiva, podr\u00eda ser \u00fatil tener en cuenta las nuevas fronteras que se han abierto en el empleo correcto de las t\u00e9cnicas de producci\u00f3n agr\u00edcola tradicional, as\u00ed como las m\u00e1s innovadoras, en el caso de que \u00e9stas hayan sido reconocidas, tras una adecuada verificaci\u00f3n, convenientes, respetuosas del ambiente y atentas a las poblaciones m\u00e1s desfavorecidas. Al mismo tiempo, no se deber\u00eda descuidar la cuesti\u00f3n de una reforma agraria ecu\u00e1nime en los pa\u00edses en desarrollo. El derecho a la alimentaci\u00f3n y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere\u00a0<i>la alimentaci\u00f3n y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn65\" name=\"_ednref65\">[65]<\/a>. Es importante destacar, adem\u00e1s, que la v\u00eda solidaria hacia el desarrollo de los pa\u00edses pobres puede ser un proyecto de soluci\u00f3n de la crisis global actual, como lo han intuido en los \u00faltimos tiempos hombres pol\u00edticos y responsables de instituciones internacionales. Apoyando a los pa\u00edses econ\u00f3micamente pobres mediante planes de financiaci\u00f3n inspirados en la solidaridad, con el fin de que ellos mismos puedan satisfacer las necesidades de bienes de consumo y desarrollo de los propios ciudadanos, no s\u00f3lo se puede producir un verdadero crecimiento econ\u00f3mico, sino que se puede contribuir tambi\u00e9n a sostener la capacidad productiva de los pa\u00edses ricos, que corre peligro de quedar comprometida por la crisis.<\/p>\n<p><a name=\"28\"><\/a>28. Uno de los aspectos m\u00e1s destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del\u00a0<i>respeto a la vida<\/i>, que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos. Es un aspecto que \u00faltimamente est\u00e1 asumiendo cada vez mayor relieve, oblig\u00e1ndonos a ampliar el concepto de pobreza\u00a0<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn66\" name=\"_ednref66\">[66]<\/a>\u00a0y de subdesarrollo a los problemas vinculados con la acogida de la vida, sobre todo donde \u00e9sta se ve impedida de diversas formas.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n de pobreza no s\u00f3lo provoca todav\u00eda en muchas zonas un alto \u00edndice de mortalidad infantil, sino que en varias partes del mundo persisten pr\u00e1cticas de control demogr\u00e1fico por parte de los gobiernos, que con frecuencia difunden la contracepci\u00f3n y llegan incluso a imponer tambi\u00e9n el aborto. En los pa\u00edses econ\u00f3micamente m\u00e1s desarrollados, las legislaciones contrarias a la vida est\u00e1n muy extendidas y han condicionado ya las costumbres y la praxis, contribuyendo a difundir una mentalidad antinatalista, que muchas veces se trata de transmitir tambi\u00e9n a otros estados como si fuera un progreso cultural.<\/p>\n<p>Algunas organizaciones no gubernamentales, adem\u00e1s, difunden el aborto, promoviendo a veces en los pa\u00edses pobres la adopci\u00f3n de la pr\u00e1ctica de la esterilizaci\u00f3n, incluso en mujeres a quienes no se pide su consentimiento. Por a\u00f1adidura, existe la sospecha fundada de que, en ocasiones, las ayudas al desarrollo se condicionan a determinadas pol\u00edticas sanitarias que implican de hecho la imposici\u00f3n de un fuerte control de la natalidad. Preocupan tambi\u00e9n tanto las legislaciones que aceptan la eutanasia como las presiones de grupos nacionales e internacionales que reivindican su reconocimiento jur\u00eddico.<\/p>\n<p><i>La apertura a la vida est\u00e1 en el centro del verdadero desarrollo<\/i>. Cuando una sociedad se encamina hacia la negaci\u00f3n y la supresi\u00f3n de la vida, acaba por no encontrar la motivaci\u00f3n y la energ\u00eda necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, tambi\u00e9n se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn67\" name=\"_ednref67\">[67]<\/a>. La acogida de la vida forja las energ\u00edas morales y capacita para la ayuda rec\u00edproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos econ\u00f3micos e intelectuales para satisfacer deseos ego\u00edstas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producci\u00f3n moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida.<\/p>\n<p><a name=\"29\"><\/a>29. Hay otro aspecto de la vida de hoy, muy estrechamente unido con el desarrollo: la negaci\u00f3n del\u00a0<i>derecho a la libertad religiosa<\/i>. No me refiero s\u00f3lo a las luchas y conflictos que todav\u00eda se producen en el mundo por motivos religiosos, aunque a veces la religi\u00f3n sea solamente una cobertura para razones de otro tipo, como el af\u00e1n de poder y riqueza. En efecto, hoy se mata frecuentemente en el nombre sagrado de Dios, como muchas veces ha manifestado y deplorado p\u00fablicamente mi predecesor Juan Pablo II y yo mismo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn68\" name=\"_ednref68\">[68]<\/a>. La violencia frena el desarrollo aut\u00e9ntico e impide la evoluci\u00f3n de los pueblos hacia un mayor bienestar socioecon\u00f3mico y espiritual. Esto ocurre especialmente con el terrorismo de inspiraci\u00f3n fundamentalista<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn69\" name=\"_ednref69\">[69]<\/a>, que causa dolor, devastaci\u00f3n y muerte, bloquea el di\u00e1logo entre las naciones y desv\u00eda grandes recursos de su empleo pac\u00edfico y civil. No obstante, se ha de a\u00f1adir que, adem\u00e1s del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religi\u00f3n en algunos ambientes, tambi\u00e9n la promoci\u00f3n programada de la indiferencia religiosa o del ate\u00edsmo pr\u00e1ctico por parte de muchos pa\u00edses contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustray\u00e9ndoles bienes espirituales y humanos.\u00a0<i>Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre<\/i>\u00a0en cuanto, habi\u00e9ndolo creado a su imagen, funda tambi\u00e9n su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de \u00abser m\u00e1s\u00bb. El ser humano no es un \u00e1tomo perdido en un universo casual<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn70\" name=\"_ednref70\">[70]<\/a>, sino una criatura de Dios, a quien \u00c9l ha querido dar un alma inmortal y al que ha amado desde siempre. Si el hombre fuera fruto s\u00f3lo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera \u00fanicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podr\u00eda hablarse de incremento o de evoluci\u00f3n, pero no de desarrollo. Cuando el Estado promueve, ense\u00f1a, o incluso impone formas de ate\u00edsmo pr\u00e1ctico, priva a sus ciudadanos de la fuerza moral y espiritual indispensable para comprometerse en el desarrollo humano integral y les impide avanzar con renovado dinamismo en su compromiso en favor de una respuesta humana m\u00e1s generosa al amor divino<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn71\" name=\"_ednref71\">[71]<\/a>. Y tambi\u00e9n se da el caso de que pa\u00edses econ\u00f3micamente desarrollados o emergentes exporten a los pa\u00edses pobres, en el contexto de sus relaciones culturales, comerciales y pol\u00edticas, esta visi\u00f3n restringida de la persona y su destino. \u00c9ste es el da\u00f1o que el \u00absuperdesarrollo\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn72\" name=\"_ednref72\">[72]<\/a>\u00a0produce al desarrollo aut\u00e9ntico, cuando va acompa\u00f1ado por el \u00absubdesarrollo moral\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn73\" name=\"_ednref73\">[73]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"30\"><\/a>30. En esta l\u00ednea, el tema del desarrollo humano integral adquiere un alcance a\u00fan m\u00e1s complejo: la correlaci\u00f3n entre sus m\u00faltiples elementos exige un esfuerzo para que\u00a0<i>los diferentes \u00e1mbitos del saber humano sean interactivos<\/i>, con vistas a la promoci\u00f3n de un verdadero desarrollo de los pueblos. Con frecuencia, se cree que basta aplicar el desarrollo o las medidas socioecon\u00f3micas correspondientes mediante una actuaci\u00f3n com\u00fan. Sin embargo, este actuar com\u00fan necesita ser orientado, porque \u00abtoda acci\u00f3n social implica una doctrina\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn74\" name=\"_ednref74\">[74]<\/a>. Teniendo en cuenta la complejidad de los problemas, es obvio que las diferentes disciplinas deben colaborar en una interdisciplinariedad ordenada. La caridad no excluye el saber, m\u00e1s bien lo exige, lo promueve y lo anima desde dentro. El saber nunca es s\u00f3lo obra de la inteligencia. Ciertamente, puede reducirse a c\u00e1lculo y experimentaci\u00f3n, pero si quiere ser sabidur\u00eda capaz de orientar al hombre a la luz de los primeros principios y de su fin \u00faltimo, ha de ser \u00absazonado\u00bb con la \u00absal\u00bb de la caridad. Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es est\u00e9ril sin el amor. En efecto, \u00abel que est\u00e1 animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn75\" name=\"_ednref75\">[75]<\/a>. Al afrontar los fen\u00f3menos que tenemos delante, la caridad en la verdad exige ante todo conocer y entender, conscientes y respetuosos de la competencia espec\u00edfica de cada \u00e1mbito del saber. La caridad no es una a\u00f1adidura posterior, casi como un ap\u00e9ndice al trabajo ya concluido de las diferentes disciplinas, sino que dialoga con ellas desde el principio. Las exigencias del amor no contradicen las de la raz\u00f3n. El saber humano es insuficiente y las conclusiones de las ciencias no podr\u00e1n indicar por s\u00ed solas la v\u00eda hacia el desarrollo integral del hombre. Siempre hay que lanzarse m\u00e1s all\u00e1: lo exige la caridad en la verdad<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn76\" name=\"_ednref76\">[76]<\/a>. Pero ir m\u00e1s all\u00e1 nunca significa prescindir de las conclusiones de la raz\u00f3n, ni contradecir sus resultados. No existe la inteligencia y despu\u00e9s el amor: existe\u00a0<i>el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor<\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"31\"><\/a>31. Esto significa que la valoraci\u00f3n moral y la investigaci\u00f3n cient\u00edfica deben crecer juntas, y que la caridad ha de animarlas en un conjunto interdisciplinar arm\u00f3nico, hecho de unidad y distinci\u00f3n. La doctrina social de la Iglesia, que tiene\u00a0<i>\u00abuna importante dimensi\u00f3n interdisciplinar\u00bb<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn77\" name=\"_ednref77\">[77]<\/a>, puede desempe\u00f1ar en esta perspectiva una funci\u00f3n de eficacia extraordinaria. Permite a la fe, a la teolog\u00eda, a la metaf\u00edsica y a las ciencias encontrar su lugar dentro de una colaboraci\u00f3n al servicio del hombre. La doctrina social de la Iglesia ejerce especialmente en esto su dimensi\u00f3n sapiencial. Pablo VI vio con claridad que una de las causas del subdesarrollo es una falta de sabidur\u00eda, de reflexi\u00f3n, de pensamiento capaz de elaborar una s\u00edntesis orientadora<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn78\" name=\"_ednref78\">[78]<\/a>, y que requiere \u00abuna clara visi\u00f3n de todos los aspectos econ\u00f3micos, sociales, culturales y espirituales\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn79\" name=\"_ednref79\">[79]<\/a>. La excesiva sectorizaci\u00f3n del saber<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn80\" name=\"_ednref80\">[80]<\/a>, el cerrarse de las ciencias humanas a la metaf\u00edsica<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn81\" name=\"_ednref81\">[81]<\/a>, las dificultades del di\u00e1logo entre las ciencias y la teolog\u00eda, no s\u00f3lo da\u00f1an el desarrollo del saber, sino tambi\u00e9n el desarrollo de los pueblos, pues, cuando eso ocurre, se obstaculiza la visi\u00f3n de todo el bien del hombre en las diferentes dimensiones que lo caracterizan. Es indispensable \u00abampliar nuestro concepto de raz\u00f3n y de su uso\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn82\" name=\"_ednref82\">[82]<\/a>\u00a0para conseguir ponderar adecuadamente todos los t\u00e9rminos de la cuesti\u00f3n del desarrollo y de la soluci\u00f3n de los problemas socioecon\u00f3micos.<\/p>\n<p><a name=\"32\"><\/a>32. Las grandes novedades que presenta hoy el cuadro del desarrollo de los pueblos plantean en muchos casos la exigencia de\u00a0<i>nuevas soluciones<\/i>. \u00c9stas han de buscarse, a la vez, en el respeto de las leyes propias de cada cosa y a la luz de una visi\u00f3n integral del hombre que refleje los diversos aspectos de la persona humana, considerada con la mirada purificada por la caridad. As\u00ed se descubrir\u00e1n singulares convergencias y posibilidades concretas de soluci\u00f3n, sin renunciar a ning\u00fan componente fundamental de la vida humana.<\/p>\n<p>La dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones econ\u00f3micas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades\u00a0<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn83\" name=\"_ednref83\">[83]<\/a>\u00a0y que se siga buscando como\u00a0<i>prioridad el objetivo del acceso al trabajo<\/i>\u00a0por parte de todos, o lo mantengan. Pens\u00e1ndolo bien, esto es tambi\u00e9n una exigencia de la \u00abraz\u00f3n econ\u00f3mica\u00bb. El aumento sist\u00e9mico de las desigualdades entre grupos sociales dentro de un mismo pa\u00eds y entre las poblaciones de los diferentes pa\u00edses, es decir, el aumento masivo de la pobreza relativa, no s\u00f3lo tiende a erosionar la cohesi\u00f3n social y, de este modo, poner en peligro la democracia, sino que tiene tambi\u00e9n un impacto negativo en el plano econ\u00f3mico por el progresivo desgaste del \u00abcapital social\u00bb, es decir, del conjunto de relaciones de confianza, fiabilidad y respeto de las normas, que son indispensables en toda convivencia civil.<\/p>\n<p>La ciencia econ\u00f3mica nos dice tambi\u00e9n que una situaci\u00f3n de inseguridad estructural da origen a actitudes antiproductivas y al derroche de recursos humanos, en cuanto que el trabajador tiende a adaptarse pasivamente a los mecanismos autom\u00e1ticos, en vez de dar espacio a la creatividad. Tambi\u00e9n sobre este punto hay una convergencia entre ciencia econ\u00f3mica y valoraci\u00f3n moral. Los\u00a0<i>costes humanos son siempre tambi\u00e9n costes econ\u00f3micos<\/i>\u00a0y las disfunciones econ\u00f3micas comportan igualmente costes humanos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, se ha de recordar que rebajar las culturas a la dimensi\u00f3n tecnol\u00f3gica, aunque puede favorecer la obtenci\u00f3n de beneficios a corto plazo, a la larga obstaculiza el enriquecimiento mutuo y las din\u00e1micas de colaboraci\u00f3n. Es importante distinguir entre consideraciones econ\u00f3micas o sociol\u00f3gicas a corto y largo plazo. Reducir el nivel de tutela de los derechos de los trabajadores y renunciar a mecanismos de redistribuci\u00f3n del r\u00e9dito con el fin de que el pa\u00eds adquiera mayor competitividad internacional, impiden consolidar un desarrollo duradero. Por tanto, se han de valorar cuidadosamente las consecuencias que tienen sobre las personas las tendencias actuales hacia una econom\u00eda de corto, a veces brev\u00edsimo plazo. Esto exige\u00a0<i>\u00abuna nueva y m\u00e1s profunda reflexi\u00f3n sobre el sentido de la econom\u00eda y de sus fines\u00bb<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn84\" name=\"_ednref84\">[84]<\/a>, adem\u00e1s de una honda revisi\u00f3n con amplitud de miras del modelo de desarrollo, para corregir sus disfunciones y desviaciones. Lo exige, en realidad, el estado de salud ecol\u00f3gica del planeta; lo requiere sobre todo la crisis cultural y moral del hombre, cuyos s\u00edntomas son evidentes en todas las partes del mundo desde hace tiempo.<\/p>\n<p><a name=\"33\"><\/a>33. M\u00e1s de cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, su argumento de fondo, el progreso,\u00a0<i>sigue siendo a\u00fan un problema abierto<\/i>, que se ha hecho m\u00e1s agudo y perentorio por la crisis econ\u00f3mico-financiera que se est\u00e1 produciendo. Aunque algunas zonas del planeta que sufr\u00edan la pobreza han experimentado cambios notables en t\u00e9rminos de crecimiento econ\u00f3mico y participaci\u00f3n en la producci\u00f3n mundial, otras viven todav\u00eda en una situaci\u00f3n de miseria comparable a la que hab\u00eda en tiempos de Pablo VI y, en alg\u00fan caso, puede decirse que peor. Es significativo que algunas causas de esta situaci\u00f3n fueran ya se\u00f1aladas en la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, como por ejemplo, los altos aranceles aduaneros impuestos por los pa\u00edses econ\u00f3micamente desarrollados, que todav\u00eda impiden a los productos procedentes de los pa\u00edses pobres llegar a los mercados de los pa\u00edses ricos. En cambio, otras causas que la Enc\u00edclica s\u00f3lo esboz\u00f3, han adquirido despu\u00e9s mayor relieve. Este es el caso de\u00a0la valoraci\u00f3n del proceso de descolonizaci\u00f3n, por entonces en pleno auge. Pablo VI deseaba un itinerario aut\u00f3nomo que se recorriera en paz y libertad. Despu\u00e9s de m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, hemos de reconocer lo dif\u00edcil que ha sido este recorrido, tanto por nuevas formas de colonialismo y dependencia de antiguos y nuevos pa\u00edses hegem\u00f3nicos, como por graves irresponsabilidades internas en los propios pa\u00edses que se han independizado.<\/p>\n<p>La novedad principal ha sido el\u00a0<i>estallido de la interdependencia planetaria<\/i>, ya com\u00fanmente llamada globalizaci\u00f3n. Pablo VI lo hab\u00eda previsto parcialmente, pero es sorprendente el alcance y la impetuosidad de su auge. Surgido en los pa\u00edses econ\u00f3micamente desarrollados, este proceso ha implicado por su naturaleza a todas las econom\u00edas. Ha sido el motor principal para que regiones enteras superaran el subdesarrollo y es, de por s\u00ed, una gran oportunidad. Sin embargo, sin la gu\u00eda de la caridad en la verdad, este impulso planetario puede contribuir a crear riesgo de da\u00f1os hasta ahora desconocidos y nuevas divisiones en la familia humana. Por eso, la caridad y la verdad nos plantean un compromiso in\u00e9dito y creativo, ciertamente muy vasto y complejo. Se trata de\u00a0<i>ensanchar la raz\u00f3n y hacerla capaz de conocer y orientar estas nuevas e imponentes din\u00e1micas<\/i>, anim\u00e1ndolas en la perspectiva de esa \u00abcivilizaci\u00f3n del amor\u00bb, de la cual Dios ha puesto la semilla en cada pueblo y en cada cultura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b><a name=\"CAP%C3%8DTULO__TERCERO\"><\/a>CAP\u00cdTULO\u00a0 TERCERO<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><span style=\"color: #663300;\">FRATERNIDAD,<br \/>\nDESARROLLO\u00a0ECON\u00d3MICO<br \/>\nY\u00a0SOCIEDAD CIVIL<\/span><\/b><\/p>\n<p><a name=\"34\"><\/a>34. La\u00a0<i>caridad en la verdad<\/i>\u00a0pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad est\u00e1 en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visi\u00f3n de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano est\u00e1 hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensi\u00f3n trascendente. A veces, el hombre moderno tiene la err\u00f3nea convicci\u00f3n de ser el \u00fanico autor de s\u00ed mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunci\u00f3n fruto de la cerraz\u00f3n ego\u00edsta en s\u00ed mismo, que procede \u2014por decirlo con una expresi\u00f3n creyente\u2014 del\u00a0<i>pecado de los or\u00edgenes<\/i>. La sabidur\u00eda de la Iglesia ha invitado siempre a no olvidar la realidad del pecado original, ni siquiera en la interpretaci\u00f3n de los fen\u00f3menos sociales y en la construcci\u00f3n de la sociedad: \u00abIgnorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educaci\u00f3n, de la pol\u00edtica, de la acci\u00f3n social y de las costumbres\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn85\" name=\"_ednref85\">[85]<\/a>. Hace tiempo que la econom\u00eda forma parte del conjunto de los \u00e1mbitos en que se manifiestan los efectos perniciosos del pecado. Nuestros d\u00edas nos ofrecen una prueba evidente. Creerse autosuficiente y capaz de eliminar por s\u00ed mismo el mal de la historia ha inducido al hombre a confundir la felicidad y la salvaci\u00f3n con formas inmanentes de bienestar material y de actuaci\u00f3n social. Adem\u00e1s, la exigencia de la econom\u00eda de ser aut\u00f3noma, de no estar sujeta a \u00abinjerencias\u00bb de car\u00e1cter moral, ha llevado al hombre a abusar de los instrumentos econ\u00f3micos incluso de manera destructiva. Con el pasar del tiempo, estas posturas han desembocado en sistemas econ\u00f3micos, sociales y pol\u00edticos que han tiranizado la libertad de la persona y de los organismos sociales y que, precisamente por eso, no han sido capaces de asegurar la justicia que promet\u00edan. Como he afirmado en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>, se elimina as\u00ed de la historia la\u00a0<i>esperanza cristiana<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn86\" name=\"_ednref86\">[86]<\/a>, que no obstante es un poderoso recurso social al servicio del desarrollo humano integral, en la libertad y en la justicia. La esperanza sostiene a la raz\u00f3n y le da fuerza para orientar la voluntad<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn87\" name=\"_ednref87\">[87]<\/a>. Est\u00e1 ya presente en la fe, que la suscita. La caridad en la verdad se nutre de ella y, al mismo tiempo, la manifiesta. Al ser un don absolutamente gratuito de Dios, irrumpe en nuestra vida como algo que no es debido, que trasciende toda ley de justicia. Por su naturaleza, el don supera el m\u00e9rito, su norma es sobreabundar. Nos precede en nuestra propia alma como signo de la presencia de Dios en nosotros y de sus expectativas para con nosotros. La verdad que, como la caridad es don, nos supera, como ense\u00f1a San Agust\u00edn<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn88\" name=\"_ednref88\">[88]<\/a>. Incluso nuestra propia verdad, la de nuestra conciencia personal, ante todo, nos ha sido \u00abdada\u00bb<i>.<\/i>\u00a0En efecto, en todo proceso cognitivo la verdad no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor a\u00fan, se recibe. Como el amor, \u00abno nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn89\" name=\"_ednref89\">[89]<\/a>.<\/p>\n<p>Al ser un don recibido por todos, la caridad en la verdad es una fuerza que funda la comunidad, unifica a los hombres de manera que no haya barreras o confines. La comunidad humana puede ser organizada por nosotros mismos, pero nunca podr\u00e1 ser s\u00f3lo con sus propias fuerzas una comunidad plenamente fraterna ni aspirar a superar\u00a0las fronteras, o convertirse en una comunidad universal. La unidad del g\u00e9nero humano, la comuni\u00f3n fraterna m\u00e1s all\u00e1 de toda divisi\u00f3n, nace de la palabra de Dios-Amor que nos convoca. Al afrontar esta cuesti\u00f3n decisiva, hemos de precisar, por un lado, que la l\u00f3gica del don no excluye la justicia ni se yuxtapone a ella como un a\u00f1adido externo en un segundo momento y, por otro, que el desarrollo econ\u00f3mico, social y pol\u00edtico necesita, si quiere ser aut\u00e9nticamente humano, dar espacio al\u00a0<i>principio de gratuidad<\/i>\u00a0como expresi\u00f3n de fraternidad.