{"id":111478,"date":"2024-10-24T13:06:30","date_gmt":"2024-10-24T11:06:30","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=111478"},"modified":"2024-10-24T13:11:52","modified_gmt":"2024-10-24T11:11:52","slug":"dilexit-nos-enciclica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/","title":{"rendered":"Dilexit Nos"},"content":{"rendered":"<div class=\"abstract text parbase vaticanrichtext\">\n<p style=\"text-align: center\"><span class=\"color-text\">CARTA ENC\u00cdCLICA<\/span><i><br \/>\n<b><span class=\"title-1-color\">DILEXIT NOS<\/span><br \/>\n<\/b><\/i><span class=\"color-text\">DEL SANTO PADRE<br \/>\n<b>FRANCISCO<\/b><br \/>\nSOBRE EL AMOR HUMANO Y DIVINO<br \/>\nDEL CORAZ\u00d3N DE JESUCRISTO<\/span><\/p>\n<div class=\"clearfix\"><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"text parbase vaticanrichtext\">\n<p>1. \u00abNos am\u00f3\u00bb, dice san Pablo refiri\u00e9ndose a Cristo (<i>Rm\u00a0<\/i>8,37), para ayudarnos a descubrir que de ese amor nada \u00abpodr\u00e1 separarnos\u00bb (<i>Rm<\/i>\u00a08,39). Pablo lo afirmaba con certeza porque Cristo mismo lo hab\u00eda asegurado a sus disc\u00edpulos: \u00ablos he amado\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a015,9.12). Tambi\u00e9n nos dijo: \u00ablos llamo amigos\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a015,15). Su coraz\u00f3n abierto nos precede y nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad: \u00abnos am\u00f3 primero\u00bb (<i>1 Jn<\/i>\u00a04,10). Gracias a Jes\u00fas \u00abnosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos cre\u00eddo\u00bb en ese amor (<i>1 Jn<\/i>\u00a04,16).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I.<\/p>\n<p>LA IMPORTANCIA DEL CORAZ\u00d3N<\/p>\n<p>2. Para expresar el amor de Jesucristo suele usarse el s\u00edmbolo del coraz\u00f3n. Algunos se preguntan si hoy tiene un significado v\u00e1lido. Pero cuando nos asalta la tentaci\u00f3n de navegar por la superficie, de vivir corriendo sin saber finalmente para qu\u00e9, de convertirnos en consumistas insaciables y esclavizados por los engranajes de un mercado al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia, necesitamos recuperar la importancia del coraz\u00f3n.\u00a0<a name=\"_ftnref1\"><\/a>[1]<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 expresamos cuando decimos \u201ccoraz\u00f3n\u201d?<\/p>\n<p>3. En el griego cl\u00e1sico profano el t\u00e9rmino\u00a0<i>kardia\u00a0<\/i>significa lo m\u00e1s interior de seres humanos, animales y plantas. En Homero indica no s\u00f3lo el centro corporal, sino tambi\u00e9n el centro an\u00edmico y espiritual del ser humano. En la\u00a0<i>Il\u00edada<\/i>, el pensar y el sentir son del coraz\u00f3n y est\u00e1n muy pr\u00f3ximos entre s\u00ed.\u00a0<a name=\"_ftnref2\"><\/a>[2] All\u00ed el coraz\u00f3n aparece como centro del querer y como lugar en que se fraguan las decisiones importantes de la persona.\u00a0<a name=\"_ftnref3\"><\/a>[3] En Plat\u00f3n el coraz\u00f3n adquiere una funci\u00f3n en cierto modo \u201csintetizadora\u201d de lo racional y lo tendencial de cada uno, pues tanto el mandato de las facultades superiores como las pasiones se transmiten a trav\u00e9s de las venas que confluyen en el coraz\u00f3n.\u00a0<a name=\"_ftnref4\"><\/a>[4] As\u00ed advertimos desde la antig\u00fcedad la importancia de considerar al ser humano no como una suma de distintas capacidades sino como un mundo an\u00edmico corp\u00f3reo con un centro unificador que otorga a todo lo que vive la persona el trasfondo de un sentido y una orientaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. Dice la Biblia que \u00abla Palabra de Dios es viva y eficaz [\u2026] discierne los pensamientos y las intenciones del coraz\u00f3n\u00bb (<i>Hb<\/i>\u00a04,12). De esta manera nos habla de un n\u00facleo, el coraz\u00f3n, que est\u00e1 detr\u00e1s de toda apariencia, aun detr\u00e1s de pensamientos superficiales que nos confunden. Los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, en su misteriosa caminata con Cristo resucitado, viv\u00edan un momento de angustia, confusi\u00f3n, desesperanza, desilusi\u00f3n. No obstante, m\u00e1s all\u00e1 de todo eso y a pesar de todo, algo ocurr\u00eda en lo m\u00e1s hondo: \u00ab\u00bfNo ard\u00eda acaso nuestro coraz\u00f3n, mientras nos hablaba en el camino?\u00bb (<i>Lc<\/i>\u00a024,32).<\/p>\n<p>5. Al mismo tiempo, el coraz\u00f3n es el lugar de la sinceridad, donde no se puede enga\u00f1ar ni disimular. Suele indicar las verdaderas intenciones, lo que uno realmente piensa, cree y quiere, los \u201csecretos\u201d que a nadie dice y, en definitiva, la propia verdad desnuda. Se trata de aquello que no es apariencia o mentira sino aut\u00e9ntico, real, enteramente \u201cpropio\u201d. Por eso a Sans\u00f3n, que no contaba el secreto de su fuerza, Dalila le reclamaba: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puedes decir que me quieres, si tu coraz\u00f3n no est\u00e1 conmigo?\u00bb (<i>Jc<\/i>\u00a016,15). S\u00f3lo cuando \u00e9l le cont\u00f3 su secreto tan oculto, ella \u00abcomprendi\u00f3 que \u00e9l le hab\u00eda abierto todo su coraz\u00f3n\u00bb (<i>Jc<\/i>\u00a016,18).<\/p>\n<p>6. Esta verdad de cada persona tantas veces est\u00e1 oculta debajo de mucha hojarasca que la disimula, y esto hace que se vuelva dif\u00edcil sentir que uno se conoce a s\u00ed mismo y m\u00e1s a\u00fan que conoce a otra persona: \u00abNada m\u00e1s tortuoso que el coraz\u00f3n humano y no tiene arreglo: \u00bfqui\u00e9n puede penetrarlo?\u00bb (<i>Jr<\/i>\u00a017,9). As\u00ed entendemos por qu\u00e9 el libro de los Proverbios nos reclama: \u00abCon todo cuidado vigila tu coraz\u00f3n, porque de \u00e9l brotan las fuentes de la vida. Aparta de ti las palabras perversas y aleja de tus labios la maldad\u00bb (4,23-24). La pura apariencia, el disimulo y el enga\u00f1o da\u00f1an y pervierten el coraz\u00f3n. M\u00e1s all\u00e1 de tantos intentos por mostrar o expresar algo que no somos, en el coraz\u00f3n se juega todo, all\u00ed no cuenta lo que uno muestra por fuera y los ocultamientos, all\u00ed somos nosotros mismos. Y esa es la base de cualquier proyecto s\u00f3lido para nuestra vida, ya que nada que valga la pena se construye sin el coraz\u00f3n. La apariencia y la mentira s\u00f3lo ofrecen vac\u00edo.<\/p>\n<p>7. Como met\u00e1fora, me permito recordar algo que ya narr\u00e9 en otra oportunidad: \u00abPara carnaval, cuando \u00e9ramos ni\u00f1os, la abuela nos hac\u00eda galletas, y era una masa muy liviana, liviana, era liviana esa masa que hac\u00eda. Luego la pon\u00eda en el aceite y la masa se inflaba, se inflaba, y cuando la com\u00edamos estaba hueca. Esas galletas en el dialecto se llamaban \u201cmentiras\u201d. Y era precisamente la abuela quien nos explicaba la raz\u00f3n de ello: \u201cestas galletas son como las mentiras, parecen grandes, pero no tienen nada dentro, no hay nada verdadero all\u00ed; no hay nada de sustancia\u201d\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref5\"><\/a>[5]<\/p>\n<p>8. En lugar de procurar algunas satisfacciones superficiales y de cumplir un papel frente a los dem\u00e1s, lo mejor es dejar brotar preguntas decisivas: qui\u00e9n soy realmente, qu\u00e9 busco, qu\u00e9 sentido quiero que tengan mi vida, mis elecciones o mis acciones; por qu\u00e9 y para qu\u00e9 estoy en este mundo, c\u00f3mo querr\u00e9 valorar mi existencia cuando llegue a su final, qu\u00e9 significado quisiera que tenga todo lo que vivo, qui\u00e9n quiero ser frente a los dem\u00e1s, qui\u00e9n soy frente a Dios. Estas preguntas me llevan a mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Volver al coraz\u00f3n<\/p>\n<p>9. En este mundo l\u00edquido es necesario hablar nuevamente del coraz\u00f3n, apuntar hacia all\u00ed donde cada persona, de toda clase y condici\u00f3n, hace su s\u00edntesis; all\u00ed donde los seres concretos tienen la fuente y la ra\u00edz de todas sus dem\u00e1s potencias, convicciones, pasiones, elecciones. Pero nos movemos en sociedades de consumidores seriales que viven al d\u00eda y dominados por los ritmos y ruidos de la tecnolog\u00eda, sin mucha paciencia para hacer los procesos que la interioridad requiere. En la sociedad actual el ser humano \u00abcorre el riesgo de perder su centro, el centro de s\u00ed mismo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref6\"><\/a>[6] \u00abEl hombre contempor\u00e1neo se encuentra a menudo trastornado, dividido, casi privado de un principio interior que genere unidad y armon\u00eda en su ser y en su obrar. Modelos de comportamiento bastante difundidos, por desgracia, exasperan su dimensi\u00f3n racional-tecnol\u00f3gica o, al contrario, su dimensi\u00f3n instintiva\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref7\"><\/a>[7] Falta coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>10. Ahora bien, el problema de la sociedad l\u00edquida es actual, pero la desvalorizaci\u00f3n del centro \u00edntimo del hombre \u2014el coraz\u00f3n\u2014 viene de m\u00e1s lejos: la encontramos ya en el racionalismo griego y precristiano, en el idealismo postcristiano o en el materialismo en sus diversas formas. El coraz\u00f3n ha tenido poco lugar en la antropolog\u00eda y al gran pensamiento filos\u00f3fico le resulta una noci\u00f3n extra\u00f1a. Se han preferido otros conceptos como el de raz\u00f3n, voluntad o libertad. Su significado es impreciso y no se le concedi\u00f3 un lugar espec\u00edfico en la vida humana. Quiz\u00e1s porque no era f\u00e1cil colocarlo entre las ideas \u201cclaras y distintas\u201d o por la dificultad que supone el conocimiento de uno mismo: pareciera que lo m\u00e1s \u00edntimo es tambi\u00e9n lo m\u00e1s lejano a nuestro conocimiento. Tal vez porque el encuentro con el otro no se consolida como camino para encontrarse a s\u00ed mismo, ya que el pensamiento vuelve a desembocar en un individualismo enfermizo. Muchos se sintieron seguros en el \u00e1mbito m\u00e1s controlable de la inteligencia y de la voluntad para construir sus sistemas de pensamiento. Por no encontrarle lugar al coraz\u00f3n mismo, distinto de las potencias y pasiones humanas consideradas aisladamente unas de otras, tampoco se desarroll\u00f3 ampliamente la idea de un centro personal donde lo \u00fanico que puede unificar todo es, en definitiva, el amor.<\/p>\n<p>11. Si el coraz\u00f3n est\u00e1 devaluado tambi\u00e9n se deval\u00faa lo que significa hablar desde el coraz\u00f3n, actuar con coraz\u00f3n, madurar y cuidar el coraz\u00f3n. Cuando no se aprecia lo espec\u00edfico del coraz\u00f3n perdemos las respuestas que la sola inteligencia no puede dar, perdemos el encuentro con los dem\u00e1s, perdemos la poes\u00eda. Y nos perdemos la historia y nuestras historias, porque la verdadera aventura personal es la que se construye desde el coraz\u00f3n. Al final de la vida contar\u00e1 s\u00f3lo eso.<\/p>\n<p>12. Hay que afirmar que tenemos coraz\u00f3n, que nuestro coraz\u00f3n coexiste con los otros corazones que le ayudan a ser un \u201ct\u00fa\u201d. Como no podemos desarrollar ampliamente este tema, nos valdremos de un personaje de novela, el Stavroguin de Dostoyevski.\u00a0<a name=\"_ftnref8\"><\/a>[8] Romano Guardini lo muestra como la encarnaci\u00f3n misma del mal, porque su caracter\u00edstica principal es no tener coraz\u00f3n: \u00abStavroguin, empero, no tiene coraz\u00f3n y, por tanto, su esp\u00edritu es algo fr\u00edo y sin contenido y su cuerpo se envenena en la inercia y en la sensualidad bestial. De esta suerte no puede llegar hasta los dem\u00e1s hombres y ninguno de ellos puede llegar verdaderamente a \u00e9l porque, en efecto, es el coraz\u00f3n el que crea las posibilidades de encuentro. Por el coraz\u00f3n estoy yo al lado del otro y otro est\u00e1 cerca de m\u00ed. S\u00f3lo el coraz\u00f3n puede acoger y dar un hogar. La intimidad es el acto, la esfera del coraz\u00f3n. Stavroguin empero es una persona distanciada, [\u2026] est\u00e1 muy lejos incluso de s\u00ed mismo, pues lo \u00edntimo del hombre est\u00e1 en el coraz\u00f3n y no en el esp\u00edritu. Que la interioridad resida en el esp\u00edritu no es propio de lo humano. Mas cuando el coraz\u00f3n no vive, el hombre est\u00e1 no en s\u00ed mismo sino junto a s\u00ed mismo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref9\"><\/a>[9]<\/p>\n<p>13. Necesitamos que todas las acciones se pongan bajo el \u201cdominio pol\u00edtico\u201d del coraz\u00f3n, que la agresividad y los deseos obsesivos se aquieten en el bien mayor que el coraz\u00f3n les ofrece y en la fortaleza que tiene contra los males; que la inteligencia y la voluntad se pongan tambi\u00e9n a su servicio sintiendo y gustando las verdades m\u00e1s que queriendo dominarlas como suelen hacer algunas ciencias; que la voluntad desee el bien mayor que el coraz\u00f3n conoce, y que tambi\u00e9n la imaginaci\u00f3n y los sentimientos se dejen moderar por el latido del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>14. Se podr\u00eda decir que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, yo soy mi coraz\u00f3n, porque es lo que me distingue, me configura en mi identidad espiritual y me pone en comuni\u00f3n con las dem\u00e1s personas. El algoritmo en acto en el mundo digital muestra que nuestros pensamientos y lo que decide la voluntad son mucho m\u00e1s \u201cest\u00e1ndar\u201d de lo que cre\u00edamos. Son f\u00e1cilmente predecibles y manipulables. No as\u00ed el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>15. Se trata de una palabra importante para la filosof\u00eda y la teolog\u00eda, que buscan alcanzar una s\u00edntesis integradora. De hecho, la palabra \u201ccoraz\u00f3n\u201d no puede ser agotada por la biolog\u00eda, por la psicolog\u00eda, por la antropolog\u00eda o por cualquier ciencia. Es una de esas palabras originarias \u00abque significan realidades que competen al hombre precisamente en cuanto totalidad (en cuanto persona corp\u00f3reo-espiritual)\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref10\"><\/a>[10] Entonces no es m\u00e1s realista el bi\u00f3logo cuando habla sobre el coraz\u00f3n, porque s\u00f3lo ve una parte, y la totalidad no es menos real sino que lo es a\u00fan m\u00e1s. Tampoco un lenguaje abstracto podr\u00eda tener el mismo significado concreto y simult\u00e1neamente integrador. Si bien \u201ccoraz\u00f3n\u201d nos lleva al centro \u00edntimo de nuestra persona, tambi\u00e9n nos permite reconocernos en nuestra integridad y no s\u00f3lo en alg\u00fan aspecto aislado.<\/p>\n<p>16. Por otra parte, esta fuerza \u00fanica del coraz\u00f3n nos ayuda a entender por qu\u00e9 se dice que cuando se capta alguna realidad con el coraz\u00f3n se la puede conocer mejor y m\u00e1s plenamente. Esto inevitablemente nos lleva al amor del que es capaz ese coraz\u00f3n, ya que \u00ablo m\u00e1s \u00edntimo de la realidad es amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref11\"><\/a>[11] Para Heidegger, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n que hace de \u00e9l un pensador actual, la filosof\u00eda no comienza con un concepto puro o una certeza sino con una conmoci\u00f3n: \u00abEl pensar tiene que haber sido conmovido antes de trabajar con conceptos o mientras trabaja con ellos. Sin una emoci\u00f3n profunda el pensar no puede comenzar. La primera imagen mental ser\u00eda la piel de gallina. Lo primero que hace pensar y preguntar es la emoci\u00f3n profunda. La filosof\u00eda siempre sucede en un estado de \u00e1nimo fundamental (\u00a0<i>Stimmung<\/i>)\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref12\"><\/a>[12] Y aqu\u00ed aparece el coraz\u00f3n, que \u00abalberga los estados de \u00e1nimo, trabaja como \u2018un custodio del estado de \u00e1nimo\u2019. El \u2018coraz\u00f3n\u2019 oye de una manera no metaf\u00f3rica \u2018la silenciosa voz\u2019 del ser, dej\u00e1ndose templar y determinar (armonizar y unificar) por ella\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref13\"><\/a>[13]<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n que une los fragmentos<\/p>\n<p>17. Al mismo tiempo, el coraz\u00f3n hace posible cualquier v\u00ednculo aut\u00e9ntico, porque una relaci\u00f3n que no se construya con el coraz\u00f3n es incapaz de superar la fragmentaci\u00f3n del individualismo. S\u00f3lo se mantendr\u00edan en pie dos m\u00f3nadas que se juntan pero que no se conectan realmente. Anti-coraz\u00f3n es una sociedad cada vez m\u00e1s dominada por el narcisismo y la autorreferencia. Finalmente llegamos a la \u201cp\u00e9rdida del deseo\u201d, porque el otro desaparece del horizonte y nos encerramos en nuestra mismidad, sin capacidad de relaciones sanas.\u00a0<a name=\"_ftnref14\"><\/a>[14] Por consiguiente, nos volvemos incapaces de acoger a Dios. Como dir\u00eda Heidegger, para recibir lo divino hay que construir una \u00abcasa de hu\u00e9spedes\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref15\"><\/a>[15]<\/p>\n<p>18. Vemos as\u00ed c\u00f3mo se produce en el coraz\u00f3n de cada uno esta parad\u00f3jica conexi\u00f3n entre la valoraci\u00f3n del propio ser y la apertura a los otros, entre el encuentro tan personal consigo mismo y la donaci\u00f3n de s\u00ed a los dem\u00e1s. S\u00f3lo se llega a ser uno mismo cuando se adquiere la capacidad de reconocer al otro, y se encuentra con el otro quien puede reconocer y aceptar la propia identidad.<\/p>\n<p>19. El coraz\u00f3n tambi\u00e9n es capaz de unificar y armonizar tu historia personal, que parece fragmentada en mil pedazos, pero donde todo puede tener un sentido. Es lo que expresa el Evangelio en la mirada de Mar\u00eda, que miraba con el coraz\u00f3n. Ella era capaz de dialogar con las experiencias atesoradas ponder\u00e1ndolas en el coraz\u00f3n, d\u00e1ndoles tiempo: simbolizando y guardando dentro para recordar. En el Evangelio, la mejor expresi\u00f3n de lo que piensa un coraz\u00f3n son los dos pasajes de san Lucas que nos dicen que Mar\u00eda \u201catesoraba (<i>syneterei<\/i>) todas estas cosas, ponder\u00e1ndolas (<i>symballousa<\/i>) en su coraz\u00f3n\u201d (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a02,19.51). El verbo\u00a0<i>symballein<\/i>\u00a0(del que proviene \u201cs\u00edmbolo\u201d) significa ponderar, reunir dos cosas en la mente y examinarlas con uno mismo, reflexionando, dialogando interiormente. En Lucas 2,51\u00a0<i>dieterei<\/i>\u00a0es \u201cguardaba cuidadosamente\u201d, y lo que ella conservaba no era s\u00f3lo \u201cla escena\u201d que ve\u00eda, sino tambi\u00e9n lo que no entend\u00eda todav\u00eda y aun as\u00ed permanec\u00eda presente y vivo en la espera de unirlo todo en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>20. En el tiempo de la inteligencia artificial no podemos olvidar que para salvar lo humano hacen falta la poes\u00eda y el amor. Lo que ning\u00fan algoritmo podr\u00e1 albergar ser\u00e1, por ejemplo, ese momento de la infancia que se recuerda con ternura y que, aunque pasen los a\u00f1os, sigue ocurriendo en cada rinc\u00f3n del planeta. Pienso en el uso del tenedor para sellar los bordes de esas empanadillas caseras que hacemos con nuestras madres o abuelas. Es ese momento de aprendiz de cocinero, a medio camino entre el juego y la adultez, donde se asume la responsabilidad del trabajo para ayudar al otro. Al igual que el tenedor podr\u00eda nombrar miles de peque\u00f1os detalles que sustentan las biograf\u00edas de todos: hacer brotar sonrisas con una broma, calcar un dibujo al contraluz de una ventana, jugar el primer partido de f\u00fatbol con una pelota de trapo, cuidar gusanillos en una caja de zapatos, secar una flor entre las p\u00e1ginas de un libro, cuidar un pajarillo que se ha ca\u00eddo del nido, pedir un deseo al deshojar una margarita. Todos esos peque\u00f1os detalles, lo ordinario-extraordinario, nunca podr\u00e1n estar entre los algoritmos. Porque el tenedor, las bromas, la ventana, la pelota, la caja de zapatos, el libro, el pajarillo, la flor&#8230; se sustentan en la ternura que se guarda en los recuerdos del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>21. Ese n\u00facleo de cada ser humano, su centro m\u00e1s \u00edntimo, no es el n\u00facleo del alma sino de toda la persona en su identidad \u00fanica que es an\u00edmica y corp\u00f3rea. Todo se unifica en el coraz\u00f3n, que puede ser la sede del amor con la totalidad de sus componentes espirituales, an\u00edmicos y tambi\u00e9n f\u00edsicos. En definitiva, si all\u00ed reina el amor una persona alcanza su identidad de modo pleno y luminoso, porque cada ser humano ha sido creado ante todo para el amor, est\u00e1 hecho en sus fibras m\u00e1s \u00edntimas para amar y ser amado.<\/p>\n<p>22. Por esta raz\u00f3n, viendo c\u00f3mo se suceden nuevas guerras, con la complicidad, tolerancia o indiferencia de otros pa\u00edses, o con meras luchas de poder en torno a intereses parciales, podemos pensar que la sociedad mundial est\u00e1 perdiendo el coraz\u00f3n. Bastar\u00eda mirar y o\u00edr a las ancianas \u2014de las distintas partes en pugna\u2014 cautivas de estos conflictos devastadores. Es desgarrador verlas llorando a sus nietos asesinados, o escucharlas desear la propia muerte porque se han quedado sin la casa donde han vivido siempre. Ellas, que muchas veces han sido modelos de fortaleza y resistencia a lo largo de vidas dif\u00edciles y sacrificadas, ahora que llegan a la \u00faltima etapa de su existencia no se les ofrece una merecida paz, sino angustia, miedo e indignaci\u00f3n. El recurso de decir que la culpa es de otros no resuelve este drama vergonzoso. Ver llorar a las abuelas sin que se nos vuelva intolerable es signo de un mundo sin coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>23. Cuando cada uno reflexiona, busca, medita sobre su propio ser y su identidad, o analiza las cuestiones m\u00e1s elevadas; cuando piensa acerca del sentido de su vida e incluso si busca a Dios, aun cuando experimente el gusto de haber vislumbrado algo de la verdad, eso necesita encontrar su culminaci\u00f3n en el amor. Amando, la persona siente que sabe por qu\u00e9 y para qu\u00e9 vive. As\u00ed todo confluye en un estado de conexi\u00f3n y de armon\u00eda. Por eso, frente al propio misterio personal, quiz\u00e1s la pregunta m\u00e1s decisiva que cada uno podr\u00eda hacerse es: \u00bftengo coraz\u00f3n?<\/p>\n<p>El fuego<\/p>\n<p>24. Esto ofrece consecuencias para la espiritualidad. Por ejemplo, la teolog\u00eda de los\u00a0<i>Ejercicios espirituales\u00a0<\/i>de san Ignacio de Loyola tiene por principio el\u00a0<i>affectus<\/i>. Lo discursivo se construye sobre un querer fundamental \u2014con toda la fuerza del coraz\u00f3n\u2014 que da potencia y recursos a la tarea de reorganizar la vida. Las reglas y composiciones de lugar que implementa Ignacio obran en funci\u00f3n de un \u201cfundamento\u201d distinto de ellas, lo desconocido del coraz\u00f3n. Michel de Certeau hace ver c\u00f3mo las \u201cmociones\u201d de las que habla san Ignacio son las irrupciones de un querer de Dios y de un querer del propio coraz\u00f3n que permanece otro en relaci\u00f3n con el orden manifiesto. Algo inesperado se pone a hablar en el coraz\u00f3n de la persona, algo que nace de lo incognoscible, remueve la superficie de lo conocido y lo conflict\u00faa. Es el origen de un nuevo \u201cordenamiento de la vida\u201d a partir del coraz\u00f3n. No se trata de discursos racionales que habr\u00eda que llevar a la pr\u00e1ctica, haci\u00e9ndolos pasar a la vida, de modo que la afectividad y la pr\u00e1ctica ser\u00edan simplemente consecuencias \u2014en dependencia\u2014 de conocimientos asegurados.\u00a0<a name=\"_ftnref16\"><\/a>[16]<\/p>\n<p>25. All\u00ed donde el fil\u00f3sofo detiene su pensamiento, el coraz\u00f3n creyente ama, adora, pide perd\u00f3n y se ofrece a servir en el lugar que el Se\u00f1or le da a elegir para que lo siga. Entonces entiende que es el t\u00fa de Dios, y que puede ser un yo porque Dios es un t\u00fa para \u00e9l. El hecho es que s\u00f3lo el Se\u00f1or nos ofrece tratarnos como un t\u00fa siempre y para siempre. Aceptar su amistad es cuesti\u00f3n de coraz\u00f3n y eso nos constituye como personas en el sentido pleno de la palabra.<\/p>\n<p>26. San Buenaventura dec\u00eda que al fin de cuentas hay que preguntarle \u00abno a la luz, sino al fuego\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref17\"><\/a>[17] Y ense\u00f1aba que \u00abla fe est\u00e1 en el intelecto, de modo que provoca el afecto. Por ejemplo: conocer que Cristo ha muerto por nosotros no se queda en conocimiento, sino que necesariamente se convierte en afecto, en amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref18\"><\/a>[18] En esta l\u00ednea, san John Henry Newman tom\u00f3 como lema la frase \u00ab\u00a0<i>Cor ad cor loquitur<\/i>\u00bb, porque m\u00e1s all\u00e1 de toda dial\u00e9ctica, el Se\u00f1or nos salva hablando a nuestro coraz\u00f3n desde su Coraz\u00f3n sagrado. Esta misma l\u00f3gica hac\u00eda que para \u00e9l, gran pensador, el lugar del encuentro m\u00e1s hondo consigo mismo y con el Se\u00f1or no fuera la lectura o la reflexi\u00f3n, sino el di\u00e1logo orante, de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, con Cristo vivo y presente. Por eso Newman encontraba en la Eucarist\u00eda el Coraz\u00f3n de Jesucristo vivo, capaz de liberar, de dar sentido a cada momento y de derramar la verdadera paz al ser humano: \u00abSacrat\u00edsimo y muy amado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, est\u00e1s oculto en la Santa Eucarist\u00eda y sufres a\u00fan por nosotros. [\u2026] Te venero, pues, con todo mi mejor amor y reverencia, con mi ferviente afecto, con mi mayor sumisi\u00f3n y la m\u00e1s resuelta voluntad. Dios m\u00edo, cuando condesciendes a sufrir que te reciba, te coma y te beba, y por un momento estableces tu morada en m\u00ed, haz que mi coraz\u00f3n lata con el tuyo. Purif\u00edcalo de todo lo que es terrenal, de todo lo que es orgullo y sensualidad, de todo lo que es duro y cruel, de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortandad. Ll\u00e9nalo tanto de ti, que ni los acontecimientos del momento ni las circunstancias de la \u00e9poca tengan poder de alterarlo, sino que en tu amor y en tu temor pueda hallarse en paz\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref19\"><\/a>[19]<\/p>\n<p>27. Ante el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas vivo y presente nuestra mente comprende, iluminada por el Esp\u00edritu, las palabras de Jes\u00fas. As\u00ed nuestra voluntad se pone en marcha para practicarlas. Pero esto podr\u00eda quedarse en una forma de moralismo autosuficiente. Sentir y gustar al Se\u00f1or y honrarlo es cosa del coraz\u00f3n. \u00danicamente el coraz\u00f3n es capaz de poner a las dem\u00e1s potencias y pasiones y a toda nuestra persona en actitud de reverencia y de obediencia amorosa al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El mundo puede cambiar desde el coraz\u00f3n<\/p>\n<p>28. Nuestras comunidades s\u00f3lo desde el coraz\u00f3n lograr\u00e1n unir sus inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Esp\u00edritu nos gu\u00ede como red de hermanos, ya que pacificar tambi\u00e9n es tarea del coraz\u00f3n. El Coraz\u00f3n de Cristo es \u00e9xtasis, es salida, es donaci\u00f3n, es encuentro. En \u00e9l nos volvemos capaces de relacionarnos de un modo sano y feliz, y de construir en este mundo el Reino de amor y de justicia. Nuestro coraz\u00f3n unido al de Cristo es capaz de este milagro social.<\/p>\n<p>29. Tomar en serio el coraz\u00f3n tiene consecuencias sociales. Como ense\u00f1a el Concilio Vaticano II, \u00abtenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que todos juntos podemos llevar a cabo para que nuestra generaci\u00f3n mejore\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref20\"><\/a>[20] Porque \u00ablos desequilibrios que fatigan al mundo moderno est\u00e1n conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra\u00edces en el coraz\u00f3n humano\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref21\"><\/a>[21] Ante los dramas del mundo, el Concilio invita a volver al coraz\u00f3n, explicando que el ser humano \u00abpor su interioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su coraz\u00f3n, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones (cf.\u00a0<i>1 S<\/i>\u00a016,7;\u00a0<i>Jr<\/i>\u00a017,10), y donde \u00e9l personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref22\"><\/a>[22]<\/p>\n<p>30. Esto no significa confiar excesivamente en nosotros mismos. Tengamos cuidado: advirtamos que nuestro coraz\u00f3n no es autosuficiente; es fr\u00e1gil y est\u00e1 herido. Tiene una dignidad ontol\u00f3gica, pero al mismo tiempo debe buscar una vida m\u00e1s digna.