{"id":139457,"date":"2025-10-09T12:00:32","date_gmt":"2025-10-09T10:00:32","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=139457"},"modified":"2025-10-14T13:06:26","modified_gmt":"2025-10-14T11:06:26","slug":"dilexi-te-sobre-el-amor-hacia-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexi-te-sobre-el-amor-hacia-los-pobres\/","title":{"rendered":"Dilexi Te: Sobre el amor hacia los pobres"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>EXHORTACI\u00d3N APOST\u00d3LICA<\/strong><br \/>\n<strong>DILEXI TE<\/strong><br \/>\n<strong>DEL SANTO PADRE<\/strong><br \/>\n<strong>LE\u00d3N XIV<\/strong><br \/>\n<strong>SOBRE EL AMOR HACIA LOS POBRES<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">1. \u00abTe he amado\u00bb (Ap 3,9), dice el Se\u00f1or a una comunidad cristiana que, a diferencia de otras, no ten\u00eda ninguna relevancia ni recursos y estaba expuesta a la violencia y al desprecio: \u00abA pesar de tu debilidad [\u2026] obligar\u00e9 [\u2026] a que se postren delante de ti\u00bb (Ap 3,8-9). Este texto evoca las palabras del c\u00e1ntico de Mar\u00eda: \u00abDerrib\u00f3 a los poderosos de su trono y elev\u00f3 a los humildes. Colm\u00f3 de bienes a los hambrientos y despidi\u00f3 a los ricos con las manos vac\u00edas\u00bb (Lc 1,52-53).<\/p>\n<p><iframe title=\"Spotify Embed: Dilexit te\" style=\"border-radius: 12px\" width=\"100%\" height=\"152\" frameborder=\"0\" allowfullscreen allow=\"autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/open.spotify.com\/embed\/episode\/1buq5wt3GscJNGvK3BSK63?si=JBcbrQnRTy2K_KIbUuYMBQ&#038;utm_source=oembed\"><\/iframe><\/p>\n<p>2. La declaraci\u00f3n de amor del Apocalipsis remite al misterio inextinguible que el Papa Francisco ha profundizado en la enc\u00edclica Dilexit nos sobre el amor divino y humano del Coraz\u00f3n de Cristo. En ella hemos admirado el modo en el que Jes\u00fas se identifica \u00abcon los m\u00e1s peque\u00f1os de la sociedad\u00bb y c\u00f3mo con su amor, entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano, sobre todo cuando es \u00abm\u00e1s d\u00e9bil, miserable y sufriente\u00bb.[1] Contemplar el amor de Cristo \u00abnos ayuda a prestar m\u00e1s atenci\u00f3n al sufrimiento y a las carencias de los dem\u00e1s, nos hace fuertes para participar en su obra de liberaci\u00f3n, como instrumentos para la difusi\u00f3n de su amor\u00bb.[2]<\/p>\n<p>3. Por esta raz\u00f3n, en continuidad con la enc\u00edclica Dilexit nos, el Papa Francisco estaba preparando, en los \u00faltimos meses de su vida, una exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada Dilexi te, imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos diciendo: no tienes poder ni fuerza, pero \u00abyo te he amado\u00bb (Ap 3,9). Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo m\u00edo \u2014a\u00f1adiendo algunas reflexiones\u2014 y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexi\u00f3n que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres. De hecho, tambi\u00e9n yo considero necesario insistir sobre este camino de santificaci\u00f3n, porque en el \u00abllamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo coraz\u00f3n de Cristo, sus sentimientos y opciones m\u00e1s profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse\u00bb.[3]<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>CAP\u00cdTULO PRIMERO<\/strong><br \/>\n<strong>ALGUNAS PALABRAS INDISPENSABLES<\/strong><\/p>\n<p>4. Los disc\u00edpulos de Jes\u00fas criticaron a la mujer que le hab\u00eda derramado un perfume muy valioso sobre su cabeza: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 este derroche? \u2014dec\u00edan\u2014 Se hubiera podido vender el perfume a buen precio para repartir el dinero entre los pobres\u00bb. Pero el Se\u00f1or les dijo: \u00abA los pobres los tendr\u00e1n siempre con ustedes, pero a m\u00ed no me tendr\u00e1n siempre\u00bb (Mt 26,8-9.11). Aquella mujer hab\u00eda comprendido que Jes\u00fas era el Mes\u00edas humilde y sufriente sobre el que deb\u00eda derramar su amor. \u00a1Qu\u00e9 consuelo ese ung\u00fcento sobre aquella cabeza que algunos d\u00edas despu\u00e9s ser\u00eda atormentada por las espinas! Era un gesto insignificante, ciertamente, pero quien sufre sabe cu\u00e1n importante es un peque\u00f1o gesto de afecto y cu\u00e1nto alivio puede causar. Jes\u00fas lo comprende y sanciona su perennidad: \u00abAll\u00ed donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contar\u00e1 tambi\u00e9n en su memoria lo que ella hizo\u00bb (Mt 26,13). La sencillez de este gesto revela algo grande. Ning\u00fan gesto de afecto, ni siquiera el m\u00e1s peque\u00f1o, ser\u00e1 olvidado, especialmente si est\u00e1 dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad, como se encontraba el Se\u00f1or en aquel momento.<\/p>\n<p>5. Y es precisamente en esta perspectiva que el afecto por el Se\u00f1or se une al afecto por los pobres. Aquel Jes\u00fas que dice: \u00abA los pobres los tendr\u00e1n siempre con ustedes\u00bb (Mt 26,11) expresa el mismo concepto que cuando promete a los disc\u00edpulos: \u00abYo estar\u00e9 siempre con ustedes\u00bb (Mt 28,20). Y al mismo tiempo nos vienen a la mente aquellas palabras del Se\u00f1or: \u00abCada vez que lo hicieron con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, lo hicieron conmigo\u00bb (Mt 25,40). No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelaci\u00f3n; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Se\u00f1or de la historia. En los pobres \u00c9l sigue teniendo algo que decirnos.<br \/>\nSan Francisco<\/p>\n<p>6. El Papa Francisco, recordando la elecci\u00f3n de su nombre, cont\u00f3 que, despu\u00e9s de haber sido elegido, un cardenal amigo lo abraz\u00f3, lo bes\u00f3 y le dijo: \u00ab\u00a1No te olvides de los pobres!\u00bb.[4] Se trata de la misma recomendaci\u00f3n hecha a san Pablo por las autoridades de la Iglesia cuando subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n para confirmar su misi\u00f3n (cf. Ga 2,1-10). A\u00f1os m\u00e1s tarde, el Ap\u00f3stol pudo afirmar que fue esto lo que siempre hab\u00eda tratado de hacer (cf. v. 10). Y fue tambi\u00e9n la opci\u00f3n de san Francisco de As\u00eds: en el leproso fue Cristo mismo quien lo abraz\u00f3, cambi\u00e1ndole la vida. La figura luminosa del Poverello nunca dejar\u00e1 de inspirarnos.<\/p>\n<p>7. Fue \u00e9l, hace ocho siglos, quien provoc\u00f3 un renacimiento evang\u00e9lico entre los cristianos y en la sociedad de su tiempo. Al joven Francisco, antes rico y arrogante, le impact\u00f3 encontrarse con la realidad de los marginados. El impulso que provoc\u00f3 no cesa de movilizar el \u00e1nimo de los creyentes y de muchos no creyentes, y \u00abha cambiado la historia\u00bb.[5] El mismo Concilio Vaticano II, seg\u00fan las palabras de san Pablo VI, se encuentra en este camino: \u00abla antigua historia del buen samaritano ha sido el paradigma de la espiritualidad del Concilio\u00bb.[6] Estoy convencido de que la opci\u00f3n preferencial por los pobres genera una renovaci\u00f3n extraordinaria tanto en la Iglesia como en la sociedad, cuando somos capaces de liberarnos de la autorreferencialidad y conseguimos escuchar su grito.<\/p>\n<p><em><strong>El grito de los pobres<\/strong><\/em><\/p>\n<p>8. A este respecto, hay un texto de la Sagrada Escritura al que siempre es necesario volver. Se trata de la revelaci\u00f3n de Dios a Mois\u00e9s junto a la zarza ardiente: \u00abYo he visto la opresi\u00f3n de mi pueblo, que est\u00e1 en Egipto, y he o\u00eddo los gritos de dolor, provocados por sus capataces. S\u00ed, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo [\u2026]. Ahora ve, yo te env\u00edo\u00bb (Ex 3,7-8.10).[7] Dios se muestra sol\u00edcito hacia la necesidad de los pobres: \u00abclamaron al Se\u00f1or, y \u00e9l hizo surgir un salvador\u00bb (Jc 3,15). Por eso, escuchando el grito del pobre, estamos llamados a identificarnos con el coraz\u00f3n de Dios, que es premuroso con las necesidades de sus hijos y especialmente de los m\u00e1s necesitados. Permaneciendo, por el contrario, indiferentes a este grito, el pobre apelar\u00eda al Se\u00f1or contra nosotros y ser\u00edamos culpables de un pecado (cf. Dt 15,9), alej\u00e1ndonos del coraz\u00f3n mismo de Dios.<\/p>\n<p>9. La condici\u00f3n de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas pol\u00edticos y econ\u00f3micos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. Al mismo tiempo, deber\u00edamos hablar quiz\u00e1s m\u00e1s correctamente de los numerosos rostros de los pobres y de la pobreza, porque se trata de un fen\u00f3meno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que est\u00e1 marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condici\u00f3n de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad.<\/p>\n<p>10. En este sentido, se puede decir que el compromiso en favor de los pobres y con el fin de remover las causas sociales y estructurales de la pobreza, aun siendo importante en los \u00faltimos decenios, sigue siendo insuficiente. Esto tambi\u00e9n porque vivimos en una sociedad que a menudo privilegia algunos criterios de orientaci\u00f3n de la existencia y de la pol\u00edtica marcados por numerosas desigualdades y, por tanto, a las viejas pobrezas de las que hemos tomado conciencia y que se intenta contrastar, se agregan otras nuevas, en ocasiones m\u00e1s sutiles y peligrosas. Desde este punto de vista, es encomiable el hecho de que las Naciones Unidas hayan puesto la erradicaci\u00f3n de la pobreza como uno de los objetivos del Milenio.<\/p>\n<p>11. Al compromiso concreto por los pobres tambi\u00e9n es necesario asociar un cambio de mentalidad que pueda incidir en la transformaci\u00f3n cultural. En efecto, la ilusi\u00f3n de una felicidad que deriva de una vida acomodada mueve a muchas personas a tener una visi\u00f3n de la existencia basada en la acumulaci\u00f3n de la riqueza y del \u00e9xito social a toda costa, que se ha de conseguir tambi\u00e9n en detrimento de los dem\u00e1s y benefici\u00e1ndose de ideales sociales y sistemas pol\u00edticos y econ\u00f3micos injustos, que favorecen a los m\u00e1s fuertes. De ese modo, en un mundo donde los pobres son cada vez m\u00e1s numerosos, parad\u00f3jicamente, tambi\u00e9n vemos crecer algunas \u00e9lites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente com\u00fan. Eso significa que todav\u00eda persiste \u2014a veces bien enmascarada\u2014 una cultura que descarta a los dem\u00e1s sin advertirlo siquiera y tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano. Hace algunos a\u00f1os, la foto de un ni\u00f1o tendido sin vida en una playa del Mediterr\u00e1neo provoc\u00f3 un gran impacto y, lamentablemente, aparte de alguna emoci\u00f3n moment\u00e1nea, hechos similares se est\u00e1n volviendo cada vez m\u00e1s irrelevantes, reduci\u00e9ndose a noticias marginales.<\/p>\n<p>12. No debemos bajar la guardia respecto a la pobreza. Nos preocupan particularmente las graves condiciones en las que se encuentran much\u00edsimas personas a causa de la falta de comida y de agua. Cada d\u00eda mueren varios miles de personas por causas vinculadas a la malnutrici\u00f3n. En los pa\u00edses ricos las cifras relativas al n\u00famero de pobres tampoco son menos preocupantes. En Europa hay cada vez m\u00e1s familias que no logran llegar a fin de mes. En general, se percibe que han aumentado las distintas manifestaciones de la pobreza. Esta ya no se configura como una \u00fanica condici\u00f3n homog\u00e9nea, m\u00e1s bien se traduce en m\u00faltiples formas de empobrecimiento econ\u00f3mico y social, reflejando el fen\u00f3meno de las crecientes desigualdades tambi\u00e9n en contextos generalmente acomodados. Recordemos que \u00abdoblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusi\u00f3n, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Sin embargo, tambi\u00e9n entre ellas encontramos constantemente los m\u00e1s admirables gestos de hero\u00edsmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias\u00bb.[8] Si bien en algunos pa\u00edses se observan cambios importantes, \u00abla organizaci\u00f3n de las sociedades en todo el mundo todav\u00eda est\u00e1 lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e id\u00e9nticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje\u00bb,[9] sobre todo si pensamos en las mujeres m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p><em><strong>Prejuicios ideol\u00f3gicos<\/strong><\/em><\/p>\n<p>13. M\u00e1s all\u00e1 de los datos \u2014que a veces son \u201cinterpretados\u201d en modo tal de convencernos que la situaci\u00f3n de los pobres no es tan grave\u2014, la realidad general es bastante clara: \u00abHay reglas econ\u00f3micas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no as\u00ed para el desarrollo humano integral. Aument\u00f3 la riqueza, pero con inequidad, y as\u00ed lo que ocurre es que \u201cnacen nuevas pobrezas\u201d. Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midi\u00e9ndola con criterios de otras \u00e9pocas no comparables con la realidad actual. Porque en otros tiempos, por ejemplo, no tener acceso a la energ\u00eda el\u00e9ctrica no era considerado un signo de pobreza ni generaba angustia. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento hist\u00f3rico concreto\u00bb.[10] Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de las situaciones espec\u00edficas y contextuales, en un documento de la Comunidad Europea, en 1984, se afirmaba que \u00abse entiende por personas pobres los individuos, las familias y los grupos de personas cuyos recursos (materiales, culturales y sociales) son tan escasos que no tienen acceso a las condiciones de vida m\u00ednimas aceptables en el Estado miembro en que viven\u00bb.[11] Pero si reconocemos que todos los seres humanos tienen la misma dignidad, independientemente del lugar de nacimiento, no se deben ignorar las grandes diferencias que existen entre los pa\u00edses y las regiones.<\/p>\n<p>14. Los pobres no est\u00e1n por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos a\u00fan la pobreza, para la mayor parte de ellos, es una elecci\u00f3n. Y, sin embargo, todav\u00eda hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad. Obviamente entre los pobres hay tambi\u00e9n quien no quiere trabajar, quiz\u00e1s porque sus antepasados, que han trabajado toda la vida, han muerto pobres. Pero hay muchos \u2014hombres y mujeres\u2014 que de todas maneras trabajan desde la ma\u00f1ana hasta la noche, a veces recogiendo cartones o haciendo otras actividades de ese tipo, aunque este esfuerzo s\u00f3lo les sirva para sobrevivir y nunca para mejorar verdaderamente su vida. No podemos decir que la mayor parte de los pobres lo son porque no hayan obtenido \u201cm\u00e9ritos\u201d, seg\u00fan esa falsa visi\u00f3n de la meritocracia en la que parecer\u00eda que s\u00f3lo tienen m\u00e9ritos aquellos que han tenido \u00e9xito en la vida.<\/p>\n<p>15. Tambi\u00e9n los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideolog\u00edas mundanas o por posicionamientos pol\u00edticos y econ\u00f3micos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones enga\u00f1osas. El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijaci\u00f3n de algunos y no del n\u00facleo incandescente de la misi\u00f3n eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>CAP\u00cdTULO SEGUNDO<\/strong><br \/>\n<strong>DIOS OPTA POR LOS POBRES<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>La opci\u00f3n por los pobres<\/strong><\/em><\/p>\n<p>16. Dios es amor misericordioso y su proyecto de amor, que se extiende y se realiza en la historia, es ante todo su descenso y su venida entre nosotros para liberarnos de la esclavitud, de los miedos, del pecado y del poder de la muerte. Con una mirada misericordiosa y el coraz\u00f3n lleno de amor, \u00c9l se dirigi\u00f3 a sus criaturas, haci\u00e9ndose cargo de su condici\u00f3n humana y, por tanto, de su pobreza. Precisamente para compartir los l\u00edmites y las fragilidades de nuestra naturaleza humana, \u00c9l mismo se hizo pobre, naci\u00f3 en carne como nosotros, lo hemos conocido en la peque\u00f1ez de un ni\u00f1o colocado en un pesebre y en la extrema humillaci\u00f3n de la cruz, all\u00ed comparti\u00f3 nuestra pobreza radical, que es la muerte. Se comprende bien, entonces, por qu\u00e9 se puede hablar tambi\u00e9n teol\u00f3gicamente de una opci\u00f3n preferencial de Dios por los pobres, una expresi\u00f3n nacida en el contexto del continente latinoamericano y en particular en la Asamblea de Puebla, pero que ha sido bien integrada en el magisterio de la Iglesia sucesivo.[12] Esta \u201cpreferencia\u201d no indica nunca un exclusivismo o una discriminaci\u00f3n hacia otros grupos, que en Dios ser\u00edan imposibles; esta desea subrayar la acci\u00f3n de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad y, queriendo inaugurar un Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, se preocupa particularmente de aquellos que son discriminados y oprimidos, pidi\u00e9ndonos tambi\u00e9n a nosotros, su Iglesia, una opci\u00f3n firme y radical en favor de los m\u00e1s d\u00e9biles.<\/p>\n<p>17. Se comprenden en esta perspectiva las numerosas p\u00e1ginas del Antiguo Testamento en las que Dios es presentado como amigo y liberador de los pobres, Aquel que escucha el grito del pobre e interviene para liberarlo (cf. Sal 34,7). Dios, refugio del pobre, por medio de los profetas \u2014recordemos en particular a Am\u00f3s e Isa\u00edas\u2014 denuncia las iniquidades en perjuicio de los m\u00e1s d\u00e9biles y dirige a Israel la exhortaci\u00f3n a renovar tambi\u00e9n el culto desde dentro, porque no se puede rezar ni ofrecer sacrificios mientras se oprime a los m\u00e1s d\u00e9biles y a los m\u00e1s pobres. Desde el comienzo, la Escritura manifiesta con mucha intensidad el amor de Dios a trav\u00e9s de la protecci\u00f3n de los d\u00e9biles y de los que menos tienen, hasta el punto de poder hablar de una aut\u00e9ntica \u201cdebilidad\u201d de Dios para con ellos. \u00abEl coraz\u00f3n de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres [\u2026]. Todo el camino de nuestra redenci\u00f3n est\u00e1 signado por los pobres\u00bb.