<\/p>\n<p><a name=\"35\"><\/a>35. Si hay confianza rec\u00edproca y generalizada, el\u00a0<i>mercado<\/i>\u00a0es la instituci\u00f3n econ\u00f3mica que permite el encuentro entre las personas, como agentes econ\u00f3micos que utilizan el contrato como norma de sus relaciones y que intercambian bienes y servicios de consumo para satisfacer sus necesidades y deseos. El mercado est\u00e1 sujeto a los principios de la llamada\u00a0<i>justicia conmutativa<\/i>, que regula precisamente la relaci\u00f3n entre dar y recibir entre iguales. Pero la doctrina social de la Iglesia no ha dejado nunca de subrayar la importancia de la\u00a0<i>justicia distributiva<\/i>\u00a0y de la\u00a0<i>justicia social<\/i>\u00a0para la econom\u00eda de mercado, no s\u00f3lo porque est\u00e1 dentro de un contexto social y pol\u00edtico m\u00e1s amplio, sino tambi\u00e9n por la trama de relaciones en que se desenvuelve. En efecto, si el mercado se rige \u00fanicamente por el principio de la equivalencia del valor de los bienes que se intercambian, no llega a producir la cohesi\u00f3n social que necesita para su buen funcionamiento.\u00a0<i>Sin formas internas de solidaridad y de confianza rec\u00edproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia funci\u00f3n econ\u00f3mica<\/i>. Hoy, precisamente esta confianza ha fallado, y esta p\u00e9rdida de confianza es algo realmente grave.<\/p>\n<p>Pablo VI subraya oportunamente en la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0que el sistema econ\u00f3mico mismo se habr\u00eda aventajado con la pr\u00e1ctica generalizada de la justicia, pues los primeros beneficiarios del desarrollo de los pa\u00edses pobres hubieran sido los pa\u00edses ricos<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn90\" name=\"_ednref90\">[90]<\/a>. No se trata s\u00f3lo de remediar el mal funcionamiento con las ayudas. No se debe considerar a los pobres como un \u00abfardo\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn91\" name=\"_ednref91\">[91]<\/a>, sino como una riqueza incluso desde el punto de vista estrictamente econ\u00f3mico. No obstante, se ha de considerar equivocada la visi\u00f3n de quienes piensan que la econom\u00eda de mercado tiene necesidad estructural de una cuota de pobreza y de subdesarrollo para funcionar mejor. Al mercado le interesa promover la emancipaci\u00f3n, pero no puede lograrlo por s\u00ed mismo, porque no puede producir lo que est\u00e1 fuera de su alcance. Ha de sacar fuerzas morales de otras instancias que sean capaces de generarlas.<\/p>\n<p><a name=\"36\"><\/a>36. La actividad econ\u00f3mica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin m\u00e1s la\u00a0<i>l\u00f3gica mercantil<\/i>. Debe estar\u00a0<i>ordenada a la consecuci\u00f3n del bien com\u00fan<\/i>, que es responsabilidad sobre todo de\u00a0la comunidad pol\u00edtica. Por tanto, se debe tener presente que separar la gesti\u00f3n econ\u00f3mica, a la que corresponder\u00eda \u00fanicamente producir riqueza, de la acci\u00f3n pol\u00edtica, que tendr\u00eda el papel de conseguir la justicia mediante la redistribuci\u00f3n, es causa de graves desequilibrios.<\/p>\n<p>La Iglesia sostiene siempre que la actividad econ\u00f3mica no debe considerarse antisocial. Por eso, el mercado no es ni debe convertirse en el \u00e1mbito donde el m\u00e1s fuerte avasalle al m\u00e1s d\u00e9bil. La sociedad no debe protegerse del mercado, pensando que su desarrollo comporta\u00a0<i>ipso facto<\/i>\u00a0la muerte de las relaciones aut\u00e9nticamente humanas. Es verdad que el mercado puede orientarse en sentido negativo, pero no por su propia naturaleza, sino por una cierta ideolog\u00eda que lo gu\u00eda en este sentido. No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan. En efecto, la econom\u00eda y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene s\u00f3lo referencias ego\u00edstas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por s\u00ed buenos en perniciosos. Lo que produce estas consecuencias es la raz\u00f3n oscurecida del hombre, no el medio en cuanto tal. Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social.<\/p>\n<p>La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones aut\u00e9nticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, tambi\u00e9n dentro de la actividad econ\u00f3mica y no solamente fuera o \u00abdespu\u00e9s\u00bb de ella. El sector econ\u00f3mico no es ni \u00e9ticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada \u00e9ticamente.<\/p>\n<p>El gran desaf\u00edo que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalizaci\u00f3n y agravado por la crisis econ\u00f3mico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no s\u00f3lo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la \u00e9tica social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las\u00a0<i>relaciones mercantiles<\/i>\u00a0el\u00a0<i>principio de gratuidad<\/i>\u00a0y la l\u00f3gica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben\u00a0<i>tener espacio en la actividad econ\u00f3mica ordinaria<\/i>. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero tambi\u00e9n de la raz\u00f3n econ\u00f3mica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.<\/p>\n<p><a name=\"37\"><\/a>37. La doctrina social de la Iglesia ha sostenido siempre que\u00a0<i>la justicia afecta a todas las fases de la actividad econ\u00f3mica<\/i>, porque en todo momento tiene que ver con el hombre y con sus derechos. La obtenci\u00f3n de recursos, la financiaci\u00f3n, la producci\u00f3n, el consumo y todas las fases del proceso econ\u00f3mico tienen ineludiblemente implicaciones morales. As\u00ed,\u00a0<i>toda decisi\u00f3n econ\u00f3mica tiene consecuencias de car\u00e1cter moral<\/i>. Lo confirman las ciencias sociales y las tendencias de la econom\u00eda contempor\u00e1nea. Hace alg\u00fan tiempo, tal vez se pod\u00eda confiar primero a la econom\u00eda la producci\u00f3n de riqueza y asignar despu\u00e9s a la pol\u00edtica la tarea de su distribuci\u00f3n. Hoy resulta m\u00e1s dif\u00edcil, dado que las actividades econ\u00f3micas no se limitan a territorios definidos, mientras que las autoridades gubernativas siguen siendo sobre todo locales. Adem\u00e1s, las normas de justicia deben ser respetadas desde el principio y durante el proceso econ\u00f3mico, y no s\u00f3lo despu\u00e9s o colateralmente. Para eso es necesario que en el mercado se d\u00e9 cabida a actividades econ\u00f3micas de sujetos que optan libremente por ejercer su gesti\u00f3n movidos por principios distintos al del mero beneficio, sin renunciar por ello a producir valor econ\u00f3mico. Muchos planteamientos econ\u00f3micos provenientes de iniciativas religiosas y laicas demuestran que esto es realmente posible.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca de la globalizaci\u00f3n, la econom\u00eda refleja modelos competitivos vinculados a culturas muy diversas entre s\u00ed. El comportamiento econ\u00f3mico y empresarial que se desprende tiene en com\u00fan principalmente el respeto de la justicia conmutativa. Indudablemente, la\u00a0<i>vida econ\u00f3mica<\/i>\u00a0tiene necesidad del\u00a0<i>contrato<\/i>\u00a0para regular las relaciones de intercambio entre valores equivalentes. Pero necesita igualmente\u00a0<i>leyes justas<\/i>\u00a0y\u00a0<i>formas de redistribuci\u00f3n<\/i>\u00a0guiadas por la pol\u00edtica, adem\u00e1s de obras caracterizadas por el\u00a0<i>esp\u00edritu del don<\/i>. La econom\u00eda globalizada parece privilegiar la primera l\u00f3gica, la del intercambio contractual, pero directa o indirectamente demuestra que necesita a las otras dos, la l\u00f3gica de la pol\u00edtica y la l\u00f3gica del don sin contrapartida.<\/p>\n<p><a name=\"38\"><\/a>38. En la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, mi predecesor Juan Pablo II se\u00f1al\u00f3 esta problem\u00e1tica al advertir la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el\u00a0<i>mercado,\u00a0<\/i>el\u00a0<i>Estado<\/i>\u00a0y la\u00a0<i>sociedad civil<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn92\" name=\"_ednref92\">[92]<\/a>. Consider\u00f3 que la sociedad civil era el \u00e1mbito m\u00e1s apropiado para una\u00a0<i>econom\u00eda de la gratuidad<\/i>\u00a0y de la fraternidad, sin negarla en los otros dos \u00e1mbitos. Hoy podemos decir que la vida econ\u00f3mica debe ser comprendida como una realidad de m\u00faltiples dimensiones: en todas ellas, aunque en medida diferente y con modalidades espec\u00edficas, debe haber respeto a la reciprocidad fraterna. En la \u00e9poca de la globalizaci\u00f3n, la actividad econ\u00f3mica no puede prescindir de la gratuidad, que fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien com\u00fan en sus diversas instancias y agentes. Se trata, en definitiva, de una forma concreta y profunda de democracia econ\u00f3mica. La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn93\" name=\"_ednref93\">[93]<\/a>; por tanto no se la puede dejar solamente en manos del Estado. Mientras antes se pod\u00eda pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad ven\u00eda despu\u00e9s como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia. Se requiere, por tanto, un mercado en el cual puedan operar libremente, con igualdad de oportunidades, empresas que persiguen fines institucionales diversos. Junto a la empresa privada, orientada al beneficio, y los diferentes tipos de empresa p\u00fablica, deben poderse establecer y desenvolver aquellas organizaciones productivas que persiguen fines mutualistas y sociales. De su rec\u00edproca interacci\u00f3n en el mercado se puede esperar una especie de combinaci\u00f3n entre los comportamientos de empresa y, con ella, una atenci\u00f3n m\u00e1s sensible a una\u00a0<i>civilizaci\u00f3n de la econom\u00eda<\/i>. En este caso, caridad en la verdad significa la necesidad de dar forma y organizaci\u00f3n a las iniciativas econ\u00f3micas que, sin renunciar al beneficio, quieren ir m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00f3gica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p><a name=\"39\"><\/a>39. Pablo VI ped\u00eda en la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0que se llegase a un\u00a0<i>modelo de econom\u00eda de mercado capaz de incluir, al menos tendencialmente, a todos los pueblos, y no solamente a los particularmente dotados<\/i>. Ped\u00eda un compromiso para promover un mundo m\u00e1s humano para todos, un mundo \u00aben donde todos tengan que dar y recibir, sin que el progreso de los unos sea un obst\u00e1culo para el desarrollo de los otros\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn94\" name=\"_ednref94\">[94]<\/a>. As\u00ed, extend\u00eda al plano universal las mismas exigencias y aspiraciones de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i>, escrita como consecuencia de la revoluci\u00f3n industrial, cuando se afirm\u00f3 por primera vez la idea \u2014seguramente avanzada para aquel tiempo\u2014 de que el orden civil, para sostenerse, necesitaba la intervenci\u00f3n redistributiva del Estado. Hoy, esta visi\u00f3n de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i>, adem\u00e1s de puesta en crisis por los procesos de apertura de los mercados y de las sociedades, se muestra incompleta para satisfacer las exigencias de una econom\u00eda plenamente humana. Lo que la doctrina de la Iglesia ha sostenido siempre, partiendo de su visi\u00f3n del hombre y de la sociedad, es necesario tambi\u00e9n hoy para las din\u00e1micas caracter\u00edsticas de la globalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando la l\u00f3gica del mercado y la l\u00f3gica del Estado se ponen de acuerdo para mantener el monopolio de sus respectivos \u00e1mbitos de influencia, se debilita a la larga la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos, la participaci\u00f3n, el sentido de pertenencia y el obrar gratuitamente, que no se identifican con el \u00abdar para tener\u00bb, propio de la l\u00f3gica de la compraventa, ni con el \u00abdar por deber\u00bb<i>,<\/i>\u00a0propio de la l\u00f3gica de las intervenciones p\u00fablicas, que el Estado impone por ley. La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no s\u00f3lo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de car\u00e1cter p\u00fablico, sino sobre todo en la\u00a0<i>apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad econ\u00f3mica caracterizada por ciertos m\u00e1rgenes de gratuidad y comuni\u00f3n<\/i>. El binomio exclusivo mercado-Estado corroe la sociabilidad, mientras que las formas de econom\u00eda solidaria, que encuentran su mejor terreno en la sociedad civil aunque no se reducen a ella, crean sociabilidad. El mercado de la gratuidad no existe y las actitudes gratuitas no se pueden prescribir por ley. Sin embargo, tanto el mercado como la pol\u00edtica tienen necesidad de personas abiertas al don rec\u00edproco.<\/p>\n<p><a name=\"40\"><\/a>40. Las actuales din\u00e1micas econ\u00f3micas internacionales, caracterizadas por graves distorsiones y disfunciones, requieren tambi\u00e9n\u00a0<i>cambios profundos en el modo de entender la empresa<\/i>. Antiguas modalidades de la vida empresarial van desapareciendo, mientras otras m\u00e1s prometedoras se perfilan en el horizonte. Uno de los mayores riesgos es sin duda que la empresa responda casi exclusivamente a las expectativas de los inversores en detrimento de su dimensi\u00f3n social. Debido a su continuo crecimiento y a la necesidad de mayores capitales, cada vez son menos las empresas que dependen de un \u00fanico empresario estable que se sienta responsable a largo plazo, y no s\u00f3lo por poco tiempo, de la vida y los resultados de su empresa, y cada vez son menos las empresas que dependen de un \u00fanico territorio. Adem\u00e1s, la llamada deslocalizaci\u00f3n de la actividad productiva puede atenuar en el empresario el sentido de responsabilidad respecto a los interesados, como los trabajadores, los proveedores, los consumidores, as\u00ed como al medio ambiente y a la sociedad m\u00e1s amplia que lo rodea, en favor de los accionistas, que no est\u00e1n sujetos a un espacio concreto y gozan por tanto de una extraordinaria movilidad. El mercado internacional de los capitales, en efecto, ofrece hoy una gran libertad de acci\u00f3n. Sin embargo, tambi\u00e9n es verdad que se est\u00e1 extendiendo la conciencia de la necesidad de una \u00abresponsabilidad social\u00bb m\u00e1s amplia de la empresa. Aunque no todos los planteamientos \u00e9ticos que gu\u00edan hoy el debate sobre la responsabilidad social de la empresa son aceptables seg\u00fan la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, es cierto que se va difundiendo cada vez m\u00e1s la convicci\u00f3n seg\u00fan la cual la<i>\u00a0gesti\u00f3n de la empresa no puede tener en cuenta \u00fanicamente el inter\u00e9s de sus propietarios, sino tambi\u00e9n el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa<\/i>: trabajadores, clientes, proveedores de los diversos elementos de producci\u00f3n, la comunidad de referencia. En los \u00faltimos a\u00f1os se ha notado el crecimiento de una clase cosmopolita de\u00a0<i>manager<\/i>, que a menudo responde s\u00f3lo a las pretensiones de los nuevos accionistas de referencia compuestos generalmente por fondos an\u00f3nimos que establecen su retribuci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n hay muchos managers hoy que, con un an\u00e1lisis m\u00e1s previsor, se percatan cada vez m\u00e1s de los profundos lazos de su empresa con el territorio o territorios en que desarrolla su actividad. Pablo VI invitaba a valorar seriamente el da\u00f1o que la trasferencia de capitales al extranjero, por puro provecho personal, puede ocasionar a la propia naci\u00f3n<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn95\" name=\"_ednref95\">[95]<\/a>. Juan Pablo II advert\u00eda que\u00a0<i>invertir tiene siempre un significado moral<\/i>, adem\u00e1s de econ\u00f3mico<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn96\" name=\"_ednref96\">[96]<\/a>. Se ha de reiterar que todo esto mantiene su validez en nuestros d\u00edas a pesar de que el mercado de capitales haya sido fuertemente liberalizado y la moderna mentalidad tecnol\u00f3gica pueda inducir a pensar que invertir es s\u00f3lo un hecho t\u00e9cnico y no humano ni \u00e9tico. No se puede negar que un cierto capital puede hacer el bien cuando se invierte en el extranjero en vez de en la propia patria. Pero deben quedar a salvo los v\u00ednculos de justicia, teniendo en cuenta tambi\u00e9n c\u00f3mo se ha formado ese capital y los perjuicios que comporta para las personas el que no se emplee en los lugares donde se ha generado<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn97\" name=\"_ednref97\">[97]<\/a>. Se ha de evitar que el\u00a0<i>empleo de recursos financieros<\/i>\u00a0est\u00e9 motivado por la especulaci\u00f3n y ceda a la tentaci\u00f3n de buscar \u00fanicamente un beneficio inmediato, en vez de la sostenibilidad de la empresa a largo plazo, su propio servicio a la econom\u00eda real y la promoci\u00f3n, en modo adecuado y oportuno, de iniciativas econ\u00f3micas tambi\u00e9n en los pa\u00edses necesitados de desarrollo. Tampoco hay motivos para negar que la deslocalizaci\u00f3n, que lleva consigo inversiones y formaci\u00f3n, puede hacer bien a la poblaci\u00f3n del pa\u00eds que la recibe. El trabajo y los conocimientos t\u00e9cnicos son una necesidad universal. Sin embargo, no es l\u00edcito deslocalizar \u00fanicamente para aprovechar particulares condiciones favorables, o peor a\u00fan, para explotar sin aportar a la sociedad local una verdadera contribuci\u00f3n para el nacimiento de un s\u00f3lido sistema productivo y social, factor imprescindible para un desarrollo estable.<\/p>\n<p><a name=\"41\"><\/a>41. A este respecto, es \u00fatil observar que la\u00a0<i>iniciativa empresarial<\/i>\u00a0tiene, y debe asumir cada vez m\u00e1s, un\u00a0<i>significado polivalente<\/i>. El predominio persistente del binomio mercado-Estado nos ha acostumbrado a pensar exclusivamente en el empresario privado de tipo capitalista por un lado y en el directivo estatal por otro. En realidad, la iniciativa empresarial se ha de entender de modo articulado. As\u00ed lo revelan diversas motivaciones metaecon\u00f3micas. El ser empresario, antes de tener un significado profesional, tiene un significado humano<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn98\" name=\"_ednref98\">[98]<\/a>. Es propio de todo trabajo visto como\u00a0<i>\u00abactus personae\u00bb<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn99\" name=\"_ednref99\">[99]<\/a>\u00a0y por eso es bueno que todo trabajador tenga la posibilidad de dar la propia aportaci\u00f3n a su labor, de modo que \u00e9l mismo \u00absea consciente de que est\u00e1 trabajando en algo propio\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn100\" name=\"_ednref100\">[100]<\/a>. Por eso, Pablo VI ense\u00f1aba que \u00abtodo trabajador es un creador\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn101\" name=\"_ednref101\">[101]<\/a>. Precisamente para responder a las exigencias y a la dignidad de quien trabaja, y a las necesidades de la sociedad, existen varios tipos de empresas, m\u00e1s all\u00e1 de la pura distinci\u00f3n entre \u00abprivado\u00bb y \u00abp\u00fablico\u00bb. Cada una requiere y manifiesta una capacidad de iniciativa empresarial espec\u00edfica. Para realizar una econom\u00eda que en el futuro pr\u00f3ximo sepa ponerse al servicio del bien com\u00fan nacional y mundial, es oportuno tener en cuenta este significado amplio de iniciativa empresarial. Esta concepci\u00f3n m\u00e1s amplia favorece el intercambio y la mutua configuraci\u00f3n entre los diversos tipos de iniciativa empresarial, con transvase de competencias del mundo\u00a0<i>non profit<\/i>\u00a0al\u00a0<i>profit<\/i>\u00a0y viceversa, del p\u00fablico al propio de la sociedad civil, del de las econom\u00edas avanzadas al de pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la\u00a0<i>autoridad pol\u00edtica<\/i>\u00a0tiene un\u00a0<i>significado polivalente<\/i>, que no se puede olvidar mientras se camina hacia la consecuci\u00f3n de un nuevo orden econ\u00f3mico-productivo, socialmente responsable y a medida del hombre. Al igual que se pretende cultivar una iniciativa empresarial diferenciada en el \u00e1mbito mundial, tambi\u00e9n se debe promover una autoridad pol\u00edtica repartida y que ha de actuar en diversos planos. El mercado \u00fanico de nuestros d\u00edas no elimina el papel de los estados, m\u00e1s bien obliga a los gobiernos a una colaboraci\u00f3n rec\u00edproca m\u00e1s estrecha. La sabidur\u00eda y la prudencia aconsejan no proclamar apresuradamente la desaparici\u00f3n del Estado. Con relaci\u00f3n a la soluci\u00f3n de la crisis actual, su papel parece destinado a crecer, recuperando muchas competencias. Hay naciones donde la construcci\u00f3n o reconstrucci\u00f3n del Estado sigue siendo un elemento clave para su desarrollo. La\u00a0<i>ayuda internacional<\/i>, precisamente dentro de un proyecto inspirado en la solidaridad para solucionar los actuales problemas econ\u00f3micos, deber\u00eda apoyar en primer lugar la consolidaci\u00f3n de los sistemas constitucionales, jur\u00eddicos y administrativos en los pa\u00edses que todav\u00eda no gozan plenamente de estos bienes. Las ayudas econ\u00f3micas deber\u00edan ir acompa\u00f1adas de aquellas medidas destinadas a reforzar las garant\u00edas propias de un\u00a0<i>Estado de derecho<\/i>, un sistema de orden p\u00fablico y de prisiones respetuoso de los derechos humanos y a consolidar instituciones verdaderamente democr\u00e1ticas. No es necesario que el Estado tenga las mismas caracter\u00edsticas en todos los sitios: el fortalecimiento de los sistemas constitucionales d\u00e9biles puede ir acompa\u00f1ado perfectamente por el desarrollo de otras instancias pol\u00edticas no estatales, de car\u00e1cter cultural, social, territorial o religioso. Adem\u00e1s, la articulaci\u00f3n de la autoridad pol\u00edtica en el \u00e1mbito local, nacional o internacional, es uno de los cauces privilegiados para poder orientar la globalizaci\u00f3n econ\u00f3mica. Y tambi\u00e9n el modo de evitar que \u00e9sta mine de hecho los fundamentos de la democracia.<\/p>\n<p><a name=\"42\"><\/a>42. A veces se perciben actitudes fatalistas ante la\u00a0<i>globalizaci\u00f3n<\/i>, como si las din\u00e1micas que la producen procedieran de fuerzas an\u00f3nimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn102\" name=\"_ednref102\">[102]<\/a>. A este respecto, es bueno recordar que la globalizaci\u00f3n ha de entenderse ciertamente como un proceso socioecon\u00f3mico, pero no es \u00e9sta su \u00fanica dimensi\u00f3n. Tras este proceso m\u00e1s visible hay realmente una humanidad cada vez m\u00e1s interrelacionada; hay personas y pueblos para los que el proceso debe ser de utilidad y desarrollo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn103\" name=\"_ednref103\">[103]<\/a>, gracias a que tanto los individuos como la colectividad asumen sus respectivas responsabilidades. La superaci\u00f3n de las fronteras no es s\u00f3lo un hecho material, sino tambi\u00e9n cultural, en sus causas y en sus efectos. Cuando se entiende la globalizaci\u00f3n de manera determinista, se pierden los criterios para valorarla y orientarla. Es una realidad humana y puede ser fruto de diversas corrientes culturales que han de ser sometidas a un discernimiento. La verdad de la globalizaci\u00f3n como proceso y su criterio \u00e9tico fundamental vienen dados por la unidad de la familia humana y su crecimiento en el bien. Por tanto, hay que esforzarse incesantemente para favorecer una\u00a0<i>orientaci\u00f3n cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integraci\u00f3n planetaria<\/i>.