\u00a0<a name=\"_ftnref23\"><\/a>[23] Dice tambi\u00e9n el Concilio Vaticano II que \u00abel fermento evang\u00e9lico ha despertado y despierta en el coraz\u00f3n del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad\u00bb,\u00a0<a name=\"_ftnref24\"><\/a>[24] aunque para vivir conforme a esa dignidad no nos basta conocer el Evangelio ni cumplir mec\u00e1nicamente lo que nos manda. Necesitamos el auxilio del amor divino. Acudamos al Coraz\u00f3n de Cristo, ese centro de su ser, que es un horno ardiente de amor divino y humano y es la mayor plenitud que puede alcanzar lo humano. All\u00ed, en ese Coraz\u00f3n es donde nos reconocemos finalmente a nosotros mismos y aprendemos a amar.<\/p>\n<p>31. En definitiva, este Coraz\u00f3n sagrado es el principio unificador de la realidad, porque \u00abCristo es el coraz\u00f3n del mundo; su Pascua de muerte y resurrecci\u00f3n es el centro de la historia, que gracias a \u00e9l es historia de salvaci\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref25\"><\/a>[25] Todas las criaturas \u00abavanzan, junto con nosotros y a trav\u00e9s de nosotros, hacia el t\u00e9rmino com\u00fan, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref26\"><\/a>[26]\u00a0<b><\/b>Ante el Coraz\u00f3n de Cristo, pido al Se\u00f1or que una vez m\u00e1s tenga compasi\u00f3n de esta tierra herida, que \u00e9l quiso habitar como uno de nosotros. Que derrame los tesoros de su luz y de su amor, para que nuestro mundo que sobrevive entre las guerras, los desequilibrios socioecon\u00f3micos, el consumismo y el uso antihumano de la tecnolog\u00eda, pueda recuperar lo m\u00e1s importante y necesario: el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II.<\/p>\n<p>GESTOS Y PALABRAS DE AMOR<\/p>\n<p>32. El Coraz\u00f3n de Cristo, que simboliza su centro personal, desde donde brota su amor por nosotros, es el n\u00facleo viviente del primer anuncio. All\u00ed est\u00e1 el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas.<\/p>\n<p>Gestos que reflejan el coraz\u00f3n<\/p>\n<p>33. C\u00f3mo nos ama Cristo es algo que \u00e9l no quiso explicarnos demasiado. Lo mostr\u00f3 en sus gestos. Vi\u00e9ndolo actuar podemos descubrir c\u00f3mo nos trata a cada uno de nosotros, aunque nos cueste percibirlo. Vayamos entonces a mirar all\u00ed donde nuestra fe puede llegar a reconocerle: en el Evangelio.<\/p>\n<p>34. Dice el Evangelio que Jes\u00fas \u00abvino a los suyos\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a01,11). Los suyos somos nosotros, porque \u00e9l no nos trata como a algo extra\u00f1o. Nos considera algo propio, algo que \u00e9l guarda con cuidado, con cari\u00f1o. Nos trata como suyos. No significa que seamos sus esclavos, y \u00e9l mismo lo niega: \u00abYa no los llamo servidores\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a015,15). Lo que \u00e9l propone es la pertenencia mutua de los amigos. Vino, salt\u00f3 todas las distancias, se nos volvi\u00f3 cercano como las cosas m\u00e1s simples y cotidianas de la existencia. De hecho, \u00e9l tiene otro nombre, que es \u201cEmanuel\u201d y significa \u201cDios con nosotros\u201d, Dios junto a nuestra vida, viviendo entre nosotros. El Hijo de Dios se encarn\u00f3 y \u00abse anonad\u00f3 a s\u00ed mismo, tomando la condici\u00f3n de esclavo\u00bb (<i>Flp<\/i>\u00a02,7).<\/p>\n<p>35. Esto se manifiesta cuando le vemos actuar. Est\u00e1 siempre en b\u00fasqueda, cercano, constantemente abierto al encuentro. Lo contemplamos cuando se detiene a conversar con la samaritana junto al pozo donde ella iba a buscar el agua (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a04,5-7). Vemos c\u00f3mo, en medio de la noche oscura, se re\u00fane con Nicodemo, que ten\u00eda temor de dejarse ver cerca de Jes\u00fas (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a03,1-2). Lo admiramos cuando sin pudor se deja lavar los pies por una prostituta (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a07,36-50); cuando a la mujer ad\u00faltera le dice a los ojos: \u201cNo te condeno\u201d (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a08,11); o cuando enfrenta la indiferencia de sus disc\u00edpulos y al ciego del camino le dice con cari\u00f1o: \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres que haga por ti?\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a010,51). Cristo muestra que Dios es proximidad, compasi\u00f3n y ternura.<\/p>\n<p>36. Si \u00e9l curaba a alguien, prefer\u00eda acercarse: \u00abJes\u00fas extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3\u00bb (\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a08,3), \u00able toc\u00f3 la mano\u00bb (\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a08,15),\u00a0<i><\/i>\u00ables toc\u00f3 los ojos\u00bb (\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a09,29). Y hasta se deten\u00eda a curar a los enfermos con su propia saliva (cf.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a07,33), como una madre, para que no lo sintieran ajeno a sus vidas. Porque \u00abel Se\u00f1or sabe la bella ciencia de las caricias. La ternura de Dios no nos ama de palabra; \u00c9l se aproxima y est\u00e1ndonos cerca nos da su amor con toda la ternura posible\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref27\"><\/a>[27]<\/p>\n<p>37. Dado que nos cuesta confiar, porque nos lastimaron tantas falsedades, agresiones y desilusiones, \u00e9l nos susurra al o\u00eddo: \u00abTen confianza, hijo\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a09,2); \u00abten confianza, hija\u00bb (<i>Mt\u00a0<\/i>9,22). Se trata de superar el miedo y darnos cuenta de que con \u00e9l no tenemos nada que perder. A Pedro, que desconfiaba, \u00abJes\u00fas le tendi\u00f3 la mano y lo sostuvo, mientras le dec\u00eda: [\u2026] \u201c\u00bfPor qu\u00e9 dudaste?\u201d\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a014,31). No temas. Deja que \u00e9l se acerque, que se siente a tu lado. Podremos dudar de muchas personas, pero no de \u00e9l. Y no te detengas por tus pecados. Recuerda que muchos pecadores \u00abse sentaron a comer con \u00e9l\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a09,10) y Jes\u00fas no se escandalizaba de ninguno. Los elitistas de la religi\u00f3n se quejaban y lo trataban de \u00abun glot\u00f3n y un borracho, amigo de publicanos y de pecadores\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a011,19). Cuando los fariseos criticaban esta cercan\u00eda suya a las personas consideradas de baja condici\u00f3n o pecadoras, Jes\u00fas les dec\u00eda: \u00abQuiero misericordia y no sacrificios\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a09,13).<\/p>\n<p>38. Ese mismo Jes\u00fas hoy espera que le des la posibilidad de iluminar tu existencia, de levantarte, de llenarte con su fuerza. Porque antes de morir, dijo a los disc\u00edpulos: \u00abNo los dejar\u00e9 hu\u00e9rfanos, volver\u00e9 a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me ver\u00e1, pero ustedes s\u00ed me ver\u00e1n\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a014,18-19). Siempre encuentra alguna manera para manifestarse en tu vida, para que puedas encontrarte con \u00e9l.<\/p>\n<p>La mirada<\/p>\n<p>39. Cuenta el Evangelio que un rico se acerc\u00f3 a \u00e9l, lleno de ideales, pero sin fuerzas para cambiar de vida. Entonces \u00abJes\u00fas lo mir\u00f3 con amor\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a010,21). \u00bfPuedes imaginarte ese instante, ese encuentro entre los ojos de este hombre y la mirada de Jes\u00fas? Si te llama, si te convoca a una misi\u00f3n, primero te mira, penetra lo m\u00e1s \u00edntimo de tu ser, percibe y conoce todo lo que hay en ti, deposita en ti su mirada: \u00abMientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jes\u00fas vio a dos hermanos [\u2026]. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos\u00bb (<i>Mt\u00a0<\/i>4,18.21).<\/p>\n<p>40. Muchos textos del Evangelio nos muestran a Jes\u00fas que presta toda su atenci\u00f3n a las personas, a sus inquietudes, a sus sufrimientos. Por ejemplo: \u00abAl ver a la multitud, tuvo compasi\u00f3n, porque estaban fatigados y abatidos\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a09,36). Cuando nos parece que todos nos ignoran, que a nadie le interesa lo que nos pasa, que no tenemos importancia para nadie, \u00e9l nos est\u00e1 prestando atenci\u00f3n. As\u00ed se lo hizo notar a Natanael, que estaba solitario y ensimismado: \u00abYo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera\u00bb (<i>Jn\u00a0<\/i>1,48).<\/p>\n<p>41. Precisamente porque est\u00e1 atento a nosotros, \u00e9l es capaz de reconocer cada buena intenci\u00f3n que tengas, cada peque\u00f1o acto bueno que realices. Cuenta el Evangelio que vio \u00aba una viuda de condici\u00f3n muy humilde, que pon\u00eda [en el tesoro del templo] dos peque\u00f1as monedas de cobre\u00bb (<i>Lc<\/i>\u00a021,2) e inmediatamente se lo hizo notar a sus ap\u00f3stoles. Jes\u00fas presta atenci\u00f3n de tal modo que se admira por las cosas buenas que reconoce en nosotros. Cuando el centuri\u00f3n le rogaba con total confianza, \u00abal o\u00edrlo, Jes\u00fas qued\u00f3 admirado\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a08,10). Qu\u00e9 hermoso es saber que si los dem\u00e1s ignoran nuestras buenas intenciones o las cosas positivas que podamos hacer, a Jes\u00fas no se le escapan, y hasta se admira.<\/p>\n<p>42. \u00c9l, como ser humano, hab\u00eda aprendido esto de Mar\u00eda, su madre. La que contemplaba todo con cuidado y \u201clo guardaba en su coraz\u00f3n\u201d (cf.\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>2,19.51), le ense\u00f1\u00f3 desde peque\u00f1o, junto con san Jos\u00e9, a prestar atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las palabras<\/p>\n<p>43. Aunque en las Escrituras tenemos su Palabra siempre viva y actual, a veces Jes\u00fas nos habla interiormente y nos llama para llevarnos al mejor lugar. Ese mejor lugar es su propio coraz\u00f3n. Nos llama para hacernos entrar all\u00ed donde podemos recuperar las fuerzas y la paz: \u00abVengan a m\u00ed todos los que est\u00e1n cansados y agobiados, y yo los aliviar\u00e9\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a011,28). Por eso pidi\u00f3 a sus disc\u00edpulos: \u00abPermanezcan en m\u00ed\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a015,4).<\/p>\n<p>44. Las palabras que Jes\u00fas dec\u00eda indicaban que su santidad no eliminaba los sentimientos. En algunas ocasiones mostraban un amor apasionado, que sufre por nosotros, se conmueve, se lamenta, y llega hasta las l\u00e1grimas. Es evidente que no le dejaban indiferente las preocupaciones y angustias comunes de las personas, como el cansancio o el hambre: \u00abMe da pena esta multitud, [\u2026] no tienen qu\u00e9 comer [\u2026], van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a08,2-3).<\/p>\n<p>45. El Evangelio no oculta los sentimientos de Jes\u00fas hacia Jerusal\u00e9n, la ciudad amada: \u00abCuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella\u00bb (<i>Lc<\/i>\u00a019,41) y expres\u00f3 su mayor anhelo: \u00ab\u00a1Si t\u00fa tambi\u00e9n hubieras comprendido en este d\u00eda el mensaje de paz!\u00bb (v. 42). Los evangelistas, si bien a veces lo muestran poderoso o glorioso, no dejan de manifestar sus sentimientos ante la muerte y el dolor de los amigos. Antes de contar que frente a la tumba de L\u00e1zaro \u00abJes\u00fas llor\u00f3\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a011,35), el Evangelio se detiene a decir que \u00abJes\u00fas quer\u00eda mucho a Marta, a su hermana y a L\u00e1zaro\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a011,5) y que, viendo llorar a Mar\u00eda y a los que la acompa\u00f1aban \u201cse conmovi\u00f3 interiormente y se turb\u00f3\u201d (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a011,33). La narraci\u00f3n no deja dudas de que se trataba de un llanto sincero, que brotaba de una perturbaci\u00f3n interior. Finalmente, tampoco se quiso disimular la angustia de Jes\u00fas ante la propia muerte violenta en manos de los que \u00e9l tanto amaba: \u00abcomenz\u00f3 a sentir temor y a angustiarse\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a014,33), hasta decir: \u00abMi alma siente una tristeza de muerte\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a014,34). Esta conmoci\u00f3n interna se expresa con toda su fuerza en el grito del Crucificado: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a015,34).<\/p>\n<p>46. Todo lo dicho, si se mira superficialmente, puede parecer mero romanticismo religioso. Sin embargo, es lo m\u00e1s serio y lo m\u00e1s decisivo. Encuentra su m\u00e1xima expresi\u00f3n en Cristo clavado en una cruz. Esa es la palabra de amor m\u00e1s elocuente. Esto no es c\u00e1scara, no es puro sentimiento, no es diversi\u00f3n espiritual. Es amor. Por eso cuando san Pablo buscaba las palabras justas para explicar su relaci\u00f3n con Cristo dijo: \u00abMe am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed\u00bb (<i>Ga<\/i>\u00a02,20). Esa era su mayor convicci\u00f3n, saberse amado. La entrega de Cristo en la cruz lo subyugaba, pero s\u00f3lo ten\u00eda sentido porque hab\u00eda algo m\u00e1s grande todav\u00eda que esa entrega: \u00abMe am\u00f3\u00bb. Cuando muchas personas buscaban en diversas propuestas religiosas su salvaci\u00f3n, su bienestar o su seguridad, Pablo, tocado por el Esp\u00edritu, fue capaz de mirar m\u00e1s all\u00e1 y de maravillarse por lo m\u00e1s grande y fundamental: \u00abMe am\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>47. Despu\u00e9s de contemplar a Cristo, viendo lo que sus gestos y palabras nos dejan ver de su coraz\u00f3n, recordemos ahora c\u00f3mo reflexiona la Iglesia sobre el misterio santo del Coraz\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III.<\/p>\n<p>ESTE ES EL CORAZ\u00d3N QUE TANTO AM\u00d3<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>48. La devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo no es el culto a un \u00f3rgano separado de la persona de Jes\u00fas. Lo que contemplamos y adoramos es a Jesucristo entero, el Hijo de Dios hecho hombre, representado en una imagen suya donde est\u00e1 destacado su coraz\u00f3n. En este caso se toma al coraz\u00f3n de carne como imagen o signo privilegiado del centro m\u00e1s \u00edntimo del Hijo encarnado y de su amor a la vez divino y humano, porque m\u00e1s que cualquier otro miembro de su cuerpo es \u00absigno o s\u00edmbolo natural de su inmensa caridad\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref28\"><\/a>[28]<\/p>\n<p>Adoraci\u00f3n a Cristo<\/p>\n<p>49. Es indispensable destacar que nos relacionamos en la amistad y en la adoraci\u00f3n con la persona de Cristo, atra\u00eddos por el amor que se representa en la imagen de su Coraz\u00f3n. Veneramos esa imagen que lo representa, pero la adoraci\u00f3n se dirige s\u00f3lo a Cristo vivo, en su divinidad y en toda su humanidad, para dejarnos abrazar por su amor humano y divino.<\/p>\n<p>50. M\u00e1s all\u00e1 de la imagen que se utilice, es cierto que el Coraz\u00f3n viviente de Cristo \u2014nunca una imagen\u2014 es objeto de adoraci\u00f3n, porque es parte de su Cuerpo sant\u00edsimo y resucitado, inseparable del Hijo de Dios que lo ha asumido para siempre. Es adorado \u00aben cuanto es el coraz\u00f3n de la persona del Verbo, al que est\u00e1 inseparablemente unido\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref29\"><\/a>[29] No lo adoramos aisladamente, sino en cuanto con ese Coraz\u00f3n es el mismo Hijo encarnado quien vive, ama y recibe nuestro amor. De ah\u00ed que cualquier acto de amor o adoraci\u00f3n a su Coraz\u00f3n en realidad \u00abse ofrece propia y verdaderamente al mismo Cristo\u00bb,\u00a0<a name=\"_ftnref30\"><\/a>[30] pues tal figura espont\u00e1neamente remite a \u00e9l y es \u00abs\u00edmbolo e imagen expresiva de la caridad infinita de Jesucristo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref31\"><\/a>[31]<\/p>\n<p>51. Por esta raz\u00f3n nadie deber\u00eda pensar que esta devoci\u00f3n nos pueda separar o distraer de Jesucristo y de su amor. De modo espont\u00e1neo y directo nos orienta a \u00e9l y s\u00f3lo a \u00e9l, que nos llama a una preciosa amistad hecha de di\u00e1logo, afecto, confianza, adoraci\u00f3n. Ese Cristo con el coraz\u00f3n traspasado y ardiente, es el mismo que naci\u00f3 en Bel\u00e9n por amor, es el que caminaba por Galilea sanando, acariciando, derramando misericordia, es el que nos am\u00f3 hasta el fin abriendo sus brazos en la cruz. En definitiva, es el mismo que ha resucitado y vive glorioso en medio de nosotros.<\/p>\n<p>La veneraci\u00f3n de su imagen<\/p>\n<p>52. Cabe indicar que la imagen de Cristo con su coraz\u00f3n, aunque de ninguna manera es objeto de adoraci\u00f3n, no es una entre tantas otras que podr\u00edamos elegir. No es algo inventado en un escritorio o dise\u00f1ado por un artista, \u00abno es un s\u00edmbolo imaginario, es un s\u00edmbolo real, que representa el centro, la fuente de la que brot\u00f3 la salvaci\u00f3n para toda la humanidad\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref32\"><\/a>[32]<\/p>\n<p>53. Hay una experiencia humana universal que vuelve \u00fanica esta imagen. Porque es indudable que a lo largo de la historia y en diversas partes del mundo el coraz\u00f3n se ha convertido en s\u00edmbolo de la intimidad m\u00e1s personal y tambi\u00e9n de los afectos, las emociones, la capacidad de amar. Fuera de toda explicaci\u00f3n cient\u00edfica, una mano colocada en el coraz\u00f3n de un amigo expresa un afecto especial; cuando una persona se enamora y est\u00e1 cerca de la persona amada, los latidos se aceleran; cuando alguien sufre un abandono o un enga\u00f1o de parte de una persona amada, siente como una fuerte opresi\u00f3n en el coraz\u00f3n. Por otra parte, para expresar que algo es sincero, que brota realmente del centro de la persona, se afirma: \u201cte lo digo de coraz\u00f3n\u201d. El lenguaje po\u00e9tico no puede ignorar la fuerza de estas experiencias. Por eso es inevitable que durante la historia el coraz\u00f3n haya alcanzado una fuerza simb\u00f3lica \u00fanica que no es meramente convencional.<\/p>\n<p>54. Entonces se comprende que la Iglesia haya elegido la imagen del coraz\u00f3n para representar el amor humano y divino de Jesucristo y el n\u00facleo m\u00e1s \u00edntimo de su persona. Pero, si bien el dibujo de un coraz\u00f3n con llamas de fuego puede ser un s\u00edmbolo elocuente que nos recuerde el amor de Jesucristo, es conveniente que ese coraz\u00f3n sea parte de una imagen de Jesucristo. De ese modo es a\u00fan m\u00e1s significativo su llamado a una relaci\u00f3n personal, de encuentro y de di\u00e1logo.\u00a0<a name=\"_ftnref33\"><\/a>[33] Esa imagen venerada de Cristo donde se destaca su coraz\u00f3n amante, tiene al mismo tiempo una mirada que llama al encuentro, al di\u00e1logo, a la confianza; tiene unas manos fuertes capaces de sostenernos; tiene una boca que nos dirige la palabra de un modo \u00fanico y personal\u00edsimo.<\/p>\n<p>55. El coraz\u00f3n tiene el valor de ser percibido no como un \u00f3rgano separado sino como centro \u00edntimo unificador y a su vez como expresi\u00f3n de la totalidad de la persona, cosa que no sucede con otros \u00f3rganos del cuerpo humano. Si es el centro \u00edntimo de la totalidad de la persona, y por lo tanto una parte que representa al todo, podemos f\u00e1cilmente desnaturalizarlo si lo contemplamos separadamente de la figura del Se\u00f1or. La imagen del coraz\u00f3n debe referirnos a la totalidad de Jesucristo en su centro unificador y, simult\u00e1neamente, desde ese centro unificador debe orientarnos a contemplar a Cristo en toda la hermosura y riqueza de su humanidad y de su divinidad.<\/p>\n<p>56. Esto va m\u00e1s all\u00e1 del atractivo que puedan tener las diversas im\u00e1genes que se han hecho del Coraz\u00f3n de Cristo, porque no es que ante las im\u00e1genes de Cristo \u00abhaya que pedirles algo a ellas, o que haya que poner la confianza en las im\u00e1genes, como antiguamente hac\u00edan los paganos\u00bb, sino que \u00abpor medio de las im\u00e1genes que besamos y ante las cuales descubrimos nuestra cabeza y nos prosternamos, adoramos a Cristo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref34\"><\/a>[34]<\/p>\n<p>57. Es m\u00e1s, alguna de esas im\u00e1genes podr\u00e1 parecernos poco atractiva y no movernos demasiado al amor y a la oraci\u00f3n. Eso es secundario, ya que la imagen no es m\u00e1s que una figura motivadora, y, como dir\u00edan los orientales, no hay que quedarse en el dedo que indica la luna. Mientras la Eucarist\u00eda es presencia real que se adora, en este caso se trata s\u00f3lo de una imagen que, aunque est\u00e9 bendecida, nos invita a ir m\u00e1s all\u00e1 de ella, nos orienta a elevar nuestro propio coraz\u00f3n al de Cristo vivo y unirlo a \u00e9l. La imagen venerada convoca, se\u00f1ala, transporta, para que dediquemos un tiempo al encuentro con Cristo y a su adoraci\u00f3n, como nos parezca mejor imaginarlo. De este modo, mirando la imagen nos situamos frente a Cristo, y ante \u00e9l \u00abel amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref35\"><\/a>[35]<\/p>\n<p>58. Dicho todo esto, no hay que olvidar que esa imagen del coraz\u00f3n nos habla de carne humana, de tierra, y por eso tambi\u00e9n nos habla de Dios que ha querido entrar en nuestra condici\u00f3n hist\u00f3rica, hacerse historia y compartir nuestro camino terreno. Una forma de devoci\u00f3n m\u00e1s abstracta o estilizada no ser\u00e1 necesariamente m\u00e1s fiel al Evangelio, porque en este signo sensible y accesible se manifiesta el modo como Dios ha querido revelarse y volverse cercano.<\/p>\n<p>Amor sensible<\/p>\n<p>59. Amor y coraz\u00f3n no est\u00e1n necesariamente unidos, porque en un coraz\u00f3n humano pueden reinar el odio, la indiferencia, el ego\u00edsmo. Pero no alcanzamos nuestra humanidad plena si no salimos de nosotros mismos, y no llegamos a ser enteramente nosotros mismos si no amamos. De manera que el centro \u00edntimo de nuestra persona, creado para el amor, s\u00f3lo realizar\u00e1 el proyecto de Dios cuando ame. As\u00ed, el s\u00edmbolo del coraz\u00f3n al mismo tiempo simboliza el amor.<\/p>\n<p>60. El Hijo eterno de Dios, que me trasciende sin l\u00edmites, quiso amarme tambi\u00e9n con un coraz\u00f3n humano. Sus sentimientos humanos se vuelven sacramento de un amor infinito y definitivo. Su coraz\u00f3n no es entonces un s\u00edmbolo f\u00edsico que s\u00f3lo expresa una realidad meramente espiritual o separada de la materia. La mirada dirigida al Coraz\u00f3n del Se\u00f1or contempla una realidad f\u00edsica, su carne humana, que hace posible que Cristo tenga emociones y sentimientos bien humanos, como nosotros, aunque plenamente transformados por su amor divino. La devoci\u00f3n debe llegar al amor infinito de la persona del Hijo de Dios, pero necesitamos expresar que es inseparable de su amor humano, y para ello nos ayuda la imagen de su coraz\u00f3n de carne.<\/p>\n<p>61. Si todav\u00eda hoy el coraz\u00f3n se percibe en el sentir popular como el centro afectivo de cada ser humano, es lo que mejor puede significar el amor divino de Cristo unido para siempre y de modo inseparable a su amor \u00edntegramente humano. Ya P\u00edo XII recordaba que la Palabra de Dios \u00abal describir el amor del Coraz\u00f3n mismo de Jes\u00fas, comprende no s\u00f3lo la caridad divina, sino tambi\u00e9n los sentimientos de un afecto humano. [\u2026] No hay duda de que el Coraz\u00f3n de Cristo, unido hipost\u00e1ticamente a la Persona divina del Verbo, palpit\u00f3 de amor y de todo otro afecto sensible\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref36\"><\/a>[36]<\/p>\n<p>62. En los Padres de la Iglesia, frente a algunos que negaban o relativizaban la verdadera humanidad de Cristo, encontramos una fuerte afirmaci\u00f3n de la realidad concreta y tangible del afecto humano del Se\u00f1or. As\u00ed, san Basilio destacaba que la encarnaci\u00f3n del Se\u00f1or no era algo fantasioso, sino que \u00abel Se\u00f1or posey\u00f3 los afectos naturales\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref37\"><\/a>[37] San Juan Cris\u00f3stomo propon\u00eda un ejemplo: \u00abSi no hubiera pose\u00eddo nuestra naturaleza, no hubiera experimentado una y m\u00e1s veces la tristeza\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref38\"><\/a>[38] San Ambrosio afirmaba: \u00abYa que tom\u00f3 el alma, tom\u00f3 las pasiones del alma\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref39\"><\/a>[39] Y san Agust\u00edn presentaba los afectos humanos como una realidad que, una vez asumida por Cristo, ya no es ajena a la vida de la gracia: \u00abNuestro Se\u00f1or Jesucristo tom\u00f3 estos afectos de la humana flaqueza, lo mismo que la carne de la debilidad humana, y la muerte, de la carne humana, no por imposici\u00f3n de la necesidad, sino por consideraci\u00f3n voluntaria [\u2026] de suerte que, si a alguno de ellos le aconteciere contristarse y dolerse en las tentaciones humanas, por esto no se juzgase ajeno a su gracia\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref40\"><\/a>[40] Finalmente, san Juan Damasceno consideraba que esta experiencia afectiva real de Cristo en su humanidad es muestra de que asumi\u00f3 \u00edntegra y no parcialmente nuestra naturaleza, para redimirla y transformarla entera. Cristo, pues, asumi\u00f3 todos los elementos que componen la naturaleza humana, a fin de que todos ellos fueran santificados.\u00a0<a name=\"_ftnref41\"><\/a>[41]<\/p>\n<p>63. Vale la pena recoger aqu\u00ed la reflexi\u00f3n de un te\u00f3logo, quien reconoce que, por el influjo del pensamiento griego, la teolog\u00eda durante mucho tiempo releg\u00f3 el cuerpo y los sentimientos al mundo de lo \u00abprehumano, infrahumano o tentador de lo verdaderamente humano\u00bb, pero \u00ablo que no resolvi\u00f3 la teolog\u00eda en teor\u00eda lo resolvi\u00f3 la espiritualidad en la pr\u00e1ctica. Ella y la religiosidad popular han mantenido viva la relaci\u00f3n con los aspectos som\u00e1ticos, psicol\u00f3gicos, hist\u00f3ricos de Jes\u00fas. Los V\u00eda Crucis, la devoci\u00f3n a sus llagas, la espiritualidad de la preciosa sangre, la devoci\u00f3n al coraz\u00f3n de Jes\u00fas, las pr\u00e1cticas eucar\u00edsticas [\u2026]: todo ello ha suplido los vac\u00edos de la teolog\u00eda alimentando la imaginaci\u00f3n y el coraz\u00f3n, el amor y la ternura para con Cristo, la esperanza y la memoria, el deseo y la nostalgia. La raz\u00f3n y la l\u00f3gica anduvieron por otros caminos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref42\"><\/a>[42]<\/p>\n<p>Triple amor<\/p>\n<p>64. Tampoco nos quedamos s\u00f3lo en sus sentimientos humanos, por m\u00e1s bellos y conmovedores que sean, porque contemplando el Coraz\u00f3n de Cristo reconocemos c\u00f3mo en sus sentimientos nobles y sanos, en su ternura, en el temblor de su cari\u00f1o humano, se manifiesta toda la verdad de su amor divino e infinito. As\u00ed lo expresaba Benedicto XVI: \u00abDesde el horizonte infinito de su amor, Dios quiso entrar en los l\u00edmites de la historia y de la condici\u00f3n humana, tom\u00f3 un cuerpo y un coraz\u00f3n, de modo que pudi\u00e9ramos contemplar y encontrar lo infinito en lo finito, el Misterio invisible e inefable en el Coraz\u00f3n humano de Jes\u00fas, el Nazareno\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref43\"><\/a>[43]<\/p>\n<p>65. En realidad, hay un triple amor que se contiene y nos deslumbra en la imagen del Coraz\u00f3n del Se\u00f1or. Ante todo, el amor divino infinito que encontramos en Cristo. Pero adem\u00e1s pensamos en la dimensi\u00f3n espiritual de la humanidad del Se\u00f1or. Desde ese punto de vista, el coraz\u00f3n \u00abes s\u00edmbolo de la ardent\u00edsima caridad que, infundida en su alma, constituye la preciosa dote de su voluntad humana\u00bb. Finalmente \u00abes s\u00edmbolo de su amor sensible\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref44\"><\/a>[44]<\/p>\n<p>66. Estos tres amores no son capacidades separadas, que funcionan de un modo paralelo o sin conexiones, sino que act\u00faan y se expresan juntos y en un constante flujo de vida: \u00abA la luz de la fe \u2014por la cual creemos que en la Persona de Cristo est\u00e1n unidas la naturaleza humana y la naturaleza divina\u2014 nuestra mente se torna id\u00f3nea para concebir los estrech\u00edsimos v\u00ednculos que existen entre el amor sensible del coraz\u00f3n f\u00edsico de Jes\u00fas y su doble amor espiritual, el humano y el divino\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref45\"><\/a>[45]<\/p>\n<p>67. Por eso, entrando en el Coraz\u00f3n de Cristo, nos sentimos amados por un coraz\u00f3n humano, lleno de afectos y sentimientos como los nuestros. Su voluntad humana quiere libremente amarnos y ese querer espiritual est\u00e1 plenamente iluminado por la gracia y la caridad. Llegando a lo m\u00e1s \u00edntimo de ese Coraz\u00f3n nos inunda la gloria inconmensurable de su amor infinito como Hijo eterno que ya no podemos separar de su amor humano. Precisamente en su amor humano, y no apart\u00e1ndonos de \u00e9l, encontramos su amor divino; encontramos \u00ablo infinito en lo finito\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref46\"><\/a>[46]<\/p>\n<p>68. Es ense\u00f1anza constante y definitiva de la Iglesia que nuestra adoraci\u00f3n a su persona es \u00fanica, y comprende inseparablemente tanto su naturaleza divina como su naturaleza humana. Desde antiguo la Iglesia ense\u00f1a que debemos \u00abadorar a un \u00fanico y mismo Cristo, Hijo de Dios y del hombre, por dos y en dos naturalezas inseparables e indivisas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref47\"><\/a>[47] Y esto \u00abcon una sola adoraci\u00f3n [\u2026] seg\u00fan que el Verbo se hizo carne\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref48\"><\/a>[48] De ninguna manera Cristo \u00abes adorado en dos naturalezas, de donde se introducen dos adoraciones\u00bb, sino que se \u00abadora con una sola adoraci\u00f3n al Dios Verbo encarnado con su propia carne\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref49\"><\/a>[49]<\/p>\n<p>69. San Juan de la Cruz ha querido expresar que en la experiencia m\u00edstica el amor inconmensurable de Cristo resucitado no se siente como ajeno a nuestra vida. El Infinito de alg\u00fan modo se abaja para que a trav\u00e9s del Coraz\u00f3n abierto de Cristo podamos vivir un encuentro de amor verdaderamente mutuo: \u00abcosa cre\u00edble es que el ave de bajo vuelo prenda al \u00e1guila real muy subida, si ella se viene a lo bajo, queriendo ser presa\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref50\"><\/a>[50] Y explica que \u00abviendo a la esposa herida de su amor, \u00e9l tambi\u00e9n al gemido de ella viene herido del amor de ella; porque en los enamorados la herida de uno es de entrambos y un mismo sentimiento tienen los dos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref51\"><\/a>[51] Este m\u00edstico entiende la figura del costado herido de Cristo como un llamado a la uni\u00f3n plena con el Se\u00f1or. \u00c9l es el ciervo vulnerado, herido cuando todav\u00eda no nos hemos dejado alcanzar por su amor, que baja a las corrientes de aguas para saciar su propia sed y encuentra consuelo cada vez que nos volvemos a \u00e9l:<\/p>\n<p>\u00abVu\u00e9lvete, paloma,<\/p>\n<p>que el ciervo vulnerado<\/p>\n<p>por el otero asoma<\/p>\n<p>al aire de tu vuelo, y fresco toma\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref52\"><\/a>[52]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Perspectivas trinitarias<\/p>\n<p>70. La devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas es marcadamente cristol\u00f3gica, es una contemplaci\u00f3n directa de Cristo que invita a la uni\u00f3n con \u00e9l. Esto es leg\u00edtimo si tenemos en cuenta lo que pide la Carta a los Hebreos: correr nuestra carrera \u201ccon los ojos fijos en Jes\u00fas\u201d (cf. 12,2). Sin embargo, no podemos ignorar que, al mismo tiempo, Jes\u00fas se presenta como camino para ir al Padre: \u00abYo soy el Camino [&#8230;]. Nadie va al Padre, sino por m\u00ed\u00bb (\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a014,6). \u00c9l nos quiere llevar al Padre. As\u00ed se entiende por qu\u00e9 la predicaci\u00f3n de la Iglesia, desde los comienzos, no nos detiene en Jesucristo, sino que nos conduce al Padre. \u00c9l es quien, en \u00faltimo t\u00e9rmino, como plenitud fontal, debe ser glorificado.