[13]<\/p>\n<p><em><strong>Jes\u00fas, Mes\u00edas pobre<\/strong><\/em><\/p>\n<p>18. Toda la historia veterotestamentaria de la predilecci\u00f3n de Dios por los pobres y el deseo divino de escuchar su grito \u2014que he evocado brevemente\u2014 encuentra en Jes\u00fas de Nazaret su plena realizaci\u00f3n.[14] En su encarnaci\u00f3n, \u00c9l \u00abse anonad\u00f3 a s\u00ed mismo, tomando la condici\u00f3n de servidor y haci\u00e9ndose semejante a los hombres. Y present\u00e1ndose con aspecto humano\u00bb (Flp 2,7), de esa forma nos trajo la salvaci\u00f3n. Se trata de una pobreza radical, fundada sobre su misi\u00f3n de revelar el verdadero rostro del amor divino (cf. Jn 1,18; 1 Jn 4,9). Por tanto, con una de sus admirables s\u00edntesis, san Pablo puede afirmar: \u00abYa conocen la generosidad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza\u00bb (2 Co 8,9).<\/p>\n<p>19. En efecto, el Evangelio muestra que esta pobreza incidi\u00f3 en cada aspecto de su vida. Desde su llegada al mundo, Jes\u00fas experiment\u00f3 las dificultades relativas al rechazo. El evangelista Lucas, narrando la llegada a Bel\u00e9n de Jos\u00e9 y Mar\u00eda, ya pr\u00f3xima a dar a luz, observa con amargura: \u00abNo hab\u00eda lugar para ellos en el albergue\u00bb (Lc 2,7). Jes\u00fas naci\u00f3 en condiciones humildes; reci\u00e9n nacido fue colocado en un pesebre y, muy pronto, para salvarlo de la muerte, sus padres huyeron a Egipto (cf. Mt 2,13-15). Al inicio de la vida p\u00fablica, fue expulsado de Nazaret despu\u00e9s de haber anunciado que en \u00c9l se cumple el a\u00f1o de gracia del que se alegran los pobres (cf. Lc 4,14-30). No hubo un lugar acogedor ni siquiera a la hora de su muerte, ya que lo condujeron fuera de Jerusal\u00e9n para crucificarlo (cf. Mc 15,22). En esta condici\u00f3n se puede resumir claramente la pobreza de Jes\u00fas. Se trata de la misma exclusi\u00f3n que caracteriza la definici\u00f3n de los pobres: ellos son los excluidos de la sociedad. Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n de este privilegium pauperum. \u00c9l se presenta al mundo no s\u00f3lo como Mes\u00edas pobre sino como Mes\u00edas de los pobres y para los pobres.<\/p>\n<p>20. Hay algunos indicios a prop\u00f3sito de la condici\u00f3n social de Jes\u00fas. En primer lugar, \u00c9l realizaba el oficio de artesano o carpintero, t\u00e9kt\u014dn (cf. Mc 6,3). Se trata de una categor\u00eda de personas que viv\u00edan de su trabajo manual. Adem\u00e1s, al no poseer tierras, eran considerados inferiores respecto a los campesinos. Cuando el peque\u00f1o Jes\u00fas fue presentado en el Templo por Jos\u00e9 y Mar\u00eda, sus progenitores ofrecieron una pareja de t\u00f3rtolas o de pichones (cf. Lc 2,22-24), que seg\u00fan las prescripciones del libro del Lev\u00edtico (cf. 12,8) era la ofrenda de los pobres. Un episodio evang\u00e9lico significativo es el que relata c\u00f3mo Jes\u00fas, junto con sus disc\u00edpulos, arrancaban espigas para comer mientras atravesaban los campos (cf. Mc 2,23-28), y esto \u2014espigar los sembrados\u2014 s\u00f3lo le era permitido a los pobres. Jes\u00fas mismo, luego, dice de s\u00ed: \u00abLos zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene d\u00f3nde reclinar la cabeza\u00bb (Mt 8,20; Lc 9,58). \u00c9l, en efecto, es un maestro itinerante, cuya pobreza y precariedad es signo de su v\u00ednculo con el Padre y es lo que se le pide tambi\u00e9n a quien quiere seguirlo en el camino del discipulado, precisamente para que la renuncia a los bienes, a las riquezas y a las seguridades de este mundo sean signo visible de la confianza en Dios y en su providencia.<\/p>\n<p>21. Al comienzo de su ministerio p\u00fablico, Jes\u00fas se presenta en la sinagoga de Nazaret leyendo el libro del profeta Isa\u00edas y aplic\u00e1ndose a s\u00ed mismo la palabra del profeta: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque me ha consagrado por la unci\u00f3n. \u00c9l me envi\u00f3 a llevar la Buena Noticia a los pobres\u00bb (Lc 4,18; cf. Is 61,1). \u00c9l, por tanto, se presenta como Aquel que viene a manifestar en el hoy de la historia la cercan\u00eda amorosa de Dios, que es ante todo obra de liberaci\u00f3n para quienes son prisioneros del mal, para los d\u00e9biles y los pobres. Los signos que acompa\u00f1an la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas son manifestaci\u00f3n del amor y de la compasi\u00f3n con la que Dios mira a los enfermos, a los pobres y a los pecadores que, en virtud de su condici\u00f3n, eran marginados por la sociedad, pero tambi\u00e9n por la religi\u00f3n. \u00c9l abre los ojos a los ciegos, cura a los leprosos, resucita a los muertos y anuncia la buena noticia a los pobres; Dios se acerca, Dios los ama (cf. Lc 7,22). Esto explica por qu\u00e9 \u00c9l proclama: \u00ab\u00a1Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!\u00bb (Lc 6,20). En efecto, Dios muestra predilecci\u00f3n hacia los pobres, a ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberaci\u00f3n del Se\u00f1or y, por eso, aun en la condici\u00f3n de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado. Y la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los peque\u00f1os y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado (cf. St 2,2-4).<\/p>\n<p>22. Los indigentes y enfermos, incapaces de procurarse lo necesario para vivir, se encontraban muchas veces obligados a la mendicidad. A esto se a\u00f1ad\u00eda el peso de la verg\u00fcenza social, alimentado por la convicci\u00f3n de que la enfermedad y la pobreza estuvieran vinculadas a alg\u00fan pecado personal. Jes\u00fas se opuso con firmeza a ese modo de pensar, afirmando que Dios \u00abhace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos\u00bb (Mt 5,45). Es m\u00e1s, dio un vuelco completo a esa concepci\u00f3n, como queda bien ejemplificado en la par\u00e1bola del rico epul\u00f3n y del pobre L\u00e1zaro: \u00abHijo m\u00edo, [\u2026] recuerda que has recibido tus bienes en vida y L\u00e1zaro, en cambio, recibi\u00f3 males; ahora \u00e9l encuentra aqu\u00ed su consuelo, y t\u00fa, el tormento\u00bb (Lc 16,25).<\/p>\n<p>23. Entonces es claro que \u00abde nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupaci\u00f3n por el desarrollo integral de los m\u00e1s abandonados de la sociedad\u00bb.[15] Muchas veces me pregunto por qu\u00e9, aun cuando las Sagradas Escrituras son tan precisas a prop\u00f3sito de los pobres, muchos contin\u00faan pensando que pueden excluir a los pobres de sus atenciones. Por el momento, sigamos a\u00fan en el \u00e1mbito b\u00edblico e intentando reflexionar sobre nuestra relaci\u00f3n con los \u00faltimos de la sociedad y su lugar fundamental en el pueblo de Dios.<\/p>\n<p><em><strong>La misericordia hacia los pobres en la Biblia<\/strong><\/em><\/p>\n<p>24. El ap\u00f3stol Juan escribe: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?\u00bb (1 Jn 4,20). Del mismo modo, en su r\u00e9plica al doctor de la ley, Jes\u00fas retoma los dos antiguos mandamientos: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas\u00bb (Dt 6,5) y \u00abamar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Lv 19,18) fundi\u00e9ndolos en un \u00fanico mandamiento. El evangelista Marcos recoge la respuesta de Jes\u00fas en estos t\u00e9rminos: \u00abEl primero es: Escucha, Israel: el Se\u00f1or nuestro Dios es el \u00fanico Se\u00f1or; y t\u00fa amar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n y con toda tu alma, con todo tu esp\u00edritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento m\u00e1s grande que estos\u00bb (Mc 12,29-31).<\/p>\n<p>25. El pasaje citado del Lev\u00edtico exhorta a honrar al conciudadano, mientras en otros textos se encuentra una ense\u00f1anza que tambi\u00e9n invita al respeto \u2014por no decir incluso al amor\u2014 del enemigo: \u00abSi encuentras perdido el buey o el asno de tu enemigo, se los llevar\u00e1s inmediatamente. Si ves al asno del que te aborrece, ca\u00eddo bajo el peso de su carga, no lo dejar\u00e1s abandonado; m\u00e1s a\u00fan, acudir\u00e1s a auxiliarlo junto con su due\u00f1o\u00bb (Ex 23,4-5). De todo esto se trasluce el valor intr\u00ednseco del respeto a la persona: cualquiera, incluso el enemigo, si se encuentra en dificultad, merece siempre nuestra ayuda.<\/p>\n<p>26. Es innegable que el primado de Dios en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas va acompa\u00f1ado de otro punto fijo: no se puede amar a Dios sin extender el propio amor a los pobres. El amor al pr\u00f3jimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios, como asevera el ap\u00f3stol Juan: \u00abNadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. [\u2026] Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en \u00e9l\u00bb (1 Jn 4,12.16). Son dos amores distintos, pero inseparables. Incluso en los casos en los que la relaci\u00f3n con Dios no es expl\u00edcita, el Se\u00f1or mismo nos ense\u00f1a que todo acto de amor hacia el pr\u00f3jimo es de alg\u00fan modo un reflejo de la caridad divina: \u00abLes aseguro que cada vez que lo hicieron con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, lo hicieron conmigo\u00bb (Mt 25,40).<\/p>\n<p>27. Por esta raz\u00f3n se recomiendan las obras de misericordia, como signo de la autenticidad del culto que, mientras alaba a Dios, tiene la tarea de disponernos a la transformaci\u00f3n que el Esp\u00edritu puede realizar en nosotros, para que seamos todos imagen de Cristo y de su misericordia hacia los m\u00e1s d\u00e9biles. En este sentido, la relaci\u00f3n con el Se\u00f1or, que se expresa en el culto, pretende tambi\u00e9n liberarnos del riesgo de vivir nuestras relaciones en la l\u00f3gica del c\u00e1lculo y del inter\u00e9s, para abrirnos a la gratuidad que circula entre aquellos que se aman y que, por eso, ponen todo en com\u00fan. A este respecto, Jes\u00fas aconseja: \u00abCuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y as\u00ed tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paral\u00edticos, a los ciegos. \u00a1Feliz de ti, porque ellos no tienen c\u00f3mo retribuirte!\u00bb (Lc 14,12-14).<\/p>\n<p>28. La llamada del Se\u00f1or a la misericordia para con los pobres ha encontrado una expresi\u00f3n plena en la gran par\u00e1bola del juicio final (cf. Mt 25,31-46), que es tambi\u00e9n una descripci\u00f3n gr\u00e1fica de la bienaventuranza de los misericordiosos. All\u00ed el Se\u00f1or nos ofrece la clave para alcanzar nuestra plenitud, porque \u00absi buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados\u00bb.[16] Las palabras fuertes y claras del Evangelio deber\u00edan ser vividas \u00absin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza. El Se\u00f1or nos dej\u00f3 bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas\u00bb.[17]<\/p>\n<p>29. En la primera comunidad cristiana el programa de caridad no derivaba de an\u00e1lisis o de proyectos, sino directamente del ejemplo de Jes\u00fas, de las mismas palabras del Evangelio. La Carta de Santiago dedica mucho espacio al problema de la relaci\u00f3n entre ricos y pobres, lanzando a los creyentes dos en\u00e9rgicos llamados que cuestionan su fe: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 le sirve a uno, hermanos m\u00edos, decir que tiene fe, si no tiene obras? \u00bfAcaso esa fe puede salvarlo? \u00bfDe qu\u00e9 sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: \u201cVayan en paz, cali\u00e9ntense y coman\u201d, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompa\u00f1ada de las obras, est\u00e1 completamente muerta\u00bb (St 2,14-17).<\/p>\n<p>30. \u00abSu oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dar\u00e1 testimonio contra ustedes y devorar\u00e1 sus cuerpos como un fuego. \u00a1Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos est\u00e1 clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los o\u00eddos del Se\u00f1or del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a s\u00ed mismos para el d\u00eda de la matanza\u00bb (St 5,3-5). \u00a1Qu\u00e9 fuerza tienen estas palabras, aunque prefiramos hacernos los sordos! En la Primera Carta de san Juan encontramos una exhortaci\u00f3n parecida: \u00abSi alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su coraz\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo permanecer\u00e1 en \u00e9l el amor de Dios?\u00bb (1 Jn 3,17).<\/p>\n<p>31. Lo que dice la Palabra revelada \u00abes un mensaje tan claro, tan directo, tan simple y elocuente, que ninguna hermen\u00e9utica eclesial tiene derecho a relativizarlo. La reflexi\u00f3n de la Iglesia sobre estos textos no deber\u00eda oscurecer o debilitar su sentido exhortativo, sino m\u00e1s bien ayudar a asumirlos con valent\u00eda y fervor. \u00bfPara qu\u00e9 complicar lo que es tan simple? Los aparatos conceptuales est\u00e1n para favorecer el contacto con la realidad que pretenden explicar, y no para alejarnos de ella\u00bb.[18]<\/p>\n<p>32. Por otra parte, un claro ejemplo eclesial de compartir los bienes y asistir a los pobres lo encontramos en la vida cotidiana y en el estilo de la primera comunidad cristiana. Podemos recordar en particular el modo en el que fue resuelta la cuesti\u00f3n de la distribuci\u00f3n cotidiana de ayuda a las viudas (cf. Hch 6,1-6). Se trataba de un problema dif\u00edcil de resolver, porque algunas de estas viudas, que proven\u00edan de otros pa\u00edses, eran desatendidas por ser extranjeras. De hecho, el episodio relatado por los Hechos de los Ap\u00f3stoles pone de manifiesto un cierto descontento por parte de los helenistas, que eran jud\u00edos de cultura griega. Los ap\u00f3stoles no responden con un discurso doctrinal abstracto, sino que, volviendo a poner en el centro la caridad hacia todos, reorganizan la asistencia a las viudas pidiendo a la comunidad que busquen personas sabias y estimadas a quienes confiar el servicio de las mesas, mientras ellos se ocupaban de la predicaci\u00f3n de la Palabra.<\/p>\n<p>33. Cuando Pablo fue a Jerusal\u00e9n a consultar a los ap\u00f3stoles para asegurarse de \u00abque no corr\u00eda o no hab\u00eda corrido en vano\u00bb (Ga 2,2), le pidieron que no se olvidase de los pobres (cf. Ga 2,10). Por esta raz\u00f3n, organiz\u00f3 varias colectas para ayudar a las comunidades necesitadas. Entre las motivaciones que ofrece para este gesto se debe resaltar la siguiente: \u00abDios ama al que da con alegr\u00eda\u00bb (2 Co 9,7).<\/p>\n<p>A aquellos entre nosotros que somos poco propensos a gestos gratuitos, sin ning\u00fan inter\u00e9s, la Palabra de Dios nos indica que la generosidad para con los pobres es un verdadero bien para quien la practica; de hecho, comport\u00e1ndonos as\u00ed, somos amados por Dios de modo especial. En efecto, las promesas b\u00edblicas dirigidas a quien da con generosidad son muchas: \u00abEl que se apiada del pobre presta al Se\u00f1or, y \u00e9l le devolver\u00e1 el bien que hizo\u00bb (Pr 19,17). \u00abDen, y se les dar\u00e1. [\u2026] Porque la medida con que ustedes midan tambi\u00e9n se usar\u00e1 para ustedes\u00bb (Lc 6,38). \u00abEntonces despuntar\u00e1 tu luz como la aurora y tu llaga no tardar\u00e1 en cicatrizar\u00bb (Is 58,8). Los primeros cristianos estaban convencidos de ello.<\/p>\n<p>34. La vida de las primeras comunidades eclesiales, narrada en el canon b\u00edblico y que ha llegado a nosotros como Palabra revelada, se nos ofrece como ejemplo a imitar y como testimonio de la fe que obra por medio de la caridad, y que contin\u00faa como exhortaci\u00f3n permanente para las generaciones venideras. A lo largo de los siglos, estas p\u00e1ginas han interpelado los corazones de los cristianos a amar y a realizar obras de caridad, como semillas fecundas que no cesan de producir fruto.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>CAP\u00cdTULO TERCERO<\/strong><br \/>\n<strong>UNA IGLESIA PARA LOS POBRES<\/strong><\/p>\n<p>35. Tres d\u00edas despu\u00e9s de su elecci\u00f3n, mi predecesor expres\u00f3 a los representantes de los medios de comunicaci\u00f3n su deseo de que la Iglesia mostrara m\u00e1s claramente su cuidado y atenci\u00f3n hacia los pobres: \u00ab\u00a1Ah, c\u00f3mo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!\u00bb.[19]<\/p>\n<p>36. Este deseo refleja la conciencia de que la Iglesia \u00abreconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo\u00bb.[20] En efecto, habiendo sido llamada a configurarse con los \u00faltimos, en ella \u00abno deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro [&#8230;]. Hay que decir sin vueltas que existe un v\u00ednculo inseparable entre nuestra fe y los pobres\u00bb.[21] A este respecto, tenemos abundantes testimonios a lo largo de los casi dos mil a\u00f1os de historia de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas.[22]<\/p>\n<p><em><strong>La verdadera riqueza de la Iglesia<\/strong><\/em><\/p>\n<p>37. San Pablo refiere que entre los fieles de la naciente comunidad cristiana no hab\u00eda \u00abmuchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles\u00bb (1 Co 1,26). Sin embargo, a pesar de su propia pobreza, los primeros cristianos tienen clara conciencia de la necesidad de acudir a aquellos que sufren mayores privaciones. Ya en los albores del cristianismo los ap\u00f3stoles impusieron las manos sobre siete hombres elegidos por la comunidad y, en cierta medida, los integraron en su propio ministerio, instituy\u00e9ndolos para el servicio \u2014en griego, diakon\u00eda\u2014 de los m\u00e1s pobres (cf. Hch 6,1-5). Es significativo que el primer disc\u00edpulo en dar testimonio de su fe en Cristo con el derramamiento de su propia sangre fuera san Esteban, que formaba parte de este grupo. En \u00e9l se unen el testimonio de vida en la atenci\u00f3n a los necesitados y el martirio.