{"id":153419,"date":"1981-09-14T11:14:16","date_gmt":"1981-09-14T09:14:16","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=153419"},"modified":"2026-02-24T15:03:29","modified_gmt":"2026-02-24T14:03:29","slug":"laborem-exercens","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/laborem-exercens\/","title":{"rendered":"Laborem Exercens"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><span style=\"color: #663300; font-size: medium;\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br \/>\n<strong><i><span style=\"font-size: large;\">LABOREM EXERCENS<\/span><\/i><\/strong><br \/>\nDEL SUMO PONT\u00cdFICE<br \/>\nJUAN PABLO II<br \/>\nA LOS VENERABLES HERMANOS<br \/>\nEN EL EPISCOPADO<br \/>\nA LOS SACERDOTES<br \/>\nA LAS FAMILIAS RELIGIOSAS<br \/>\nA LOS HIJOS E HIJAS DE LA IGLESIA<br \/>\nY A TODOS LOS HOMBRES<br \/>\nDE BUENA VOLUNTAD<br \/>\nSOBRE EL TRABAJO HUMANO<br \/>\nEN EL 90 ANIVERSARIO<br \/>\nDE LA\u00a0<i>RERUM NOVARUM<\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerables hermanos,<br \/>\namad\u00edsimos hijos e hijas<br \/>\nsalud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>I. INTRODUCCI\u00d3N<\/b><\/p>\n<p>Con su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241\" name=\"-1\">1<\/a><\/sup>\u00a0contribuir al continuo progreso de las ciencias y la t\u00e9cnica, y sobre todo a la incesante elevaci\u00f3n cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad con sus hermanos. Y \u00abtrabajo\u00bb significa todo tipo de acci\u00f3n realizada por el hombre independientemente de sus caracter\u00edsticas o circunstancias; significa toda actividad humana que se puede o se debe reconocer como trabajo entre las m\u00faltiples actividades de las que el hombre es capaz y a las que est\u00e1 predispuesto por la naturaleza misma en virtud de su humanidad. Hecho a imagen y semejanza de Dios<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242\" name=\"-2\">2<\/a><\/sup>\u00a0en el mundo visible y puesto en \u00e9l para que dominase la tierra,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%243\" name=\"-3\">3<\/a><\/sup>\u00a0el hombre est\u00e1 por ello, desde el principio,<i>\u00a0llamado al trabajo. El trabajo es una de las caracter\u00edsticas que distinguen\u00a0<\/i>al hombre del resto de las criaturas, cuya actividad, relacionada con el mantenimiento de la vida, no puede llamarse trabajo; solamente el hombre es capaz de trabajar, solamente \u00e9l puede llevarlo a cabo, llenando a la vez con el trabajo su existencia sobre la tierra. De este modo el trabajo lleva en s\u00ed un signo particular del hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas; este signo determina su caracter\u00edstica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza.<\/p>\n<p><b>1.<i>\u00a0El trabajo humano 90 a\u00f1os despu\u00e9s de la \u00abRerum novarum\u00bb<\/i><\/b><\/p>\n<p>Habi\u00e9ndose cumplido, el 15 de mayo del a\u00f1o en curso,\u00a0<i>noventa a\u00f1os<\/i>\u00a0desde la publicaci\u00f3n \u2014por obra de Le\u00f3n XIII, el gran Pont\u00edfice de la \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb\u2014 de aquella Enc\u00edclica de decisiva importancia, que comienza con las palabras\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>deseo dedicar este documento precisamente al\u00a0<i>trabajo humano,<\/i>\u00a0y m\u00e1s a\u00fan deseo dedicarlo al\u00a0<i>hombre\u00a0<\/i>en el vasto contexto de esa realidad que es el trabajo. En efecto, si como he dicho en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a>,\u00a0<\/i>publicada al principio de mi servicio en la sede romana de San Pedro, el hombre \u00abes el camino primero y fundamental de la Iglesia\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%244\" name=\"-4\">4<\/a><\/sup>\u00a0y ello precisamente a causa del insondable misterio de la Redenci\u00f3n en Cristo, entonces hay que volver sin cesar a este camino y proseguirlo siempre nuevamente en sus varios aspectos en los que se revela toda la riqueza y a la vez toda la fatiga de la existencia humana sobre la tierra.<\/p>\n<p>El trabajo es uno de estos aspectos, perenne y fundamental, siempre actual y que exige constantemente una renovada atenci\u00f3n y un decidido testimonio. Porque surgen siempre nuevos\u00a0<i>interrogantes y problemas,<\/i>\u00a0nacen siempre nuevas esperanzas, pero nacen tambi\u00e9n temores y amenazas relacionadas con esta dimensi\u00f3n fundamental de la existencia humana, de la que la vida del hombre est\u00e1 hecha cada d\u00eda, de la que deriva la propia dignidad espec\u00edfica y en la que a la vez est\u00e1 contenida la medida incesante de la fatiga humana, del sufrimiento y tambi\u00e9n del da\u00f1o y de la injusticia que invaden profundamente la vida social dentro de cada Naci\u00f3n y a escala internacional. Si bien es verdad que el hombre se nutre con el pan del trabajo de sus manos,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%245\" name=\"-5\">5<\/a><\/sup>\u00a0es decir, no s\u00f3lo de ese pan de cada d\u00eda que mantiene vivo su cuerpo, sino tambi\u00e9n del pan de la ciencia y del progreso, de la civilizaci\u00f3n y de la cultura, entonces es tambi\u00e9n verdad perenne que \u00e9l se nutre de ese pan<i>\u00a0con el sudor de su frente;<\/i><sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%246\" name=\"-6\">6<\/a><\/sup>\u00a0o sea no s\u00f3lo con el esfuerzo y la fatiga personales, sino tambi\u00e9n en medio de tantas tensiones, conflictos y crisis que, en relaci\u00f3n con la realidad del trabajo, trastocan la vida de cada sociedad y aun de toda la humanidad.<\/p>\n<p>Celebramos el 90\u00b0 aniversario de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>\u00a0<\/i>en v\u00edsperas de nuevos adelantos en las condiciones tecnol\u00f3gicas, econ\u00f3micas y pol\u00edticas que, seg\u00fan muchos expertos, influir\u00e1n en el mundo del trabajo y de la producci\u00f3n no menos de cuanto lo hizo la revoluci\u00f3n industrial del siglo pasado. Son m\u00faltiples los factores de alcance general: la introducci\u00f3n generalizada de la automatizaci\u00f3n en muchos campos de la producci\u00f3n, el aumento del coste de la energ\u00eda y de las materias b\u00e1sicas; la creciente toma de conciencia de la limitaci\u00f3n del patrimonio natural y de su insoportable contaminaci\u00f3n; la aparici\u00f3n en la escena pol\u00edtica de pueblos que, tras siglos de sumisi\u00f3n, reclaman su leg\u00edtimo puesto entre las naciones y en las decisiones internacionales. Estas condiciones y exigencias nuevas har\u00e1n necesaria una reorganizaci\u00f3n y revisi\u00f3n de las estructuras de la econom\u00eda actual, as\u00ed como de la distribuci\u00f3n del trabajo. Tales cambios podr\u00e1n quiz\u00e1s significar por desgracia, para millones de trabajadores especializados, desempleo, al menos temporal, o necesidad de nueva especializaci\u00f3n; conllevar\u00e1n muy probablemente una disminuci\u00f3n o crecimiento menos r\u00e1pido del bienestar material para los Pa\u00edses m\u00e1s desarrollados; pero podr\u00e1n tambi\u00e9n proporcionar respiro y esperanza a millones de seres que viven hoy en condiciones de vergonzosa e indigna miseria.<\/p>\n<p>No corresponde a la Iglesia analizar cient\u00edficamente las posibles consecuencias de tales cambios en la convivencia humana. Pero la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos, y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un aut\u00e9ntico progreso del hombre y de la sociedad.<\/p>\n<p><b>2.<i>\u00a0En una l\u00ednea de desarrollo org\u00e1nico de la acci\u00f3n y ense\u00f1anza social de la Iglesia<\/i><\/b><\/p>\n<p>Ciertamente el trabajo, en cuanto problema del hombre, ocupa el centro mismo de la \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb, a la que durante los casi cien a\u00f1os transcurridos desde la publicaci\u00f3n de la mencionada Enc\u00edclica se dirigen de modo especial las ense\u00f1anzas de la Iglesia y las m\u00faltiples iniciativas relacionadas con su misi\u00f3n apost\u00f3lica. Si deseo concentrar en ellas estas reflexiones, quiero hacerlo no de manera diversa, sino m\u00e1s bien en conexi\u00f3n org\u00e1nica con toda la tradici\u00f3n de tales ense\u00f1anzas e iniciativas. Pero a la vez hago esto siguiendo las orientaciones del Evangelio, para sacar del\u00a0<i>patrimonio del Evangelio<\/i>\u00a0\u00abcosas nuevas y cosas viejas\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%247\" name=\"-7\">7<\/a><\/sup>\u00a0Ciertamente el trabajo es \u00abcosa antigua\u00bb, tan antigua como el hombre y su vida sobre la tierra. La situaci\u00f3n general del hombre en el mundo contempor\u00e1neo, considerada y analizada en sus varios aspectos geogr\u00e1ficos, de cultura y civilizaci\u00f3n, exige sin embargo que se descubran los\u00a0<i>nuevos significados del trabajo\u00a0<\/i>humano y que se formulen asimismo\u00a0<i>los nuevos cometidos\u00a0<\/i>que en este campo se brindan a cada hombre, a cada familia, a cada Naci\u00f3n, a todo el g\u00e9nero humano y, finalmente, a la misma Iglesia.<\/p>\n<p>En el espacio de los a\u00f1os que nos separan de la publicaci\u00f3n de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>la cuesti\u00f3n social no ha dejado de ocupar la atenci\u00f3n de la Iglesia. Prueba de ello son los numerosos documentos del Magisterio, publicados por los Pont\u00edfices, as\u00ed como por el Concilio Vaticano II. Prueba asimismo de ello son las declaraciones de los Episcopados o la actividad de los diversos centros de pensamiento y de iniciativas concretas de apostolado, tanto a escala internacional como a escala de Iglesias locales. Es dif\u00edcil enumerar aqu\u00ed detalladamente todas las manifestaciones del vivo inter\u00e9s de la Iglesia y de los cristianos por la cuesti\u00f3n social, dado que son muy numerosas. Como fruto del Concilio, el principal centro de coordinaci\u00f3n en este campo ha venido a ser\u00a0<i>la Pontificia Comisi\u00f3n Justicia y Paz,\u00a0<\/i>la cual cuenta con Organismos correspondientes en el \u00e1mbito de cada Conferencia Episcopal. El nombre de esta instituci\u00f3n es muy significativo: indica que la cuesti\u00f3n social debe ser tratada en su dimensi\u00f3n integral y compleja. El compromiso en favor de la justicia debe estar \u00edntimamente unido con el compromiso en favor de la paz en el mundo contempor\u00e1neo. Y ciertamente se ha pronunciado en favor de este doble cometido la dolorosa experiencia de las dos grandes guerras mundiales, que, durante los \u00faltimos 90 a\u00f1os, han sacudido a muchos Pa\u00edses tanto del continente europeo como, al menos en parte, de otros continentes. Se manifiesta en su favor, especialmente despu\u00e9s del final de la segunda guerra mundial, la permanente amenaza de una guerra nuclear y la perspectiva de la terrible autodestrucci\u00f3n que deriva de ella.<\/p>\n<p>Si seguimos\u00a0<i>la l\u00ednea principal del desarrollo de los documentos\u00a0<\/i>del supremo Magisterio de la Iglesia, encontramos en ellos la expl\u00edcita confirmaci\u00f3n de tal planteamiento del problema. La postura clave, por lo que se refiere a la cuesti\u00f3n de la paz en el mundo, es la de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a>\u00a0<\/i>de Juan XXIII. Si se considera en cambio la evoluci\u00f3n de la cuesti\u00f3n de la justicia social, ha de notarse que, mientras en el per\u00edodo comprendido entre la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a><\/i>\u00a0y la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo Anno<\/a>\u00a0<\/i>de P\u00edo XI, las ense\u00f1anzas de la Iglesia se concentran sobre todo en torno a la justa soluci\u00f3n de la llamada cuesti\u00f3n obrera, en el \u00e1mbito de cada Naci\u00f3n y, en la etapa posterior, ampl\u00edan el horizonte a dimensiones mundiales. La distribuci\u00f3n desproporcionada de riqueza y miseria, la existencia de Pa\u00edses y Continentes desarrollados y no desarrollados, exigen una justa distribuci\u00f3n y la b\u00fasqueda de v\u00edas para un justo desarrollo de todos. En esta direcci\u00f3n se mueven las ense\u00f1anzas contenidas en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a>\u00a0<\/i>de Juan XXIII, en la Constituci\u00f3n pastoral\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a>\u00a0<\/i>del Concilio Vaticano II y en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum Progressio<\/a>\u00a0<\/i>de Pablo VI.<\/p>\n<p>Esta direcci\u00f3n de desarrollo de las ense\u00f1anzas y del compromiso de la Iglesia en la cuesti\u00f3n social, corresponde exactamente al reconocimiento objetivo del estado de las cosas. Si en el pasado, como centro de tal cuesti\u00f3n, se pon\u00eda de relieve ante todo\u00a0<i>el problema de la \u00abclase\u00bb,\u00a0<\/i>en \u00e9poca m\u00e1s reciente se coloca en primer plano\u00a0<i>el problema del \u00abmundo\u00bb.\u00a0<\/i>Por lo tanto, se considera no s\u00f3lo el \u00e1mbito de la clase, sino tambi\u00e9n el \u00e1mbito mundial de la desigualdad y de la injusticia; y, en consecuencia, no s\u00f3lo la dimensi\u00f3n de clase, sino la dimensi\u00f3n mundial de las tareas que llevan a la realizaci\u00f3n de la justicia en el mundo contempor\u00e1neo. Un an\u00e1lisis completo de la situaci\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo ha puesto de manifiesto de modo todav\u00eda m\u00e1s profundo y m\u00e1s pleno el significado del an\u00e1lisis anterior de las injusticias sociales; y es el significado que hoy se debe dar a los esfuerzos encaminados a construir la justicia sobre la tierra, no escondiendo con ello las estructuras injustas, sino exigiendo un examen de las mismas y su transformaci\u00f3n en una dimensi\u00f3n m\u00e1s universal.<\/p>\n<p><b>3.\u00a0<i>El problema del trabajo, clave de la cuesti\u00f3n social<\/i><\/b><\/p>\n<p>En medio de todos estos procesos \u2014tanto del diagn\u00f3stico de la realidad social objetiva como tambi\u00e9n de las ense\u00f1anzas de la Iglesia en el \u00e1mbito de la compleja y variada cuesti\u00f3n social\u2014\u00a0<i>el problema del trabajo humano\u00a0<\/i>aparece naturalmente muchas veces. Es, de alguna manera, un\u00a0<i>elemento fijo\u00a0<\/i>tanto de la vida social como de las ense\u00f1anzas de la Iglesia. En esta ense\u00f1anza, sin embargo, la atenci\u00f3n al problema se remonta m\u00e1s all\u00e1 de los \u00faltimos noventa a\u00f1os. En efecto, la doctrina social de la Iglesia tiene su fuente en la Sagrada Escritura, comenzando por el libro del G\u00e9nesis y, en particular, en el Evangelio y en los escritos apost\u00f3licos. Esa doctrina perteneci\u00f3 desde el principio a la ense\u00f1anza de la Iglesia misma, a su concepci\u00f3n del hombre y de la vida social y, especialmente, a la moral social elaborada seg\u00fan las necesidades de las distintas \u00e9pocas. Este patrimonio tradicional ha sido despu\u00e9s heredado y desarrollado por las ense\u00f1anzas de los Pont\u00edfices sobre la moderna \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb, empezando por la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>.\u00a0<\/i>En el contexto de esta \u00abcuesti\u00f3n\u00bb, la profundizaci\u00f3n del problema del trabajo ha experimentado una continua puesta al d\u00eda conservando siempre aquella base cristiana de verdad que podemos llamar perenne.<\/p>\n<p>Si en el presente documento volvemos de nuevo sobre este problema \u2014sin querer por lo dem\u00e1s tocar todos los argumentos que a \u00e9l se refieren\u2014 no es para recoger y repetir lo que ya se encuentra en las ense\u00f1anzas de la Iglesia, sino m\u00e1s bien para poner de relieve \u2014quiz\u00e1 m\u00e1s de lo que se ha hecho hasta ahora\u2014 que el trabajo humano\u00a0<i>es una clave,\u00a0<\/i>quiz\u00e1\u00a0<i>la clave esencial,\u00a0<\/i>de toda la cuesti\u00f3n social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre. Y si la soluci\u00f3n, o mejor, la soluci\u00f3n gradual de la cuesti\u00f3n social, que se presenta de nuevo constantemente y se hace cada vez m\u00e1s compleja, debe buscarse en la direcci\u00f3n de \u00abhacer la vida humana m\u00e1s humana\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%248\" name=\"-8\">8<\/a><\/sup>\u00a0entonces la clave, que es el trabajo humano, adquiere una importancia fundamental y decisiva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>II. EL TRABAJO Y EL HOMBRE<\/b><\/p>\n<p><b>4.<i>\u00a0En el libro del G\u00e9nesis<\/i><\/b><\/p>\n<p>La Iglesia est\u00e1 convencida de que el trabajo constituye una dimensi\u00f3n fundamental de la existencia del hombre en la tierra. Ella se confirma en esta convicci\u00f3n considerando tambi\u00e9n todo el patrimonio de las diversas ciencias dedicadas al estudio del hombre: la antropolog\u00eda, la paleontolog\u00eda, la historia, la sociolog\u00eda, la sicolog\u00eda, etc.; todas parecen testimoniar de manera irrefutable esta realidad. La Iglesia, sin embargo, saca esta convicci\u00f3n sobre todo de la fuente de la Palabra de Dios revelada, y por ello lo que es\u00a0<i>una convicci\u00f3n de la inteligencia\u00a0<\/i>adquiere a la vez el car\u00e1cter de\u00a0<i>una convicci\u00f3n de fe.\u00a0<\/i>El motivo es que la Iglesia \u2014vale la pena observarlo desde ahora\u2014 cree en el hombre: ella piensa en el hombre y se dirige a \u00e9l\u00a0<i>no s\u00f3lo\u00a0<\/i>a la luz de la experiencia hist\u00f3rica, no s\u00f3lo con la ayuda de los m\u00faltiples m\u00e9todos del conocimiento cient\u00edfico, sino ante todo a la luz de la palabra revelada del Dios vivo. Al hacer referencia al hombre, ella trata\u00a0<i>de expresar los designios\u00a0<\/i>eternos y los\u00a0<i>destinos\u00a0<\/i>trascendentes que el\u00a0<i>Dios vivo,\u00a0<\/i>Creador y Redentor ha unido al hombre.<\/p>\n<p>La Iglesia halla ya\u00a0<i>en las primeras p\u00e1ginas del libro del G\u00e9nesis\u00a0<\/i>la fuente de su convicci\u00f3n seg\u00fan la cual el trabajo constituye una dimensi\u00f3n fundamental de la existencia humana sobre la tierra. El an\u00e1lisis de estos textos nos hace conscientes a cada uno del hecho de que en ellos \u2014a veces aun manifestando el pensamiento de una manera arcaica\u2014 han sido expresadas las verdades fundamentales sobre el hombre, ya en el contexto del misterio de la Creaci\u00f3n. Estas son las verdades que deciden acerca del hombre desde el principio y que, al mismo tiempo, trazan las grandes l\u00edneas de su existencia en la tierra, tanto en el estado de justicia original como tambi\u00e9n despu\u00e9s de la ruptura, provocada por el pecado, de la alianza original del Creador con lo creado, en el hombre. Cuando \u00e9ste, hecho \u00aba imagen de Dios&#8230; var\u00f3n y hembra\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%249\" name=\"-9\">9<\/a><\/sup>\u00a0siente las palabras: \u00abProcread y\u00a0<i>multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla<\/i>\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24A\" name=\"-A\">10<\/a><\/sup>\u00a0aunque estas palabras no se refieren directa y expl\u00edcitamente al trabajo, indirectamente ya se lo indican sin duda alguna como una actividad a desarrollar en el mundo. M\u00e1s a\u00fan, demuestran su misma esencia m\u00e1s profunda. El hombre es la imagen de Dios, entre otros motivos por el mandato recibido de su Creador de someter y dominar la tierra. En la realizaci\u00f3n de este mandato, el hombre, todo ser humano, refleja la acci\u00f3n misma del Creador del universo.<\/p>\n<p>El trabajo entendido como una actividad \u00abtransitiva\u00bb, es decir, de tal naturaleza que, empezando en el sujeto humano, est\u00e1 dirigida hacia un objeto externo, supone un dominio espec\u00edfico del hombre sobre la \u00abtierra\u00bb y a la vez confirma y desarrolla este dominio. Est\u00e1 claro que con el t\u00e9rmino \u00abtierra\u00bb, del que habla el texto b\u00edblico, se debe entender ante todo la parte del universo visible en el que habita el hombre; por extensi\u00f3n sin embargo, se puede entender todo el mundo visible, dado que se encuentra en el radio de influencia del hombre y de su b\u00fasqueda por satisfacer las propias necesidades. La expresi\u00f3n \u00absometer la tierra\u00bb tiene un amplio alcance. Indica todos los recursos que la tierra (e indirectamente el mundo visible) encierra en s\u00ed y que, mediante la actividad consciente del hombre, pueden ser descubiertos y oportunamente usados. De esta manera, aquellas palabras, puestas al principio de la Biblia,\u00a0<i>no dejan de ser actuales.<\/i>\u00a0Abarcan todas las \u00e9pocas pasadas de la civilizaci\u00f3n y de la econom\u00eda, as\u00ed como toda la realidad contempor\u00e1nea y las fases futuras del desarrollo, las cuales, en alguna medida, quiz\u00e1s se est\u00e1n delineando ya, aunque en gran parte permanecen todav\u00eda casi desconocidas o escondidas para el hombre.<\/p>\n<p>Si a veces se habla de per\u00edodo de \u00abaceleraci\u00f3n\u00bb en la vida econ\u00f3mica y en la civilizaci\u00f3n de la humanidad o de las naciones, uniendo estas \u00abaceleraciones\u00bb al progreso de la ciencia y de la t\u00e9cnica, y especialmente a los descubrimientos decisivos para la vida socio-econ\u00f3mica, se puede decir al mismo tiempo que ninguna de estas \u00abaceleraciones\u00bb supera el contenido esencial de lo indicado en ese antiqu\u00edsimo texto b\u00edblico. Haci\u00e9ndose \u2014mediante su trabajo\u2014 cada vez m\u00e1s due\u00f1o de la tierra y confirmando todav\u00eda \u2014mediante el trabajo\u2014 su dominio sobre el mundo visible, el hombre en cada caso y en cada fase de este proceso se coloca en la l\u00ednea del plan original del Creador; lo cual est\u00e1 necesaria e indisolublemente unido al hecho de que el hombre ha sido creado, var\u00f3n y hembra, \u00aba imagen de Dios\u00bb. Este\u00a0<i>proceso es,\u00a0<\/i>al mismo tiempo,\u00a0<i>universal:\u00a0<\/i>abarca a todos los hombres, a cada generaci\u00f3n, a cada fase del desarrollo econ\u00f3mico y cultural, y\u00a0<i>a la vez\u00a0<\/i>es un proceso que se act\u00faa\u00a0<i>en cada hombre,\u00a0<\/i>en cada sujeto humano consciente. Todos y cada uno est\u00e1n comprendidos en \u00e9l con tempor\u00e1neamente. Todos y cada uno, en una justa medida y en un n\u00famero incalculable de formas, toman parte en este gigantesco proceso, mediante el cual el hombre \u00absomete la tierra\u00bb con su trabajo.<\/p>\n<p><b>5.