\u00a0<a name=\"_ftnref53\"><\/a>[53]<\/p>\n<p>71. Deteng\u00e1monos, por ejemplo, en la Carta a los Efesios, donde se puede advertir con fuerza y claridad c\u00f3mo nuestra adoraci\u00f3n se orienta al Padre: \u00abDoblo mis rodillas delante del Padre\u00bb (\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a03,14); \u00abhay un solo Dios y Padre de todos, que est\u00e1 sobre todos, lo penetra todo y est\u00e1 en todos\u00bb (\u00a0<i>Ef\u00a0<\/i>4,6); \u00absiempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre\u00bb (\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a05,20). El Padre es aquel \u00aba quien nosotros estamos destinados\u00bb (\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a08,6). Por eso, dec\u00eda san Juan Pablo II que \u00abtoda la vida cristiana es como una gran peregrinaci\u00f3n hacia la casa del Padre\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref54\"><\/a>[54] Es lo que experiment\u00f3 san Ignacio de Antioqu\u00eda de camino al martirio: \u00abSiento en mi interior la voz de un agua viva que me habla y me dice: \u201cVen al Padre\u201d\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref55\"><\/a>[55]<\/p>\n<p>72. Es ante todo el Padre de Jesucristo: \u00abBendito sea Dios, el Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a01,3). Es \u00abel Dios de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el Padre de la gloria\u00bb (\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a01,17). Cuando el Hijo se hizo hombre, todos los deseos y aspiraciones de su coraz\u00f3n humano se orientaban hacia el Padre. Si vemos c\u00f3mo Cristo se refer\u00eda al Padre podemos advertir esta fascinaci\u00f3n de su coraz\u00f3n humano, esta perfecta y constante orientaci\u00f3n al Padre.\u00a0<a name=\"_ftnref56\"><\/a>[56] Su historia en esta tierra nuestra fue un caminar sintiendo en su coraz\u00f3n humano un llamado incesante de ir al Padre.\u00a0<a name=\"_ftnref57\"><\/a>[57]<\/p>\n<p>73. Sabemos que la palabra aramea que \u00e9l usaba para dirigirse al Padre era \u201c<i>Abba<\/i>\u201d, que significa \u201cpapito\u201d. En su \u00e9poca algunos se molestaban por esa familiaridad (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a05,18). Es la expresi\u00f3n que us\u00f3 Jes\u00fas para comunicarse con el Padre cuando aparec\u00eda la angustia de la muerte: \u00ab<i>Abba<\/i>\u00a0\u2014Padre\u2014, todo te es posible: aleja de m\u00ed este c\u00e1liz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a014,36). Siempre se reconoci\u00f3 amado por el Padre: \u00abya me amabas antes de la creaci\u00f3n del mundo\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a017,24). Y Jes\u00fas, en su coraz\u00f3n humano, se extasiaba escuchando que el Padre le dec\u00eda: \u00abT\u00fa eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilecci\u00f3n\u00bb (<i>Mc<\/i>\u00a01,11).<\/p>\n<p>74. El cuarto Evangelio dice que el Hijo eterno del Padre estuvo siempre \u00aben el seno del Padre\u00bb (\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a01,18).\u00a0<a name=\"_ftnref58\"><\/a>[58] San Ireneo afirma que \u00abel Hijo de Dios existi\u00f3 siempre frente al Padre\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref59\"><\/a>[59] Y Or\u00edgenes sostiene que el Hijo persevera \u00aben la incesante contemplaci\u00f3n del abismo paterno\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref60\"><\/a>[60] Por eso, cuando el Hijo se hizo hombre, pasaba noches enteras comunic\u00e1ndose con el Padre amado, en la cima del monte (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a06,12). \u00c9l dec\u00eda: \u00abdebo ocuparme de los asuntos de mi Padre\u00bb (\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a02,49). Miremos sus alabanzas: \u00abJes\u00fas se estremeci\u00f3 de gozo, movido por el Esp\u00edritu Santo, y dijo: \u201c\u00a1Te alabo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra!\u201d\u00bb (\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a010,21). Y sus \u00faltimas palabras llenas de confianza fueron: \u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb (\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a023,46).<\/p>\n<p>75. Volvamos ahora los ojos al Esp\u00edritu Santo, que colma el Coraz\u00f3n de Cristo y arde en \u00e9l. Porque, como dec\u00eda san Juan Pablo II, el Coraz\u00f3n de Cristo es \u00abla obra maestra del Esp\u00edritu Santo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref61\"><\/a>[61] No es s\u00f3lo cosa del pasado, pues \u00aben el Coraz\u00f3n de Cristo es continua la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, a la que Jes\u00fas atribuy\u00f3 la inspiraci\u00f3n de su misi\u00f3n (cf.\u202f\u00a0<i>Lc<\/i>\u202f4,18;\u202f\u00a0<i>Is<\/i>\u202f61,1) y cuyo env\u00edo hab\u00eda prometido durante la \u00faltima cena. Es el Esp\u00edritu el que ayuda a captar la riqueza del signo del costado traspasado de Cristo, del que naci\u00f3 la Iglesia (cf. Const.\u00a0<i>Sacrosanctum Concilium<\/i>, 5)\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref62\"><\/a>[62] En definitiva \u00abs\u00f3lo el Esp\u00edritu Santo puede abrir ante nosotros esta plenitud del \u2018hombre interior\u2019, que se encuentra en el Coraz\u00f3n de Cristo. S\u00f3lo \u00c9l puede hacer que desde esta plenitud alcancen fuerza, gradualmente, tambi\u00e9n nuestros corazones humanos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref63\"><\/a>[63]<\/p>\n<p>76. Si intentamos ahondar en el misterio de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, vemos que gime en nosotros y dice\u00a0<i>Abba<\/i>, y \u00abla prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envi\u00f3 a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo, que clama a Dios llam\u00e1ndolo: \u00a1<i>Abba<\/i>!, es decir, \u00a1Padre!\u00bb (<i>Ga<\/i>\u00a04,6). Porque \u00abel mismo Esp\u00edritu se une a nuestro esp\u00edritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios\u00bb (<i>Rm<\/i>\u00a08,16). La acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en el coraz\u00f3n humano de Cristo provoca sin cesar esa atracci\u00f3n hacia su Padre. Y cuando nos une a los sentimientos de Cristo por la gracia, nos hace participar de la relaci\u00f3n del Hijo con el Padre, es \u00abel esp\u00edritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios \u00a1<i>Abba<\/i>!, es decir, \u00a1Padre!\u00bb (<i>Rm<\/i>\u00a08,15).<\/p>\n<p>77. Entonces, nuestra relaci\u00f3n con el Coraz\u00f3n de Cristo se transforma bajo ese impulso del Esp\u00edritu, que nos orienta hacia el Padre, fuente de la vida y \u00faltimo origen de la gracia. Cristo mismo no desea que nos detengamos s\u00f3lo en \u00e9l. El amor de Cristo es \u00abrevelaci\u00f3n de la misericordia del Padre\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref64\"><\/a>[64] Su deseo es que, impulsados por el Esp\u00edritu que brota de su Coraz\u00f3n, \u201ccon \u00e9l y en \u00e9l\u201d vayamos al Padre. La gloria se dirige hacia el Padre \u201cpor\u201d Cristo,\u00a0<a name=\"_ftnref65\"><\/a>[65] \u201ccon\u201d Cristo\u00a0<a name=\"_ftnref66\"><\/a>[66] y \u201cen\u201d Cristo.\u00a0<a name=\"_ftnref67\"><\/a>[67] San Juan Pablo II ense\u00f1aba que \u00abel Coraz\u00f3n del Salvador invita a remontarse al amor del Padre, que es el manantial de todo amor aut\u00e9ntico\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref68\"><\/a>[68] Eso mismo es lo que el Esp\u00edritu Santo, que llega a nosotros desde el Coraz\u00f3n de Cristo, busca alimentar en nuestros corazones. De ah\u00ed que la Liturgia, bajo la acci\u00f3n vivificadora del Esp\u00edritu, siempre se dirige al Padre desde el Coraz\u00f3n resucitado de Cristo.<\/p>\n<p>Expresiones magisteriales recientes<\/p>\n<p>78. De formas diferentes el Coraz\u00f3n de Cristo estuvo presente en la historia de la espiritualidad cristiana. En la Biblia y en los primeros siglos de la Iglesia aparec\u00eda bajo la figura del costado herido del Se\u00f1or, sea como fuente de la gracia, sea como un llamado a un encuentro \u00edntimo de amor. As\u00ed reapareci\u00f3 constantemente en el testimonio de muchos santos hasta el d\u00eda de hoy. En los \u00faltimos siglos esta espiritualidad fue tomando forma como un verdadero culto al Coraz\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>79. Varios de mis predecesores se han referido al Coraz\u00f3n de Cristo e invitaron a unirse a \u00e9l con lenguajes muy diversos. A fines del siglo XIX, Le\u00f3n XIII nos invitaba a consagrarnos a \u00e9l y en su propuesta un\u00eda al mismo tiempo el llamado a la uni\u00f3n con Cristo y la admiraci\u00f3n ante el esplendor de su infinito amor.\u00a0<a name=\"_ftnref69\"><\/a>[69] Unos treinta a\u00f1os despu\u00e9s P\u00edo XI presentaba esta devoci\u00f3n como una suma de la experiencia de fe cristiana.\u00a0<a name=\"_ftnref70\"><\/a>[70] M\u00e1s a\u00fan, P\u00edo XII sostuvo que el culto al Sagrado Coraz\u00f3n expresa de modo excelente, como una sublime s\u00edntesis, nuestro culto a Jesucristo.\u00a0<a name=\"_ftnref71\"><\/a>[71]<\/p>\n<p>80. M\u00e1s recientemente, san Juan Pablo II present\u00f3 el desarrollo de este culto en los siglos pasados como una respuesta ante el crecimiento de formas rigoristas y desencarnadas de espiritualidad que olvidaban la misericordia del Se\u00f1or, pero, al mismo tiempo, como un llamado actual ante un mundo que pretende construirse sin Dios: \u00abLa devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n, tal como se desarroll\u00f3 en la Europa de hace dos siglos, bajo el impulso de las experiencias m\u00edsticas de santa Margarita Mar\u00eda Alacoque,\u202ffue la respuesta al rigorismo jansenista,\u202fque hab\u00eda acabado por desconocer la infinita misericordia de Dios. [\u2026] El\u202fhombre del a\u00f1o 2000 tiene necesidad del Coraz\u00f3n de Cristo\u202fpara conocer a Dios y para conocerse a s\u00ed mismo; tiene necesidad de \u00e9l para construir la civilizaci\u00f3n del amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref72\"><\/a>[72]<\/p>\n<p>81. Benedicto XVI invitaba a reconocer el Coraz\u00f3n de Cristo como presencia \u00edntima y cotidiana en la vida de cada uno: \u00abToda persona necesita tener un \u201ccentro\u201d de su vida, un manantial de verdad y de bondad del cual tomar para afrontar las diversas situaciones y la fatiga de la vida diaria. Cada uno de nosotros, cuando se queda en silencio, no s\u00f3lo necesita sentir los latidos de su coraz\u00f3n, sino tambi\u00e9n, m\u00e1s en profundidad, el pulso de una presencia fiable, perceptible con los sentidos de la fe y, sin embargo, mucho m\u00e1s real: la presencia de Cristo, coraz\u00f3n del mundo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref73\"><\/a>[73]<\/p>\n<p>Profundizaci\u00f3n y actualidad<\/p>\n<p>82. La imagen expresiva y simb\u00f3lica del Coraz\u00f3n de Cristo no es el \u00fanico recurso que nos da el Esp\u00edritu Santo para encontrar el amor de Cristo, y siempre necesitar\u00e1 ser enriquecida, iluminada, renovada gracias a la meditaci\u00f3n, la lectura del Evangelio y la maduraci\u00f3n espiritual. Ya dec\u00eda P\u00edo XII que la Iglesia no pretende que \u00aben el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representaci\u00f3n perfecta y absoluta de su amor divino, pues no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la \u00edntima esencia de este amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref74\"><\/a>[74]<\/p>\n<p>83. Nuestra devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo es algo esencial a la propia vida cristiana en la medida en que significa nuestra apertura, llena de fe y de adoraci\u00f3n, ante el misterio del amor divino y humano del Se\u00f1or, hasta el punto que podemos sostener una vez m\u00e1s que el Sagrado Coraz\u00f3n es una s\u00edntesis del Evangelio.\u00a0<a name=\"_ftnref75\"><\/a>[75] Hay que recordar que las visiones o manifestaciones m\u00edsticas narradas por algunos santos que propusieron con pasi\u00f3n la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo, no son algo que los creyentes est\u00e9n obligados a creer como si fuera la Palabra de Dios.\u00a0<a name=\"_ftnref76\"><\/a>[76] Son bellos est\u00edmulos que pueden motivar y hacer mucho bien, aunque nadie debe sentirse forzado a seguirlos si no constata que le ayudan en su camino espiritual. No obstante, es importante tener presente, como afirmaba P\u00edo XII, que no puede decirse que este culto \u00abdeba su origen a revelaciones privadas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref77\"><\/a>[77]<\/p>\n<p>84. La propuesta de la comuni\u00f3n eucar\u00edstica los primeros viernes de cada mes, por ejemplo, era un fuerte mensaje en un momento en que mucha gente dejaba de comulgar porque no confiaba en el perd\u00f3n divino, en su misericordia, y consideraba la comuni\u00f3n como una especie de premio para los perfectos. En ese contexto jansenista, la promoci\u00f3n de esta pr\u00e1ctica hizo mucho bien, ayudando a reconocer en la Eucarist\u00eda el amor gratuito y cercano del Coraz\u00f3n de Cristo que nos llama a la uni\u00f3n con \u00e9l. Podemos afirmar que hoy tambi\u00e9n har\u00eda mucho bien por otra raz\u00f3n: porque en medio de la vor\u00e1gine del mundo actual y de nuestra obsesi\u00f3n por el tiempo libre, el consumo y la distracci\u00f3n, los tel\u00e9fonos y las redes sociales, olvidamos alimentar nuestra vida con la fuerza de la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>85. Del mismo modo, nadie debe sentirse obligado a realizar una hora de adoraci\u00f3n los d\u00edas jueves. Pero, \u00bfc\u00f3mo no recomendarla? Cuando alguien vive con fervor esta pr\u00e1ctica junto con tantos hermanos y encuentra en la Eucarist\u00eda todo el amor del Coraz\u00f3n de Cristo, \u00abadora juntamente con la Iglesia el s\u00edmbolo y como la huella de la Caridad divina, la cual lleg\u00f3 tambi\u00e9n a amar con el Coraz\u00f3n del Verbo Encarnado al g\u00e9nero humano\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref78\"><\/a>[78]<\/p>\n<p>86. Lo dicho era dif\u00edcilmente comprendido por muchos jansenistas, que miraban con desprecio todo lo que fuera humano, afectivo, corp\u00f3reo, y en definitiva entend\u00edan que esta devoci\u00f3n nos alejaba de la pur\u00edsima adoraci\u00f3n al Dios alt\u00edsimo. P\u00edo XII llam\u00f3 \u00abfalso misticismo\u00bb\u00a0<a name=\"_ftnref79\"><\/a>[79] a esta actitud elitista de algunos grupos que ve\u00edan a Dios tan alto, tan separado, tan distante, que consideraban peligrosas y necesitadas de un control eclesi\u00e1stico las expresiones sensibles de la piedad popular.<\/p>\n<p>87. Podr\u00eda sostenerse que hoy, m\u00e1s que al jansenismo, nos enfrentamos a un fuerte avance de la secularizaci\u00f3n que pretende un mundo libre de Dios. A ello se suma que se multiplican en la sociedad diversas formas de religiosidad sin referencia a una relaci\u00f3n personal con un Dios de amor, que son nuevas manifestaciones de una \u201cespiritualidad sin carne\u201d. Es verdad. Sin embargo, debo advertir que dentro de la misma Iglesia renaci\u00f3 con nuevos rostros el da\u00f1ino dualismo jansenista. Ha tomado renovada fuerza en las \u00faltimas d\u00e9cadas, pero es una manifestaci\u00f3n de aquel gnosticismo que ya da\u00f1aba la espiritualidad en los primeros siglos de la fe cristiana, y que ignoraba la verdad de \u201cla salvaci\u00f3n de la carne\u201d. Por esta raz\u00f3n vuelvo la mirada al Coraz\u00f3n de Cristo e invito a renovar su devoci\u00f3n. Espero que pueda ser atractiva tambi\u00e9n para la sensibilidad actual y de ese modo nos ayude a enfrentar estos viejos y nuevos dualismos a los cuales \u00e9l ofrece una respuesta adecuada.<\/p>\n<p>88. Quisiera agregar que el Coraz\u00f3n de Cristo nos libera al mismo tiempo de otro dualismo: el de comunidades y pastores concentrados s\u00f3lo en actividades externas, reformas estructurales vac\u00edas de Evangelio, organizaciones obsesivas, proyectos mundanos, reflexiones secularizadas, diversas propuestas que se presentan como formalidades que a veces se pretende imponer a todos. Esto con frecuencia deriva en un cristianismo que ha olvidado la ternura de la fe, la alegr\u00eda de la entrega al servicio, el fervor de la misi\u00f3n persona a persona, la cautivadora belleza de Cristo, la estremecida gratitud por la amistad que \u00e9l ofrece y por el sentido \u00faltimo que da a la propia vida. Se trata de otra forma de enga\u00f1oso trascendentalismo, igualmente desencarnado.<\/p>\n<p>89. Estas enfermedades tan actuales, de las cuales, cuando nos hemos dejado atrapar, ni siquiera sentimos el deseo de curarnos, me mueven a proponer a toda la Iglesia un nuevo desarrollo sobre el amor de Cristo representado en su Coraz\u00f3n santo. All\u00ed podemos encontrar el Evangelio entero, all\u00ed est\u00e1 sintetizada la verdad que creemos, all\u00ed est\u00e1 cuanto adoramos y buscamos en la fe, all\u00ed est\u00e1 lo que m\u00e1s necesitamos.<\/p>\n<p>90. Ante el Coraz\u00f3n de Cristo es posible volver a la s\u00edntesis encarnada del Evangelio y vivir aquello que propuse poco tiempo atr\u00e1s recordando a la entra\u00f1able santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas: \u00abLa actitud m\u00e1s adecuada es depositar la confianza del coraz\u00f3n fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin l\u00edmites y que lo ha dado todo en la Cruz de Jesucristo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref80\"><\/a>[80] Ella lo viv\u00eda con intensidad porque hab\u00eda descubierto en el Coraz\u00f3n de Cristo que Dios es amor: \u00abA m\u00ed me ha dado su misericordia infinita, y a trav\u00e9s de ella contemplo y adoro las dem\u00e1s perfecciones divinas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref81\"><\/a>[81] Por eso la oraci\u00f3n m\u00e1s popular, dirigida como un dardo al Coraz\u00f3n de Cristo, dice simplemente: \u00abEn Ti conf\u00edo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref82\"><\/a>[82] No hacen falta m\u00e1s palabras.<\/p>\n<p>91. En los pr\u00f3ximos cap\u00edtulos destacaremos dos aspectos fundamentales que hoy deber\u00eda reunir la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n para seguir aliment\u00e1ndonos y acerc\u00e1ndonos al Evangelio: la experiencia espiritual personal y el compromiso comunitario y misionero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV.<\/p>\n<p>AMOR QUE DA DE BEBER<\/p>\n<p>92. Volvamos a las Sagradas Escrituras, a los textos inspirados que son el principal lugar donde encontramos la Revelaci\u00f3n. En ellas y en la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia est\u00e1 lo que el mismo Se\u00f1or ha querido decirnos para toda la historia. A partir de la lectura de textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, recogeremos algunos efectos de la Palabra en el largo camino espiritual del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Sed del amor de Dios<\/p>\n<p>93. La Biblia muestra que al pueblo que hab\u00eda caminado por el desierto y que esperaba la liberaci\u00f3n, se le anunciaba una abundancia de agua vivificante: \u00abSacar\u00e1n agua con alegr\u00eda de las fuentes de la salvaci\u00f3n\u00bb (<i>Is<\/i>\u00a012,3). Los anuncios mesi\u00e1nicos fueron tomando la forma de un manantial de agua purificadora: \u00abLos rociar\u00e9 con agua pura, y ustedes quedar\u00e1n purificados [\u2026] pondr\u00e9 en ustedes un esp\u00edritu nuevo\u00bb (<i>Ez<\/i>\u00a036,25-26). Es el agua que devolver\u00e1 al pueblo una existencia plena, como una fuente que brota del templo y derrama vida y salud a su paso: \u00abVi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, hab\u00eda una inmensa arboleda. [\u2026] Hasta donde llegue el torrente, tendr\u00e1n vida todos los seres vivientes [\u2026] cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedar\u00e1n saneadas, y habr\u00e1 vida en todas partes adonde llegue el torrente\u00bb (<i>Ez<\/i>\u00a047,7.9).<\/p>\n<p>94. La fiesta jud\u00eda de las Tiendas (\u00a0<i>Sukkot<\/i>), que recordaba los cuarenta a\u00f1os en el desierto, poco a poco hab\u00eda asumido el s\u00edmbolo del agua como un elemento central, e inclu\u00eda un rito de ofrenda de agua cada ma\u00f1ana, que se volv\u00eda muy solemne el \u00faltimo d\u00eda de la fiesta: se realizaba una gran procesi\u00f3n hacia el templo donde finalmente se daban siete vueltas en torno al altar y se ofrendaba a Dios el agua en medio de gran algarab\u00eda.\u00a0<a name=\"_ftnref83\"><\/a>[83]<\/p>\n<p>95. El anuncio de la llegada del tiempo mesi\u00e1nico se presentaba como una fuente abierta para el pueblo: \u00ab<i>Derramar\u00e9 sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusal\u00e9n un esp\u00edritu de gracia y de s\u00faplica; y ellos mirar\u00e1n hacia m\u00ed [\u2026] al que ellos traspasaron [\u2026]. Aquel d\u00eda, habr\u00e1 una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusal\u00e9n, a fin de lavar el pecado y la impureza<\/i>\u00bb<i>\u00a0(Zc 12,10; 13,1).<\/i><\/p>\n<p>96. Un traspasado, una fuente abierta, un esp\u00edritu de gracia y de oraci\u00f3n. Los primeros cristianos inevitablemente ve\u00edan cumplida esta promesa en el costado abierto de Cristo, fuente de donde mana la vida nueva. Recorriendo el Evangelio de Juan vemos c\u00f3mo aquella profec\u00eda se ve\u00eda plasmada en Cristo. Contemplamos su costado abierto, de donde brot\u00f3 el agua del Esp\u00edritu: \u00abUno de los soldados le atraves\u00f3 el costado con la lanza, y en seguida brot\u00f3 sangre y agua\u00bb (Jn 19,34). All\u00ed el evangelista a\u00f1ade: \u00abVer\u00e1n al que ellos mismos traspasaron\u00bb (Jn 19,37). Retoma as\u00ed aquel anuncio del profeta que promet\u00eda al pueblo una fuente abierta en Jerusal\u00e9n, cuando ellos mirar\u00edan al traspasado (cf. Zc 12,10). La fuente abierta es el costado herido de Jesucristo.<\/p>\n<p>97. Advertimos que el mismo Evangelio anunciaba ese momento sagrado, precisamente \u00abel \u00faltimo d\u00eda, el m\u00e1s solemne de la fiesta\u00bb de las Tiendas (Jn 7,37). All\u00ed Jes\u00fas grit\u00f3 al pueblo que celebraba en la gran procesi\u00f3n: \u00abEl que tenga sed, venga a m\u00ed; y beba [\u2026] de su seno brotar\u00e1n manantiales de agua viva\u00bb (Jn 7,37-38). Para ello deb\u00eda llegar su \u201chora\u201d, porque Jes\u00fas \u00aba\u00fan no hab\u00eda sido glorificado\u00bb (Jn 7,39). Todo se cumpli\u00f3 en la fuente desbordante de la Cruz.<\/p>\n<p>98. En el libro del Apocalipsis reaparecen tanto el Traspasado: \u00abtodos lo ver\u00e1n, aun aquellos que lo hab\u00edan traspasado\u00bb (<i>Ap<\/i>\u00a01,7), como la fuente abierta: \u00abQue venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua de la vida\u00bb (<i>Ap<\/i>\u00a022,17).<\/p>\n<p>99. El costado traspasado es al mismo tiempo la sede del amor, un amor que Dios declar\u00f3 a su pueblo con tantas palabras diferentes que vale la pena recordar:<\/p>\n<p>\u00abEres de gran precio a mis ojos, [\u2026] eres valioso, y yo te amo\u00bb (<i>Is\u00a0<\/i>43,4).<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfSe olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entra\u00f1as? \u00a1Pero aunque ella te olvide, yo no te olvidar\u00e9! Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos\u00bb (<i>Is<\/i>\u00a049,15-16).<\/p>\n<p>\u00abAunque se aparten las monta\u00f1as y vacilen las colinas, mi amor no se apartar\u00e1 de ti, mi alianza de paz no vacilar\u00e1\u00bb (<i>Is<\/i>\u00a054,10).<\/p>\n<p>\u00abYo te am\u00e9 con un amor eterno, por eso te atraje con fidelidad\u00bb (<i>Jr<\/i>\u00a031,3).<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1El Se\u00f1or, tu Dios, est\u00e1 en medio de ti, es un guerrero victorioso! \u00c9l exulta de alegr\u00eda a causa de ti, te renueva con su amor, y lanza por ti gritos de alegr\u00eda\u00bb (<i>So<\/i>\u00a03,17).<\/p>\n<p>100. El profeta Oseas llega a hablar del coraz\u00f3n de Dios, ese que \u00ablos atra\u00eda con lazos humanos, con ataduras de amor\u00bb (<i>Os<\/i>\u00a011,4). Por ese mismo amor despreciado pod\u00eda decir: \u00abMi coraz\u00f3n se subleva contra m\u00ed y se enciende toda mi ternura\u00bb (<i>Os<\/i>\u00a011,8). Pero all\u00ed siempre vencer\u00e1 la misericordia (cf.\u00a0<i>Os<\/i>\u00a011,9), que llegar\u00e1 a su m\u00e1xima expresi\u00f3n en Cristo, la palabra definitiva de amor.<i><\/i><\/p>\n<p><i>101. En el Coraz\u00f3n traspasado de Cristo se concentran escritas en carne todas las expresiones de amor de las Escrituras. No es un amor que simplemente se declara, sino que su costado abierto es manantial de vida para los amados, es aquella fuente que sacia la sed de su pueblo.\u00a0<\/i>Como ense\u00f1aba san Juan Pablo II, \u00ablos elementos esenciales de esta devoci\u00f3n pertenecen, de manera permanente, a la espiritualidad propia de la Iglesia a lo largo de toda su historia; pues desde el principio la Iglesia ha dirigido su mirada al Coraz\u00f3n de Cristo traspasado en la cruz\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref84\"><\/a>[84]<\/p>\n<p><i>Resonancias de la Palabra en la historia<\/i><\/p>\n<p>102. Veamos algunos efectos que esta Palabra de Dios ha producido en la historia de la fe cristiana. Varios Padres de la Iglesia, sobre todo del Asia Menor, mencionaban la herida del costado de Jes\u00fas como el origen del agua del Esp\u00edritu: la Palabra, su gracia y los sacramentos que la comunican. La fortaleza de los m\u00e1rtires vive de \u00ab la fuente celestial del agua viva que brota de la entra\u00f1a de Cristo\u00bb ,\u00a0<a name=\"_ftnref85\"><\/a>[85] o, como traduce Rufino, de \u00ab las celestiales y eternas fuentes que proceden de la entra\u00f1a de Cristo\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref86\"><\/a>[86] Los creyentes, que renacimos por el Esp\u00edritu, venimos de esa caverna de la roca, \u00ab hemos salido del vientre de Cristo\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref87\"><\/a>[87] Su costado herido, que interpretamos como su coraz\u00f3n, est\u00e1 lleno del Esp\u00edritu Santo y desde \u00e9l llega a nosotros como r\u00edos de agua viva: \u00ab La fuente del Esp\u00edritu est\u00e1 enteramente en Cristo\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref88\"><\/a>[88] Pero el Esp\u00edritu que recibimos no nos aleja del Se\u00f1or resucitado sino que nos llena de \u00e9l, porque bebiendo del Esp\u00edritu bebemos al mismo Cristo: \u00ab Bebe a Cristo porque \u00e9l es la roca que derrama agua. Bebe a Cristo porque \u00e9l es la fuente de la vida. Bebe a Cristo porque \u00e9l es el r\u00edo cuya fuerza alegra a la ciudad de Dios. Bebe a Cristo porque \u00e9l es la paz. Bebe a Cristo, porque de su seno fluye agua viva\u00bb\u00a0<b>.