<\/p>\n<p>A pesar de algunos aspectos estructurales innegables, pero que no se deben absolutizar, \u00abla globalizaci\u00f3n no es,\u00a0<i>a priori<\/i>, ni buena ni mala. Ser\u00e1 lo que la gente haga de ella\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn104\" name=\"_ednref104\">[104]<\/a>. Debemos ser sus protagonistas, no las v\u00edctimas, procediendo razonablemente, guiados por la caridad y la verdad. Oponerse ciegamente a la globalizaci\u00f3n ser\u00eda una actitud err\u00f3nea, preconcebida, que acabar\u00eda por ignorar un proceso que tiene tambi\u00e9n aspectos positivos, con el riesgo de perder una gran ocasi\u00f3n para aprovechar las m\u00faltiples oportunidades de desarrollo que ofrece. El proceso de globalizaci\u00f3n, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribuci\u00f3n de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero, si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando adem\u00e1s con una crisis a todo el mundo. Es necesario\u00a0<i>corregir las disfunciones<\/i>, a veces graves, que causan nuevas divisiones entre los pueblos y en su interior, de modo que la redistribuci\u00f3n de la riqueza no comporte una redistribuci\u00f3n de la pobreza, e incluso la acent\u00fae, como podr\u00eda hacernos temer tambi\u00e9n una mala gesti\u00f3n de la situaci\u00f3n actual. Durante mucho tiempo se ha pensado que los pueblos pobres deber\u00edan permanecer anclados en un estadio de desarrollo preestablecido o contentarse con la filantrop\u00eda de los pueblos desarrollados. Pablo VI se pronunci\u00f3 contra esta mentalidad en la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>. Los recursos materiales disponibles para sacar a estos pueblos de la miseria son hoy potencialmente mayores que antes, pero se han servido de ellos principalmente los pa\u00edses desarrollados, que han podido aprovechar mejor la liberalizaci\u00f3n de los movimientos de capitales y de trabajo. Por tanto, la difusi\u00f3n de \u00e1mbitos de bienestar en el mundo no deber\u00eda ser obstaculizada con proyectos ego\u00edstas, proteccionistas o dictados por intereses particulares. En efecto, la participaci\u00f3n de pa\u00edses emergentes o en v\u00edas de desarrollo permite hoy gestionar mejor la crisis. La transici\u00f3n que el proceso de globalizaci\u00f3n comporta, conlleva grandes dificultades y peligros, que s\u00f3lo se podr\u00e1n superar si se toma conciencia del esp\u00edritu antropol\u00f3gico y \u00e9tico que en el fondo impulsa la globalizaci\u00f3n hacia metas de\u00a0humanizaci\u00f3n solidaria. Desgraciadamente, este esp\u00edritu se ve con frecuencia marginado y entendido desde perspectivas \u00e9tico-culturales de car\u00e1cter individualista y utilitarista. La globalizaci\u00f3n es un fen\u00f3meno multidimensional y polivalente, que exige ser comprendido en la diversidad y en la unidad de todas sus dimensiones, incluida la teol\u00f3gica. Esto consentir\u00e1 vivir y\u00a0<i>orientar la globalizaci\u00f3n de la humanidad en t\u00e9rminos de relacionalidad, comuni\u00f3n y participaci\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p align=\"center\"><b><a name=\"CAP%C3%8DTULO__CUARTO\"><\/a>CAP\u00cdTULO\u00a0 CUARTO<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color: #663300;\"><b>DESARROLLO DE LOS PUEBLOS,<br \/>\nDERECHOS\u00a0Y DEBERES,\u00a0AMBIENTE<\/b><\/span><\/p>\n<p><a name=\"43\"><\/a>43. \u00abLa solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es tambi\u00e9n un deber\u00bb.<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn105\" name=\"_ednref105\">[105]<\/a>\u00a0En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a s\u00ed mismos. Piensan que s\u00f3lo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno. Por ello, es importante urgir una nueva reflexi\u00f3n sobre los\u00a0<i>deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales \u00e9stos se convierten en algo arbitrario<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn106\" name=\"_ednref106\">[106]<\/a>. Hoy se da una profunda contradicci\u00f3n. Mientras, por un lado, se reivindican presuntos derechos, de car\u00e1cter arbitrario y superfluo, con la pretensi\u00f3n de que las estructuras p\u00fablicas los reconozcan y promuevan, por otro, hay derechos elementales y fundamentales que se ignoran y violan en gran parte de la humanidad<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn107\" name=\"_ednref107\">[107]<\/a>. Se aprecia con frecuencia una relaci\u00f3n entre la reivindicaci\u00f3n del derecho a lo superfluo, e incluso a la transgresi\u00f3n y al vicio, en las sociedades opulentas, y la carencia de comida, agua potable, instrucci\u00f3n b\u00e1sica o cuidados sanitarios elementales en ciertas regiones del mundo subdesarrollado y tambi\u00e9n en la periferia de las grandes ciudades. Dicha relaci\u00f3n consiste en que los derechos individuales, desvinculados de un conjunto de deberes que les d\u00e9 un sentido profundo, se desquician y dan lugar a una espiral de exigencias pr\u00e1cticamente ilimitada y carente de criterios. La exacerbaci\u00f3n de los derechos conduce al olvido de los deberes. Los deberes delimitan los derechos porque remiten a un marco antropol\u00f3gico y \u00e9tico en cuya verdad se insertan tambi\u00e9n los derechos y as\u00ed dejan de ser arbitrarios. Por este motivo, los deberes refuerzan los derechos y reclaman que se los defienda y promueva como un compromiso al servicio del bien. En cambio, si los derechos del hombre se fundamentan s\u00f3lo en las deliberaciones de una asamblea de ciudadanos, pueden ser cambiados en cualquier momento y, consiguientemente, se relaja en la conciencia com\u00fan el deber de respetarlos y tratar de conseguirlos. Los gobiernos y los organismos internacionales pueden olvidar entonces la objetividad y la cualidad de \u00abno disponibles\u00bb de los derechos. Cuando esto sucede, se pone en peligro el verdadero desarrollo de los pueblos<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn108\" name=\"_ednref108\">[108]<\/a>. Comportamientos como \u00e9stos comprometen la autoridad moral de los organismos internacionales, sobre todo a los ojos de los pa\u00edses m\u00e1s necesitados de desarrollo. En efecto, \u00e9stos exigen que la comunidad internacional asuma como un deber ayudarles a ser \u00abart\u00edfices de su destino\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn109\" name=\"_ednref109\">[109]<\/a>, es decir, a que asuman a su vez deberes.\u00a0<i>Compartir los deberes rec\u00edprocos moviliza mucho m\u00e1s que la mera reivindicaci\u00f3n de derechos<\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"44\"><\/a>44. La concepci\u00f3n de los derechos y de los deberes respecto al desarrollo, debe tener tambi\u00e9n en cuenta los problemas relacionados con el\u00a0<i>crecimiento demogr\u00e1fico<\/i>. Es un aspecto muy importante del verdadero desarrollo, porque afecta a los valores irrenunciables de la vida y de la familia<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn110\" name=\"_ednref110\">[110]<\/a>. No es correcto considerar el aumento de poblaci\u00f3n como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista econ\u00f3mico: baste pensar, por un lado, en la notable disminuci\u00f3n de la mortalidad infantil y el aumento de la edad media que se produce en los pa\u00edses econ\u00f3micamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminuci\u00f3n de la natalidad. Obviamente, se ha de seguir prestando la debida atenci\u00f3n a una procreaci\u00f3n responsable que, por lo dem\u00e1s, es una contribuci\u00f3n efectiva al desarrollo humano integral. La Iglesia, que se interesa por el verdadero desarrollo del hombre, exhorta a \u00e9ste a que respete los valores humanos tambi\u00e9n en el ejercicio de la sexualidad: \u00e9sta no puede quedar reducida a un mero hecho hedonista y l\u00fadico, del mismo modo que la educaci\u00f3n sexual no se puede limitar a una instrucci\u00f3n t\u00e9cnica, con la \u00fanica preocupaci\u00f3n de proteger a los interesados de eventuales contagios o del \u00abriesgo\u00bb de procrear. Esto equivaldr\u00eda a empobrecer y descuidar el significado profundo de la sexualidad, que debe ser en cambio reconocido y asumido con responsabilidad por la persona y la comunidad. En efecto, la responsabilidad evita tanto que se considere la sexualidad como una simple fuente de placer, como que se regule con pol\u00edticas de planificaci\u00f3n forzada de la natalidad. En ambos casos se trata de concepciones y pol\u00edticas materialistas, en las que las personas acaban padeciendo diversas formas de violencia. Frente a todo esto, se debe resaltar la competencia primordial que en este campo tienen las familias<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn111\" name=\"_ednref111\">[111]<\/a>\u00a0respecto del Estado y sus pol\u00edticas restrictivas, as\u00ed como una adecuada educaci\u00f3n de los padres.<\/p>\n<p><i>La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y econ\u00f3mica<\/i>. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias tambi\u00e9n al gran n\u00famero y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en alg\u00fan caso de decadencia, precisamente a causa del bajo \u00edndice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar. La disminuci\u00f3n de los nacimientos, a veces por debajo del llamado \u00ab\u00edndice de reemplazo generacional\u00bb, pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social, aumenta los costes, merma la reserva del ahorro y, consiguientemente, los recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de trabajadores cualificados y disminuye la reserva de \u00abcerebros\u00bb a los que recurrir para las necesidades de la naci\u00f3n. Adem\u00e1s, las familias peque\u00f1as, o muy peque\u00f1as a veces, corren el riesgo de empobrecer las relaciones sociales y de no asegurar formas eficaces de solidaridad. Son situaciones que presentan s\u00edntomas de escasa confianza en el futuro y de fatiga moral. Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso econ\u00f3mica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sinton\u00eda con las exigencias m\u00e1s profundas del coraz\u00f3n y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados est\u00e1n llamados a\u00a0<i>establecer pol\u00edticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia<\/i>, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, c\u00e9lula primordial y vital de la sociedad<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn112\" name=\"_ednref112\">[112]<\/a>, haci\u00e9ndose cargo tambi\u00e9n de sus problemas econ\u00f3micos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional.<\/p>\n<p><a name=\"45\"><\/a>45. Responder a las exigencias morales m\u00e1s profundas de la persona tiene tambi\u00e9n importantes efectos beneficiosos en el plano econ\u00f3mico. En efecto,\u00a0<i>la econom\u00eda tiene necesidad de la \u00e9tica para su correcto funcionamiento<\/i>; no de una \u00e9tica cualquiera, sino de una \u00e9tica amiga de la persona. Hoy se habla mucho de \u00e9tica en el campo econ\u00f3mico, bancario y empresarial. Surgen centros de estudio y programas formativos de\u00a0<i>business ethics<\/i>; se difunde en el mundo desarrollado el sistema de certificaciones \u00e9ticas, siguiendo la l\u00ednea del movimiento de ideas nacido en torno a la responsabilidad social de la empresa. Los bancos proponen cuentas y fondos de inversi\u00f3n llamados \u00ab\u00e9ticos\u00bb. Se desarrolla una \u00abfinanza \u00e9tica\u00bb, sobre todo mediante el microcr\u00e9dito y, m\u00e1s en general, la microfinanciaci\u00f3n. Dichos procesos son apreciados y merecen un amplio apoyo. Sus efectos positivos llegan incluso a las \u00e1reas menos desarrolladas de la tierra. Conviene, sin embargo, elaborar un criterio de discernimiento v\u00e1lido, pues se nota un cierto abuso del adjetivo \u00ab\u00e9tico\u00bb que, usado de manera gen\u00e9rica, puede abarcar tambi\u00e9n contenidos completamente distintos, hasta el punto de hacer pasar por \u00e9ticas decisiones y opciones contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre.<\/p>\n<p>En efecto, mucho depende del sistema moral de referencia. Sobre este aspecto, la doctrina social de la Iglesia ofrece una aportaci\u00f3n espec\u00edfica, que se funda en la creaci\u00f3n del hombre \u00aba imagen de Dios\u00bb (<i>Gn<\/i>\u00a01,27), algo que comporta la inviolable dignidad de la persona humana, as\u00ed como el valor trascendente de las normas morales naturales. Una \u00e9tica econ\u00f3mica que prescinda de estos dos pilares correr\u00eda el peligro de perder inevitablemente su propio significado y prestarse as\u00ed a ser instrumentalizada; m\u00e1s concretamente, correr\u00eda el riesgo de amoldarse a los sistemas econ\u00f3mico-financieros existentes, en vez de corregir sus disfunciones. Adem\u00e1s, podr\u00eda acabar incluso justificando la financiaci\u00f3n de proyectos no \u00e9ticos. Es necesario, pues, no recurrir a la palabra \u00ab\u00e9tica\u00bb de una manera ideol\u00f3gicamente discriminatoria, dando a entender que no ser\u00edan \u00e9ticas las iniciativas no etiquetadas formalmente con esa cualificaci\u00f3n. Conviene esforzarse \u2014la observaci\u00f3n aqu\u00ed es esencial\u2014 no s\u00f3lo para que surjan sectores o segmentos \u00ab\u00e9ticos\u00bb de la econom\u00eda o de las finanzas, sino para que toda la econom\u00eda y las finanzas sean \u00e9ticas y lo sean no por una etiqueta externa, sino por el respeto de exigencias intr\u00ednsecas de su propia naturaleza. A este respecto, la doctrina social de la Iglesia habla con claridad, recordando que la econom\u00eda, en todas sus ramas, es un sector de la actividad humana<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn113\" name=\"_ednref113\">[113]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"46\"><\/a>46. Respecto al tema de la\u00a0<i>relaci\u00f3n entre empresa y \u00e9tica<\/i>, as\u00ed como de la evoluci\u00f3n que est\u00e1 teniendo el sistema productivo, parece que la distinci\u00f3n hasta ahora m\u00e1s difundida entre empresas destinadas al beneficio (<i>profit<\/i>) y organizaciones sin \u00e1nimo de lucro (<i>non profit<\/i>) ya no refleja plenamente la realidad, ni es capaz de orientar eficazmente el futuro. En estos \u00faltimos decenios, ha ido surgiendo una amplia zona intermedia entre los dos tipos de empresas. Esa zona intermedia est\u00e1 compuesta por empresas tradicionales que, sin embargo, suscriben pactos de ayuda a pa\u00edses atrasados; por fundaciones promovidas por empresas concretas; por grupos de empresas que tienen objetivos de utilidad social; por el amplio mundo de agentes de la llamada econom\u00eda civil y de comuni\u00f3n. No se trata s\u00f3lo de un \u00abtercer sector\u00bb, sino de una nueva y amplia realidad compuesta, que implica al sector privado y p\u00fablico y que no excluye el beneficio, pero lo considera instrumento para objetivos humanos y sociales. Que estas empresas distribuyan m\u00e1s o menos los beneficios, o que adopten una u otra configuraci\u00f3n jur\u00eddica prevista por la ley, es secundario respecto a su disponibilidad para concebir la ganancia como un instrumento para alcanzar objetivos de humanizaci\u00f3n del mercado y de la sociedad. Es de desear que estas nuevas formas de empresa encuentren en todos los pa\u00edses tambi\u00e9n un marco jur\u00eddico y fiscal adecuado. As\u00ed, sin restar importancia y utilidad econ\u00f3mica y social a las formas tradicionales de empresa, hacen evolucionar el sistema hacia una asunci\u00f3n m\u00e1s clara y plena de los deberes por parte de los agentes econ\u00f3micos. Y no s\u00f3lo esto.\u00a0<i>La misma pluralidad de las formas institucionales de empresa es lo que promueve un mercado m\u00e1s c\u00edvico y al mismo tiempo m\u00e1s competitivo<\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"47\"><\/a>47. La potenciaci\u00f3n de los diversos tipos de empresas y, en particular, de los que son capaces de concebir el beneficio como un instrumento para conseguir objetivos de humanizaci\u00f3n del mercado y de la sociedad, hay que llevarla a cabo incluso en pa\u00edses excluidos o marginados de los circuitos de la econom\u00eda global, donde es muy importante proceder con proyectos de subsidiaridad convenientemente dise\u00f1ados y gestionados, que tiendan a promover los derechos, pero previendo siempre que se asuman tambi\u00e9n las correspondientes responsabilidades. En las\u00a0<i>iniciativas para el desarrollo<\/i>\u00a0debe quedar a salvo el principio de la\u00a0<i>centralidad de la persona humana<\/i>, que es quien debe asumirse en primer lugar el deber del desarrollo. Lo que interesa principalmente es la mejora de las condiciones de vida de las personas concretas de una cierta regi\u00f3n, para que puedan satisfacer aquellos deberes que la indigencia no les permite observar actualmente. La preocupaci\u00f3n nunca puede ser una actitud abstracta. Los programas de desarrollo, para poder adaptarse a las situaciones concretas, han de ser flexibles; y las personas que se beneficien deben implicarse directamente en su planificaci\u00f3n y convertirse en protagonistas de su realizaci\u00f3n. Tambi\u00e9n es necesario aplicar los criterios de progresi\u00f3n y acompa\u00f1amiento \u2014incluido el seguimiento de los resultados\u2014, porque no hay recetas universalmente v\u00e1lidas. Mucho depende de la gesti\u00f3n concreta de las intervenciones. \u00abConstructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsables de \u00e9l. Pero no lo realizar\u00e1n en el aislamiento\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn114\" name=\"_ednref114\">[114]<\/a>. Hoy, con la consolidaci\u00f3n del proceso de progresiva integraci\u00f3n del planeta, esta exhortaci\u00f3n de Pablo VI es m\u00e1s v\u00e1lida todav\u00eda. Las din\u00e1micas de inclusi\u00f3n no tienen nada de mec\u00e1nico. Las soluciones se han de ajustar a la vida de los pueblos y de las personas concretas, bas\u00e1ndose en una valoraci\u00f3n prudencial de cada situaci\u00f3n. Al lado de los macroproyectos son necesarios los microproyectos y, sobre todo, es necesaria la movilizaci\u00f3n efectiva de todos los sujetos de la sociedad civil, tanto de las personas jur\u00eddicas como de las personas f\u00edsicas.<\/p>\n<p>La\u00a0<i>cooperaci\u00f3n internacional<\/i>\u00a0necesita personas que participen en el proceso del desarrollo econ\u00f3mico y humano, mediante la solidaridad de la presencia, el acompa\u00f1amiento, la formaci\u00f3n y el respeto. Desde este punto de vista, los propios organismos internacionales deber\u00edan preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocr\u00e1ticos y administrativos, frecuentemente demasiado costosos. A veces, el destinatario de las ayudas resulta \u00fatil para quien lo ayuda y, as\u00ed, los pobres sirven para mantener costosos organismos burocr\u00e1ticos, que destinan a la propia conservaci\u00f3n un porcentaje demasiado elevado de esos recursos que deber\u00edan ser destinados al desarrollo. A este respecto, cabr\u00eda desear que los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales se esforzaran por una transparencia total, informando a los donantes y a la opini\u00f3n p\u00fablica sobre la proporci\u00f3n de los fondos recibidos que se destina a programas de cooperaci\u00f3n, sobre el verdadero contenido de dichos programas y, en fin, sobre la distribuci\u00f3n de los gastos de la instituci\u00f3n misma.<\/p>\n<p><a name=\"48\"><\/a>48. El tema del desarrollo est\u00e1 tambi\u00e9n muy unido hoy a los deberes que nacen de la\u00a0<i>relaci\u00f3n del hombre con el<\/i>\u00a0<i>ambiente natural.<\/i>\u00a0\u00c9ste es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad. Cuando se considera la naturaleza, y en primer lugar al ser humano, fruto del azar o del determinismo evolutivo, disminuye el sentido de la responsabilidad en las conciencias. El creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervenci\u00f3n creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus leg\u00edtimas necesidades \u2014materiales e inmateriales\u2014 respetando el equilibrio inherente a la creaci\u00f3n misma. Si se desvanece esta visi\u00f3n, se acaba por considerar la naturaleza como un tab\u00fa intocable o, al contrario, por abusar de ella. Ambas posturas no son conformes con la visi\u00f3n cristiana de la naturaleza, fruto de la creaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p><i>La naturaleza es expresi\u00f3n de un proyecto de amor y de verdad<\/i>. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como \u00e1mbito de vida. Nos habla del Creador (cf.\u00a0<i>Rm<\/i>\u00a01,20) y de su amor a la humanidad. Est\u00e1 destinada a encontrar la \u00abplenitud\u00bb en Cristo al final de los tiempos (cf.\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a01,9-10;\u00a0<i>Col<\/i>\u00a01,19-20). Tambi\u00e9n ella, por tanto, es una \u00abvocaci\u00f3n\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn115\" name=\"_ednref115\">[115]<\/a>. La naturaleza est\u00e1 a nuestra disposici\u00f3n no como un \u00abmont\u00f3n de desechos esparcidos al azar\u00bb,<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn116\" name=\"_ednref116\">[116]<\/a>\u00a0sino como un don del Creador que ha dise\u00f1ado sus estructuras intr\u00ednsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se deben seguir para \u00abguardarla y cultivarla\u00bb (cf.\u00a0<i>Gn<\/i>\u00a02,15). Pero se ha de subrayar que es contrario al verdadero desarrollo considerar la naturaleza como m\u00e1s importante que la persona humana misma. Esta postura conduce a actitudes neopaganas o de nuevo pante\u00edsmo: la salvaci\u00f3n del hombre no puede venir \u00fanicamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista.\u00a0 Por otra parte, tambi\u00e9n es necesario refutar la posici\u00f3n contraria, que mira a su completa tecnificaci\u00f3n, porque el ambiente natural no es s\u00f3lo materia disponible a nuestro gusto, sino obra admirable del Creador y que lleva en s\u00ed una \u00abgram\u00e1tica\u00bb que indica finalidad y criterios para un uso inteligente, no instrumental y arbitrario. Hoy, muchos perjuicios al desarrollo provienen en realidad de estas maneras de pensar distorsionadas. Reducir completamente la naturaleza a un conjunto de simples datos f\u00e1cticos acaba siendo fuente de violencia para con el ambiente, provocando adem\u00e1s conductas que no respetan la naturaleza del hombre mismo. \u00c9sta, en cuanto se compone no s\u00f3lo de materia, sino tambi\u00e9n de esp\u00edritu, y por tanto rica de significados y fines trascendentes, tiene un car\u00e1cter normativo incluso para la cultura. El hombre interpreta y modela el ambiente natural mediante la cultura, la cual es orientada a su vez por la libertad responsable, atenta a los dict\u00e1menes de la ley moral. Por tanto, los proyectos para un desarrollo humano integral no pueden ignorar a las generaciones sucesivas, sino que\u00a0<i>han de caracterizarse por la solidaridad y la<\/i>\u00a0<i>justicia intergeneracional<\/i>, teniendo en cuenta m\u00faltiples aspectos, como el ecol\u00f3gico, el jur\u00eddico, el econ\u00f3mico, el pol\u00edtico y el cultural<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn117\" name=\"_ednref117\">[117]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"49\"><\/a>49. Hoy, las cuestiones relacionadas con el cuidado y salvaguardia del ambiente han de tener debidamente en cuenta los\u00a0<i>problemas energ\u00e9ticos.<\/i>\u00a0En efecto, el acaparamiento por parte de algunos estados, grupos de poder y empresas de recursos energ\u00e9ticos no renovables, es un grave obst\u00e1culo para el desarrollo de los pa\u00edses pobres. \u00c9stos no tienen medios econ\u00f3micos ni para acceder a las fuentes energ\u00e9ticas no renovables ya existentes ni para financiar la b\u00fasqueda de fuentes nuevas y alternativas. La acumulaci\u00f3n de recursos naturales, que en muchos casos se encuentran precisamente en pa\u00edses pobres, causa explotaci\u00f3n y conflictos frecuentes entre las naciones y en su interior. Dichos conflictos se producen con frecuencia precisamente en el territorio de esos pa\u00edses, con graves consecuencias de muertes, destrucci\u00f3n y mayor degradaci\u00f3n a\u00fan. La comunidad internacional tiene el deber imprescindible de encontrar los modos institucionales para ordenar el aprovechamiento de los recursos no renovables, con la participaci\u00f3n tambi\u00e9n de los pa\u00edses pobres, y planificar as\u00ed conjuntamente el futuro.