<\/p>\n<p>38. Poco m\u00e1s de dos siglos despu\u00e9s, otro di\u00e1cono manifestar\u00e1 su adhesi\u00f3n a Jesucristo en modo semejante, uniendo en su vida el servicio a los pobres y el martirio: san Lorenzo.[23] Del relato de san Ambrosio comprendemos que Lorenzo, di\u00e1cono en Roma en el pontificado del Papa Sixto II, al ser obligado por las autoridades romanas a entregar los tesoros de la Iglesia, \u00abal d\u00eda siguiente trajo consigo a los pobres. Cuando le preguntaron d\u00f3nde estaban los tesoros que hab\u00eda prometido, les mostr\u00f3 a los pobres, diciendo: \u201cEstos son los tesoros de la Iglesia\u201d\u00bb.[24] Al narrar este episodio, Ambrosio pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 mejores tesoros tendr\u00eda Cristo que aquellos en los que \u00e9l mismo dijo que estaba?\u00bb.[25] Y, recordando que los ministros de la Iglesia nunca deben descuidar el cuidado de los pobres y, menos a\u00fan, acumular bienes en beneficio propio, afirma: \u00abEs necesario que cada uno de nosotros cumpla con esta obligaci\u00f3n con fe sincera y providencia perspicaz. Sin duda, si alguien desv\u00eda algo para su propio beneficio, eso es un delito; pero si lo da a los pobres, si rescata al cautivo, eso es misericordia\u00bb.[26]<\/p>\n<p><em><strong>Los Padres de la Iglesia y los pobres<\/strong><\/em><\/p>\n<p>39. Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia reconocieron en el pobre un acceso privilegiado a Dios, un modo especial para encontrarlo. La caridad hacia los necesitados no se entend\u00eda como una simple virtud moral, sino como expresi\u00f3n concreta de la fe en el Verbo encarnado. La comunidad de fieles, sostenida por la fuerza del Esp\u00edritu Santo, se encuentra arraigada en la cercan\u00eda a los pobres, que en ella no son un ap\u00e9ndice, sino parte esencial de su cuerpo vivo. San Ignacio de Antioqu\u00eda, por ejemplo, camino del martirio, exhortaba a los fieles de la comunidad de Esmirna a no descuidar el deber de la caridad para con los m\u00e1s necesitados, advirti\u00e9ndoles que no procedieran como los que se opon\u00edan a Dios: \u00abConsiderad a los que tienen una opini\u00f3n diferente sobre la gracia de Jesucristo, que vino a nosotros: \u00a1c\u00f3mo se oponen al pensamiento de Dios! No se preocupan por el amor, ni por la viuda, ni por el hu\u00e9rfano, ni por el oprimido, ni por el prisionero o el liberto, ni por el hambriento o el sediento\u00bb.[27] El obispo de Esmirna, Policarpo, recomendaba precisamente a los ministros de la Iglesia que cuidaran de los pobres: \u00abLos presb\u00edteros tambi\u00e9n sean compasivos, misericordiosos con todos. Traigan de vuelta a los descarriados, visiten a todos los enfermos, no descuiden a la viuda, al hu\u00e9rfano y al pobre, sino que sean siempre sol\u00edcitos en el bien ante Dios y los hombres\u00bb.[28] A partir de estos dos testimonios, constatamos que la Iglesia aparece como madre de los pobres, lugar de acogida y de justicia.<\/p>\n<p>40. San Justino, por su parte, en su primera Apolog\u00eda, dirigida al emperador Adriano, al Senado y al pueblo romano, explicaba que los cristianos llevaban a los necesitados todo lo que pod\u00edan, porque ve\u00edan en ellos hermanos y hermanas en Cristo. Al escribir sobre la asamblea de oraci\u00f3n del primer d\u00eda de la semana, destacaba que, en el centro de la liturgia cristiana, no se puede separar el culto a Dios de la atenci\u00f3n a los pobres. En efecto, en un momento determinado de la celebraci\u00f3n, \u00ablos que tienen algo y quieren, cada uno seg\u00fan su libre voluntad, dan lo que les parece bien, y lo que se ha recogido se entrega al presidente. \u00c9l lo distribuye a los hu\u00e9rfanos y viudas, a los que por enfermedad u otra causa est\u00e1n necesitados, a los que est\u00e1n en las c\u00e1rceles, a los extranjeros de paso, en una palabra, se convierte en el proveedor de todos los que se encuentran indigentes\u00bb.[29] As\u00ed, se da testimonio de que la Iglesia naciente no separaba el creer de la acci\u00f3n social: la fe que no iba acompa\u00f1ada del testimonio de las obras, como hab\u00eda ense\u00f1ado Santiago, se consideraba muerta (cf. St 2,17).<\/p>\n<p><em><strong>San Juan Cris\u00f3stomo<\/strong><\/em><\/p>\n<p>41. Entre los Padres orientales, quiz\u00e1 el predicador m\u00e1s ardiente de la justicia social sea san Juan Cris\u00f3stomo, arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V. En sus homil\u00edas, exhortaba a los fieles a reconocer a Cristo en los necesitados: \u00ab\u00bfQuieres honrar el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es decir, en los pobres que no tienen qu\u00e9 vestir, ni lo honres aqu\u00ed en el templo con vestiduras de seda, mientras fuera lo abandonas al fr\u00edo y a la desnudez [&#8230;]. En el templo, el Cuerpo de Cristo no necesita mantos, sino almas puras; pero en la persona de los pobres, \u00c9l necesita todo nuestro cuidado. Aprendamos, pues, a reflexionar y a honrar a Cristo como \u00c9l quiere. Cuando queremos honrar a alguien, debemos prestarle el honor que \u00e9l prefiere y no el que m\u00e1s nos gusta [&#8230;]. As\u00ed tambi\u00e9n t\u00fa debes prestarle el honor que \u00c9l mismo ha ordenado, distribuyendo tus riquezas entre los pobres. Dios no necesita vasos de oro, sino almas de oro\u00bb.[30] Afirmando con claridad meridiana que si los fieles no encuentran a Cristo en los pobres a su puerta, tampoco lo encontrar\u00e1n en el altar, contin\u00faa: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 servir\u00eda, al fin y al cabo, adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si \u00c9l muere de hambre en la persona de los pobres? Primero da de comer al que tiene hambre y luego adorna su mesa con lo que sobra\u00bb.[31] Entend\u00eda la Eucarist\u00eda, por tanto, tambi\u00e9n como una expresi\u00f3n sacramental de la caridad y la justicia que la preced\u00edan, la acompa\u00f1aban y deb\u00edan darle continuidad en el amor y la atenci\u00f3n a los pobres.<br \/>\n42. As\u00ed pues, la caridad no es una v\u00eda opcional, sino el criterio del verdadero culto. Cris\u00f3stomo denunciaba con vehemencia el lujo exacerbado, que conviv\u00eda con la indiferencia hacia los pobres. La atenci\u00f3n que se les debe prestar, m\u00e1s que una mera exigencia social, es una condici\u00f3n para la salvaci\u00f3n, lo que atribuye a la riqueza injusta un peso de condena: \u00abHace mucho fr\u00edo y el pobre yace en harapos, moribundo y helado, casta\u00f1eteando los dientes, con un aspecto y un atuendo que deber\u00edan conmoverte. T\u00fa, sin embargo, calentito y ebrio, pasas de largo. \u00bfY c\u00f3mo quieres que Dios te libre de la infelicidad? [&#8230;] A menudo adornas con muchas vestiduras variadas y doradas un cad\u00e1ver insensible, que ya no percibe el honor. Sin embargo, desprecias a aquel que siente dolor, que est\u00e1 desgarrado, torturado, atormentado por el hambre y el fr\u00edo, y te preocupa m\u00e1s la vanagloria que el temor de Dios\u00bb.[32] Este profundo sentido de la justicia social le lleva a afirmar que \u00abno dar a los pobres es robarles, es defraudarles la vida, porque lo que poseemos les pertenece\u00bb.[33]<\/p>\n<p><em><strong>San Agust\u00edn<\/strong><\/em><\/p>\n<p>43. Agust\u00edn tuvo como maestro espiritual a san Ambrosio, que insist\u00eda en la exigencia \u00e9tica de compartir los bienes: \u00abLo que das al pobre no es tuyo, es suyo. Porque te has apropiado de lo que fue dado para uso com\u00fan\u00bb.[34] Para el obispo de Mil\u00e1n, la limosna es justicia restaurada, no un gesto paternalista. En sus sermones, la misericordia adquiere un car\u00e1cter prof\u00e9tico: denuncia las estructuras de acumulaci\u00f3n y reafirma la comuni\u00f3n como vocaci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>44. Formado en esta tradici\u00f3n, el santo obispo de Hipona ense\u00f1\u00f3 a su vez el amor preferencial por los pobres. Pastor vigilante y te\u00f3logo de rara clarividencia, comprendi\u00f3 que la verdadera comuni\u00f3n eclesial se expresa tambi\u00e9n en la comuni\u00f3n de los bienes. En sus Comentarios a los Salmos, recuerda que los verdaderos cristianos no dejan de lado el amor a los m\u00e1s necesitados: \u00abAtended a vuestros hermanos, si necesitan algo; dad, si Cristo est\u00e1 en vosotros, incluso a los extranjeros\u00bb.[35] Este compartir los bienes brota, por tanto, de la caridad teologal y tiene como fin \u00faltimo el amor a Cristo. Para Agust\u00edn, el pobre no es s\u00f3lo alguien a quien se ayuda, sino la presencia sacramental del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>45. El Doctor de la Gracia ve\u00eda en el cuidado a los pobres una prueba concreta de la sinceridad de la fe. Quien dice amar a Dios y no se compadece de los necesitados, miente (cf. 1 Jn 4,20). Al comentar el encuentro de Jes\u00fas con el joven rico y el \u00abtesoro en el cielo\u00bb que est\u00e1 reservado a quienes dan sus bienes a los pobres (cf. Mt 19,21), Agust\u00edn pone en boca del Se\u00f1or las siguientes palabras: \u00abRecib\u00ed tierra y dar\u00e9 el cielo. Recib\u00ed cosas temporales y dar\u00e9 a cambio bienes eternos. Recib\u00ed pan, dar\u00e9 la vida. [\u2026] He recibido alojamiento y dar\u00e9 una casa. He sido visitado en la enfermedad y dar\u00e9 salud. Fui visitado en la c\u00e1rcel y dar\u00e9 libertad. El pan que se dio a mis pobres se consumi\u00f3; el pan que yo dar\u00e9 restaura las fuerzas, sin acabarse nunca\u00bb.[36] El Alt\u00edsimo no se deja vencer en generosidad por aquellos que le sirven en los m\u00e1s necesitados; cuanto mayor es el amor a los pobres, mayor es la recompensa por parte de Dios.<\/p>\n<p>46. Esta mirada cristoc\u00e9ntrica y profundamente eclesial lleva a sostener que las ofrendas, cuando nacen del amor, no s\u00f3lo alivian la necesidad del hermano, sino que tambi\u00e9n purifican el coraz\u00f3n de quien da y est\u00e1 dispuesto a la conversi\u00f3n, \u00abpues las limosnas pueden servirte para redimir los pecados de la vida pasada, si cambias de vida\u00bb.[37] Son, por as\u00ed decirlo, el camino ordinario de conversi\u00f3n de quien desea seguir a Cristo con coraz\u00f3n indiviso.<\/p>\n<p>47. En una Iglesia que reconoce en los pobres el rostro de Cristo y en los bienes el instrumento de la caridad, el pensamiento agustiniano sigue siendo una luz segura. Hoy, la fidelidad a las ense\u00f1anzas de Agust\u00edn exige no s\u00f3lo el estudio de sus obras, sino la disposici\u00f3n a vivir con radicalidad su llamada a la conversi\u00f3n, que incluye necesariamente el servicio de la caridad.<\/p>\n<p>48. Muchos otros Padres de la Iglesia, tanto orientales como occidentales, se pronunciaron sobre la primac\u00eda de la atenci\u00f3n a los pobres en la vida y misi\u00f3n de cada fiel cristiano. Sobre este aspecto, en resumen, se puede afirmar que la teolog\u00eda patr\u00edstica fue pr\u00e1ctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio s\u00f3lo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los \u00faltimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vac\u00eda.<\/p>\n<p><em><strong>Cuidar a los enfermos<\/strong><\/em><\/p>\n<p>49. La compasi\u00f3n cristiana se ha manifestado de manera peculiar en el cuidado de los enfermos y los que sufren. A partir de los signos presentes en el ministerio p\u00fablico de Jes\u00fas \u2014que curaba a ciegos, leprosos y paral\u00edticos\u2014, la Iglesia entiende como parte importante de su misi\u00f3n el cuidado de los enfermos, en los que con facilidad reconoce al Se\u00f1or crucificado. San Cipriano, durante una peste en la ciudad de Cartago, donde era obispo, recordaba a los cristianos la importancia del cuidado de los infectados al afirmar: \u00abEsta epidemia que parece tan horrible y funesta pone a prueba la justicia de cada uno y examina el esp\u00edritu de los hombres, verificando si los sanos sirven a los enfermos, si los parientes se aman sinceramente, si los se\u00f1ores tienen piedad de los siervos enfermos, si los m\u00e9dicos no abandonan a los enfermos que imploran\u00bb.[38] La tradici\u00f3n cristiana de visitar a los enfermos, de lavar sus heridas, de consolar a los afligidos no se reduce a una mera obra de filantrop\u00eda, sino que es una acci\u00f3n eclesial a trav\u00e9s de la cual, en los enfermos, los miembros de la Iglesia \u00abtocan la carne sufriente de Cristo\u00bb.[39]<\/p>\n<p>50. En el siglo XVI, san Juan de Dios, al fundar la Orden Hospitalaria que lleva su nombre, cre\u00f3 hospitales modelo que acog\u00edan a todos, independientemente de su condici\u00f3n social o econ\u00f3mica. Su famosa expresi\u00f3n \u201c\u00a1Haced el bien, hermanos!\u201d se convirti\u00f3 en el lema de la caridad activa con los enfermos. Contempor\u00e1neamente, san Camilo de Lelis fund\u00f3 la Orden de los Ministros de los Enfermos \u2014los camilos\u2014, asumiendo como misi\u00f3n servir a los enfermos con total dedicaci\u00f3n. Su regla ordena que \u00abcada uno solicite al Se\u00f1or la gracia de tener un afecto maternal hacia su pr\u00f3jimo para poderlo servir con todo amor caritativo, en el alma y el cuerpo; porque deseamos \u2014con la gracia de Dios\u2014 servir a todos los enfermos con el mismo afecto que una madre amorosa suele asistir a su \u00fanico hijo enfermo\u00bb.[40] En hospitales, campos de batalla, prisiones y calles, los camilos encarnaron la misericordia de Cristo M\u00e9dico.<\/p>\n<p>51. Cuidando a los enfermos con cari\u00f1o maternal, como una madre cuida de su hijo, muchas mujeres consagradas desempe\u00f1aron un papel a\u00fan m\u00e1s difundido en la atenci\u00f3n sanitaria de los pobres. Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, las Hermanas Hospitalarias, las Peque\u00f1as Siervas de la Divina Providencia y tantas otras Congregaciones femeninas se convirtieron en una presencia maternal y discreta en los hospitales, asilos y residencias de ancianos. Llevaban medicinas, escucha, presencia y, sobre todo, ternura. Construyeron, a menudo con sus propias manos, estructuras sanitarias en zonas sin asistencia m\u00e9dica. Ense\u00f1aban higiene, atend\u00edan partos, medicaban con sabidur\u00eda natural y fe profunda. Sus casas se convert\u00edan en oasis de dignidad donde nadie era excluido. El toque de la compasi\u00f3n era el primer remedio. Santa Luisa de Marillac escrib\u00eda a sus hermanas, las Hijas de la Caridad, record\u00e1ndoles que hab\u00edan \u00abrecibido una bendici\u00f3n especial de Dios para servir a los pobres enfermos en los hospitales\u00bb.[41]<\/p>\n<p>52. Hoy, ese legado contin\u00faa en los hospitales cat\u00f3licos, los puestos de salud en las regiones perif\u00e9ricas, las misiones sanitarias en las selvas, los centros de acogida para toxic\u00f3manos y los hospitales de campa\u00f1a en las zonas de guerra. La presencia cristiana junto a los enfermos revela que la salvaci\u00f3n no es una idea abstracta, sino una acci\u00f3n concreta. En el gesto de limpiar una herida, la Iglesia proclama que el Reino de Dios comienza entre los m\u00e1s vulnerables. Y, al hacerlo, permanece fiel a Aquel que dijo: \u00abEstaba [\u2026] enfermo, y me visitaron\u00bb (Mt 25,35.36). Cuando la Iglesia se arrodilla junto a un leproso, a un ni\u00f1o desnutrido o a un moribundo an\u00f3nimo, realiza su vocaci\u00f3n m\u00e1s profunda: amar al Se\u00f1or all\u00ed donde \u00c9l est\u00e1 m\u00e1s desfigurado.<\/p>\n<p><em><strong>El cuidado de los pobres en la vida mon\u00e1stica<\/strong><\/em><\/p>\n<p>53. La vida mon\u00e1stica, nacida en el silencio de los desiertos, fue desde sus inicios un testimonio de solidaridad. Los monjes lo dejaban todo \u2014riqueza, prestigio, familia\u2014 no s\u00f3lo por despreciar las riquezas del mundo \u2014contemptus mundi\u2014, sino para encontrar, en este despojo radical, al Cristo pobre. San Basilio Magno, en su Regla, no ve\u00eda contradicci\u00f3n entre la vida de oraci\u00f3n y recogimiento de los monjes y la acci\u00f3n en favor de los pobres. Para \u00e9l, la hospitalidad y el cuidado de los necesitados eran parte integrante de la espiritualidad mon\u00e1stica, y los monjes, incluso despu\u00e9s de haberlo dejado todo para abrazar la pobreza, deb\u00edan ayudar a los m\u00e1s pobres con su trabajo, ya que \u00abpara poder socorrer a los necesitados, es evidente que debemos trabajar con diligencia [&#8230;]. Este modo de vida es provechoso no s\u00f3lo para someter el cuerpo, sino tambi\u00e9n por la caridad hacia el pr\u00f3jimo, para que, por medio de nosotros, Dios provea lo suficiente a los hermanos m\u00e1s d\u00e9biles\u00bb.[42]<\/p>\n<p>54. Construy\u00f3 en Cesarea, donde era obispo, un lugar conocido como Basil\u00edades, que inclu\u00eda alojamientos, hospitales y escuelas para los pobres y los enfermos. El monje, por lo tanto, no era s\u00f3lo un asceta, sino un servidor. Basilio demostraba as\u00ed que para estar cerca de Dios hay que estar cerca de los pobres. El amor concreto era criterio de santidad. Orar y cuidar, contemplar y curar, escribir y acoger: todo era expresi\u00f3n del mismo amor a Cristo.<\/p>\n<p>55. En Occidente, san Benito de Nursia elabor\u00f3 una Regla que se convertir\u00eda en la columna vertebral de la espiritualidad mon\u00e1stica europea. En ella, la acogida de los pobres y los peregrinos ocupa un lugar de honor: \u00abMostrad sobre todo un cuidado sol\u00edcito en la recepci\u00f3n de los pobres y los peregrinos, porque sobre todo en ellos se recibe a Cristo\u00bb.