<\/b>\u00a0<a name=\"_ftnref89\"><\/a>[89]<\/p>\n<p>103. San Agust\u00edn abri\u00f3 el camino a la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n como lugar de encuentro personal con el Se\u00f1or. Es decir, para \u00e9l el pecho de Cristo no es solamente la fuente de la gracia y de los sacramentos, sino que lo personaliza, present\u00e1ndolo como s\u00edmbolo de la uni\u00f3n \u00edntima con Cristo, como lugar de un encuentro de amor. All\u00ed est\u00e1 el origen de la sabidur\u00eda m\u00e1s preciosa, que es conocerle a \u00e9l. En efecto, Agust\u00edn escribe que Juan, el amado, cuando en la \u00faltima cena apoy\u00f3 su cabeza sobre el pecho de Jes\u00fas, se reclin\u00f3 sobre el santuario de la sabidur\u00eda.\u00a0<a name=\"_ftnref90\"><\/a>[90] No estamos ante una mera contemplaci\u00f3n intelectual de una verdad teol\u00f3gica. San Jer\u00f3nimo explicaba que una persona capaz de contemplaci\u00f3n \u00abno goza del placer de los ba\u00f1os, pero bebe de la vida del costado del Se\u00f1or\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref91\"><\/a>[91]<\/p>\n<p>104. San Bernardo retom\u00f3 el simbolismo del costado traspasado del Se\u00f1or entendi\u00e9ndolo expl\u00edcitamente como revelaci\u00f3n y donaci\u00f3n del amor de su Coraz\u00f3n. A trav\u00e9s de la llaga se nos vuelve accesible y podemos hacer propio el gran misterio del amor y de la misericordia: \u00abYo, empero, lo que no hallo en m\u00ed mismo b\u00fascolo confiado en las entra\u00f1as del Salvador, rebosantes de bondad y misericordia, la cual van derramando por los diversos agujeros de su cuerpo sacrat\u00edsimo, pues sus enemigos taladraron sus pies y manos y abrieron con lanza su costado; por estas aberturas puedo yo sacar miel de la piedra y \u00f3leo suave del pe\u00f1asco dur\u00edsimo; puedo gustar y ver cu\u00e1n suave y dulce es el Se\u00f1or. [\u2026] El hierro cruel atraves\u00f3 su alma e hiri\u00f3 su coraz\u00f3n, a fin de que supiese compadecerse de mis flaquezas. El secreto de su coraz\u00f3n se est\u00e1 viendo por las aberturas de su cuerpo; podemos ya contemplar ese sublime misterio de la bondad infinita de nuestro Dios\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref92\"><\/a>[92]<\/p>\n<p>105. Esto reaparece de modo especial en Guillermo de Saint-Thierry quien invitaba a entrar en el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que nos alimenta en su propio pecho.\u00a0<a name=\"_ftnref93\"><\/a>[93] No llama la atenci\u00f3n, si recordamos que para este autor \u00abel arte de las artes es el arte del amor [\u2026]. El amor es donado por el creador de la naturaleza [\u2026]. El amor es una fuerza del alma que, como un peso natural, la conduce a su lugar o fin\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref94\"><\/a>[94] Ese lugar que le es propio, donde reina el amor en plenitud, es el Coraz\u00f3n de Cristo: \u00ab\u00a0<b>\u00bfA d\u00f3nde llevas, Se\u00f1or, a los que abrazas y estrechas sino a tu coraz\u00f3n?\u00a0<\/b>Tu coraz\u00f3n es el dulce man\u00e1 de tu divinidad que guardas en el interior, oh Jes\u00fas, en la urna de oro (cf.\u00a0<i>Hb<\/i>\u00a09,4) de su sapient\u00edsima alma. Dichosos\u00a0<i>aquellos a los que el abrazo los atrae hasta ah\u00ed<\/i>. Dichosos los que escondiste en lo oculto de aquel secreto, en tu coraz\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref95\"><\/a>[95]<\/p>\n<p>106. San Buenaventura une las dos l\u00edneas espirituales en torno al Coraz\u00f3n de Cristo: al mismo tiempo que lo presenta como la fuente de los sacramentos y de la gracia, propone que esta contemplaci\u00f3n se convierta en una relaci\u00f3n de amigos, en un encuentro personal de amor.<\/p>\n<p>107. Por una parte, nos ayuda a reconocer la belleza de la gracia y de los sacramentos que manan de esa fuente de vida que es el costado herido del Se\u00f1or: \u00ab Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: mirar\u00e1n al que traspasaron, uno de los soldados lo hiri\u00f3 con una lanza y le abri\u00f3 el costado. Y fue permisi\u00f3n de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del coraz\u00f3n, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que salta hasta la vida eterna\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref96\"><\/a>[96]<\/p>\n<p>108. Luego nos invita a dar otro paso, para que el acceso a la gracia no se convierta en algo m\u00e1gico, o en una suerte de emanaci\u00f3n de tipo neoplat\u00f3nico, sino en una relaci\u00f3n directa con Cristo, habitando en su Coraz\u00f3n, porque quien bebe es un amigo de Cristo, es un coraz\u00f3n amante: \u00ab Lev\u00e1ntate, pues, alma amiga de Cristo, y s\u00e9 la paloma que anida en la pared de una cueva; s\u00e9 el gorri\u00f3n que ha encontrado una casa y no deja de guardarla; s\u00e9 la t\u00f3rtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacrat\u00edsima\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref97\"><\/a>[97]<\/p>\n<p>La difusi\u00f3n de la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo<\/p>\n<p>109. Poco a poco el costado herido, donde reside el amor de Cristo, del cual a su vez mana la vida de la gracia, fue asumiendo la figura del coraz\u00f3n, especialmente en la vida mon\u00e1stica. Sabemos que a lo largo de la historia el culto al Coraz\u00f3n de Cristo no se manifest\u00f3 de id\u00e9ntica manera, y que los aspectos desarrollados en la modernidad, relacionados con diversas experiencias espirituales, no se pueden extrapolar a las formas medievales y menos a\u00fan a las formas b\u00edblicas donde entrevemos semillas de este culto. No obstante, hoy la Iglesia no desprecia nada de todo lo bueno que el Esp\u00edritu Santo nos regal\u00f3 a lo largo de los siglos, sabiendo que siempre ser\u00e1 posible reconocer un significado m\u00e1s claro y pleno a ciertos detalles de la devoci\u00f3n, o comprender y desplegar nuevos aspectos de la misma.<\/p>\n<p>110. Varias santas mujeres han narrado experiencias de su encuentro con Cristo, caracterizado por el reposo en el Coraz\u00f3n del Se\u00f1or, fuente de vida y de paz interior. As\u00ed sucedi\u00f3 a santa Lutgarda, a santa Matilde de\u00a0<i>Hackeborn, a santa \u00c1ngela de Foligno<\/i>\u00a0, a Juliana de Norwich, entre otras. Santa Gertrudis de Helfta, religiosa cisterciense, narr\u00f3 un momento de oraci\u00f3n en el cual reclin\u00f3 la cabeza en el Coraz\u00f3n de Cristo y escuch\u00f3 sus latidos. En un di\u00e1logo con san Juan Evangelista le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 en su Evangelio \u00e9l no hab\u00eda hablado de lo que vivi\u00f3 cuando tuvo esa misma experiencia. Concluye Gertrudis que \u00abla dulzura de esos latidos se reserv\u00f3 para los tiempos modernos, de manera que, escuch\u00e1ndolos, pueda renovarse el mundo envejecido y tibio en el amor de Dios\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref98\"><\/a>[98] \u00bfPodr\u00edamos pensar que es un anuncio referido a nuestros tiempos, un llamado a reconocer c\u00f3mo se ha vuelto \u201cviejo\u201d este mundo, necesitado de percibir el mensaje siempre nuevo del amor de Cristo? Santa Gertrudis y santa Matilde han sido consideradas entre \u00ablas confidentes m\u00e1s \u00edntimas del Sagrado Coraz\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref99\"><\/a>[99]<\/p>\n<p>111. Los monjes cartujos, alentados sobre todo por Ludolfo de Sajonia, encontraron en la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n un camino para llenar de afecto y cercan\u00eda su relaci\u00f3n con Jesucristo. Quien entra por la herida de su Coraz\u00f3n es inflamado de afecto. Santa Catalina de Siena escribi\u00f3 que los sufrimientos que el Se\u00f1or soport\u00f3 no son algo que podamos presenciar, pero que el Coraz\u00f3n abierto de Cristo es para nosotros la posibilidad de un encuentro actual y personal con tanto amor: \u00abPor eso quise que vieseis el secreto de mi coraz\u00f3n mostr\u00e1ndotelo abierto, para que vieses que yo amaba m\u00e1s que lo que pod\u00edan demostraros mis sufrimientos finitos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref100\"><\/a>[100]<\/p>\n<p>112. La devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo trascendi\u00f3 progresivamente la vida mon\u00e1stica, y colm\u00f3 la espiritualidad de santos maestros, predicadores y fundadores de congregaciones religiosas que la difundieron en los m\u00e1s remotos lugares de la tierra.\u00a0<a name=\"_ftnref101\"><\/a>[101]<\/p>\n<p>113. De particular inter\u00e9s fue la iniciativa de san Juan Eudes, quien \u00abdespu\u00e9s de dar con sus misioneros una fervoros\u00edsima misi\u00f3n en Rennes, logr\u00f3 que el se\u00f1or obispo aprobara en aquella Di\u00f3cesis la celebraci\u00f3n de la fiesta del Coraz\u00f3n adorable de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Esta fue la primera vez que en la Iglesia se autoriz\u00f3 esta fiesta oficialmente. Despu\u00e9s, los obispos de Coutances, de Evreux, de Bayeux, de Lisieux, de Ruan, autorizaron para sus Di\u00f3cesis respectivas la misma fiesta entre los a\u00f1os 1670 y 1671\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref102\"><\/a>[102]<\/p>\n<p>San Francisco de Sales<\/p>\n<p>114. En los tiempos modernos cabe destacar el aporte de san Francisco de Sales. \u00c9l contemplaba frecuentemente el Coraz\u00f3n abierto de Cristo, que invita a habitar en su interior en una relaci\u00f3n personal de amor donde se iluminan los misterios de la vida. Se advierte en el pensamiento de este santo doctor c\u00f3mo, frente a una moral rigorista o a una religiosidad del mero cumplimiento, el Coraz\u00f3n de Cristo se le presentaba como un llamado a la plena confianza en la acci\u00f3n misteriosa de su gracia. As\u00ed lo expresaba en su propuesta a la baronesa de Chantal: \u00abEstoy seguro de que no permaneceremos m\u00e1s en nosotros mismos [\u2026] habitaremos para siempre en el costado herido del Salvador, pues sin \u00e9l no s\u00f3lo no podemos, sino aunque pudi\u00e9ramos, no querr\u00edamos hacer nada\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref103\"><\/a>[103]<\/p>\n<p>115. Para \u00e9l, la devoci\u00f3n estaba lejos de convertirse en una forma de superstici\u00f3n o en una indebida objetivaci\u00f3n de la gracia, porque significaba la invitaci\u00f3n a una relaci\u00f3n personal donde cada uno se siente \u00fanico frente a Cristo, tenido en cuenta en su realidad irrepetible, pensado por Cristo y valorado de un modo directo y exclusivo: \u00abEste coraz\u00f3n muy adorable y muy amable de Nuestro Maestro ardiendo del amor que nos profesa, coraz\u00f3n en el que vemos todos nuestros nombres escritos [\u2026]. Ciertamente es asunto de grand\u00edsimo consuelo que seamos amados tan entra\u00f1ablemente por Nuestro Se\u00f1or que nos lleva siempre en su Coraz\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref104\"><\/a>[104] Ese nombre propio escrito en el Coraz\u00f3n de Cristo era el modo como san Francisco de Sales intentaba simbolizar hasta qu\u00e9 punto el amor de Cristo hacia cada uno no es abstracto o gen\u00e9rico sino que implica una personalizaci\u00f3n donde el creyente se siente valorado y reconocido por s\u00ed mismo: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 hermoso es este Cielo ahora que el Salvador es su sol y el pecho de \u00c9l una fuente de amor de la cual los bienaventurados beben seg\u00fan su deseo! Cada uno va a mirar all\u00ed dentro y ve su nombre escrito con caracteres de amor, que s\u00f3lo el verdadero amor puede leer y que el verdadero amor ha grabado. \u00a1Ah Dios! mi querida hija, \u00bfacaso los nuestros no estar\u00e1n all\u00ed? S\u00ed estar\u00e1n, sin duda; pues, por m\u00e1s que nuestro coraz\u00f3n no tiene el amor, tiene no obstante el deseo del amor y el comienzo del amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref105\"><\/a>[105]<\/p>\n<p>116. \u00c9l consideraba dicha experiencia como algo fundamental para una vida espiritual que colocaba esta convicci\u00f3n entre las grandes verdades de fe: \u00abS\u00ed mi querida Hija, piensa en vos, y no solamente en vos, sino en el m\u00e1s m\u00ednimo cabello de vuestra cabeza: es un art\u00edculo de fe y en modo alguno hay que dudar de \u00e9l\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref106\"><\/a>[106] Esto tiene como consecuencia que el creyente se vuelve capaz de un completo abandono en el Coraz\u00f3n de Cristo, donde encuentra reposo, consuelo, fortaleza: \u00ab\u00a1Oh Dios! qu\u00e9 felicidad estar as\u00ed entre los brazos y sobre el pecho [del Salvador]. [\u2026] Permaneced as\u00ed, querida Hija, y como otro peque\u00f1o san Juan, mientras que los otros comen en la mesa del Salvador distintas viandas, descansad por un gesto de simpl\u00edsima confianza, vuestra cabeza, vuestra alma, vuestro esp\u00edritu en el pecho amoroso de este querido Se\u00f1or\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref107\"><\/a>[107] \u00abEspero que estar\u00e9is en la caverna de la t\u00f3rtola y en el costado traspasado de nuestro querido Salvador. [\u2026] \u00a1Qu\u00e9 bueno es este Se\u00f1or, mi querida Hija! \u00a1Qu\u00e9 amable es su Coraz\u00f3n! Permanezcamos aqu\u00ed, en este santo domicilio\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref108\"><\/a>[108]<\/p>\n<p>117. Pero, fiel a su ense\u00f1anza sobre la santificaci\u00f3n en la vida ordinaria, propone que esto sea vivido en medio de las actividades, las tareas y las obligaciones de la vida cotidiana: \u00ab\u00bfMe pregunt\u00e1is c\u00f3mo las almas que son atra\u00eddas en la oraci\u00f3n a esta santa simplicidad y a este perfecto abandono en Dios deben comportarse en todas sus acciones? Yo contesto que, no solamente en la oraci\u00f3n, sino en el comportamiento de toda su vida, deben andar invariablemente en esp\u00edritu de simplicidad, abandonando y entregando toda su alma, sus acciones y sus \u00e9xitos a la voluntad de Dios, con un amor de perfecta y absoluta confianza, abandon\u00e1ndose a la gracia y al cuidado del amor eterno que la divina Providencia siente por ellas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref109\"><\/a>[109]<\/p>\n<p>118. Por todo esto, a la hora de pensar en un s\u00edmbolo que pudiera sintetizar su propuesta de vida espiritual, concluye: \u00abHe pensado, querida Madre, si os parece, que es menester que tomemos como escudo un \u00fanico coraz\u00f3n traspasado por dos flechas encerrado en una corona de espinas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref110\"><\/a>[110]<\/p>\n<p>Una nueva declaraci\u00f3n de amor<\/p>\n<p>119. Bajo el sano influjo de esta espiritualidad salesa los acontecimientos de Paray-le-Monial tuvieron lugar a finales del siglo XVII. Santa Margarita Mar\u00eda Alacoque narr\u00f3 importantes apariciones entre finales de diciembre de 1673 y junio de 1675. Lo fundamental es una declaraci\u00f3n de amor que se destaca en la primera gran aparici\u00f3n. Jes\u00fas dice: \u00abMi divino Coraz\u00f3n est\u00e1 tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que no pudiendo ya contener en s\u00ed mismo las llamas de su caridad ardiente, le es preciso comunicarlas por tu medio, y manifestarse a todos para enriquecerlos con los preciosos tesoros, que te descubro\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref111\"><\/a>[111]<\/p>\n<p>120. Santa Margarita Mar\u00eda resume todo de una manera potente y fervorosa: \u00abMe descubri\u00f3 todas las maravillas de su amor y los secretos inexplicables de su Coraz\u00f3n Sagrado, que hasta entonces me hab\u00eda tenido siempre ocultos. Aqu\u00ed me los descubri\u00f3 por vez primera; pero de un modo tan operativo y sensible, que, a juzgar por los efectos producidos en m\u00ed por esta gracia, no me deja motivo alguno de duda\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref112\"><\/a>[112] En las siguientes manifestaciones se reafirma la hermosura de este mensaje: \u00abMe descubri\u00f3 las maravillas inexplicables de su amor puro, y el exceso, a que le hab\u00eda conducido el amar a los hombres\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref113\"><\/a>[113]<\/p>\n<p>121. Este intenso reconocimiento del amor de Jesucristo que nos transmiti\u00f3 santa Margarita Mar\u00eda nos ofrece valiosos est\u00edmulos para nuestra uni\u00f3n con \u00e9l. Eso no significa que nos sintamos obligados a aceptar o asumir todos los detalles de esa propuesta espiritual, donde, como suele ocurrir, se mezclan con la acci\u00f3n divina elementos humanos relacionados con los propios deseos, inquietudes e im\u00e1genes interiores.\u00a0<a name=\"_ftnref114\"><\/a>[114] Tal propuesta, siempre tiene que ser rele\u00edda a la luz del Evangelio y de toda la rica tradici\u00f3n espiritual de la Iglesia, al mismo tiempo que reconocemos cu\u00e1nto bien ha hecho en tantas hermanas y en tantos hermanos. Esto nos permite reconocer regalos del Esp\u00edritu Santo dentro de dicha experiencia de fe y de amor. M\u00e1s importante que los detalles es el n\u00facleo del mensaje que se nos transmite y que puede resumirse en aquellas palabras que santa Margarita escuch\u00f3: \u00abHe ah\u00ed este Coraz\u00f3n, que ha amado tanto a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref115\"><\/a>[115]<\/p>\n<p>122. Esta manifestaci\u00f3n es una invitaci\u00f3n a un crecimiento en el encuentro con Cristo, gracias a la confianza sin reservas, hasta alcanzar una uni\u00f3n plena y definitiva: \u00ab Es preciso que el Divino Coraz\u00f3n de Jes\u00fas se sustituya de tal modo en lugar del nuestro, que \u00c9l solo viva y obre en nosotras y por nosotras; que su voluntad [\u2026] pueda obrar absolutamente sin resistencia de nuestra parte; y en fin, que sus afectos, sus pensamientos y deseos est\u00e9n en lugar de los nuestros y sobre todo su amor, que se amar\u00e1 \u00c9l mismo en nosotras y por nosotras. Y de este modo, si\u00e9ndonos este amable Coraz\u00f3n todo en todas las cosas, podremos decir con San Pablo, que no vivimos ya, sino que vive \u00c9l en nosotras\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref116\"><\/a>[116]<\/p>\n<p>123. En realidad, en el primer mensaje recibido por ella, presentaba esta vivencia de un modo m\u00e1s personal, m\u00e1s concreto, lleno de fuego y de ternura: \u00ab Me pidi\u00f3 despu\u00e9s el coraz\u00f3n, y yo le supliqu\u00e9 que le tomase. Le tom\u00f3 e introdujo en su Coraz\u00f3n adorable, en el cual me le mostr\u00f3 como un peque\u00f1o \u00e1tomo, que se consum\u00eda en aquel horno encendido\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref117\"><\/a>[117]<\/p>\n<p>124. En otro momento advertimos que quien se nos entrega es el Cristo resucitado, lleno de gloria, pleno de vida y de luz. Si bien en distintos momentos habla de los sufrimientos que soport\u00f3 por nosotros y de la ingratitud que recibe, aqu\u00ed no se destacan la sangre y las llagas sufrientes, sino la luz y el fuego del Viviente. Las heridas de la Pasi\u00f3n, que no desaparecen, quedan transfiguradas. As\u00ed, aqu\u00ed se expresa el Misterio de la Pascua en su integridad: \u00ab Una vez entre otras, estando expuesto el Sant\u00edsimo Sacramento [\u2026] se me present\u00f3 Jesucristo, mi divino Maestro, todo radiante de gloria, con sus cinco llagas, que brillaban como cinco soles, y por todas partes sal\u00edan llamas de su sagrada humanidad, especialmente de su adorable pecho, el cual parec\u00eda un horno. Abri\u00f3se este y me descubri\u00f3 su amant\u00edsimo y amabil\u00edsimo Coraz\u00f3n, que era el vivo foco de donde proced\u00edan semejantes llamas. Entonces fue cuando me descubri\u00f3 las maravillas inexplicables de su amor puro, y el exceso, a que le hab\u00eda conducido el amar a los hombres, de los cuales no recib\u00eda sino ingratitudes y desprecios\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref118\"><\/a>[118]<\/p>\n<p>San Claudio de La Colombi\u00e8re<\/p>\n<p>125. Cuando san Claudio de La Colombi\u00e8re conoci\u00f3 las experiencias de santa Margarita, inmediatamente se convirti\u00f3 en su defensor y divulgador. \u00c9l tuvo un papel especial en la comprensi\u00f3n y en la difusi\u00f3n de esta devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n, pero tambi\u00e9n en su interpretaci\u00f3n a la luz del Evangelio.<\/p>\n<p>126. Si bien algunas de las expresiones de santa Margarita, mal entendidas, pod\u00edan dar lugar a confiar demasiado en los propios sacrificios y ofrendas, san Claudio evidencia que la contemplaci\u00f3n del Coraz\u00f3n de Cristo, si es aut\u00e9ntica, no provoca una complacencia en uno mismo o una vanagloria en experiencias o en esfuerzos humanos, sino un indescriptible abandono en Cristo que llena la vida de paz, de seguridad, de decisi\u00f3n. \u00c9l expresaba muy bien esta confianza absoluta en una c\u00e9lebre oraci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abEstoy tan convencido, Dios m\u00edo, de que velas sobre todos los que esperan en Ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda de Ti todas las cosas, que he determinado vivir de ahora en adelante sin ning\u00fan cuidado, descarg\u00e1ndome en Ti de todas mis solicitudes [\u2026]. No por eso perder\u00e9 la esperanza; antes la conservar\u00e9 hasta el postrer suspiro de mi vida y vanos ser\u00e1n los esfuerzos de todos los demonios del infierno por arranc\u00e1rmela [\u2026]. Que otros esperen la dicha de sus riquezas o de sus talentos; que descansen otros en la inocencia de su vida, o en la aspereza de su penitencia, o en la multitud de sus buenas obras, o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a m\u00ed toda mi confianza se funda en mi misma confianza [\u2026]. Confianza semejante jam\u00e1s sali\u00f3 fallida a nadie. [\u2026] As\u00ed que, seguro estoy de ser eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serlo, y porque eres T\u00fa, Dios m\u00edo, de quien lo espero\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref119\"><\/a>[119]<\/p>\n<p>127. San Claudio escribi\u00f3 una nota en enero de 1677, encabezada por unas l\u00edneas que se refieren a la seguridad que \u00e9l sent\u00eda sobre su propia misi\u00f3n: \u00abHe reconocido que Dios quiere servirse de m\u00ed, procurando el cumplimiento de sus deseos respecto a la devoci\u00f3n que me ha sugerido una persona, a quien \u00c9l se comunica muy confidencialmente y para la cual ha querido servirse de mi flaqueza. Ya la he inspirado a muchas personas\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref120\"><\/a>[120]<\/p>\n<p>128. Es importante advertir c\u00f3mo en la espiritualidad de La Colombi\u00e8re se produce una hermosa s\u00edntesis entre la rica y bella experiencia espiritual de santa Margarita y la contemplaci\u00f3n tan concreta de los Ejercicios ignacianos. \u00c9l escrib\u00eda al inicio de la Tercera Semana del mes de Ejercicios: \u00abDos cosas me han conmovido sumamente y me han tenido ocupado todo el tiempo. La primera es la disposici\u00f3n con que sale Jesucristo al encuentro de los que le buscan [\u2026]. Su coraz\u00f3n est\u00e1 anegado en un mar de amarguras: todas las pasiones se han desencadenado en su interior, toda la naturaleza est\u00e1 desconcertada, y a trav\u00e9s de estos des\u00f3rdenes y de todas estas tentaciones, su Coraz\u00f3n va derecho a Dios, no da un paso en falso, no vacila en tomar el partido que la virtud y la m\u00e1s alta virtud le sugiere. [\u2026] La segunda cosa es la disposici\u00f3n de este mismo Coraz\u00f3n con respecto a Judas, que le traicionaba; a los Ap\u00f3stoles, que cobardemente le abandonaban; a los Sacerdotes y a los dem\u00e1s, que eran los autores de la persecuci\u00f3n que sufr\u00eda. Es cierto que todo ello no fue capaz de excitar en \u00c9l el menor resentimiento de odio ni de indignaci\u00f3n [\u2026]. Me represento, pues, a este Coraz\u00f3n sin hiel, sin acritud, lleno de verdadera ternura para con sus enemigos\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref121\"><\/a>[121]<\/p>\n<p>San Carlos de Foucauld y santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas<\/p>\n<p>129. San Carlos de Foucauld y santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, sin pretenderlo, han reconfigurado algunos elementos de la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo, ayud\u00e1ndonos a entenderla de un modo todav\u00eda m\u00e1s fiel al Evangelio. Veamos ahora c\u00f3mo se expres\u00f3 en sus vidas esta devoci\u00f3n. En el pr\u00f3ximo cap\u00edtulo volveremos a ellos para mostrar la originalidad de la dimensi\u00f3n misionera que ambos desarrollaron de modos diversos.<\/p>\n<p>Iesus Caritas<\/p>\n<p><a name=\"_Hlk162972431\"><\/a>130. En Louye, san Carlos de Foucauld hac\u00eda visitas al Sant\u00edsimo con su prima, Madame de Bondy, y un d\u00eda ella le se\u00f1al\u00f3 una imagen del Sagrado Coraz\u00f3n.\u00a0<a name=\"_ftnref122\"><\/a>[122] Esta prima fue fundamental en la conversi\u00f3n de Carlos, tal como \u00e9l lo reconoce: \u00abPuesto que Dios te ha hecho el primer instrumento de sus misericordias para conmigo, de ti proceden todas. Si t\u00fa no me hubieras convertido, llevado a Jes\u00fas y ense\u00f1ado poco a poco, como letra a letra, todo lo que es piadoso y bueno, \u00bfestar\u00eda hoy donde estoy?\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref123\"><\/a>[123] Pero precisamente, lo que ella despert\u00f3 en \u00e9l es la conciencia ardiente del amor de Jes\u00fas. All\u00ed estaba todo, eso era lo m\u00e1s importante. Y esto se concentraba particularmente en la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo, donde \u00e9l encontraba la misericordia sin l\u00edmites: \u00abEsperemos en la misericordia infinita de aquel cuyo coraz\u00f3n t\u00fa me hiciste conocer\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref124\"><\/a>[124]<\/p>\n<p>131. Luego su director espiritual, el abate Henri Huvelin, le ayudar\u00e1 a profundizar ese precioso misterio: \u00abEste coraz\u00f3n bendito del que usted me habl\u00f3 tantas veces\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref125\"><\/a>[125] El 6 de junio de 1889, Carlos se consagr\u00f3 al Sagrado Coraz\u00f3n, donde \u00e9l hallaba un amor absoluto. \u00c9l le dice a Cristo: \u00abMe hab\u00e9is colmado de tales beneficios, que me parece ser\u00eda ingratitud para con vuestro coraz\u00f3n no creer que est\u00e1 dispuesto a colmarme de todo bien, por grande que sea, y que su amor y su liberalidad no tienen medida\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref126\"><\/a>[126] \u00c9l ser\u00e1 el ermita\u00f1o \u00abbajo el nombre del coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref127\"><\/a>[127]<\/p>\n<p>132. El 17 de mayo de 1906, el mismo d\u00eda en que fray Carlos, solo, ya no puede celebrar la misa, escribe que promete \u00abdejar vivir en m\u00ed el coraz\u00f3n de Jes\u00fas para que ya no sea yo quien viva, sino el coraz\u00f3n de Jes\u00fas quien viva en m\u00ed, como viv\u00eda en Nazaret\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref128\"><\/a>[128] Su amistad con Jes\u00fas, coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, no ten\u00eda nada de un devocionalismo intimista. Era la ra\u00edz de esa vida despojada de Nazaret con la cual Carlos quer\u00eda imitar a Cristo y configurarse con \u00e9l. Aquella tierna devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo tuvo consecuencias muy concretas en su estilo de vida y su Nazaret se alimentaba de esa relaci\u00f3n tan personal con el Coraz\u00f3n de Cristo.<i><\/i><\/p>\n<p>Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas<\/p>\n<p>133. Al igual que san Carlos de Foucauld, santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas respir\u00f3 la enorme devoci\u00f3n que inundaba Francia en el siglo XIX. El sacerdote Almire Pichon era el director espiritual de su familia y se le consideraba un gran ap\u00f3stol del Sagrado Coraz\u00f3n. Una hermana suya tom\u00f3 el nombre religioso \u201cMar\u00eda del Sagrado Coraz\u00f3n\u201d, y el monasterio al que la santa ingres\u00f3 estaba dedicado al Sagrado Coraz\u00f3n. No obstante, su devoci\u00f3n tom\u00f3 algunas caracter\u00edsticas propias m\u00e1s all\u00e1 de las formas como se expresaba en aquel momento.