<i>\u00a0El trabajo en sentido objetivo: la t\u00e9cnica<\/i><\/b><\/p>\n<p>Esta universalidad y a la vez esta multiplicidad del proceso de \u00absometer la tierra\u00bb iluminan el trabajo del hombre, ya que el dominio del hombre sobre la tierra se realiza en el trabajo y mediante el trabajo. Emerge as\u00ed el significado del\u00a0<i>trabajo en sentido objetivo,\u00a0<\/i>el cual halla su expresi\u00f3n en las varias \u00e9pocas de la cultura y de la civilizaci\u00f3n. El hombre domina ya la tierra por el hecho de que domestica los animales, los cr\u00eda y de ellos saca el alimento y vestido necesarios, y por el hecho de que puede extraer de la tierra y de los mares diversos recursos naturales. Pero mucho m\u00e1s \u00absomete la tierra\u00bb, cuando el hombre empieza a cultivarla y posteriormente elabora sus productos, adapt\u00e1ndolos a sus necesidades. La agricultura constituye as\u00ed un campo primario de la actividad econ\u00f3mica y un factor indispensable de la producci\u00f3n por medio del trabajo humano. La industria, a su vez, consistir\u00e1 siempre en conjugar las riquezas de la tierra \u2014los recursos vivos de la naturaleza, los productos de la agricultura, los recursos minerales o qu\u00edmicos\u2014 y el trabajo del hombre, tanto el trabajo f\u00edsico como el intelectual. Lo cual puede aplicarse tambi\u00e9n en cierto sentido al campo de la llamada industria de los servicios y al de la investigaci\u00f3n, pura o aplicada.<\/p>\n<p>Hoy, en la industria y en la agricultura la actividad del hombre ha dejado de ser, en muchos casos, un trabajo prevalentemente manual, ya que la fatiga de las manos y de los m\u00fasculos es ayudada por\u00a0<i>m\u00e1quinas y mecanismos cada vez m\u00e1s perfeccionados.\u00a0<\/i>No solamente en la industria, sino tambi\u00e9n en la agricultura, somos testigos de las transformaciones llevadas a cabo por el gradual y continuo desarrollo de la ciencia y de la t\u00e9cnica. Lo cual, en su conjunto, se ha convertido hist\u00f3ricamente en una causa de profundas transformaciones de la civilizaci\u00f3n, desde el origen de la \u00abera industrial\u00bb hasta las sucesivas fases de desarrollo gracias a las nuevas t\u00e9cnicas, como las de la electr\u00f3nica o de los microprocesadores de los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Aunque pueda parecer que en el proceso industrial \u00abtrabaja\u00bb la m\u00e1quina mientras el hombre solamente la vigila, haciendo posible y guiando de diversas maneras su funcionamiento, es verdad tambi\u00e9n que precisamente por ello el desarrollo industrial pone la base para plantear de manera nueva el problema del trabajo humano. Tanto la primera industrializaci\u00f3n, que cre\u00f3 la llamada cuesti\u00f3n obrera, como los sucesivos cambios industriales y postindustriales, demuestran de manera elocuente que, tambi\u00e9n en la \u00e9poca del \u00abtrabajo\u00bb cada vez m\u00e1s mecanizado,\u00a0<i>el sujeto propio del trabajo sigue siendo el hombre.<\/i><\/p>\n<p>El desarrollo de la industria y de los diversos sectores relacionados con ella \u2014hasta las m\u00e1s modernas tecnolog\u00edas de la electr\u00f3nica, especialmente en el terreno de la miniaturizaci\u00f3n, de la inform\u00e1tica, de la telem\u00e1tica y otros\u2014 indica el papel de primer\u00edsima importancia que adquiere, en la interacci\u00f3n entre el sujeto y objeto del trabajo (en el sentido m\u00e1s amplio de esta palabra), precisamente esa aliada del trabajo, creada por el cerebro humano, que es la t\u00e9cnica. Entendida aqu\u00ed no como capacidad o aptitud para el trabajo, sino como<i>un conjunto de instrumentos\u00a0<\/i>de los que el hombre se vale en su trabajo, la t\u00e9cnica es indudablemente una aliada del hombre. Ella le facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica. Ella fomenta el aumento de la cantidad de productos del trabajo y perfecciona incluso la calidad de muchos de ellos. Es un hecho, por otra parte, que a veces, la t\u00e9cnica puede transformarse de aliada en adversaria del hombre, como cuando la mecanizaci\u00f3n del trabajo \u00absuplanta\u00bb al hombre, quit\u00e1ndole toda satisfacci\u00f3n personal y el est\u00edmulo a la creatividad y responsabilidad; cuando quita el puesto de trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltaci\u00f3n de la m\u00e1quina reduce al hombre a ser su esclavo.<\/p>\n<p>Si las palabras b\u00edblicas \u00absometed la tierra\u00bb, dichas al hombre desde el principio, son entendidas en el contexto de toda la \u00e9poca moderna, industrial y postindustrial, indudablemente encierran ya en s\u00ed\u00a0<i>una relaci\u00f3n con la t\u00e9cnica,\u00a0<\/i>con el mundo de mecanismos y m\u00e1quinas que es el fruto del trabajo del cerebro humano y la confirmaci\u00f3n hist\u00f3rica del dominio del hombre sobre la naturaleza.<\/p>\n<p>La \u00e9poca reciente de la historia de la humanidad, especialmente la de algunas sociedades, conlleva una justa afirmaci\u00f3n de la t\u00e9cnica como un coeficiente fundamental del progreso econ\u00f3mico; pero al mismo tiempo, con esta afirmaci\u00f3n han surgido y contin\u00faan surgiendo los interrogantes esenciales que se refieren al trabajo humano en relaci\u00f3n con el sujeto, que es precisamente el hombre. Estos interrogantes encierran una carga particular de\u00a0<i>contenidos y tensiones de car\u00e1cter \u00e9tico y \u00e9tico-social.\u00a0<\/i>Por ello constituyen un desaf\u00edo continuo para m\u00faltiples instituciones, para los Estados y para los gobiernos, para los sistemas y las organizaciones internacionales; constituyen tambi\u00e9n un desaf\u00edo para la Iglesia.<\/p>\n<p><b>6.<i>\u00a0El trabajo en sentido subjetivo: el hombre, sujeto del trabajo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Para continuar nuestro an\u00e1lisis del trabajo en relaci\u00f3n con la palabras de la Biblia, en virtud de las cuales el hombre ha de someter la tierra, hemos de concentrar nuestra atenci\u00f3n\u00a0<i>sobre el trabajo en sentido subjetivo,\u00a0<\/i>mucho m\u00e1s de cuanto lo hemos hecho hablando acerca del significado objetivo del trabajo, tocando apenas esa vasta problem\u00e1tica que conocen perfecta y detalladamente los hombres de estudio en los diversos campos y tambi\u00e9n los hombres mismos del trabajo seg\u00fan sus especializaciones. Si las palabras del libro del G\u00e9nesis, a las que nos referimos en este an\u00e1lisis, hablan indirectamente del trabajo en sentido objetivo, a la vez hablan tambi\u00e9n del sujeto del trabajo; y lo que dicen es muy elocuente y est\u00e1 lleno de un gran significado.<\/p>\n<p>El hombre debe someter la tierra, debe dominarla, porque como \u00abimagen de Dios\u00bb es una persona, es decir, un ser subjetivo capaz de obrar de manera programada y racional, capaz de decidir acerca de s\u00ed y que tiende a realizarse a s\u00ed mismo.\u00a0<i>Como persona, el hombre es pues sujeto del trabajo.\u00a0<\/i>Como persona \u00e9l trabaja, realiza varias acciones pertenecientes al proceso del trabajo; \u00e9stas, independientemente de su contenido objetivo, han de servir todas ellas a la realizaci\u00f3n de su humanidad, al perfeccionamiento de esa vocaci\u00f3n de persona, que tiene en virtud de su misma humanidad. Las principales verdades sobre este tema han sido \u00faltimamente recordadas por el Concilio Vaticano II en la Constituci\u00f3n\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a>,\u00a0<\/i>sobre todo en el cap\u00edtulo I, dedicado a la vocaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>As\u00ed ese \u00abdominio\u00bb del que habla el texto b\u00edblico que estamos analizando, se refiere no s\u00f3lo a la dimensi\u00f3n objetiva del trabajo, sino que nos introduce contempor\u00e1neamente en la comprensi\u00f3n de su dimensi\u00f3n subjetiva. El trabajo entendido como proceso mediante el cual el hombre y el g\u00e9nero humano someten la tierra, corresponde a este concepto fundamental de la Biblia s\u00f3lo cuando al mismo tiempo, en todo este proceso, el hombre se manifiesta y confirma\u00a0<i>como el que \u00abdomina\u00bb.\u00a0<\/i>Ese dominio se refiere en cierto sentido a la dimensi\u00f3n subjetiva m\u00e1s que a la objetiva: esta dimensi\u00f3n condiciona\u00a0<i>la misma esencia \u00e9tica\u00a0<\/i>del trabajo. En efecto no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor \u00e9tico, el cual est\u00e1 vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona, un sujeto consciente y libre, es decir, un sujeto que decide de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Esta verdad, que constituye en cierto sentido el meollo fundamental y perenne de la doctrina cristiana sobre el trabajo humano, ha tenido y sigue teniendo un significado primordial en la formulaci\u00f3n de los importantes problemas sociales que han interesado \u00e9pocas enteras.<\/p>\n<p><i>La edad antigua\u00a0<\/i>introdujo entre los hombres una propia y t\u00edpica diferenciaci\u00f3n en gremios, seg\u00fan el tipo de trabajo que realizaban. El trabajo que exig\u00eda de parte del trabajador el uso de sus fuerzas f\u00edsicas, el trabajo de los m\u00fasculos y manos, era considerado indigno de hombres libres y por ello era ejecutado por los esclavos. El cristianismo, ampliando algunos aspectos ya contenidos en el Antiguo Testamento, ha llevado a cabo una fundamental transformaci\u00f3n de conceptos, partiendo de todo el contenido del mensaje evang\u00e9lico y sobre todo del hecho de que Aquel,\u00a0<i>que siendo Dios\u00a0<\/i>se hizo semejante a nosotros en todo,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24B\" name=\"-B\">11<\/a><\/sup>\u00a0dedic\u00f3 la mayor parte de los a\u00f1os de su vida terrena\u00a0<i>al trabajo manual\u00a0<\/i>junto al banco del carpintero. Esta circunstancia constituye por s\u00ed sola el m\u00e1s elocuente \u00abEvangelio del trabajo\u00bb, que manifiesta c\u00f3mo el fundamento para determinar el valor del trabajo humano no es en primer lugar el tipo de trabajo que se realiza, sino el hecho de que quien lo ejecuta es una persona. Las fuentes de la dignidad del trabajo deben buscarse principalmente no en su dimensi\u00f3n objetiva, sino en su dimensi\u00f3n subjetiva.<\/p>\n<p>En esta concepci\u00f3n desaparece casi el fundamento mismo de la antigua divisi\u00f3n de los hombres en clases sociales, seg\u00fan el tipo de trabajo que realizasen. Esto no quiere decir que el trabajo humano, desde el punto de vista objetivo, no pueda o no deba ser de alg\u00fan modo valorizado y cualificado. Quiere decir solamente que\u00a0<i>el primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo, su sujeto.<\/i>\u00a0A esto va unida inmediatamente una consecuencia muy importante de naturaleza \u00e9tica: es cierto que el hombre est\u00e1 destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo est\u00e1 \u00aben funci\u00f3n del hombre\u00bb y no el hombre \u00aben funci\u00f3n del trabajo\u00bb. Con esta conclusi\u00f3n se llega justamente a reconocer la preeminencia del significado subjetivo del trabajo sobre el significado objetivo. Dado este modo de entender, y suponiendo que algunos trabajos realizados por los hombres puedan tener un valor objetivo m\u00e1s o menos grande, sin embargo queremos poner en evidencia que cada uno de ellos se mide sobre todo con\u00a0<i>el metro de la dignidad<\/i>\u00a0del sujeto mismo del trabajo, o sea de la persona, del\u00a0<i>hombre que lo realiza.<\/i>\u00a0A su vez, independientemente del trabajo que cada hombre realiza, y suponiendo que ello constituya una finalidad \u2014a veces muy exigente\u2014 de su obrar, esta finalidad no posee un significado definitivo por s\u00ed mismo. De hecho, en fin de cuentas,\u00a0<i>la finalidad del trabajo,\u00a0<\/i>de cualquier trabajo realizado por el hombre \u2014aunque fuera el trabajo \u00abm\u00e1s corriente\u00bb, m\u00e1s mon\u00f3tono en la escala del modo com\u00fan de valorar, e incluso el que m\u00e1s margina\u2014 permanece siempre el hombre mismo.<\/p>\n<p><b>7.<i>\u00a0Una amenaza al justo orden de los valores<\/i><\/b><\/p>\n<p>Precisamente estas afirmaciones b\u00e1sicas sobre el trabajo han surgido siempre de la riqueza de la verdad cristiana, especialmente del mensaje mismo del \u00abEvangelio del trabajo\u00bb, creando el fundamento del nuevo modo humano de pensar, de valorar y de actuar. En la \u00e9poca moderna, desde el comienzo de la era industrial, la verdad cristiana sobre el trabajo deb\u00eda contraponerse a las diversas corrientes del pensamiento\u00a0<i>materialista y \u00abeconomicista\u00bb.<\/i><\/p>\n<p>Para algunos fautores de tales ideas, el trabajo se entend\u00eda y se trataba como una especie de \u00abmercanc\u00eda\u00bb, que el trabajador \u2014especialmente el obrero de la industria\u2014 vende al empresario, que es a la vez poseedor del capital, o sea del conjunto de los instrumentos de trabajo y de los medios que hacen posible la producci\u00f3n. Este modo de entender el trabajo se difundi\u00f3, de modo particular, en la primera mitad del siglo XIX. A continuaci\u00f3n, las formulaciones expl\u00edcitas de este tipo casi han ido desapareciendo, cediendo a un modo m\u00e1s humano de pensar y valorar el trabajo. La interacci\u00f3n entre el hombre del trabajo y el conjunto de los instrumentos y de los medios de producci\u00f3n ha dado lugar al desarrollo de diversas formas de capitalismo \u2014paralelamente a diversas formas de colectivismo\u2014 en las que se han insertado otros elementos socio-econ\u00f3micos como consecuencia de nuevas circunstancias concretas, de la acci\u00f3n de las asociaciones de los trabajadores y de los poderes p\u00fablicos, as\u00ed como de la entrada en acci\u00f3n de grandes empresas transnacionales. A pesar de todo, el\u00a0<i>peligro\u00a0<\/i>de considerar el trabajo como una \u00abmercanc\u00eda sui generis\u00bb, o como una an\u00f3nima \u00abfuerza\u00bb necesaria para la producci\u00f3n (se habla incluso de \u00abfuerza-trabajo\u00bb),\u00a0<i>existe siempre,\u00a0<\/i>especialmente cuando toda la visual de la problem\u00e1tica econ\u00f3mica est\u00e9 caracterizada por las premisas del economismo materialista.<\/p>\n<p>Una ocasi\u00f3n sistem\u00e1tica y, en cierto sentido, hasta un est\u00edmulo para este modo de pensar y valorar est\u00e1 constituido por el acelerado proceso de desarrollo de la civilizaci\u00f3n unilateralmente materialista, en la que se da importancia primordial a la dimensi\u00f3n objetiva del trabajo, mientras la subjetiva \u2014todo lo que se refiere indirecta o directamente al mismo sujeto del trabajo\u2014 permanece a un nivel secundario. En todos los casos de este g\u00e9nero, en cada situaci\u00f3n social de este tipo se da una confusi\u00f3n, e incluso una inversi\u00f3n del orden establecido desde el comienzo con las palabras del libro del G\u00e9nesis:\u00a0<i>el hombre es considerado como un instrumento de producci\u00f3n<\/i>,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24C\" name=\"-C\">12<\/a><\/sup>\u00a0mientras \u00e9l, \u2014\u00e9l solo, independientemente del trabajo que realiza\u2014 deber\u00eda ser tratado como sujeto eficiente y su verdadero art\u00edfice y creador. Precisamente tal inversi\u00f3n de orden, prescindiendo del programa y de la denominaci\u00f3n seg\u00fan la cual se realiza, merecer\u00eda el nombre de \u00abcapitalismo\u00bb en el sentido indicado m\u00e1s adelante con mayor amplitud. Se sabe que el capitalismo tiene su preciso significado hist\u00f3rico como sistema, y sistema econ\u00f3mico-social, en contraposici\u00f3n al \u00absocialismo\u00bb o \u00abcomunismo\u00bb. Pero, a la luz del an\u00e1lisis de la realidad fundamental del entero proceso econ\u00f3mico y, ante todo, de la estructura de producci\u00f3n \u2014como es precisamente el trabajo\u2014 conviene reconocer que el error del capitalismo primitivo puede repetirse dondequiera que el hombre sea tratado de alguna manera a la par de todo el complejo de los medios materiales de producci\u00f3n, como un instrumento y no seg\u00fan la verdadera dignidad de su trabajo, o sea como sujeto y autor, y, por consiguiente, como verdadero fin de todo el proceso productivo.<\/p>\n<p>Se comprende as\u00ed c\u00f3mo el an\u00e1lisis del trabajo humano hecho a la luz de aquellas palabras, que se refieren al \u00abdominio\u00bb del hombre sobre la tierra, penetra hasta el centro mismo de la problem\u00e1tica \u00e9tico-social. Esta concepci\u00f3n deber\u00eda tambi\u00e9n encontrar un\u00a0<i>puesto central en toda la esfera de la pol\u00edtica social y econ\u00f3mica,\u00a0<\/i>tanto en el \u00e1mbito de cada uno de los pa\u00edses, como en el m\u00e1s amplio de las relaciones internacionales e intercontinentales, con particular referencia a las tensiones, que se delinean en el mundo no s\u00f3lo en el eje Oriente-Occidente, sino tambi\u00e9n en el del Norte-Sur. Tanto el Papa Juan XXIII en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a>\u00a0<\/i>como Pablo VI en la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum Progressio<\/a>\u00a0<\/i>han dirigido una decidida atenci\u00f3n a estas dimensiones de la problem\u00e1tica \u00e9tico-social contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p><b>8.<i>\u00a0Solidaridad de los hombres del trabajo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Si se trata del trabajo humano en la fundamental dimensi\u00f3n de su sujeto, o sea del hombre-persona que ejecuta un determinado trabajo, se debe bajo este punto de vista hacer por lo menos una sumaria valoraci\u00f3n de las transformaciones que, en los 90 a\u00f1os que nos separan de la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>han acaecido en relaci\u00f3n con el aspecto subjetivo del trabajo. De hecho aunque el sujeto del trabajo sea siempre el mismo, o sea el hombre, sin embargo en el aspecto objetivo se verifican transformaciones notables. Aunque se pueda decir que\u00a0<i>el trabajo,\u00a0<\/i>a causa de su sujeto,\u00a0<i>es uno\u00a0<\/i>(uno y cada vez irrepetible) sin embargo, considerando sus direcciones objetivas, hay que constatar que<i>\u00a0existen muchos trabajos:\u00a0<\/i>tantos trabajos distintos. El desarrollo de la civilizaci\u00f3n humana conlleva en este campo un enriquecimiento continuo. Al mismo tiempo, sin embargo, no se puede dejar de notar c\u00f3mo en el proceso de este desarrollo no s\u00f3lo aparecen nuevas formas de trabajo, sino que tambi\u00e9n otras desaparecen. Aun concediendo que en l\u00ednea de m\u00e1xima sea esto un fen\u00f3meno normal, hay que ver todav\u00eda si no se infiltran en \u00e9l, y en qu\u00e9 manera, ciertas irregularidades, que por motivos \u00e9tico-sociales pueden ser peligrosas.<\/p>\n<p>Precisamente,\u00a0<i>a ra\u00edz de esta anomal\u00eda de gran alcance\u00a0<\/i>surgi\u00f3 en el siglo pasado la llamada cuesti\u00f3n obrera, denominada a veces \u00abcuesti\u00f3n proletaria\u00bb. Tal cuesti\u00f3n \u2014con los problemas anexos a ella\u2014 ha dado origen a una justa reacci\u00f3n social, ha hecho surgir y casi irrumpir un gran impulso de solidaridad entre los hombres del trabajo y, ante todo, entre los trabajadores de la industria. La llamada a la solidaridad y a la acci\u00f3n com\u00fan, lanzada a los hombres del trabajo \u2014sobre todo a los del trabajo sectorial, mon\u00f3tono, despersonalizador en los complejos industriales, cuando la m\u00e1quina tiende a dominar sobre el hombre\u2014 ten\u00eda un importante valor y su elocuencia desde el punto de vista de la \u00e9tica social. Era la reacci\u00f3n\u00a0<i>contra la degradaci\u00f3n del hombre como sujeto del trabajo,<\/i>\u00a0y contra la inaudita y concomitante explotaci\u00f3n en el campo de las ganancias, de las condiciones de trabajo y de previdencia hacia la persona del trabajador. Semejante reacci\u00f3n ha reunido al mundo obrero en una comunidad caracterizada por una gran solidaridad.<\/p>\n<p>Tras las huellas de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a><\/i>\u00a0y de muchos documentos sucesivos del Magisterio de la Iglesia se debe reconocer francamente que fue justificada,\u00a0<i>desde la \u00f3ptica de la moral social,\u00a0<\/i>la reacci\u00f3n contra el sistema de injusticia y de da\u00f1o, que ped\u00eda venganza al cielo,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24D\" name=\"-D\">13<\/a><\/sup>\u00a0y que pesaba sobre el hombre del trabajo en aquel per\u00edodo de r\u00e1pida industrializaci\u00f3n. Esta situaci\u00f3n estaba favorecida por el sistema socio-pol\u00edtico liberal que, seg\u00fan sus premisas de economismo, reforzaba y aseguraba la iniciativa econ\u00f3mica de los solos poseedores del capital, y no se preocupaba suficientemente de los derechos del hombre del trabajo, afirmando que el trabajo humano es solamente instrumento de producci\u00f3n, y que el capital es el fundamento, el factor eficiente, y el fin de la producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde entonces la solidaridad de los hombres del trabajo, junto con una toma de conciencia m\u00e1s neta y m\u00e1s comprometida sobre los derechos de los trabajadores por parte de los dem\u00e1s, ha dado lugar en muchos casos a cambios profundos. Se han ido buscando diversos sistemas nuevos. Se han desarrollado diversas formas de neocapitalismo o de colectivismo. Con frecuencia los hombres del trabajo pueden participar, y efectivamente participan, en la gesti\u00f3n y en el control de la productividad de las empresas. Por medio de asociaciones adecuadas, ellos influyen en las condiciones de trabajo y de remuneraci\u00f3n, as\u00ed como en la legislaci\u00f3n social. Pero al mismo tiempo, sistemas ideol\u00f3gicos o de poder, as\u00ed como nuevas relaciones surgidas a distintos niveles de la convivencia humana,\u00a0<i>han dejado perdurar injusticias flagrantes o han provocado otras nuevas.<\/i>\u00a0A escala mundial, el desarrollo de la civilizaci\u00f3n y de las comunicaciones ha hecho posible un diagn\u00f3stico m\u00e1s completo de las condiciones de vida y del trabajo del hombre en toda la tierra, y tambi\u00e9n ha manifestado otras formas de injusticia mucho m\u00e1s vastas de las que, en el siglo pasado, fueron un est\u00edmulo a la uni\u00f3n de los hombres del trabajo para una solidaridad particular en el mundo obrero. As\u00ed ha ocurrido en los Pa\u00edses que han llevado ya a cabo un cierto proceso de revoluci\u00f3n industrial; y as\u00ed tambi\u00e9n en los Pa\u00edses donde el lugar primordial de trabajo sigue estando en\u00a0<i>el cultivo de la tierra<\/i>\u00a0u otras ocupaciones similares.