[43] No se trataba s\u00f3lo de palabras: los monasterios benedictinos fueron, durante siglos, lugares de refugio para viudas, ni\u00f1os abandonados, peregrinos y mendigos. Para Benito, la vida comunitaria era una escuela de caridad. El trabajo manual no s\u00f3lo ten\u00eda una funci\u00f3n pr\u00e1ctica, sino que tambi\u00e9n formaba el coraz\u00f3n para el servicio. El compartir entre los monjes, la atenci\u00f3n a los enfermos y la escucha de los m\u00e1s fr\u00e1giles preparaban para acoger a Cristo, que llega en la persona del pobre y el extranjero. La hospitalidad mon\u00e1stica benedictina permanece hasta hoy como signo de una Iglesia que abre las puertas, que acoge sin preguntar, que cura sin exigir nada a cambio.<\/p>\n<p>56. Los monasterios benedictinos, con el tiempo, se convirtieron en lugares que contrastaban la cultura de la exclusi\u00f3n. Los monjes cultivaban la tierra, produc\u00edan alimentos, preparaban medicinas y los ofrec\u00edan, con sencillez, a los m\u00e1s necesitados. Su trabajo silencioso fue fermento de una nueva civilizaci\u00f3n, donde los pobres no eran un problema que resolver, sino hermanos y hermanas que acoger. La regla del compartir, del trabajo com\u00fan y de la asistencia a los vulnerables estructuraba una econom\u00eda solidaria, en contraste con la l\u00f3gica de la acumulaci\u00f3n. El testimonio de los monjes mostraba que la pobreza voluntaria, lejos de ser miseria, es camino de libertad y comuni\u00f3n. No s\u00f3lo ayudaban a los pobres: se hac\u00edan cercanos a ellos, hermanos en el mismo Se\u00f1or. En las celdas y claustros se formaba una m\u00edstica de la presencia de Dios en los peque\u00f1os.<\/p>\n<p>57. Adem\u00e1s de la asistencia material, los monasterios desempe\u00f1aron un papel fundamental en la formaci\u00f3n cultural y espiritual de los m\u00e1s humildes. En tiempos de peste, guerra o hambre, eran lugares donde el necesitado encontraba pan y remedios, pero tambi\u00e9n dignidad y palabra. All\u00ed se educaba a los hu\u00e9rfanos, se formaba a los aprendices y se instru\u00eda a los campesinos en t\u00e9cnicas agr\u00edcolas y en la lectura. El saber se compart\u00eda como don y responsabilidad. El abad era a la vez maestro y padre, y la escuela mon\u00e1stica era un lugar de liberaci\u00f3n por la verdad. Porque, como escribe Juan Casiano, el monje debe caracterizarse por \u00abla humildad de coraz\u00f3n [\u2026], que no conduce a la ciencia que hincha, sino a la que ilumina por medio de la plenitud de la caridad\u00bb.[44] Al formar conciencias y transmitir sabidur\u00eda, los monjes contribuyeron a una pedagog\u00eda cristiana de inclusi\u00f3n. La cultura, marcada por la fe, se compart\u00eda con sencillez. El saber, cuando est\u00e1 iluminado por la caridad, se convierte en servicio. De ese modo, la vida mon\u00e1stica se revelaba como un estilo de santidad y una forma concreta de transformaci\u00f3n de la sociedad.<\/p>\n<p>58. La tradici\u00f3n mon\u00e1stica ense\u00f1a, por tanto, que la oraci\u00f3n y la caridad, el silencio y el servicio, las celdas y los hospitales, forman un \u00fanico tejido espiritual. El monasterio es lugar de escucha y de acci\u00f3n, de adoraci\u00f3n y de compartir. San Bernardo de Claraval, gran reformador de la Orden Cisterciense, \u00abreclam\u00f3 con decisi\u00f3n la necesidad de una vida sobria y moderada, tanto en la mesa como en la indumentaria y en los edificios mon\u00e1sticos, recomendando la sustentaci\u00f3n y la solicitud por los pobres\u00bb.[45] Para \u00e9l, la compasi\u00f3n no era una opci\u00f3n accesoria, sino el camino real para seguir a Cristo. La vida mon\u00e1stica, por lo tanto, cuando es fiel a su vocaci\u00f3n original, muestra que la Iglesia s\u00f3lo ser\u00e1 plenamente esposa del Se\u00f1or cuando sea tambi\u00e9n hermana de los pobres. El claustro no es un mero refugio del mundo, sino una escuela en la que se aprende a servirlo mejor. All\u00ed donde los monjes abrieron sus puertas a los pobres, la Iglesia revel\u00f3 con humildad y firmeza que la contemplaci\u00f3n no excluye la misericordia, sino que la exige como su fruto m\u00e1s puro.<\/p>\n<p><em><strong>Liberar a los cautivos<\/strong><\/em><\/p>\n<p>59. Desde los tiempos apost\u00f3licos, la Iglesia ha visto en la liberaci\u00f3n de los oprimidos un signo del Reino de Dios. Jes\u00fas mismo, al iniciar su misi\u00f3n p\u00fablica, proclam\u00f3: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque me ha consagrado por la unci\u00f3n. \u00c9l me envi\u00f3 a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberaci\u00f3n a los cautivos\u00bb (Lc 4,18). Los primeros cristianos, incluso en condiciones precarias, rezaban y asist\u00edan a los hermanos y hermanas encarcelados, como atestiguan los Hechos de los Ap\u00f3stoles (cf. 12,5; 24,23) y diversos escritos de los Padres. Esta misi\u00f3n liberadora se prolong\u00f3 a lo largo de los siglos mediante acciones concretas, especialmente cuando el drama de la esclavitud y el cautiverio marc\u00f3 sociedades enteras.<\/p>\n<p>60. Entre finales del siglo XII y principios del XIII, cuando muchos cristianos eran capturados en el Mediterr\u00e1neo o esclavizados en las guerras, surgieron dos \u00d3rdenes religiosas: la Orden de la Sant\u00edsima Trinidad, Redenci\u00f3n de Cautivos (trinitarios), fundada por san Juan de Mata y san F\u00e9lix de Valois, y la Orden de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda de la Merced (mercedarios), fundada por san Pedro Nolasco con el apoyo de san Raimundo de Pe\u00f1afort, dominico. Estas comunidades de consagrados nacieron con el carisma espec\u00edfico de liberar a los cristianos esclavizados, poniendo a disposici\u00f3n sus bienes[46] y a menudo ofreciendo su propia vida a cambio. Los trinitarios, con el lema Gloria Tibi Trinitas et captivis libertas (Gloria a Ti, Trinidad, y a los cautivos libertad), y los mercedarios, que a\u00f1aden un cuarto voto[47] a los votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad, dieron testimonio de que la caridad puede ser heroica. La liberaci\u00f3n de los cautivos era expresi\u00f3n del amor trinitario: un Dios que libera no s\u00f3lo de la esclavitud espiritual, sino tambi\u00e9n de la opresi\u00f3n concreta. El gesto de rescatar de la esclavitud y de la prisi\u00f3n se considera una prolongaci\u00f3n del sacrificio redentor de Cristo, cuya sangre es el precio de nuestro rescate (cf. 1 Co 6,20).<\/p>\n<p>61. La espiritualidad original de estas \u00d3rdenes estaba profundamente arraigada en la contemplaci\u00f3n de la cruz. Cristo es el Redentor de los cautivos por excelencia, y la Iglesia, su cuerpo, prolonga este misterio en el tiempo.[48] Los religiosos no ve\u00edan en el rescate una acci\u00f3n pol\u00edtica o econ\u00f3mica, sino un acto casi lit\u00fargico, una ofrenda sacramental de s\u00ed mismos. Muchos entregaron sus propios cuerpos para sustituir a los prisioneros, cumpliendo literalmente el mandamiento: \u00abNo hay amor m\u00e1s grande que dar la vida por los amigos\u00bb (Jn 15,13). La tradici\u00f3n de estas \u00d3rdenes no ces\u00f3. Al contrario, inspir\u00f3 nuevas formas de acci\u00f3n frente a las esclavitudes modernas: la trata de personas, el trabajo forzoso, la explotaci\u00f3n sexual, las distintas adicciones.[49] La caridad cristiana, cuando se encarna, se convierte en liberadora. Y la misi\u00f3n de la Iglesia, cuando es fiel a su Se\u00f1or, es siempre proclamar la liberaci\u00f3n. A\u00fan en nuestros d\u00edas, en los que existen \u00abmillones de personas \u2014ni\u00f1os, hombres y mujeres de todas las edades\u2014 privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud\u00bb,[50] dicha herencia es continuada por estas \u00d3rdenes y por otras Instituciones y Congregaciones que act\u00faan en las periferias urbanas, las zonas de conflicto y los corredores migratorios. Cuando la Iglesia se arrodilla para romper las nuevas cadenas que aprisionan a los pobres, se convierte en signo de la Pascua.<\/p>\n<p>62. No se puede concluir esta reflexi\u00f3n sobre las personas privadas de libertad sin mencionar a los reclusos que se encuentran en los distintos centros penitenciarios de preventivos y de penados. A este respecto, cabe recordar las palabras que el Papa Francisco dirigi\u00f3 a un grupo de ellos: \u00abPara m\u00ed, entrar en una c\u00e1rcel es siempre un momento importante, porque la c\u00e1rcel es un lugar de gran humanidad [\u2026]. De humanidad probada, a veces fatigada por dificultades, sentimientos de culpa, juicios, incomprensiones, sufrimientos, pero al mismo tiempo cargada de fuerza, de deseo de perd\u00f3n, de deseo de rescate\u00bb.[51] Este deseo, entre otros, tambi\u00e9n fue asumido por las \u00d3rdenes redentoras como un servicio preferencial a la Iglesia. Como proclamaba san Pablo: \u00abEsta es la libertad que nos ha dado Cristo\u00bb (Ga 5,1). Y esa libertad no es s\u00f3lo interior: se manifiesta en la historia como amor que cuida y libera de todas las ataduras.<\/p>\n<p><em><strong>Testigos de la pobreza evang\u00e9lica<\/strong><\/em><\/p>\n<p>63. En el siglo XIII, ante el crecimiento de las ciudades, la concentraci\u00f3n de riquezas y la aparici\u00f3n de nuevas formas de pobreza, el Esp\u00edritu Santo suscit\u00f3 en la Iglesia un nuevo tipo de consagraci\u00f3n: las \u00d3rdenes mendicantes. A diferencia del modelo mon\u00e1stico estable, los mendicantes adoptaron una vida itinerante, sin propiedades personales ni comunitarias, confiando plenamente en la Providencia. No s\u00f3lo serv\u00edan a los pobres: se hac\u00edan pobres con ellos. Consideraban la ciudad como un nuevo desierto y a los marginados como nuevos maestros espirituales. Estas \u00d3rdenes, como los franciscanos, los dominicos, los agustinos y los carmelitas, representaron una revoluci\u00f3n evang\u00e9lica, en la que el estilo de vida sencillo y pobre se convierte en un signo prof\u00e9tico para la misi\u00f3n, reviviendo la experiencia de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 4,32). El testimonio de los mendicantes desafiaba tanto la opulencia clerical como la frialdad de la sociedad urbana.<\/p>\n<p>64. San Francisco de As\u00eds se convirti\u00f3 en el icono de esta primavera espiritual. Tomando la pobreza como esposa, quiso imitar al Cristo pobre, desnudo y crucificado. En su Regla, pide a los hermanos que de \u00abnada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y como peregrinos y forasteros en este siglo, sirviendo al Se\u00f1or en pobreza y humildad, vayan por limosna confiadamente, y no deben avergonzarse, porque el Se\u00f1or se hizo pobre por nosotros en este mundo\u00bb.[52] Su vida fue un continuo despojarse: del palacio al leproso, de la elocuencia al silencio, de la posesi\u00f3n al don total. Francisco no fund\u00f3 un servicio social, sino una fraternidad evang\u00e9lica. Entre los pobres ve\u00eda hermanos e im\u00e1genes vivas del Se\u00f1or. Su misi\u00f3n era estar con ellos, por una solidaridad que superaba las distancias, por un amor compasivo. Su pobreza era relacional: lo llevaba a hacerse cercano, igual, m\u00e1s a\u00fan, menor. Su santidad brotaba de la convicci\u00f3n de que s\u00f3lo se recibe verdaderamente a Cristo en la entrega generosa de s\u00ed mismo a los hermanos.<\/p>\n<p>65. Santa Clara de As\u00eds, inspirada por Francisco, fund\u00f3 la Orden de las Damas Pobres, m\u00e1s tarde llamadas clarisas. Su lucha espiritual consisti\u00f3 en mantener fielmente el ideal de la pobreza radical. Rechaz\u00f3 los privilegios pontificios que podr\u00edan garantizar la seguridad material de su monasterio y, con firmeza, obtuvo del Papa Gregorio IX el llamado Privilegium Paupertatis, que garantizaba el derecho a vivir sin poseer ning\u00fan bien material.[53] Esta opci\u00f3n expresaba la confianza total en Dios y la conciencia de que la pobreza voluntaria era una forma de libertad y de profec\u00eda. Clara ense\u00f1aba a sus hermanas que Cristo era su \u00fanica herencia y que nada deb\u00eda oscurecer la comuni\u00f3n con \u00c9l. Su vida orante y oculta fue un grito contra la mundanidad y una defensa silenciosa de los pobres y olvidados.<\/p>\n<p>66. Santo Domingo de Guzm\u00e1n, contempor\u00e1neo de Francisco, fund\u00f3 la Orden de Predicadores con otro carisma, pero con la misma radicalidad. Deseaba anunciar el Evangelio con la autoridad que brota de una vida pobre, convencido de que la Verdad necesita testigos coherentes. El ejemplo de la pobreza de vida acompa\u00f1aba la Palabra predicada. Libres del peso de los bienes terrenos, los frailes dominicos pod\u00edan dedicarse mejor a la obra principal, es decir, a la predicaci\u00f3n. Iban a las ciudades, sobre todo a aquellas universitarias, para ense\u00f1ar la verdad de Dios.[54] Al depender de los dem\u00e1s, demostraban que la fe no se impone, sino que se ofrece. Y, al vivir entre los pobres, aprend\u00edan la verdad del Evangelio \u201cdesde abajo\u201d, como disc\u00edpulos del Cristo humillado.<\/p>\n<p>67. Las \u00d3rdenes mendicantes fueron, as\u00ed, una respuesta viva a la exclusi\u00f3n y la indiferencia. No propusieron expresamente reformas sociales, sino una conversi\u00f3n personal y comunitaria a la l\u00f3gica del Reino. La pobreza, en ellos, no era consecuencia de la escasez de bienes, sino una elecci\u00f3n libre: hacerse peque\u00f1os para acoger a los peque\u00f1os. Como dijo Tom\u00e1s de Celano sobre Francisco: \u00abSe deja ver en \u00e9l el primer amador de los pobres, [&#8230;] despoj\u00e1ndose de sus vestidos, viste con ellos a los pobres, a quienes, si no todav\u00eda de hecho, s\u00ed de todo coraz\u00f3n intenta asemejarse\u00bb.[55] Los mendicantes se han convertido en un signo de una Iglesia peregrina, humilde y fraterna, que vive entre los pobres no por estrategia proselitista, sino por identidad. Ense\u00f1an que la Iglesia es luz s\u00f3lo cuando se despoja de todo, y que la santidad pasa por un coraz\u00f3n humilde y volcado en los peque\u00f1os.<\/p>\n<p><em><strong>La Iglesia y la educaci\u00f3n de los pobres<\/strong><\/em><\/p>\n<p>68. Dirigi\u00e9ndose a algunos educadores, el Papa Francisco record\u00f3 que la educaci\u00f3n ha sido siempre una de las expresiones m\u00e1s altas de la caridad cristiana: \u00abLa vuestra es una misi\u00f3n llena de obst\u00e1culos pero tambi\u00e9n de alegr\u00edas. [\u2026] Una misi\u00f3n de amor, porque no se puede ense\u00f1ar sin amar\u00bb.[56] En este sentido, desde los primeros tiempos, los cristianos se dieron cuenta de que el saber libera, dignifica y acerca a la verdad. Para la Iglesia, ense\u00f1ar a los pobres era un acto de justicia y de fe. Inspirada en el ejemplo del Maestro, que ense\u00f1aba a la gente las verdades divinas y humanas, la Iglesia asumi\u00f3 la misi\u00f3n de formar a los ni\u00f1os y a los j\u00f3venes, especialmente a los m\u00e1s pobres, en la verdad y el amor. Esta misi\u00f3n tom\u00f3 forma con la fundaci\u00f3n de Congregaciones dedicadas a la educaci\u00f3n popular.<\/p>\n<p>69. En el siglo XVI, san Jos\u00e9 de Calasanz, impresionado por la falta de instrucci\u00f3n y formaci\u00f3n de los j\u00f3venes pobres de la ciudad de Roma, en unas salas anejas a la iglesia de Santa Dorotea en el Trastevere, cre\u00f3 la primera escuela p\u00fablica popular gratuita de Europa. Era la simiente de la que despu\u00e9s se desarrollar\u00eda, no sin dificultades, la Orden de Cl\u00e9rigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas P\u00edas, llamados escolapios, con el fin de transmitir a los j\u00f3venes \u00abla ciencia profana, al igual que la sabidur\u00eda del Evangelio, ense\u00f1\u00e1ndoles a descubrir en sus acontecimientos personales y en la historia la acci\u00f3n amorosa de Dios creador y redentor\u00bb.[57] De hecho, podemos considerar a este valiente sacerdote como \u00abel verdadero fundador de la escuela cat\u00f3lica moderna, que busca la formaci\u00f3n integral del hombre y est\u00e1 abierta a todos\u00bb.[58] Animado por la misma sensibilidad, en el siglo XVII san Juan Bautista de La Salle, d\u00e1ndose cuenta de la injusticia causada por la exclusi\u00f3n de los hijos de obreros y campesinos del sistema educativo de Francia en aquel tiempo, fund\u00f3 los Hermanos de las Escuelas Cristianas, con el ideal de ofrecerles educaci\u00f3n gratuita, una s\u00f3lida formaci\u00f3n y un ambiente fraternal. La Salle ve\u00eda el aula como un lugar para el desarrollo humano, pero tambi\u00e9n para la conversi\u00f3n. Sus escuelas combinaban la oraci\u00f3n, el m\u00e9todo, la disciplina y el compartir. Cada ni\u00f1o era considerado un don \u00fanico de Dios y el acto de ense\u00f1ar un servicio al Reino de Dios.<\/p>\n<p>70. Ya en el siglo XIX, tambi\u00e9n en Francia, san Marcelino Champagnat fund\u00f3 el Instituto de los Hermanos Maristas de las Escuelas, \u00absensible a las necesidades espirituales y educativas de su \u00e9poca, especialmente a la ignorancia religiosa y a las situaciones de abandono que viv\u00eda particularmente la juventud\u00bb,[59] dedic\u00e1ndose de lleno, en una \u00e9poca en la que el acceso a la educaci\u00f3n era todav\u00eda privilegio de unos pocos, a la misi\u00f3n de educar y evangelizar a los ni\u00f1os y j\u00f3venes, sobre todo a los m\u00e1s necesitados. Con el mismo esp\u00edritu, en Tur\u00edn, san Juan Bosco inici\u00f3 la obra salesiana, basada en los tres principios del \u201csistema preventivo\u201d \u2014raz\u00f3n, religi\u00f3n y amor\u2014[60] y el beato Antonio Rosmini fund\u00f3 el Instituto de la Caridad, en el que la \u201ccaridad intelectual\u201d \u2014junto con la \u201cmaterial\u201d y, en la c\u00faspide, la \u201cespiritual-pastoral\u201d\u2014 se presentaba como una dimensi\u00f3n indispensable para cualquier acci\u00f3n caritativa que mirase al bien y al desarrollo integral de la persona.