<\/p>\n<p>134. Cuando ten\u00eda quince a\u00f1os encontr\u00f3 un modo de resumir su relaci\u00f3n con Jes\u00fas: \u00ab Aquel cuyo coraz\u00f3n late al un\u00edsono con el m\u00edo\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref129\"><\/a>[129] Dos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando le hablaban de un Coraz\u00f3n coronado de espinas, ella agregaba en una carta: \u00ab T\u00fa bien sabes que yo no veo al Sagrado Coraz\u00f3n como todo el mundo. Yo pienso que el coraz\u00f3n de mi Esposo es s\u00f3lo para m\u00ed, como el m\u00edo es s\u00f3lo para \u00e9l, y por eso le hablo en la soledad de este delicioso coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, a la espera de llegar a contemplarlo un d\u00eda cara a cara\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref130\"><\/a>[130]<\/p>\n<p>135. En una poes\u00eda ella expres\u00f3 el sentido de su devoci\u00f3n, hecha m\u00e1s de amistad y confianza que de seguridad en los propios sacrificios:<\/p>\n<p>\u00abYo quiero un coraz\u00f3n ardiente de ternura<\/p>\n<p>que me sirva de apoyo sin jam\u00e1s vacilar,<\/p>\n<p>que todo lo ame en m\u00ed, incluso mi pobreza\u2026,<\/p>\n<p>que nunca me abandone, ni me olvide jam\u00e1s. [\u2026]<\/p>\n<p>\u00a1Yo necesito a un Dios de humanidad vestido,<\/p>\n<p>que se haga hermano m\u00edo y que pueda penar! [\u2026]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>S\u00e9 que nuestras justicias y todos nuestros m\u00e9ritos<\/p>\n<p>carecen de valor a tus divinos ojos [\u2026]<\/p>\n<p>por eso he escogido para mi purgatorio<\/p>\n<p>tu amor consumidor, \u00a1Coraz\u00f3n de mi Dios!\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref131\"><\/a>[131]<\/p>\n<p>136. Quiz\u00e1s el texto m\u00e1s importante para poder comprender el sentido de su devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo sea la carta que escribi\u00f3, tres meses antes de morir, a su amigo Maurice Belli\u00e8re: \u00ab Cuando veo a Magdalena adelantarse, en presencia de los numerosos invitados, y regar con sus l\u00e1grimas los pies de su Maestro adorado, a quien toca por primera vez, siento que su coraz\u00f3n ha comprendido los abismos de amor y de misericordia del coraz\u00f3n de Jes\u00fas y que, por m\u00e1s pecadora que sea, ese coraz\u00f3n de amor est\u00e1 dispuesto, no s\u00f3lo a perdonarla, sino incluso a prodigarle los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres m\u00e1s altas de la contemplaci\u00f3n. Querido hermanito, desde que se me ha concedido a m\u00ed tambi\u00e9n comprender el amor del coraz\u00f3n de Jes\u00fas, le confieso que \u00e9l ha desterrado todo temor de mi coraz\u00f3n. El recuerdo de mis faltas me humilla y me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es m\u00e1s que debilidad; pero sobre todo, ese recuerdo me habla de misericordia y de amor\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref132\"><\/a>[132]<\/p>\n<p>137. Las mentes eticistas, que pretenden llevar un control de la misericordia y de la gracia, dir\u00edan que ella pod\u00eda expresar esto porque era santa, pero que no podr\u00eda afirmarlo una persona pecadora. De ese modo, quitan de la espiritualidad de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas su hermosa novedad que refleja el coraz\u00f3n del Evangelio. Lamentablemente, se ha vuelto frecuente en algunos c\u00edrculos cristianos este intento de encerrar al Esp\u00edritu Santo en un esquema que les permita tener todo bajo su supervisi\u00f3n. Sin embargo, esta sabia doctora de la Iglesia les tapa la boca, y contradice directamente esa interpretaci\u00f3n reductiva con estas palabras tan claras: \u00ab aunque hubiera cometido todos los cr\u00edmenes posibles, seguir\u00eda teniendo la misma confianza; s\u00e9 que toda esa multitud de ofensas ser\u00eda como una gota de agua arrojada en una hoguera encendida\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref133\"><\/a>[133]<\/p>\n<p>138. A sor Mar\u00eda, que la elogiaba por su generoso amor a Dios dispuesto al martirio, ella le responde detenidamente en una carta que hoy es uno de los grandes hitos de la historia de la espiritualidad. Esta p\u00e1gina deber\u00eda ser le\u00edda mil veces por su hondura, claridad y belleza. All\u00ed ayuda a la hermana \u201cdel Sagrado Coraz\u00f3n\u201d a evitar concentrar esta devoci\u00f3n en un aspecto dolorista, ya que algunos entend\u00edan la reparaci\u00f3n como una suerte de primac\u00eda de los sacrificios o de los cumplimientos moralistas. Ella, en cambio, resume todo en la confianza como la mejor ofrenda, agradable al Coraz\u00f3n de Cristo: \u00ab Mis deseos de martirio no son nada, no son ellos los que me dan la confianza ilimitada que siento en mi coraz\u00f3n. A decir verdad, las riquezas espirituales hacen injusto al hombre cuando se apoya en ellas con complacencia, creyendo que son algo grande. [\u2026] Lo que le agrada es verme amar mi peque\u00f1ez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia\u2026 Este es mi \u00fanico tesoro [\u2026] si deseas sentir alegr\u00eda o atractivo por el sufrimiento, es tu propio consuelo lo que buscas [\u2026]. Comprende que para amar a Jes\u00fas, para ser su v\u00edctima de amor, cuanto m\u00e1s d\u00e9bil se es, sin deseos ni virtudes, m\u00e1s cerca se est\u00e1 de las operaciones de ese Amor consumidor y transformante. [\u2026] \u00a1Ay, c\u00f3mo quisiera hacerte comprender lo que yo siento\u2026! La confianza, y nada m\u00e1s que la confianza, puede conducirnos al amor\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref134\"><\/a>[134]<\/p>\n<p>139. En muchos de sus textos se advierte su lucha contra formas de espiritualidad demasiado centradas en el esfuerzo humano, en el m\u00e9rito propio, en el ofrecimiento de sacrificios, en determinados cumplimientos para \u201cganarse el cielo\u201d. Para ella, \u00abel m\u00e9rito no consiste en hacer mucho ni en dar mucho, sino m\u00e1s bien en recibir\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref135\"><\/a>[135] Leamos una vez m\u00e1s algunos de los textos tan significativos donde ella insiste en ese camino, que es un modo simple y r\u00e1pido de ganar al Se\u00f1or por el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>140. As\u00ed escribe a su hermana Leonia: \u00abTe aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas. \u00c9l se conforma con una mirada, con un suspiro de amor\u2026 Y creo que la perfecci\u00f3n es algo muy f\u00e1cil de practicar, pues he comprendido que lo \u00fanico que hay que hacer es ganar a Jes\u00fas por el coraz\u00f3n\u2026 F\u00edjate en un ni\u00f1ito que acaba de disgustar a su madre [\u2026] si va a tenderle sus bracitos sonriendo y dici\u00e9ndole: \u201cDame un beso, no lo volver\u00e9 a hacer\u201d, \u00bfno lo estrechar\u00e1 su madre tiernamente contra su coraz\u00f3n, y olvidar\u00e1 sus travesuras infantiles\u2026? Sin embargo, ella sabe muy bien que su peque\u00f1o volver\u00e1 a las andadas en la primera ocasi\u00f3n; pero no importa: si vuelve a ganarla otra vez por el coraz\u00f3n, nunca ser\u00e1 castigado\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref136\"><\/a>[136]<\/p>\n<p>141. En una carta al padre Adolphe Roulland dice: \u00abMi camino es todo \u00e9l de confianza y de amor, y no comprendo a las almas que tienen miedo de tan tierno amigo. A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales en los que la perfecci\u00f3n se presenta rodeada de mil estorbos y mil trabas, y circundada de una multitud de ilusiones, mi pobre esp\u00edritu se fatiga muy pronto, cierro el docto libro que me quiebra la cabeza y me diseca el coraz\u00f3n y tomo en mis manos la Sagrada Escritura. Entonces todo me parece luminoso, una sola palabra abre a mi alma horizontes infinitos, la perfecci\u00f3n me parece f\u00e1cil: veo que basta con reconocer la propia nada y abandonarse como un ni\u00f1o en los brazos de Dios\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref137\"><\/a>[137]<\/p>\n<p>142. Y dirigi\u00e9ndose al abate Maurice Belli\u00e8re, a prop\u00f3sito de un padre de familia, expresa: \u00ab No creo que el coraz\u00f3n de ese padre afortunado pueda resistirse a la confianza filial de su hijo, cuya sinceridad y amor conoce. Sin embargo, no ignora que su hijo volver\u00e1 a caer m\u00e1s de una vez en las mismas faltas, pero est\u00e1 dispuesto a perdonarle siempre si su hijo le vuelve a ganar una y otra vez por el coraz\u00f3n\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref138\"><\/a>[138]<\/p>\n<p>Resonancias en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/p>\n<p>143. Hemos visto c\u00f3mo san Claudio de La Colombi\u00e8re un\u00eda la experiencia espiritual de santa Margarita con la propuesta de los Ejercicios espirituales. Considero que el lugar del Sagrado Coraz\u00f3n en la historia de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas merece unas breves palabras.<\/p>\n<p>144. La espiritualidad de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas siempre propuso un \u00ab conocimiento interno del Se\u00f1or [\u2026] para que m\u00e1s le ame y le siga\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref139\"><\/a>[139] San Ignacio nos invita en sus Ejercicios espirituales a situarnos frente al Evangelio, que nos narra que Jes\u00fas\u00a0<b><\/b>\u00ab herido con la lanza su costado, man\u00f3 agua y sangre\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref140\"><\/a>[140] Cuando el ejercitante queda frente al costado herido de Cristo, Ignacio le propone entrar en el Coraz\u00f3n de Cristo. Este es un camino para madurar el propio coraz\u00f3n de la mano de un \u201cmaestro de los afectos\u201d, seg\u00fan la expresi\u00f3n que san Pedro Fabro usaba en una de sus cartas a san Ignacio.\u00a0<a name=\"_ftnref141\"><\/a>[141] Lo menciona tambi\u00e9n el jesuita Juan Alfonso de Polanco, en su biograf\u00eda de san Ignacio, en la cual reconoc\u00eda que \u00ab[el cardenal Contarini] hab\u00eda encontrado al Padre Ignacio como un maestro de los afectos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref142\"><\/a>[142] Los coloquios que san Ignacio propone son parte esencial de esta educaci\u00f3n del coraz\u00f3n, porque sentimos y gustamos con el coraz\u00f3n un mensaje del Evangelio y lo conversamos con el Se\u00f1or. San Ignacio dice que podemos comunicarle nuestras cosas al Se\u00f1or y pedirle consejo acerca de ellas. Cualquier ejercitante puede reconocer que en los Ejercicios hay un di\u00e1logo de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>145. San Ignacio finaliza las contemplaciones al pie del Crucificado, invitando al ejercitante a dirigirse con mucho afecto al Se\u00f1or crucificado y a preguntarle \u00ab como un amigo habla a otro, o un siervo a su se\u00f1or\u00bb qu\u00e9 deber\u00eda hacer por \u00e9l.\u00a0<a name=\"_ftnref143\"><\/a>[143] El itinerario de los Ejercicios culmina en la \u201cContemplaci\u00f3n para alcanzar Amor\u201d, de la que brota el agradecimiento y la ofrenda de \u201c la memoria, el entendimiento y la voluntad\u201d al Coraz\u00f3n que es fuente y origen de todo bien.\u00a0<a name=\"_ftnref144\"><\/a>[144] Tal conocimiento interior del Se\u00f1or no se construye con nuestras luces y esfuerzos, se pide como don.<\/p>\n<p>146. Esta misma experiencia est\u00e1 detr\u00e1s de una larga cadena de sacerdotes jesuitas que se han referido expl\u00edcitamente al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, como san Francisco de Borja, san Pedro Fabro, san Alonso Rodr\u00edguez, el padre \u00c1lvarez de Paz, el padre Vicente Caraffa, el padre Kasper Dru\u017cbicki y tantos otros. En 1883 los jesuitas declararon \u00ab que la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas acepta y recibe con un esp\u00edritu desbordante de gozo y de gratitud, la suav\u00edsima carga que le ha confiado nuestro Se\u00f1or Jesucristo de practicar, promover y propagar la devoci\u00f3n a su divin\u00edsimo Coraz\u00f3n\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref145\"><\/a>[145] En diciembre de 1871 el padre Pieter Jan Beckx consagr\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y, como se\u00f1al de que segu\u00eda siendo parte actual de la vida de la Compa\u00f1\u00eda, el padre Pedro Arrupe lo hizo nuevamente en 1972, con una convicci\u00f3n que se expresa en estas palabras: \u00abQuiero decir a la Compa\u00f1\u00eda algo que juzgo no debo callar. Desde mi noviciado, siempre he estado convencido de que en la llamada \u201cDevoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n\u201d est\u00e1 encerrada una expresi\u00f3n simb\u00f3lica de lo m\u00e1s profundo del esp\u00edritu ignaciano y una extraordinaria eficacia \u2014 ultra quam speraverint\u2014 tanto para la perfecci\u00f3n propia como para la fecundidad apost\u00f3lica. Ese convencimiento lo poseo a\u00fan. [\u2026] En esta devoci\u00f3n tengo una de las fuentes m\u00e1s entra\u00f1ables de mi vida interior\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref146\"><\/a>[146]<\/p>\n<p>147. Cuando san Juan Pablo II invit\u00f3 \u00aba todos los miembros de la Compa\u00f1\u00eda a que promuevan con mayor celo a\u00fan esta devoci\u00f3n que corresponde m\u00e1s que nunca a las esperanzas de nuestro tiempo\u00bb lo hizo porque reconoc\u00eda los \u00edntimos lazos que hay entre la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo y la espiritualidad ignaciana, ya que el deseo de \u00abconocer \u00edntimamente al Se\u00f1or\u00bb y de \u00abmantener un di\u00e1logo\u00bb con \u00e9l, coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, \u00abes caracter\u00edstico, gracias a los ejercicios espirituales, del dinamismo espiritual y apost\u00f3lico ignaciano, todo \u00e9l al servicio del amor del Coraz\u00f3n de Dios\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref147\"><\/a>[147]<\/p>\n<p>Una larga corriente de vida interior<\/p>\n<p>148. La devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo reaparece en el camino espiritual de muchos santos muy diferentes entre s\u00ed y en cada uno de ellos esta devoci\u00f3n adquiere nuevos aspectos. San Vicente de Pa\u00fal, por dar un ejemplo, dec\u00eda que lo que Dios quiere es el coraz\u00f3n: \u00ab Dios pide principalmente el coraz\u00f3n, el coraz\u00f3n, que es lo principal. \u00bfDe d\u00f3nde viene que uno que carezca de bienes merezca m\u00e1s que el que teniendo grandes posesiones, renuncia a ellas? De que el que no tiene nada, va con m\u00e1s afecto; y eso es lo que Dios quiere especialmente\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref148\"><\/a>[148] Esto implica aceptar que el propio coraz\u00f3n se una al de Cristo: \u00abUna hermana que hace todo lo que puede para poner su coraz\u00f3n en disposici\u00f3n de unirse al de Nuestro Se\u00f1or [\u2026] \u00a1cu\u00e1ntas bendiciones puede esperar de Dios!\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref149\"><\/a>[149]<\/p>\n<p>149. A veces tenemos la tentaci\u00f3n de considerar este misterio de amor como un admirable hecho del pasado, como una bella espiritualidad de otros tiempos, y necesitamos recordar una y otra vez, como dec\u00eda un santo misionero, que \u00abeste Coraz\u00f3n divino, que toler\u00f3 ser atravesado por una lanza enemiga para derramar por esa sagrada abertura los Sacramentos con los que se form\u00f3 la Iglesia, de ning\u00fan modo ha dejado de amar\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref150\"><\/a>[150] Otros santos m\u00e1s recientes como san P\u00edo de Pietrelcina, santa Teresa de Calcuta y tantos m\u00e1s, hablan con sentida devoci\u00f3n sobre el Coraz\u00f3n de Cristo. Pero quisiera recordar tambi\u00e9n las experiencias de santa Faustina Kowalska que reproponen la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo con un fuerte acento en la vida gloriosa del Resucitado y en la misericordia divina. De hecho, motivado por estas vivencias de la santa y bebiendo de la herencia espiritual del santo obispo J\u00f3zef Sebastian Pelczar (1842-1924),\u00a0<a name=\"_ftnref151\"><\/a>[151] san Juan Pablo II conectaba \u00edntimamente su reflexi\u00f3n sobre la misericordia con la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo: \u00abLa Iglesia parece profesar de manera particular la misericordia de Dios y venerarla dirigi\u00e9ndose al Coraz\u00f3n de Cristo. En efecto, precisamente el acercarnos a Cristo en el misterio de su coraz\u00f3n, nos permite detenernos en este punto [\u2026] de la revelaci\u00f3n del amor misericordioso del Padre, que ha constituido el n\u00facleo central de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica del Hijo del Hombre\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref152\"><\/a>[152] El mismo san Juan Pablo II, refiri\u00e9ndose al Sagrado Coraz\u00f3n, reconoci\u00f3 de una manera muy personal: \u00ab\u00c9l me ha hablado desde mi juventud\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref153\"><\/a>[153]<\/p>\n<p>150. La actualidad de la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo se advierte particularmente en la acci\u00f3n evangelizadora y educativa de numerosas congregaciones religiosas femeninas y masculinas que han sido marcadas desde sus or\u00edgenes por esta experiencia espiritual cristol\u00f3gica. Mencionarlas a todas ser\u00eda una tarea interminable. Veamos s\u00f3lo dos ejemplos tomados al azar: \u00abEl Fundador [san Daniel Comboni] ha encontrado en el misterio del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas la fuerza para su compromiso misionero\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref154\"><\/a>[154]\u00a0<sup>[54]<\/sup>\u00a0\u00abImpulsadas por el amor del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, buscamos el crecimiento de las personas en su dignidad humana y como hijos e hijas de Dios, a partir del evangelio y de sus exigencias de amor, de perd\u00f3n, de justicia y de solidaridad con los pobres y marginados\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref155\"><\/a>[155]\u00a0<sup>[55]<\/sup>\u00a0Del mismo modo, los santuarios consagrados al Coraz\u00f3n de Cristo, esparcidos por el mundo, son un cautivante manantial de espiritualidad y de fervor. A todos los que de alguna manera participan de estos espacios de fe y caridad les hago llegar mi paternal bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>La devoci\u00f3n del consuelo<\/p>\n<p><i>151. La herida del costado, de donde brota el agua viva, sigue abierta en el Resucitado. Esa gran herida producida por la lanza, y las llagas de la corona de espinas que suelen aparecer en las representaciones del Sagrado Coraz\u00f3n, son inseparables de esta devoci\u00f3n. Porque en ella se contempla el amor de Jesucristo que fue capaz de entregarse hasta el fin. El coraz\u00f3n del Resucitado mantiene estas se\u00f1ales de la entrega total que implic\u00f3 un intenso sufrimiento por nosotros. Por eso resulta de alg\u00fan modo inevitable que el creyente desee reaccionar, no solamente frente a ese gran amor, sino tambi\u00e9n ante el dolor que Cristo acept\u00f3 soportar por tanto amor.<\/i><\/p>\n<p>Con \u00c9l en la Cruz<\/p>\n<p>152. Vale la pena rescatar esa expresi\u00f3n de la experiencia espiritual desarrollada en torno al Coraz\u00f3n de Cristo: el deseo interior de darle un consuelo. No tratar\u00e9 ahora la pr\u00e1ctica de la \u201creparaci\u00f3n\u201d, que considero mejor situada en el contexto de la dimensi\u00f3n social de esta devoci\u00f3n, por lo cual la desarrollar\u00e9 en el pr\u00f3ximo cap\u00edtulo. Ahora s\u00f3lo quisiera concentrarme en ese deseo que muchas veces brota en el coraz\u00f3n del creyente enamorado cuando contempla el misterio de la pasi\u00f3n de Cristo y la vive como un misterio que no s\u00f3lo se recuerda, sino que por la gracia se vuelve presente, o mejor, nos lleva a nosotros a estar m\u00edsticamente presentes en ese momento redentor. Si el Amado es el m\u00e1s importante, entonces, \u00bfc\u00f3mo no querer consolarle?<\/p>\n<p>153. El Papa P\u00edo XI intent\u00f3 fundamentarlo invit\u00e1ndonos a reconocer que el misterio de la redenci\u00f3n por la pasi\u00f3n de Cristo salta por la gracia de Dios todas las distancias del tiempo y del espacio, de modo que si \u00e9l en la Cruz se entregaba tambi\u00e9n por los pecados futuros, los nuestros, de la misma manera nuestros actos ofrecidos hoy para su consuelo, traspasando los tiempos, llegaron a su Coraz\u00f3n herido: \u00abQue si a causa tambi\u00e9n de nuestros pecados futuros, pero previstos, el alma de Cristo Jes\u00fas estuvo triste hasta la muerte, sin duda alg\u00fan consuelo recibir\u00eda de nuestra reparaci\u00f3n tambi\u00e9n futura, pero prevista, cuando el \u00e1ngel del cielo (\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a022,43) se le apareci\u00f3 para consolar su Coraz\u00f3n oprimido de tristeza y angustias. As\u00ed, a\u00fan podemos y debemos consolar aquel Coraz\u00f3n sacrat\u00edsimo, incesantemente ofendido por los pecados y la ingratitud de los hombres, por este modo admirable, pero verdadero\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref156\"><\/a>[156]<\/p>\n<p>Las razones del coraz\u00f3n<\/p>\n<p>154. Puede parecer que esta expresi\u00f3n de la devoci\u00f3n no tiene suficiente sustento teol\u00f3gico, sin embargo, el coraz\u00f3n tiene sus razones. El\u00a0<i>sensus fidelium\u00a0<\/i>intuye que aqu\u00ed hay algo misterioso m\u00e1s all\u00e1 de nuestra l\u00f3gica humana, y que la pasi\u00f3n de Cristo no es un mero hecho del pasado: podemos participar en ella desde la fe. Meditar la entrega de Cristo en la cruz, para la piedad de los fieles es algo mayor que un mero recuerdo. Esta convicci\u00f3n est\u00e1 s\u00f3lidamente fundada en la teolog\u00eda.\u00a0<a name=\"_ftnref157\"><\/a>[157] A esto se une la conciencia del propio pecado, que \u00e9l carg\u00f3 sobre sus hombros heridos, y de la propia inadecuaci\u00f3n frente a tanto amor, que siempre nos sobrepasa infinitamente.<\/p>\n<p>155. De todos modos, nos preguntamos c\u00f3mo es posible relacionarnos con el Cristo vivo, resucitado, plenamente feliz, y al mismo tiempo consolarlo en la pasi\u00f3n. Consideremos el hecho de que el Coraz\u00f3n resucitado conserva su herida como memoria constante, y que la acci\u00f3n de la gracia provoca una experiencia que no se contiene enteramente en el instante cronol\u00f3gico. Estas dos convicciones nos permiten admitir que estamos ante una v\u00eda m\u00edstica que supera los intentos de la raz\u00f3n y expresa lo que la misma Palabra de Dios nos sugiere. \u00abMas \u2014escribe el Papa P\u00edo XI\u2014, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1n estos actos de reparaci\u00f3n consolar a Cristo, que dichosamente reina en los cielos? Respondemos con palabras de San Agust\u00edn: \u201cDame un coraz\u00f3n que ame y sentir\u00e1 lo que digo\u201d. Un alma de veras amante de Dios, si mira al tiempo pasado, ve a Jesucristo trabajando, doliente, sufriendo dur\u00edsimas penas \u201cpor nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n\u201d, tristeza, angustias, oprobios, \u201cquebrantado por nuestras culpas\u201d (\u00a0<i>Is<\/i>\u00a053,5) y san\u00e1ndonos con sus llagas. De todo lo cual tanto m\u00e1s hondamente se penetran las almas piadosas cuanto m\u00e1s claro ven que los pecados de los hombres en cualquier tiempo cometidos fueron causa de que el Hijo de Dios se entregase a la muerte\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref158\"><\/a>[158]<\/p>\n<p>156. Esta ense\u00f1anza de P\u00edo XI merece ser tenida en cuenta. Pues cuando la Escritura sostiene que los creyentes que no viven de acuerdo con su fe \u00abpor su cuenta vuelven a crucificar al Hijo de Dios\u00bb (<i>Hb<\/i>\u00a06,6), o que cuando soporto padecimientos por los dem\u00e1s \u00abcompleto en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo\u00bb (<i>Col<\/i>\u00a01,24), o que Cristo en su pasi\u00f3n or\u00f3 no solamente por sus disc\u00edpulos de entonces sino \u00abpor los que, gracias a su palabra, creer\u00e1n\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a017,20) en \u00e9l, est\u00e1 diciendo algo que rompe nuestros esquemas limitados. Nos muestra que no es posible establecer un antes y un despu\u00e9s sin conexi\u00f3n alguna, aunque nuestro pensamiento no sepa c\u00f3mo explicarlo. El Evangelio, en sus distintos aspectos, no es s\u00f3lo para reflexionarlo o recordarlo, sino para vivirlo, tanto en las obras de amor como en la experiencia interior, y esto vale sobre todo para el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Las separaciones temporales que nuestra mente utiliza no parecen contener la verdad de esta experiencia creyente donde se funden la uni\u00f3n con Cristo sufriente y a la vez la potencia, el consuelo y la amistad que gozamos con el Resucitado.<\/p>\n<p>157. Vemos ahora la unidad del Misterio pascual en sus dos aspectos inseparables que se iluminan entre s\u00ed. Ese \u00fanico Misterio que se hace presente por la gracia en sus dos dimensiones, hace que al mismo tiempo que intentamos ofrecer algo a Cristo para su consuelo, nuestros propios sufrimientos se ven iluminados y transfigurados por la luz pascual del amor. Lo que sucede es que nosotros participamos de ese Misterio en nuestra vida concreta, porque antes Cristo mismo quiso participar de nuestra vida, quiso vivir anticipadamente como cabeza lo que vivir\u00eda su cuerpo eclesial, tanto en las heridas como en los consuelos. Cuando vivimos en gracia de Dios, esta mutua participaci\u00f3n se nos vuelve experiencia espiritual.<b>\u00a0<\/b>En definitiva, es el Resucitado quien, con la acci\u00f3n de su gracia, hace posible que nos unamos misteriosamente a su pasi\u00f3n. Lo saben los corazones creyentes que viven el gozo de la resurrecci\u00f3n, pero simult\u00e1neamente desean participar en el destino de su Se\u00f1or. Est\u00e1n dispuestos a esa participaci\u00f3n con los sufrimientos, los cansancios, las desilusiones y los temores que son parte de su vida. No viven tal Misterio en soledad, ya que estas llagas son igualmente participaci\u00f3n en el destino del cuerpo m\u00edstico de Cristo que camina en el santo pueblo de Dios y que lleva en s\u00ed el destino de Cristo en cada tiempo y lugar de la historia. La devoci\u00f3n del consuelo no es ahist\u00f3rica o abstracta, se hace carne y sangre en el camino de la Iglesia.<\/p>\n<p>La compunci\u00f3n<\/p>\n<p>158. El inevitable deseo de consolar a Cristo, que parte del dolor de contemplar lo que sufri\u00f3 por nosotros, se alimenta tambi\u00e9n en el reconocimiento sincero de nuestras esclavitudes, los apegos, las faltas de alegr\u00eda en la fe, las b\u00fasquedas vanas, y, m\u00e1s all\u00e1 de los pecados concretos, la no correspondencia del coraz\u00f3n a su amor y a su proyecto. Es una experiencia que nos purifica, porque el amor necesita la purificaci\u00f3n de las l\u00e1grimas que al final nos dejan m\u00e1s sed de Dios y menos obsesi\u00f3n por nosotros mismos.<\/p>\n<p>159. As\u00ed vemos que m\u00e1s hondo se vuelve el deseo de consolar al Se\u00f1or mientras m\u00e1s se profundiza la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n creyente, que \u00abno es un sentimiento de culpa que nos tumba por tierra, no es el escr\u00fapulo que paraliza, sino que es un aguij\u00f3n ben\u00e9fico que quema por dentro y cura, porque el coraz\u00f3n, cuando ve el propio mal y se reconoce pecador, se abre, acoge la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, agua viva que lo sacude haciendo correr las l\u00e1grimas sobre el rostro. [\u2026] No se trata de sentir l\u00e1stima de uno mismo, como frecuentemente nos vemos tentados a hacer. [\u2026] Tener l\u00e1grimas de compunci\u00f3n, en cambio, es arrepentirse seriamente de haber entristecido a Dios con el pecado; es reconocer estar siempre en deuda y no ser nunca acreedores [\u2026]. Como una gota excava la piedra, as\u00ed las l\u00e1grimas excavan lentamente los corazones endurecidos. Se asiste de esta manera al milagro de la tristeza, de la buena tristeza que lleva a la dulzura. [\u2026] La compunci\u00f3n no es el fruto de nuestro trabajo, sino que es una gracia y como tal ha de pedirse en la oraci\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref159\"><\/a>[159] Es \u00abdemandar [\u2026] dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, l\u00e1grimas, pena interna de tanta pena que Cristo pas\u00f3 por m\u00ed\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref160\"><\/a>[160]<\/p>\n<p>160. Por consiguiente, ruego que nadie se burle de las expresiones de fervor creyente del santo pueblo fiel de Dios, que en su piedad popular intenta consolar a Cristo. E invito a cada uno a preguntarse si no hay m\u00e1s racionalidad, m\u00e1s verdad y m\u00e1s sabidur\u00eda en ciertas manifestaciones de ese amor que busca consolar al Se\u00f1or que en los fr\u00edos, distantes, calculados y m\u00ednimos actos de amor de los que somos capaces aquellos que pretendemos poseer una fe m\u00e1s reflexiva, cultivada y madura.