<\/p>\n<p>Movimientos de solidaridad en el campo del trabajo \u2014de una solidaridad que no debe ser cerraz\u00f3n al di\u00e1logo y a la colaboraci\u00f3n con los dem\u00e1s \u2014pueden ser necesarios incluso con relaci\u00f3n a las condiciones de grupos sociales que antes no estaban comprendidos en tales movimientos, pero que sufren, en los sistemas sociales y en las condiciones de vida que cambian,\u00a0<i>una \u00abproletarizaci\u00f3n\u00bb efectiva<\/i>\u00a0o, m\u00e1s a\u00fan, se encuentran ya realmente en la condici\u00f3n de \u00abproletariado\u00bb, la cual, aunque no es conocida todav\u00eda con este nombre, lo merece de hecho. En esa condici\u00f3n pueden encontrarse algunas categor\u00edas o grupos de la \u00abinteligencia\u00bb trabajadora, especialmente cuando junto con el acceso cada vez m\u00e1s amplio a la instrucci\u00f3n, con el n\u00famero cada vez m\u00e1s numeroso de personas, que han conseguido un diploma por su preparaci\u00f3n cultural, disminuye la demanda de su trabajo.\u00a0<i>Tal desocupaci\u00f3n de los intelectuales\u00a0<\/i>tiene lugar o aumenta cuando la instrucci\u00f3n accesible no est\u00e1 orientada hacia los tipos de empleo o de servicios requeridos por las verdaderas necesidades de la sociedad, o cuando el trabajo para el que se requiere la instrucci\u00f3n, al menos profesional, es menos buscado o menos pagado que un trabajo manual. Es obvio que la instrucci\u00f3n de por s\u00ed constituye siempre un valor y un enriquecimiento importante de la persona humana; pero no obstante, algunos procesos de \u00abproletarizaci\u00f3n\u00bb siguen siendo posibles independientemente de este hecho.<\/p>\n<p>Por eso,\u00a0<i>hay que seguir pregunt\u00e1ndose sobre el sujeto del trabajo<\/i>\u00a0y las condiciones en las que vive. Para realizar la justicia social en las diversas partes del mundo, en los distintos Pa\u00edses, y en las relaciones entre ellos, son siempre necesarios\u00a0<i>nuevos movimientos de solidaridad de los\u00a0<\/i>hombres del trabajo y\u00a0<i>de solidaridad con los<\/i>\u00a0hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre presente all\u00ed donde lo requiere la degradaci\u00f3n social del sujeto del trabajo, la explotaci\u00f3n de los trabajadores, y las crecientes zonas de miseria e incluso de hambre. La Iglesia est\u00e1 vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misi\u00f3n, su servicio, como verificaci\u00f3n de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la \u00abIglesia de los pobres\u00bb. Y los\u00a0<i>\u00abpobres\u00bb\u00a0<\/i>se encuentran bajo diversas formas; aparecen en diversos lugares y en diversos momentos; aparecen en muchos casos come\u00a0<i>resultado de la violaci\u00f3n de la dignidad del trabajo humano:\u00a0<\/i>bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo \u2014es decir por la plaga del desempleo\u2014, bien porque se deprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia.<\/p>\n<p><b>9.<i>\u00a0Trabajo &#8211; dignidad de la persona<\/i><\/b><\/p>\n<p>Continuando todav\u00eda en la perspectiva del hombre como sujeto del trabajo, nos conviene tocar, al menos sint\u00e9ticamente, algunos problemas que\u00a0<i>definen con mayor aproximaci\u00f3n la dignidad del trabajo humano,<\/i>\u00a0ya que permiten distinguir m\u00e1s plenamente su espec\u00edfico valor moral. Hay que hacer esto, teniendo siempre presente la vocaci\u00f3n b\u00edblica a \u00abdominar la tierra\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24E\" name=\"-E\">14<\/a><\/sup>\u00a0en la que se ha expresado la voluntad del Creador, para que el trabajo ofreciera al hombre la posibilidad de alcanzar el \u00abdominio\u00bb que le es propio en el mundo visible.<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n fundamental y primordial de Dios respecto del hombre, que \u00c9l \u00abcre\u00f3&#8230; a su semejanza, a su imagen\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24F\" name=\"-F\">15<\/a><\/sup>\u00a0no ha sido revocada ni anulada ni siquiera cuando el hombre, despu\u00e9s de haber roto la alianza original con Dios, oy\u00f3 las palabras: \u00abCon el sudor de tu rostro comer\u00e1s el pan\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24G\" name=\"-G\">16<\/a><\/sup>\u00a0Estas palabras se refieren a la\u00a0<i>fatiga a veces pesada,\u00a0<\/i>que desde entonces acompa\u00f1a al trabajo humano; pero no cambian el hecho de que \u00e9ste es el camino por el que el hombre\u00a0<i>realiza el \u00abdominio\u00bb,\u00a0<\/i>que le es propio sobre el mundo visible \u00absometiendo\u00bb la tierra. Esta fatiga es un hecho universalmente conocido, porque es universalmente experimentado. Lo saben los hombres del trabajo manual, realizado a veces en condiciones excepcionalmente pesadas. La saben no s\u00f3lo los agricultores, que consumen largas jornadas en cultivar la tierra, la cual a veces \u00abproduce abrojos y espinas\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24H\" name=\"-H\">17<\/a><\/sup>\u00a0sino tambi\u00e9n los mineros en las minas o en las canteras de piedra, los sider\u00fargicos junto a sus altos hornos, los hombres que trabajan en obras de alba\u00f1iler\u00eda y en el sector de la construcci\u00f3n con frecuente peligro de vida o de invalidez. Lo saben a su vez, los hombres vinculados a la mesa de trabajo intelectual; lo saben los cient\u00edficos; lo saben los hombres sobre quienes pesa la gran responsabilidad de decisiones destinadas a tener una vasta repercusi\u00f3n social. Lo saben los m\u00e9dicos y los enfermeros, que velan d\u00eda y noche junto a los enfermos. Lo saben las mujeres, que a veces sin un adecuado reconocimiento por parte de la sociedad y de sus mismos familiares, soportan cada d\u00eda la fatiga y la responsabilidad de la casa y de la educaci\u00f3n de los hijos.\u00a0<i>Lo saben todos los hombres del trabajo<\/i>\u00a0y, puesto que es verdad que el trabajo es una vocaci\u00f3n universal, lo saben todos los hombres.<\/p>\n<p>No obstante, con toda esta fatiga \u2014y quiz\u00e1s, en un cierto sentido, debido a ella\u2014 el trabajo es un bien del hombre. Si este bien comporta el signo de un \u00abbonum arduum\u00bb, seg\u00fan la terminolog\u00eda de Santo Tom\u00e1s;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24I\" name=\"-I\">18<\/a><\/sup>\u00a0esto no quita que, en cuanto tal, sea un bien del hombre. Y es no s\u00f3lo un bien \u00ab\u00fatil\u00bb o \u00abpara disfrutar\u00bb, sino un bien \u00abdigno\u00bb, es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta. Queriendo precisar mejor el significado \u00e9tico del trabajo, se debe tener presente ante todo esta verdad. El trabajo es un bien del hombre \u2014es un bien de su humanidad\u2014, porque mediante el trabajo el hombre\u00a0<i>no s\u00f3lo transforma la naturaleza\u00a0<\/i>adapt\u00e1ndola a las propias necesidades, sino que\u00a0<i>se realiza a s\u00ed mismo\u00a0<\/i>como hombre, es m\u00e1s, en un cierto sentido \u00abse hace m\u00e1s hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Si se prescinde de esta consideraci\u00f3n no se puede comprender el significado de la virtud de la laboriosidad y m\u00e1s en concreto no se puede comprender por qu\u00e9 la laboriosidad deber\u00eda ser una virtud: en efecto, la virtud, como actitud moral, es aquello por lo que el hombre llega a ser bueno como hombre.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24J\" name=\"-J\">19<\/a><\/sup>\u00a0Este hecho no cambia para nada nuestra justa preocupaci\u00f3n, a fin de que en el trabajo, mediante el cual la\u00a0<i>materia\u00a0<\/i>es\u00a0<i>ennoblecida, el hombre\u00a0<\/i>mismo no sufra\u00a0<i>mengua\u00a0<\/i>en su propia dignidad.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24K\" name=\"-K\">20<\/a><\/sup>\u00a0Es sabido adem\u00e1s, que es posible usar de diversos modos el trabajo\u00a0<i>contra el hombre,\u00a0<\/i>que se puede castigar al hombre con el sistema de trabajos forzados en los\u00a0<i>campos de concentraci\u00f3n,\u00a0<\/i>que se puede hacer del trabajo un medio de opresi\u00f3n del hombre, que, en fin, se puede explotar de diversos modos el trabajo humano, es decir, al hombre del trabajo. Todo esto da testimonio en favor de la obligaci\u00f3n moral de unir la laboriosidad como virtud con el\u00a0<i>orden social del trabajo,\u00a0<\/i>que permitir\u00e1 al hombre \u00abhacerse m\u00e1s hombre\u00bb en el trabajo, y no degradarse a causa del trabajo, perjudicando no s\u00f3lo sus fuerzas f\u00edsicas (lo cual, al menos hasta un cierto punto, es inevitable), sino, sobre todo, menoscabando su propia dignidad y subjetividad.<\/p>\n<p><b>10.<i>\u00a0Trabajo y sociedad: familia, naci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>Confirmada de este modo la dimensi\u00f3n personal del trabajo humano, se debe luego llegar al segundo\u00a0<i>\u00e1mbito de valores,\u00a0<\/i>que est\u00e1 necesariamente unido a \u00e9l. El trabajo es el fundamento sobre el que se forma<i>\u00a0la vida familiar,\u00a0<\/i>la cual es un derecho natural y una vocaci\u00f3n del hombre. Estos dos \u00e1mbitos de valores \u2014uno relacionado con el trabajo y otro consecuente con el car\u00e1cter familiar de la vida humana\u2014 deben unirse entre s\u00ed correctamente y correctamente compenetrarse. El trabajo es, en un cierto sentido, una condici\u00f3n para hacer posible la fundaci\u00f3n de una familia, ya que \u00e9sta exige los medios de subsistencia, que el hombre adquiere normalmente mediante el trabajo. Trabajo y laboriosidad condicionan a su vez todo<i>\u00a0el proceso de educaci\u00f3n\u00a0<\/i>dentro de la familia, precisamente por la raz\u00f3n de que cada uno \u00abse hace hombre\u00bb, entre otras cosas, mediante el trabajo, y ese hacerse hombre expresa precisamente el fin principal de todo el proceso educativo. Evidentemente aqu\u00ed entran en juego, en un cierto sentido, dos significados del trabajo: el que consiente la vida y manutenci\u00f3n de la familia, y aquel por el cual se realizan los fines de la familia misma, especialmente la educaci\u00f3n. No obstante, estos dos significados del trabajo est\u00e1n unidos entre s\u00ed y se complementan en varios puntos.<\/p>\n<p>En conjunto se debe recordar y afirmar que la familia constituye uno de los puntos de referencia m\u00e1s importantes, seg\u00fan los cuales debe formarse el orden socio-\u00e9tico del trabajo humano. La doctrina de la Iglesia ha dedicado siempre una atenci\u00f3n especial a este problema y en el presente documento convendr\u00e1 que volvamos sobre \u00e9l. En efecto, la familia es, al mismo tiempo, una\u00a0<i>comunidad hecha posible gracias al trabajo\u00a0<\/i>y la primera\u00a0<i>escuela interior de trabajo\u00a0<\/i>para todo hombre.<\/p>\n<p>El tercer \u00e1mbito de valores que emerge en la presente perspectiva \u2014en la perspectiva del sujeto del trabajo\u2014 se refiere a esa\u00a0<i>gran sociedad,<\/i>\u00a0a la que pertenece el hombre en base a particulares v\u00ednculos culturales e hist\u00f3ricos. Dicha sociedad\u2014 aun cuando no ha asumido todav\u00eda la forma madura de una naci\u00f3n\u2014 es no s\u00f3lo la gran \u00abeducadora\u00bb de cada hombre, aunque indirecta (porque cada hombre asume en la familia los contenidos y valores que componen, en su conjunto, la cultura de una determinada naci\u00f3n), sino tambi\u00e9n una gran encarnaci\u00f3n hist\u00f3rica y social del trabajo de todas las generaciones. Todo esto hace que el hombre concilie su m\u00e1s profunda identidad humana con la pertenencia a la naci\u00f3n y entienda tambi\u00e9n su trabajo como incremento del bien com\u00fan elaborado juntamente con sus compatriotas, d\u00e1ndose as\u00ed cuenta de que por este camino el trabajo sirve para multiplicar el patrimonio de toda la familia humana, de todos los hombres que viven en el mundo.<\/p>\n<p>Estos tres \u00e1mbitos conservan permanentemente su\u00a0<i>importancia para el trabajo humano\u00a0<\/i>en su dimensi\u00f3n subjetiva. Y esta dimensi\u00f3n, es decir la realidad concreta del hombre del trabajo, tiene precedencia sobre la dimensi\u00f3n objetiva. En su dimensi\u00f3n subjetiva se realiza, ante todo, aquel \u00abdominio\u00bb sobre el mundo de la naturaleza, al que el hombre est\u00e1 llamado desde el principio seg\u00fan las palabras del libro del G\u00e9nesis. Si el proceso mismo de \u00absometer la tierra\u00bb, es decir, el trabajo bajo el aspecto de la t\u00e9cnica, est\u00e1 marcado a lo largo de la historia y, especialmente en los \u00faltimos siglos, por un desarrollo inconmensurable de los medios de producci\u00f3n, entonces \u00e9ste es un fen\u00f3meno ventajoso y positivo, a condici\u00f3n de que la dimensi\u00f3n objetiva del trabajo no prevalezca sobre la dimensi\u00f3n subjetiva, quitando al hombre o disminuyendo su dignidad y sus derechos inalienables.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>III. CONFLICTO ENTRE TRABAJO Y CAPITAL<br \/>\nEN LA PRESENTE FASE HIST\u00d3RICA<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>11.<i>\u00a0Dimensi\u00f3n de este conflicto<\/i><\/b><\/p>\n<p>El esbozo de la problem\u00e1tica fundamental del trabajo, tal como se ha delineado m\u00e1s arriba haciendo referencia a los primeros textos b\u00edblicos, constituye as\u00ed, en un cierto sentido, la misma estructura portadora de la ense\u00f1anza de la Iglesia, que se mantiene sin cambio a trav\u00e9s de los siglos, en el contexto de las diversas experiencias de la historia. Sin embargo, en el transfondo de las experiencias que precedieron y siguieron a la publicaci\u00f3n de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>esa ense\u00f1anza adquiere una expresividad particular y una elocuencia de viva actualidad. El trabajo aparece en este an\u00e1lisis como una gran realidad, que ejerce un influjo fundamental sobre la formaci\u00f3n, en sentido humano del mundo dado al hombre por el Creador y es una realidad estrechamente ligada al hombre como al propio sujeto y a su obrar racional. Esta realidad, en el curso normal de las cosas, llena la vida humana e incide fuertemente sobre su valor y su sentido. Aunque unido a la fatiga y al esfuerzo, el trabajo no deja de ser un bien, de modo que el hombre se desarrolla mediante el amor al trabajo. Este car\u00e1cter\u00a0<i>del trabajo humano,\u00a0<\/i>totalmente<i>\u00a0positivo y creativo, educativo y meritorio,\u00a0<\/i>debe constituir el fundamento de las valoraciones y de las decisiones, que hoy se toman al respecto, incluso referidas a los\u00a0<i>derechos subjetivos del hombre,<\/i>\u00a0como atestiguan las\u00a0<i>Declaraciones\u00a0<\/i>internacionales y tambi\u00e9n los m\u00faltiples\u00a0<i>C\u00f3digos del trabajo,\u00a0<\/i>elaborados tanto por las competentes instituciones legisladoras de cada Pa\u00eds, como por las organizaciones que dedican su actividad social o tambi\u00e9n cient\u00edfico-social a la problem\u00e1tica del trabajo. Un organismo que promueve a nivel internacional tales iniciativas es\u00a0<i>la Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo,\u00a0<\/i>la m\u00e1s antigua Instituci\u00f3n especializada de la ONU.<\/p>\n<p>En la parte siguiente de las presentes consideraciones tengo intenci\u00f3n de volver de manera m\u00e1s detallada sobre estos importantes problemas, recordando al menos los elementos fundamentales de la doctrina de la Iglesia sobre este tema. Sin embargo antes conviene tocar un \u00e1mbito mucho m\u00e1s importante de problemas, entre los cuales se ha ido formando esta ense\u00f1anza en la \u00faltima fase, es decir en el per\u00edodo, cuya fecha, en cierto sentido simb\u00f3lica, es el a\u00f1o de la publicaci\u00f3n de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>.<\/i><\/p>\n<p>Se sabe que en todo este per\u00edodo, que todav\u00eda no ha terminado, el problema del trabajo ha sido planteado en el contexto del gran<i>\u00a0conflicto,\u00a0<\/i>que en la \u00e9poca del desarrollo industrial y junto con \u00e9ste se ha manifestado\u00a0<i>entre el \u00abmundo del capital\u00bb y el \u00abmundo del trabajo\u00bb,<\/i>\u00a0es decir, entre el grupo restringido, pero muy influyente, de los empresarios, propietarios o poseedores de los medios de producci\u00f3n y la m\u00e1s vasta multitud de gente que no dispon\u00eda de estos medios, y que participaba, en cambio, en el proceso productivo exclusivamente mediante el trabajo. Tal conflicto ha surgido por el hecho de que los trabajadores, ofreciendo sus fuerzas para el trabajo, las pon\u00edan a disposici\u00f3n del grupo de los empresarios, y que \u00e9ste, guiado por el principio del m\u00e1ximo rendimiento, trataba de establecer el salario m\u00e1s bajo posible para el trabajo realizado por los obreros. A esto hay que a\u00f1adir tambi\u00e9n otros elementos de explotaci\u00f3n, unidos con la falta de seguridad en el trabajo y tambi\u00e9n de garant\u00edas sobre las condiciones de salud y de vida de los obreros y de sus familias.<\/p>\n<p>Este conflicto, interpretado por algunos como un\u00a0<i>conflicto<\/i>\u00a0socio-econ\u00f3mico\u00a0<i>con car\u00e1cter de clase,\u00a0<\/i>ha encontrado su expresi\u00f3n en<i>\u00a0el conflicto ideol\u00f3gico\u00a0<\/i>entre el liberalismo, entendido como ideolog\u00eda del capitalismo, y el marxismo, entendido como ideolog\u00eda del socialismo cient\u00edfico y del comunismo, que pretende intervenir como portavoz de la clase obrera, de todo el proletariado mundial. De este modo, el conflicto real, que exist\u00eda entre el mundo del trabajo y el mundo del capital, se ha transformado\u00a0<i>en la lucha programada de clases<\/i>, llevada con m\u00e9todos no s\u00f3lo ideol\u00f3gicos, sino incluso, y ante todo, pol\u00edticos. Es conocida la historia de este conflicto, como conocidas son tambi\u00e9n las exigencias de una y otra parte. El programa marxista, basado en la filosof\u00eda de Marx y de Engels, ve en la lucha de clases la \u00fanica v\u00eda para eliminar las injusticias de clase, existentes en la sociedad, y las clases mismas. La realizaci\u00f3n de este programa antepone<i>\u00a0la \u00abcolectivizaci\u00f3n<\/i>\u00bb de los\u00a0<i>medios de producci\u00f3n,\u00a0<\/i>a fin de que a trav\u00e9s del traspaso de estos medios de los privados a la colectividad, el trabajo humano quede preservado de la explotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A esto tiende la lucha conducida con m\u00e9todos no s\u00f3lo ideol\u00f3gicos, sino tambi\u00e9n pol\u00edticos. Los grupos inspirados por la ideolog\u00eda marxista como partidos pol\u00edticos, tienden, en funci\u00f3n del principio de la \u00abdictadura del proletariado\u00bb, y ejerciendo influjos de distinto tipo, comprendida la presi\u00f3n revolucionaria,\u00a0<i>al monopolio del poder en cada una de las sociedades,\u00a0<\/i>para introducir en ellas, mediante la supresi\u00f3n de la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n, el sistema colectivista. Seg\u00fan los principales ide\u00f3logos y dirigentes de ese amplio movimiento internacional, el objetivo de ese programa de acci\u00f3n es el de realizar la revoluci\u00f3n social e introducir en todo el mundo el socialismo y, en definitiva, el sistema comunista.<\/p>\n<p>Tocando este \u00e1mbito sumamente importante de problemas que constituyen no s\u00f3lo una teor\u00eda, sino precisamente un tejido de vida socio-econ\u00f3mica, pol\u00edtica e internacional de nuestra \u00e9poca,no se puede y ni siquiera es necesario\u00a0<i>entrar en detalles,\u00a0<\/i>ya que \u00e9stos son conocidos sea por la vasta literatura, sea por las experiencias pr\u00e1cticas. Se debe, en cambio, pasar de su contexto al problema fundamental del trabajo humano, al que se dedican sobre todo las consideraciones contenidas en el presente documento. Al mismo tiempo pues, es evidente que este problema capital, siempre desde el punto de vista del hombre, \u2014problema que constituye una de las dimensiones fundamentales de su existencia terrena y de su vocaci\u00f3n\u2014 no puede explicarse de otro modo si no es teniendo en cuenta el pleno contexto de la realidad contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p><b>12.\u00a0<i>Prioridad del trabajo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Ante la realidad actual, en cuya estructura se encuentran profundamente insertos tantos conflictos, causados por el hombre, y en la que los medios t\u00e9cnicos \u2014fruto del trabajo humano\u2014 juegan un papel primordial (pi\u00e9nsese aqu\u00ed en la perspectiva de un cataclismo mundial en la eventualidad de una guerra nuclear con posibilidades destructoras casi inimaginables) se debe ante todo recordar un principio ense\u00f1ado siempre por la Iglesia. Es el\u00a0<i>principio de la prioridad del \u00abtrabajo\u00bb frente al \u00abcapital\u00bb.\u00a0<\/i>Este principio se refiere directamente al proceso mismo de producci\u00f3n, respecto al cual el trabajo es siempre\u00a0<i>una causa eficiente\u00a0<\/i>primaria, mientras el \u00abcapital\u00bb, siendo el conjunto de los medios de producci\u00f3n, es s\u00f3lo un\u00a0<i>instrumento<\/i>\u00a0o la causa instrumental. Este principio es una verdad evidente, que se deduce de toda la experiencia hist\u00f3rica del hombre.<\/p>\n<p>Cuando en el primer cap\u00edtulo de la Biblia o\u00edmos que el hombre debe someter la tierra, sabemos que estas palabras se refieren a todos los recursos que el mundo visible encierra en s\u00ed, puestos a disposici\u00f3n del hombre. Sin embargo, tales recursos no pueden\u00a0<i>servir al hombre si no es mediante el trabajo.\u00a0<\/i>Con el trabajo ha estado siempre vinculado desde el principio el problema de la propiedad: en efecto, para hacer servir para s\u00ed y para los dem\u00e1s los recursos escondidos en la naturaleza, el hombre tiene como \u00fanico medio su trabajo. Y para hacer fructificar estos recursos por medio del trabajo, el hombre se apropia en peque\u00f1as partes, de las diversas riquezas de la naturaleza: del subsuelo, del mar, de la tierra, del espacio. De todo esto se apropia \u00e9l convirti\u00e9ndolo en su puesto de trabajo.<\/p>\n<p>Se lo apropia por medio del trabajo y para tener un ulterior trabajo. El mismo principio se aplica a las fases sucesivas de este proceso, en el que la\u00a0<i>primera fase\u00a0<\/i>es siempre la relaci\u00f3n del hombre\u00a0<i>con los recursos y las riquezas de la naturaleza.\u00a0<\/i>Todo el esfuerzo intelectual, que tiende a descubrir estas riquezas, a especificar las diversas posibilidades de utilizaci\u00f3n por parte del hombre y para el hombre, nos hace ver que todo esto, que en la obra entera de producci\u00f3n econ\u00f3mica procede del hombre, ya sea el trabajo como el conjunto de los medios de producci\u00f3n y la t\u00e9cnica relacionada con \u00e9stos (es decir, la capacidad de usar estos medios en el trabajo), supone estas riquezas y recursos del mundo visible,\u00a0<i>que el hombre encuentra,\u00a0<\/i>pero no crea. \u00c9l los encuentra, en cierto modo, ya dispuestos, preparados para el descubrimiento intelectual y para la utilizaci\u00f3n correcta en el proceso productor. En cada fase del desarrollo de su trabajo, el hombre se encuentra ante el hecho de la principal\u00a0<i>donaci\u00f3n\u00a0<\/i>por parte de la \u00abnaturaleza\u00bb, y en definitiva por parte del\u00a0<i>Creador.