<\/p>\n<p>En este sentido, hay tambi\u00e9n una\u00a0<i>urgente necesidad moral de una renovada solidaridad<\/i>, especialmente en las relaciones entre pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo y pa\u00edses altamente industrializados<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn118\" name=\"_ednref118\">[118]<\/a>. Las sociedades tecnol\u00f3gicamente avanzadas pueden y deben disminuir el propio gasto energ\u00e9tico, bien porque las actividades manufactureras evolucionan, bien porque entre sus ciudadanos se difunde una mayor sensibilidad ecol\u00f3gica. Adem\u00e1s, se debe a\u00f1adir que hoy se puede mejorar la eficacia energ\u00e9tica y al mismo tiempo progresar en la b\u00fasqueda de energ\u00edas alternativas. Pero es tambi\u00e9n necesaria una redistribuci\u00f3n planetaria de los recursos energ\u00e9ticos, de manera que tambi\u00e9n los pa\u00edses que no los tienen puedan acceder a ellos. Su destino no puede dejarse en manos del primero que llega o depender de la l\u00f3gica del m\u00e1s fuerte. Se trata de problemas relevantes que, para ser afrontados de manera adecuada, requieren por parte de todos una responsable toma de conciencia de las consecuencias que afectar\u00e1n a las nuevas generaciones, y sobre todo a los numerosos j\u00f3venes que viven en los pueblos pobres, los cuales \u00abreclaman tener su parte activa en la construcci\u00f3n de un mundo mejor\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn119\" name=\"_ednref119\">[119]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"50\"><\/a>50. Esta responsabilidad es global, porque no concierne s\u00f3lo a la energ\u00eda, sino a toda la creaci\u00f3n, para no dejarla a las nuevas generaciones empobrecida en sus recursos. Es l\u00edcito que el hombre\u00a0<i>gobierne responsablemente la naturaleza<\/i>\u00a0para custodiarla, hacerla productiva y cultivarla tambi\u00e9n con m\u00e9todos nuevos y tecnolog\u00edas avanzadas, de modo que pueda acoger y alimentar dignamente a la poblaci\u00f3n que la habita. En nuestra tierra hay lugar para todos: en ella toda la familia humana debe encontrar los recursos necesarios para vivir dignamente, con la ayuda de la naturaleza misma, don de Dios a sus hijos, con el tes\u00f3n del propio trabajo y de la propia inventiva. Pero debemos considerar un deber muy grave el dejar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultiv\u00e1ndola. Eso comporta \u00abel compromiso de decidir juntos despu\u00e9s de haber ponderado responsablemente la v\u00eda a seguir, con el objetivo de fortalecer esa\u00a0<i>alianza entre ser humano y medio ambiente<\/i>\u00a0que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn120\" name=\"_ednref120\">[120]<\/a>. Es de desear que la comunidad internacional y cada gobierno sepan contrarrestar eficazmente los modos de utilizar el ambiente que le sean nocivos. Y tambi\u00e9n las autoridades competentes han de hacer los esfuerzos necesarios para que los costes econ\u00f3micos y sociales que se derivan del uso de los recursos ambientales comunes se reconozcan de manera transparente y sean sufragados totalmente por aquellos que se benefician, y no por otros o por las futuras generaciones. La protecci\u00f3n del entorno, de los recursos y del clima requiere que todos los responsables internacionales act\u00faen conjuntamente y demuestren prontitud para obrar de buena fe, en el respeto de la ley y la solidaridad con las regiones m\u00e1s d\u00e9biles del planeta<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn121\" name=\"_ednref121\">[121]<\/a>. Una de las mayores tareas de la econom\u00eda es precisamente el uso m\u00e1s eficaz de los recursos, no el abuso, teniendo siempre presente que el concepto de eficiencia no es axiol\u00f3gicamente neutral.<\/p>\n<p><a name=\"51\"><\/a>51.\u00a0<i>El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a s\u00ed mismo, y viceversa<\/i>. Esto exige que la sociedad actual revise seriamente su estilo de vida que, en muchas partes del mundo, tiende al hedonismo y al consumismo, despreocup\u00e1ndose de los da\u00f1os que de ello se derivan<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn122\" name=\"_ednref122\">[122]<\/a>. Es necesario un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar\u00a0<i>nuevos estilos de vida<\/i>,<i>\u00a0<\/i>\u00aba tenor de los cuales la b\u00fasqueda de la verdad, de la belleza y del bien, as\u00ed como la comuni\u00f3n con los dem\u00e1s hombres para un crecimiento com\u00fan sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn123\" name=\"_ednref123\">[123]<\/a>. Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce da\u00f1os ambientales, as\u00ed como la degradaci\u00f3n ambiental, a su vez, provoca insatisfacci\u00f3n en las relaciones sociales. La naturaleza, especialmente en nuestra \u00e9poca, est\u00e1 tan integrada en la din\u00e1mica social y cultural que pr\u00e1cticamente ya no constituye una variable independiente. La desertizaci\u00f3n y el empobrecimiento productivo de algunas \u00e1reas agr\u00edcolas son tambi\u00e9n fruto del empobrecimiento de sus habitantes y de su atraso. Cuando se promueve el desarrollo econ\u00f3mico y cultural de estas poblaciones, se tutela tambi\u00e9n la naturaleza. Adem\u00e1s, muchos recursos naturales quedan devastados con las guerras. La paz de los pueblos y entre los pueblos permitir\u00eda tambi\u00e9n una mayor salvaguardia de la naturaleza. El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas. Un acuerdo pac\u00edfico sobre el uso de los recursos puede salvaguardar la naturaleza y, al mismo tiempo, el bienestar de las sociedades interesadas.<\/p>\n<p><i>La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creaci\u00f3n<\/i>\u00a0y la debe hacer valer en p\u00fablico. Y, al hacerlo, no s\u00f3lo debe defender la tierra, el agua y el aire como\u00a0dones de la creaci\u00f3n que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucci\u00f3n de s\u00ed mismo. Es necesario que exista una especie de ecolog\u00eda del hombre bien entendida. En efecto, la degradaci\u00f3n de la naturaleza est\u00e1 estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana:\u00a0<i>cuando se respeta la \u00abecolog\u00eda humana\u00bb<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn124\" name=\"_ednref124\">[124]<\/a><i>\u00a0en la sociedad, tambi\u00e9n la ecolog\u00eda ambiental se beneficia<\/i>. As\u00ed como las virtudes humanas est\u00e1n interrelacionadas, de modo que el debilitamiento de una pone en peligro tambi\u00e9n a las otras, as\u00ed tambi\u00e9n el sistema ecol\u00f3gico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relaci\u00f3n con la naturaleza.<\/p>\n<p>Para salvaguardar la naturaleza no basta intervenir con incentivos o desincentivos econ\u00f3micos, y ni siquiera basta con una instrucci\u00f3n adecuada. \u00c9stos son instrumentos importantes, pero\u00a0<i>el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad<\/i>. Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepci\u00f3n, la gestaci\u00f3n y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigaci\u00f3n, la conciencia com\u00fan acaba perdiendo el concepto de ecolog\u00eda humana y con ello de la ecolog\u00eda ambiental. Es una contradicci\u00f3n pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educaci\u00f3n y las leyes no las ayudan a respetarse a s\u00ed mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente est\u00e1n relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en s\u00ed misma y en su relaci\u00f3n con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y da\u00f1a a la sociedad.<\/p>\n<p><a name=\"52\"><\/a>52. La verdad, y el amor que ella desvela, no se pueden producir, s\u00f3lo se pueden acoger. Su \u00faltima fuente no es, ni puede ser, el hombre, sino Dios, o sea Aquel que es Verdad y Amor. Este principio es muy importante para la sociedad y para el desarrollo, en cuanto que ni la Verdad ni el Amor pueden ser s\u00f3lo productos humanos; la vocaci\u00f3n misma al desarrollo de las personas y de los pueblos no se fundamenta en una simple deliberaci\u00f3n humana, sino que est\u00e1 inscrita en un plano que nos precede y que para todos nosotros es un deber que ha de ser acogido libremente. Lo que nos precede y constituye \u2014el Amor y la Verdad subsistentes\u2014 nos indica qu\u00e9 es el bien y en qu\u00e9 consiste nuestra felicidad.\u00a0<i>Nos se\u00f1ala as\u00ed el camino hacia el verdadero desarrollo<\/i>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b><a name=\"CAP%C3%8DTULO__QUINTO\"><\/a>CAP\u00cdTULO\u00a0 QUINTO<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color: #663300;\"><b>LA\u00a0COLABORACI\u00d3N<br \/>\nDE\u00a0LA\u00a0FAMILIA\u00a0HUMANA<\/b><\/span><\/p>\n<p><a name=\"53\"><\/a>53. Una de las pobrezas m\u00e1s hondas que el hombre puede experimentar es la soledad. Ciertamente, tambi\u00e9n las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar. Con frecuencia, son provocadas por el rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerraz\u00f3n del hombre en s\u00ed mismo, pensando ser autosuficiente, o bien un mero hecho insignificante y pasajero, un \u00abextranjero\u00bb en un universo que se ha formado por casualidad. El hombre est\u00e1 alienado cuando vive solo o se aleja de la realidad, cuando renuncia a pensar y creer en un Fundamento<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn125\" name=\"_ednref125\">[125]<\/a>. Toda la humanidad est\u00e1 alienada cuando se entrega a proyectos exclusivamente humanos, a ideolog\u00edas y utop\u00edas falsas<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn126\" name=\"_ednref126\">[126]<\/a>. Hoy la humanidad aparece mucho m\u00e1s interactiva que antes: esa mayor vecindad debe transformarse en verdadera comuni\u00f3n.\u00a0<i>El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia<\/i>, que colabora con verdadera comuni\u00f3n y est\u00e1 integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn127\" name=\"_ednref127\">[127]<\/a>.<\/p>\n<p>Pablo VI se\u00f1alaba que \u00abel mundo se encuentra en un lamentable vac\u00edo de ideas\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn128\" name=\"_ednref128\">[128]<\/a>. La afirmaci\u00f3n contiene una constataci\u00f3n, pero sobre todo una aspiraci\u00f3n: es preciso un nuevo impulso del pensamiento para comprender mejor lo que implica ser una familia; la interacci\u00f3n entre los pueblos del planeta nos urge a dar ese impulso, para que la integraci\u00f3n se desarrolle bajo el signo de la solidaridad<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn129\" name=\"_ednref129\">[129]<\/a>\u00a0en vez del de la marginaci\u00f3n. Dicho pensamiento obliga a una\u00a0<i>profundizaci\u00f3n cr\u00edtica y valorativa de la categor\u00eda de la relaci\u00f3n<\/i>. Es un compromiso que no puede llevarse a cabo s\u00f3lo con las ciencias sociales, dado que requiere la aportaci\u00f3n de saberes como la metaf\u00edsica y la teolog\u00eda, para captar con claridad la dignidad trascendente del hombre.<\/p>\n<p>La criatura humana, en cuanto de naturaleza espiritual, se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto m\u00e1s las vive de manera aut\u00e9ntica, tanto m\u00e1s madura tambi\u00e9n en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aisl\u00e1ndose sino poni\u00e9ndose en relaci\u00f3n con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental. Esto vale tambi\u00e9n para los pueblos. Consiguientemente, resulta muy \u00fatil para su desarrollo una visi\u00f3n metaf\u00edsica de la relaci\u00f3n entre las personas. A este respecto, la raz\u00f3n encuentra inspiraci\u00f3n y orientaci\u00f3n en la revelaci\u00f3n cristiana, seg\u00fan la cual la comunidad de los hombres no absorbe en s\u00ed a la persona anulando su autonom\u00eda, como ocurre en las diversas formas del totalitarismo, sino que la valoriza m\u00e1s a\u00fan porque la relaci\u00f3n entre persona y comunidad es la de un todo hacia otro todo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn130\" name=\"_ednref130\">[130]<\/a>. De la misma manera que la comunidad familiar no anula en su seno a las personas que la componen, y la Iglesia misma valora plenamente la \u00abcriatura nueva\u00bb<i>\u00a0<\/i>(<i>Ga<\/i>\u00a06,15;\u00a0<i>2 Co<\/i>\u00a05,17), que por el bautismo se inserta en su Cuerpo vivo, as\u00ed tambi\u00e9n la unidad de la familia humana no anula de por s\u00ed a las personas, los pueblos o las culturas, sino que los hace m\u00e1s transparentes los unos con los otros, m\u00e1s unidos en su leg\u00edtima diversidad.<\/p>\n<p><a name=\"54\"><\/a>54. El tema del desarrollo coincide con el de la inclusi\u00f3n relacional de todas las personas y de todos los pueblos en la \u00fanica comunidad de la familia humana, que se construye en la solidaridad sobre la base de los valores fundamentales de la justicia y la paz. Esta perspectiva se ve iluminada de manera decisiva por la relaci\u00f3n entre las Personas de la Trinidad en la \u00fanica Sustancia divina. La Trinidad es absoluta unidad, en cuanto las tres Personas divinas son relacionalidad pura. La transparencia rec\u00edproca entre las Personas divinas es plena y el v\u00ednculo de una con otra total, porque constituyen una absoluta unidad y unicidad. Dios nos quiere tambi\u00e9n asociar a esa realidad de comuni\u00f3n: \u00abpara que sean uno, como nosotros somos uno\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a017,22). La Iglesia es signo e instrumento de esta unidad<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn131\" name=\"_ednref131\">[131]<\/a>. Tambi\u00e9n las relaciones entre los hombres a lo largo de la historia se han beneficiado de la referencia a este Modelo divino. En particular,\u00a0<i>a la luz del misterio revelado de la Trinidad<\/i>, se comprende que la verdadera apertura no significa dispersi\u00f3n centr\u00edfuga, sino compenetraci\u00f3n profunda. Esto se manifiesta tambi\u00e9n en las experiencias humanas comunes del amor y de la verdad. Como el amor sacramental une a los esposos espiritualmente en \u00abuna sola carne\u00bb (<i>Gn<\/i>\u00a02,24;\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a019,5;\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a05,31), y de dos que eran hace de ellos una unidad relacional y real, de manera an\u00e1loga la verdad une los esp\u00edritus entre s\u00ed y los hace pensar al un\u00edsono, atray\u00e9ndolos y uni\u00e9ndolos en ella.<\/p>\n<p><a name=\"55\"><\/a>55. La revelaci\u00f3n cristiana sobre la unidad del g\u00e9nero humano presupone\u00a0<i>una interpretaci\u00f3n metaf\u00edsica del<\/i>\u00a0<i>humanum, en la que la relacionalidad es elemento esencial<\/i>. Tambi\u00e9n otras culturas y otras religiones ense\u00f1an la fraternidad y la paz y, por tanto, son de gran importancia para el desarrollo humano integral. Sin embargo, no faltan actitudes religiosas y culturales en las que no se asume plenamente el principio del amor y de la verdad, terminando as\u00ed por frenar el verdadero desarrollo humano e incluso por impedirlo. El mundo de hoy est\u00e1 siendo atravesado por algunas culturas de trasfondo religioso, que no llevan al hombre a la comuni\u00f3n, sino que lo a\u00edslan en la b\u00fasqueda del bienestar individual, limit\u00e1ndose a gratificar las expectativas psicol\u00f3gicas. Tambi\u00e9n una cierta proliferaci\u00f3n de itinerarios religiosos de peque\u00f1os grupos, e incluso de personas individuales, as\u00ed como el sincretismo religioso, pueden ser factores de dispersi\u00f3n y de falta de compromiso. Un posible efecto negativo del proceso de globalizaci\u00f3n es la tendencia a favorecer dicho sincretismo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn132\" name=\"_ednref132\">[132]<\/a>, alimentando formas de \u00abreligi\u00f3n\u00bb que alejan a las personas unas de otras, en vez de hacer que se encuentren, y las apartan de la realidad. Al mismo tiempo, persisten a veces parcelas culturales y religiosas que encasillan la sociedad en castas sociales est\u00e1ticas, en creencias m\u00e1gicas que no respetan la dignidad de la persona, en actitudes de sumisi\u00f3n a fuerzas ocultas. En esos contextos, el amor y la verdad encuentran dificultad para afianzarse, perjudicando el aut\u00e9ntico desarrollo.<\/p>\n<p>Por este motivo, aunque es verdad que, por un lado, el desarrollo necesita de las religiones y de las culturas de los diversos pueblos, por otro lado, sigue siendo verdad tambi\u00e9n que es necesario un adecuado discernimiento. La libertad religiosa no significa indiferentismo religioso y no comporta que todas las religiones sean iguales<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn133\" name=\"_ednref133\">[133]<\/a>. El discernimiento sobre la contribuci\u00f3n de las culturas y de las religiones es necesario para la construcci\u00f3n de la comunidad social en el respeto del bien com\u00fan, sobre todo para quien ejerce el poder pol\u00edtico. Dicho discernimiento deber\u00e1 basarse en el criterio de la caridad y de la verdad. Puesto que est\u00e1 en juego el desarrollo de las personas y de los pueblos, tendr\u00e1 en cuenta la posibilidad de emancipaci\u00f3n y de inclusi\u00f3n en la \u00f3ptica de una comunidad humana verdaderamente universal. El criterio para evaluar las culturas y las religiones es tambi\u00e9n \u00abtodo el hombre y todos los hombres\u00bb. El cristianismo, religi\u00f3n del \u00abDios que tiene un rostro humano\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn134\" name=\"_ednref134\">[134]<\/a>, lleva en s\u00ed mismo un criterio similar.<\/p>\n<p><a name=\"56\"><\/a>56. La religi\u00f3n cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo\u00a0<i>solamente si Dios tiene un lugar en la esfera p\u00fablica<\/i>, con espec\u00edfica referencia a la dimensi\u00f3n cultural, social, econ\u00f3mica y, en particular, pol\u00edtica. La doctrina social de la Iglesia ha nacido para reivindicar esa \u00abcarta de ciudadan\u00eda\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn135\" name=\"_ednref135\">[135]<\/a>\u00a0de la religi\u00f3n cristiana. La negaci\u00f3n del derecho a profesar p\u00fablicamente la propia religi\u00f3n y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren tambi\u00e9n la vida p\u00fablica, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusi\u00f3n de la religi\u00f3n del \u00e1mbito p\u00fablico, as\u00ed como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboraci\u00f3n para el progreso de la humanidad. La vida p\u00fablica se empobrece de motivaciones y la pol\u00edtica adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un di\u00e1logo fecundo y de una provechosa colaboraci\u00f3n entre la raz\u00f3n y la fe religiosa.\u00a0<i>La raz\u00f3n necesita siempre ser purificada por la fe<\/i>, y esto vale tambi\u00e9n para la raz\u00f3n pol\u00edtica, que no debe creerse omnipotente. A su vez,\u00a0<i>la religi\u00f3n tiene siempre necesidad de ser purificada por la raz\u00f3n<\/i>\u00a0para mostrar su aut\u00e9ntico rostro humano. La ruptura de este di\u00e1logo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad.<\/p>\n<p><a name=\"57\"><\/a>57. El di\u00e1logo fecundo entre fe y raz\u00f3n hace m\u00e1s eficaz el ejercicio de la caridad en el \u00e1mbito social y es el marco m\u00e1s apropiado para promover la\u00a0<i>colaboraci\u00f3n fraterna entre creyentes y no creyentes<\/i>, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad. Los Padres conciliares afirmaban en la Constituci\u00f3n pastoral\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>: \u00abSeg\u00fan la opini\u00f3n casi un\u00e1nime de creyentes y no creyentes, todo lo que existe en la tierra debe ordenarse al hombre como su centro y su culminaci\u00f3n\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn136\" name=\"_ednref136\">[136]<\/a>. Para los creyentes, el mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto de Dios. De ah\u00ed nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador. Sin duda,\u00a0<i>el principio de subsidiaridad<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn137\" name=\"_ednref137\">[137]<\/a>, expresi\u00f3n de la inalienable libertad, es una manifestaci\u00f3n particular de la caridad y criterio gu\u00eda para la colaboraci\u00f3n fraterna de creyentes y no creyentes. La subsidiaridad es ante todo una ayuda a la persona, a trav\u00e9s de la autonom\u00eda de los cuerpos intermedios. Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por s\u00ed mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participaci\u00f3n a la hora de asumir responsabilidades. La subsidiaridad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiaridad, al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constituci\u00f3n \u00edntima del ser humano, es el ant\u00eddoto m\u00e1s eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista. Ella puede dar raz\u00f3n tanto de la m\u00faltiple articulaci\u00f3n de los niveles y, por ello, de la pluralidad de los sujetos, como de su coordinaci\u00f3n. Por tanto, es un principio particularmente adecuado para gobernar la globalizaci\u00f3n y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano. Para no abrir la puerta a un peligroso poder universal de tipo monocr\u00e1tico,\u00a0<i>el gobierno de la globalizaci\u00f3n debe ser de tipo subsidiario<\/i>, articulado en m\u00faltiples niveles y planos diversos, que colaboren rec\u00edprocamente. La globalizaci\u00f3n necesita ciertamente una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecuci\u00f3n de un bien com\u00fan global; sin embargo, dicha autoridad deber\u00e1 estar organizada de modo subsidiario y con divisi\u00f3n de poderes<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn138\" name=\"_ednref138\">[138]<\/a>, tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz.<\/p>\n<p><a name=\"58\"><\/a>58.\u00a0<i>El principio de subsidiaridad debe mantenerse \u00edntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa<\/i>, porque as\u00ed como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, tambi\u00e9n es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabar\u00eda en el asistencialismo que humilla al necesitado. Esta regla de car\u00e1cter general se ha de tener muy en cuenta incluso cuando se afrontan los temas sobre las\u00a0<i>ayudas internacionales al desarrollo<\/i>. \u00c9stas, por encima de las intenciones de los donantes, pueden mantener a veces a un pueblo en un estado de dependencia, e incluso favorecer situaciones de dominio local y de explotaci\u00f3n en el pa\u00eds que las recibe. Las ayudas econ\u00f3micas, para que lo sean de verdad, no deben perseguir otros fines. Han de ser concedidas implicando no s\u00f3lo a los gobiernos de los pa\u00edses interesados, sino tambi\u00e9n a los agentes econ\u00f3micos locales y a los agentes culturales de la sociedad civil, incluidas las Iglesias locales. Los programas de ayuda han de adaptarse cada vez m\u00e1s a la forma de los programas integrados y compartidos desde la base. En efecto, sigue siendo verdad que el recurso humano es el m\u00e1s valioso de los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo: \u00e9ste es el aut\u00e9ntico capital que se ha de potenciar para asegurar a los pa\u00edses m\u00e1s pobres un futuro verdaderamente aut\u00f3nomo. Conviene recordar tambi\u00e9n que, en el campo econ\u00f3mico, la ayuda principal que necesitan los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo es permitir y favorecer cada vez m\u00e1s el ingreso de sus productos en los mercados internacionales, posibilitando as\u00ed su plena participaci\u00f3n en la vida econ\u00f3mica internacional. En el pasado, las ayudas han servido con demasiada frecuencia s\u00f3lo para crear mercados marginales de los productos de esos pa\u00edses. Esto se debe muchas veces a una falta de verdadera demanda de estos productos: por tanto, es necesario ayudar a esos pa\u00edses a mejorar sus productos y a adaptarlos mejor a la demanda. Adem\u00e1s, algunos han temido con frecuencia la competencia de las importaciones de productos, normalmente agr\u00edcolas, provenientes de los pa\u00edses econ\u00f3micamente pobres. Sin embargo, se ha de recordar que la posibilidad de comercializar dichos productos significa a menudo garantizar su supervivencia a corto o largo plazo. Un comercio internacional justo y equilibrado en el campo agr\u00edcola puede reportar beneficios a todos, tanto en la oferta como en la demanda. Por este motivo, no s\u00f3lo es necesario orientar comercialmente esos productos, sino establecer reglas comerciales internacionales que los sostengan, y reforzar la financiaci\u00f3n del desarrollo para hacer m\u00e1s productivas esas econom\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"59\"><\/a>59.