[61]<\/p>\n<p>71. Muchas Congregaciones femeninas fueron tambi\u00e9n protagonistas de esta revoluci\u00f3n pedag\u00f3gica. Las ursulinas, las monjas de la Orden de la Compa\u00f1\u00eda de Mar\u00eda Nuestra Se\u00f1ora, las Maestras P\u00edas y muchas otras fundadas especialmente en los siglos XVIII y XIX ocuparon espacios donde el Estado estaba ausente. Crearon escuelas en peque\u00f1os pueblos, en los suburbios y en los barrios obreros. La educaci\u00f3n de las ni\u00f1as, en particular, se convirti\u00f3 en una prioridad. Las religiosas alfabetizaban, evangelizaban, trataban de cuestiones pr\u00e1cticas de la vida cotidiana, elevaban el esp\u00edritu a trav\u00e9s del cultivo de las artes y, sobre todo, formaban conciencias. Su pedagog\u00eda era sencilla: cercan\u00eda, paciencia, dulzura. Ense\u00f1aban a trav\u00e9s de la vida, antes que con palabras. En tiempos de analfabetismo generalizado y de exclusi\u00f3n estructural, estas mujeres consagradas eran faros de esperanza. Su misi\u00f3n era formar el coraz\u00f3n, ense\u00f1ar a pensar, promover la dignidad. Combinando una vida de piedad y dedicaci\u00f3n al pr\u00f3jimo, combatieron el abandono con la ternura de quien educa en nombre de Cristo.<\/p>\n<p>72. Para la fe cristiana, la educaci\u00f3n de los pobres no es un favor, sino un deber. Los peque\u00f1os tienen derecho a la sabidur\u00eda, como exigencia b\u00e1sica para el reconocimiento de la dignidad humana. Ense\u00f1arles es afirmar su valor, darles las herramientas para transformar su realidad. La tradici\u00f3n cristiana entiende que el conocimiento es un don de Dios y una responsabilidad comunitaria. La educaci\u00f3n cristiana forma no s\u00f3lo profesionales, sino personas abiertas al bien, a la belleza y a la verdad. Por eso, la escuela cat\u00f3lica, cuando es fiel a su nombre, se convierte en un espacio de inclusi\u00f3n, formaci\u00f3n integral y promoci\u00f3n humana. As\u00ed, conjugando fe y cultura, se siembra futuro, se honra la imagen de Dios y se construye una sociedad mejor.<\/p>\n<p><em><strong>Acompa\u00f1ar a los migrantes<\/strong><\/em><\/p>\n<p>73. La experiencia de la migraci\u00f3n acompa\u00f1a la historia del pueblo de Dios. Abraham parte sin saber ad\u00f3nde va; Mois\u00e9s conduce a un pueblo peregrino por el desierto; Mar\u00eda y Jos\u00e9 huyen con el Ni\u00f1o a Egipto. El mismo Cristo, que \u00abvino a los suyos, y los suyos no lo recibieron\u00bb (Jn 1,11), vivi\u00f3 entre nosotros como extranjero. Por eso, la Iglesia siempre ha reconocido en los migrantes una presencia viva del Se\u00f1or, que en el d\u00eda del juicio dir\u00e1 a los que est\u00e9n a su derecha: \u00abEstaba de paso, y me alojaron\u00bb (Mt 25,35).<\/p>\n<p>74. En el siglo XIX, cuando millones de europeos emigraban en busca de mejores condiciones de vida, dos grandes santos se destacaron en la atenci\u00f3n pastoral de los migrantes: san Juan Bautista Scalabrini y santa Francisca Javier Cabrini. Scalabrini, obispo de Piacenza, fund\u00f3 los Misioneros de San Carlos para acompa\u00f1ar a los migrantes en sus comunidades de destino, ofreci\u00e9ndoles asistencia espiritual, jur\u00eddica y material. Ve\u00eda en los migrantes destinatarios de una nueva evangelizaci\u00f3n, alertando sobre los riesgos de la explotaci\u00f3n y la p\u00e9rdida de la fe en tierra extranjera. Respondiendo con generosidad al carisma que el Se\u00f1or le hab\u00eda concedido, \u00abScalabrini miraba m\u00e1s all\u00e1, miraba hacia el futuro, hacia un mundo y una Iglesia sin barreras, sin extranjeros\u00bb.[62] Santa Francisca Cabrini, nacida en Italia y naturalizada estadounidense, se convirti\u00f3 en la primera ciudadana de los Estados Unidos en ser canonizada. Para cumplir su misi\u00f3n de atender a los emigrantes, cruz\u00f3 el Atl\u00e1ntico varias veces e \u00abimpulsada por una singular audacia, empez\u00f3 de la nada la construcci\u00f3n de escuelas, hospitales y orfanatos para multitud de desheredados que se aventuraban a buscar trabajo en el nuevo mundo, sin conocer la lengua y sin medios que les permitieran una inserci\u00f3n digna en la sociedad norteamericana, en la que a menudo eran v\u00edctimas de personas sin escr\u00fapulos. Su coraz\u00f3n materno, que no se resignaba jam\u00e1s, llegaba a ellos dondequiera que se encontraran: en los tugurios, en las c\u00e1rceles y en las minas\u00bb.[63] En el A\u00f1o Santo de 1950, el Papa P\u00edo XII la proclam\u00f3 patrona de todos los migrantes.[64]<\/p>\n<p>75. La tradici\u00f3n de la actividad de la Iglesia con y para los migrantes contin\u00faa y hoy ese servicio se expresa en iniciativas como los centros de acogida para refugiados, las misiones en las fronteras y los esfuerzos de C\u00e1ritas Internacional y otras instituciones. El Magisterio contempor\u00e1neo reafirma claramente este compromiso. El Papa Francisco recordaba que la misi\u00f3n de la Iglesia junto a los migrantes y refugiados es a\u00fan m\u00e1s amplia, insistiendo en que \u00abla respuesta al desaf\u00edo planteado por las migraciones contempor\u00e1neas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican s\u00f3lo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misi\u00f3n de la Iglesia en relaci\u00f3n a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados\u00bb.[65] Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abCada ser humano es hijo de Dios. En \u00e9l est\u00e1 impresa la imagen de Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y as\u00ed podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no s\u00f3lo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasi\u00f3n que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s justa, una democracia m\u00e1s plena, un pa\u00eds m\u00e1s solidario, un mundo m\u00e1s fraterno y una comunidad cristiana m\u00e1s abierta, de acuerdo con el Evangelio\u00bb.[66] La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio s\u00f3lo es cre\u00edble cuando se traduce en gestos de cercan\u00eda y de acogida; y que en cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad.<\/p>\n<p><em><strong>Al lado de los \u00faltimos<\/strong><\/em><\/p>\n<p>76. La santidad cristiana florece, con frecuencia, en los lugares m\u00e1s olvidados y heridos de la humanidad. Los m\u00e1s pobres entre los pobres \u2014los que no s\u00f3lo carecen de bienes, sino tambi\u00e9n de voz y de reconocimiento de su dignidad\u2014 ocupan un lugar especial en el coraz\u00f3n de Dios. Son los preferidos del Evangelio, los herederos del Reino (cf. Lc 6,20). Es en ellos donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>77. Santa Teresa de Calcuta, canonizada en 2016, se convirti\u00f3 en un icono universal de la caridad vivida hasta el extremo en favor de los m\u00e1s indigentes, descartados por la sociedad. Fundadora de las Misioneras de la Caridad, dedic\u00f3 su vida a los moribundos abandonados en las calles de la India. Recog\u00eda a los rechazados, lavaba sus heridas y los acompa\u00f1aba hasta el momento de la muerte con una ternura que era oraci\u00f3n. Su amor por los m\u00e1s pobres entre los pobres la llevaba no s\u00f3lo a atender sus necesidades materiales, sino tambi\u00e9n a anunciarles la buena noticia del Evangelio: \u00abQueremos proclamar la buena nueva a los pobres de que Dios les ama, de que nosotros les amamos, de que ellos son alguien para nosotros, de que ellos tambi\u00e9n han sido creados por la misma mano amorosa de Dios, para amar y ser amados. Nuestros pobres son grandes personas, son personas muy queribles, no necesitan nuestra l\u00e1stima y simpat\u00eda, necesitan nuestro amor comprensivo. Necesitan nuestro respeto, necesitan que les tratemos con dignidad\u00bb.[67] Todo esto nac\u00eda de una profunda espiritualidad que ve\u00eda el servicio a los m\u00e1s pobres como fruto de la oraci\u00f3n y del amor, que generan la verdadera paz, como recordaba el Papa Juan Pablo II a los peregrinos que hab\u00edan acudido a Roma para su beatificaci\u00f3n: \u00ab\u00bfD\u00f3nde encontr\u00f3 la madre Teresa la fuerza para ponerse completamente al servicio de los dem\u00e1s? La encontr\u00f3 en la oraci\u00f3n y en la contemplaci\u00f3n silenciosa de Jesucristo, de su santo Rostro y de su Sagrado Coraz\u00f3n. Lo dijo ella misma: \u201cEl fruto del silencio es la oraci\u00f3n; el fruto de la oraci\u00f3n es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz\u201d [&#8230;]. La oraci\u00f3n colm\u00f3 su coraz\u00f3n de la paz de Cristo y le permiti\u00f3 irradiarla a los dem\u00e1s\u00bb.[68] Teresa no se consideraba una fil\u00e1ntropa ni una activista, sino esposa de Cristo crucificado, a quien serv\u00eda con amor total en los hermanos que sufr\u00edan.<\/p>\n<p>78. En Brasil, santa Dulce de los Pobres, conocida como \u201cel \u00e1ngel bueno de Bah\u00eda\u201d, encarn\u00f3 el mismo esp\u00edritu evang\u00e9lico con rasgos brasile\u00f1os. Refiri\u00e9ndose a ella y a otras dos religiosas canonizadas en la misma celebraci\u00f3n, el Papa Francisco record\u00f3 el amor que profesaban a los m\u00e1s marginados de la sociedad y afirm\u00f3 que las nuevas santas \u00abnos muestran que la vida consagrada es un camino de amor en las periferias existenciales del mundo\u00bb.[69] La hermana Dulce enfrent\u00f3 la precariedad con creatividad, los obst\u00e1culos con ternura, la carencia con fe inquebrantable. Comenz\u00f3 acogiendo a enfermos en un gallinero, y desde all\u00ed fund\u00f3 una de las mayores obras sociales del pa\u00eds. Atend\u00eda a miles de personas al d\u00eda, sin perder nunca su dulzura. Se hizo pobre con los pobres por amor al sumamente Pobre. Viv\u00eda con poco, rezaba con fervor y serv\u00eda con alegr\u00eda. Su fe no la alejaba del mundo, sino que la sum\u00eda a\u00fan m\u00e1s profundamente en los dolores de los \u00faltimos.<\/p>\n<p>79. Se podr\u00eda recordar tambi\u00e9n a san Benito Menni y las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, junto a las personas con discapacidades; a san Carlos de Foucauld entre las comunidades del Sahara; a santa Katharine Drexel, junto a los grupos m\u00e1s desfavorecidos de Norteam\u00e9rica; a la hermana Emmanuelle con los recolectores de basura en el barrio de Ezbet El Nakhl, en la ciudad de El Cairo; y a much\u00edsimos m\u00e1s. Cada uno a su manera descubri\u00f3 que los m\u00e1s pobres no son meros objetos de compasi\u00f3n, sino maestros del Evangelio. No se trata de \u201cllevarles a Dios\u201d, sino de encontrarlo entre ellos. Todos estos ejemplos ense\u00f1an que servir a los pobres no es un gesto de arriba hacia abajo, sino un encuentro entre iguales, donde Cristo se revela y es adorado. San Juan Pablo II nos recordaba que \u00aben la persona de los pobres hay una presencia especial [de Cristo], que impone a la Iglesia una opci\u00f3n preferencial por ellos\u00bb.[70] Por lo tanto, cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura m\u00e1s elevada.<\/p>\n<p><em><strong>Movimientos populares<\/strong><\/em><\/p>\n<p>80. Debemos reconocer tambi\u00e9n que, a lo largo de la historia cristiana, la ayuda a los pobres y la lucha por sus derechos no han implicado s\u00f3lo a los individuos, a algunas familias, a las instituciones o a las comunidades religiosas. Han existido, y existen, varios movimientos populares, integrados por laicos y guiados por l\u00edderes populares, muchas veces bajo sospecha o incluso perseguidos. Me refiero a un \u00abconjunto de personas que no caminan como individuos sino como el entramado de una comunidad de todos y para todos, que no puede dejar que los m\u00e1s pobres y d\u00e9biles se queden atr\u00e1s. [\u2026] Los l\u00edderes populares, entonces, son aquellos que tienen la capacidad de incorporar a todos. [\u2026] No les tienen asco ni miedo a los j\u00f3venes lastimados y crucificados\u00bb.[71]<\/p>\n<p>81. Estos l\u00edderes populares saben que la solidaridad \u00abtambi\u00e9n es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negaci\u00f3n de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero [\u2026]. La solidaridad, entendida en su sentido m\u00e1s hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares\u00bb.[72] Por esta raz\u00f3n, cuando las distintas instituciones piensan en las necesidades de los pobres se requiere \u00abque incluyan a los movimientos populares y animen las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales con ese torrente de energ\u00eda moral que surge de la incorporaci\u00f3n de los excluidos en la construcci\u00f3n del destino com\u00fan\u00bb.[73] Los movimientos populares, efectivamente, nos invitan a superar \u00abesa idea de las pol\u00edticas sociales concebidas como una pol\u00edtica hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos\u00bb.[74] Si los pol\u00edticos y los profesionales no los escuchan, \u00abla democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad, en la construcci\u00f3n de su destino\u00bb.[75] Lo mismo se debe decir de las instituciones de la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>CAP\u00cdTULO CUARTO<\/strong><br \/>\n<strong>UNA HISTORIA QUE CONTIN\u00daA<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>El siglo de la Doctrina Social de la Iglesia<\/strong><\/em><\/p>\n<p>82. La aceleraci\u00f3n de las transformaciones tecnol\u00f3gicas y sociales de los \u00faltimos dos siglos, llena de tr\u00e1gicas contradicciones, no s\u00f3lo ha sido sufrida, sino tambi\u00e9n afrontada y pensada por los pobres. Los movimientos de trabajadores, de mujeres y de j\u00f3venes, as\u00ed como la lucha contra la discriminaci\u00f3n racial, han dado lugar a una nueva conciencia de la dignidad de los marginados. Tambi\u00e9n el aporte de la Doctrina Social de la Iglesia tiene en s\u00ed esta ra\u00edz popular que no se debe olvidar; ser\u00eda inimaginable su relectura de la revelaci\u00f3n cristiana en las modernas circunstancias sociales, laborales, econ\u00f3micas y culturales sin los laicos cristianos lidiando con los desaf\u00edos de su tiempo. A su lado trabajaron religiosas y religiosos, testigos de una Iglesia en salida de los caminos ya recorridos. El cambio de \u00e9poca que estamos afrontando hace hoy a\u00fan m\u00e1s necesaria la continua interacci\u00f3n entre los bautizados y el Magisterio, entre los ciudadanos y los expertos, entre el pueblo y las instituciones. En particular, se reconoce nuevamente que la realidad se ve mejor desde los m\u00e1rgenes y que los pobres son sujetos de una inteligencia espec\u00edfica, indispensable para la Iglesia y la humanidad.<\/p>\n<p>83. El Magisterio de los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os ofrece una aut\u00e9ntica fuente de ense\u00f1anzas referidas a los pobres. De ese modo, los Obispos de Roma se han hecho voz de nuevas conciencias, tomadas en consideraci\u00f3n para el discernimiento eclesial. Por ejemplo, en la carta enc\u00edclica Rerum novarum (1891), Le\u00f3n XIII afront\u00f3 la cuesti\u00f3n del trabajo, poniendo al descubierto la situaci\u00f3n intolerable de muchos obreros de la industria, proponiendo la instauraci\u00f3n de un orden social justo. Otros pont\u00edfices tambi\u00e9n se han expresado en esta misma l\u00ednea. Con la enc\u00edclica Mater et Magistra (1961) san Juan XXIII se hizo promotor de una justicia de dimensiones mundiales: los pa\u00edses ricos no pod\u00edan permanecer indiferentes ante los pa\u00edses oprimidos por el hambre y la miseria, sino que estaban llamados a socorrerlos generosamente con todos sus recursos.<\/p>\n<p>84. El Concilio Vaticano II representa una etapa fundamental en el discernimiento eclesial en relaci\u00f3n a los pobres, a la luz de la Revelaci\u00f3n. Si bien en los documentos preparatorios este tema fue marginal, desde el radiomensaje del 11 de septiembre de 1962, a un mes de la apertura del Concilio, san Juan XXIII centr\u00f3 la atenci\u00f3n sobre el mismo con palabras inolvidables: \u00abLa Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres\u00bb.[76] Fue pues el gran trabajo de obispos, te\u00f3logos y expertos preocupados por la renovaci\u00f3n de la Iglesia \u2015con el apoyo del mismo san Juan XXIII\u2015 lo que reorient\u00f3 el Concilio. Es fundamental la naturaleza cristoc\u00e9ntrica, es decir, doctrinal y no s\u00f3lo social, de tal fermento. Numerosos padres conciliares, en efecto, favorecieron la consolidaci\u00f3n de la conciencia, bien expresada por el cardenal Lercaro en su memorable intervenci\u00f3n del 6 de diciembre de 1962, de que \u00abel misterio de Cristo en la Iglesia es siempre, pero sobre todo hoy, el misterio de Cristo en los pobres\u00bb,[77] y de que \u00abno se trata de un tema m\u00e1s, sino que en cierto sentido es el \u00fanico tema de todo el Vaticano II\u00bb.[78] El arzobispo de Bolonia, preparando el texto de esta intervenci\u00f3n, anotaba: \u00abEsta es la hora de los pobres, de los millones de pobres que est\u00e1n en toda la tierra, esta es la hora del misterio de la Iglesia madre de los pobres, esta es la hora del misterio de Cristo sobre todo en el pobre\u00bb.[79] Se perfilaba de ese modo la necesidad de una nueva forma eclesial, m\u00e1s sencilla y sobria, que implicase a todo el pueblo de Dios y a su figura hist\u00f3rica. Una Iglesia m\u00e1s semejante a su Se\u00f1or que a las potencias mundanas, dirigida a estimular en toda la humanidad un compromiso concreto para resolver el gran problema de la pobreza en el mundo.<\/p>\n<p>85. San Pablo VI, con ocasi\u00f3n de la apertura de la segunda sesi\u00f3n del Concilio, retom\u00f3 el tema planteado por su predecesor respecto a la Iglesia que mira con particular inter\u00e9s \u00aba los pobres, a los necesitados, a los afligidos, a los hambrientos, a los enfermos, a los encarcelados, es decir, mira a toda la humanidad que sufre y que llora; \u00e9sta le pertenece por derecho evang\u00e9lico\u00bb.