\u00a0<\/i>En el comienzo mismo del trabajo humano se encuentra el misterio de la creaci\u00f3n. Esta afirmaci\u00f3n ya indicada como punto de partida, constituye el hilo conductor de este documento, y se desarrollar\u00e1 posteriormente en la \u00faltima parte de las presentes reflexiones.<\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n sucesiva del mismo problema debe confirmarnos en la convicci\u00f3n de\u00a0<i>la prioridad del trabajo humano sobre lo que,\u00a0<\/i>en el transcurso del tiempo, se ha solido llamar\u00a0<i>\u00abcapital\u00bb.\u00a0<\/i>En efecto, si en el \u00e1mbito de este \u00faltimo concepto entran, adem\u00e1s de los recursos de la naturaleza puestos a disposici\u00f3n del hombre, tambi\u00e9n el conjunto de medios, con los cuales el hombre se apropia de ellos, transform\u00e1ndolos seg\u00fan sus necesidades (y de este modo, en alg\u00fan sentido, \u00abhumaniz\u00e1ndolos\u00bb), entonces se debe constatar aqu\u00ed que\u00a0<i>el conjunto de medios es fruto del patrimonio hist\u00f3rico del trabajo humano.<\/i>\u00a0Todos los medios de producci\u00f3n, desde los m\u00e1s primitivos hasta los ultramodernos, han sido elaborados gradualmente por el hombre: por la experiencia y la inteligencia del hombre. De este modo, han surgido no s\u00f3lo los instrumentos m\u00e1s sencillos que sirven para el cultivo de la tierra, sino tambi\u00e9n \u2014con un progreso adecuado de la ciencia y de la t\u00e9cnica\u2014 los m\u00e1s modernos y complejos: las m\u00e1quinas, las f\u00e1bricas, los laboratorios y las computadoras. As\u00ed,\u00a0<i>todo lo que sirve al trabajo,\u00a0<\/i>todo lo que constituye \u2014en el estado actual de la t\u00e9cnica\u2014 su \u00abinstrumento\u00bb cada vez m\u00e1s perfeccionado,\u00a0<i>es fruto del trabajo.<\/i><\/p>\n<p>Este gigantesco y poderoso instrumento \u2014el conjunto de los medios de producci\u00f3n, que son considerados, en un cierto sentido, como sin\u00f3nimo de \u00abcapital\u00bb\u2014 , ha nacido del trabajo y lleva consigo las se\u00f1ales del trabajo humano. En el presente grado de avance de la t\u00e9cnica, el hombre, que es el sujeto del trabajo, queriendo servirse del conjunto de instrumentos modernos, o sea de los medios de producci\u00f3n, debe antes asimilar a nivel de conocimiento el fruto del trabajo de los hombres que han descubierto aquellos instrumentos, que los han programado, construido y perfeccionado, y que siguen haci\u00e9ndolo.\u00a0<i>La capacidad de trabajo<\/i>\u00a0\u2014es decir, de participaci\u00f3n eficiente en el proceso moderno de producci\u00f3n\u2014 exige una\u00a0<i>preparaci\u00f3n\u00a0<\/i>cada vez mayor y, ante todo, una<i>\u00a0instrucci\u00f3n\u00a0<\/i>adecuada. Est\u00e1 claro obviamente que cada hombre que participa en el proceso de producci\u00f3n, incluso en el caso de que realice s\u00f3lo aquel tipo de trabajo para el cual son necesarias una instrucci\u00f3n y especializaci\u00f3n particulares, es sin embargo en este proceso de producci\u00f3n el verdadero sujeto eficiente, mientras el conjunto de los instrumentos, incluso el m\u00e1s perfecto en s\u00ed mismo, es s\u00f3lo y exclusivamente instrumento subordinado al trabajo del hombre.<\/p>\n<p>Esta verdad, que pertenece al patrimonio estable de la doctrina de la Iglesia, deber ser siempre destacada en relaci\u00f3n con el problema del sistema de trabajo, y tambi\u00e9n de todo el sistema socio-econ\u00f3mico. Conviene subrayar y poner de relieve la primac\u00eda del hombre en el proceso de producci\u00f3n,\u00a0<i>la primac\u00eda del hombre respecto de las cosas.<\/i>\u00a0Todo lo que est\u00e1 contenido en el concepto de \u00abcapital\u00bb \u2014en sentido restringido\u2014 es solamente un conjunto de cosas. El hombre como sujeto del trabajo, e independientemente del trabajo que realiza, el hombre, \u00e9l solo, es una persona. Esta verdad contiene en s\u00ed consecuencias importantes y decisivas.<\/p>\n<p><b>13.<i>\u00a0Economismo y materialismo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Ante todo, a la luz de esta verdad, se ve claramente que no se puede separar el \u00abcapital\u00bb del trabajo, y que de ning\u00fan modo se puede contraponer el trabajo al capital ni el capital al trabajo, ni menos a\u00fan \u2014como se dir\u00e1 m\u00e1s adelante\u2014 los hombres concretos, que est\u00e1n detr\u00e1s de estos conceptos, los unos a los otros. Justo, es decir, conforme a la esencia misma del problema; justo, es decir, intr\u00ednsecamente verdadero y a su vez moralmente leg\u00edtimo, puede ser aquel sistema de trabajo que en su ra\u00edz\u00a0<i>supera la antinomia entre trabajo y el capital,<\/i>\u00a0tratando de estructurarse seg\u00fan el principio expuesto m\u00e1s arriba de la sustancial y efectiva prioridad del trabajo, de la subjetividad del trabajo humano y de su participaci\u00f3n eficiente en todo el proceso de producci\u00f3n, y esto independientemente de la naturaleza de las prestaciones realizadas por el trabajador.<\/p>\n<p>La antinomia entre trabajo y capital no tiene su origen en la estructura del mismo proceso de producci\u00f3n, y ni siquiera en la del proceso econ\u00f3mico en general. Tal proceso demuestra en efecto la compenetraci\u00f3n rec\u00edproca entre el trabajo y lo que estamos acostumbrados a llamar el capital; demuestra su vinculaci\u00f3n indisoluble. El hombre, trabajando en cualquier puesto de trabajo, ya sea \u00e9ste relativamente primitivo o bien ultramoderno, puede darse cuenta f\u00e1cilmente de que\u00a0<i>con su trabajo entra en un doble patrimonio,<\/i>\u00a0es decir, en el patrimonio de lo que ha sido dado a todos los hombres con los recursos de la naturaleza y de lo que los dem\u00e1s ya han elaborado anteriormente sobre la base de estos recursos, ante todo desarrollando la t\u00e9cnica, es decir, formando un conjunto de instrumentos de trabajo, cada vez m\u00e1s perfectos: el hombre, trabajando, al mismo tiempo \u00abreemplaza en el trabajo a los dem\u00e1s\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24L\" name=\"-L\">21<\/a><\/sup>\u00a0Aceptamos sin dificultad dicha imagen del campo y del proceso del trabajo humano, guiados por la inteligencia o por la fe que recibe la luz de la Palabra de Dios. Esta es\u00a0<i>una imagen coherente, teol\u00f3gica y al mismo tiempo human\u00edstica.\u00a0<\/i>El hombre es en ella el \u00abse\u00f1or\u00bb de las criaturas, que est\u00e1n puestas a su disposici\u00f3n en el mundo visible. Si en el proceso del trabajo se descubre alguna dependencia, \u00e9sta es la dependencia del Dador de todos los recursos de la creaci\u00f3n, y es a su vez la dependencia de los dem\u00e1s hombres, a cuyo trabajo y a cuyas iniciativas debemos las ya perfeccionadas y ampliadas posibilidades de nuestro trabajo. De todo esto que en el proceso de producci\u00f3n constituye un conjunto de \u00abcosas\u00bb, de los instrumentos, del capital, podemos solamente afirmar que\u00a0<i>condiciona\u00a0<\/i>el trabajo del hombre; no podemos, en cambio, afirmar que ello constituya casi el \u00absujeto\u00bb an\u00f3nimo\u00a0<i>que hace dependiente\u00a0<\/i>al hombre y su trabajo.<\/p>\n<p>La\u00a0<i>ruptura de esta imagen coherente,\u00a0<\/i>en la que se salvaguarda estrechamente el principio de la primac\u00eda de la persona sobre las cosas,\u00a0<i>ha tenido lugar en la mente humana,\u00a0<\/i>alguna vez, despu\u00e9s de un largo per\u00edodo de incubaci\u00f3n en la vida pr\u00e1ctica. Se ha realizado de modo tal que el trabajo ha sido separado del capital y contrapuesto al capital, y el capital contrapuesto al trabajo, casi como dos fuerzas an\u00f3nimas, dos factores de producci\u00f3n colocados juntos en la misma perspectiva \u00abeconom\u00edstica\u00bb. En tal planteamiento del problema hab\u00eda un error fundamental, que se puede llamar el\u00a0<i>error del economismo,<\/i>\u00a0si se considera el trabajo humano exclusivamente seg\u00fan su finalidad econ\u00f3mica. Se puede tambi\u00e9n y se debe llamar este error fundamental del pensamiento un\u00a0<i>error del materialismo,\u00a0<\/i>en cuanto que el economismo incluye, directa o indirectamente, la convicci\u00f3n de la primac\u00eda y de la superioridad de lo que es material, mientras por otra parte el economismo sit\u00faa lo que es espiritual y personal (la acci\u00f3n del hombre, los valores morales y similares) directa o indirectamente, en una posici\u00f3n subordinada a la realidad material. Esto no es todav\u00eda\u00a0<i>el materialismo te\u00f3rico\u00a0<\/i>en el pleno sentido de la palabra; pero es ya ciertamente\u00a0<i>materialismo pr\u00e1ctico,\u00a0<\/i>el cual, no tanto por las premisas derivadas de la teor\u00eda materialista, cuanto por un determinado modo de valorar, es decir, de una cierta jerarqu\u00eda de los bienes, basada sobre la inmediata y mayor atracci\u00f3n de lo que es material, es considerado capaz de apagar las necesidades del hombre.<\/p>\n<p>El error de pensar seg\u00fan las categor\u00edas del economismo ha avanzado al mismo tiempo que surg\u00eda la filosof\u00eda materialista y se desarrollaba esta filosof\u00eda desde la fase m\u00e1s elemental y com\u00fan (llamada tambi\u00e9n materialismo vulgar, porque pretende reducir la realidad espiritual a un fen\u00f3meno superfluo) hasta la fase del llamado materialismo dial\u00e9ctico. Sin embargo parece que \u2014en el marco de las presentes consideraciones\u2014 , para el problema fundamental del trabajo humano y, en particular, para la separaci\u00f3n y contraposici\u00f3n entre \u00abtrabajo\u00bb y \u00abcapital\u00bb, como entre dos factores de la producci\u00f3n considerados en aquella perspectiva \u00abeconom\u00edstica\u00bb dicha anteriormente,\u00a0<i>el economismo haya tenido una importancia decisiva y\u00a0<\/i>haya influido precisamente sobre tal planteamiento no human\u00edstico de este problema antes del sistema filos\u00f3fico materialista. No obstante es evidente que el materialismo, incluso en su forma dial\u00e9ctica, no es capaz de ofrecer a la reflexi\u00f3n sobre el trabajo humano bases suficientes y definitivas, para que la primac\u00eda del hombre sobre el instrumento-capital, la primac\u00eda de la persona sobre las cosas, pueda encontrar en \u00e9l una adecuada e irrefutable\u00a0<i>verificaci\u00f3n y apoyo.\u00a0<\/i>Tambi\u00e9n en el materialismo dial\u00e9ctico el hombre no es ante todo sujeto del trabajo y causa eficiente del proceso de producci\u00f3n, sino que es entendido y tratado como dependiendo de lo que es material, como una especie de \u00abresultante\u00bb de las relaciones econ\u00f3micas y de producci\u00f3n predominantes en una determinada \u00e9poca.<\/p>\n<p>Evidentemente la antinomia entre trabajo y capital considerada aqu\u00ed \u2014la\u00a0<i>antinomia\u00a0<\/i>en cuyo marco\u00a0<i>el trabajo ha sido separado del capital y contrapuesto al mismo,\u00a0<\/i>en un cierto sentido \u00f3nticamente como si fuera un elemento cualquiera del proceso econ\u00f3mico\u2014 inicia no s\u00f3lo en la filosof\u00eda y en las teor\u00edas econ\u00f3micas del siglo XVIII sino mucho m\u00e1s todav\u00eda en toda la praxis econ\u00f3mico-social de aquel tiempo, que era el de la industrializaci\u00f3n que nac\u00eda y se desarrollaba precipitadamente, en la cual se descubr\u00eda en primer lugar la posibilidad de acrecentar mayormente las riquezas materiales, es decir los medios, pero se perd\u00eda de vista el fin, o sea el hombre, al cual estos medios deben servir. Precisamente este\u00a0<i>error<\/i>\u00a0pr\u00e1ctico ha\u00a0<i>perjudicado\u00a0<\/i>ante todo al trabajo humano,\u00a0<i>al hombre del trabajo<\/i>, y ha causado la reacci\u00f3n social \u00e9ticamente justa, de la que se ha hablado anteriormente. El mismo error, que ya tiene su determinado aspecto hist\u00f3rico, relacionado con el per\u00edodo del primitivo capitalismo y liberalismo, puede sin embargo repetirse en otras circunstancias de tiempo y lugar, si se parte, en el pensar, de las mismas premisas tanto te\u00f3ricas como pr\u00e1cticas. No se ve otra posibilidad de una superaci\u00f3n radical de este error, si no intervienen cambios adecuados tanto en el campo de la teor\u00eda, como en el de la pr\u00e1ctica, cambios\u00a0<i>que van en la l\u00ednea de la decisiva convicci\u00f3n de la primac\u00eda de la persona sobre las cosas,\u00a0<\/i>del trabajo del hombre sobre el capital como conjunto de los medios de producci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>14.<i>\u00a0Trabajo y propiedad<\/i><\/b><\/p>\n<p>El proceso hist\u00f3rico \u2014presentado aqu\u00ed brevemente\u2014 que ciertamente ha salido de su fase inicial, pero que sigue en vigor, m\u00e1s a\u00fan que contin\u00faa extendi\u00e9ndose a las relaciones entre las naciones y los continentes, exige una precisi\u00f3n tambi\u00e9n desde otro punto de vista. Es evidente que, cuando se habla de la antinomia entre trabajo y capital, no se trata s\u00f3lo de conceptos abstractos o de \u00abfuerzas an\u00f3nimas\u00bb, que act\u00faan en la producci\u00f3n econ\u00f3mica. Detr\u00e1s de uno y otro concepto est\u00e1n los hombres, los hombres vivos, concretos; por una parte aquellos que realizan el trabajo sin ser propietarios de los medios de producci\u00f3n, y por otra aquellos que hacen de empresarios y son los propietarios de estos medios, o bien representan a los propietarios. As\u00ed pues, en el conjunto de este dif\u00edcil proceso hist\u00f3rico, desde el principio\u00a0<i>est\u00e1 el problema de la propiedad.\u00a0<\/i>La Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>que tiene como tema la cuesti\u00f3n social, pone el acento tambi\u00e9n sobre este problema, recordando y confirmando la doctrina de la Iglesia sobre la propiedad, sobre el derecho a la propiedad privada, incluso cuando se trata de los medios de producci\u00f3n. Lo mismo ha hecho la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a>.<\/i><\/p>\n<p>El citado principio, tal y como se record\u00f3 entonces y como todav\u00eda es ense\u00f1ado por la Iglesia,\u00a0<i>se aparta\u00a0<\/i>radicalmente del programa del<i>\u00a0colectivismo,\u00a0<\/i>proclamado por el marxismo y realizado en diversos Pa\u00edses del mundo en los decenios siguientes a la \u00e9poca de la Enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII. Tal principio se diferencia al mismo tiempo, del programa\u00a0<i>del capitalismo,\u00a0<\/i>practicado por el liberalismo y por los sistemas pol\u00edticos, que se refieren a \u00e9l. En este segundo caso, la diferencia consiste en el modo de entender el derecho mismo de propiedad. La tradici\u00f3n cristiana no ha sostenido nunca este derecho como absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto m\u00e1s amplio del derecho com\u00fan de todos a usar los bienes de la entera creaci\u00f3n:\u00a0<i>el derecho a la propiedad privada<\/i>\u00a0como\u00a0<i>subordinado al derecho al uso com\u00fan,\u00a0<\/i>al destino universal de los bienes.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la propiedad seg\u00fan la ense\u00f1anza de la Iglesia nunca se ha entendido de modo que pueda constituir un motivo de contraste social en el trabajo. Como ya se ha recordado anteriormente en este mismo texto, la propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere de modo especial a la propiedad de los medios de producci\u00f3n. El considerarlos aisladamente como un conjunto de propiedades separadas con el fin de contraponerlos en la forma del \u00abcapital\u00bb al \u00abtrabajo\u00bb, y m\u00e1s a\u00fan realizar la explotaci\u00f3n del trabajo, es contrario a la naturaleza misma de estos medios y de su posesi\u00f3n. Estos no pueden ser\u00a0<i>pose\u00eddos contra el trabajo,\u00a0<\/i>no pueden ser ni siquiera\u00a0<i>pose\u00eddos para poseer,\u00a0<\/i>porque el \u00fanico t\u00edtulo leg\u00edtimo para su posesi\u00f3n \u2014y esto ya sea en la forma de la propiedad privada, ya sea en la de la propiedad p\u00fablica o colectiva\u2014\u00a0<i>es que sirvan al trabajo;\u00a0<\/i>consiguientemente que, sirviendo al trabajo, hagan posible la realizaci\u00f3n del primer principio de aquel orden, que es el destino universal de los bienes y el derecho a su uso com\u00fan. Desde ese punto de vista, pues, en consideraci\u00f3n del trabajo humano y del acceso com\u00fan a los bienes destinados al hombre, tampoco conviene excluir la\u00a0<i>socializaci\u00f3n,\u00a0<\/i>en las condiciones oportunas, de ciertos medios de producci\u00f3n. En el espacio de los decenios que nos separan de la publicaci\u00f3n de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>la ense\u00f1anza de la Iglesia siempre ha recordado todos estos principios, refiri\u00e9ndose a los argumentos formulados en la tradici\u00f3n mucho m\u00e1s antigua, por ejemplo, los conocidos argumentos de la\u00a0<i>Summa Theologiae<\/i>\u00a0de Santo Tom\u00e1s de Aquino.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24M\" name=\"-M\">22<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En este documento, cuyo tema principal es el trabajo humano, es conveniente corroborar todo el esfuerzo a trav\u00e9s del cual la ense\u00f1anza de la Iglesia acerca de la propiedad ha tratado y sigue tratando de asegurar la primac\u00eda del trabajo y, por lo mismo,\u00a0<i>la subjetividad\u00a0<\/i>del hombre en la vida social, especialmente en la\u00a0<i>estructura din\u00e1mica de todo el proceso econ\u00f3mico.\u00a0<\/i>Desde esta perspectiva, sigue siendo inaceptable la postura del \u00abr\u00edgido\u00bb capitalismo, que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n, como un \u00abdogma\u00bb intocable en la vida econ\u00f3mica. El principio del respeto del trabajo, exige que este derecho se someta a una revisi\u00f3n constructiva en la teor\u00eda y en la pr\u00e1ctica. En efecto, si es verdad que el capital, al igual que el conjunto de los medios de producci\u00f3n, constituye a su vez el producto del trabajo de generaciones, entonces no es menos verdad que ese capital se crea incesantemente gracias al trabajo llevado a cabo con la ayuda de ese mismo conjunto de medios de producci\u00f3n, que aparecen como un gran lugar de trabajo en el que, d\u00eda a d\u00eda, pone su empe\u00f1o la presente generaci\u00f3n de trabajadores. Se trata aqu\u00ed, obviamente, de las distintas clases de trabajo, no s\u00f3lo del llamado trabajo manual, sino tambi\u00e9n del m\u00faltiple trabajo intelectual, desde el de planificaci\u00f3n al de direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Bajo esta luz adquieren un significado de relieve particular las numerosas propuestas hechas por expertos en la doctrina social cat\u00f3lica y tambi\u00e9n por el Supremo Magisterio de la Iglesia.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24N\" name=\"-N\">23<\/a><\/sup>\u00a0Son<i>\u00a0propuestas\u00a0<\/i>que se refieren a la\u00a0<i>copropiedad de los medios de trabajo,<\/i>\u00a0a la participaci\u00f3n de los trabajadores en la gesti\u00f3n y o en los beneficios de la empresa, al llamado \u00abaccionariado\u00bb del trabajo y otras semejantes. Independientemente de la posibilidad de aplicaci\u00f3n concreta de estas diversas propuestas, sigue siendo evidente que el reconocimiento de la justa posici\u00f3n del trabajo y del hombre del trabajo dentro del proceso productivo exige varias adaptaciones en el \u00e1mbito del mismo derecho a la propiedad de los medios de producci\u00f3n; y esto teniendo en cuenta no s\u00f3lo situaciones m\u00e1s antiguas, sino tambi\u00e9n y ante todo la realidad y la problem\u00e1tica que se ha ido creando en la segunda mitad de este siglo, en lo que concierne al llamado Tercer Mundo y a los distintos nuevos Pa\u00edses independientes que han surgido, de manera especial pero no \u00fanicamente en \u00c1frica, en lugar de los territorios coloniales de otros tiempos.<\/p>\n<p>Por consiguiente, si la posici\u00f3n del \u00abr\u00edgido\u00bb capitalismo debe ser sometida continuamente a revisi\u00f3n con vistas a una reforma bajo el aspecto de los derechos del hombre, entendidos en el sentido m\u00e1s amplio y en conexi\u00f3n con su trabajo, entonces se debe afirmar, bajo el mismo punto de vista, que estas m\u00faltiples y tan deseadas reformas no pueden llevarse a cabo\u00a0<i>mediante la eliminaci\u00f3n aprior\u00edstica de la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n.\u00a0<\/i>En efecto, hay que tener presente que la simple substracci\u00f3n de esos medios de producci\u00f3n (el capital) de las manos de sus propietarios privados, no es suficiente para socializarlos de modo satisfactorio. Los medios de producci\u00f3n dejan de ser propiedad de un determinado grupo social, o sea de propietarios privados, para pasar a ser propiedad de la sociedad organizada, quedando sometidos a la administraci\u00f3n y al control directo de otro grupo de personas, es decir, de aquellas que, aunque no tengan su propiedad por m\u00e1s que ejerzan el poder dentro de la sociedad,\u00a0<i>disponen\u00a0<\/i>de ellos a escala de la entera econom\u00eda nacional, o bien de la econom\u00eda local.<\/p>\n<p>Este grupo dirigente y responsable puede cumplir su cometido de manera satisfactoria desde el punto de vista de la primac\u00eda del trabajo; pero puede cumplirlo mal, reivindicando para s\u00ed al mismo tiempo\u00a0<i>el monopolio de la administraci\u00f3n y disposici\u00f3n\u00a0<\/i>de los medios de producci\u00f3n, y no dando marcha atr\u00e1s ni siquiera ante la ofensa a los derechos fundamentales del hombre. As\u00ed pues, el mero paso de los medios de producci\u00f3n a propiedad del Estado, dentro del sistema colectivista, no equivale ciertamente a la \u00absocializaci\u00f3n\u00bb de esta propiedad. Se puede hablar de socializaci\u00f3n \u00fanicamente cuando quede asegurada la subjetividad de la sociedad, es decir, cuando toda persona, bas\u00e1ndose en su propio trabajo, tenga pleno t\u00edtulo a considerarse al mismo tiempo \u00abcopropietario\u00bb de esa especie de gran taller de trabajo en el que se compromete con todos. Un camino para conseguir esa meta podr\u00eda ser la de asociar, en cuanto sea posible, el trabajo a la propiedad del capital y dar vida a una rica gama de cuerpos intermedios con finalidades econ\u00f3micas, sociales, culturales: cuerpos que gocen de una autonom\u00eda efectiva respecto a los poderes p\u00fablicos, que persigan sus objetivos espec\u00edficos manteniendo relaciones de colaboraci\u00f3n leal y mutua, con subordinaci\u00f3n a las exigencias del bien com\u00fan y que ofrezcan forma y naturaleza de comunidades vivas; es decir, que los miembros respectivos sean considerados y tratados como personas y sean estimulados a tomar parte activa en la vida de dichas comunidades.