\u00a0<i>La cooperaci\u00f3n para el desarrollo<\/i>\u00a0no debe contemplar solamente la dimensi\u00f3n econ\u00f3mica; ha de ser una gran\u00a0<i>ocasi\u00f3n para el encuentro cultural y humano<\/i>. Si los sujetos de la cooperaci\u00f3n de los pa\u00edses econ\u00f3micamente desarrollados, como a veces sucede, no tienen en cuenta la identidad cultural propia y ajena, con sus valores humanos, no podr\u00e1n entablar di\u00e1logo alguno con los ciudadanos de los pa\u00edses pobres. Si \u00e9stos, a su vez, se abren con indiferencia y sin discernimiento a cualquier propuesta cultural, no estar\u00e1n en condiciones de asumir la responsabilidad de su aut\u00e9ntico desarrollo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn139\" name=\"_ednref139\">[139]<\/a>. Las sociedades tecnol\u00f3gicamente avanzadas no deben confundir el propio desarrollo tecnol\u00f3gico\u00a0con una presunta superioridad cultural, sino que deben redescubrir en s\u00ed mismas virtudes a veces olvidadas, que las han hecho florecer a lo largo de su historia. Las sociedades en crecimiento deben permanecer fieles a lo que hay de verdaderamente humano en sus tradiciones, evitando que superpongan autom\u00e1ticamente a ellas las formas de la civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica globalizada. En todas las culturas se dan singulares y m\u00faltiples convergencias \u00e9ticas, expresiones de una misma naturaleza humana, querida por el Creador, y que la sabidur\u00eda \u00e9tica de la humanidad llama ley natural<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn140\" name=\"_ednref140\">[140]<\/a>. Dicha ley moral universal es fundamento s\u00f3lido de todo di\u00e1logo cultural, religioso y pol\u00edtico, ayudando al pluralismo multiforme de las diversas culturas a que no se alejen de la b\u00fasqueda com\u00fan de la verdad, del bien y de Dios. Por tanto, la adhesi\u00f3n a esa ley escrita en los corazones es la base de toda colaboraci\u00f3n social constructiva. En todas las culturas hay costras que limpiar y sombras que despejar. La fe cristiana, que se encarna en las culturas trascendi\u00e9ndolas, puede ayudarlas a crecer en la convivencia y en la solidaridad universal, en beneficio del desarrollo comunitario y planetario.<\/p>\n<p><a name=\"60\"><\/a>60. En la b\u00fasqueda de soluciones para la crisis econ\u00f3mica actual,\u00a0<i>la ayuda al desarrollo de los pa\u00edses pobres debe considerarse un verdadero instrumento de creaci\u00f3n de riqueza para todos<\/i>. \u00bfQu\u00e9 proyecto de ayuda puede prometer un crecimiento de tan significativo valor \u2014incluso para la econom\u00eda mundial\u2014\u00a0 como la ayuda a poblaciones que se encuentran todav\u00eda en una fase inicial o poco avanzada de su proceso de desarrollo econ\u00f3mico? En esta perspectiva, los estados econ\u00f3micamente m\u00e1s desarrollados har\u00e1n lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado sobre este punto en el \u00e1mbito de la comunidad internacional. Lo podr\u00e1n hacer tambi\u00e9n revisando sus pol\u00edticas internas de asistencia y de solidaridad social, aplicando a ellas el principio de subsidiaridad y creando sistemas de seguridad social m\u00e1s integrados, con la participaci\u00f3n activa de las personas y de la sociedad civil. De esta manera, es posible tambi\u00e9n mejorar los servicios sociales y asistenciales y, al mismo tiempo, ahorrar recursos, eliminando derroches y rentas abusivas, para destinarlos a la solidaridad internacional. Un sistema de solidaridad social m\u00e1s participativo y org\u00e1nico, menos burocratizado pero no por ello menos coordinado, podr\u00eda revitalizar muchas energ\u00edas hoy adormecidas en favor tambi\u00e9n de la solidaridad entre los pueblos.<\/p>\n<p>Una posibilidad de ayuda para el desarrollo podr\u00eda venir de la aplicaci\u00f3n eficaz de la llamada subsidiaridad fiscal, que permitir\u00eda a los ciudadanos\u00a0decidir sobre el destino de los porcentajes de los impuestos que pagan al Estado. Esto puede ayudar, evitando degeneraciones particularistas, a fomentar formas de solidaridad social desde la base, con obvios beneficios tambi\u00e9n desde el punto de vista de la solidaridad para el desarrollo.<\/p>\n<p><a name=\"61\"><\/a>61. Una solidaridad m\u00e1s amplia a nivel internacional se manifiesta ante todo en seguir promoviendo, tambi\u00e9n en condiciones de crisis econ\u00f3mica,\u00a0<i>un mayor acceso a la<\/i>\u00a0<i>educaci\u00f3n<\/i>\u00a0que, por otro lado, es una condici\u00f3n esencial para la eficacia de la cooperaci\u00f3n internacional misma. Con el t\u00e9rmino \u00abeducaci\u00f3n\u00bb no nos referimos s\u00f3lo a la instrucci\u00f3n o a la formaci\u00f3n para el trabajo, que son dos causas importantes para el desarrollo, sino a la formaci\u00f3n completa de la persona. A este respecto, se ha de subrayar un aspecto problem\u00e1tico: para educar es preciso saber qui\u00e9n es la persona humana, conocer su naturaleza. Al afianzarse una visi\u00f3n relativista de dicha naturaleza plantea serios problemas a la educaci\u00f3n, sobre todo a la educaci\u00f3n moral, comprometiendo su difusi\u00f3n universal. Cediendo a este relativismo, todos se empobrecen m\u00e1s, con consecuencias negativas tambi\u00e9n para la eficacia de la ayuda a las poblaciones m\u00e1s necesitadas, a las que no faltan s\u00f3lo recursos econ\u00f3micos o t\u00e9cnicos, sino tambi\u00e9n modos y medios pedag\u00f3gicos que ayuden a las personas a lograr su plena realizaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Un ejemplo de la importancia de este problema lo tenemos en el\u00a0<i>fen\u00f3meno del turismo internacional<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn141\" name=\"_ednref141\">[141]<\/a>, que puede ser un notable factor de desarrollo econ\u00f3mico y crecimiento cultural, pero que en ocasiones puede transformarse en una forma de explotaci\u00f3n y degradaci\u00f3n moral. La situaci\u00f3n actual ofrece oportunidades singulares para que los aspectos econ\u00f3micos del desarrollo, es decir, los flujos de dinero y la aparici\u00f3n de experiencias empresariales locales significativas, se combinen con los culturales, y en primer lugar el educativo. En muchos casos es as\u00ed, pero en muchos otros el turismo internacional es una experiencia deseducativa, tanto para el turista como para las poblaciones locales. Con frecuencia, \u00e9stas se encuentran con conductas inmorales, y hasta perversas, como en el caso del llamado turismo sexual, al que se sacrifican tantos seres humanos, incluso de tierna edad. Es doloroso constatar que esto ocurre muchas veces con el respaldo de gobiernos locales, con el silencio de aquellos otros de donde proceden los turistas y con la complicidad de tantos operadores del sector. A\u00fan sin llegar a ese extremo, el turismo internacional se plantea con frecuencia de manera consumista y hedonista, como una evasi\u00f3n y con modos de organizaci\u00f3n t\u00edpicos de los pa\u00edses de origen, de forma que no se favorece un verdadero encuentro entre personas y culturas. Hay que pensar, pues, en un turismo distinto, capaz de promover un verdadero\u00a0conocimiento rec\u00edproco, que nada quite al descanso y a la sana diversi\u00f3n: hay que fomentar un turismo as\u00ed, tambi\u00e9n a trav\u00e9s de una relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con las experiencias de cooperaci\u00f3n internacional y de iniciativas empresariales para el desarrollo.<\/p>\n<p><a name=\"62\"><\/a>62. Otro aspecto digno de atenci\u00f3n, hablando del desarrollo humano integral, es el fen\u00f3meno de\u00a0<i>las<\/i>\u00a0<i>migraciones.<\/i>\u00a0Es un fen\u00f3meno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, econ\u00f3micos, pol\u00edticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dram\u00e1ticos desaf\u00edos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional. Podemos decir que estamos ante un fen\u00f3meno social que marca \u00e9poca, que requiere una fuerte y clarividente pol\u00edtica de cooperaci\u00f3n internacional para afrontarlo debidamente. Esta pol\u00edtica hay que desarrollarla partiendo de una estrecha colaboraci\u00f3n entre los pa\u00edses de procedencia y de destino de los emigrantes; ha de ir acompa\u00f1ada de adecuadas normativas internacionales capaces de armonizar los diversos ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes, as\u00ed como las de las sociedades de destino. Ning\u00fan pa\u00eds por s\u00ed solo puede ser capaz de hacer frente a los problemas migratorios actuales. Todos podemos ver el sufrimiento, el disgusto y las aspiraciones que conllevan los flujos migratorios. Como es sabido, es un fen\u00f3meno complejo de gestionar; sin embargo, est\u00e1 comprobado que los trabajadores extranjeros, no obstante las dificultades inherentes a su integraci\u00f3n, contribuyen de manera significativa con su trabajo al desarrollo econ\u00f3mico del pa\u00eds que los acoge, as\u00ed como a su pa\u00eds de origen a trav\u00e9s de las remesas de dinero. Obviamente, estos trabajadores no pueden ser considerados como una mercanc\u00eda o una mera fuerza laboral. Por tanto no deben ser tratados como cualquier otro factor de producci\u00f3n. Todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables que han de ser respetados por todos y en cualquier situaci\u00f3n<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn142\" name=\"_ednref142\">[142]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"63\"><\/a>63. Al considerar los problemas del desarrollo, se ha de resaltar la relaci\u00f3n entre\u00a0<i>pobreza y desocupaci\u00f3n<\/i>. Los pobres son en muchos casos el resultado de la\u00a0<i>violaci\u00f3n de la dignidad del trabajo humano<\/i>, bien porque se limitan sus posibilidades (desocupaci\u00f3n, subocupaci\u00f3n), bien porque se deval\u00faan \u00ablos derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn143\" name=\"_ednref143\">[143]<\/a>. Por esto, ya el 1 de mayo de 2000, mi predecesor Juan Pablo II, de venerada memoria, con ocasi\u00f3n del Jubileo de los Trabajadores, lanz\u00f3 un llamamiento para \u00abuna coalici\u00f3n mundial a favor del trabajo decente\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn144\" name=\"_ednref144\">[144]<\/a>, alentando la estrategia de la Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo. De esta manera, daba un fuerte apoyo moral a este objetivo, como aspiraci\u00f3n de las familias en todos los pa\u00edses del mundo. Pero \u00bfqu\u00e9 significa la palabra \u00abdecente\u00bb aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresi\u00f3n de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminaci\u00f3n; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer o\u00edr su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias ra\u00edces en el \u00e1mbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condici\u00f3n digna a los trabajadores que llegan a la jubilaci\u00f3n.<\/p>\n<p><a name=\"64\"><\/a>64. En la reflexi\u00f3n sobre el tema del trabajo, es oportuno hacer un llamamiento a las\u00a0<i>organizaciones sindicales de los trabajadores<\/i>, desde siempre alentadas y sostenidas por la Iglesia, ante la urgente exigencia de abrirse a las nuevas perspectivas que surgen en el \u00e1mbito laboral. Las organizaciones sindicales est\u00e1n llamadas a hacerse cargo de los nuevos problemas de nuestra sociedad, superando las limitaciones propias de los sindicatos de clase. Me refiero, por ejemplo, a ese conjunto de cuestiones que los estudiosos de las ciencias sociales se\u00f1alan en el conflicto entre persona-trabajadora y persona-consumidora. Sin que sea necesario adoptar la tesis de que se ha efectuado un desplazamiento de la centralidad del trabajador a la centralidad del consumidor, parece en cualquier caso que \u00e9ste es tambi\u00e9n un terreno para experiencias sindicales innovadoras. El contexto global en el que se desarrolla el trabajo requiere igualmente que las organizaciones sindicales nacionales, ce\u00f1idas sobre todo a la defensa de los intereses de sus afiliados, vuelvan su mirada tambi\u00e9n hacia los no afiliados y, en particular, hacia los trabajadores de los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo, donde tantas veces se violan los derechos sociales. La defensa de estos trabajadores, promovida tambi\u00e9n mediante iniciativas apropiadas en favor de los pa\u00edses de origen, permitir\u00e1 a las organizaciones sindicales poner de relieve las aut\u00e9nticas razones \u00e9ticas y culturales que las han consentido ser, en contextos sociales y laborales diversos, un factor decisivo para el desarrollo. Sigue siendo v\u00e1lida la tradicional ense\u00f1anza de la Iglesia, que propone la distinci\u00f3n de papeles y funciones entre sindicato y pol\u00edtica. Esta distinci\u00f3n permitir\u00e1 a las organizaciones sindicales encontrar en la<i>\u00a0<\/i>sociedad civil el \u00e1mbito m\u00e1s adecuado para su necesaria actuaci\u00f3n en defensa y promoci\u00f3n del mundo del trabajo, sobre todo en favor de los trabajadores explotados y no representados, cuya amarga condici\u00f3n pasa desapercibida tantas veces ante los ojos distra\u00eddos de la sociedad.<\/p>\n<p><a name=\"65\"><\/a>65. Adem\u00e1s, se requiere que\u00a0<i>las finanzas<\/i>\u00a0mismas, que han de renovar necesariamente sus estructuras y modos de funcionamiento tras su mala utilizaci\u00f3n, que ha da\u00f1ado la econom\u00eda real, vuelvan a ser\u00a0<i>un instrumento encaminado a producir mejor riqueza y desarrollo<\/i>. Toda la econom\u00eda y todas las finanzas, y no s\u00f3lo algunos de sus sectores, en cuanto instrumentos, deben ser utilizados de manera \u00e9tica para crear las condiciones adecuadas para el desarrollo del hombre y de los pueblos. Es ciertamente \u00fatil, y en algunas circunstancias indispensable, promover iniciativas financieras en las que predomine la dimensi\u00f3n humanitaria. Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar que todo el sistema financiero ha de tener como meta el sostenimiento de un verdadero desarrollo. Sobre todo, es preciso que el intento de hacer el bien no se contraponga al de la capacidad efectiva de producir bienes. Los agentes financieros han de redescubrir el fundamento \u00e9tico de su actividad para no abusar de aquellos instrumentos sofisticados con los que se podr\u00eda traicionar a los ahorradores. Recta intenci\u00f3n, transparencia y b\u00fasqueda de los buenos resultados son compatibles y nunca se deben separar. Si el amor es inteligente, sabe encontrar tambi\u00e9n los modos de actuar seg\u00fan una conveniencia previsible y justa, como muestran de manera significativa muchas experiencias en el campo del cr\u00e9dito cooperativo.<\/p>\n<p>Tanto una regulaci\u00f3n del sector capaz de salvaguardar a los sujetos m\u00e1s d\u00e9biles e impedir escandalosas especulaciones, como la experimentaci\u00f3n de nuevas formas de finanzas destinadas a favorecer proyectos de desarrollo, son experiencias positivas que se han de profundizar y alentar, reclamando la\u00a0<i>propia responsabilidad del ahorrador<\/i>. Tambi\u00e9n la\u00a0<i>experiencia de la microfinanciaci\u00f3n<\/i>, que hunde sus ra\u00edces en la reflexi\u00f3n y en la actuaci\u00f3n de los humanistas civiles \u2014pienso sobre todo en el origen de los Montes de Piedad\u2014, ha de ser reforzada y actualizada, sobre todo en estos momentos en que los problemas financieros pueden resultar dram\u00e1ticos para los sectores m\u00e1s vulnerables de la poblaci\u00f3n, que deben ser protegidos de la amenaza de la usura y la desesperaci\u00f3n. Los m\u00e1s d\u00e9biles deben ser educados para defenderse de la usura, as\u00ed como los pueblos pobres han de ser educados para beneficiarse realmente del microcr\u00e9dito, frenando de este modo posibles formas de explotaci\u00f3n en estos dos campos. Puesto que tambi\u00e9n en los pa\u00edses ricos se dan nuevas formas de pobreza, la microfinanciaci\u00f3n puede ofrecer ayudas concretas para crear iniciativas y sectores nuevos que favorezcan a las capas m\u00e1s d\u00e9biles de la sociedad, tambi\u00e9n ante una posible fase de empobrecimiento de la sociedad.<\/p>\n<p><a name=\"66\"><\/a>66. La interrelaci\u00f3n mundial ha hecho surgir un nuevo poder pol\u00edtico, el de los\u00a0<i>consumidores y sus asociaciones<\/i>. Es un fen\u00f3meno en el que se debe profundizar, pues contiene elementos positivos que hay que fomentar, como tambi\u00e9n excesos que se han de evitar. Es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no s\u00f3lo econ\u00f3mico. El\u00a0<i>consumidor tiene una responsabilidad social\u00a0<\/i>espec\u00edfica, que se a\u00f1ade a la responsabilidad social de la empresa. Los consumidores deben ser constantemente educados<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn145\" name=\"_ednref145\">[145]<\/a>\u00a0para el papel que ejercen diariamente y que pueden desempe\u00f1ar respetando los principios morales, sin que disminuya la racionalidad econ\u00f3mica intr\u00ednseca en el acto de comprar. Tambi\u00e9n en el campo de las compras, precisamente en momentos como los que se est\u00e1n viviendo, en los que el poder adquisitivo puede verse reducido y se deber\u00e1 consumir con mayor sobriedad, es necesario abrir otras v\u00edas como, por ejemplo, formas de cooperaci\u00f3n para las adquisiciones, como ocurre con las cooperativas de consumo, que existen desde el s. XIX, gracias tambi\u00e9n a la iniciativa de los cat\u00f3licos. Adem\u00e1s, es conveniente favorecer formas nuevas de comercializaci\u00f3n de productos provenientes de \u00e1reas deprimidas del planeta para garantizar una retribuci\u00f3n decente a los productores, a condici\u00f3n de que se trate de un mercado transparente, que los productores reciban no s\u00f3lo mayores m\u00e1rgenes de ganancia sino tambi\u00e9n mayor formaci\u00f3n, profesionalidad y tecnolog\u00eda y, finalmente, que dichas experiencias de econom\u00eda para el desarrollo no est\u00e9n condicionadas por visiones ideol\u00f3gicas partidistas. Es de desear un papel m\u00e1s incisivo de los consumidores como factor de democracia econ\u00f3mica, siempre que ellos mismos no est\u00e9n manipulados por asociaciones escasamente representativas.<\/p>\n<p><a name=\"67\"><\/a>67. Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y tambi\u00e9n en presencia de una recesi\u00f3n de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la\u00a0<i>Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas\u00a0<\/i>como de la\u00a0<i>arquitectura econ\u00f3mica y financiera internacional<\/i>, para que se d\u00e9 una concreci\u00f3n real al concepto de familia de naciones. Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en pr\u00e1ctica el principio de la\u00a0<i>responsabilidad de proteger<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn146\" name=\"_ednref146\">[146]<\/a>\u00a0y dar tambi\u00e9n una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones m\u00e1s pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento pol\u00edtico, jur\u00eddico y econ\u00f3mico que incremente y oriente la colaboraci\u00f3n internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la econom\u00eda mundial, para sanear las econom\u00edas afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera\u00a0<i>Autoridad pol\u00edtica mundial<\/i>, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. Esta Autoridad deber\u00e1 estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realizaci\u00f3n del bien com\u00fan<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn147\" name=\"_ednref147\">[147]<\/a>,<i>\u00a0comprometerse en la realizaci\u00f3n de un aut\u00e9ntico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad<\/i>. Dicha Autoridad, adem\u00e1s, deber\u00e1 estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn148\" name=\"_ednref148\">[148]<\/a>. Obviamente, debe tener la facultad de hacer respetar sus propias decisiones a las diversas partes, as\u00ed como las medidas de coordinaci\u00f3n adoptadas en los diferentes foros internacionales. En efecto, cuando esto falta, el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correr\u00eda el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los m\u00e1s fuertes. El desarrollo integral de los pueblos y la colaboraci\u00f3n internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalizaci\u00f3n<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn149\" name=\"_ednref149\">[149]<\/a>, que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, as\u00ed como esa relaci\u00f3n entre esfera moral y social, entre pol\u00edtica y mundo econ\u00f3mico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b><a name=\"CAP%C3%8DTULO__SEXTO\"><\/a>CAP\u00cdTULO\u00a0 SEXTO<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color: #663300;\"><b>EL DESARROLLO\u00a0DE\u00a0LOS\u00a0PUEBLOS<br \/>\nY\u00a0LA\u00a0T\u00c9CNICA<\/b><\/span><\/p>\n<p><a name=\"68\"><\/a>68. El tema del desarrollo de los pueblos est\u00e1 \u00edntimamente unido al del desarrollo de cada hombre. La persona humana tiende por naturaleza a su propio desarrollo. \u00c9ste no est\u00e1 garantizado por una serie de mecanismos naturales, sino que cada uno de nosotros es consciente de su capacidad de decidir libre y responsablemente. Tampoco se trata de un desarrollo a merced de nuestro capricho, ya que todos sabemos que somos un don y no el resultado de una autogeneraci\u00f3n. Nuestra libertad est\u00e1 originariamente caracterizada por nuestro ser, con sus propias limitaciones. Ninguno da forma a la propia conciencia de manera arbitraria, sino que todos construyen su propio \u00abyo\u00bb<i>\u00a0<\/i>sobre la base de un \u00abs\u00ed mismo\u00bb<i>\u00a0<\/i>que nos ha sido dado. No s\u00f3lo las dem\u00e1s personas se nos presentan como no disponibles, sino tambi\u00e9n nosotros para nosotros mismos.