<\/p>\n<p>Consolados para consolar<\/p>\n<p>161. En esta contemplaci\u00f3n del Coraz\u00f3n de Cristo entregado hasta el extremo somos consolados nosotros. El dolor que sentimos en el coraz\u00f3n abre paso a la confianza plena y finalmente lo que queda es gratitud, ternura, paz; queda su amor reinando en nuestra vida. La compunci\u00f3n \u00abno provoca angustia, sino que aligera el alma de las cargas, porque act\u00faa en la herida del pecado, disponi\u00e9ndonos a recibir precisamente all\u00ed la caricia del Se\u00f1or\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref161\"><\/a>[161] Y nuestro dolor se une al dolor de Cristo en la cruz, pues cuando decimos que la gracia nos permite saltar todas las distancias, esto significa adem\u00e1s que Cristo, cuando sufr\u00eda, se un\u00eda a todos los sufrimientos de sus disc\u00edpulos a lo largo de la historia. De ese modo, si sufrimos, podemos vivir el consuelo interior de saber que el mismo Cristo sufre con nosotros. Deseando consolarle, salimos consolados.<\/p>\n<p>162. Pero en alg\u00fan momento de esta contemplaci\u00f3n del coraz\u00f3n creyente, debe resonar aquel dram\u00e1tico reclamo del Se\u00f1or: \u00ab\u00a1Consuelen, consuelen a mi pueblo!\u00bb (<i>Is<\/i>\u00a040,1). Y nos vienen a la memoria las palabras de san Pablo, que nos recuerda que Dios nos consuela \u00abpara que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios\u00bb (<i>2 Co<\/i>\u00a01,4).<\/p>\n<p>163. Esto nos invita ahora a tratar de ahondar en la dimensi\u00f3n comunitaria, social y misionera de toda aut\u00e9ntica devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo. Porque al mismo tiempo que el Coraz\u00f3n de Cristo nos lleva al Padre, nos env\u00eda a los hermanos. En los frutos de servicio, fraternidad y misi\u00f3n que el Coraz\u00f3n de Cristo produce a trav\u00e9s de nosotros se cumple la voluntad del Padre. De este modo se cierra el c\u00edrculo: \u00abLa gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a015,8).<b><br \/>\n<\/b><\/p>\n<p>V.<\/p>\n<p>AMOR POR AMOR<\/p>\n<p>164. En las experiencias espirituales de santa Margarita Mar\u00eda, junto a la ardiente declaraci\u00f3n de amor de Jesucristo, encontramos tambi\u00e9n una resonancia interior que interpela a dar la vida. Sabernos amados y depositar toda la confianza en ese amor no significa anular todas nuestras capacidades de entrega, no implica renunciar al imparable deseo de dar alguna respuesta desde nuestras peque\u00f1as y limitadas capacidades.<\/p>\n<p>Un lamento y un pedido<\/p>\n<p>165. A partir de la segunda gran manifestaci\u00f3n a santa Margarita, Jes\u00fas expresa el dolor porque su gran amor a los hombres no recibe a cambio \u00abpor procurar su bien, sino frialdad y repulsas [\u2026] ingratitudes y desprecios. Esto \u2014dice el Se\u00f1or\u2014 me es mucho m\u00e1s sensible, que cuanto he sufrido en mi pasi\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref162\"><\/a>[162]<\/p>\n<p>166. Jes\u00fas habla de su sed de ser amado, nos muestra que no es indiferente a su Coraz\u00f3n la reacci\u00f3n que nosotros tengamos ante su deseo: \u00abTengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado de los hombres en el Sant\u00edsimo Sacramento, que esta sed me consume; y no hallo nadie que se esfuerce, seg\u00fan mi deseo, en apag\u00e1rmela, correspondiendo de alguna manera a mi amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref163\"><\/a>[163] El pedido de Jes\u00fas es amor. Cuando el coraz\u00f3n creyente lo descubre, la respuesta que brota espont\u00e1neamente no consiste en una pesada b\u00fasqueda de sacrificios o en el mero cumplimiento de un pesado deber, es cuesti\u00f3n de amor: \u00abRecib\u00ed de Dios gracias excesivas de su amor, y sinti\u00e9ndome movida del deseo de corresponderle en algo y rendirle amor por amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref164\"><\/a>[164] As\u00ed ense\u00f1a Le\u00f3n XIII, escribiendo que, mediante la imagen del Sagrado Coraz\u00f3n, la caridad de Cristo \u00abnos incita a devolverle amor por amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref165\"><\/a>[165]<\/p>\n<p>Prolongar su amor en los hermanos<\/p>\n<p>167. Necesitamos volver a la Palabra de Dios para reconocer que la mejor respuesta al amor de su Coraz\u00f3n es el amor a los hermanos, no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor. La Palabra de Dios lo dice con total claridad:<\/p>\n<p>\u00abLes aseguro que cada vez que lo hicieron con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, lo hicieron conmigo\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a025,40).<\/p>\n<p>\u00abToda la Ley est\u00e1 resumida plenamente en este precepto: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (<i>Ga<\/i>\u00a05,14).<\/p>\n<p>\u00abNosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte\u00bb (<i>1\u00a0Jn\u00a0<\/i>3,14).<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfC\u00f3mo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?\u00bb (<i>1 Jn<\/i>\u00a04,20).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>168. El amor a los hermanos no se fabrica, no es resultado de nuestro esfuerzo natural, sino que requiere una transformaci\u00f3n de nuestro coraz\u00f3n ego\u00edsta. Entonces nace de una forma espont\u00e1nea la c\u00e9lebre s\u00faplica: \u201cJes\u00fas, haz nuestro coraz\u00f3n semejante al tuyo\u201d. Por esta misma raz\u00f3n, la invitaci\u00f3n de san Pablo no era: \u201cesfu\u00e9rcense por hacer obras buenas\u201d. Su invitaci\u00f3n era m\u00e1s precisamente: \u00abTengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jes\u00fas\u00bb (<i>Flp<\/i>\u00a02,5).<\/p>\n<p>169. Es bueno recordar que en el Imperio romano muchas personas pobres, forasteros y tantos otros descartados, encontraban en los cristianos respeto, cari\u00f1o y cuidado. Esto explica el razonamiento del emperador ap\u00f3stata Juliano, quien se preguntaba por qu\u00e9 los cristianos eran tan respetados y seguidos, y consideraba que una de las razones era su tarea de asistencia a los pobres y a los forasteros, dado que el Imperio los ignoraba y despreciaba. Para este emperador era intolerable que sus pobres no recibiesen ayuda de parte suya, mientras los odiados cristianos \u00abalimentan a los suyos, y adem\u00e1s a los nuestros\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref166\"><\/a>[166] En la carta se detiene especialmente en la orden de crear instituciones de beneficencia para competir con los cristianos y atraer el respeto de la sociedad: \u00abAbre en todas las ciudades numerosos alberges, para que los extranjeros puedan gozar de nuestra humanidad [\u2026]. Acostumbra a los helenos a los actos de beneficencia\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref167\"><\/a>[167] Pero no logr\u00f3 su objetivo, seguramente porque detr\u00e1s de estas obras no hab\u00eda algo semejante al amor cristiano que permit\u00eda reconocer a cada persona una dignidad \u00fanica.<\/p>\n<p>170. Identific\u00e1ndose con los m\u00e1s peque\u00f1os de la sociedad (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a025,31-46), \u00abJes\u00fas aport\u00f3 la gran novedad del reconocimiento de la dignidad de toda persona, y tambi\u00e9n, y sobre todo, de aquellas personas que eran calificadas de \u201cindignas\u201d. Este nuevo principio de la historia humana, por el que el ser humano es m\u00e1s \u201cdigno\u201d de respeto y amor cuanto m\u00e1s d\u00e9bil, miserable y sufriente, hasta el punto de perder la propia \u201cfigura\u201d humana, ha cambiado la faz del mundo, dando lugar a instituciones que se ocupan de personas en condiciones inhumanas: los neonatos abandonados, los hu\u00e9rfanos, los ancianos en soledad, los enfermos mentales, personas con enfermedades incurables o graves malformaciones y aquellos que viven en la calle\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref168\"><\/a>[168]<\/p>\n<p>171. Aun desde el punto de vista de la herida de su Coraz\u00f3n, la mirada dirigida al Se\u00f1or, que \u00abtom\u00f3 nuestras debilidades y carg\u00f3 sobre s\u00ed nuestras enfermedades\u00bb (\u00a0<i>Mt<\/i>\u202f8,17), nos ayuda a prestar m\u00e1s atenci\u00f3n al sufrimiento y a las carencias de los dem\u00e1s, nos hace fuertes para participar en su obra de liberaci\u00f3n, como instrumentos para la difusi\u00f3n de su amor.\u00a0<a name=\"_ftnref169\"><\/a>[169] Si contemplamos la entrega de Cristo por todos, se nos vuelve inevitable preguntarnos por qu\u00e9 no somos capaces de dar la vida por los dem\u00e1s: \u00abEn esto hemos conocido el amor: en que \u00e9l entreg\u00f3 su vida por nosotros. Por eso, tambi\u00e9n nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos\u00bb (\u00a0<i>1 Jn\u202f<\/i>3,16).<\/p>\n<p>Algunas resonancias en la historia de la espiritualidad<\/p>\n<p>172. Esta uni\u00f3n entre la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y el compromiso con los hermanos atraviesa la historia de la espiritualidad cristiana. Veamos algunos ejemplos.<\/p>\n<p>Ser una fuente para los dem\u00e1s<\/p>\n<p>173. A partir de Or\u00edgenes, varios Padres de la Iglesia interpretaron el texto de Juan 7,38 \u2014\u00abde su seno brotar\u00e1n manantiales de agua viva\u00bb\u2014 como referido al mismo creyente, aunque es la consecuencia de que \u00e9l mismo ha bebido de Cristo. De este modo la uni\u00f3n con Cristo no se orienta s\u00f3lo a saciar la propia sed sino a convertirnos en una fuente de agua fresca para los dem\u00e1s. Dec\u00eda Or\u00edgenes que Cristo cumple su promesa haciendo brotar de nosotros corrientes de agua: \u00abEl alma del ser humano, que es a imagen de Dios, puede contener en s\u00ed y producir de s\u00ed pozos, fuentes y r\u00edos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref170\"><\/a>[170]<\/p>\n<p>174. San Ambrosio recomendaba beber de Cristo \u00abpara que abunde en ti la fuente de agua que salta a la vida eterna\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref171\"><\/a>[171] Y Mario Victorino sosten\u00eda que el Esp\u00edritu Santo se dona con tal abundancia que \u00abquien lo recibe se convierte en un seno que derrama r\u00edos de agua viviente\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref172\"><\/a>[172] San Agust\u00edn dec\u00eda que este r\u00edo que brota del creyente es la benevolencia.\u00a0<a name=\"_ftnref173\"><\/a>[173] Santo Tom\u00e1s de Aquino reafirmaba esta idea sosteniendo que cuando alguien \u00abse apresura a comunicar a otros diversos dones de la gracia que recibi\u00f3 de Dios, agua viva fluye de su seno\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref174\"><\/a>[174]<\/p>\n<p>175. Porque, si bien \u00abel sacrificio de la cruz, ofrecido con coraz\u00f3n amante y obediente, presenta una satisfacci\u00f3n sobreabundante e infinita por los pecados del g\u00e9nero humano\u00bb,\u00a0<a name=\"_ftnref175\"><\/a>[175] la Iglesia, que nace del Coraz\u00f3n de Cristo, prolonga y comunica en todos los tiempos y en todas partes los efectos de esa \u00fanica pasi\u00f3n redentora, que orientan a las personas a la uni\u00f3n directa con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>176. En el seno de la Iglesia, la mediaci\u00f3n de Mar\u00eda, intercesora y madre, s\u00f3lo se entiende \u00abcomo una participaci\u00f3n de esta \u00fanica fuente que es la mediaci\u00f3n de Cristo mismo\u00bb,\u00a0<a name=\"_ftnref176\"><\/a>[176] el \u00fanico Redentor, y\u00a0<i><\/i>\u00abla Iglesia no duda en confesar esta funci\u00f3n subordinada de Mar\u00eda\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref177\"><\/a>[177] La devoci\u00f3n al coraz\u00f3n de Mar\u00eda no pretende debilitar la \u00fanica adoraci\u00f3n debida al Coraz\u00f3n de Cristo, sino estimularla: \u00abLa misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediaci\u00f3n \u00fanica de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref178\"><\/a>[178] Gracias al inmenso manantial que mana del costado abierto de Cristo, la Iglesia, Mar\u00eda y todos los creyentes, de diferentes maneras, se convierten en canales de agua viva. As\u00ed Cristo mismo despliega su gloria en nuestra peque\u00f1ez.<\/p>\n<p>Fraternidad y m\u00edstica<\/p>\n<p>177. San Bernardo, al mismo tiempo que invitaba a la uni\u00f3n con el Coraz\u00f3n de Cristo, aprovechaba la riqueza de esta devoci\u00f3n para proponer un cambio de vida fundado en el amor. \u00c9l cre\u00eda que era posible una transformaci\u00f3n de la afectividad, esclavizada por los placeres, que no se libera por la obediencia ciega a un mandato sino en una respuesta a la dulzura del amor de Cristo. El mal se supera con el bien, el mal se vence con el crecimiento del amor: \u00abAma, pues, al Se\u00f1or, tu Dios, con el afecto de un coraz\u00f3n lleno y entero; \u00e1male con toda la sabidur\u00eda y vigilancia de la raz\u00f3n; \u00e1male con todas las fuerzas del esp\u00edritu, de suerte que no temas ni siquiera el morir por amor suyo [\u2026]. Sea el Se\u00f1or Jes\u00fas para tu afecto un objeto de dulzura, a fin de destruir la dulzura criminal de los placeres de la vida carnal: una dulzura supere a la otra, como un clavo expulsa a otro clavo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref179\"><\/a>[179]<\/p>\n<p>178. San Francisco de Sales se dejaba iluminar especialmente por el pedido de Jes\u00fas: \u00abAprendan de m\u00ed, porque soy paciente y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a011,29). De este modo, dec\u00eda, en las cosas m\u00e1s simples y ordinarias le robamos el coraz\u00f3n al Se\u00f1or: \u00abHay que tener cuidado de servirle en cosas grandes y altas y en peque\u00f1as y abyectas, pues con unas y con otras podemos arrebatarle el coraz\u00f3n mediante el amor. [\u2026] Tantos leves detalles de caridad ordinarios, ese dolor de cabeza o de muelas, una indisposici\u00f3n, la palabra desabrida del marido o de la esposa, la rotura de un cristal, un desprecio o una burla, la p\u00e9rdida de los guantes, de un anillo, de un pa\u00f1uelo, la insignificante molestia que supone ir a acostarse temprano o levantarse al alba para hacer oraci\u00f3n antes de comulgar, la verg\u00fcenza que se siente al cumplir con ciertos deberes de piedad p\u00fablicamente; en una palabra, todos los sufrimientos recibidos y practicados con amor agradan mucho a la Bondad Divina\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref180\"><\/a>[180] Pero, en definitiva, la clave de nuestra respuesta al amor del Coraz\u00f3n de Cristo es el amor al pr\u00f3jimo: \u00abun amor firme, constante, invariable, que, no deteni\u00e9ndose en nimiedades, ni en las cualidades o condiciones de las personas, no est\u00e1 sujeto a cambios ni a las animadversiones [\u2026]. Nuestro Se\u00f1or nos ama sin interrupci\u00f3n [\u2026], soporta tanto nuestros defectos como nuestras imperfecciones; [\u2026] es pues preciso que hagamos lo mismo con respecto a nuestros hermanos, no cans\u00e1ndonos nunca de soportarlos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref181\"><\/a>[181]<\/p>\n<p>179. San Carlos de Foucauld quer\u00eda imitar a Jesucristo, vivir como \u00e9l, actuar como \u00e9l actuaba, hacer siempre lo que Jes\u00fas habr\u00eda hecho en su lugar. Para que este objetivo se cumpliera en plenitud, necesitaba conformarse con los sentimientos del Coraz\u00f3n de Cristo. As\u00ed aparec\u00eda una vez m\u00e1s la expresi\u00f3n \u201camor por amor\u201d, cuando dec\u00eda: \u00ab Deseo de sufrimientos, para devolverle amor por amor, para imitarle, [\u2026] para compartir su obra, ofrecerme a \u00c9l todo, la nada que yo soy, en sacrificio, en v\u00edctima, por la santificaci\u00f3n de los hombres\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref182\"><\/a>[182] El deseo de llevar el amor de Jes\u00fas, su tarea misionera entre los m\u00e1s pobres y olvidados de la tierra, le llev\u00f3 a tomar por divisa Iesus Caritas, con el s\u00edmbolo del Coraz\u00f3n de Cristo con una cruz clavada.\u00a0<a name=\"_ftnref183\"><\/a>[183] No era una decisi\u00f3n superficial: \u00abCon todas mis fuerzas trato de mostrar y de probar a estos pobres hermanos extraviados que nuestra religi\u00f3n es toda caridad, toda fraternidad, que su emblema es un coraz\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref184\"><\/a>[184] Y \u00e9l quer\u00eda establecerse con otros hermanos \u00aben Marruecos en el nombre del coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref185\"><\/a>[185] De este modo, su tarea evangelizadora ser\u00eda una irradiaci\u00f3n: \u00abLa caridad ha de irradiar de las fraternidades, como irradia del coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref186\"><\/a>[186] Este deseo lo convirti\u00f3 poco a poco en un hermano universal, porque, dej\u00e1ndose modelar por el Coraz\u00f3n de Cristo, quer\u00eda albergar a la totalidad de la humanidad doliente en su coraz\u00f3n fraterno: \u00abNuestro coraz\u00f3n, como el de la Iglesia, como el de Jes\u00fas, ha de abrazar a todos los hombres\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref187\"><\/a>[187] \u00abEl amor del coraz\u00f3n de Jes\u00fas para con los hombres, el amor que muestra en su pasi\u00f3n, \u00e9se es el que nosotros hemos de tener para con todos los humanos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref188\"><\/a>[188]<\/p>\n<p>180. El abate Henri Huvelin, director espiritual de san Carlos de Foucauld, dec\u00eda que \u00abcuando nuestro Se\u00f1or vive en un coraz\u00f3n, le da estos sentimientos, y este coraz\u00f3n se abaja hacia los peque\u00f1os. Tal fue la disposici\u00f3n del coraz\u00f3n de un Vicente de Pa\u00fal [&#8230;]. Cuando nuestro Se\u00f1or vive en un alma de sacerdote lo inclina hacia los pobres\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref189\"><\/a>[189] Es importante advertir c\u00f3mo esta entrega de san Vicente, que describe el padre Huvelin, tambi\u00e9n estaba alimentada por la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo. Vicente exhortaba a \u00abtomar del coraz\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or algunas palabras de consuelo\u00bb\u00a0<a name=\"_ftnref190\"><\/a>[190] para el pobre enfermo.\u00a0<i>Para que esto sea real supone que el propio coraz\u00f3n haya sido transformado por el amor y la mansedumbre del Coraz\u00f3n de Cristo, y san Vicente repet\u00eda mucho esta convicci\u00f3n en sus sermones y consejos, hasta el punto de convertirse en un aspecto destacable de las Constituciones de su Congregaci\u00f3n:\u00a0<\/i>\u00abTodos pondr\u00e1n tambi\u00e9n sumo empe\u00f1o en aprender esta lecci\u00f3n que nos ense\u00f1\u00f3 Jesucristo: \u201cAprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u201d; teniendo en cuenta que, seg\u00fan \u00c9l mismo lo dice, con la mansedumbre se posee la tierra, porque con la pr\u00e1ctica de esta virtud se ganan los corazones de los hombres para convertirlos a Dios, lo cual no pueden conseguir los que se portan con el pr\u00f3jimo de una manera dura y \u00e1spera\u00bb\u00a0<i>.<\/i>\u00a0<a name=\"_ftnref191\"><\/a>[191]<\/p>\n<p>La reparaci\u00f3n: construir sobre las ruinas<\/p>\n<p>181. Todo lo dicho nos permite comprender, a la luz de la Palabra de Dios, cu\u00e1l es el sentido que debemos dar a la \u201creparaci\u00f3n\u201d que se ofrece al Coraz\u00f3n de Cristo, qu\u00e9 es lo que realmente el Se\u00f1or espera que reparemos con la ayuda de su gracia. Se ha discutido mucho al respecto, pero san Juan Pablo II ha ofrecido una respuesta clara para orientarnos a los cristianos de hoy hacia un esp\u00edritu de reparaci\u00f3n en mayor sinton\u00eda con el Evangelio.<\/p>\n<p>Sentido social de la reparaci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo<\/p>\n<p>182. San Juan Pablo II explic\u00f3 que, entreg\u00e1ndonos junto al Coraz\u00f3n de Cristo, \u00absobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podr\u00e1 construir la tan deseada civilizaci\u00f3n del amor, el reino del Coraz\u00f3n de Cristo\u00bb; esto ciertamente implica que seamos capaces de \u00abunir el amor filial hacia Dios con el amor al pr\u00f3jimo\u00bb; pues bien, \u00abesta es la verdadera reparaci\u00f3n pedida por el Coraz\u00f3n del Salvador\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref192\"><\/a>[192] Junto con Cristo, sobre las ruinas que nosotros dejamos en este mundo con nuestro pecado, se nos llama a construir una nueva civilizaci\u00f3n del amor. Eso es reparar como lo espera de nosotros el Coraz\u00f3n de Cristo. En medio del desastre que ha dejado el mal, el Coraz\u00f3n de Cristo ha querido necesitar nuestra colaboraci\u00f3n para reconstruir el bien y la belleza.<\/p>\n<p>183. Es cierto que todo pecado da\u00f1a a la Iglesia y a la sociedad, por lo que \u00abse puede atribuir a cada pecado el car\u00e1cter de pecado social\u00bb, aunque esto vale sobre todo para algunos pecados que \u00abconstituyen, por su mismo objeto, una agresi\u00f3n directa contra el pr\u00f3jimo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref193\"><\/a>[193] San Juan Pablo II explicaba que la repetici\u00f3n de estos pecados contra los dem\u00e1s muchas veces termina consolidando una \u201cestructura de pecado\u201d que llega a afectar el desarrollo de los pueblos.\u00a0<a name=\"_ftnref194\"><\/a>[194] Muchas veces esto se inserta en una mentalidad dominante que considera normal o racional lo que no es m\u00e1s que ego\u00edsmo e indiferencia. Este fen\u00f3meno se puede definir \u201calienaci\u00f3n social\u201d: \u00abEst\u00e1 alienada una sociedad que, en sus formas de organizaci\u00f3n social, de producci\u00f3n y de consumo, hace m\u00e1s dif\u00edcil la realizaci\u00f3n de esta donaci\u00f3n y la formaci\u00f3n de esta solidaridad interhumana\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref195\"><\/a>[195] No es s\u00f3lo una norma moral lo que nos mueve a resistir ante estas estructuras sociales alienadas, desnudarlas y propiciar un dinamismo social que restaure y construya el bien, sino que es la misma \u00abconversi\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb la que \u00abimpone la obligaci\u00f3n\u00bb\u00a0<a name=\"_ftnref196\"><\/a>[196] de reparar esas estructuras. Es nuestra respuesta al Coraz\u00f3n amante de Jesucristo que nos ense\u00f1a a amar.<\/p>\n<p>184. Precisamente porque la reparaci\u00f3n evang\u00e9lica posee este fuerte sentido social, nuestros actos de amor, de servicio, de reconciliaci\u00f3n, para que sean eficazmente reparadores, requieren que Cristo los impulse, los motive, los haga posibles. Dec\u00eda tambi\u00e9n san Juan Pablo II que \u00abpara construir la civilizaci\u00f3n del amor\u00bb la humanidad actual tiene necesidad del Coraz\u00f3n de Cristo.\u00a0<a name=\"_ftnref197\"><\/a>[197] La reparaci\u00f3n cristiana no se puede entender s\u00f3lo como un conjunto de obras externas, que son indispensables y a veces admirables. Esta exige una m\u00edstica, un alma, un sentido que le otorgue fuerza, empuje, creatividad incansable. Necesita la vida, el fuego y la luz que proceden del Coraz\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>Reparar los corazones heridos<\/p>\n<p>185. Por otra parte, tampoco le basta al mundo, ni al Coraz\u00f3n de Cristo, una reparaci\u00f3n meramente externa. Si cada uno piensa en sus propios pecados y en sus consecuencias en los dem\u00e1s, descubrir\u00e1 que reparar el da\u00f1o hecho a este mundo implica adem\u00e1s el deseo de reparar los corazones lastimados, all\u00ed donde se produjo el da\u00f1o m\u00e1s profundo, la herida m\u00e1s dolorosa.<\/p>\n<p>186. Un esp\u00edritu de reparaci\u00f3n \u00abnos invita a esperar que toda herida pueda sanar, aunque sea profunda. La reparaci\u00f3n completa parece a veces imposible, cuando las posesiones o los seres queridos se pierden permanentemente, o cuando determinadas situaciones se han vuelto irreversibles. Pero la intenci\u00f3n de reparar y de hacerlo concretamente es esencial para el proceso de reconciliaci\u00f3n y el retorno de la paz al coraz\u00f3n\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref198\"><\/a>[198]<\/p>\n<p>La belleza de pedir perd\u00f3n<\/p>\n<p>187. No basta la buena intenci\u00f3n, es indispensable un dinamismo interior de deseo que provoque consecuencias externas. En definitiva \u00abla reparaci\u00f3n, para ser cristiana, para tocar el coraz\u00f3n de la persona ofendida y no ser un simple acto de justicia conmutativa, presupone dos actitudes exigentes: reconocerse culpable y pedir perd\u00f3n\u00a0<i><\/i>[&#8230;]. Es de este reconocimiento honesto del da\u00f1o causado al hermano, y del sentimiento profundo y sincero de que el amor ha sido herido, que nace el deseo de reparar\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref199\"><\/a>[199]<\/p>\n<p>188. No se debe pensar que el reconocimiento del propio pecado ante los dem\u00e1s es algo degradante o da\u00f1ino para nuestra dignidad humana. Al contrario, es dejar de mentirse a s\u00ed mismo, es reconocer la propia historia tal cual es, marcada por el pecado, especialmente cuando hemos hecho da\u00f1o a los hermanos: \u00abAcusarse a s\u00ed mismo es parte de la sabidur\u00eda cristiana. [\u2026] Esto le gusta al Se\u00f1or, porque el Se\u00f1or recibe el coraz\u00f3n contrito\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref200\"><\/a>[200]<\/p>\n<p>189. Parte de este esp\u00edritu de reparaci\u00f3n es el h\u00e1bito de pedir perd\u00f3n a los hermanos, que hace presente una enorme nobleza en medio de nuestra fragilidad. Pedir perd\u00f3n es un modo de sanar las relaciones porque \u00abreabre el di\u00e1logo y demuestra el deseo de restablecer el v\u00ednculo en la caridad fraterna [&#8230;], toca el coraz\u00f3n del hermano, lo consuela y le inspira la aceptaci\u00f3n del perd\u00f3n solicitado. As\u00ed, si lo irreparable no puede repararse del todo, el amor siempre puede renacer, haciendo soportable la herida\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref201\"><\/a>[201]<\/p>\n<p>190. Un coraz\u00f3n capaz de compungirse puede crecer en la fraternidad y la solidaridad, porque \u00abquien no llora retrocede, envejece por dentro, mientras que quien alcanza una oraci\u00f3n m\u00e1s sencilla e \u00edntima, hecha de adoraci\u00f3n y conmoci\u00f3n ante Dios, madura. Se liga menos a s\u00ed mismo y m\u00e1s a Cristo, y se hace pobre de esp\u00edritu. De ese modo se siente m\u00e1s cercano a los pobres, los predilectos de Dios\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref202\"><\/a>[202] Por consiguiente, brota un aut\u00e9ntico esp\u00edritu de reparaci\u00f3n, ya que \u00abquien se compunge de coraz\u00f3n se siente m\u00e1s hermano de todos los pecadores del mundo, se siente m\u00e1s hermano sin un atisbo de superioridad o de aspereza de juicio, sino siempre con el deseo de amar y reparar\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref203\"><\/a>[203] Esta solidaridad que genera la compunci\u00f3n al mismo tiempo hace posible la reconciliaci\u00f3n. La persona que es capaz de compungirse, \u00aben vez de enfadarse o escandalizarse por el mal que cometen los hermanos, llora por sus pecados. No se escandaliza. Se realiza entonces una especie de vuelco, donde la tendencia natural a ser indulgentes consigo mismo e inflexibles con los dem\u00e1s se invierte y, por gracia de Dios, uno se vuelve severo consigo mismo y misericordioso con los dem\u00e1s\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref204\"><\/a>[204]<\/p>\n<p>La reparaci\u00f3n: una prolongaci\u00f3n para el Coraz\u00f3n de Cristo<\/p>\n<p>191. Hay otro modo complementario de entender la reparaci\u00f3n, que nos permite colocarla en una relaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s directa con el Coraz\u00f3n de Cristo, sin excluir de esa reparaci\u00f3n el compromiso concreto con los hermanos del cual hemos hablado.<\/p>\n<p>192. En otro contexto he afirmado que Dios \u00abde alg\u00fan modo, quiso limitarse a s\u00ed mismo\u00bb y \u00abmuchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref205\"><\/a>[205] Nuestra cooperaci\u00f3n puede permitir que el poder y el amor de Dios se difundan en nuestras vidas y en el mundo, y el rechazo o la indiferencia pueden impedirlo. Algunas expresiones b\u00edblicas lo manifiestan metaf\u00f3ricamente, como cuando el Se\u00f1or reclama: \u00abSi quieres volver, Israel [\u2026] vu\u00e9lvete a m\u00ed\u00bb (\u00a0<i>Jr<\/i>\u00a04,1). O cuando dice, frente a los rechazos de su pueblo: \u00abMi coraz\u00f3n se subleva contra m\u00ed y se enciende toda mi ternura\u00bb (\u00a0<i>Os<\/i>\u00a011,8).