[80] En la Audiencia general del 11 de noviembre de 1964, subray\u00f3 que \u00abel pobre es representante de Cristo\u00bb y, acercando la imagen del Se\u00f1or en los \u00faltimos a la que se manifiesta en el Papa, afirm\u00f3: \u00abLa representaci\u00f3n de Cristo en el pobre es universal, todo pobre refleja a Cristo; la del Papa es personal. [\u2026] El pobre y Pedro pueden coincidir, pueden ser la misma persona, revestida de una doble representaci\u00f3n: la de la pobreza y la de la autoridad\u00bb.[81] De ese modo, el v\u00ednculo intr\u00ednseco entre la Iglesia y los pobres era expresado simb\u00f3licamente con una original claridad.<\/p>\n<p>86. En la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, actualizando la herencia de los Padres de la Iglesia, el Concilio afirm\u00f3 con fuerza el destino universal de los bienes de la tierra y la funci\u00f3n social de la propiedad que deriva de ello: \u00abDios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos [\u2026]. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que leg\u00edtimamente posee como exclusivamente suyas, sino tambi\u00e9n como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a \u00e9l solamente, sino tambi\u00e9n a los dem\u00e1s. Por lo dem\u00e1s, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para s\u00ed mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. [\u2026] Quien se halla en situaci\u00f3n de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para s\u00ed. [\u2026] La misma propiedad privada tiene tambi\u00e9n, por su misma naturaleza, una \u00edndole social, cuyo fundamento reside en el destino com\u00fan de los bienes. Cuando esta \u00edndole social es descuidada, la propiedad muchas veces se convierte en ocasi\u00f3n de ambiciones y graves des\u00f3rdenes\u00bb.[82] Esta convicci\u00f3n fue impulsada nuevamente por san Pablo VI en la enc\u00edclica Populorum progressio, donde leemos que nadie puede considerarse autorizado a \u00abreservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los dem\u00e1s les falta lo necesario\u00bb.[83] En su intervenci\u00f3n en las Naciones Unidas, el Papa Montini se present\u00f3 como el abogado de los pueblos pobres,[84] solicitando a la comunidad internacional la edificaci\u00f3n de un mundo solidario.<\/p>\n<p>87. Con san Juan Pablo II se consolida, al menos en el \u00e1mbito doctrinal, la relaci\u00f3n preferencial de la Iglesia con los pobres. Su magisterio ha reconocido, en efecto, que la opci\u00f3n por los pobres es una \u00abforma especial de primac\u00eda en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradici\u00f3n de la Iglesia\u00bb.[85] En la enc\u00edclica Sollicitudo rei socialis escribe tambi\u00e9n que hoy, vista la dimensi\u00f3n mundial que ha adquirido la cuesti\u00f3n social, \u00abeste amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados m\u00e9dicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor: no se puede olvidar la existencia de esta realidad. Ignorarlo significar\u00eda parecernos al \u201crico epul\u00f3n\u201d que fing\u00eda no conocer al mendigo L\u00e1zaro, postrado a su puerta (cf. Lc 16,19-31)\u00bb.[86] Su ense\u00f1anza sobre el trabajo adquiere importancia cuando queremos pensar en el rol activo de los pobres en la renovaci\u00f3n de la Iglesia y de la sociedad, dejando atr\u00e1s el paternalismo de la mera asistencia de sus necesidades inmediatas. En la enc\u00edclica Laborem exercens afirma que \u00abel trabajo humano es una clave, quiz\u00e1 la clave esencial, de toda la cuesti\u00f3n social\u00bb.[87]<\/p>\n<p>88. Frente a las m\u00faltiples crisis que han caracterizado el comienzo del tercer milenio, la lectura de Benedicto XVI se hace m\u00e1s marcadamente pol\u00edtica. As\u00ed, en la carta enc\u00edclica Caritas in veritate afirma que \u00abse ama al pr\u00f3jimo tanto m\u00e1s eficazmente, cuanto m\u00e1s se trabaja por un bien com\u00fan que responda tambi\u00e9n a sus necesidades reales\u00bb.[88] Adem\u00e1s, observa que \u00abel hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el m\u00e1s importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones econ\u00f3micas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad pol\u00edtica nacional e internacional\u00bb.[89]<\/p>\n<p>89. El Papa Francisco ha reconocido c\u00f3mo, adem\u00e1s del magisterio de los Obispos de Roma, en los \u00faltimos decenios se han hecho cada vez m\u00e1s frecuentes los posicionamientos adoptados por las Conferencias episcopales nacionales y regionales al respecto. Por ejemplo, \u00e9l pudo testimoniar en primera persona el compromiso particular del episcopado latinoamericano al reflexionar sobre la relaci\u00f3n de la Iglesia con los pobres. En el per\u00edodo postconciliar, en casi todos los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina se sinti\u00f3 fuertemente la identificaci\u00f3n de la Iglesia con los pobres y la participaci\u00f3n activa en su rescate. Fue el coraz\u00f3n mismo de la Iglesia el que se conmovi\u00f3 ante tanta gente pobre que sufr\u00eda desempleo, subempleo, salarios inicuos y estaba obligada a vivir en condiciones miserables. El martirio de san \u00d3scar Romero, arzobispo de San Salvador, fue al mismo tiempo un testimonio y una exhortaci\u00f3n viva para la Iglesia. \u00c9l sinti\u00f3 como propio el drama de la gran mayor\u00eda de sus fieles y los hizo el centro de su opci\u00f3n pastoral. Las Conferencias del Episcopado Latinoamericano en Medell\u00edn, Puebla, Santo Domingo y Aparecida constituyen etapas significativas tambi\u00e9n para toda la Iglesia. Yo mismo, misionero durante largos a\u00f1os en Per\u00fa, debo mucho a este camino de discernimiento eclesial, que el Papa Francisco ha sabido unir sabiamente al de otras Iglesias particulares, especialmente las del Sur global. Ahora quisiera referirme a dos temas espec\u00edficos de este magisterio episcopal.<\/p>\n<p><em><strong>Estructuras de pecado que causan pobreza y desigualdades extremas<\/strong><\/em><\/p>\n<p>90. En Medell\u00edn, los obispos se pronunciaron en favor de la opci\u00f3n preferencial por los pobres: \u00abCristo nuestro Salvador, no s\u00f3lo am\u00f3 a los pobres, sino que \u201csiendo rico se hizo pobre\u201d, vivi\u00f3 en la pobreza, centr\u00f3 su misi\u00f3n en el anuncio a los pobres de su liberaci\u00f3n y fund\u00f3 su Iglesia como signo de esa pobreza entre los hombres. [&#8230;] La pobreza de tantos hermanos clama justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superaci\u00f3n para el cumplimiento pleno de la misi\u00f3n salv\u00edfica encomendada por Cristo\u00bb.[90] Los obispos afirmaron con fuerza que la Iglesia, para ser plenamente fiel a su vocaci\u00f3n, no s\u00f3lo debe compartir la condici\u00f3n de los pobres, sino tambi\u00e9n ponerse de su lado, comprometi\u00e9ndose diligentemente en su promoci\u00f3n integral. La Conferencia de Puebla, ante el agravamiento de la pobreza en Am\u00e9rica Latina, confirm\u00f3 la decisi\u00f3n de Medell\u00edn con una opci\u00f3n franca y prof\u00e9tica en favor de los pobres, y calific\u00f3 las estructuras de injusticia como \u201cpecado social\u201d.<\/p>\n<p>91. La caridad es una fuerza que cambia la realidad, una aut\u00e9ntica potencia hist\u00f3rica de cambio. Es la fuente a la que debe hacer referencia todo compromiso para \u00abresolver las causas estructurales de la pobreza\u00bb,[91] y llevarlo a cabo urgentemente. Hago votos, por lo tanto, para \u00abque crezca el n\u00famero de pol\u00edticos capaces de entrar en un aut\u00e9ntico di\u00e1logo que se oriente eficazmente a sanar las ra\u00edces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo\u00bb,[92] porque \u00abse trata de escuchar el clamor de pueblos enteros, de los pueblos m\u00e1s pobres de la tierra\u00bb.[93]<\/p>\n<p>92. Por lo tanto, es preciso seguir denunciando la \u201cdictadura de una econom\u00eda que mata\u201d y reconocer que \u00abmientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayor\u00eda se quedan cada vez m\u00e1s lejos del bienestar de esa minor\u00eda feliz. Este desequilibrio proviene de ideolog\u00edas que defienden la autonom\u00eda absoluta de los mercados y la especulaci\u00f3n financiera. De ah\u00ed que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien com\u00fan. Se instaura una nueva tiran\u00eda invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas\u00bb.[94] Aunque no faltan diferentes teor\u00edas que intentan justificar el estado actual de las cosas, o explicar que la racionalidad econ\u00f3mica nos exige que esperemos a que las fuerzas invisibles del mercado resuelvan todo, la dignidad de cada persona humana debe ser respetada ahora, no ma\u00f1ana, y la situaci\u00f3n de miseria de muchas personas a quienes esta dignidad se niega debe ser una llamada constante para nuestra conciencia.<\/p>\n<p>93. En la enc\u00edclica Dilexit nos, el Papa Francisco ha recordado c\u00f3mo el pecado social toma la forma de \u201cestructura de pecado\u201d en la sociedad, que \u00abmuchas veces [\u2026] se inserta en una mentalidad dominante que considera normal o racional lo que no es m\u00e1s que ego\u00edsmo e indiferencia. Este fen\u00f3meno se puede definir \u201calienaci\u00f3n social\u201d\u00bb.[95] Se vuelve normal ignorar a los pobres y vivir como si no existieran. Se presenta como elecci\u00f3n racional organizar la econom\u00eda pidiendo sacrificios al pueblo, para alcanzar ciertos objetivos que interesan a los poderosos; mientras que a los pobres s\u00f3lo les quedan promesas de \u201cgotas\u201d que caer\u00e1n, hasta que una nueva crisis global los lleve de regreso a la situaci\u00f3n anterior. Es una aut\u00e9ntica alienaci\u00f3n aquella que lleva s\u00f3lo a encontrar excusas te\u00f3ricas y no a tratar de resolver hoy los problemas concretos de los que sufren. Lo dec\u00eda ya san Juan Pablo II: \u00abEst\u00e1 alienada una sociedad que, en sus formas de organizaci\u00f3n social, de producci\u00f3n y consumo, hace m\u00e1s dif\u00edcil la realizaci\u00f3n de esta donaci\u00f3n y la formaci\u00f3n de esa solidaridad interhumana\u00bb.[96]<\/p>\n<p>94. Debemos comprometernos cada vez m\u00e1s para resolver las causas estructurales de la pobreza. Es una urgencia que \u00abno puede esperar, no s\u00f3lo por una exigencia pragm\u00e1tica de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve fr\u00e1gil e indigna y que s\u00f3lo podr\u00e1 llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, s\u00f3lo deber\u00edan pensarse como respuestas pasajeras\u00bb.[97] La falta de equidad \u00abes ra\u00edz de los males sociales\u00bb.[98] En efecto, \u00abmuchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos\u00bb.[99]<\/p>\n<p>95. Resulta que \u00aben el vigente modelo \u201cexitista\u201d y \u201cprivatista\u201d no parece tener sentido invertir para que los lentos, d\u00e9biles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida\u00bb.[100] La pregunta recurrente es siempre la misma: \u00bflos menos dotados no son personas humanas? \u00bfLos d\u00e9biles no tienen nuestra misma dignidad? \u00bfLos que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y s\u00f3lo deben limitarse a sobrevivir? De nuestra respuesta a estos interrogantes depende el valor de nuestras sociedades y tambi\u00e9n nuestro futuro. O reconquistamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad. Si no nos detenemos a tomar las cosas en serio continuaremos as\u00ed, de manera expl\u00edcita o disimulada, legitimando \u00abel modelo distributivo actual, donde una minor\u00eda se cree con el derecho de consumir en una proporci\u00f3n que ser\u00eda imposible generalizar, porque el planeta no podr\u00eda ni siquiera contener los residuos de semejante consumo\u00bb.[101]<\/p>\n<p>96. Entre las cuestiones estructurales \u2014que no es posible imaginar que se resuelvan de lo alto y que requieren ser asumidas lo antes posible\u2014 est\u00e1 el tema de los lugares, los espacios, las casas y las ciudades donde los pobres viven y transitan. Lo sabemos, \u00ab\u00a1qu\u00e9 hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integraci\u00f3n un nuevo factor de desarrollo! \u00a1Qu\u00e9 lindas son las ciudades que, aun en su dise\u00f1o arquitect\u00f3nico, est\u00e1n llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!\u00bb.[102] Al mismo tiempo, \u00abno podemos dejar de considerar los efectos de la degradaci\u00f3n ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas\u00bb.[103] De hecho, \u00abel deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los m\u00e1s d\u00e9biles del planeta\u00bb.[104]<\/p>\n<p>97. Por consiguiente, es responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios hacer o\u00edr, de diferentes maneras, una voz que despierte, que denuncie y que se exponga, aun a costo de parecer \u201cest\u00fapidos\u201d. Las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a trav\u00e9s de un cambio de mentalidad, pero tambi\u00e9n con la ayuda de las ciencias y la t\u00e9cnica, mediante el desarrollo de pol\u00edticas eficaces en la transformaci\u00f3n de la sociedad. Siempre debe recordarse que la propuesta del Evangelio no es s\u00f3lo la de una relaci\u00f3n individual e \u00edntima con el Se\u00f1or. La propuesta es m\u00e1s amplia: \u00abes el Reino de Dios (cf. Lc 4,43); se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que \u00c9l logre reinar entre nosotros, la vida social ser\u00e1 \u00e1mbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino\u00bb.[105]<\/p>\n<p>98. En fin, un documento que al principio no fue bien acogido por algunos, nos ofrece una reflexi\u00f3n siempre actual: \u00abA los defensores de \u201cla ortodoxia\u201d, se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y de los reg\u00edmenes pol\u00edticos que las mantienen. La conversi\u00f3n espiritual, la intensidad del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evang\u00e9lico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos, y especialmente a los pastores y a los responsables. La preocupaci\u00f3n por la pureza de la fe ha de ir unida a la preocupaci\u00f3n por aportar, con una vida teologal integral, la respuesta de un testimonio eficaz de servicio al pr\u00f3jimo, y particularmente al pobre y al oprimido\u00bb.[106]<\/p>\n<p><em><strong>Los pobres como sujetos<\/strong><\/em><\/p>\n<p>99. Un don fundamental para el camino de la Iglesia universal est\u00e1 representado por el discernimiento de la Conferencia de Aparecida, donde los obispos latinoamericanos explicitaron que la opci\u00f3n preferencial de la Iglesia por los pobres \u00abest\u00e1 impl\u00edcita en la fe cristol\u00f3gica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza\u00bb.[107] En el documento se contextualiza la misi\u00f3n en la actual situaci\u00f3n del mundo globalizado, con sus nuevos y dram\u00e1ticos desequilibrios,[108] y los obispos, en el mensaje final, escriben: \u00abLas agudas diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empe\u00f1o en ser disc\u00edpulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opci\u00f3n preferencial y evang\u00e9lica por los pobres\u00bb.[109]<\/p>\n<p>100. Al mismo tiempo, el documento \u2014profundizando un tema ya presente en las Conferencias precedentes del episcopado de Am\u00e9rica Latina\u2014 insiste en la necesidad de considerar a las comunidades marginadas como sujetos capaces de crear su propia cultura, m\u00e1s que como objetos de beneficencia. Esto implica que dichas comunidades tienen el derecho de vivir el Evangelio, de celebrar y comunicar la fe seg\u00fan los valores presentes en su cultura. La experiencia de la pobreza les da la capacidad para reconocer aspectos de la realidad que otros no son capaces de ver, y por esta raz\u00f3n la sociedad necesita escucharlos. Lo mismo vale para la Iglesia, que debe valorizar positivamente la manera \u201cpopular\u201d que ellos tienen de vivir la fe. Un hermoso texto del documento final de Aparecida nos ayuda a reflexionar sobre este punto, para encontrar la actitud correcta: \u00abS\u00f3lo la cercan\u00eda que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus leg\u00edtimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. [&#8230;] D\u00eda a d\u00eda, los pobres se hacen sujetos de la evangelizaci\u00f3n y de la promoci\u00f3n humana integral: educan a sus hijos en la fe, viven una constante solidaridad entre parientes y vecinos, buscan constantemente a Dios y dan vida al peregrinar de la Iglesia. A la luz del Evangelio reconocemos su inmensa dignidad y su valor sagrado a los ojos de Cristo, pobre como ellos y excluido entre ellos. Desde esta experiencia creyente, compartiremos con ellos la defensa de sus derechos\u00bb.[110]<\/p>\n<p>101. Todo esto comporta la presencia de un aspecto en la opci\u00f3n por los pobres que debemos recordar constantemente: esta opci\u00f3n, en efecto, exige de nuestra parte \u00abuna atenci\u00f3n puesta en el otro [\u2026]. Esta atenci\u00f3n amante es el inicio de una verdadera preocupaci\u00f3n por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien. Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque \u00e9l es bello, m\u00e1s all\u00e1 de su apariencia. [\u2026] S\u00f3lo desde esta cercan\u00eda real y cordial podemos acompa\u00f1arlos adecuadamente en su camino de liberaci\u00f3n\u00bb.