\u00a0<i>El desarrollo de la persona se degrada cuando \u00e9sta pretende ser la \u00fanica creadora de s\u00ed misma<\/i>. De modo an\u00e1logo, tambi\u00e9n el desarrollo de los pueblos se degrada cuando la humanidad piensa que puede recrearse utilizando los \u00abprodigios\u00bb de la tecnolog\u00eda. Lo mismo ocurre con el desarrollo econ\u00f3mico, que se manifiesta ficticio y da\u00f1ino cuando se apoya en los \u00abprodigios\u00bb de las finanzas para sostener un crecimiento antinatural y consumista. Ante esta pretensi\u00f3n prometeica, hemos de fortalecer el aprecio por una libertad no arbitraria, sino verdaderamente humanizada por el reconocimiento del bien que la precede. Para alcanzar este objetivo, es necesario que el hombre entre en s\u00ed mismo para descubrir las normas fundamentales de la ley moral natural que Dios ha inscrito en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p><a name=\"69\"><\/a>69. El problema del desarrollo en la actualidad est\u00e1 estrechamente unido al\u00a0<i>progreso tecnol\u00f3gico<\/i>\u00a0y a sus aplicaciones deslumbrantes en campo biol\u00f3gico. La t\u00e9cnica \u2014 conviene subrayarlo \u2014 es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonom\u00eda y libertad del hombre. En la t\u00e9cnica se manifiesta y confirma el dominio del esp\u00edritu sobre la materia. \u00abSiendo \u00e9ste [el esp\u00edritu] \u201cmenos esclavo de las cosas, puede m\u00e1s f\u00e1cilmente elevarse a la adoraci\u00f3n y a la contemplaci\u00f3n del Creador\u201d\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn150\" name=\"_ednref150\">[150]<\/a>. La t\u00e9cnica permite dominar la materia, reducir los riesgos, ahorrar esfuerzos, mejorar las condiciones de vida. Responde a la misma vocaci\u00f3n del trabajo humano: en la t\u00e9cnica, vista como una obra del propio talento, el hombre se reconoce a s\u00ed mismo y realiza su propia humanidad. La t\u00e9cnica es el aspecto objetivo del actuar humano<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn151\" name=\"_ednref151\">[151]<\/a>, cuyo origen y raz\u00f3n de ser est\u00e1 en el elemento subjetivo: el hombre que trabaja. Por eso, la t\u00e9cnica nunca es s\u00f3lo t\u00e9cnica. Manifiesta qui\u00e9n es el hombre y cu\u00e1les son sus aspiraciones de desarrollo, expresa la tensi\u00f3n del \u00e1nimo humano hacia la superaci\u00f3n gradual de ciertos condicionamientos materiales.\u00a0<i>La t\u00e9cnica, por lo tanto, se inserta en el mandato de<\/i>\u00a0<i>cultivar y custodiar la tierra\u00a0<\/i>(cf.\u00a0<i>Gn<\/i>\u00a02,15), que Dios ha confiado al hombre, y se orienta a reforzar esa alianza entre ser humano y medio ambiente que debe reflejar el amor creador de Dios.<\/p>\n<p><a name=\"70\"><\/a>70. El desarrollo tecnol\u00f3gico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la t\u00e9cnica, cuando el hombre se pregunta s\u00f3lo por el\u00a0<i>c\u00f3mo,\u00a0<\/i>en vez de considerar los\u00a0<i>porqu\u00e9s\u00a0<\/i>que lo impulsan a actuar. Por eso, la t\u00e9cnica tiene un rostro ambiguo. Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los l\u00edmites inherentes a las cosas. El proceso de globalizaci\u00f3n podr\u00eda sustituir las ideolog\u00edas por la t\u00e9cnica<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn152\" name=\"_ednref152\">[152]<\/a>, transform\u00e1ndose ella misma en un poder ideol\u00f3gico, que expondr\u00eda a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de un\u00a0<i>a priori<\/i>\u00a0del cual no podr\u00eda salir para encontrar el ser y la verdad. En ese caso, cada uno de nosotros conocer\u00eda, evaluar\u00eda y decidir\u00eda los aspectos de su vida desde un horizonte cultural tecnocr\u00e1tico, al que pertenecer\u00edamos estructuralmente, sin poder encontrar jam\u00e1s un sentido que no sea producido por nosotros mismos. Esta visi\u00f3n refuerza mucho hoy la mentalidad tecnicista, que hace coincidir la verdad con lo factible. Pero cuando el \u00fanico criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega autom\u00e1ticamente el desarrollo. En efecto, el verdadero desarrollo no consiste principalmente en hacer. La clave del desarrollo est\u00e1 en una inteligencia capaz de entender la t\u00e9cnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, seg\u00fan el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser. Incluso cuando el hombre opera a trav\u00e9s de un sat\u00e9lite o de un impulso electr\u00f3nico a distancia, su actuar permanece siempre humano, expresi\u00f3n de una libertad responsable. La t\u00e9cnica atrae fuertemente al hombre, porque lo rescata de las limitaciones f\u00edsicas y le ampl\u00eda el horizonte. Pero\u00a0<i>la libertad humana es ella misma s\u00f3lo cuando responde a esta atracci\u00f3n de la t\u00e9cnica con decisiones que son fruto de la responsabilidad moral<\/i>. De ah\u00ed la necesidad apremiante de una formaci\u00f3n para un uso \u00e9tico y responsable de la t\u00e9cnica. Conscientes de esta atracci\u00f3n de la t\u00e9cnica sobre el ser humano, se debe recuperar el verdadero sentido de la libertad, que no consiste en la seducci\u00f3n de una autonom\u00eda total, sino en la respuesta a la llamada del ser, comenzando por nuestro propio ser.<\/p>\n<p><a name=\"71\"><\/a>71. Esta posible desviaci\u00f3n de la mentalidad t\u00e9cnica de su originario cauce humanista se muestra hoy de manera evidente en la tecnificaci\u00f3n del desarrollo y de la paz. El desarrollo de los pueblos es considerado con frecuencia como un problema de ingenier\u00eda financiera, de apertura de mercados, de bajadas de impuestos, de inversiones productivas, de reformas institucionales, en definitiva como una cuesti\u00f3n exclusivamente t\u00e9cnica. Sin duda, todos estos \u00e1mbitos tienen un papel muy importante, pero deber\u00edamos preguntarnos por qu\u00e9 las decisiones de tipo t\u00e9cnico han funcionado hasta ahora s\u00f3lo en parte. La causa es mucho m\u00e1s profunda. El desarrollo nunca estar\u00e1 plenamente garantizado por fuerzas que en gran medida son autom\u00e1ticas e impersonales, ya provengan de las leyes de mercado o de pol\u00edticas de car\u00e1cter internacional.\u00a0<i>El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores econ\u00f3micos y agentes pol\u00edticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien com\u00fan<\/i>. Se necesita tanto la preparaci\u00f3n profesional como la coherencia moral. Cuando predomina la absolutizaci\u00f3n de la t\u00e9cnica se produce una confusi\u00f3n entre los fines y los medios, el empresario considera como \u00fanico criterio de acci\u00f3n el m\u00e1ximo beneficio en la producci\u00f3n; el pol\u00edtico, la consolidaci\u00f3n del poder; el cient\u00edfico, el resultado de sus descubrimientos. As\u00ed, bajo esa red de relaciones econ\u00f3micas, financieras y pol\u00edticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos t\u00e9cnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios, mientras que la situaci\u00f3n real de las poblaciones que viven bajo y casi siempre al margen de estos flujos, permanece inalterada, sin posibilidades reales de emancipaci\u00f3n.<\/p>\n<p><a name=\"72\"><\/a>72. Tambi\u00e9n la paz corre a veces el riesgo de ser considerada como un producto de la t\u00e9cnica, fruto exclusivamente de los acuerdos entre los gobiernos o de iniciativas tendentes a asegurar ayudas econ\u00f3micas eficaces. Es cierto que la\u00a0<i>construcci\u00f3n de la paz<\/i>\u00a0necesita una red constante de contactos diplom\u00e1ticos, intercambios econ\u00f3micos y tecnol\u00f3gicos, encuentros culturales, acuerdos en proyectos comunes, como tambi\u00e9n que se adopten compromisos compartidos para alejar las amenazas de tipo b\u00e9lico o cortar de ra\u00edz las continuas tentaciones terroristas. No obstante, para que esos esfuerzos produzcan efectos duraderos, es necesario que se sustenten en valores fundamentados en la verdad de la vida. Es decir, es preciso escuchar la voz de las poblaciones interesadas y tener en cuenta su situaci\u00f3n para poder interpretar de manera adecuada sus expectativas. Todo esto debe estar unido al esfuerzo an\u00f3nimo de tantas personas que trabajan decididamente para fomentar el encuentro entre los pueblos y favorecer la promoci\u00f3n del desarrollo partiendo del amor y de la comprensi\u00f3n rec\u00edproca. Entre estas personas encontramos tambi\u00e9n fieles cristianos, implicados en la gran tarea de dar un sentido plenamente humano al desarrollo y la paz.<\/p>\n<p><a name=\"73\"><\/a>73. El desarrollo tecnol\u00f3gico est\u00e1 relacionado con la influencia cada vez mayor de\u00a0<i>los medios de comunicaci\u00f3n social<\/i>. Es casi imposible imaginar ya la existencia de la familia humana sin su presencia. Para bien o para mal, se han introducido de tal manera en la vida del mundo, que parece realmente absurda la postura de quienes defienden su neutralidad y, consiguientemente, reivindican su autonom\u00eda con respecto a la moral de las personas. Muchas veces, tendencias de este tipo, que enfatizan la naturaleza estrictamente t\u00e9cnica de estos medios, favorecen de hecho su subordinaci\u00f3n a los intereses econ\u00f3micos, al dominio de los mercados, sin olvidar el deseo de imponer par\u00e1metros culturales en funci\u00f3n de proyectos de car\u00e1cter ideol\u00f3gico y pol\u00edtico. Dada la importancia fundamental de los medios de comunicaci\u00f3n en determinar los cambios en el modo de percibir y de conocer la realidad y la persona humana misma, se hace necesaria una seria reflexi\u00f3n sobre su influjo, especialmente sobre la dimensi\u00f3n \u00e9tico-cultural de la globalizaci\u00f3n y el desarrollo solidario de los pueblos. Al igual que ocurre con la correcta gesti\u00f3n de la globalizaci\u00f3n y el desarrollo,\u00a0<i>el sentido y la finalidad de los medios de comunicaci\u00f3n debe buscarse en su fundamento antropol\u00f3gico<\/i>. Esto quiere decir que pueden ser\u00a0<i>ocasi\u00f3n de humanizaci\u00f3n<\/i>\u00a0no s\u00f3lo cuando, gracias al desarrollo tecnol\u00f3gico, ofrecen mayores posibilidades para la comunicaci\u00f3n y la informaci\u00f3n, sino sobre todo cuando se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y el bien com\u00fan que refleje sus valores universales. El mero hecho de que los medios de comunicaci\u00f3n social multipliquen las posibilidades de interconexi\u00f3n y de circulaci\u00f3n de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicaci\u00f3n est\u00e9n centrados en la promoci\u00f3n de la dignidad de las personas y de los pueblos, que est\u00e9n expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural. En efecto, la libertad humana est\u00e1 intr\u00ednsecamente ligada a estos valores superiores. Los medios pueden ofrecer una valiosa ayuda al aumento de la comuni\u00f3n en la familia humana y al\u00a0<i>ethos<\/i>\u00a0de la sociedad, cuando se convierten en instrumentos que promueven la participaci\u00f3n universal en la b\u00fasqueda com\u00fan de lo que es justo.<\/p>\n<p><a name=\"74\"><\/a>74. En la actualidad, la\u00a0<i>bio\u00e9tica<\/i>\u00a0es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la t\u00e9cnica y la responsabilidad moral, y en el que est\u00e1 en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. \u00c9ste es un \u00e1mbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dram\u00e1tica la cuesti\u00f3n fundamental: si el hombre es un producto de s\u00ed mismo o si depende de Dios. Los descubrimientos cient\u00edficos en este campo y las posibilidades de una intervenci\u00f3n t\u00e9cnica han crecido tanto que parecen imponer la elecci\u00f3n entre estos dos tipos de raz\u00f3n: una raz\u00f3n abierta a la trascendencia o una raz\u00f3n encerrada en la inmanencia. Estamos ante un\u00a0<i>aut aut<\/i>\u00a0decisivo. Pero la racionalidad del quehacer t\u00e9cnico centrada s\u00f3lo en s\u00ed misma se revela como irracional, porque comporta un rechazo firme del sentido y del valor. Por ello, la cerraz\u00f3n a la trascendencia tropieza con la dificultad de pensar c\u00f3mo es posible que de la nada haya surgido el ser y de la casualidad la inteligencia<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn153\" name=\"_ednref153\">[153]<\/a>. Ante estos problemas tan dram\u00e1ticos, raz\u00f3n y fe se ayudan mutuamente. S\u00f3lo juntas salvar\u00e1n al hombre.\u00a0<i>Atra\u00edda por el puro quehacer t\u00e9cnico, la raz\u00f3n sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusi\u00f3n de su propia omnipotencia. La fe sin la raz\u00f3n corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn154\" name=\"_ednref154\">[154]<\/a>.<\/p>\n<p><a name=\"75\"><\/a>75. Pablo VI hab\u00eda percibido y se\u00f1alado ya el alcance mundial de la cuesti\u00f3n social<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn155\" name=\"_ednref155\">[155]<\/a>. Siguiendo esta l\u00ednea, hoy es preciso afirmar que\u00a0<i>la cuesti\u00f3n social se ha convertido radicalmente en una cuesti\u00f3n antropol\u00f3gica<\/i>, en el sentido de que implica no s\u00f3lo el modo mismo de concebir, sino tambi\u00e9n de manipular la vida, cada d\u00eda m\u00e1s expuesta por la biotecnolog\u00eda a la intervenci\u00f3n del hombre. La fecundaci\u00f3n\u00a0<i>in vitro,\u00a0<\/i>la investigaci\u00f3n con embriones, la posibilidad de la clonaci\u00f3n y de la hibridaci\u00f3n humana nacen y se promueven en la cultura actual del desencanto total, que cree haber desvelado cualquier misterio, puesto que se ha llegado ya a la ra\u00edz de la vida. Es aqu\u00ed donde el absolutismo de la t\u00e9cnica encuentra su m\u00e1xima expresi\u00f3n. En este tipo de cultura, la conciencia est\u00e1 llamada \u00fanicamente a tomar nota de una mera posibilidad t\u00e9cnica. Pero no han de minimizarse los escenarios inquietantes para el futuro del hombre, ni los nuevos y potentes instrumentos que la \u00abcultura de la muerte\u00bb tiene a su disposici\u00f3n. A la plaga difusa, tr\u00e1gica, del aborto, podr\u00eda a\u00f1adirse en el futuro, aunque ya subrepticiamente\u00a0<i>in nuce<\/i>, una sistem\u00e1tica planificaci\u00f3n eugen\u00e9sica de los nacimientos. Por otro lado, se va abriendo paso una\u00a0<i>mens eutanasica,\u00a0<\/i>manifestaci\u00f3n no menos abusiva del dominio sobre la vida, que en ciertas condiciones ya no se considera digna de ser vivida. Detr\u00e1s de estos escenarios hay planteamientos culturales que niegan la dignidad humana. A su vez, estas pr\u00e1cticas fomentan una concepci\u00f3n materialista y mecanicista de la vida humana. \u00bfQui\u00e9n puede calcular los efectos negativos sobre el desarrollo de esta mentalidad? \u00bfC\u00f3mo podemos extra\u00f1arnos de la indiferencia ante tantas situaciones humanas degradantes, si la indiferencia caracteriza nuestra actitud ante lo que es humano y lo que no lo es? Sorprende la selecci\u00f3n arbitraria de aquello que hoy se propone como digno de respeto. Muchos, dispuestos a escandalizarse por cosas secundarias, parecen tolerar injusticias inauditas. Mientras los pobres del mundo siguen llamando a la puerta de la opulencia, el mundo rico corre el riesgo de no escuchar ya estos golpes a su puerta, debido a una conciencia incapaz de reconocer lo humano. Dios revela el hombre al hombre; la raz\u00f3n y la fe colaboran a la hora de mostrarle el bien, con tal que lo quiera ver; la ley natural, en la que brilla la Raz\u00f3n creadora, indica la grandeza del hombre, pero tambi\u00e9n su miseria, cuando desconoce el reclamo de la verdad moral.<\/p>\n<p><a name=\"76\"><\/a>76. Uno de los aspectos del actual esp\u00edritu tecnicista se puede apreciar en la propensi\u00f3n a considerar los problemas y los fen\u00f3menos que tienen que ver con la vida interior s\u00f3lo desde un punto de vista psicol\u00f3gico, e incluso meramente neurol\u00f3gico. De esta manera, la interioridad del hombre se vac\u00eda y el ser conscientes de la consistencia ontol\u00f3gica del alma humana, con las profundidades que los Santos han sabido sondear, se pierde progresivamente.\u00a0<i>El problema del desarrollo est\u00e1 estrechamente relacionado con el concepto que tengamos del alma del hombre<\/i>, ya que nuestro yo se ve reducido muchas veces a la psique, y la salud del alma se confunde con el bienestar emotivo. Estas reducciones tienen su origen en una profunda incomprensi\u00f3n de lo que es la vida espiritual y llevan a ignorar que el desarrollo del hombre y de los pueblos depende tambi\u00e9n de las soluciones que se dan a los problemas de car\u00e1cter espiritual.\u00a0<i>El desarrollo debe abarcar, adem\u00e1s de un progreso material, uno espiritual<\/i>, porque el hombre es \u00abuno en cuerpo y alma\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn156\" name=\"_ednref156\">[156]<\/a>, nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente. El ser humano se desarrolla cuando crece espiritualmente, cuando su alma se conoce a s\u00ed misma y la verdad que Dios ha impreso germinalmente en ella, cuando dialoga consigo mismo y con su Creador. Lejos de Dios, el hombre est\u00e1 inquieto y se hace fr\u00e1gil. La alienaci\u00f3n social y psicol\u00f3gica, y las numerosas neurosis que caracterizan las sociedades opulentas, remiten tambi\u00e9n a este tipo de causas espirituales. Una sociedad del bienestar, materialmente desarrollada, pero que oprime el alma, no est\u00e1 en s\u00ed misma bien orientada hacia un aut\u00e9ntico desarrollo. Las nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperaci\u00f3n en la que caen tantas personas, tienen una explicaci\u00f3n no s\u00f3lo sociol\u00f3gica o psicol\u00f3gica, sino esencialmente espiritual. El vac\u00edo en que el alma se siente abandonada, contando incluso con numerosas terapias para el cuerpo y para la psique, hace sufrir.\u00a0<i>No hay desarrollo pleno ni un bien com\u00fan universal sin el bien espiritual y moral de las personas<\/i>, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo.<\/p>\n<p><a name=\"77\"><\/a>77. El absolutismo de la t\u00e9cnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia. Sin embargo, todos los hombres tienen experiencia de tantos aspectos inmateriales y espirituales de su vida. Conocer no es s\u00f3lo un acto material, porque lo conocido esconde siempre algo que va m\u00e1s all\u00e1 del dato emp\u00edrico. Todo conocimiento, hasta el m\u00e1s simple, es siempre un peque\u00f1o prodigio, porque nunca se explica completamente con los elementos materiales que empleamos. En toda verdad hay siempre algo m\u00e1s de lo que cab\u00eda esperar, en el amor que recibimos hay siempre algo que nos sorprende. Jam\u00e1s deber\u00edamos dejar de sorprendernos ante estos prodigios. En todo conocimiento y acto de amor, el alma del hombre experimenta un \u00abm\u00e1s\u00bb que se asemeja mucho a un don recibido, a una altura a la que se nos lleva. Tambi\u00e9n el desarrollo del hombre y de los pueblos alcanza un nivel parecido, si consideramos\u00a0<i>la dimensi\u00f3n espiritual<\/i>\u00a0que debe incluir necesariamente el desarrollo para ser aut\u00e9ntico. Para ello se necesitan unos ojos nuevos y un coraz\u00f3n nuevo, que\u00a0<i>superen la visi\u00f3n materialista de los acontecimientos humanos<\/i>\u00a0y que vislumbren en el desarrollo ese \u00abalgo m\u00e1s\u00bb que la t\u00e9cnica no puede ofrecer. Por este camino se podr\u00e1 conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color: #663300;\"><b><a name=\"CONCLUSI%C3%93N\"><\/a>CONCLUSI\u00d3N<\/b><\/span><\/p>\n<p><a name=\"78\"><\/a>78. Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender qui\u00e9n es<i>.\u00a0<\/i>Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: \u00abSin m\u00ed no pod\u00e9is hacer nada\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a015,5). Y nos anima: \u00abYo estoy con vosotros todos los d\u00edas, hasta el final del mundo\u00bb (<i>Mt\u00a0<\/i>28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0que el hombre no es capaz de gobernar por s\u00ed mismo su propio progreso, porque \u00e9l solo no puede fundar un verdadero humanismo. S\u00f3lo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energ\u00edas al servicio de un humanismo \u00edntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza m\u00e1s poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano,<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn157\" name=\"_ednref157\">[157]<\/a>\u00a0que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerraz\u00f3n ideol\u00f3gica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar tambi\u00e9n los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obst\u00e1culos para el desarrollo.\u00a0<i>El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano<\/i>. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoci\u00f3n y realizaci\u00f3n de formas de vida social y civil \u2014en el \u00e1mbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el\u00a0<i>ethos<\/i>\u2014, protegi\u00e9ndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre \u00e9xitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas.\u00a0<i>El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos<\/i>, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades pol\u00edticas y los agentes econ\u00f3micos, sea siempre menos de lo que anhelamos<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn158\" name=\"_ednref158\">[158]<\/a>. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien com\u00fan, porque \u00c9l es nuestro Todo, nuestra esperanza m\u00e1s grande.<\/p>\n<p><a name=\"79\"><\/a>79.\u00a0<i>El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios<\/i>\u00a0en oraci\u00f3n, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad,\u00a0<i>caritas in veritate<\/i>, del que procede el aut\u00e9ntico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, tambi\u00e9n en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles y complejos, adem\u00e1s de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor. El desarrollo conlleva atenci\u00f3n a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perd\u00f3n, de renuncia a uno mismo, de acogida del pr\u00f3jimo, de justicia y de paz. Todo esto es indispensable para transformar los \u00abcorazones de piedra\u00bb en \u00abcorazones de carne\u00bb (<i>Ez\u00a0<\/i>36,26), y hacer as\u00ed la vida terrena m\u00e1s \u00abdivina\u00bb y por tanto m\u00e1s digna del hombre. Todo esto\u00a0<i>es del<\/i>\u00a0<i>hombre,\u00a0<\/i>porque el hombre es sujeto de su existencia; y a la vez\u00a0<i>es de<\/i>\u00a0<i>Dios,\u00a0<\/i>porque Dios es el principio y el fin de todo lo que tiene valor y nos redime: \u00abel mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios\u00bb (<i>1 Co\u00a0<\/i>3,22-23). El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como \u00abPadre nuestro\u00bb. Que junto al Hijo unig\u00e9nito, todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle con las palabras que el mismo Jes\u00fas nos ha ense\u00f1ado, que sepamos santificarlo viviendo seg\u00fan su voluntad, y tengamos tambi\u00e9n el pan necesario de cada d\u00eda, comprensi\u00f3n y generosidad con los que nos ofenden, que no se nos someta excesivamente a las pruebas y se nos libre del mal (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a06,9-13).<\/p>\n<p>Al concluir el\u00a0<i>A\u00f1o Paulino<\/i>, me complace expresar este deseo con las mismas palabras del Ap\u00f3stol en su\u00a0<i>carta a los Romanos<\/i>:\u00a0<i>\u00abQue vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cari\u00f1osos unos con otros, estimando a los dem\u00e1s m\u00e1s que a uno mismo\u00bb<\/i>\u00a0(12,9-10). Que la Virgen Mar\u00eda,<i>\u00a0<\/i>proclamada por Pablo VI\u00a0<i>Mater Ecclesiae<\/i>\u00a0y honrada por el pueblo cristiano como\u00a0<i>Speculum iustitiae\u00a0<\/i>y<i>\u00a0Regina pacis,<\/i>\u00a0nos proteja y nos obtenga por su intercesi\u00f3n celestial la fuerza, la esperanza y la alegr\u00eda necesaria para continuar generosamente la tarea en favor del\u00a0<i>\u00abdesarrollo de todo el hombre y de todos los hombres\u00bb<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_edn159\" name=\"_ednref159\">[159]<\/a>.<\/p>\n<p><i>Dado en Roma, junto a San Pedro, el 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, del a\u00f1o 2009, quinto de mi Pontificado.<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b>BENEDICTO XVI<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"35%\" \/>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref1\" name=\"_edn1\">[1]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>\u00a0(26 marzo 1967), 22: AAS 59 (1967), 268; Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 69.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref2\" name=\"_edn2\">[2]<\/a>\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/homilies\/1968\/documents\/hf_p-vi_hom_19680823_sviluppo.html\">Homil\u00eda para la \u00abJornada del desarrollo<\/a>\u00bb<\/i>\u00a0( 23 agosto 1968):\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>60 (1968), 626-627.