<\/p>\n<p>193. Aunque no sea posible hablar de un nuevo sufrimiento del Cristo glorioso, \u00abel misterio pascual de Cristo [\u2026] y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeci\u00f3 por los hombres participa de la eternidad divina y domina as\u00ed todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente\u00bb\u00a0<a name=\"_ftnref206\"><\/a>[206]. De ese modo, podemos decir que \u00e9l mismo ha aceptado limitar la gloria expansiva de su resurrecci\u00f3n, contener la difusi\u00f3n de su inmenso y ardiente amor para dejar lugar a nuestra libre cooperaci\u00f3n con su Coraz\u00f3n. Esto es tan real que nuestro rechazo lo detiene en ese impulso donativo, as\u00ed como nuestra confianza y la ofrenda de nosotros mismos abre un espacio, ofrece un canal libre de obst\u00e1culos al derramamiento de su amor. Nuestro rechazo o nuestra indiferencia limitan los efectos de su poder y la fecundidad de su amor en nosotros. Si \u00e9l no encuentra en m\u00ed confianza y apertura, su amor se ve privado \u2014porque \u00e9l mismo as\u00ed lo ha querido\u2014 de su prolongaci\u00f3n en mi vida que es \u00fanica e irrepetible, y en el mundo donde \u00e9l me llama a hacerlo presente. Esto no proviene de una fragilidad suya sino de su infinita libertad, de su parad\u00f3jico poder y de la perfecci\u00f3n de su amor por cada uno de nosotros. Cuando la omnipotencia de Dios se muestra en esa debilidad de nuestra libertad, \u00abs\u00f3lo la fe puede descubrirla\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref207\"><\/a>[207]<\/p>\n<p>194. De hecho, santa Margarita Mar\u00eda narr\u00f3 que, en una de las manifestaciones de Cristo, \u00e9l le habl\u00f3 de su Coraz\u00f3n apasionado de amor por nosotros, que \u00abno pudiendo ya contener en s\u00ed mismo las llamas de su caridad ardiente, le es preciso comunicarlas\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref208\"><\/a>[208] Puesto que el Se\u00f1or, que todo lo puede, en su divina libertad ha querido necesitar de nosotros, la reparaci\u00f3n se entiende como liberar los obst\u00e1culos que ponemos a la expansi\u00f3n del amor de Cristo en el mundo, con nuestras faltas de confianza, gratitud y entrega.<\/p>\n<p>La ofrenda al Amor<\/p>\n<p>195. Para reflexionar mejor sobre este misterio, nos ayuda nuevamente la luminosa espiritualidad de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Ella sab\u00eda que algunas personas hab\u00edan desarrollado una forma extrema de reparaci\u00f3n, con la buena voluntad de entregarse por los dem\u00e1s, que consist\u00eda en ofrecerse como una especie de \u201cpararrayos\u201d de manera que la justicia divina se realizara: \u00abPensaba en las almas que se ofrecen como v\u00edctimas a la justicia de Dios para desviar y atraer sobre s\u00ed mismas los castigos reservados a los culpables\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref209\"><\/a>[209] Pero, por m\u00e1s admirable que esa ofrenda pudiera parecer, a ella no le convenc\u00eda demasiado: \u00abYo estaba lejos de sentirme inclinada a hacerla\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref210\"><\/a>[210] Esta insistencia en la justicia divina finalmente induc\u00eda a pensar que el sacrificio de Cristo era incompleto o parcialmente eficaz, o que su misericordia no era suficientemente intensa.<\/p>\n<p>196. Con su intuici\u00f3n espiritual santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas descubri\u00f3 que hay otra forma de ofrendarse a s\u00ed mismo, donde no hay necesidad de saciar la justicia divina sino de permitir al amor infinito del Se\u00f1or difundirse sin obst\u00e1culos: \u00ab\u00a1Oh, Dios m\u00edo!, tu amor despreciado \u00bftendr\u00e1 que quedarse encerrado en tu coraz\u00f3n? Creo que si encontraras almas que se ofreciesen como v\u00edctimas de holocausto a tu amor, las consumir\u00edas r\u00e1pidamente. Creo que te sentir\u00edas feliz si no tuvieses que\u00a0<b>reprimir las oleadas de infinita ternura\u00a0<\/b>que hay en ti\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref211\"><\/a>[211]<\/p>\n<p>197. No hay nada que agregar al \u00fanico sacrificio redentor de Cristo, pero es verdad que el rechazo de nuestra libertad no le permite al Coraz\u00f3n de Cristo dilatar en este mundo sus \u00aboleadas de infinita ternura\u00bb. Y esto es as\u00ed porque el mismo Se\u00f1or quiere respetar esta posibilidad. Eso, m\u00e1s que la justicia divina, es lo que inquietaba el coraz\u00f3n de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, ya que para ella la justicia s\u00f3lo se comprende a la luz del amor. Vimos que ella adoraba todas las perfecciones divinas a trav\u00e9s de la misericordia, y as\u00ed las ve\u00eda transfiguradas, radiantes de amor. Dec\u00eda: \u00abIncluso la justicia (y quiz\u00e1s \u00e9sta m\u00e1s a\u00fan que todas las dem\u00e1s) me parece revestida de amor\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref212\"><\/a>[212]<\/p>\n<p>198. As\u00ed nace su acto de ofrenda, no a la justicia divina, sino al Amor misericordioso: \u00abMe ofrezco como v\u00edctima de holocausto a tu Amor misericordioso, y te suplico que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden\u00a0<b>sobre mi alma las olas de ternura infinita\u00a0<\/b>que se encierran en ti, y que de esa manera llegue yo a ser\u00a0<b>m\u00e1rtir de tu amor, Dios m\u00edo<\/b>\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref213\"><\/a>[213] Es importante advertir que no se trata s\u00f3lo de permitir que el Coraz\u00f3n de Cristo extienda la belleza de su amor en el propio coraz\u00f3n, a trav\u00e9s de una confianza total, sino tambi\u00e9n que a trav\u00e9s de la propia vida llegue a los dem\u00e1s y transforme el mundo: \u00abEn el coraz\u00f3n de la Iglesia, mi Madre, yo ser\u00e9 el amor [\u2026] \u00a1\u00a1\u00a1\u00a0<i>As\u00ed mi sue\u00f1o se ver\u00e1 hecho realidad\u2026!!!<\/i>\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref214\"><\/a>[214] Los dos aspectos est\u00e1n inseparablemente unidos.<\/p>\n<p>199. El Se\u00f1or acept\u00f3 su ofrenda. Vemos que tiempo despu\u00e9s ella misma expres\u00f3 un intenso amor por los dem\u00e1s y sostuvo que proced\u00eda del Coraz\u00f3n de Cristo que se prolongaba a trav\u00e9s de ella. As\u00ed, le dec\u00eda a su hermana Leonia: \u00ab Te quiero mil veces m\u00e1s tiernamente de lo que se quieren las hermanas normales y corrientes, ya que yo puedo amarte con el Coraz\u00f3n de nuestro Esposo celestial\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref215\"><\/a>[215] Un tiempo despu\u00e9s dijo a Maurice Belli\u00e8re: \u00ab \u00a1C\u00f3mo me gustar\u00eda hacerle comprender la ternura del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y lo que \u00e9l espera de usted!\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref216\"><\/a>[216]<\/p>\n<p>Integridad y armon\u00eda<\/p>\n<p>200. Hermanas y hermanos, propongo que desarrollemos esta forma de reparaci\u00f3n, que es, en definitiva, ofrendar al Coraz\u00f3n de Cristo una nueva posibilidad de difundir en este mundo las llamas de su ardiente ternura. Si es verdad que la reparaci\u00f3n implica el deseo de \u00abcompensar las injurias de alg\u00fan modo inferidas al Amor increado, si fue desde\u00f1ado con el olvido o ultrajado con la ofensa\u00bb\u00a0<a name=\"_ftnref217\"><\/a>[217], el camino m\u00e1s adecuado es que nuestro amor regale al Se\u00f1or una posibilidad de expandirse por aquellas veces en que esto le fue rechazado o negado. Esto ocurre si se va m\u00e1s all\u00e1 del mero \u201cconsuelo\u201d a Cristo del cual hablamos en el cap\u00edtulo anterior, y se convierte en actos de amor fraterno con los cuales curamos las heridas de la Iglesia y del mundo. De ese modo ofrecemos nuevas expresiones al poder restaurador del Coraz\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>201. Las renuncias y sufrimientos que exijan estos actos de amor al pr\u00f3jimo nos unen a la pasi\u00f3n de Cristo, y padeciendo con Cristo en \u00abaquella crucifixi\u00f3n m\u00edstica de que habla el Ap\u00f3stol, tantos m\u00e1s abundantes frutos de propiciaci\u00f3n y de expiaci\u00f3n para nosotros y para los dem\u00e1s percibiremos\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref218\"><\/a>[218] S\u00f3lo Cristo salva con su entrega en la Cruz por nosotros, s\u00f3lo \u00e9l redime, porque hay \u00abun solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, hombre \u00e9l tambi\u00e9n, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo para rescatar a todos\u00bb (\u00a0<i>1 Tm<\/i>\u00a02,5-6). La reparaci\u00f3n que ofrecemos es una participaci\u00f3n que aceptamos libremente en su amor redentor y en su \u00fanico sacrificio. As\u00ed completamos en nuestra carne \u00ablo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia\u00bb (\u00a0<i>Col<\/i>\u00a01,24) y es el mismo Cristo quien prolonga a trav\u00e9s de nosotros los efectos de su entrega total por amor.<\/p>\n<p>202. Muchas veces los sufrimientos tienen que ver con el propio ego herido, pero es precisamente la humildad del Coraz\u00f3n de Cristo la que nos indica el camino del abajamiento.\u00a0<i>Dios ha querido llegar a nosotros anonad\u00e1ndose, empeque\u00f1eci\u00e9ndose. Ya lo ense\u00f1a el Antiguo Testamento a trav\u00e9s de distintas met\u00e1foras que muestran a un Dios que entra en las peque\u00f1eces de la historia y se deja rechazar por su pueblo. Su amor se entremezcla en la vida cotidiana del pueblo amado y se vuelve mendigo de una respuesta, como pidiendo permiso para mostrar su gloria. Por otra parte,\u00a0<\/i>\u00abquiz\u00e1 una sola vez el Se\u00f1or Jes\u00fas nos ha llamado con sus palabras al propio coraz\u00f3n. Y ha puesto de relieve este \u00fanico rasgo: \u201cmansedumbre y humildad\u201d. Como si quisiera decir que s\u00f3lo por este camino quiere conquistar al hombre\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref219\"><\/a>[219] Cuando Cristo dijo: \u00abaprendan de m\u00ed, porque soy paciente y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a011,29) nos indic\u00f3 que \u00abpara expresarse necesita nuestra peque\u00f1ez, nuestro abajamiento\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref220\"><\/a>[220]<\/p>\n<p>203. En lo que hemos dicho es importante advertir distintos aspectos inseparables, porque esas acciones de amor al pr\u00f3jimo, con todas las renuncias, negaciones de uno mismo, sufrimientos y cansancios que impliquen, cumplen esta funci\u00f3n cuando est\u00e1n alimentadas por la caridad del mismo Cristo. \u00c9l nos permite amar como \u00e9l am\u00f3 y as\u00ed \u00e9l mismo ama y sirve a trav\u00e9s de nosotros. Si por una parte \u00e9l parece empeque\u00f1ecerse, anonadarse, ya que ha querido mostrar su amor por medio de nuestros gestos, por otra parte, en las m\u00e1s sencillas obras de misericordia, su Coraz\u00f3n es glorificado y manifiesta toda su grandeza. Un coraz\u00f3n humano que hace espacio al amor de Cristo a trav\u00e9s de la confianza total y le permite expandirse en la propia vida con su fuego, se vuelve capaz de amar a los dem\u00e1s como Cristo, haci\u00e9ndose peque\u00f1o y cercano a todos. As\u00ed Cristo sacia su sed y difunde gloriosamente en nosotros y a trav\u00e9s de nosotros las llamas de su ardiente ternura. Advirtamos la hermosa armon\u00eda que hay en todo esto.<\/p>\n<p>204. Finalmente, para comprender esta devoci\u00f3n en toda su riqueza, es necesario agregar, retomando lo que hemos dicho sobre su dimensi\u00f3n trinitaria, que la reparaci\u00f3n de Cristo como ser humano se ofrece al Padre por obra del Esp\u00edritu Santo en nosotros. Por lo tanto, nuestra reparaci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo en \u00faltimo t\u00e9rmino se dirige al Padre, que se complace en vernos unidos a Cristo cuando nos ofrecemos por \u00e9l, con \u00e9l y en \u00e9l.<\/p>\n<p>Enamorar al mundo<\/p>\n<p>205. La propuesta cristiana es atractiva cuando se la puede vivir y manifestar en su integralidad; no como un simple refugio en sentimientos religiosos o en cultos fastuosos. \u00bfQu\u00e9 culto ser\u00eda para Cristo si nos conform\u00e1ramos con una relaci\u00f3n individual sin inter\u00e9s por ayudar a los dem\u00e1s a sufrir menos y a vivir mejor? \u00bfAcaso podr\u00e1 agradar al Coraz\u00f3n que tanto am\u00f3 que nos quedemos en una experiencia religiosa \u00edntima, sin consecuencias fraternas y sociales? Seamos sinceros y leamos la Palabra de Dios en toda su integralidad. Pero por esta misma raz\u00f3n decimos que tampoco se trata de una promoci\u00f3n social vac\u00eda de significado religioso, que en definitiva ser\u00eda querer para el ser humano menos de lo que Dios quiere darle. Por eso necesitamos culminar este cap\u00edtulo recordando la dimensi\u00f3n misionera de nuestro amor al Coraz\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>206. San Juan Pablo II, adem\u00e1s de hablar de la dimensi\u00f3n social de la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo, se refiri\u00f3 a \u00abla reparaci\u00f3n, que es cooperaci\u00f3n apost\u00f3lica a la salvaci\u00f3n del mundo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref221\"><\/a>[221] Del mismo modo, la consagraci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo \u00abse ha de poner en relaci\u00f3n con la acci\u00f3n misionera de la Iglesia misma, porque responde al deseo del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas de propagar en el mundo, a trav\u00e9s de los miembros de su Cuerpo, su entrega total al Reino\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref222\"><\/a>[222] Por consiguiente, a trav\u00e9s de los cristianos \u00abel amor se derramar\u00e1 en el coraz\u00f3n de los hombres, para edificar el cuerpo de Cristo que es la Iglesia y construir una sociedad de justicia, paz y fraternidad\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref223\"><\/a>[223]<\/p>\n<p>207. La prolongaci\u00f3n de las llamas de amor del Coraz\u00f3n de Cristo ocurre tambi\u00e9n en la tarea misionera de la Iglesia, que lleva el anuncio del amor de Dios manifestado en Cristo. Lo ense\u00f1aba muy bien san Vicente de Pa\u00fal cuando invitaba a sus disc\u00edpulos a pedir al Se\u00f1or \u00abese coraz\u00f3n, ese coraz\u00f3n que nos hace ir a cualquier parte, ese coraz\u00f3n del Hijo de Dios, el coraz\u00f3n de nuestro Se\u00f1or, que nos dispone a ir como \u00e9l ir\u00eda [\u2026] y nos env\u00eda a nosotros como a ellos [los ap\u00f3stoles], para llevar a todas partes su fuego\u00bb .\u00a0<a name=\"_ftnref224\"><\/a>[224]<\/p>\n<p>208. San Pablo VI, dirigi\u00e9ndose a las congregaciones que propagaban la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n, recordaba que \u00abel ardor pastoral y misionero se inflama principalmente en los sacerdotes y en los fieles, para trabajar por la gloria divina, cuando mirando el ejemplo de aquella inmensa caridad que nos mostr\u00f3 Cristo, consagran todo su esfuerzo a comunicar a todos los inagotables tesoros de Cristo\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref225\"><\/a>[225] A la luz del Sagrado Coraz\u00f3n la misi\u00f3n se convierte en una cuesti\u00f3n de amor, y el mayor riesgo en esa misi\u00f3n es que se digan y se hagan muchas cosas pero no se logre provocar el feliz encuentro con ese amor de Cristo que abraza y que salva.<\/p>\n<p>209. La misi\u00f3n, entendida desde la perspectiva de la irradiaci\u00f3n del amor del Coraz\u00f3n de Cristo, exige misioneros enamorados, que se dejan cautivar todav\u00eda por Cristo y que inevitablemente transmiten ese amor que les ha cambiado la vida. Entonces les duele perder el tiempo discutiendo cuestiones secundarias o imponiendo verdades y normas, porque su mayor preocupaci\u00f3n es comunicar lo que ellos viven y, sobre todo, que los dem\u00e1s puedan percibir la bondad y la belleza del Amado a trav\u00e9s de sus pobres intentos. \u00bfNo es lo que ocurre con cualquier enamorado? Vale la pena tomar como ejemplo aquellas palabras con las que Dante Alighieri, enamorado, procuraba expresar esta l\u00f3gica:<\/p>\n<p>\u00abCada vez que la elogio cual presea,<\/p>\n<p>amor me hace sentir con tal dulzura,<\/p>\n<p>que, de obrar con sutil desenvoltura,<\/p>\n<p>enamorara de ella a toda gente\u00bb.\u00a0<a name=\"_ftnref226\"><\/a>[226]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>210. Hablar de Cristo, con el testimonio o la palabra, de tal manera que los dem\u00e1s no tengan que hacer un gran esfuerzo para quererlo, ese es el mayor deseo de un misionero de alma. No hay proselitismo en esta din\u00e1mica de amor, son las palabras del enamorado que no molestan, que no imponen, que no obligan, s\u00f3lo mueven a los otros a preguntarse c\u00f3mo es posible tal amor. Con el m\u00e1ximo respeto ante la libertad y la dignidad del otro, el enamorado sencillamente espera que le permitan narrar esa amistad que le llena la vida.<\/p>\n<p>211. Cristo te pide que, sin descuidar la prudencia y el respeto, no tengas verg\u00fcenza de reconocer tu amistad con \u00e9l. Te pide que te atrevas a contar a los otros que te hace bien haberlo encontrado: \u00abAl que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconocer\u00e9 ante mi Padre que est\u00e1 en el cielo\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a010,32). Pero para el coraz\u00f3n amante no es una obligaci\u00f3n, es una necesidad dif\u00edcil de contener: \u00ab\u00a1Ay de m\u00ed si no predicara el Evangelio!\u00bb (<i>1 Co<\/i>\u00a09,16); \u00abhab\u00eda en mi coraz\u00f3n como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no pod\u00eda\u00bb (<i>Jr<\/i>\u00a020,9).<\/p>\n<p><i>En comuni\u00f3n de servicio<\/i><\/p>\n<p>212. No se deber\u00eda pensar en esta misi\u00f3n de comunicar a Cristo como si fuera solamente algo entre \u00e9l y yo. Se vive en comuni\u00f3n con la propia comunidad y con la Iglesia. Si nos alejamos de la comunidad, tambi\u00e9n nos iremos alejando de Jes\u00fas. Si la olvidamos y no nos preocupamos por ella, nuestra amistad con Jes\u00fas se ir\u00e1 enfriando. Nunca se deber\u00eda olvidar este secreto. El amor a los hermanos de la propia comunidad \u2014religiosa, parroquial, diocesana, etc.\u2014 es como un combustible que alimenta nuestra relaci\u00f3n de amigos con Jes\u00fas. Los actos de amor a los hermanos de comunidad pueden ser el mejor o, a veces, el \u00fanico modo posible de expresar ante los dem\u00e1s el amor de Jesucristo. Lo dec\u00eda el mismo Se\u00f1or: \u00abEn esto todos reconocer\u00e1n que ustedes son mis disc\u00edpulos: en el amor que se tengan los unos a los otros\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a013,35).<\/p>\n<p>213. Es un amor que se vuelve servicio comunitario. No me canso de recordar que Jes\u00fas lo dijo con gran claridad: \u00abCada vez que lo hicieron con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, lo hicieron conmigo\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a025,40). \u00c9l te propone que lo encuentres tambi\u00e9n all\u00ed, en cada hermano y en cada hermana, especialmente en los m\u00e1s pobres, despreciados y abandonados de la sociedad. \u00a1Qu\u00e9 hermoso encuentro!<\/p>\n<p>214. Por lo tanto, si nos dedicamos a ayudar a alguien eso no significa que nos olvidemos de Jes\u00fas. Al contrario, lo encontramos a \u00e9l de otra manera. Y cuando intentamos levantar y curar a alguien, Jes\u00fas est\u00e1 ah\u00ed codo a codo con nosotros. De hecho, es bueno recordar que cuando envi\u00f3 a sus disc\u00edpulos a la misi\u00f3n \u00abel Se\u00f1or los asist\u00eda\u00bb (<i>Mc\u00a0<\/i>16,20). \u00c9l est\u00e1 all\u00ed, trabajando, luchando y haciendo el bien con nosotros. De un modo misterioso, es su amor el que se manifiesta a trav\u00e9s de nuestro servicio, \u00e9l mismo le habla al mundo con ese lenguaje que a veces no puede tener palabras.<\/p>\n<p>215. \u00c9l te env\u00eda a derramar el bien y te impulsa por dentro. Para eso te llama con una vocaci\u00f3n de servicio: har\u00e1s el bien como m\u00e9dico, como madre, como docente, como sacerdote. Donde sea podr\u00e1s sentir que \u00e9l te llama y te env\u00eda a vivir esa misi\u00f3n en la tierra. \u00c9l mismo nos dice: \u00abYo los env\u00edo\u00bb (<i>Lc<\/i>\u00a010,3). Esto es parte de la amistad con \u00e9l. Por eso, para que esa amistad madure, hace falta que te dejes enviar por \u00e9l a cumplir una misi\u00f3n en este mundo, con confianza, con generosidad, con libertad, sin miedos. Si te encierras en tus comodidades eso no te dar\u00e1 seguridad, siempre aparecer\u00e1n temores, tristezas, angustias. Quien no cumple su misi\u00f3n en esta tierra no puede ser feliz, se frustra. Entonces mejor d\u00e9jate enviar, d\u00e9jate conducir por \u00e9l adonde \u00e9l quiera. No olvides que \u00e9l va contigo. No es que te lanza al abismo y te deja abandonado a tus propias fuerzas. \u00c9l te impulsa y va contigo. \u00c9l lo prometi\u00f3 y lo cumple: \u00abYo estoy con ustedes hasta el fin del mundo\u00bb (<i>Mt<\/i>\u00a028,20).<\/p>\n<p>216. De alguna manera tienes que ser misionero, como lo fueron los ap\u00f3stoles de Jes\u00fas y los primeros disc\u00edpulos, que salieron a anunciar el amor de Dios, salieron a contar que Cristo est\u00e1 vivo y que vale la pena conocerlo. Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas lo viv\u00eda como parte inseparable de su ofrenda al Amor misericordioso: \u00ab\u00a0<i>Quer\u00eda dar de beber a mi Amado, y yo misma me sent\u00eda devorada por la sed de almas<\/i>\u00bb\u00a0<i>.<\/i>\u00a0<a name=\"_ftnref227\"><\/a>[227]\u00a0<i><\/i>Esa tambi\u00e9n es tu misi\u00f3n. Cada uno la cumple a su modo, y t\u00fa ver\u00e1s c\u00f3mo podr\u00e1s ser misionero. Jes\u00fas se lo merece. Si te atreves, \u00e9l te iluminar\u00e1. \u00c9l te acompa\u00f1ar\u00e1 y te fortalecer\u00e1, y vivir\u00e1s una valiosa experiencia que te har\u00e1 mucho bien. No importa si puedes ver alg\u00fan resultado, eso d\u00e9jaselo al Se\u00f1or que trabaja en lo secreto de los corazones, pero no dejes de vivir la alegr\u00eda de intentar comunicar el amor de Cristo a los dem\u00e1s<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>CONCLUSI\u00d3N<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>217. Lo expresado en este documento nos permite descubrir que lo escrito en las enc\u00edclicas sociales\u00a0<i>Laudato si\u2019<\/i>\u00a0y\u00a0<i>Fratelli tutti<\/i>\u00a0no es ajeno a nuestro encuentro con el amor de Jesucristo, ya que bebiendo de ese amor nos volvemos capaces de tejer lazos fraternos, de reconocer la dignidad de cada ser humano y de cuidar juntos nuestra casa com\u00fan.<\/p>\n<p>218. Hoy todo se compra y se paga, y parece que la propia sensaci\u00f3n de dignidad depende de cosas que se consiguen con el poder del dinero. S\u00f3lo nos urge acumular, consumir y distraernos, presos de un sistema degradante que no nos permite mirar m\u00e1s all\u00e1 de nuestras necesidades inmediatas y mezquinas. El amor de Cristo est\u00e1 fuera de ese engranaje perverso y s\u00f3lo \u00e9l puede liberarnos de esa fiebre donde ya no hay lugar para un amor gratuito. \u00c9l es capaz de darle coraz\u00f3n a esta tierra y reinventar el amor all\u00ed donde pensamos que la capacidad de amar ha muerto definitivamente.<\/p>\n<p>219. La Iglesia tambi\u00e9n lo necesita, para no reemplazar el amor de Cristo con estructuras caducas, obsesiones de otros tiempos, adoraci\u00f3n de la propia mentalidad, fanatismos de todo tipo que terminan ocupando el lugar de ese amor gratuito de Dios que libera, vivifica, alegra el coraz\u00f3n y alimenta las comunidades. De la herida del costado de Cristo sigue brotando ese r\u00edo que jam\u00e1s se agota, que no pasa, que se ofrece una y otra vez para quien quiera amar. S\u00f3lo su amor har\u00e1 posible una humanidad nueva.<\/p>\n<p>220. Pido al Se\u00f1or Jesucristo que de su Coraz\u00f3n santo broten para todos nosotros esos r\u00edos de agua viva que sanen las heridas que nos causamos, que fortalezcan la capacidad de amar y de servir, que nos impulsen para que aprendamos a caminar juntos hacia un mundo justo, solidario y fraterno. Eso ser\u00e1 hasta que celebremos felizmente unidos el banquete del Reino celestial. All\u00ed estar\u00e1 Cristo resucitado, armonizando todas nuestras diferencias con la luz que brota incesantemente de su Coraz\u00f3n abierto. Bendito sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Dado en Roma, junto a San Pedro, el 24 de octubre del a\u00f1o 2024, d\u00e9cimo segundo de mi Pontificado<\/i>.<i><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_ftn1\"><\/a>[1] Buena parte de las reflexiones de este primer cap\u00edtulo se han dejado inspirar por escritos in\u00e9ditos del sacerdote Diego Fares, S.I., que el Se\u00f1or lo tenga en su santa gloria.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn2\"><\/a>[2] Cf. Homero,\u00a0<i>Il\u00edada<\/i>, 21, 441.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn3\"><\/a>[3] Cf.\u00a0<i>ib\u00edd<\/i>., 10, 244.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn4\"><\/a>[4] Cf.\u00a0<i>Timeo<\/i>, 65 c-d y 70.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn5\"><\/a>[5]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/cotidie\/2016\/documents\/papa-francesco-cotidie_20161014_galletas-abuela.html\">Homil\u00eda durante la Santa Misa<\/a><\/i>,\u00a0<i><\/i>Domus Sanctae Marthae\u00a0<i><\/i>(14 octubre 2016):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (21 octubre 2016), p. 9.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn6\"><\/a>[6] S. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/angelus\/2000\/documents\/hf_jp-ii_ang_20000702.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(2 julio 2000):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (7 julio 2000), p. 1.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn7\"><\/a>[7] \u00cdd.,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/audiences\/1994\/documents\/hf_jp-ii_aud_19940608.html\">Catequesis<\/a><\/i>\u00a0(8 junio 1994):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (10 junio 1994), p. 3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn8\"><\/a>[8]\u00a0<i>Los demonios<\/i>, Alianza, Madrid 2011.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn9\"><\/a>[9] Romano Guardini,\u00a0<i>Religi\u00f6se Gestalten in Dostojewskijs Werk<\/i>.\u00a0<i>Studien \u00fcber den Glauben<\/i>, Gr\u00fcnewald\/Sch\u00f6ningh, Mainz\/Paderborn 1989, 236 f.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn10\"><\/a>[10] Karl Rahner,\u00a0<i>Algunas tesis para la teolog\u00eda del culto al coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/i>, en\u00a0<i>Escritos de Teolog\u00eda<\/i>, t. 3, Taurus, Madrid 1961, 370.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn11\"><\/a>[11]\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>., 371.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn12\"><\/a>[12] Byung-Chul Han,\u00a0<i>El coraz\u00f3n de Heidegger. El concepto de \u201cestado de \u00e1nimo\u201d de Mart\u00edn Heidegger<\/i>, Herder, Barcelona 2021, 68-69.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn13\"><\/a>[13]\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>., 107; cf. 313.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn14\"><\/a>[14] Cf. \u00edd.,\u00a0<i>La agon\u00eda del Eros<\/i>, Herder, Barcelona 2014, 9-11.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn15\"><\/a>[15] Martin Heidegger,\u00a0<i>Aclaraciones a la poes\u00eda de H\u00f6lderlin<\/i>, Alianza, Madrid 2005, 133.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn16\"><\/a>[16] Cf. Michel de Certeau,\u00a0<i>L\u2019espace du d\u00e9sir ou le \u00abfondement\u00bb des Exercices spirituels<\/i>:\u00a0<i>Christus<\/i>\u00a077 (1973), pp. 118-128.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn17\"><\/a>[17]\u00a0<i>Itinerarium mentis in Deum<\/i>, VII, 6, en\u00a0<i>Obras de San Buenaventura<\/i>, I, BAC, Madrid 1945, 633.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn18\"><\/a>[18]\u00a0<i>Proemium in I Sent.<\/i>, q. 3, en\u00a0<i>Opera Omnia<\/i>, vol. 1, Ex typographia Colegii S. Bonaventurae, Quaracchi 1882, 13.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn19\"><\/a>[19] S. John Henry Newman,\u00a0<i>Meditaciones y devociones<\/i>, Edibesa, Madrid 2007, 310.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn20\"><\/a>[20] Const. past.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 82.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn21\"><\/a>[21]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Ib\u00edd<\/a>.<\/i>, 10.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn22\"><\/a>[22]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Ib\u00edd<\/a>.<\/i>, 14.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn23\"><\/a>[23] Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_ddf_doc_20240402_dignitas-infinita_it.html\">Declaraci\u00f3n\u00a0<i>Dignitas infinita<\/i><\/a>\u00a0(2 abril 2024), 8:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (12 abril 2024), p. 7.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn24\"><\/a>[24] Const. past.