[111] Por esta raz\u00f3n, dirijo un sincero agradecimiento a todos los que han escogido vivir entre los pobres; es decir, a aquellos que no van a visitarlos de vez en cuando, sino que viven con ellos y como ellos. Esta es una opci\u00f3n que debe encontrar lugar entre las formas m\u00e1s altas de vida evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>102. En esta perspectiva, aparece claramente la necesidad de que \u00abtodos nos dejemos evangelizar\u00bb[112] por los pobres, y que todos reconozcamos \u00abla misteriosa sabidur\u00eda que Dios quiere comunicarnos a trav\u00e9s de ellos\u00bb.[113] Crecidos en la extrema precariedad, aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones m\u00e1s dif\u00edciles, confiando en Dios con la certeza de que nadie m\u00e1s los toma en serio, ayud\u00e1ndose mutuamente en los momentos m\u00e1s oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su coraz\u00f3n. Aquellos entre nosotros que no han experimentado situaciones similares, de una vida vivida en el l\u00edmite, seguramente tienen mucho que recibir de esa fuente de sabidur\u00eda que constituye la experiencia de los pobres. S\u00f3lo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>CAP\u00cdTULO QUINTO<\/strong><br \/>\n<strong>UN DESAF\u00cdO PERMANENTE<\/strong><\/p>\n<p>103. He decidido recordar esta bimilenaria historia de atenci\u00f3n eclesial a los pobres y con los pobres para mostrar que \u00e9sta forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El cuidado de los pobres forma parte de la gran Tradici\u00f3n de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos. Por tanto, debemos sentir la urgencia de invitar a todos a sumergirse en este r\u00edo de luz y de vida que proviene del reconocimiento de Cristo en el rostro de los necesitados y de los que sufren. El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el coraz\u00f3n de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de los fieles. La Iglesia, en cuanto Cuerpo de Cristo, siente como su propia \u201ccarne\u201d la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que va en camino. Por esta raz\u00f3n, el amor a los que son pobres \u2014en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza\u2014 es la garant\u00eda evang\u00e9lica de una Iglesia fiel al coraz\u00f3n de Dios. De hecho, cada renovaci\u00f3n eclesial ha tenido siempre como prioridad la atenci\u00f3n preferencial por los pobres, que se diferencia, tanto en las motivaciones como en el estilo, de las actividades de cualquier otra organizaci\u00f3n humanitaria.<\/p>\n<p>104. El cristiano no puede considerar a los pobres s\u00f3lo como un problema social; estos son una \u201ccuesti\u00f3n familiar\u201d, son \u201cde los nuestros\u201d. Nuestra relaci\u00f3n con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia. Como ense\u00f1a la Conferencia de Aparecida, \u00abse nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atenci\u00f3n, escucharlos con inter\u00e9s, acompa\u00f1arlos en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles, eligi\u00e9ndolos para compartir horas, semanas o a\u00f1os de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformaci\u00f3n de su situaci\u00f3n. No podemos olvidar que el mismo Jes\u00fas lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras\u00bb.[114]<\/p>\n<p><em><strong>El buen samaritano de nuevo<\/strong><\/em><\/p>\n<p>105. La cultura dominante de los inicios de este milenio instiga a abandonar a los pobres a su propio destino, a no juzgarlos dignos de atenci\u00f3n y mucho menos de aprecio. En la enc\u00edclica Fratelli tutti el Papa Francisco nos invitaba a reflexionar sobre la par\u00e1bola del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37), precisamente para profundizar en este punto. En dicha par\u00e1bola vemos que, frente a aquel hombre herido y abandonado en el camino, las actitudes de aquellos que pasan son distintas. S\u00f3lo el buen samaritano se ocupa de cuidarlo. Entonces vuelve la pregunta que interpela a cada uno en primera persona: \u00ab\u00bfCon qui\u00e9n te identificas? Esta pregunta es cruda, directa y determinante. \u00bfA cu\u00e1l de ellos te pareces? Nos hace falta reconocer la tentaci\u00f3n que nos circunda de desentendernos de los dem\u00e1s; especialmente de los m\u00e1s d\u00e9biles. Dig\u00e1moslo, hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompa\u00f1ar, cuidar y sostener a los m\u00e1s fr\u00e1giles y d\u00e9biles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente\u00bb.[115]<\/p>\n<p>106. Y nos hace mucho bien descubrir que aquella escena del buen samaritano se repite tambi\u00e9n hoy. Recordemos esta situaci\u00f3n de nuestros d\u00edas: \u00abCuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fr\u00eda, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguij\u00f3n molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los pol\u00edticos, y quiz\u00e1 hasta una basura que ensucia el espacio p\u00fablico. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en \u00e9l a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo. \u00a1Eso es ser cristianos! \u00bfO acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?\u00bb.[116] \u00bfQu\u00e9 hizo el buen samaritano?<\/p>\n<p>107. La pregunta se vuelve urgente, porque nos ayuda a darnos cuenta de una grave falta en nuestras sociedades y tambi\u00e9n en nuestras comunidades cristianas. El hecho es que muchas formas de indiferencia que hoy encontramos \u00abson signos de un estilo de vida generalizado, que se manifiesta de diversas maneras, quiz\u00e1s m\u00e1s sutiles. Adem\u00e1s, como todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son s\u00edntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor. Mejor no caer en esa miseria. Miremos el modelo del buen samaritano\u00bb.[117] Las \u00faltimas palabras de la par\u00e1bola evang\u00e9lica \u2014\u00abVe, y procede t\u00fa de la misma manera\u00bb (Lc 10,37)\u2014 son un mandamiento que un cristiano debe o\u00edr resonar cada d\u00eda en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p><em><strong>Un desaf\u00edo ineludible para la Iglesia de hoy<\/strong><\/em><\/p>\n<p>108. En una \u00e9poca particularmente dif\u00edcil para la Iglesia de Roma, cuando las instituciones imperiales estaban colapsando bajo la presi\u00f3n de los b\u00e1rbaros, san Gregorio Magno amonestaba a sus fieles de este modo: \u00abTodos los d\u00edas, si lo buscamos, hallamos a L\u00e1zaro, y, aunque no lo busquemos, le tenemos a la vista. Ved que a todas horas se presentan los pobres y que ahora nos piden ellos, que luego vendr\u00e1n como intercesores nuestros. [&#8230;] No perd\u00e1is el tiempo de la misericordia; no hag\u00e1is caso omiso de los remedios que hab\u00e9is recibido\u00bb.[118] No sin valent\u00eda, \u00e9l desafiaba los prejuicios generalizados hacia los pobres, como los de quienes los consideraban responsables de su propia miseria: \u00abCuando veis que algunos pobres hacen algunas cosas reprensibles: no los despreci\u00e9is, no desconfi\u00e9is, porque tal vez la fragua de la pobreza purifica el exceso de alguna maldad peque\u00f1\u00edsima que los mancha\u00bb.[119] No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad s\u00f3lo puede realizarse si logramos prescindir de los dem\u00e1s. En esto, los pobres pueden ser para nosotros como maestros silenciosos, devolviendo nuestro orgullo y arrogancia a una justa humildad.<\/p>\n<p>109. Si es verdad que los pobres son sostenidos por quienes tienen medios econ\u00f3micos, tambi\u00e9n se puede afirmar con certeza lo contrario. Esta es una sorprendente experiencia corroborada por la misma tradici\u00f3n cristiana y que se vuelve un verdadero punto de inflexi\u00f3n en nuestra vida personal, cuando caemos en la cuenta de que justamente los pobres son quienes nos evangelizan. \u00bfDe qu\u00e9 manera? Los pobres, en el silencio de su misma condici\u00f3n, nos colocan frente a la realidad de nuestra debilidad. El anciano, por ejemplo, con la debilidad de su cuerpo, nos recuerda nuestra vulnerabilidad, aun cuando buscamos esconderla detr\u00e1s del bienestar o de la apariencia. Adem\u00e1s, los pobres nos hacen reflexionar sobre la precariedad de aquel orgullo agresivo con el que frecuentemente afrontamos las dificultades de la vida. En esencia, ellos revelan nuestra fragilidad y el vac\u00edo de una vida aparentemente protegida y segura. Al respecto, volvemos a escuchar estas palabras de san Gregorio Magno: \u00abNadie, pues, se cuente seguro diciendo: Ea, yo no robo lo ajeno, sino que disfruto buenamente de los bienes que he recibido; porque este rico no fue castigado precisamente por robar lo ajeno, sino porque malamente reserv\u00f3 para s\u00ed solo los bienes que hab\u00eda recibido. Tambi\u00e9n le llev\u00f3 al infierno esto: el no vivir temeroso en medio de su felicidad, el hacer servir a su arrogancia los dones recibidos, el no tener entra\u00f1as de caridad\u00bb.[120]<\/p>\n<p>110. Para nosotros cristianos, la cuesti\u00f3n de los pobres conduce a lo esencial de nuestra fe. La opci\u00f3n preferencial por los pobres, es decir, el amor de la Iglesia hacia ellos, como ense\u00f1aba san Juan Pablo II, \u00abes determinante y pertenece a su constante tradici\u00f3n, la impulsa a dirigirse al mundo en el cual, no obstante el progreso t\u00e9cnico-econ\u00f3mico, la pobreza amenaza con alcanzar formas gigantescas\u00bb.[121] La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categor\u00eda sociol\u00f3gica, sino la misma carne de Cristo. En efecto, no es suficiente limitarse a enunciar en modo general la doctrina de la encarnaci\u00f3n de Dios; para adentrarse en serio en este misterio, en cambio, es necesario especificar que el Se\u00f1or se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que est\u00e1 enferma, encarcelada. \u00abUna Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qu\u00e9 es esta pobreza, la pobreza del Se\u00f1or. Y esto no es f\u00e1cil\u00bb.[122]<\/p>\n<p>111. El coraz\u00f3n de la Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres, excluidos y marginados, con aquellos que son considerados un \u201cdescarte\u201d de la sociedad. Los pobres est\u00e1n en el centro de la Iglesia, porque es desde la \u00abfe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, [que] brota la preocupaci\u00f3n por el desarrollo integral de los m\u00e1s abandonados de la sociedad\u00bb.[123] En el coraz\u00f3n de cada fiel se encuentra \u00abla exigencia de escuchar este clamor [que] brota de la misma obra liberadora de la gracia en cada uno de nosotros, por lo cual no se trata de una misi\u00f3n reservada s\u00f3lo a algunos\u00bb.[124]<\/p>\n<p>112. A veces se percibe en algunos movimientos o grupos cristianos la carencia o incluso la ausencia del compromiso por el bien com\u00fan de la sociedad y, en particular, por la defensa y la promoci\u00f3n de los m\u00e1s d\u00e9biles y desfavorecidos. A este respecto, es necesario recordar que la religi\u00f3n, especialmente la cristiana, no puede limitarse al \u00e1mbito privado, como si los fieles no tuvieran que preocuparse tambi\u00e9n de los problemas relativos a la sociedad civil y de los acontecimientos que afectan a los ciudadanos.[125]<\/p>\n<p>113. En realidad, \u00abcualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, tambi\u00e9n correr\u00e1 el riesgo de la disoluci\u00f3n, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. F\u00e1cilmente terminar\u00e1 sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con pr\u00e1cticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vac\u00edos\u00bb.[126]<\/p>\n<p>114. No estamos hablando s\u00f3lo de la asistencia y del necesario compromiso por la justicia. Los creyentes deben darse cuenta de otra forma de incoherencia respecto a los pobres. En verdad, \u00abla peor discriminaci\u00f3n que sufren los pobres es la falta de atenci\u00f3n espiritual [\u2026]. La opci\u00f3n preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atenci\u00f3n religiosa privilegiada y prioritaria\u00bb.[127] No obstante, esta atenci\u00f3n espiritual hacia los pobres es puesta en discusi\u00f3n por ciertos prejuicios, tambi\u00e9n por parte de cristianos, porque nos sentimos m\u00e1s a gusto sin los pobres. Hay quienes siguen diciendo: \u201cNuestra tarea es rezar y ense\u00f1ar la verdadera doctrina\u201d. Pero, desvinculando este aspecto religioso de la promoci\u00f3n integral, agregan que s\u00f3lo el gobierno deber\u00eda encargarse de ellos, o que ser\u00eda mejor dejarlos en la miseria, para que aprendan a trabajar. A veces, sin embargo, se asumen criterios pseudocient\u00edficos para decir que la libertad de mercado traer\u00e1 espont\u00e1neamente la soluci\u00f3n al problema de la pobreza. O incluso, se opta por una pastoral de las llamadas \u00e9lites, argumentando que, en vez de perder el tiempo con los pobres, es mejor ocuparse de los ricos, de los poderosos y de los profesionales, para que, por medio de ellos, se puedan alcanzar soluciones m\u00e1s eficaces. Es f\u00e1cil percibir la mundanidad que se esconde detr\u00e1s de estas opiniones; estas nos llevan a observar la realidad con criterios superficiales y desprovistos de cualquier luz sobrenatural, prefiriendo c\u00edrculos sociales que nos tranquilizan o buscando privilegios que nos acomodan.<\/p>\n<p><em><strong>A\u00fan hoy, dar<\/strong><\/em><\/p>\n<p>115. Es bueno dedicar una \u00faltima palabra a la limosna, que hoy no goza de buena fama, a menudo incluso entre los creyentes. No s\u00f3lo no se practica, sino que adem\u00e1s se desprecia. Por un lado, confirmo que la ayuda m\u00e1s importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida m\u00e1s acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal. El hecho es que \u00abla falta de trabajo es mucho m\u00e1s que la falta de una fuente de ingresos para poder vivir. El trabajo es tambi\u00e9n esto, pero es mucho, mucho m\u00e1s. Trabajando nosotros nos hacemos m\u00e1s persona, nuestra humanidad florece, los j\u00f3venes se convierten en adultos solamente trabajando. La Doctrina Social de la Iglesia ha visto siempre el trabajo humano como participaci\u00f3n en la creaci\u00f3n que contin\u00faa cada d\u00eda, tambi\u00e9n gracias a las manos, a la mente y al coraz\u00f3n de los trabajadores\u00bb.[128] Por otro lado, si a\u00fan no existe esta posibilidad concreta, no podemos correr el riesgo de dejar a una persona abandonada a su suerte, sin lo indispensable para vivir dignamente. Y, por tanto, la limosna sigue siendo un momento necesario de contacto, de encuentro y de identificaci\u00f3n con la situaci\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>116. Es evidente, para quien ama de verdad, que la limosna no exime de sus responsabilidades a las autoridades competentes, ni elimina el compromiso organizado de las instituciones, y mucho menos sustituye la lucha leg\u00edtima por la justicia. Sin embargo, invita al menos a detenerse y a mirar al pobre a la cara, a tocarle y compartir con \u00e9l algo de lo suyo. De cualquier manera, la limosna, por peque\u00f1a que sea, infunde pietas en una vida social en la que todos se preocupan de su propio inter\u00e9s personal. Dice el libro de los Proverbios: \u00abEl hombre generoso ser\u00e1 bendecido, porque comparte su pan con el pobre\u00bb (Pr 22,9).<\/p>\n<p>117. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento contienen aut\u00e9nticos himnos a la limosna: \u00abPero t\u00fa s\u00e9 indulgente con el humilde y no le hagas esperar tu limosna, [\u2026] que el tesoro encerrado en tus graneros sea la limosna, y ella te preservar\u00e1 de todo mal\u00bb (Si 29,8.12). Y Jes\u00fas retoma esta ense\u00f1anza: \u00abVendan sus bienes y denlos como limosna. H\u00e1ganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo\u00bb (Lc 12,33).<\/p>\n<p>118. A san Juan Cris\u00f3stomo se le atribu\u00eda esta exhortaci\u00f3n: \u00abLa limosna es el ala de la oraci\u00f3n; si no le das alas a la oraci\u00f3n, no volar\u00e1\u00bb.[129] Y san Gregorio Nacianceno conclu\u00eda una de sus c\u00e9lebres oraciones con estas palabras: \u00abEn verdad, si en algo confi\u00e1is en m\u00ed, siervos de Cristo, hermanos y coherederos, mientras llega el momento, visitemos a Cristo, curemos a Cristo, alimentemos a Cristo, vistamos a Cristo, hospedemos a Cristo, honremos a Cristo; no s\u00f3lo en la mesa, como algunos; ni con perfumes, como Mar\u00eda; no s\u00f3lo en el sepulcro, como Jos\u00e9 de Arimatea; ni con lo relativo a la sepultura, como Nicodemo, que amaba a Cristo a medias; ni con oro, incienso y mirra, como los Magos, anteriores a los mencionados; sino puesto que el Se\u00f1or del universo quiere misericordia y no sacrificio [\u2026], ofrezc\u00e1mosle esa compasi\u00f3n por medio de los necesitados y de los que ahora se encuentran arrojados por tierra, para que, cuando salgamos de aqu\u00ed abajo, seamos recibidos en las moradas eternas\u00bb.[130]<\/p>\n<p>119. Hay que alimentar el amor y las convicciones m\u00e1s profundas, y eso se hace con gestos. Permanecer en el mundo de las ideas y las discusiones, sin gestos personales, asiduos y sinceros, ser\u00eda la perdici\u00f3n de nuestros sue\u00f1os m\u00e1s preciados. Por esta sencilla raz\u00f3n, como cristianos, no renunciamos a la limosna. Es un gesto que se puede hacer de diferentes formas, y que podemos intentar hacer de la manera m\u00e1s eficaz, pero es preciso hacerlo. Y siempre ser\u00e1 mejor hacer algo que no hacer nada. En todo caso nos llegar\u00e1 al coraz\u00f3n. No ser\u00e1 la soluci\u00f3n a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres.<\/p>\n<p>120. El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, re\u00fane a los extra\u00f1os, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables, penetra en los rincones m\u00e1s ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, el amor cristiano es prof\u00e9tico, hace milagros, no tiene l\u00edmites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone l\u00edmites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino s\u00f3lo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy.<\/p>\n<p>121. Ya sea a trav\u00e9s del trabajo que ustedes realizan, o de su compromiso por cambiar las estructuras sociales injustas, o por medio de esos gestos sencillos de ayuda, muy cercanos y personales, ser\u00e1 posible para aquel pobre sentir que las palabras de Jes\u00fas son para \u00e9l: \u00abYo te he amado\u00bb (Ap 3,9).<\/p>\n<p>Dado en Roma, junto a San Pedro, el 4 de octubre, memoria de san Francisco de As\u00eds, del a\u00f1o 2025, primero de mi Pontificado.<br \/>\nLE\u00d3N PP. XIV<br \/>\n_____________________<br \/>\n[1] Francisco, Carta enc. Dilexit nos (24 octubre 2024), 170: AAS 116 (2024), 1422.<br \/>\n[2] Ib\u00edd., 171: AAS 116 (2024), 1422-1423.<br \/>\n[3] Id., Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 96: AAS 110 (2018), 1137.<br \/>\n[4] Francisco, Encuentro con los representantes de los medios de comunicaci\u00f3n (16 marzo 2013): AAS 105 (2013), 381.<br \/>\n[5] J. Bergoglio \u2013 A. Skorka, Sobre el cielo y la tierra, Buenos Aires 2013, 214.<br \/>\n[6] S. Pablo VI, Homil\u00eda en la Santa Misa concelebrada durante la \u00faltima sesi\u00f3n p\u00fablica del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II (7 diciembre 1965): AAS 58 (1966), 55-56.<br \/>\n[7] Cf. Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 187: AAS 105 (2013), 1098.<br \/>\n[8] Ib\u00edd., 212: AAS 105 (2013), 1108.<br \/>\n[9] Id., Carta. enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 23: AAS 112 (2020), 977.<br \/>\n[10] Ib\u00edd., 21: AAS 112 (2020), 976.<br \/>\n[11] Consejo de las Comunidades Europeas, Decisi\u00f3n (85\/8\/CEE) relativa a una acci\u00f3n comunitaria espec\u00edfica de lucha contra la pobreza (19 diciembre 1984), art. 1, par. 2: Diario Oficial de las Comunidades Europeas, N. L 2\/24.<br \/>\n[12] Cf. S. Juan Pablo II, Catequesis (27 octubre 1999): L\u2019Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 29 octubre 1999, 3.<br \/>\n[13] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 197: AAS 105 (2013), 1102.<br \/>\n[14] Cf. id., Mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres (13 junio 2021), 3: AAS 113 (2021), 691: \u00abJes\u00fas no s\u00f3lo est\u00e1 de parte de los pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lecci\u00f3n tambi\u00e9n para sus disc\u00edpulos de todos los tiempos\u00bb.<br \/>\n[15] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 186: AAS 105 (2013), 1098.<br \/>\n[16] Id., Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 95: AAS 110 (2018), 1137.<br \/>\n[17] Ib\u00edd., 97: AAS 110 (2018), 1137.<br \/>\n[18] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 194: AAS 105 (2013), 1101.<br \/>\n[19] Francisco, Encuentro con los representantes de los medios de comunicaci\u00f3n (16 marzo 2013): AAS 105 (2013), 381.<br \/>\n[20] Conc. Ecum. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 8.<br \/>\n[21] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 48: AAS 105 (2013), 1040.<br \/>\n[22] En este cap\u00edtulo propondremos algunos de estos ejemplos de santidad, que no pretenden ser exhaustivos, sino indicativos del cuidado de los pobres que siempre ha caracterizado la presencia de la Iglesia en el mundo. Una reflexi\u00f3n detallada sobre la historia de esta atenci\u00f3n eclesial a los m\u00e1s pobres se encuentra en el libro de V. Paglia, Storia della povert\u00e0, Mil\u00e1n 2014.<br \/>\n[23] Cf. S. Ambrosio, De officiis ministrorum I, cap. 41, 205-206: CCSL 15, Turnhout 2000, 76-77; II, cap. 28, 140-143: CCSL 15, 148-149.<br \/>\n[24] Ib\u00edd. II, cap. 28, 140: CCSL 15, 148.<br \/>\n[25] Ib\u00edd.<br \/>\n[26] Ib\u00edd. II, cap. 28, 142: CCSL 15, 148.<br \/>\n[27] S. Ignacio de Antioqu\u00eda, Epistula ad Smyrnaeos, 6, 2: SCh 10bis, Par\u00eds 2007, 136-138.<br \/>\n[28] S. Policarpo, Epistula ad Philippenses, 6, 1: SCh 10bis, 186.<\/p>\n<p>[29] S. Justino, Apologia prima, 67, 6-7: SCh 507, Par\u00eds 2006, 310.<br \/>\n[30] S. Juan Cris\u00f3stomo, Homiliae in Matthaeum, 50, 3: PG 58, Par\u00eds 1862, 508.<br \/>\n[31] Ib\u00edd., 50, 4: PG 58, 509.<br \/>\n[32] Id., Homilia in Epistula ad Hebraeos, 11, 3: PG 63, Par\u00eds 1862, 94.<br \/>\n[33] Id., Homilia II De Lazaro, 6: PG 48, Par\u00eds 1862, 992.<br \/>\n[34] S. Ambrosio, De Nabuthae, 12, 53: CSEL 32\/2, Praga-Viena-Leipzig 1897, 498.<br \/>\n[35] S. Agust\u00edn, Enarrationes in Psalmos, 125, 12: CSEL 95\/3, Viena 2001, 181.<br \/>\n[36] Id., Sermo LXXXVI, 5: CCSL 41Ab, Turnhout 2019, 411-412.<br \/>\n[37] Pseudoagust\u00edn, Sermo CCCLXXXVIII, 2: PL 39, Par\u00eds 1862, 1700.<br \/>\n[38] S. Cipriano, De mortalitate, 16: CCSL 3A, Turnhout 1976, 25.<br \/>\n[39] Francisco, Mensaje para la XXX Jornada Mundial del Enfermo (10 diciembre 2021), 3: AAS 114 (2022), 51.<br \/>\n[40] S. Camilo de Lelis, Reglas de la Compa\u00f1\u00eda de los Ministros de los Enfermos, 27: M. Vanti (ed.), Scritti di San Camillo de Lellis, Mil\u00e1n 1965, 67.<br \/>\n[41] Sta. Luisa de Marillac, Carta a las Hermanas Claude Carr\u00e9 y Marie Gaudoin (28 noviembre 1657): E. Charpy (ed.), Sainte Louise de Marillac. \u00c9crits, Par\u00eds 1983, 576.<br \/>\n[42] S. Basilio Magno, Regulae fusius tractatae, 37, 1: PG 31, Par\u00eds 1857, 1009 C-D.<br \/>\n[43] Regula Benedicti, 53, 15: SCh 182, Par\u00eds 1972, 614.<br \/>\n[44] S. Juan Casiano, Collationes XIV, 10: CSEL 13, Viena 2004, 410.<br \/>\n[45] Benedicto XVI, Catequesis (21 octubre 2009): L\u2019Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 23 octubre 2009, 32.<br \/>\n[46] Cf. Inocencio III, Bula Operante divinae dispositionis \u2013 Regla Primitiva de los Trinitarios (17 diciembre 1198), 2: J. L. Aurrecoechea \u2013 A. Mold\u00f3n (eds.), Fuentes hist\u00f3ricas de la Orden Trinitaria (s. XII-XV), C\u00f3rdoba 2003, 6-7: \u00abTodos los bienes, de dondequiera que l\u00edcitamente provengan, los dividan en tres partes iguales; y en la medida en que dos partes sean suficientes, se lleven a cabo con ellas obras de misericordia, junto con un moderado sustento de s\u00ed mismos y de los que por necesidad est\u00e1n a su servicio. En cambio, la tercera parte se reserve para la redenci\u00f3n de los cautivos a causa de su fe en Cristo\u00bb.<br \/>\n[47] Cf. Constituciones de la Orden de los Mercedarios, n. 14: Orden de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda de la Merced, Regla y Constituciones, Roma 2014, 53: \u00abPara cumplir esta misi\u00f3n, impulsados por la caridad, nos consagramos a Dios con un voto particular, llamado de Redenci\u00f3n, en virtud del cual prometemos dar la vida como Cristo la dio por nosotros, si fuere necesario, para salvar a los cristianos que se encuentran en extremo peligro de perder su fe, en las nuevas formas de cautividad\u00bb.<br \/>\n[48] Cf. S. Juan Bautista de la Concepci\u00f3n, La regla de la Orden de la Sant\u00edsima Trinidad, XX, 1: BAC Maior 60, Madrid 1999, 90: \u00abY en esto son los pobres y cautivos semejantes a Cristo, en quien el mundo arroja sus penas [\u2026]. A \u00e9stos esta santa Religi\u00f3n de la Sant\u00edsima Trinidad llama y convida que vengan a beber del agua del Salvador, que es decir que, por haberse Cristo puesto en la cruz a ser salud y salvador de los hombres, ella ha cogido de aquella salud y la quiere dar y repartir a los pobres y salvar y librar a los cautivos\u00bb.<br \/>\n[49] Cf. id., El recogimiento interior, XL, 4: BAC Maior 48, Madrid 1995, 689: \u00abEl libre albedr\u00edo al hombre le hace se\u00f1or y libre entre todas las criaturas, pero \u00a1ay, buen Dios!, cu\u00e1ntos m\u00e1s son los que por ese camino son esclavos y cautivos del demonio, presos y aherrojados de sus pasiones y apetitos desordenados\u00bb.<br \/>\n[50] Francisco, Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de la Paz (8 diciembre 2014), 3: AAS 107 (2015), 69.<br \/>\n[51] Id., Encuentro con los agentes de la polic\u00eda penitenciaria, los detenidos y los voluntarios de la c\u00e1rcel de Montorio (Verona, 18 de mayo de 2024): AAS 116 (2024), 766.<br \/>\n[52] Honorio III, Bula Solet annuere \u2013 Regla bulada (29 noviembre 1223), cap. VI: SCh 285, Par\u00eds 1981, 192.<br \/>\n[53] Cf. Gregorio IX, Bula Sicut manifestum est (17 septiembre 1228), 7: SCh 325, Par\u00eds 1985, 200: \u00abSicut igitur supplicastis, altissimae paupertatis propositum vestrum favore apostolico roboramus, auctoritate vobis praesentium indulgentes, ut recipere possessiones a nullo compelli possitis\u00bb.<br \/>\n[54] Cf. S. C. Tugwell (ed.), Early Dominicans. Selected Writings, Mahwah 1982, 16-19.<br \/>\n[55] Tom\u00e1s de Celano, Vita Secunda \u2013 pars prima, cap. IV, 8: AnalFranc 10, Florencia 1941, 135.<br \/>\n[56] Francisco, Discurso despu\u00e9s de la visita a la tumba de don Lorenzo Milani (Barbiana, 20 de junio de 2017), 2: AAS 109 (2017), 745.<br \/>\n[57] S. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Cap\u00edtulo General de los Cl\u00e9rigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas P\u00edas \u2013 Escolapios (5 julio 1997), 2: L\u2019Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 11 julio 1997, 2.<br \/>\n[58] Ib\u00edd.<br \/>\n[59] Id., Homil\u00eda durante la Santa Misa de canonizaci\u00f3n (18 abril 1999): AAS 91 (1999), 930.<br \/>\n[60] Cf. id., Carta Iuvenum Patris (31 enero 1988), 9: AAS 80 (1988), 976.<br \/>\n[61] Cf. Francisco, Discurso a los participantes en el Cap\u00edtulo General del Instituto de la Caridad \u2013 Rosminianos (1 octubre 2018): L\u2019Osservatore Romano, 1-2 octubre 2018, 7.<br \/>\n[62] Id., Homil\u00eda durante la Santa Misa de canonizaci\u00f3n (9 octubre 2022): AAS 114 (2022), 1338.<br \/>\n[63] S. Juan Pablo II, Mensaje a la Congregaci\u00f3n de Misioneras del Sagrado Coraz\u00f3n (31 mayo 2000), 3: L\u2019Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 28 julio 2000, 5.<\/p>\n<p>[64] Cf. P\u00edo XII, Breve ap. Superiore iam aetate (8 septiembre 1950): AAS 43 (1951), 455-456.<br \/>\n[65] Francisco, Mensaje para la CV Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (27 mayo 2019): AAS 111 (2019), 911.<br \/>\n[66] Id., Mensaje para la C Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (5 agosto 2013): AAS 105 (2013), 930.<br \/>\n[67] Sta. Teresa de Calcuta, Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979): Id., Aimer jusqu\u2019\u00e0 en avoir mal, Lyon 2017, 19-20.<br \/>\n[68] S. Juan Pablo II, Discurso a los peregrinos venidos a Roma para la beatificaci\u00f3n de la Madre Teresa de Calcuta (20 octubre 2003), 3: L\u2019Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 31 octubre 2003, 7.<br \/>\n[69] Francisco, Homil\u00eda durante la Santa Misa de canonizaci\u00f3n (13 octubre 2019): AAS 111 (2019), 1712.<br \/>\n[70] S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 49: AAS 93 (2001), 302.<br \/>\n[71] Francisco, Exhort. ap. Christus vivit (25 marzo 2019), 231: AAS 111 (2019), 458.<br \/>\n[72] Id., Discurso a los participantes en el Encuentro mundial de los movimientos populares (28 octubre 2014): AAS 106 (2014), 851-852.<br \/>\n[73] Ib\u00edd.: AAS 106 (2014), 859.<br \/>\n[74] Id., Discurso a los participantes en el Encuentro mundial de los movimientos populares (5 noviembre 2016): L\u2019Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 11 noviembre 2016, 8.<br \/>\n[75] Ib\u00edd.<br \/>\n[76] S. Juan XXIII, Radiomensaje a todos los fieles del mundo un mes antes de la apertura del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II (11 septiembre 1962): AAS 54 (1962), 682.<br \/>\n[77] G. Lercaro, Intervenci\u00f3n en la XXXV Congregaci\u00f3n general del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II (6 diciembre 1962), 2: AS I\/IV, 327-328.<br \/>\n[78] Ib\u00edd., 4: AS I\/IV, 329.<br \/>\n[79] Istituto per le Scienze Religiose (ed.), Per la forza dello Spirito. Discorsi conciliari del Card. Giacomo Lercaro, Bolonia 1984, 115.<br \/>\n[80] S. Pablo VI, Alocuci\u00f3n en la solemne apertura de la segunda sesi\u00f3n del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II (29 septiembre 1963): AAS 55 (1963), 857.<br \/>\n[81] Id., Catequesis (11 noviembre 1964): Insegnamenti di Paolo VI, II (1964), 984.<br \/>\n[82] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 69. 71.<br \/>\n[83] S. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 23: AAS 59 (1967), 269.<br \/>\n[84] Cf. ib\u00edd., 4: AAS 59 (1967), 259.<br \/>\n[85] S. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 diciembre 1987), 42: AAS 80 (1988), 572.<br \/>\n[86] Ib\u00edd.: AAS 80 (1988), 573.<br \/>\n[87] Id., Carta enc. Laborem exercens (14 septiembre 1981), 3: AAS 73 (1981), 584.<br \/>\n[88] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 7: AAS 101 (2009), 645.<br \/>\n[89] Ib\u00edd., 27: AAS 101 (2009), 661.<br \/>\n[90] II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Medell\u00edn (24 octubre 1968), 14, n. 7: CELAM, Medell\u00edn. Conclusiones, Lima 2005, 131-132.<br \/>\n[91] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 202: AAS 105 (2013), 1105.<br \/>\n[92] Ib\u00edd., 205: AAS 105 (2013), 1106.<br \/>\n[93] Ib\u00edd., 190: AAS 105 (2013), 1099.<br \/>\n[94] Ib\u00edd., 56: AAS 105 (2013), 1043.<br \/>\n[95] Id., Carta enc. Dilexit nos (24 octubre 2024), 183: AAS 116 (2024), 1427.<br \/>\n[96] S. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 41: AAS 83 (1991), 844-845.<br \/>\n[97] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 202: AAS 105 (2013), 1105.<br \/>\n[98] Ib\u00edd.<br \/>\n[99] Id., Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 22: AAS 112 (2020), 976.<br \/>\n[100] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 209: AAS 105 (2013), 1107.<br \/>\n[101] Id., Carta enc. Laudato si\u2019 (24 mayo 2015), 50: AAS 107 (2015), 866.<br \/>\n[102] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 210: AAS 105 (2013), 1107.<br \/>\n[103] Id., Carta enc. Laudato si\u2019 (24 mayo 2015), 43: AAS 107 (2015), 863.<br \/>\n[104] Ib\u00edd., 48: AAS 107 (2015), 865.<br \/>\n[105] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 180: AAS 105 (2013), 1095.<br \/>\n[106] Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Instrucci\u00f3n sobre algunos aspectos de la \u201cTeolog\u00eda de la liberaci\u00f3n\u201d (6 agosto 1984), XI, 18: AAS 76 (1984), 907-908.<br \/>\n[107] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), n. 392, Bogot\u00e1 2007, pp. 179-180. Cf. Benedicto XVI, Discurso en la sesi\u00f3n inaugural de los trabajos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13 mayo 2007), 3: AAS 99 (2007), 450.<br \/>\n[108] Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), nn. 43-87, pp. 31-47.<br \/>\n[109] Id., Mensaje final (29 mayo 2007), n. 4, Bogot\u00e1 2007, p. 275.<br \/>\n[110] Id., Documento de Aparecida (29 junio 2007), n. 398, p. 182.<br \/>\n[111] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 199: AAS 105 (2013), 1103-1104.<\/p>\n<p>[112] Ib\u00edd., 198: AAS 105 (2013), 1103.<br \/>\n[113] Ib\u00edd.<br \/>\n[114] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), n. 397, p. 182.<br \/>\n[115] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 64: AAS 112 (2020), 992.<br \/>\n[116] Id., Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 98: AAS 110 (2018), 1137.<br \/>\n[117] Id., Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 65-66: AAS 112 (2020), 992.<br \/>\n[118] S. Gregorio Magno, Homil\u00eda 40, 10: SCh 522, Par\u00eds 2008, 552-554.<br \/>\n[119] Ib\u00edd., 6: SCh 522, 546.<br \/>\n[120] Ib\u00edd., 3: SCh 522, 536.<br \/>\n[121] S. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 57: AAS 83 (1991) 862-863.<br \/>\n[122] Francisco, Vigilia de Pentecost\u00e9s con los movimientos eclesiales (18 mayo 2013): L\u2019Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 24 mayo 2013, 6.<br \/>\n[123] Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 186: AAS 105 (2013), 1098.<br \/>\n[124] Ib\u00edd., 188: AAS 105 (2013), 1099.<br \/>\n[125] Cf. ib\u00edd., 182-183: AAS 105 (2013), 1096-1097.<br \/>\n[126] Ib\u00edd., 207: AAS 105 (2013), 1107.<br \/>\n[127] Ib\u00edd., 200: AAS 105 (2013), 1104.<br \/>\n[128] Id., Discurso en ocasi\u00f3n del encuentro con el mundo del trabajo en el establecimiento sider\u00fargico ILVA en G\u00e9nova (27 mayo 2017): AAS 109 (2017), 613.<br \/>\n[129] Pseudocris\u00f3stomo, Homilia de jejunio et eleemosyna: PG 48, 1060.<br \/>\n[130] S. Gregorio Nacianceno, Oratio XIV, 40: PG 35, Par\u00eds 1886, 910.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":139458,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[104],"tags":[76270,76266,9268,76269,76271,4610,20332,76268,12167,76265,2523,29023,20343,8442,1372,1019,9195,490,240,5888,449,1767,58067,13472,3592,158,58111,76267,3610,726,58880],"class_list":["post-139457","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos-papa-completos-es","tag-76270","tag-amor-a-los-pobres","tag-amor-cristiano","tag-apocalipsis-3","tag-cantico-de-maria","tag-caridad","tag-comunidad-cristiana","tag-cristianismo-social","tag-dignidad-humana","tag-dilexi-te","tag-doctrina-social-de-la-iglesia","tag-enciclica-dilexit-nos","tag-espiritualidad-catolica","tag-evangelii-gaudium","tag-evangelio","tag-evangelizacion","tag-exhortacion-apostolica","tag-fratelli-tutti-es","tag-fraternidad","tag-gaudete-et-exsultate","tag-iglesia-catolica","tag-justicia-social","tag-leon-xiv","tag-magisterio-pontificio","tag-misericordia-es","tag-papa-francisco","tag-papa-leon-xiv","tag-pobres-e-iglesia","tag-san-francisco-de-asis","tag-solidaridad","tag-trending-es-151"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Dilexi Te: Sobre el amor hacia los pobres &#8211; 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