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24O\" name=\"-O\">24<\/a><\/sup><\/p>\n<p><b>15.<i>\u00a0Argumento \u00abpersonalista\u00bb<\/i><\/b><\/p>\n<p><i>As\u00ed pues el principio de la prioridad del trabajo\u00a0<\/i>respecto al capital es un postulado que pertenece al orden de la moral social. Este postulado tiene importancia clave tanto en un sistema basado sobre el principio de la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n, como en el sistema en que se haya limitado, incluso radicalmente, la propiedad privada de estos medios. El trabajo, en cierto sentido, es inseparable del capital, y no acepta de ning\u00fan modo aquella antinomia, es decir, la separaci\u00f3n y contraposici\u00f3n con relaci\u00f3n a los medios de producci\u00f3n, que han gravado sobre la vida humana en los \u00faltimos siglos, como fruto de premisas \u00fanicamente econ\u00f3micas. Cuando el hombre trabaja, sirvi\u00e9ndose del conjunto de los medios de producci\u00f3n, desea a la vez que los frutos de este trabajo est\u00e9n a su servicio y al de los dem\u00e1s y que en el proceso mismo del trabajo tenga la posibilidad de aparecer como corresponsable y coart\u00edfice en el puesto de trabajo, al cual est\u00e1 dedicado.<\/p>\n<p>Nacen de ah\u00ed algunos derechos espec\u00edficos de los trabajadores, que corresponden a la obligaci\u00f3n del trabajo. Se hablar\u00e1 de ellos m\u00e1s adelante. Pero hay que subrayar ya aqu\u00ed, en general, que el hombre que trabaja desea\u00a0<i>no s\u00f3lo\u00a0<\/i>la debida\u00a0<i>remuneraci\u00f3n\u00a0<\/i>por su trabajo, sino tambi\u00e9n que sea tomada en consideraci\u00f3n, en el proceso mismo de producci\u00f3n, la posibilidad de que \u00e9l, a la vez que trabaja incluso en una propiedad com\u00fan,\u00a0<i>sea consciente\u00a0<\/i>de que est\u00e1 trabajando\u00a0<i>\u00aben algo propio\u00bb.\u00a0<\/i>Esta conciencia se extingue en \u00e9l dentro del sistema de una excesiva centralizaci\u00f3n burocr\u00e1tica, donde el trabajador se siente engranaje de un mecanismo movido desde arriba; se siente por una u otra raz\u00f3n un simple instrumento de producci\u00f3n, m\u00e1s que un verdadero sujeto de trabajo dotado de iniciativa propia. Las ense\u00f1anzas de la Iglesia han expresado siempre la convicci\u00f3n firme y profunda de que el trabajo humano no mira \u00fanicamente a la econom\u00eda, sino que implica adem\u00e1s y sobre todo, los valores personales. El mismo sistema econ\u00f3mico y el proceso de producci\u00f3n redundan en provecho propio, cuando estos valores personales son plenamente respetados. Seg\u00fan el pensamiento de Santo Tom\u00e1s de Aquino,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24P\" name=\"-P\">25<\/a><\/sup>\u00a0es primordialmente esta raz\u00f3n la que atestigua en favor de la propiedad privada de los mismos medios de producci\u00f3n. Si admitimos que algunos ponen fundados reparos al principio de la propiedad privada\u2014 y en nuestro tiempo somos incluso testigos de la introducci\u00f3n del sistema de la propiedad \u00absocializada\u00bb\u2014 el\u00a0<i>argumento\u00a0<\/i>personalista sin embargo no\u00a0<i>pierde su fuerza,\u00a0<\/i>ni a nivel de principios ni a nivel\u00a0<i>pr\u00e1ctico.\u00a0<\/i>Para ser racional y fructuosa, toda socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n debe tomar en consideraci\u00f3n este argumento. Hay que hacer todo lo posible para que el hombre, incluso dentro de este sistema, pueda conservar la conciencia de trabajar en \u00abalgo propio\u00bb. En caso contrario, en todo el proceso econ\u00f3mico surgen necesariamente da\u00f1os incalculables; da\u00f1os no s\u00f3lo econ\u00f3micos, sino ante todo da\u00f1os para el hombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>IV. DERECHOS DE LOS HOMBRES DEL TRABAJO<\/b><\/p>\n<p><b>16.<i>\u00a0En el amplio contexto de los derechos humanos<\/i><\/b><\/p>\n<p>Si el trabajo \u2014en el m\u00faltiple sentido de esta palabra\u2014 es una obligaci\u00f3n, es decir, un deber, es tambi\u00e9n a la vez una fuente de derechos por parte del\u00a0<i>trabajador.\u00a0<\/i>Estos\u00a0<i>derechos\u00a0<\/i>deben ser examinados en el amplio\u00a0<i>contexto del conjunto de los derechos del hombre\u00a0<\/i>que le son connaturales, muchos de los cuales son proclamados por distintos organismos internacionales y garantizados cada vez m\u00e1s por los Estados para sus propios ciudadanos. El respeto de este vasto conjunto de los derechos del hombre, constituye la condici\u00f3n fundamental para la paz del mundo contempor\u00e1neo: la paz, tanto dentro de los pueblos y de las sociedades como en el campo de las relaciones internacionales, tal como se ha hecho notar ya en muchas ocasiones por el Magisterio de la Iglesia especialmente desde los tiempos de la Enc\u00edclica \u00ab<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/i>\u00bb. Los\u00a0<i>derechos humanos que brotan del trabajo,\u00a0<\/i>entran precisamente dentro del m\u00e1s amplio contexto de los derechos fundamentales de la persona.<\/p>\n<p>Sin embargo, en el \u00e1mbito de este contexto, tienen un car\u00e1cter peculiar que corresponde a la naturaleza espec\u00edfica del trabajo humano anteriormente delineada; y precisamente hay que considerarlos seg\u00fan este car\u00e1cter. El trabajo es, como queda dicho, una\u00a0<i>obligaci\u00f3n,\u00a0<\/i>es decir,\u00a0<i>un deber del hombre y\u00a0<\/i>esto\u00a0<i>en el m\u00faltiple sentido de esta palabra.\u00a0<\/i>El hombre debe trabajar bien sea por el hecho de que el Creador lo ha ordenado, bien sea por el hecho de su propia humanidad, cuyo mantenimiento y desarrollo exigen el trabajo. El hombre debe trabajar por respeto al pr\u00f3jimo, especialmente por respeto a la propia familia, pero tambi\u00e9n a la sociedad a la que pertenece, a la naci\u00f3n de la que es hijo o hija, a la entera familia humana de la que es miembro, ya que es heredero del trabajo de generaciones y al mismo tiempo coart\u00edfice del futuro de aquellos que vendr\u00e1n despu\u00e9s de \u00e9l con el sucederse de la historia. Todo esto constituye la obligaci\u00f3n moral del trabajo, entendido en su m\u00e1s amplia acepci\u00f3n. Cuando haya que considerar los derechos morales de todo hombre respecto al trabajo, correspondientes a esta obligaci\u00f3n, habr\u00e1 que tener siempre presente el entero y amplio radio de referencias en que se manifiesta el trabajo de cada sujeto trabajador.<\/p>\n<p>En efecto, hablando de la obligaci\u00f3n del trabajo y de los derechos del trabajador, correspondientes a esta obligaci\u00f3n, tenemos presente, ante todo, la relaci\u00f3n entre\u00a0<i>el empresario \u2014directo e indirecto\u2014<\/i>\u00a0y el mismo trabajador.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n entre empresario directo e indirecto parece ser muy importante en consideraci\u00f3n de la organizaci\u00f3n real del trabajo y de la posibilidad de instaurar relaciones justas o injustas en el sector del trabajo.<\/p>\n<p>Si el\u00a0<i>empresario directo<\/i>\u00a0es la persona o la instituci\u00f3n, con la que el trabajador estipula directamente el contrato de trabajo seg\u00fan determinadas condiciones,\u00a0<i>como empresario indirecto\u00a0<\/i>se deben entender muchos factores diferenciados, adem\u00e1s del empresario directo, que ejercen un determinado influjo sobre el modo en que se da forma bien sea al contrato de trabajo, bien sea, en consecuencia, a las relaciones m\u00e1s o menos justas en el sector del trabajo humano.<\/p>\n<p><b>17.<i>\u00a0Empresario: \u00abindirecto\u00bb y \u00abdirecto\u00bb<\/i><\/b><\/p>\n<p>En el concepto de empresario indirecto entran tanto las personas como las instituciones de diverso tipo, as\u00ed como tambi\u00e9n los contratos colectivos de trabajo y los\u00a0<i>principios\u00a0<\/i>de comportamiento, establecidos por estas personas e instituciones, que determinan todo el\u00a0<i>sistema<\/i>\u00a0socio-econ\u00f3mico o que derivan de \u00e9l. El concepto de empresario indirecto implica as\u00ed muchos y variados elementos. La responsabilidad del empresario indirecto es distinta de la del empresario directo, como lo indica la misma palabra: la responsabilidad es menos directa; pero sigue siendo verdadera responsabilidad: el empresario indirecto determina sustancialmente uno u otro aspecto de la relaci\u00f3n de trabajo y condiciona de este modo el comportamiento del empresario directo cuando este \u00faltimo determina concretamente el contrato y las relaciones laborales. Esta constataci\u00f3n no tiene como finalidad la de eximir a este \u00faltimo de su propia responsabilidad sino \u00fanicamente la de llamar la atenci\u00f3n sobre todo el entramado de condicionamientos que influyen en su comportamiento. Cuando se trata de determinar una<i>\u00a0pol\u00edtica laboral correcta desde el punto de vista \u00e9tico\u00a0<\/i>hay que tener presentes todos estos condicionamientos. Tal pol\u00edtica es correcta cuando los derechos objetivos del hombre del trabajo son plenamente respetados.<\/p>\n<p>El concepto de empresario indirecto se puede aplicar a toda sociedad y, en primer lugar, al Estado. En efecto, es el Estado el que debe realizar una pol\u00edtica laboral justa. No obstante es sabido que, dentro del sistema actual de relaciones econ\u00f3micas en el mundo, se dan\u00a0<i>entre<\/i>\u00a0los\u00a0<i>Estados\u00a0<\/i>m\u00faltiples\u00a0<i>conexiones\u00a0<\/i>que tienen su expresi\u00f3n, por ejemplo, en los procesos de importaci\u00f3n y exportaci\u00f3n, es decir, en el intercambio rec\u00edproco de los bienes econ\u00f3micos, ya sean materias primas o a medio elaborar o bien productos industriales elaborados. Estas relaciones crean a su vez\u00a0<i>dependencias\u00a0<\/i>rec\u00edprocas y, consiguientemente, ser\u00eda dif\u00edcil hablar de plena autosuficiencia, es decir, de autarqu\u00eda, por lo que se refiere a qualquier Estado, aunque sea el m\u00e1s poderoso en sentido econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Tal sistema de dependencias rec\u00edprocas, es normal en s\u00ed mismo; sin embargo, puede convertirse f\u00e1cilmente en ocasi\u00f3n para diversas formas de explotaci\u00f3n o de injusticia, y de este modo influir en la pol\u00edtica laboral de los Estados y en \u00faltima instancia sobre el trabajador que es el sujeto propio del trabajo. Por ejemplo,\u00a0<i>los Pa\u00edses altamente industrializados<\/i>\u00a0y, m\u00e1s a\u00fan, las empresas que dirigen a gran escala los medios de producci\u00f3n industrial (las llamadas sociedades multinacionales o transnacionales), ponen precios lo m\u00e1s alto posibles para sus productos, mientras procuran establecer precios lo m\u00e1s bajo posibles para las materias primas o a medio elaborar, lo cual entre otras causas tiene como resultado una desproporci\u00f3n cada vez mayor entre los r\u00e9ditos nacionales de los respectivos Pa\u00edses. La distancia entre la mayor parte de los Pa\u00edses ricos y los Pa\u00edses m\u00e1s pobres no disminuye ni se nivela, sino que aumenta cada vez m\u00e1s, obviamente en perjuicio de estos \u00faltimos. Es claro que esto no puede menos de influir sobre la pol\u00edtica local y laboral, y sobre la situaci\u00f3n del hombre del trabajo en las sociedades econ\u00f3micamente menos avanzadas. El empresario directo, inmerso en concreto en un sistema de condicionamientos, fija las condiciones laborales por debajo de las exigencias objetivas de los trabajadores, especialmente si quiere sacar beneficios lo m\u00e1s alto posibles de la empresa que \u00e9l dirige (o de las empresas que dirige, cuando se trata de una situaci\u00f3n de propiedad \u00absocializada\u00bb de los medios de producci\u00f3n).<\/p>\n<p>Este cuadro de dependencias, relativas al concepto de empresario indirecto \u2014como puede f\u00e1cilmente deducirse\u2014 es enormemente vasto y complicado. Para definirlo hay que tomar en consideraci\u00f3n, en cierto sentido, el\u00a0<i>conjunto\u00a0<\/i>de elementos decisivos para la vida econ\u00f3mica\u00a0<i>en la configuraci\u00f3n de una determinada sociedad y Estado;\u00a0<\/i>pero, al mismo tiempo, han de tenerse tambi\u00e9n en cuenta conexiones y dependencias mucho m\u00e1s amplias. Sin embargo, la realizaci\u00f3n de los derechos del hombre del trabajo no puede estar condenada a constituir solamente un derivado de los sistemas econ\u00f3micos, los cuales, a escala m\u00e1s amplia o m\u00e1s restringida, se dejen guiar sobre todo por el criterio del m\u00e1ximo beneficio. Al contrario, es precisamente la consideraci\u00f3n de los derechos objetivos del hombre del trabajo \u2014de todo tipo de trabajador: manual, intelectual, industrial, agr\u00edcola, etc.\u2014 lo que debe constituir el criterio adecuado y fundamental para la formaci\u00f3n de toda la econom\u00eda, bien sea en la dimensi\u00f3n de toda sociedad y de todo Estado, bien sea en el conjunto de la pol\u00edtica econ\u00f3mica mundial, as\u00ed como de los sistemas y relaciones internacionales que de ella derivan.<\/p>\n<p>En esta direcci\u00f3n deber\u00edan ejercer su influencia todas las<i>\u00a0Organizaciones Internacionales\u00a0<\/i>llamadas a ello, comenzando por la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas. Parece que la Organizaci\u00f3n Mundial del trabajo (OIT), la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura (FAO) y otras tienen que ofrecer a\u00fan nuevas aportaciones particularmente en este sentido. En el \u00e1mbito de los Estados existen ministerios o\u00a0<i>dicasterios del poder<\/i>\u00a0p\u00fablico y tambi\u00e9n diversos\u00a0<i>Organismos sociales\u00a0<\/i>instituidos para este fin. Todo esto indica eficazmente cu\u00e1nta importancia tiene\u2014 como se ha dicho anteriormente \u2014el empresario indirecto en la realizaci\u00f3n del pleno respeto de los derechos del hombre del trabajo, dado que los derechos de la persona humana constituyen el elemento clave de todo el orden moral social.<\/p>\n<p><b>18.<i>\u00a0El problema del empleo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Considerando los derechos de los hombres del trabajo, precisamente en relaci\u00f3n con este \u00abempresario indirecto\u00bb, es decir, con el conjunto de las instancias a escala nacional e internacional responsables de todo el ordenamiento de la pol\u00edtica laboral, se debe prestar atenci\u00f3n en primer lugar a un\u00a0<i>problema fundamental.\u00a0<\/i>Se trata del problema de conseguir trabajo, en otras palabras, del problema de encontrar un<i>\u00a0empleo adecuado para todos los sujetos capaces de \u00e9l.\u00a0<\/i>Lo contrario de una situaci\u00f3n justa y correcta en este sector es el desempleo, es decir, la falta de puestos de trabajo para los sujetos capacitados. Puede ser que se trate de falta de empleo en general, o tambi\u00e9n en determinados sectores de trabajo. El cometido de estas instancias, comprendidas aqu\u00ed bajo el nombre de empresario indirecto, es el de<i>\u00a0actuar contra el desempleo,\u00a0<\/i>el cual es en todo caso un mal y que, cuando asume ciertas dimensiones, puede convertirse en una verdadera calamidad social. Se convierte en problema particularmente doloroso, cuando los afectados son principalmente los j\u00f3venes, quienes, despu\u00e9s de haberse preparado mediante una adecuada formaci\u00f3n cultural, t\u00e9cnica y profesional, no logran encontrar un puesto de trabajo y ven as\u00ed frustradas con pena su sincera voluntad de trabajar y su disponibilidad a asumir la propia responsabilidad para el desarrollo econ\u00f3mico y social de la comunidad. La obligaci\u00f3n de prestar subsidio a favor de los desocupados, es decir, el deber de otorgar las convenientes subvenciones indispensables para la subsistencia de los trabajadores desocupados y de sus familias es una obligaci\u00f3n que brota del principio fundamental del orden moral en este campo, esto es, del principio del uso com\u00fan de los bienes o, para hablar de manera a\u00fan m\u00e1s sencilla, del derecho a la vida y a la subsistencia.<\/p>\n<p>Para salir al paso del peligro del desempleo, para asegurar empleo a todos, las instancias que han sido definidas aqu\u00ed como \u00abempresario indirecto\u00bb deben proveer a una\u00a0<i>planificaci\u00f3n global,\u00a0<\/i>con referencia a esa disponibilidad de trabajo diferenciado, donde se forma la vida no solo econ\u00f3mica sino tambi\u00e9n cultural de una determinada sociedad; deben prestar atenci\u00f3n adem\u00e1s a la organizaci\u00f3n correcta y racional de tal disponibilidad de trabajo. Esta solicitud global carga en definitiva sobre las espaldas del Estado, pero no puede significar una centralizaci\u00f3n llevada a cabo unilateralmente por los poderes p\u00fablicos. Se trata en cambio de una<i>\u00a0coordinaci\u00f3n,\u00a0<\/i>justa y racional, en cuyo marco debe ser\u00a0<i>garantizada la iniciativa\u00a0<\/i>de las personas, de los grupos libres, de los centros y complejos locales de trabajo, teniendo en cuenta lo que se ha dicho anteriormente acerca del car\u00e1cter subjetivo del trabajo humano.<\/p>\n<p>El hecho de la rec\u00edproca dependencia de las sociedades y Estados, y la necesidad de colaborar en diversos sectores requieren que, manteniendo los derechos soberanos de todos y cada uno en el campo de la planificaci\u00f3n y de la organizaci\u00f3n del trabajo dentro de la propia sociedad, se act\u00fae al mismo tiempo en este sector importante, en el marco de la\u00a0<i>colaboraci\u00f3n internacional\u00a0<\/i>mediante los necesarios tratados y acuerdos. Tambi\u00e9n en esto es necesario que el criterio a seguir en estos pactos y acuerdos sea cada vez m\u00e1s el trabajo humano, entendido como un derecho fundamental de todos los hombres, el trabajo que da an\u00e1logos derechos a todos los que trabajan, de manera que el nivel de vida de los trabajadores en las sociedades presente\u00a0<i>cada vez menos esas irritantes diferencias\u00a0<\/i>que son injustas y aptas para provocar incluso violentas reacciones. Las Organizaciones Internacionales tienen un gran cometido a desarrollar en este campo. Es necesario que se dejen guiar por un diagn\u00f3stico exacto de las complejas situaciones y de los condicionamientos naturales, hist\u00f3ricos, civiles, etc.; es necesario adem\u00e1s que tengan, en relaci\u00f3n con los planes de acci\u00f3n establecidos conjuntamente, mayor operatividad, es decir, eficacia en cuanto a la realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este sentido se puede realizar el plan de un progreso universal y proporcionado para todos, siguiendo el hilo conductor de la Enc\u00edclica de Pablo VI\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum Progressio<\/a>.\u00a0<\/i>Es necesario subrayar que el elemento constitutivo y a su vez la\u00a0<i>verificaci\u00f3n\u00a0<\/i>m\u00e1s adecuada de este progreso en el esp\u00edritu de justicia y paz, que la Iglesia proclama y por el que no cesa de orar al Padre de todos los hombres y de todos los pueblos, es precisamente la continua\u00a0<i>revalorizaci\u00f3n del trabajo humano,\u00a0<\/i>tanto bajo el aspecto de su finalidad objetiva, como bajo el aspecto de la dignidad del sujeto de todo trabajo, que es el hombre. El progreso en cuesti\u00f3n debe llevarse a cabo mediante el hombre y por el hombre y debe producir frutos en el hombre. Una verificaci\u00f3n del progreso ser\u00e1 el reconocimiento cada vez m\u00e1s maduro de la finalidad del trabajo y el respeto cada vez m\u00e1s universal de los derechos inherentes a \u00e9l en conformidad con la dignidad del hombre, sujeto del trabajo.<\/p>\n<p>Una planificaci\u00f3n razonable y una organizaci\u00f3n adecuada del trabajo humano, a medida de las sociedades y de los Estados, deber\u00edan facilitar a su vez el descubrimiento de las justas proporciones entre los diversos tipos de empleo: el trabajo de la tierra, de la industria, en sus m\u00faltiples servicios, el trabajo de planificaci\u00f3n y tambi\u00e9n el cient\u00edfico o art\u00edstico, seg\u00fan las capacidades de los individuos y con vistas al bien com\u00fan de toda sociedad y de la humanidad entera. A la organizaci\u00f3n de la vida humana seg\u00fan las m\u00faltiples posibilidades laborales deber\u00eda corresponder un\u00a0<i>adecuado sistema de instrucci\u00f3n y educaci\u00f3n\u00a0<\/i>que tenga como principal finalidad el desarrollo de una humanidad madura y una preparaci\u00f3n espec\u00edfica para ocupar con provecho un puesto adecuado en el grande y socialmente diferenciado mundo del trabajo.<\/p>\n<p>Echando una mirada sobre la familia humana entera, esparcida por la tierra, no se puede menos de quedar impresionados ante un\u00a0<i>hecho desconcertante\u00a0<\/i>de grandes proporciones, es decir, el hecho de que, mientras por una parte siguen sin utilizarse conspicuos recursos de la naturaleza, existen por otra grupos enteros de desocupados o subocupados y un sinf\u00edn de multitudes hambrientas: un hecho que atestigua sin duda el que, dentro de las comunidades pol\u00edticas como en las relaciones existentes entre ellas a nivel continental y mundial \u2014en lo concerniente a la organizaci\u00f3n del trabajo y del empleo\u2014 hay algo que no funciona y concretamente en los puntos m\u00e1s cr\u00edticos y de mayor relieve social.<\/p>\n<p><b>19.<i>\u00a0Salario y otras prestaciones sociales<\/i><\/b><\/p>\n<p>Una vez delineado el importante cometido que tiene el compromiso de dar un empleo a todos los trabajadores, con vistas a garantizar el respeto de los derechos inalienables del hombre en relaci\u00f3n con su trabajo, conviene referirnos m\u00e1s concretamente a estos derechos, los cuales, en definitiva, surgen de la relaci\u00f3n\u00a0<i>entre el trabajador y el empresario directo.\u00a0<\/i>Todo cuanto se ha dicho anteriormente sobre el tema del empresario indirecto tiene como finalidad se\u00f1alar con mayor precisi\u00f3n estas relaciones mediante la expresi\u00f3n de los m\u00faltiples condicionamientos en que indirectamente se configuran. No obstante, esta consideraci\u00f3n no tiene un significado puramente descriptivo; no es un tratado breve de econom\u00eda o de pol\u00edtica. Se trata de poner en evidencia el\u00a0<i>aspecto deontol\u00f3gico y moral.\u00a0<\/i>El problema-clave de la \u00e9tica social es el de la\u00a0<i>justa remuneraci\u00f3n\u00a0<\/i>por el trabajo realizado. No existe en el contexto actual otro modo mejor para cumplir la justicia en las relaciones trabajador-empresario que el constituido precisamente por la remuneraci\u00f3n del trabajo. Independientemente del hecho de que este trabajo se lleve a efecto dentro del sistema de la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n o en un sistema en que esta propiedad haya sufrido una especie de \u00absocializaci\u00f3n\u00bb, la relaci\u00f3n entre el empresario (principalmente directo) y el trabajador se resuelve en base al salario: es decir, mediante la justa remuneraci\u00f3n del trabajo realizado.