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref3\" name=\"_edn3\">[3]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_20011211_xxxv-world-day-for-peace.html\"><i>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz<\/i>\u00a0<i>2002<\/i><\/a>:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a094 (2002), 132-140.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref4\" name=\"_edn4\">[4]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.<i>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, sobre la Iglesia en el mundo actual,<i>\u00a0<\/i>26.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref5\" name=\"_edn5\">[5]<\/a>\u00a0Cf. Juan XXIII, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a>\u00a0<\/i>(11 abril 1963):\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a055 (1963), 268-270.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref6\" name=\"_edn6\">[6]<\/a>\u00a0Cf. n. 16:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 265.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref7\" name=\"_edn7\">[7]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>ib\u00edd.<\/i>, 82:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 297.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref8\" name=\"_edn8\">[8]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 42:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 278.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref9\" name=\"_edn9\">[9]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 20:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 267.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref10\" name=\"_edn10\">[10]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 36; Pablo VI, Carta ap.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_letters\/documents\/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens.html\">Octogesima adveniens<\/a><\/i>\u00a0(14 mayo 1971), 4:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a063 (1971), 403-404; Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a>\u00a0<\/i>(1 mayo 1991), 43:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a083 (1991), 847.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref11\" name=\"_edn11\">[11]<\/a>\u00a0Pablo VI,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 13:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 263-264.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref12\" name=\"_edn12\">[12]<\/a>\u00a0Cf. Consejo Pontificio de Justicia y Paz,\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/justpeace\/documents\/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html#En%20di%C3%A1logo%20cordial%20con%20todos%20los%20saberes\">Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/a><\/i>, n. 76.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref13\" name=\"_edn13\">[13]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2007\/may\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20070513_conference-aparecida.html\">Discurso en la inauguraci\u00f3n de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe<\/a><\/i>\u00a0(13 mayo 2007):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(25 mayo 2007), pp. 9-11.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref14\" name=\"_edn14\">[14]<\/a>\u00a0Cf. nn. 3-5:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 258-260.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref15\" name=\"_edn15\">[15]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>\u00a0(30 diciembre 1987) 6-7:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a080 (1988), 517-519.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref16\" name=\"_edn16\">[16]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 14:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 264.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref17\" name=\"_edn17\">[17]<\/a>\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html#18\">Deus caritas est<\/a><\/i>\u00a0(25 diciembre 2005), 18:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a098 (2006), 232.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref18\" name=\"_edn18\">[18]<\/a>\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html#6\">Ib\u00edd<\/a>.<\/i>, 6:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 222.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref19\" name=\"_edn19\">[19]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2005\/december\/documents\/hf_ben_xvi_spe_20051222_roman-curia.html\"><i>Discurso a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones navide\u00f1as<\/i>\u00a0(22 diciembre 2005)<\/a>:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(30 diciembre 2005), pp. 9-12.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref20\" name=\"_edn20\">[20]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 3:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 515.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref21\" name=\"_edn21\">[21]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">ib\u00edd<\/a><\/i>., 1:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 513-514.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref22\" name=\"_edn22\">[22]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">ib\u00edd<\/a><\/i>., 3:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 515.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref23\" name=\"_edn23\">[23]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Laborem exercens<\/a>\u00a0<\/i>(14 septiembre 1981), 3:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a073 (1981), 583-584.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref24\" name=\"_edn24\">[24]<\/a>\u00a0Cf. Id., Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 3:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 794-796.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref25\" name=\"_edn25\">[25]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 3:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 258.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref26\" name=\"_edn26\">[26]<\/a>\u2002Cf.\u00a0<i>ib\u00edd.<\/i>, 34:\u00a0<i>l.c.,<\/i>\u00a0274.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref27\" name=\"_edn27\">[27]<\/a>\u00a0Cf. nn. 8-9:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>60 (1968), 485-487; Benedicto XVI,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2008\/may\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20080516_associazioni-familiari.html\">Discurso a los participantes en el Congreso Internacional con ocasi\u00f3n del 40 aniversario de la enc\u00edclica \u00abHumanae vitae\u00bb<\/a>\u00a0<\/i>(10 mayo 2008):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(16 mayo 2008), p. 8.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref28\" name=\"_edn28\">[28]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html\">Evangelium vitae<\/a><\/i>\u00a0(25 marzo 1995), 93:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a0 87 (1995), 507-508.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref29\" name=\"_edn29\">[29]<\/a>\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html\">Ib\u00edd<\/a>.<\/i>, 101:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 516-518.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref30\" name=\"_edn30\">[30]<\/a>\u00a0N. 29:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a068 (1976), 25.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref31\" name=\"_edn31\">[31]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 31:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 26.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref32\" name=\"_edn32\">[32]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 41:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 570-572.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref33\" name=\"_edn33\">[33]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>; Id., Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a>,<\/i>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0081\/__P3.HTM\">5<\/a>.\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0081\/__P8.HTM\">54<\/a>:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 799. 859-860.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref34\" name=\"_edn34\">[34]<\/a>\u00a0N. 15:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 265.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref35\" name=\"_edn35\">[35]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>ib\u00edd<\/i>., 2:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 258; Le\u00f3n XIII, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i>\u00a0(15 mayo 1891):\u00a0<i>Leonis XIII P.M. Acta,\u00a0<\/i>XI, Romae 1892, 97-144; Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 8:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 519-520;\u00a0Id., Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 5:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 799.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref36\" name=\"_edn36\">[36]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 2. 13:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 258. 263-264.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref37\" name=\"_edn37\">[37]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>., 42:\u00a0<i>l.c.,<\/i>\u00a0278.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref38\" name=\"_edn38\">[38]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>11:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 262; Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 25:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 822-824.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref39\" name=\"_edn39\">[39]<\/a>\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 15:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 265.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref40\" name=\"_edn40\">[40]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>3:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>258.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref41\" name=\"_edn41\">[41]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>6:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>260.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref42\" name=\"_edn42\">[42]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>14:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>264.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref43\" name=\"_edn43\">[43]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>; cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a>,<\/i>\u00a053-62:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 859-867; Id., Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis<\/a><\/i>\u00a0(4 marzo 1979),\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PE.HTM\">13<\/a>&#8211;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PF.HTM\">14<\/a>:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>71 (1979), 282-286.<i><\/i><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref44\" name=\"_edn44\">[44]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 12:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 262-263.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref45\" name=\"_edn45\">[45]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat.\u00a0II, Const. past.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref46\" name=\"_edn46\">[46]<\/a>\u00a0Pablo VI,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 13:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 263-264.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref47\" name=\"_edn47\">[47]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2006\/october\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20061019_convegno-verona.html\">Discurso a los participantes en la IV Asamblea Eclesial Nacional Italiana<\/a><\/i>\u00a0(19 octubre 2006):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(27 octubre 2006), pp. 8-10.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref48\" name=\"_edn48\">[48]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 16:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 265.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref49\" name=\"_edn49\">[49]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref50\" name=\"_edn50\">[50]<\/a>\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2008\/july\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20080717_barangaroo.html\">Discurso en la ceremonia de acogida de los j\u00f3venes<\/a><\/i>\u00a0(17 julio 2008):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(25 julio 2008), pp. 4-5.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref51\" name=\"_edn51\">[51]<\/a>\u00a0Pablo VI,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 20:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 267.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref52\" name=\"_edn52\">[52]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>66:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>289-290.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref53\" name=\"_edn53\">[53]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>21:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>267-268.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref54\" name=\"_edn54\">[54]<\/a>\u00a0Cf. nn.<i>\u00a0<\/i>3. 29. 32:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>258. 272. 273.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref55\" name=\"_edn55\">[55]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 28:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 548-550.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref56\" name=\"_edn56\">[56]<\/a>\u00a0Pablo VI,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 9:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 261-262.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref57\" name=\"_edn57\">[57]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 20:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 536-537.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref58\" name=\"_edn58\">[58]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 22-29:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 819-830.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref59\" name=\"_edn59\">[59]<\/a>\u00a0Cf. nn. 23. 33:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 268-269. 273-274.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref60\" name=\"_edn60\">[60]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>l.c.<\/i>, 135.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref61\" name=\"_edn61\">[61]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat.\u00a0II, Const. past.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 63.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref62\" name=\"_edn62\">[62]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 24:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 821-822.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref63\" name=\"_edn63\">[63]<\/a>\u00a0Cf. Id., Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html\">Veritatis splendor<\/a>\u00a0<\/i>(6 agosto 1993), 33. 46. 51:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>85 (1993), 1160. 1169-1171. 1174-1175; Id.,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1995\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_05101995_address-to-uno.html\">Discurso a la Asamblea General de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas<\/a><\/i>\u00a0(5 octubre 1995), 3:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<br \/>\n<\/i>(13 octubre 1995), p. 7.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref64\" name=\"_edn64\">[64]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 47:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>280-281; Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 42:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 572-574.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref65\" name=\"_edn65\">[65]<\/a>\u00a0Cf.<b>\u00a0<\/b><i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/food\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20071004_world-food-day-2007.html\">Mensaje con ocasi\u00f3n de la Jornada Mundial de la Alimentaci\u00f3n 2007<\/a><\/i>:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a099 (2007), 933-935.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref66\" name=\"_edn66\">[66]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html\">Evangelium vitae<\/a><\/i>, 18. 59. 63-64:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 419-421. 467-468. 472-475.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref67\" name=\"_edn67\">[67]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20061208_xl-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007<\/a><\/i>, 5:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(15 diciembre 2006), p. 5.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref68\" name=\"_edn68\">[68]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_20011211_xxxv-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2002<\/a><\/i>, 4-7. 12-15:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>94 (2002), 134-136. 138-140; Id.,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_20031216_xxxvii-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2004<\/a><\/i>, 8:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>96 (2004), 119; Id.,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_20041216_xxxviii-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2005<\/a><\/i>, 4:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>97 (2005), 177-178;<b>\u00a0<\/b>Benedicto XVI,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20051213_xxxix-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006<\/a><\/i>, 9-10:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>98 (2006), 60-61;<b>\u00a0<\/b>Id.,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20061208_xl-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007<\/a><\/i>, 5. 14:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 5-6.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref69\" name=\"_edn69\">[69]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_20011211_xxxv-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2002<\/a><\/i>, 6:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 135;\u00a0Benedicto XVI,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20051213_xxxix-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006<\/a><\/i>, 9-10:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 60-61.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref70\" name=\"_edn70\">[70]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2006\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20060912_regensburg.html\">Homil\u00eda durante la Santa Misa en la explanada de \u00abIsling\u00bb de Ratisbona<\/a><\/i>\u00a0(12 septiembre 2006):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(22 septiembre 2006), pp. 9-10.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref71\" name=\"_edn71\">[71]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a><\/i>, 1:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 217-218.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref72\" name=\"_edn72\">[72]<\/a>\u00a0Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 28:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 548-550.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref73\" name=\"_edn73\">[73]<\/a>\u00a0Pablo VI,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 19:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 266-267.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref74\" name=\"_edn74\">[74]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>39:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 276-277.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref75\" name=\"_edn75\">[75]<\/a>\u2002<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>75:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 293-294.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref76\" name=\"_edn76\">[76]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a><\/i>, 28:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 238-240.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref77\" name=\"_edn77\">[77]<\/a>\u00a0Juan Pablo II,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 59:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 864.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref78\" name=\"_edn78\">[78]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 40. 85:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 277. 298-299.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref79\" name=\"_edn79\">[79]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.,\u00a0<\/i>13:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 263-264.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref80\" name=\"_edn80\">[80]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.<i>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html\">Fides et ratio<\/a><\/i>\u00a0(14 septiembre 1998), 85:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>91 (1999), 72-73.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref81\" name=\"_edn81\">[81]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html\">ib\u00edd<\/a>.,\u00a0<\/i>83:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 70-71.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref82\" name=\"_edn82\">[82]<\/a>\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2006\/september\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20060912_university-regensburg.html\">Discurso en la Universidad de Ratisbona<\/a><\/i>\u00a0(12 septiembre 2006):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(22 septiembre 2006), pp. 11-13.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref83\" name=\"_edn83\">[83]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 33:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 273-274.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref84\" name=\"_edn84\">[84]<\/a>\u00a0Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_08121999_xxxiii-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000<\/a><\/i>, 15:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>92 (2000), 366.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref85\" name=\"_edn85\">[85]<\/a>\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/p1s2c1p7_sp.html#III%20El%20pecado%20original\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/a><\/i>, 407; cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 25:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 822-824.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref86\" name=\"_edn86\">[86]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html#17\">Spe salvi<\/a><\/i>\u00a0(30 noviembre 2007), 17:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>99 (2007), 1000.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref87\" name=\"_edn87\">[87]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html#23\">ib\u00edd<\/a>.,\u00a0<\/i>23:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 1004-1005.