<\/p>\n<p>Hay que subrayar tambi\u00e9n que la justicia de un sistema socio-econ\u00f3mico y, en todo caso, su justo funcionamiento merecen en definitiva ser valorados seg\u00fan el modo como se remunera justamente el trabajo humano dentro de tal sistema. A este respecto volvemos de nuevo al primer principio de todo el ordenamiento \u00e9tico-social:\u00a0<i>el principio del uso com\u00fan de los bienes.\u00a0<\/i>En todo sistema que no tenga en cuenta las relaciones fundamentales existentes entre el capital y el trabajo, el salario, es decir,\u00a0<i>la remuneraci\u00f3n del trabajo,\u00a0<\/i>sigue siendo una\u00a0<i>v\u00eda concreta,\u00a0<\/i>a trav\u00e9s de la cual la gran mayor\u00eda de los hombres puede acceder a los bienes que est\u00e1n destinados al uso com\u00fan: tanto los bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producci\u00f3n. Los unos y los otros se hacen accesibles al hombre del trabajo gracias al salario que recibe como remuneraci\u00f3n por su trabajo. De aqu\u00ed que, precisamente el salario justo se convierta en todo caso en la<i>\u00a0verificaci\u00f3n concreta de la justicia\u00a0<\/i>de todo el sistema socio-econ\u00f3mico y, de todos modos, de su justo funcionamiento. No es esta la \u00fanica verificaci\u00f3n, pero es particularmente importante y es en cierto sentido la verificaci\u00f3n-clave.<\/p>\n<p>Tal verificaci\u00f3n afecta sobre todo a la familia. Una justa remuneraci\u00f3n por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro. Tal remuneraci\u00f3n puede hacerse bien sea mediante el llamado\u00a0<i>salario familiar<\/i>\u00a0\u2014es decir, un salario \u00fanico dado al cabeza de familia por su trabajo y que sea suficiente para las necesidades de la familia sin necesidad de hacer asumir a la esposa un trabajo retribuido fuera de casa\u2014 bien sea mediante otras\u00a0<i>medidas sociales,\u00a0<\/i>como subsidios familiares o ayudas a la madre que se dedica exclusivamente a la familia, ayudas que deben corresponder a las necesidades efectivas, es decir, al n\u00famero de personas a su cargo durante todo el tiempo en que no est\u00e9n en condiciones de asumirse dignamente la responsabilidad de la propia vida.<\/p>\n<p>La experiencia confirma que hay que esforzarse por la\u00a0<i>revalorizaci\u00f3n social de las funciones maternas,\u00a0<\/i>de la fatiga unida a ellas y de la necesidad que tienen los hijos de cuidado, de amor y de afecto para poderse desarrollar como personas responsables, moral y religiosamente maduras y sicol\u00f3gicamente equilibradas. Ser\u00e1 un honor para la sociedad hacer posible a la madre \u2014sin obstaculizar su libertad, sin discriminaci\u00f3n sicol\u00f3gica o pr\u00e1ctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compa\u00f1eras\u2014 dedicarse al cuidado y a la educaci\u00f3n de los hijos, seg\u00fan las necesidades diferenciadas de la edad. El abandono obligado de tales tareas, por una ganancia retribuida fuera de casa, es incorrecto desde el punto de vista del bien de la sociedad y de la familia cuando contradice o hace dif\u00edcil tales cometidos primarios de la misi\u00f3n materna.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24Q\" name=\"-Q\">26<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En este contexto se debe subrayar que, del modo m\u00e1s general, hay que organizar y adaptar todo el proceso laboral de manera que sean respetadas las exigencias de la persona y sus formas de vida, sobre todo de su vida dom\u00e9stica, teniendo en cuenta la edad y el sexo de cada uno. Es un hecho que en muchas sociedades las mujeres trabajan en casi todos los sectores de la vida. Pero es conveniente que ellas puedan desarrollar plenamente sus funciones\u00a0<i>seg\u00fan la propia \u00edndole,\u00a0<\/i>sin discriminaciones y sin exclusi\u00f3n de los empleos para los que est\u00e1n capacitadas, pero sin al mismo tiempo perjudicar sus aspiraciones familiares y el papel espec\u00edfico que les compete para contribuir al bien de la sociedad junto con el hombre.\u00a0<i>La verdadera promoci\u00f3n de la mujer\u00a0<\/i>exige que el trabajo se estructure de manera que no deba pagar su promoci\u00f3n con el abandono del car\u00e1cter espec\u00edfico propio y en perjuicio de la familia en la que como madre tiene un papel insustituible.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del salario, aqu\u00ed entran en juego\u00a0<i>algunas otras prestaciones sociales\u00a0<\/i>que tienen por finalidad la de asegurar la vida y la salud de los trabajadores y de su familia. Los gastos relativos a la necesidad de cuidar la salud, especialmente en caso de accidentes de trabajo, exigen que el trabajador tenga f\u00e1cil acceso a la asistencia sanitaria y esto, en cuanto sea posible, a bajo costo e incluso gratuitamente. Otro sector relativo a las prestaciones es el vinculado con el\u00a0<i>derecho al descanso;\u00a0<\/i>se trata ante todo de regular el descanso semanal, que comprenda al menos el domingo y adem\u00e1s un reposo m\u00e1s largo, es decir, las llamadas vacaciones una vez al a\u00f1o o eventualmente varias veces por per\u00edodos m\u00e1s breves. En fin, se trata del derecho a la pensi\u00f3n, al seguro de vejez y en caso de accidentes relacionados con la prestaci\u00f3n laboral. En el \u00e1mbito de estos derechos principales, se desarrolla todo un sistema de derechos particulares que, junto con la remuneraci\u00f3n por el trabajo, deciden el correcto planteamiento de las relaciones entre el trabajador y el empresario. Entre estos derechos hay que tener siempre presente el derecho a ambientes de trabajo y a procesos productivos que no comporten perjuicio a la salud f\u00edsica de los trabajadores y no da\u00f1en su integridad moral.<\/p>\n<p><b>20.<i>\u00a0Importancia de los sindicatos<\/i><\/b><\/p>\n<p>Sobre la base de todos estos derechos, junto con la necesidad de asegurarlos por parte de los mismos trabajadores, brota a\u00fan otro derecho, es decir,\u00a0<i>el derecho a asociarse;\u00a0<\/i>esto es, a formar asociaciones o uniones que tengan como finalidad la defensa de los intereses vitales de los hombres empleados en las diversas profesiones. Estas uniones llevan el nombre de\u00a0<i>sindicatos.\u00a0<\/i>Los intereses vitales de los hombres del trabajo son hasta un cierto punto comunes a todos; pero al mismo tiempo, todo tipo de trabajo, toda profesi\u00f3n posee un car\u00e1cter espec\u00edfico que en estas organizaciones deber\u00eda encontrar su propio reflejo particular.<\/p>\n<p>Los sindicatos tienen su origen, de alg\u00fan modo, en las corporaciones artesanas medievales, en cuanto que estas organizaciones un\u00edan entre s\u00ed a hombres pertenecientes a la misma profesi\u00f3n y por consiguiente\u00a0<i>en base al trabajo que realizaban.\u00a0<\/i>Pero al mismo tiempo, los sindicatos se diferencian de las corporaciones en este punto esencial: los sindicatos modernos han crecido sobre la base de la lucha de los trabajadores, del mundo del trabajo y ante todo de los trabajadores industriales para la tutela de\u00a0<i>sus justos derechos\u00a0<\/i>frente a los empresarios y a los propietarios de los medios de producci\u00f3n. La defensa de los intereses existenciales de los trabajadores en todos los sectores, en que entran en juego sus derechos, constituye el cometido de los sindicatos. La experiencia hist\u00f3rica ense\u00f1a que las organizaciones de este tipo son\u00a0<i>un elemento indispensable de la vida social,\u00a0<\/i>especialmente en las sociedades modernas industrializadas. Esto evidentemente no significa que solamente los trabajadores de la industria puedan instituir asociaciones de este tipo. Los representantes de cada profesi\u00f3n pueden servirse de ellas para asegurar sus respectivos derechos. Existen pues los sindicatos de los agricultores y de los trabajadores del sector intelectual, existen adem\u00e1s las uniones de empresarios. Todos, como ya se ha dicho, se dividen en sucesivos grupos o subgrupos, seg\u00fan las particulares especializaciones profesionales.<\/p>\n<p>La doctrina social cat\u00f3lica no considera que los sindicatos constituyan \u00fanicamente el reflejo de la estructura de \u00abclase\u00bb de la sociedad y que sean el exponente de la lucha de clase que gobierna inevitablemente la vida social. S\u00ed, son\u00a0<i>un exponente de la lucha por la justicia social,\u00a0<\/i>por los justos derechos de los hombres del trabajo seg\u00fan las distintas profesiones. Sin embargo, esta \u00ablucha\u00bb debe ser vista como una dedicaci\u00f3n normal \u00aben favor\u00bb del justo bien: en este caso, por el bien que corresponde a las necesidades y a los m\u00e9ritos de los hombres del trabajo asociados por profesiones; pero\u00a0<i>no es una lucha \u00abcontra\u00bb los dem\u00e1s.<\/i>\u00a0Si en las cuestiones controvertidas asume tambi\u00e9n un car\u00e1cter de oposici\u00f3n a los dem\u00e1s, esto sucede en consideraci\u00f3n del bien de la justicia social; y no por \u00abla lucha\u00bb o por eliminar al adversario. El trabajo tiene como caracter\u00edstica propia que, antes que nada, une a los hombres y en esto consiste su fuerza social: la fuerza de construir una comunidad. En definitiva, en esta comunidad deben unirse de alg\u00fan modo tanto los que trabajan como los que disponen de los medios de producci\u00f3n o son sus propietarios.\u00a0<i>A la luz de esta fundamental estructura de todo trabajo \u2014<\/i>a la luz del hecho de que en definitiva en todo sistema social el \u00abtrabajo\u00bb y el \u00abcapital\u00bb son los componentes indispensables del proceso de producci\u00f3n\u2014 la uni\u00f3n de los hombres para asegurarse los derechos que les corresponden, nacida de la necesidad del trabajo, sigue siendo un factor constructivo de\u00a0<i>orden social<\/i>\u00a0y de<i>\u00a0solidaridad,\u00a0<\/i>del que no es posible prescindir.<\/p>\n<p>Los justos esfuerzos por asegurar los derechos de los trabajadores, unidos por la misma profesi\u00f3n, deben tener siempre en cuenta las limitaciones que impone la situaci\u00f3n econ\u00f3mica general del pa\u00eds. Las exigencias sindicales no pueden transformarse en una especie de<i>\u00a0\u00abego\u00edsmo\u00bb de grupo o de clase,\u00a0<\/i>por m\u00e1s que puedan y deban tender tambi\u00e9n a corregir \u2014con miras al bien com\u00fan de toda la sociedad\u2014 incluso todo lo que es defectuoso en el sistema de propiedad de los medios de producci\u00f3n o en el modo de administrarlos o de disponer de ellos. La vida social y econ\u00f3mico-social es ciertamente como un sistema de \u00abvasos comunicantes\u00bb, y a este sistema debe tambi\u00e9n adaptarse toda actividad social que tenga como finalidad salvaguardar los derechos de los grupos particulares.<\/p>\n<p>En este sentido la actividad de los sindicatos entra indudablemente en el campo de la\u00a0<i>\u00abpol\u00edtica\u00bb,\u00a0<\/i>entendida \u00e9sta como\u00a0<i>una prudente solicitud por el bien com\u00fan.\u00a0<\/i>Pero al mismo tiempo, el cometido de los sindicatos no es \u00abhacer pol\u00edtica\u00bb en el sentido que se da hoy com\u00fanmente a esta expresi\u00f3n. Los sindicatos no tienen car\u00e1cter de \u00abpartidos pol\u00edticos\u00bb que luchan por el poder y no deber\u00edan ni siquiera ser sometidos a las decisiones de los partidos pol\u00edticos o tener v\u00ednculos demasiado estrechos con ellos. En efecto, en tal situaci\u00f3n ellos pierden f\u00e1cilmente el contacto con lo que es su cometido espec\u00edfico, que es el de asegurar los justos derechos de los hombres del trabajo en el marco del bien com\u00fan de la sociedad entera y se convierten en cambio\u00a0<i>en un instrumento para otras finalidades.<\/i><\/p>\n<p>Hablando de la tutela de los justos derechos de los hombres del trabajo, seg\u00fan sus profesiones, es necesario naturalmente tener siempre presente lo que decide acerca del car\u00e1cter subjetivo del trabajo en toda profesi\u00f3n, pero al mismo tiempo, o antes que nada, lo que condiciona la dignidad propia del sujeto del trabajo. Se abren aqu\u00ed m\u00faltiples posibilidades en la actuaci\u00f3n de las organizaciones sindicales y esto incluso en su\u00a0<i>empe\u00f1o de car\u00e1cter instructivo, educativo y de promoci\u00f3n de la autoeducaci\u00f3n.\u00a0<\/i>Es benem\u00e9rita la labor de las escuelas, de las llamadas \u00abuniversidades laborales\u00bb o \u00abpopulares\u00bb, de los programas y cursos de formaci\u00f3n, que han desarrollado y siguen desarrollando precisamente este campo de actividad. Se debe siempre desear que, gracias a la obra de sus sindicatos, el trabajador pueda no solo \u00abtener\u00bb m\u00e1s, sino ante todo \u00abser\u00bb m\u00e1s: es decir pueda realizar m\u00e1s plenamente su humanidad en todos los aspectos.<\/p>\n<p>Actuando en favor de los justos derechos de sus miembros, los sindicatos se sirven\u00a0<i>tambi\u00e9n del m\u00e9todo de la \u00abhuelga\u00bb,\u00a0<\/i>es decir, del bloqueo del trabajo, como de una especie de ultim\u00e1tum dirigido a los \u00f3rganos competentes y sobre todo a los empresarios. Este es un m\u00e9todo reconocido por la doctrina social cat\u00f3lica como leg\u00edtimo en las debidas condiciones y en los justos l\u00edmites. En relaci\u00f3n con esto los trabajadores deber\u00edan tener asegurado el\u00a0<i>derecho a la huelga,\u00a0<\/i>sin sufrir sanciones penales personales por participar en ella. Admitiendo que es un medio leg\u00edtimo, se debe subrayar al mismo tiempo que la huelga sigue siendo, en cierto sentido, un medio extremo.\u00a0<i>No se puede abusar\u00a0<\/i>de \u00e9l; no se puede abusar de \u00e9l especialmente en funci\u00f3n de los \u00abjuegos pol\u00edticos\u00bb. Por lo dem\u00e1s, no se puede jam\u00e1s olvidar que cuando se trata de servicios esenciales para la convivencia civil, \u00e9stos han de asegurarse en todo caso mediante medidas legales apropiadas, si es necesario. El abuso de la huelga puede conducir a la paralizaci\u00f3n de toda la vida socio-econ\u00f3mica, y esto es contrario a las exigencias del bien com\u00fan de la sociedad, que corresponde tambi\u00e9n a la naturaleza bien entendida del trabajo mismo.<\/p>\n<p><b>21.<i>\u00a0Dignidad del trabajo agr\u00edcola<\/i><\/b><\/p>\n<p>Todo cuanto se ha dicho precedentemente sobre la dignidad del trabajo, sobre la dimensi\u00f3n objetiva y subjetiva del trabajo del hombre, tiene aplicaci\u00f3n directa en el problema del trabajo agr\u00edcola y en la situaci\u00f3n del hombre que cultiva la tierra en el duro trabajo de los campos. En efecto, se trata de un sector muy amplio del ambiente de trabajo de nuestro planeta, no circunscrito a uno u otro continente, no limitado a las sociedades que han conseguido ya un determinado grado de desarrollo y de progreso. El mundo agr\u00edcola, que ofrece a la sociedad los bienes necesarios para su sustento diario, reviste\u00a0<i>una importancia fundamental.<\/i>\u00a0Las condiciones del mundo rural y del trabajo agr\u00edcola no son iguales en todas partes, y es diversa la posici\u00f3n social de los agricultores en los distintos Pa\u00edses. Esto no depende \u00fanicamente del grado de desarrollo de la t\u00e9cnica agr\u00edcola sino tambi\u00e9n, y quiz\u00e1 m\u00e1s a\u00fan, del reconocimiento de los justos derechos de los trabajadores agr\u00edcolas y, finalmente, del nivel de conciencia respecto a toda la \u00e9tica social del trabajo.<\/p>\n<p>El trabajo del campo conoce no leves dificultades, tales como el esfuerzo f\u00edsico continuo y a veces extenuante, la escasa estima en que est\u00e1 considerado socialmente hasta el punto de crear entre los hombres de la agricultura el sentimiento de ser socialmente unos marginados, hasta acelerar en ellos el fen\u00f3meno de la fuga masiva del campo a la ciudad y desgraciadamente hacia condiciones de vida todav\u00eda m\u00e1s deshumanizadoras. Se a\u00f1ada a esto la falta de una adecuada formaci\u00f3n profesional y de medios apropiados, un determinado individualismo sinuoso, y adem\u00e1s\u00a0<i>situaciones objetivamente injustas.\u00a0<\/i>En algunos Pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo, millones de hombres se ven obligados a cultivar las tierras de otros y son explotados por los latifundistas, sin la esperanza de llegar un d\u00eda a la posesi\u00f3n ni siquiera de un pedazo m\u00ednimo de tierra en propiedad. Faltan formas de tutela legal para la persona del trabajador agr\u00edcola y su familia en caso de vejez, de enfermedad o de falta de trabajo. Largas jornadas de pesado trabajo f\u00edsico son pagadas miserablemente. Tierras cultivables son abandonadas por sus propietarios; t\u00edtulos legales para la posesi\u00f3n de un peque\u00f1o terreno, cultivado como propio durante a\u00f1os, no se tienen en cuenta o quedan sin defensa ante el \u00abhambre de tierra\u00bb de individuos o de grupos m\u00e1s poderosos. Pero tambi\u00e9n en los Pa\u00edses econ\u00f3micamente desarrollados, donde la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, las conquistas tecnol\u00f3gicas o la pol\u00edtica del Estado han llevado la agricultura a un nivel muy avanzado, el derecho al trabajo puede ser lesionado, cuando se niega al campesino la facultad de participar en las opciones decisorias correspondientes a sus prestaciones laborales, o cuando se le niega el derecho a la libre asociaci\u00f3n en vista de la justa promoci\u00f3n social, cultural y econ\u00f3mica del trabajador agr\u00edcola.<\/p>\n<p>Por consiguiente, en muchas situaciones son necesarios cambios radicales y urgentes para volver a dar a la agricultura \u2014y a los hombres del campo\u2014 el justo valor\u00a0<i>como base de una sana econom\u00eda,\u00a0<\/i>en el conjunto del desarrollo de la comunidad social. Por lo tanto es menester proclamar y promover la dignidad del trabajo, de todo trabajo, y, en particular, del trabajo agr\u00edcola, en el cual el hombre, de manera tan elocuente, \u00absomete\u00bb la tierra recibida en don por parte de Dios y afirma su \u00abdominio\u00bb en el mundo visible.<\/p>\n<p><b>22.<i>\u00a0La persona minusv\u00e1lida y el trabajo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Recientemente, las comunidades nacionales y las organizaciones internacionales han dirigido su atenci\u00f3n a otro problema que va unido al mundo del trabajo y que est\u00e1 lleno de incidencias: el de las personas minusv\u00e1lidas. Son ellas tambi\u00e9n sujetos plenamente humanos, con sus correspondientes derechos innatos, sagrados e inviolables, que, a pesar de las limitaciones y los sufrimientos grabados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen m\u00e1s de relieve la dignidad y grandeza del hombre. Dado que la persona minusv\u00e1lida es un sujeto con todos los derechos, debe facilit\u00e1rsele el participar en la vida de la sociedad en todas las dimensiones y a todos los niveles que sean accesibles a sus posibilidades. La persona minusv\u00e1lida es uno de nosotros y participa plenamente de nuestra misma humanidad. Ser\u00eda radicalmente indigno del hombre y negaci\u00f3n de la com\u00fan humanidad admitir en la vida de la sociedad, y, por consiguiente, en el trabajo, \u00fanicamente a los miembros plenamente funcionales porque, obrando as\u00ed, se caer\u00eda en\u00a0<i>una grave forma de discriminaci\u00f3n,\u00a0<\/i>la de los fuertes y sanos contra los d\u00e9biles y enfermos. El trabajo en sentido objetivo debe estar subordinado, tambi\u00e9n en esta circunstancia, a la dignidad del hombre, al sujeto del trabajo y no a las ventajas econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>Corresponde por consiguiente a las diversas instancias implicadas en el mundo laboral, al empresario directo como al indirecto, promover con medidas eficaces y apropiadas el derecho de la persona minusv\u00e1lida a la preparaci\u00f3n profesional y al trabajo, de manera que ella pueda integrarse en una actividad productora para la que sea id\u00f3nea. Esto plantea muchos problemas de orden pr\u00e1ctico, legal y tambi\u00e9n econ\u00f3mico; pero corresponde a la comunidad, o sea, a las autoridades p\u00fablicas, a las asociaciones y a los grupos intermedios, a las empresas y a los mismos minusv\u00e1lidos aportar conjuntamente ideas y recursos para llegar a esta finalidad irrenunciable:\u00a0<i>que se ofrezca un trabajo a las personas minusv\u00e1lidas, seg\u00fan sus posibilidades,\u00a0<\/i>dado que lo exige su dignidad de hombres y de sujetos del trabajo. Cada comunidad habr\u00e1 de darse las estructuras adecuadas con el fin de encontrar o crear puestos de trabajo para tales personas tanto en las empresas p\u00fablicas y en las privadas, ofreciendo un puesto normal de trabajo o uno m\u00e1s apto, como en las empresas y en los llamados ambientes \u00abprotegidos\u00bb.<\/p>\n<p>Deber\u00e1 prestarse gran atenci\u00f3n, lo mismo que para los dem\u00e1s trabajadores, a las condiciones f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas de los minusv\u00e1lidos, a la justa remuneraci\u00f3n, a las posibilidades de promoci\u00f3n, y a la eliminaci\u00f3n de los diversos obst\u00e1culos. Sin tener que ocultar que se trata de un compromiso complejo y nada f\u00e1cil, es de desear que\u00a0<i>una recta concepci\u00f3n del trabajo en sentido subjetivo\u00a0<\/i>lleve a una situaci\u00f3n que d\u00e9 a la persona minusv\u00e1lida la posibilidad de sentirse no al margen del mundo del trabajo o en situaci\u00f3n de dependencia de la sociedad, sino como un sujeto de trabajo de pleno derecho, \u00fatil, respetado por su dignidad humana, llamado a contribuir al progreso y al bien de su familia y de la comunidad seg\u00fan las propias capacidades.<\/p>\n<p><b>23.<i>\u00a0El trabajo y el problema de la emigraci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>Es menester, finalmente, pronunciarse al menos sumariamente sobre el tema de la llamada\u00a0<i>emigraci\u00f3n por trabajo.\u00a0<\/i>Este es un fen\u00f3meno antiguo, pero que todav\u00eda se repite y tiene, tambi\u00e9n hoy, grandes implicaciones en la vida contempor\u00e1nea. El hombre tiene derecho a abandonar su Pa\u00eds de origen por varios motivos \u2014como tambi\u00e9n a volver a \u00e9l\u2014 y a buscar mejores condiciones de vida en otro Pa\u00eds. Este hecho, ciertamente se encuentra con dificultades de diversa \u00edndole; ante todo, constituye generalmente una p\u00e9rdida para el Pa\u00eds del que se emigra. Se aleja un hombre y a la vez un miembro de una gran comunidad, que est\u00e1 unida por la historia, la tradici\u00f3n, la cultura, para iniciar una vida dentro de otra sociedad, unida por otra cultura, y muy a menudo tambi\u00e9n por otra lengua. Viene a faltar en tal situaci\u00f3n un\u00a0<i>sujeto de trabajo,\u00a0<\/i>que con el esfuerzo del propio pensamiento o de las propias manos podr\u00eda contribuir al aumento del bien com\u00fan en el propio Pa\u00eds; he aqu\u00ed que este esfuerzo, esta ayuda se da a otra sociedad, la cual, en cierto sentido, tiene a ello un derecho menor que la patria de origen.<\/p>\n<p>Sin embargo, aunque la emigraci\u00f3n es bajo cierto aspecto un mal, en determinadas circunstancias es, como se dice, un mal necesario. Se debe hacer todo lo posible \u2014y ciertamente se hace mucho\u2014 para que este mal, en sentido material, no comporte mayores\u00a0<i>males en sentido moral,\u00a0<\/i>es m\u00e1s, para que, dentro de lo posible, comporte incluso un bien en la vida personal, familiar y social del emigrado, en lo que concierne tanto al Pa\u00eds donde llega, como a la Patria que abandona. En este sector much\u00edsimo depende de una justa legislaci\u00f3n, en particular cuando se trata de los derechos del hombre del trabajo. Se entiende que tal problema entra en el contexto de las presentes consideraciones, sobre todo bajo este punto de vista.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s importante es que el hombre, que trabaja fuera de su Pa\u00eds natal, como emigrante o como trabajador temporal, no se encuentre\u00a0<i>en desventaja\u00a0<\/i>en el \u00e1mbito de los derechos concernientes al trabajo respecto a los dem\u00e1s trabajadores de aquella determinada sociedad. La emigraci\u00f3n por motivos de trabajo no puede convertirse de ninguna manera en ocasi\u00f3n de explotaci\u00f3n financiera o social. En lo referente a la relaci\u00f3n del trabajo con el trabajador inmigrado deben valer los mismos criterios que sirven para cualquier otro trabajador en aquella sociedad. El valor del trabajo debe medirse con el mismo metro y no en relaci\u00f3n con las diversas nacionalidades, religi\u00f3n o raza. Con mayor raz\u00f3n\u00a0<i>no puede ser explotada una situaci\u00f3n de coacci\u00f3n\u00a0<\/i>en la que se encuentra el emigrado. Todas estas circunstancias deben ceder absolutamente, \u2014naturalmente una vez tomada en consideraci\u00f3n su cualificaci\u00f3n espec\u00edfica\u2014, frente al valor fundamental del trabajo, el cual est\u00e1 unido con la dignidad de la persona humana. Una vez m\u00e1s se debe repetir el principio fundamental: la jerarqu\u00eda de valores, el sentido profundo del trabajo mismo exigen que el capital est\u00e9 en funci\u00f3n del trabajo y no el trabajo en funci\u00f3n del capital.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>V. ELEMENTOS PARA UNA ESPIRITUALIDAD DEL TRABAJO<\/b><\/p>\n<p><b>24.<i>\u00a0Particular cometido de la Iglesia<\/i><\/b><\/p>\n<p>Conviene dedicar la \u00faltima parte de las presentes reflexiones sobre el tema del trabajo humano, con ocasi\u00f3n del 90 aniversario de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>a la espiritualidad del trabajo en el sentido cristiano de la expresi\u00f3n. Dado que el trabajo en su aspecto subjetivo es siempre una acci\u00f3n personal,\u00a0<i>actus personae,\u00a0<\/i>se sigue necesariamente que en \u00e9l\u00a0<i>participa el hombre completo, su cuerpo y su esp\u00edritu,\u00a0<\/i>independientemente del hecho de que sea un trabajo manual o intelectual. Al hombre entero se dirige tambi\u00e9n la Palabra del Dios vivo, el mensaje evang\u00e9lico de la salvaci\u00f3n, en el que encontramos muchos contenidos \u2014como luces particulares\u2014 dedicados al trabajo humano. Ahora bien, es necesaria una adecuada asimilaci\u00f3n de estos contenidos; hace falta el esfuerzo interior del esp\u00edritu humano, guiado por la fe, la esperanza y la caridad, con el fin\u00a0<i>de dar al trabajo\u00a0<\/i>del hombre concreto, con la ayuda de estos contenidos, aquel<i>\u00a0significado que el trabajo tiene ante los ojos de Dios,<\/i>\u00a0y mediante el cual entra en la obra de la salvaci\u00f3n al igual que sus tramas y componentes ordinarios, que son al mismo tiempo particularmente importantes.<\/p>\n<p>Si la Iglesia considera como deber suyo pronunciarse sobre el trabajo bajo el punto de vista de su valor humano y del orden moral, en el cual se encuadra, reconociendo en esto una tarea espec\u00edfica importante en el servicio que hace al mensaje evang\u00e9lico completo, contempor\u00e1neamente ella ve un deber suyo particular en la\u00a0<i>formaci\u00f3n\u00a0<\/i>de una<i>\u00a0espiritualidad del trabajo,\u00a0<\/i>que ayude a todos los hombres a acercarse a trav\u00e9s de \u00e9l a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes salv\u00edficos respecto al hombre y al mundo, y a profundizar en sus vidas la amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participaci\u00f3n en su triple misi\u00f3n de Sacerdote, Profeta y Rey, tal como lo ense\u00f1a con expresiones admirables el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p><b>25.<i>\u00a0El trabajo como participaci\u00f3n en la obra del Creador<\/i><\/b><\/p>\n<p>Como dice el Concilio Vaticano II: \u00abUna cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en s\u00ed mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibi\u00f3 el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a s\u00ed la tierra y cuanto en ella se contiene y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24R\" name=\"-R\">27<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En la palabra de la divina Revelaci\u00f3n est\u00e1 inscrita muy profundamente esta verdad fundamental, que\u00a0<i>el hombre,\u00a0<\/i>creado a imagen de Dios,\u00a0<i>mediante su trabajo participa en la obra del Creador,\u00a0<\/i>y seg\u00fan la medida de sus propias posibilidades, en cierto sentido, contin\u00faa desarroll\u00e1ndola y la completa, avanzando cada vez m\u00e1s en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado. Encontramos esta verdad ya al comienzo mismo de la Sagrada Escritura, en el libro del\u00a0<i>G\u00e9nesis,\u00a0<\/i>donde la misma obra de la creaci\u00f3n est\u00e1 presentada bajo la forma de un \u00abtrabajo\u00bb realizado por Dios durante los \u00abseis d\u00edas\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24S\" name=\"-S\">28<\/a><\/sup>\u00a0para \u00abdescansar\u00bb el s\u00e9ptimo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24T\" name=\"-T\">29<\/a><\/sup>\u00a0Por otra parte, el \u00faltimo libro de la Sagrada Escritura resuena a\u00fan con el mismo tono de respeto para la obra que Dios ha realizado a trav\u00e9s de su \u00abtrabajo\u00bb creativo, cuando proclama: \u00abGrandes y estupendas son tus obras, Se\u00f1or, Dios todopoderoso\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24U\" name=\"-U\">30<\/a><\/sup>\u00a0an\u00e1logamente al libro del G\u00e9nesis, que finaliza la descripci\u00f3n de cada d\u00eda de la creaci\u00f3n con la afirmaci\u00f3n: \u00abY vio Dios ser bueno\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24V\" name=\"-V\">31<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Esta descripci\u00f3n de la creaci\u00f3n, que encontramos ya en el primer cap\u00edtulo del libro del\u00a0<i>G\u00e9nesis\u00a0<\/i>es, a su vez,\u00a0<i>en cierto sentido el primer \u00abevangelio del trabajo\u00bb.\u00a0<\/i>Ella demuestra, en efecto, en qu\u00e9 consiste su dignidad; ense\u00f1a que el hombre, trabajando, debe imitar a Dios, su Creador, porque lleva consigo \u2014\u00e9l solo\u2014 el elemento singular de la semejanza con \u00c9l. El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma\u00a0<i>del trabajo y del reposo.<\/i>\u00a0Esta obra de Dios en el mundo contin\u00faa sin cesar, tal como atestiguan las palabras de Cristo: \u00abMi Padre sigue obrando todav\u00eda &#8230;\u00bb;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24W\" name=\"-W\">32<\/a><\/sup>\u00a0obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salv\u00edfica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al \u00abdescanso\u00bb<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24X\" name=\"-X\">33<\/a><\/sup>\u00a0en uni\u00f3n consigo mismo, en \u00abla casa del Padre\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24Y\" name=\"-Y\">34<\/a><\/sup>\u00a0Por lo tanto, el trabajo humano no s\u00f3lo exige el descanso cada \u00absiete d\u00edas\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%24Z\" name=\"-Z\">35<\/a><\/sup>\u00a0sino que adem\u00e1s no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acci\u00f3n exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirti\u00e9ndose cada vez m\u00e1s en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel\u00a0<i>\u00abdescanso\u00bb que el Se\u00f1or reserva a sus siervos y amigos<\/i>.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2410\" name=\"-10\">36<\/a><\/sup><\/p>\n<p>La conciencia de que el trabajo humano es una participaci\u00f3n en la obra de Dios, debe llegar \u2014como ense\u00f1a el Concilio\u2014 incluso a \u00ablos\u00a0<i>quehaceres m\u00e1s ordinarios.\u00a0<\/i>Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para s\u00ed y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con raz\u00f3n pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2411\" name=\"-11\">37<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Hace falta, por lo tanto, que esta espiritualidad cristiana del trabajo llegue a ser patrimonio com\u00fan de todos. Hace falta que, de modo especial en la \u00e9poca actual, la\u00a0<i>espiritualidad\u00a0<\/i>del trabajo demuestre aquella madurez, que requieren las tensiones y las inquietudes de la mente y del coraz\u00f3n: \u00abLos cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, est\u00e1n, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto m\u00e1s se acrecienta el poder del hombre, m\u00e1s amplia es su responsabilidad individual y colectiva &#8230; El<i>\u00a0mensaje cristiano<\/i>\u00a0no aparta a los hombres de la edificaci\u00f3n del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2412\" name=\"-12\">38<\/a><\/sup><\/p>\n<p>La conciencia de que a trav\u00e9s del trabajo el hombre participa en la obra de la creaci\u00f3n, constituye el\u00a0<i>m\u00f3vil\u00a0<\/i>m\u00e1s profundo para emprenderlo en varios sectores: \u00abDeben, pues, los fieles \u2014leemos en la Constituci\u00f3n<i>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>\u2014\u00a0<\/i>conocer la naturaleza \u00edntima de todas las criaturas, su valor y su ordenaci\u00f3n a la gloria de Dios y, adem\u00e1s, deben ayudarse entre s\u00ed, tambi\u00e9n mediante las actividades seculares, para lograr una vida m\u00e1s santa, de suerte que el mundo se impregne del esp\u00edritu de Cristo y alcance m\u00e1s eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz &#8230; Procuren, pues, seriamente, que por su competencia en los asuntos profanos y por su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, los bienes creados se desarrollen&#8230; seg\u00fan el plan del Creador y la iluminaci\u00f3n de su Verbo, mediante el trabajo humano, la t\u00e9cnica y la cultura civil\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2413\" name=\"-13\">39<\/a><\/sup><\/p>\n<p><b>26.<i>\u00a0Cristo, el hombre del trabajo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Esta verdad, seg\u00fan la cual a trav\u00e9s del trabajo el hombre participa en la obra de Dios mismo, su Creador, ha sido particularmente\u00a0<i>puesta de relieve por Jesucristo,\u00a0<\/i>aquel Jes\u00fas ante el que muchos de sus primeros oyentes en Nazaret \u00abpermanec\u00edan estupefactos y dec\u00edan: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde le viene a \u00e9ste tales cosas, y qu\u00e9 sabidur\u00eda es \u00e9sta que le ha sido dada? &#8230; \u00bfNo es acaso el carpintero?<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2414\" name=\"-14\">40<\/a><\/sup>\u00a0En efecto, Jes\u00fas no solamente lo anunciaba, sino que ante todo, cumpl\u00eda con el trabajo el \u00abevangelio\u00bb confiado a \u00e9l, la palabra de la Sabidur\u00eda eterna. Por consiguiente, esto era tambi\u00e9n el \u00abevangelio del trabajo\u00bb, pues\u00a0<i>el que lo proclamaba, \u00e9l mismo era hombre del trabajo,\u00a0<\/i>del trabajo artesano al igual que Jos\u00e9 de Nazaret.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2415\" name=\"-15\">41<\/a><\/sup>\u00a0Aunque en sus palabras no encontremos un preciso mandato de trabajar \u2014m\u00e1s bien, una vez, la prohibici\u00f3n de una excesiva preocupaci\u00f3n por el trabajo y la existencia\u2014<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2416\" name=\"-16\">42<\/a><\/sup>\u00a0no obstante, al mismo tiempo, la elocuencia de la vida de Cristo es inequ\u00edvoca: pertenece al \u00abmundo del trabajo\u00bb, tiene reconocimiento y respeto por el trabajo humano; se puede decir incluso m\u00e1s: \u00e9l\u00a0<i>mira con amor el trabajo,<\/i>\u00a0sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con Dios, Creador y Padre. \u00bfNo es \u00c9l quien dijo \u00abmi Padre es el vi\u00f1ador\u00bb &#8230;,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2417\" name=\"-17\">43<\/a><\/sup>\u00a0transfiriendo de varias maneras\u00a0<i>a su ense\u00f1anza\u00a0<\/i>aquella verdad fundamental sobre el trabajo, que se expresa ya en toda la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento, comenzando por el libro del\u00a0<i>G\u00e9nesis?<\/i><\/p>\n<p><i>En los libros del Antiguo Testamento\u00a0<\/i>no faltan m\u00faltiples referencias al trabajo humano, a las diversas profesiones ejercidas por el hombre. Baste citar por ejemplo la de m\u00e9dico,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2418\" name=\"-18\">44<\/a><\/sup>\u00a0farmac\u00e9utico,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2419\" name=\"-19\">45<\/a><\/sup>\u00a0artesano-artista,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241A\" name=\"-1A\">46<\/a><\/sup>\u00a0herrero<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241B\" name=\"-1B\">47<\/a><\/sup>\u00a0\u2014se podr\u00edan referir estas palabras al trabajo del sider\u00fargico de nuestros d\u00edas\u2014, la de alfarero,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241C\" name=\"-1C\">48<\/a><\/sup>\u00a0agricultor,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241D\" name=\"-1D\">49<\/a><\/sup>\u00a0estudioso,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241E\" name=\"-1E\">50<\/a><\/sup>\u00a0navegante,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241F\" name=\"-1F\">51<\/a><\/sup>\u00a0alba\u00f1il,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241G\" name=\"-1G\">52<\/a><\/sup>\u00a0m\u00fasico,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241H\" name=\"-1H\">53<\/a><\/sup>\u00a0pastor,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241I\" name=\"-1I\">54<\/a><\/sup>\u00a0y pescador.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241J\" name=\"-1J\">55<\/a><\/sup>\u00a0Son conocidas las hermosas palabras dedicadas al trabajo de las mujeres.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241K\" name=\"-1K\">56<\/a><\/sup>\u00a0Jesucristo\u00a0<i>en sus par\u00e1bolas sobre\u00a0<\/i>el Reino de Dios se refiere constantemente al trabajo humano: al trabajo del pastor,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241L\" name=\"-1L\">57<\/a><\/sup>\u00a0del labrador,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241M\" name=\"-1M\">58<\/a><\/sup>\u00a0del m\u00e9dico,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241N\" name=\"-1N\">59<\/a><\/sup>\u00a0del sembrador,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241O\" name=\"-1O\">60<\/a><\/sup>\u00a0del due\u00f1o de casa,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241P\" name=\"-1P\">61<\/a><\/sup>\u00a0del siervo,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241Q\" name=\"-1Q\">62<\/a><\/sup>\u00a0del administrador,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241R\" name=\"-1R\">63<\/a><\/sup>\u00a0del pescador,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241S\" name=\"-1S\">64<\/a><\/sup>\u00a0del mercader,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241T\" name=\"-1T\">65<\/a><\/sup>\u00a0del obrero.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241U\" name=\"-1U\">66<\/a><\/sup>\u00a0Habla adem\u00e1s de los distintos trabajos de las mujeres.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241V\" name=\"-1V\">67<\/a><\/sup>\u00a0Presenta el apostolado a semejanza del trabajo manual de los segadores<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241W\" name=\"-1W\">68<\/a><\/sup>\u00a0o de los pescadores.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241X\" name=\"-1X\">69<\/a><\/sup>\u00a0Adem\u00e1s se refiere al trabajo de los estudiosos.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241Y\" name=\"-1Y\">70<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Esta ense\u00f1anza de Cristo acerca del trabajo, basada en el ejemplo de su propia vida durante los a\u00f1os de Nazaret, encuentra un eco particularmente vivo\u00a0<i>en las ense\u00f1anzas del Ap\u00f3stol Pablo.\u00a0<\/i>Este se gloriaba de trabajar en su oficio (probablemente fabricaba tiendas),<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%241Z\" name=\"-1Z\">71<\/a><\/sup>\u00a0y gracias a esto pod\u00eda tambi\u00e9n, como ap\u00f3stol, ganarse por s\u00ed mismo el pan.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2420\" name=\"-20\">72<\/a><\/sup>\u00a0\u00abCon af\u00e1n y con fatiga trabajamos d\u00eda y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2421\" name=\"-21\">73<\/a><\/sup>\u00a0De aqu\u00ed derivan sus instrucciones sobre el tema del trabajo, que tienen\u00a0<i>car\u00e1cter de exhortaci\u00f3n y mandato:\u00a0<\/i>\u00abA \u00e9stos &#8230; recomendamos y exhortamos en el Se\u00f1or Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan\u00bb, as\u00ed escribe a los Tesalonicenses.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2422\" name=\"-22\">74<\/a><\/sup>\u00a0En efecto, constatando que \u00abalgunos viven entre vosotros desordenadamente, sin hacer nada\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2423\" name=\"-23\">75<\/a><\/sup>\u00a0el Ap\u00f3stol tambi\u00e9n en el mismo contexto no vacilar\u00e1 en decir: \u00abEl que no quiere trabajar no coma\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2424\" name=\"-24\">76<\/a><\/sup>\u00a0En otro pasaje por el contrario\u00a0<i>anima\u00a0<\/i>a que: \u00abTodo lo que hag\u00e1is, hacedlo de coraz\u00f3n como obedeciendo al Se\u00f1or y no a los hombres, teniendo en cuenta que del Se\u00f1or recibir\u00e9is por recompensa la herencia\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2425\" name=\"-25\">77<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Las ense\u00f1anzas del Ap\u00f3stol de las Gentes tienen, como se ve, una importancia capital para la moral y la espiritualidad del trabajo humano. Son un importante complemento a este grande, aunque discreto, evangelio del trabajo, que encontramos en la vida de Cristo y en sus par\u00e1bolas, en lo que Jes\u00fas \u00abhizo y ense\u00f1\u00f3\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2426\" name=\"-26\">78<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En base a estas luces emanantes de la Fuente misma, la Iglesia siempre ha proclamado esto, cuya\u00a0<i>expresi\u00f3n contempor\u00e1nea\u00a0<\/i>encontramos en la ense\u00f1anza del Vaticano II: \u00abLa actividad humana, as\u00ed como procede del hombre, as\u00ed tambi\u00e9n se ordena al hombre. Pues \u00e9ste, con su acci\u00f3n, no s\u00f3lo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a s\u00ed mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se trasciende. Tal superaci\u00f3n, rectamente entendida, es m\u00e1s importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse&#8230; Por tanto, \u00e9sta es la norma de la actividad humana que, de acuerdo con los designios y voluntad divinos, sea conforme al aut\u00e9ntico bien del g\u00e9nero humano y permita al hombre, como individuo y miembro de la sociedad, cultivar y realizar \u00edntegramente su plena vocaci\u00f3n\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2427\" name=\"-27\">79<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En el contexto de tal\u00a0<i>visi\u00f3n de los valores del trabajo humano,\u00a0<\/i>o sea de una concreta espiritualidad del trabajo, se explica plenamente lo que en el mismo n\u00famero de la Constituci\u00f3n pastoral del Concilio leemos sobre el tema del justo\u00a0<i>significado del progreso:\u00a0<\/i>\u00abEl hombre vale m\u00e1s por lo que es que por lo que tiene. Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr m\u00e1s justicia, mayor fraternidad y un m\u00e1s humano planteamiento en los problemas sociales, vale m\u00e1s que los progresos t\u00e9cnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dij\u00e9ramos, el material para la promoci\u00f3n humana, pero por s\u00ed solo no pueden llevarla a cabo\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2428\" name=\"-28\">80<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Esta doctrina sobre el problema del progreso y del desarrollo \u2014tema dominante en la mentalidad moderna\u2014 puede ser entendida \u00fanicamente como fruto de una comprobada espiritualidad del trabajo humano, y\u00a0<i>s\u00f3lo en base a tal espiritualidad\u00a0<\/i>ella puede realizarse y ser puesta en pr\u00e1ctica. Esta es la doctrina, y a la vez el programa, que ahonda sus ra\u00edces en el \u00abevangelio del trabajo\u00bb.<\/p>\n<p><b><i>27. El trabajo humano a la luz de la cruz y resurrecci\u00f3n de Cristo<\/i><\/b><\/p>\n<p>Existe todav\u00eda otro aspecto del trabajo humano, una dimensi\u00f3n suya esencial, en la que la espiritualidad fundada sobre el Evangelio penetra profundamente. Todo\u00a0<i>trabajo \u2014<\/i>tanto manual como intelectual\u2014 est\u00e1 unido inevitablemente a la\u00a0<i>fatiga.