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref88\" name=\"_edn88\">[88]<\/a>\u00a0San Agust\u00edn explica detalladamente esta ense\u00f1anza en el di\u00e1logo sobre el libre albedr\u00edo (<i>De libero arbitrio<\/i>\u00a0II 3, 8 ss.). Se\u00f1ala la existencia en el alma humana de un \u00absentido interior\u00bb. Este sentido consiste en una acci\u00f3n que se realiza al margen de las funciones normales de la raz\u00f3n, una acci\u00f3n previa a la reflexi\u00f3n y casi instintiva, por la que la raz\u00f3n, d\u00e1ndose cuenta de su condici\u00f3n transitoria y falible, admite por encima de ella la existencia de algo externo, absolutamente verdadero y cierto. El nombre que San Agust\u00edn asigna a veces a esta verdad interior es el de Dios (<i>Confesiones<\/i>\u00a0X, 24, 35; XII, 25, 35;\u00a0<i>De libero arbitrio<\/i>\u00a0II 3, 8), pero m\u00e1s a menudo el de Cristo (<i>De Magistro<\/i>\u00a011, 38;\u00a0<i>Confesiones<\/i>\u00a0VII, 18, 24; XI, 2, 4).<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref89\" name=\"_edn89\">[89]<\/a>\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html#3\">Deus caritas est<\/a><\/i>, 3:\u00a0<i>l.c.,<\/i>\u00a0219.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref90\" name=\"_edn90\">[90]<\/a>\u00a0Cf. n. 49:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 281.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref91\" name=\"_edn91\">[91]<\/a>\u00a0Juan Pablo II,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 28:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 827-828.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref92\" name=\"_edn92\">[92]<\/a>\u00a0Cf. n. 35:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 836-838.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref93\" name=\"_edn93\">[93]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a>,<\/i>\u00a038:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 565-566.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref94\" name=\"_edn94\">[94]<\/a>\u00a0N. 44:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 279.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref95\" name=\"_edn95\">[95]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>ib\u00edd.<\/i>, 24:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 269.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref96\" name=\"_edn96\">[96]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0 Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a>,\u00a0<\/i>36:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 838-840.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref97\" name=\"_edn97\">[97]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 24:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 269.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref98\" name=\"_edn98\">[98]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 32:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 832-833; Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 25:\u00a0<i>l.c.<\/i>,<br \/>\n269-270.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref99\" name=\"_edn99\">[99]<\/a>\u00a0Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 24:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 637-638.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref100\" name=\"_edn100\">[100]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 15:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 616-618.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref101\" name=\"_edn101\">[101]<\/a>\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a>,<\/i>\u00a027:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 271.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref102\" name=\"_edn102\">[102]<\/a>\u00a0Cf. Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, Instr.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_19860322_freedom-liberation_sp.html\">Libertatis conscientia<\/a><\/i>, sobre la libertad cristiana y la liberaci\u00f3n\u00a0 (22 marzo 1987), 74:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>79 (1987), 587.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref103\" name=\"_edn103\">[103]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i>Entrevista\u00a0<\/i>al peri\u00f3dico \u00abLa Croix\u00bb, 20 de agosto de 1997.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref104\" name=\"_edn104\">[104]<\/a>\u00a0Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/2001\/april\/documents\/hf_jp-ii_spe_20010427_pc-social-sciences.html\">Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales<\/a><\/i>\u00a0(27 abril 2001):\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>93 (2001), 598-601.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref105\" name=\"_edn105\">[105]<\/a>\u00a0Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 17:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 265-266.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref106\" name=\"_edn106\">[106]<\/a>\u2002Cf. Juan Pablo II,<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_20021217_xxxvi-world-day-for-peace.html\">\u00a0<i>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2003<\/i><\/a>, 5:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>95 (2003), 343.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref107\" name=\"_edn107\">[107]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>ib\u00edd<\/i>.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref108\" name=\"_edn108\">[108]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20061208_xl-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007<\/a><\/i>, 13:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 6.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref109\" name=\"_edn109\">[109]<\/a>\u00a0Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 65:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 289.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref110\" name=\"_edn110\">[110]<\/a>\u00a0Cf.,\u00a0<i>ib\u00edd.<\/i>, 36-37:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 275-276.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref111\" name=\"_edn111\">[111]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>ib\u00edd.<\/i>, 37:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 275-276.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref112\" name=\"_edn112\">[112]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a>,<\/i>\u00a0sobre el apostolado de los laicos, 11.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref113\" name=\"_edn113\">[113]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 14:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 264; Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 32:\u00a0<i>l.c.<\/i>,<br \/>\n832-833.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref114\" name=\"_edn114\">[114]<\/a>\u00a0Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 77:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 295.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref115\" name=\"_edn115\">[115]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19891208_xxiii-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990<\/a><\/i>, 6:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>82 (1990), 150.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref116\" name=\"_edn116\">[116]<\/a>\u00a0Her\u00e1clito de \u00c9feso\u00a0(\u00c9feso 535 a.C. ca. \u2014 475 a.C. ca.),\u00a0<i>Fragmento<\/i>\u00a022B124, en: H. Diels \u2014 W. Kranz,\u00a0\u00a0<i>Die Fragmente der Vorsokratiker,<\/i>\u00a0Weidmann, Berl\u00edn 1952<sup><span style=\"font-size: small;\">6<\/span><\/sup>.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref117\" name=\"_edn117\">[117]<\/a>\u00a0Cf. Consejo Pontificio de Justicia y Paz,\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/justpeace\/documents\/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html\">Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/a><\/i>, nn. 451-487.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref118\" name=\"_edn118\">[118]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19891208_xxiii-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990<\/a><\/i>, 10:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 152-153.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref119\" name=\"_edn119\">[119]<\/a>\u00a0Pablo VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 65:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 289.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref120\" name=\"_edn120\">[120]<\/a>\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20071208_xli-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008<\/a><\/i>, 7:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>100 (2008), 41.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref121\" name=\"_edn121\">[121]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2008\/april\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20080418_un-visit.html\">Discurso a los miembros de la Asamblea General de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas<\/a><\/i>\u00a0(18 abril 2008):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(25 abril 2008), pp. 10-11.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref122\" name=\"_edn122\">[122]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19891208_xxiii-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990<\/a><\/i>, 13:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 154-155.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref123\" name=\"_edn123\">[123]<\/a>\u00a0Id., Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 36:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 838-840.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref124\" name=\"_edn124\">[124]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 38:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 840-841;cf. Benedicto XVI,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20061208_xl-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007<\/a><\/i>, 8:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 6.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref125\" name=\"_edn125\">[125]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 41:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 843-845.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref126\" name=\"_edn126\">[126]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref127\" name=\"_edn127\">[127]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0Id., Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html\">Evangelium vitae<\/a><\/i>, 20:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 422-424.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref128\" name=\"_edn128\">[128]<\/a>\u00a0Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 85:\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>298-299.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref129\" name=\"_edn129\">[129]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_08121997_xxxi-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1998<\/a><\/i>, 3:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>90 (1998), 150; Id.,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1998\/may\/documents\/hf_jp-ii_spe_09051998_fondazione-cent-annus.html\"><i>Discurso a los Miembros de la Fundaci\u00f3n<\/i>\u00a0\u00ab<i>Centesimus Annus<\/i>\u00bb<i>\u00a0pro Pont\u00edfice<\/i><\/a>\u00a0(9 mayo 1998), 2:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(22 mayo 1998), p. 6; Id.,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1998\/june\/documents\/hf_jp-ii_spe_19980620_austria-autorita.html\"><i>Discurso a las autoridades y al Cuerpo diplom\u00e1tico durante el encuentro en el\u00a0<\/i>\u00ab<i>Wiener Hofburg<\/i>\u00bb<\/a>\u00a0(20 junio 1998), 8:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(26 junio 1998), p. 10; Id.,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/2000\/apr-jun\/documents\/hf_jp-ii_spe_20000505_sergio-zaninelli.html\">Mensaje al Rector Magn\u00edfico de la Universidad Cat\u00f3lica del Sagrado Coraz\u00f3n<\/a>\u00a0<\/i>(5 mayo 2000), 6:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(26 mayo 2000), p. 3.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref130\" name=\"_edn130\">[130]<\/a>\u00a0Seg\u00fan Santo Tom\u00e1s \u00abratio partis contrariatur rationi personae\u00bb en\u00a0<i>III Sent<\/i>\u00a0d. 5, 3, 2; tambi\u00e9n: \u00abHomo non ordinatur ad communitatem politicam secundum se totum et secundum omnia sua\u00bb en\u00a0<i>Summa\u00a0 Theologiae<\/i>, I-II, q. 21, a. 4., ad 3um.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref131\" name=\"_edn131\">[131]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, sobre la Iglesia, 1.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref132\" name=\"_edn132\">[132]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/2001\/november\/documents\/hf_jp-ii_spe_20011108_pontificie-accademie.html\">Discurso a la VI sesi\u00f3n p\u00fablica de las Academias Pontificias<\/a><\/i>\u00a0(8 noviembre 2001), 3:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola<\/i>\u00a0(16 noviembre 2001), p. 7.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref133\" name=\"_edn133\">[133]<\/a>\u00a0Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Declaraci\u00f3n\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_sp.html\">Dominus Iesus<\/a><\/i>, sobre la unicidad y la universalidad salv\u00edfica de Jesucristo y de la Iglesia (6 agosto 2000), 22:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>92 (2000), 763-764; Id.,\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_20021124_politica_sp.html\">Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los cat\u00f3licos en la vida pol\u00edtica<\/a>\u00a0<\/i>(24 noviembre 2002)<i>,<\/i>\u00a08:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>96 (2004), 369-370.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref134\" name=\"_edn134\">[134]<\/a>\u00a0Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>, 31:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 1010; cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2006\/october\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20061019_convegno-verona.html\">Discurso a los participantes en la IV Asamblea Eclesial Nacional Italiana<\/a><\/i>\u00a0(19 octubre 2006):\u00a0<i>l.c.,\u00a0<\/i>8-10.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref135\" name=\"_edn135\">[135]<\/a>\u00a0Juan Pablo II, Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 5:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 798-800; cf. Benedicto XVI,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2006\/october\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20061019_convegno-verona.html\">Discurso a los participantes en la IV Asamblea Eclesial Nacional Italiana<\/a><\/i>\u00a0(19 octubre 2006):\u00a0<i>l.c.<\/i>, 8-10.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref136\" name=\"_edn136\">[136]<\/a>\u00a0N. 12.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref137\" name=\"_edn137\">[137]<\/a>\u00a0Cf. P\u00edo XI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo anno<\/a>\u00a0<\/i>(15 mayo 1931):\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a023 (1931), 203; Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a>,\u00a0<\/i>48:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 852-854;\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/p3s1c2a1_sp.html#I%20%20El%20car%C3%A1cter%20comunitario%20de%20la%20vocaci%C3%B3n%20humana\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/a>,\u00a0<\/i>1883<i>.<\/i><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref138\" name=\"_edn138\">[138]<\/a>\u00a0Cf. Juan XXIII, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/i>:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 274.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref139\" name=\"_edn139\">[139]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 10. 41:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 262. 277-278.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref140\" name=\"_edn140\">[140]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2007\/october\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20071005_cti.html\">Discurso a los participantes en la sesi\u00f3n plenaria de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional<\/a><\/i>\u00a0(5 octubre 2007):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(12 octubre 2007), p. 3;\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2007\/february\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20070212_pul.html\">Discurso a los participantes en el Congreso Internacional sobre \u00abLa ley moral natural\u00bb organizado por la Pontificia Universidad Lateranense<\/a><\/i>\u00a0(12 febrero 2007):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(16 febrero 2007), p. 3.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref141\" name=\"_edn141\">[141]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2008\/may\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20080516_bishops-thailand.html\">Discurso a los Obispos de Tailandia en visita \u00abad limina apostolorum\u00bb<\/a><\/i>\u00a0(16 mayo 2008):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(30 mayo 2008), p. 14.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref142\" name=\"_edn142\">[142]<\/a>\u00a0Cf. Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes\u00a0 e Itinerantes, Instr.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/migrants\/documents\/rc_pc_migrants_doc_20040514_erga-migrantes-caritas-christi_sp.html\">Erga migrantes caritas Christi<\/a><\/i>\u00a0(3 mayo 2004):\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>96 (2004), 762-822.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref143\" name=\"_edn143\">[143]<\/a>\u00a0Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 8:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 594-598.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref144\" name=\"_edn144\">[144]<\/a>\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/2000\/apr-jun\/documents\/hf_jp-ii_spe_20000501_jub-workers.html\"><i>Jubileo de los Trabajadores<\/i>.\u00a0<i>Saludos despu\u00e9s de la Misa<\/i><\/a>\u00a0(1 mayo 2000):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola\u00a0<\/i>(5 mayo 2000), p. 6.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref145\" name=\"_edn145\">[145]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 36:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 838-840.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref146\" name=\"_edn146\">[146]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2008\/april\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20080418_un-visit.html\">Discurso a los Miembros de la Asamblea General de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas<\/a>\u00a0<\/i>(18 abril 2008):\u00a0<i>l.c.<\/i>, 10-11.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref147\" name=\"_edn147\">[147]<\/a>\u00a0Cf. Juan XXIII, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/i>:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 293; Consejo Pontificio Justicia y Paz,\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/justpeace\/documents\/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html#El%20valor%20de%20las%20Organizaciones%20Internacionales\">Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/a>,\u00a0<\/i>n. 441.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref148\" name=\"_edn148\">[148]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 82.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref149\" name=\"_edn149\">[149]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo\u00a0 II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 43:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 574-575.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref150\" name=\"_edn150\">[150]<\/a>\u00a0Pablo\u00a0VI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a>,\u00a0<\/i>41:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 277-278; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past,<i>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,\u00a0<\/i>sobre la Iglesia en el mundo actual, 57.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref151\" name=\"_edn151\">[151]<\/a>\u00a0Cf. Juan Pablo II, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Laborem exercens<\/a>,\u00a0<\/i>5:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 586-589.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref152\" name=\"_edn152\">[152]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta apost.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_letters\/documents\/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens.html\">Octogesima adveniens<\/a>,\u00a0<\/i>29:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 420.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref153\" name=\"_edn153\">[153]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2006\/october\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20061019_convegno-verona.html\">Discurso a los participantes en el IV Asamblea Eclesial Nacional Italiana<\/a>,\u00a0<\/i>(19 octubre 2006):\u00a0<i>l.c.<\/i>, 8-10;\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2006\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20060912_regensburg.html\">Homil\u00eda durante la Santa Misa en la explanada de \u00abIsling\u00bb de Ratisbona<\/a><\/i>\u00a0(12 septiembre 2006):\u00a0<i>l.c.<\/i>, 9-10.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref154\" name=\"_edn154\">[154]<\/a>\u00a0Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Instr.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_20081208_dignitas-personae_sp.html\">Dignitas personae<\/a>\u00a0<\/i>sobre algunas cuestiones de bio\u00e9tica (8 septiembre 2008):\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>100 (2008), 858-887.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref155\" name=\"_edn155\">[155]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 3:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 258.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref156\" name=\"_edn156\">[156]<\/a>\u2002Conc. Ecum. Vat.\u00a0II, Const. past.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,\u00a0<\/i>sobre la Iglesia en el mundo actual, 14.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref157\" name=\"_edn157\">[157]<\/a>\u00a0Cf. n. 42:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 278<i>.<\/i><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref158\" name=\"_edn158\">[158]<\/a>\u00a0Cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a>,\u00a0<\/i>35:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 1013-1014.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#_ednref159\" name=\"_edn159\">[159]<\/a>\u00a0Pablo VI,\u00a0Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a>,\u00a0<\/i>42:\u00a0<i>l.c.<\/i>, 278.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(29 de junio de 2009) Carta enc\u00edclica <\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":153440,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[102],"tags":[36301,515,542,85067,44730,88376,3846,88377,57293,16171,31729,88374,39632,240,28797,8902,1767,10231,1646,25884,10175,726,76955,88375],"class_list":["post-153438","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos","tag-amor-y-verdad","tag-benedicto-xvi","tag-bien-comun","tag-caridad-en-la-verdad","tag-cooperacion-internacional","tag-crisis-economica","tag-desarrollo-humano-integral","tag-dignidad-persona","tag-doctrina-social-iglesia","tag-ecologia-humana","tag-economia-etica","tag-enciclica-social","tag-etica-economica","tag-fraternidad","tag-globalizacion","tag-gratuidad","tag-justicia-social","tag-medio-ambiente","tag-pobreza","tag-progreso-humano","tag-responsabilidad-social","tag-solidaridad","tag-subsidiaridad","tag-trabajo-decente"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Caritas in Veritate &#8211; 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