\u00a0<\/i>El libro del\u00a0<i>G\u00e9nesis\u00a0<\/i>lo expresa de manera verdaderamente penetrante, contraponiendo a aquella originaria<i>\u00a0bendici\u00f3n\u00a0<\/i>del trabajo, contenida en el misterio mismo de la creaci\u00f3n, y unida a la elevaci\u00f3n del hombre como imagen de Dios, la\u00a0<i>maldici\u00f3n,<\/i>\u00a0que el\u00a0<i>pecado\u00a0<\/i>ha llevado consigo: \u00abPor ti ser\u00e1 maldita la tierra. Con trabajo comer\u00e1s de ella todo el tiempo de tu vida\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%2429\" name=\"-29\">81<\/a><\/sup>\u00a0Este dolor unido al trabajo se\u00f1ala el camino de la vida humana sobre la tierra y constituye\u00a0<i>el anuncio de la muerte:\u00a0<\/i>\u00abCon el sudor de tu rostro comer\u00e1s el pan hasta que vuelvas a la tierra; pues de ella has sido tomado\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242A\" name=\"-2A\">82<\/a><\/sup>\u00a0Casi como un eco de estas palabras, se expresa el autor de uno de los libros sapienciales: \u00abEntonces mir\u00e9 todo cuanto hab\u00edan hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242B\" name=\"-2B\">83<\/a><\/sup>\u00a0No existe un hombre en la tierra que no pueda hacer suyas estas palabras.<\/p>\n<p>El Evangelio pronuncia, en cierto modo, su \u00faltima palabra, tambi\u00e9n al respecto, en el misterio pascual de Jesucristo. Y aqu\u00ed tambi\u00e9n es necesario buscar la respuesta a estos problemas tan importantes para la espiritualidad del trabajo humano. En\u00a0<i>el misterio pascual\u00a0<\/i>est\u00e1 contenida la\u00a0<i>cruz\u00a0<\/i>de Cristo, su obediencia hasta la muerte, que el Ap\u00f3stol contrapone a aquella desobediencia, que ha pesado desde el comienzo a lo largo de la historia del hombre en la tierra.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242C\" name=\"-2C\">84<\/a><\/sup>\u00a0Est\u00e1 contenida en \u00e9l tambi\u00e9n\u00a0<i>la elevaci\u00f3n\u00a0<\/i>de Cristo, el cual mediante la muerte de cruz vuelve a sus disc\u00edpulos con la fuerza del Esp\u00edritu Santo<i>\u00a0en la resurrecci\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p>El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condici\u00f3n actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242D\" name=\"-2D\">85<\/a><\/sup>\u00a0Esta obra de salvaci\u00f3n se ha realizado a trav\u00e9s del sufrimiento y de la muerte de cruz. Soportando la fatiga del trabajo en uni\u00f3n con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redenci\u00f3n de la humanidad. Se muestra verdadero disc\u00edpulo de Jes\u00fas llevando a su vez la cruz de cada d\u00eda<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242E\" name=\"-2E\">86<\/a><\/sup>\u00a0en la actividad que ha sido llamado a realizar.<\/p>\n<p>Cristo \u00absufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos ense\u00f1a con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia\u00bb; pero, al mismo tiempo, \u00abconstituido Se\u00f1or\u00a0<i>por su resurrecci\u00f3n,\u00a0<\/i>Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n del hombre&#8230; purificando y robusteciendo tambi\u00e9n, con ese deseo, aquellos generosos prop\u00f3sitos con los que la familia humana intenta\u00a0<i>hacer m\u00e1s llevadera su propia vida y\u00a0<\/i>someter la tierra a este fin\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242F\" name=\"-2F\">87<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En el trabajo humano el cristiano descubre una peque\u00f1a parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo esp\u00edritu de redenci\u00f3n, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros. En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrecci\u00f3n de Cristo, encontramos siempre un\u00a0<i>tenue resplandor\u00a0<\/i>de la vida nueva, del\u00a0<i>nuevo bien,<\/i>\u00a0casi como un anuncio de los \u00abnuevos cielos y otra tierra nueva\u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242G\" name=\"-2G\">88<\/a><\/sup>\u00a0los cuales precisamente mediante la fatiga del trabajo son participados por el hombre y por el mundo. A trav\u00e9s del cansancio y jam\u00e1s sin \u00e9l. Esto confirma, por una parte, lo indispensable de la cruz en la espiritualidad del trabajo humano; pero, por otra parte, se descubre en esta cruz y fatiga, un bien nuevo que comienza con el mismo trabajo: con el trabajo entendido en profundidad y bajo todos sus aspectos, y jam\u00e1s sin \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00bfNo es ya este\u00a0<i>nuevo bien \u2014<\/i>fruto del trabajo humano\u2014 una peque\u00f1a parte de aquella \u00abtierra nueva\u00bb, en la que mora la justicia?<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242H\" name=\"-2H\">89<\/a><\/sup>\u00a0\u00bfEn qu\u00e9 relaci\u00f3n est\u00e1 ese nuevo bien con la\u00a0<i>resurrecci\u00f3n de Cristo,<\/i>\u00a0si es verdad que la m\u00faltiple fatiga del trabajo del hombre es una peque\u00f1a parte de la cruz de Cristo? Tambi\u00e9n a esta pregunta intenta responder el Concilio, tomando la luz de las mismas fuentes de la Palabra revelada: \u00abSe nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a s\u00ed mismo (cfr.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a09, 25). No obstante la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino m\u00e1s bien avivar, la preocupaci\u00f3n de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242I\" name=\"-2I\">90<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Hemos intentado, en estas reflexiones dedicadas al trabajo humano, resaltar todo lo que parec\u00eda indispensable, dado que a trav\u00e9s de \u00e9l deben multiplicarse sobre la tierra no s\u00f3lo \u00ablos frutos de nuestro esfuerzo\u00bb, sino adem\u00e1s \u00abla dignidad humana, la uni\u00f3n fraterna, y la libertad\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#%242J\" name=\"-2J\">91<\/a><\/sup>\u00a0El cristiano que est\u00e1 en actitud de escucha de la palabra del Dios vivo, uniendo el trabajo a la oraci\u00f3n, sepa qu\u00e9 puesto ocupa su trabajo no s\u00f3lo en el\u00a0<i>progreso terreno,\u00a0<\/i>sino tambi\u00e9n en el<i>\u00a0desarrollo del Reino de Dios,\u00a0<\/i>al que todos somos llamados con la fuerza del Esp\u00edritu Santo y con la palabra del Evangelio.<\/p>\n<p>Al finalizar estas reflexiones, me es grato impartir de coraz\u00f3n a vosotros, venerados Hermanos, Hijos a Hijas amad\u00edsimos, la propiciadora Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Este documento, que hab\u00eda preparado para que fuese publicado el d\u00eda 15 de mayo pasado, con ocasi\u00f3n del 90 aniversario de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a>,\u00a0<\/i>he podido revisarlo definitivamente s\u00f3lo despu\u00e9s de mi permanencia en el hospital.<\/p>\n<p><i>Dado en Castelgandolfo, el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz, del a\u00f1o 1981, tercero de mi Pontificado.<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b>IOANNES PAULUS PP II<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr align=\"left\" width=\"30%\" \/>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1\" name=\"%241\">1<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Sal<\/i>\u00a0127 (128), 2; cfr. tambi\u00e9n\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a03, 17-19;\u00a0<i>Prov<\/i>\u00a010, 22;\u00a0<i>Ex<\/i>\u00a01, 8-14;\u00a0<i>Jer<\/i>\u00a022, 13.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2\" name=\"%242\">2<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a01, 26.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-3\" name=\"%243\">3<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Ibid<\/i>. 1, 28.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-4\" name=\"%244\">4<\/a>. Carta Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a><\/i>, 14:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a071 (1979) p. 284.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-5\" name=\"%245\">5<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Sal<\/i>\u00a0127 (128), 2.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-6\" name=\"%246\">6<\/a>.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a03, 19.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-7\" name=\"%247\">7<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 52.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-8\" name=\"%248\">8<\/a>. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 38:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966), p. 1055.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-9\" name=\"%249\">9<\/a>.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a01, 27.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-A\" name=\"%24A\">10<\/a>.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a01, 28.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-B\" name=\"%24B\">11<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Heb<\/i>\u00a02, 17;\u00a0<i>Flp<\/i>\u00a02, 5-8.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-C\" name=\"%24C\">12<\/a>. Cfr. P\u00edo XI, Carta Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo Anno<\/a><\/i>:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a023 (1931) p. 221.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-D\" name=\"%24D\">13<\/a>.\u00a0<i>Dt<\/i>\u00a024, 15;\u00a0<i>Sant<\/i>\u00a05, 4; y tambi\u00e9n\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a04 10.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-E\" name=\"%24E\">14<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a01, 28.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-F\" name=\"%24F\">15<\/a>. cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a01, 26-27.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-G\" name=\"%24G\">16<\/a>.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a03, 19.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-H\" name=\"%24H\">17<\/a>.\u00a0<i>Heb<\/i>\u00a06, 8; cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a0 3, 18.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-I\" name=\"%24I\">18<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Summa Th.<\/i>\u00a0, I-II, q. 40, a. 1 c; I-II, q. 34, a. 2, ad 1.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-J\" name=\"%24J\">19<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Summa Th.<\/i>\u00a0, I-II, q. 40, a. 1 c; I-II, q. 34, a. 2, ad 1.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-K\" name=\"%24K\">20<\/a>. Cfr. P\u00edo XI, Carta Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo Anno<\/a><\/i>:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a023 (1931) p. 221-222.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-L\" name=\"%24L\">21<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a04, 38.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-M\" name=\"%24M\">22<\/a>. Sobre el derecho a la propiedad cfr.\u00a0<i>Summa Th.<\/i>\u00a0, II-II, q. 66, aa. 2, 6;\u00a0<i>De Regimine principum<\/i>, L. I., cc 15, 17. Respecto a la funci\u00f3n social de la propiedad cfr.:\u00a0<i>Summa Th.<\/i>\u00a0II-II, q. 134, a. 1, ad 3.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-N\" name=\"%24N\">23<\/a>. Cfr. P\u00edo XI, Carta Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo Anno<\/a><\/i>:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a023 (1931) p. 199;.Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 68:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966), p. 1089-1090.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-O\" name=\"%24O\">24<\/a>. Cfr. Juan XXIII, Carta Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a>: ASS<\/i>\u00a053 (1961) p. 419.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-P\" name=\"%24P\">25<\/a>.\u00a0 Cfr.\u00a0<i>Summa Th.<\/i>\u00a0, II-II, q. 65, a. 2.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-Q\" name=\"%24Q\">26<\/a>. Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 67:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966), p. 1089.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-R\" name=\"%24R\">27<\/a>. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 34:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966), p. 1052 s.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-S\" name=\"%24S\">28<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a02, 2; Ex 20, 8.11; Dt 5, 12-14.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-T\" name=\"%24T\">29<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a02, 3.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-U\" name=\"%24U\">30<\/a>.\u00a0<i>Ap<\/i>\u00a015, 3.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-V\" name=\"%24V\">31<\/a>.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a01, 4. 10. 12. 18. 21. 25. 31.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-W\" name=\"%24W\">32<\/a>.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a05, 17.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-X\" name=\"%24X\">33<\/a>.\u00a0<i>Heb<\/i>\u00a04, 1. 9-10.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-Y\" name=\"%24Y\">34<\/a>.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a014, 2.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-Z\" name=\"%24Z\">35<\/a>.\u00a0<i>Dt<\/i>\u00a05, 12-14;\u00a0<i>Ex<\/i>\u00a020, 8-12.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-10\" name=\"%2410\">36<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a025, 21.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-11\" name=\"%2411\">37<\/a>. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 34:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966), p. 1052 s.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-12\" name=\"%2412\">38<\/a>.\u00a0<i>Ibid<\/i>.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-13\" name=\"%2413\">39<\/a>. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. sobre la Iglesia\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 36:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a057 (1965), p.41.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-14\" name=\"%2414\">40<\/a>.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a06, 2-3.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-15\" name=\"%2415\">41<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 55.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-16\" name=\"%2416\">42<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a06, 25-34.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-17\" name=\"%2417\">43<\/a>.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a015, 1.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-18\" name=\"%2418\">44<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Eclo<\/i>\u00a038, 1-3.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-19\" name=\"%2419\">45<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Eclo<\/i>\u00a038, 4-8.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1A\" name=\"%241A\">46<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Ex<\/i>\u00a031, 1-5;\u00a0<i>Eclo<\/i>\u00a038, 27.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1B\" name=\"%241B\">47<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a04, 22;\u00a0<i>Is<\/i>\u00a044, 12.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1C\" name=\"%241C\">48<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Jer<\/i>\u00a018, 3-4;\u00a0<i>Eclo<\/i>\u00a038, 29-30.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1D\" name=\"%241D\">49<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a09, 20;\u00a0<i>Is<\/i>\u00a05, 1-2.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1E\" name=\"%241E\">50<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Ecl<\/i>\u00a012, 9-12;\u00a0<i>Eclo<\/i>\u00a039, 1-8.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1F\" name=\"%241F\">51<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Sal<\/i>\u00a0107 (108), 23-30;\u00a0<i>Sab<\/i>\u00a014, 2-3a.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1G\" name=\"%241G\">52<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a011, 3;\u00a0<i>2 Re<\/i>\u00a012, 12-13; 22, 5-6.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1H\" name=\"%241H\">53<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a04, 21.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1I\" name=\"%241I\">54<\/a>. Cfr.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a04, 2; 37, 3;\u00a0<i>Ex<\/i>\u00a03, 1;\u00a0<i>1 Sam<\/i>\u00a016, 11; passim.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1J\" name=\"%241J\">55<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Ez<\/i>\u00a0 47, 10.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1K\" name=\"%241K\">56<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Prov<\/i>\u00a031, 15-27.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1L\" name=\"%241L\">57<\/a>. Por ej.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a010, 1-16.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1M\" name=\"%241M\">58<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a012, 1-12.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1N\" name=\"%241N\">59<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a04, 23.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1O\" name=\"%241O\">60<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a04, 1-9.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1P\" name=\"%241P\">61<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 52.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1Q\" name=\"%241Q\">62<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a024, 45;\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a012, 42-48.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1R\" name=\"%241R\">63<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a016, 1-8.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1S\" name=\"%241S\">64<\/a>.Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 47-50.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1T\" name=\"%241T\">65<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 45-46.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1U\" name=\"%241U\">66<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a020, 1-16.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1V\" name=\"%241V\">67<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 33;\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a015, 8-9.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1W\" name=\"%241W\">68<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a09, 37;\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a04, 35-38.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1X\" name=\"%241X\">69<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a04, 19.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1Y\" name=\"%241Y\">70<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 52.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-1Z\" name=\"%241Z\">71<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Act<\/i>\u00a018, 3.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-20\" name=\"%2420\">72<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Act<\/i>\u00a020, 34-35.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-21\" name=\"%2421\">73<\/a><i>\u00a02 Tes\u00a0<\/i>3, 8. S. Pablo reconoce a los misioneros el derecho a los medios de subsistencia:\u00a0<i>1 Cor<\/i>\u00a09, 6-14;\u00a0<i>G\u00e1l<\/i>\u00a06, 6;\u00a0<i>2 Tes<\/i>\u00a03, 9; cfr.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a010, 7.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-22\" name=\"%2422\">74<\/a>.\u00a0<i>2 Tes<\/i>\u00a03, 12.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-23\" name=\"%2423\">75<\/a>.\u00a0\u00a0<i>2 Tes<\/i>\u00a03, 11.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-24\" name=\"%2424\">76<\/a>.\u00a0<i>2 Tes<\/i>\u00a03, 10.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-25\" name=\"%2425\">77<\/a>.\u00a0<i>Co<\/i>\u00a03, 23-24.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-26\" name=\"%2426\">78<\/a>.\u00a0<i>Act<\/i>\u00a01, 1.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-27\" name=\"%2427\">79<\/a>. Con. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 35\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966) p. 1053.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-28\" name=\"%2428\">80<\/a>\u00a0<i>Ibid<\/i>.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-29\" name=\"%2429\">81<\/a>.\u00a0<i>G\u00e9n<\/i>\u00a03, 17.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2A\" name=\"%242A\">82<\/a>.<i>G\u00e9n<\/i>\u00a03, 19.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2B\" name=\"%242B\">83<\/a>.\u00a0<i>Ecl<\/i>\u00a02, 11.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2C\" name=\"%242C\">84<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Rom<\/i>\u00a05, 19.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2D\" name=\"%242D\">85<\/a>. Cfr. Jn 17, 4.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2E\" name=\"%242E\">86<\/a>. Cfr.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a09, 23.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2F\" name=\"%242F\">87<\/a>. Con. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 38\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966) p. 1055 s.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2G\" name=\"%242G\">88<\/a>. Cfr.\u00a0<i>2 Pe<\/i>\u00a03, 13,\u00a0<i>Ap<\/i>\u00a021, 1.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2H\" name=\"%242H\">89<\/a>. Cfr.\u00a0<i>2 Pe<\/i>\u00a03, 13.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2I\" name=\"%242I\">90<\/a>. Con. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 39\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a058 (1966) p. 1057.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html#-2J\" name=\"%242J\">91<\/a>.\u00a0<i>Ibid<\/i>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta enc\u00edclica (14 de septiembre de 1981)<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":153422,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[102],"tags":[542,88365,88362,34648,79096,24305,2523,88359,88363,88366,22987,88368,795,1767,88367,88360,58177,47837,88364,88361,29743,71469],"class_list":["post-153419","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos","tag-bien-comun","tag-creacion-y-trabajo","tag-cuestion-social","tag-derechos-de-los-trabajadores","tag-desempleo","tag-dignidad-del-trabajo","tag-doctrina-social-de-la-iglesia","tag-enciclica-laborem-exercens","tag-espiritualidad-del-trabajo","tag-evangelio-del-trabajo","tag-familia-y-trabajo","tag-hombre-sujeto-del-trabajo","tag-juan-pablo-ii","tag-justicia-social","tag-personalismo-cristiano","tag-prioridad-del-trabajo","tag-rerum-novarum","tag-salario-justo","tag-sindicatos","tag-solidaridad-trabajadores","tag-trabajo-humano","tag-trabajo-y-capital"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Laborem Exercens &#8211; 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