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 26.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn25\"><\/a>[25] S. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/angelus\/1998\/documents\/hf_jp-ii_ang_28061998.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(28 junio 1998):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (3 julio 1998), p. 1.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn26\"><\/a>[26] Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html\">Laudato si<\/a>\u2019<\/i>\u00a0(24 mayo 2015), 83:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a0107 (2015), 880.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn27\"><\/a>[27]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/cotidie\/2013\/documents\/papa-francesco_20130607_cercania-ternura.html\">Homil\u00eda durante la Santa Misa<\/a><\/i>,\u00a0<i><\/i>Domus Sanctae Marthae\u00a0<i><\/i>(7 junio 2013):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (14 junio 2013), p. 2.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn28\"><\/a>[28] P\u00edo XII,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Carta enc.\u00a0<i>Haurietis aquas<\/i><\/a>\u00a0(15 mayo 1956), 6:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 316.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn29\"><\/a>[29] P\u00edo VI, Constituci\u00f3n\u00a0<i>Auctorem fidei<\/i>\u00a0(28 agosto 1794), 63:\u00a0<i>DH<\/i>, 2663.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn30\"><\/a>[30] Le\u00f3n XIII,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/la\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_25051899_annum-sacrum.html\">Carta enc.\u00a0<i>Annum Sacrum<\/i><\/a>\u00a0(25 mayo 1899):\u00a0<i>ASS<\/i>\u00a031 (1898-99), 649.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn31\"><\/a>[31]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/la\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_25051899_annum-sacrum.html\">Ib\u00edd.<\/a><\/i>: \u00ab\u00a0<i>Inest in Sacro Corde symbolum atque expressa imago infinitae Iesu Christi caritatis<\/i>\u00bb.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn32\"><\/a>[32]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/angelus\/2013\/documents\/papa-francesco_angelus_20130609.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(9 junio 2013):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (14 junio 2013), p. 4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn33\"><\/a>[33] Se comprende as\u00ed por qu\u00e9 la Iglesia haya prohibido que se coloquen sobre el altar representaciones del solo coraz\u00f3n de Jes\u00fas o de Mar\u00eda (cf. Respuesta de la S. Congregaci\u00f3n de Ritos al sacerdote Charles Lecoq, P.S.S., 5 abril 1879:\u00a0<i>Decreta Authentica Congregationis Sacrorum Rituum ex actis ejusdem Collecta<\/i>, vol. 3, n. 3492, Ex typographia polyglotta S. C. de Propaganda Fide, Roma 1900, 107-108). Fuera de la Liturgia, \u201cpara la devoci\u00f3n privada\u201d (\u00a0<i>ib\u00edd.<\/i>) puede utilizarse el simbolismo de un coraz\u00f3n como expresi\u00f3n did\u00e1ctica, figura est\u00e9tica o \u201cemblema\u201d que invita a pensar en el amor de Cristo, pero se corre el riesgo de tomar el coraz\u00f3n como objeto de adoraci\u00f3n o de di\u00e1logo espiritual separadamente de la persona de Cristo. El 31 de marzo de 1887 la Congregaci\u00f3n dio otra respuesta semejante (\u00a0<i>ib\u00edd<\/i>., n. 3673, 187).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn34\"><\/a>[34] Conc. Ecum. de Trento, Ses. XXV, Decreto\u00a0<i>Mandat Sancta Synodus<\/i>\u00a0(3 diciembre 1563):\u00a0<i>DH<\/i>, 1823.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn35\"><\/a>[35] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe,\u00a0<i>Documento de Aparecida<\/i>\u00a0(29 junio 2007), 259.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn36\"><\/a>[36] Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Haurietis aquas<\/a><\/i>\u00a0(15 mayo 1956), 11-12:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 323-324.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn37\"><\/a>[37]\u00a0<i>Ep<\/i>. 261, 3:\u00a0<i>PG<\/i>\u00a032, 972.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn38\"><\/a>[38]\u00a0<i>In Ioann<\/i>., Homil. 63, 2:\u00a0<i>PG<\/i>\u00a059, 350.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn39\"><\/a>[39]\u00a0<i>De fide ad Gratianum<\/i>, lib. 2, cap. 7, 56:\u00a0<i>PL<\/i>\u00a016, 594 (ed. 1880).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn40\"><\/a>[40]\u00a0<i>Enarr. in Ps.<\/i>\u00a087, 3, en\u00a0<i>Obras de San Agust\u00edn<\/i>, XXI, Enarraciones sobre los salmos (3\u00b0), BAC, Madrid 1956, 274-275.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn41\"><\/a>[41] Cf.\u00a0<i>De fide orth.<\/i>\u00a03, 6.20:\u00a0<i>PG<\/i>\u00a094, 1006.1081.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn42\"><\/a>[42] Olegario Gonz\u00e1lez de Cardedal,\u00a0<i>La entra\u00f1a del cristianismo<\/i>, Secretariado Trinitario, Salamanca 2010, 70-71.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn43\"><\/a>[43]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/angelus\/2008\/documents\/hf_ben-xvi_ang_20080601.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(1 junio 2008):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (6 junio 2008), p. 1.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn44\"><\/a>[44] P\u00edo XII,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Carta enc.\u00a0<i>Haurietis aquas<\/i><\/a>\u00a0(15 mayo 1956), 15:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 327-328.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn45\"><\/a>[45]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Ib\u00edd<\/a>.<\/i>, 28:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 343-344.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn46\"><\/a>[46] Benedicto XVI,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/angelus\/2008\/documents\/hf_ben-xvi_ang_20080601.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(1 junio 2008):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (6 junio 2008), p. 1.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn47\"><\/a>[47] Vigilio, Constituci\u00f3n\u00a0<i>Inter innumeras solicitudines<\/i>\u00a0(14 mayo 553):\u00a0<i>DH<\/i>, 420.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn48\"><\/a>[48] Conc. Ecum. de \u00c9feso,\u00a0<i>Anatematismos de Cirilo de Alejandr\u00eda<\/i>, 8:\u00a0<i>DH<\/i>, 259.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn49\"><\/a>[49] Conc. Ecum. II de Constantinopla, Ses. 8 (2 junio 553), Canon 9:\u00a0<i>DH<\/i>, 431.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn50\"><\/a>[50]\u00a0<i>C\u00e1ntico espiritual<\/i>\u00a0(A \u2013 primera redacci\u00f3n), Canci\u00f3n 22, 4, en S. Juan de la Cruz,\u00a0<i>Obras completas<\/i>, Monte Carmelo, Burgos 2010, 1234.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn51\"><\/a>[51]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, Canci\u00f3n 12, 8, 1188.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn52\"><\/a>[52]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>,\u00a0<i><\/i>Canci\u00f3n 12, 1, 1184.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn53\"><\/a>[53] \u00abNo hay m\u00e1s que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados\u00bb (\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a08,6). \u00abA Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Am\u00e9n\u00bb (\u00a0<i>Flp<\/i>\u00a04,20). \u00abBendito sea Dios, el Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo\u00bb (\u00a0<i>2 Co<\/i>\u00a01,3).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn54\"><\/a>[54] Carta ap.\u00a0<i>Tertio millennio adveniente<\/i>\u00a0(10 noviembre 1994), 49:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a087 (1995), 35.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn55\"><\/a>[55]\u00a0<i>In Ep. ad Rom.<\/i>, 7:\u00a0<i>PG<\/i>\u00a05, 694.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn56\"><\/a>[56] \u00abQue el mundo sepa que yo amo al Padre\u00bb (\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a014,31). \u00abEl Padre y yo somos una sola cosa\u00bb (\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a010,30). \u00ab\u00bfNo crees que yo estoy en el Padre y que el Padre est\u00e1 en m\u00ed?\u00bb (\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a014,10).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn57\"><\/a>[57] \u00abVoy al Padre\u00bb (\u00a0<i>pros ton Pat\u00e9ra<\/i>:\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a016,28). \u00abYo vuelvo a ti\u00bb (\u00a0<i>pros se<\/i>:\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a017,11).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn58\"><\/a>[58] \u00ab\u00a0<i>Eis ton kolpon tou Patr\u00f3s<\/i>\u00bb.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn59\"><\/a>[59]\u00a0<i>Adv. Haer.<\/i>\u00a0III, 18, 1:\u00a0<i>PG<\/i>\u00a07, 932.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn60\"><\/a>[60]\u00a0<i>In Ioann.<\/i>\u00a0II, 2:\u00a0<i>PG<\/i>\u00a014, 110.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn61\"><\/a>[61]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/angelus\/2002\/documents\/hf_jp-ii_ang_20020623.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(23 junio 2002):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (28 junio 2002), p. 1.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn62\"><\/a>[62] S. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1999\/documents\/hf_jp-ii_let_19990611_consagrazione-sacro-cuore.html\">Mensaje con motivo del centenario de la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano al Sagrado Coraz\u00f3n realizada por Le\u00f3n XIII<\/a><\/i>, Varsovia (11 junio 1999):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (2 julio 1999), p. 7.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn63\"><\/a>[63] \u00cdd.,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/angelus\/1986\/documents\/hf_jp-ii_ang_19860608.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(8 junio 1986), 4:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (15 junio 1986), pp. 1 y 4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn64\"><\/a>[64]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2014\/documents\/papa-francesco_20140627_omelia-ospedale-gemelli.html\">Homil\u00eda<\/a><\/i>, Visita al Policl\u00ednico Gemelli y a la Facultad de Medicina de la\u00a0<i>Universit\u00e0 Cattolica del Sacro Cuore<\/i>\u00a0(27 junio 2014):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (4 julio 2014), p. 11.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn65\"><\/a>[65] Cf.\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a01,5.7; 2,18; 3,12.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn66\"><\/a>[66] Cf.\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a02,5.6; 4,15.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn67\"><\/a>[67] Cf.\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a01,3.4.6.7.11.13.15; 2,10.13.21.22; 3,6.11.21.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn68\"><\/a>[68]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1999\/documents\/hf_jp-ii_let_19990611_consagrazione-sacro-cuore.html\">Mensaje con motivo del centenario de la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano al Sagrado Coraz\u00f3n realizada por Le\u00f3n XIII<\/a><\/i>, Varsovia (11 junio 1999):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (2 julio 1999), p. 6.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn69\"><\/a>[69] \u00abPuesto que el Sagrado Coraz\u00f3n es el s\u00edmbolo y la imagen expresa de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos incita a devolverle amor por amor, es natural que nos consagremos a este coraz\u00f3n tan santo. Obrar as\u00ed, es darse y unirse a Jesucristo [\u2026]. Hoy, tenemos aqu\u00ed otro emblema bendito y divino que se ofrece a nuestros ojos: Es el Coraz\u00f3n sacrat\u00edsimo de Jes\u00fas, sobre el que se levanta la cruz, y que brilla con un magn\u00edfico resplandor rodeado de llamas. En \u00e9l debemos poner todas nuestras esperanzas; tenemos que pedirle y esperar de \u00e9l la salvaci\u00f3n de los hombres\u00bb. Le\u00f3n XIII,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/la\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_25051899_annum-sacrum.html\">Carta enc.\u00a0<i>Annum Sacrum<\/i><\/a>\u00a0(25 mayo 1899):\u00a0<i>ASS<\/i>\u00a031 (1898-99), 649, 651.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn70\"><\/a>[70] \u00abEn este faust\u00edsimo signo y en esta forma de devoci\u00f3n consiguiente, \u00bfno es verdad que se contiene la suma de toda la religi\u00f3n y aun la norma de vida m\u00e1s perfecta, como que m\u00e1s expeditamente conduce los \u00e1nimos a conocer \u00edntimamente a Cristo Se\u00f1or Nuestro, y los impulsa a amarlo m\u00e1s vehementemente, y a imitarlo con m\u00e1s eficacia?\u00bb. P\u00edo XI,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19280508_miserentissimus-redemptor.html\">Carta enc.\u00a0<i>Miserentissimus Redemptor<\/i><\/a>\u00a0(8 mayo 1928),\u00a0<i><\/i>3:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a020 (1928), 167.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn71\"><\/a>[71] \u00abEs el acto de religi\u00f3n por excelencia, esto es, una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagrarnos al amor del Divino Redentor, cuya se\u00f1al y s\u00edmbolo m\u00e1s viviente es su Coraz\u00f3n traspasado. [\u2026] En \u00e9l podemos considerar no s\u00f3lo el s\u00edmbolo, sino tambi\u00e9n, en cierto modo, la s\u00edntesis de todo el misterio de nuestra Redenci\u00f3n. [\u2026] Jesucristo expresamente y en repetidas veces mostr\u00f3 su Coraz\u00f3n como el s\u00edmbolo m\u00e1s apto para estimular a los hombres al conocimiento y a la estima de su amor; y al mismo tiempo lo constituy\u00f3 como se\u00f1al y prenda de su misericordia y de su gracia para las necesidades espirituales de la Iglesia en los tiempos modernos\u00bb. P\u00edo XII,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Carta enc.\u00a0<i>Haurietis aquas<\/i><\/a>\u00a0(15 mayo 1956), 2, 24, 26:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 311, 336, 340.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn72\"><\/a>[72]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/audiences\/1994\/documents\/hf_jp-ii_aud_19940608.html\">Catequesis<\/a><\/i>\u00a0(8 junio 1994), 2:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (10 junio 1994), p. 3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn73\"><\/a>[73]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/angelus\/2008\/documents\/hf_ben-xvi_ang_20080601.html\">\u00c1ngelus<\/a><\/i>\u00a0(1 junio 2008):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (6 junio 2008), p. 1.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn74\"><\/a>[74]\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Carta enc.\u00a0<i>Haurietis aquas<\/i><\/a>\u00a0(15 mayo 1956), 28:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 344.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn75\"><\/a>[75] Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">ib\u00edd.<\/a><\/i>, 24:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 336.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn76\"><\/a>[76] \u00abEl valor de las revelaciones privadas es esencialmente diferente al de la \u00fanica revelaci\u00f3n p\u00fablica: \u00e9sta exige nuestra fe [\u2026]. Una revelaci\u00f3n privada [\u2026] es una ayuda que se ofrece pero que no es obligatorio usarla\u00bb. Benedicto XVI,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html\">Exhort. ap.\u00a0<i>Verbum Domini<\/i><\/a>\u00a0<i><\/i>(30 septiembre 2010), 14:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a0102 (2010), 696.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn77\"><\/a>[77]\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Carta enc.\u00a0<i>Haurietis aquas<\/i><\/a>\u00a0(15 mayo 1956), 26:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 340.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn78\"><\/a>[78]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Ib\u00edd<\/a>.<\/i>, 28:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 344.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn79\"><\/a>[79]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Ib\u00edd<\/a><\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn80\"><\/a>[80]\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/20231015-santateresa-delbambinogesu.html\">Exhort. ap.\u00a0<i>C\u2019est la confiance<\/i><\/a>\u00a0<i><\/i>(15 octubre 2023), 20:\u00a0\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (20 octubre 2023), p. 4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn81\"><\/a>[81] Ms A, 83v\u00ba,\u00a0<i><\/i>en\u00a0<i><\/i>Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz,\u00a0<i>Obras completas<\/i>, Monte Carmelo, Burgos 2006, 245.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn82\"><\/a>[82] S. Mar\u00eda Faustina Kowalska,\u00a0<i>Diario<\/i>, 47 (22 febrero 1931),\u00a0<i><\/i>Marian Press, Stockbridge 2012, 46.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn83\"><\/a>[83] Cf.\u00a0<i>Mi\u0161na Sukk\u00e2<\/i>\u00a0IV, 5.9.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn84\"><\/a>[84]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1986\/documents\/hf_jp-ii_let_19861005_preposito-francia.html\">Carta al Prep\u00f3sito general de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/a><\/i>,\u00a0<i><\/i>Paray-le-Monial (5 octubre 1986):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (19 octubre 1986), p. 4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn85\"><\/a>[85]\u00a0<i>Acta de los m\u00e1rtires de Lyon<\/i>, en Eusebio de Cesarea,\u00a0<i>Historia eclesi\u00e1stica<\/i>, libro 5, c. 1, 22, BAC, Madrid 2008, 272.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn86\"><\/a>[86] Rufino, libro 5, c. 1, 22:\u00a0<i>GCS<\/i>\u00a09\/1,\u00a0<i>Eusebius<\/i>, II, 1, 411.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn87\"><\/a>[87] S. Justino,\u00a0<i>Dial.<\/i>\u00a0135:\u00a0<i>PG<\/i>\u00a06, 787.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn88\"><\/a>[88] Novaciano,\u00a0<i>De Trinitate<\/i>,\u00a0<i><\/i>29:\u00a0<i>PL<\/i>\u00a03, 944. Cf. S. Gregorio de Elvira, en\u00a0<i>Tractatus Origenis de libris Sanctarum Scripturarum<\/i>, XX, 12:\u00a0<i>CCSL\u00a0<\/i>69, 144.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn89\"><\/a>[89] S. Ambrosio,\u00a0<i>Expl. Ps<\/i>. I, 33:\u00a0<i>PL\u00a0<\/i>14, 983-984.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn90\"><\/a>[90] Cf.\u00a0<i>Tract. in Ioann.<\/i>\u00a061, 6, en\u00a0<i>Obras de San Agust\u00edn<\/i>, XIV, Tratados sobre el Evangelio de san Juan (36-124), BAC, Madrid 1957, 339.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn91\"><\/a>[91]\u00a0<i>Carta\u00a0<\/i>3,\u00a0<i>A Rufino<\/i>, 4, en S. Jer\u00f3nimo,\u00a0<i>Obras completas<\/i>, Xa, Epistolario I, BAC, Madrid 2013, 18-19.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn92\"><\/a>[92]\u00a0<i>Serm\u00f3n<\/i>\u202f61, 4, en S. Bernardo,\u00a0<i>Obras completas<\/i>,\u00a0<i><\/i>II, BAC, Madrid 1955, 405.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn93\"><\/a>[93] Cf.\u00a0<i>Exposici\u00f3n sobre el Cantar de los Cantares<\/i>, S\u00edgueme, Salamanca 2013, 79.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn94\"><\/a>[94] Guillermo de Saint-Thierry,\u00a0<i>Acerca de la naturaleza y la dignidad del amor<\/i>, S\u00edgueme, Salamanca 2023, 13.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn95\"><\/a>[95] \u00cdd.,\u00a0<i>Oraciones meditadas\u00a0<\/i>8, 6, en\u00a0<i>Carta de oro y oraciones meditadas<\/i>, Monte Carmelo, Burgos 2013, 232.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn96\"><\/a>[96] S. Buenaventura,\u00a0<i>Jesucristo, \u00e1rbol de la vida, 30, en Obras de San Buenaventura, II, BAC, Madrid 1946, 331.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn97\"><\/a>[97]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn98\"><\/a>[98]\u00a0<i>S. Gertrudis de Helfta, en Revelaciones de Santa Gertrudis la Magna, virgen de la Orden de San Benito, Monasterio de Santo Domingo de Silos, Burgos 1932, 415.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn99\"><\/a>[99] L\u00e9on Dehon,\u00a0<i>Directoire spirituel des pr\u00eatres du Sacr\u00e9 C\u0153ur de J\u00e9sus<\/i>,\u00a0<i><\/i>II, cap. VII, n. 141, Anciens Etablissement Splichal, Turnhout 1936.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn100\"><\/a>[100]\u00a0<i>El Di\u00e1logo<\/i>, 75, en\u00a0<i>Obras de Santa Catalina de Siena<\/i>, BAC, Madrid 1996, 183.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn101\"><\/a>[101] Cf. Por ejemplo: Angelus Walz,\u00a0<i>De veneratione divini cordis Iesu in Ordine Praedicatorum<\/i>, Pontificium Institutum Angelicum, Roma 1937.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn102\"><\/a>[102] Rafael Garc\u00eda Herreros,\u00a0<i>San Juan Eudes<\/i>, Imprenta Olivieres y Dom\u00ednguez, Bogot\u00e1 1943, 42.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn103\"><\/a>[103]\u00a0<i>Carta a santa Juana Francisca de Chantal<\/i>\u00a0(24 abril 1610), en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales<\/i>, t. 14, Cartas, vol. 4, Monast\u00e8re de la Visitation, Annecy 1906, 289.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn104\"><\/a>[104]\u00a0<i>Serm\u00f3n<\/i>\u00a0<i>en el segundo domingo de Cuaresma<\/i>\u00a0(20 febrero 1622), en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales<\/i>, t. 10, Sermones, vol. 4, Ni\u00e9rat, Annecy 1898, 243-244.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn105\"><\/a>[105]\u00a0<i>Carta a santa Juana Francisca de Chantal\u00a0<\/i>(31 mayo 1612), en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales<\/i>, t. 15, Cartas, vol. 5, Monast\u00e8re de la Visitation, Annecy 1908, 221.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn106\"><\/a>[106]\u00a0<i>Carta a Marie Aim\u00e9e de Blonay<\/i>\u00a0(18 febrero 1618), en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales<\/i>, t. 18, Cartas, vol. 8, Monast\u00e8re de la Visitation, Annecy 1912, 170-171.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn107\"><\/a>[107]\u00a0<i>Carta a santa Juana Francisca de Chantal\u00a0<\/i>(fines de noviembre 1609), en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales<\/i>, t. 14, 214.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn108\"><\/a>[108]\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>. (aprox. 25 febrero 1610), 253.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn109\"><\/a>[109]\u00a0<i>Entretenimientos espirituales 12. Sobre la sencillez y la prudencia religiosas<\/i>,\u00a0<i><\/i>en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales,<\/i>\u00a0t. 6, Ni\u00e9rat, Annecy 1895, 217.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn110\"><\/a>[110]\u00a0<i>Carta a santa Juana Francisca de Chantal\u00a0<\/i>(10 junio 1611), en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales<\/i>, t. 15, 63.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn111\"><\/a>[111] S. Margarita Mar\u00eda Alacoque,\u00a0<i>Autobiograf\u00eda<\/i>, c. IV,\u00a0<i>El Mensajero, Bilbao 1890, 106-107<\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn112\"><\/a>[112]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 106.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn113\"><\/a>[113]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, c. V, 114.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn114\"><\/a>[114] Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_ddf_doc_20240517_norme-fenomeni-soprannaturali_sp.html\">Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fen\u00f3menos sobrenaturales<\/a><\/i>\u00a0(17 mayo 2024), Presentaci\u00f3n \u2013 Motivos para la nueva redacci\u00f3n de las Normas; I, A, 12.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn115\"><\/a>[115]\u00a0<i>Autobiograf\u00eda<\/i>, c. VIII, 187.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn116\"><\/a>[116] S. Margarita Mar\u00eda Alacoque,\u00a0<i>Carta<\/i>\u00a0110,\u00a0<i>A la Hermana de la Barge<\/i>,\u00a0<i><\/i>Moulins\u00a0<i>(22 octubre 1689), en Vida y Obras completas,<\/i>\u00a0El Mensajero del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, Bilbao 1948,\u00a0<i>400.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn117\"><\/a>[117] \u00cdd.,\u00a0<i>Autobiograf\u00eda<\/i>, c. IV, 107.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn118\"><\/a>[118]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, c. V, 114-115.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn119\"><\/a>[119] S. Claudio de La Colombi\u00e8re,\u00a0<i>Acto de confianza<\/i>,\u00a0<i><\/i>en\u00a0<i>Escritos Espirituales del beato Claudio de La Colombi\u00e8re, S.J.<\/i>,\u00a0<i><\/i>Mensajero, Bilbao 1979, 110.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn120\"><\/a>[120]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>,\u00a0<i>Ejercicios espirituales en Londres\u00a0<\/i>(1-8 febrero 1677), 11, Devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n, 103-104.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn121\"><\/a>[121]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>,\u00a0<i>Ejercicios espirituales en Lyon\u00a0<\/i>(oct.-nov. 1674), Tercera Semana, 2, Prendimiento de Jesucristo, 71.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn122\"><\/a>[122] Cf.\u00a0<i>Carta a Madame de Bondy<\/i>\u00a0(27 abril 1897), en\u00a0<i>\u00c9crits spirituels<\/i>, De Gigord, Par\u00eds 1923, 79.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn123\"><\/a>[123]\u00a0<i>Carta a Madame de Bondy<\/i>\u00a0(15 abril 1901), en\u00a0<i>Lettres \u00e0 Madame de Bondy. De la Trappe \u00e0 Tamanrasset<\/i>, Descl\u00e9e de Brouwer, Par\u00eds 1966, 83. Cf.\u00a0<i>ib\u00edd<\/i>.\u00a0<i><\/i>(abril 1909), 180: \u00abPor ti conoc\u00ed las exposiciones del Sant\u00edsimo, las bendiciones y el Sagrado Coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn124\"><\/a>[124]\u00a0<sup>[24]<\/sup>\u00a0<i>Carta a Madame de Bondy<\/i>\u00a0(7 abril 1890), en\u00a0<i>Lettres \u00e0 Madame de Bondy<\/i>, 30.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn125\"><\/a>[125]\u00a0<i>Carta al abate Huvelin<\/i>\u00a0(27 junio 1892), en C. Foucauld &#8211; H. Huvelin,\u00a0<i>Correspondance in\u00e9dite<\/i>, Descl\u00e9e de Brouwer, Tournai 1957, 22.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn126\"><\/a>[126]\u00a0<i>M\u00e9ditations sur Ancien Testament<\/i>, Roma 1896.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn127\"><\/a>[127]\u00a0<i>Carta al abate Huvelin<\/i>\u00a0(16 mayo 1900), en C. Foucauld &#8211; H. Huvelin,\u00a0<i>Correspondance in\u00e9dite<\/i>, 156.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn128\"><\/a>[128]\u00a0<i>Diario<\/i>\u00a0(17 mayo 1906).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn129\"><\/a>[129]\u00a0<i>Cta 67, A la se\u00f1ora de Gu\u00e9rin (18 noviembre 1888), 391.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn130\"><\/a>[130]\u00a0<i>Cta 122, A Celina (14 octubre 1890), 449.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn131\"><\/a>[131]\u00a0<i>Poes\u00eda 23, Al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas (21 junio u octubre 1895), 679-680.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn132\"><\/a>[132]\u00a0<i>Cta 247, Al abate Belli\u00e8re (21 junio 1897), 601.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn133\"><\/a>[133]\u00a0<i>\u00daltimas conversaciones. Cuaderno amarillo (11 julio 1897), 833.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn134\"><\/a>[134]\u00a0<i>Cta 197, A sor Mar\u00eda del Sagrado Coraz\u00f3n (17 septiembre 1896), 554-555. Esto no significa que santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas no ofreciera sacrificios, dolores, angustias como un modo de asociarse al sufrimiento de Cristo, pero cuando quer\u00eda ir al fondo se preocupaba por no dar a estos ofrecimientos una importancia que no tienen.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn135\"><\/a>[135]\u00a0<i>Cta 142, A Celina (6 julio 1893), 476.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn136\"><\/a>[136] Cta 191,\u00a0<i>A Leonia<\/i>\u00a0(12 julio 1896), 545.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn137\"><\/a>[137] Cta 226,\u00a0<i>Al P. Roulland<\/i>\u00a0(9 mayo 1897), 587.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn138\"><\/a>[138]\u00a0<i>Cta 258, Al abate Belli\u00e8re (18 julio 1897), 611.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn139\"><\/a>[139] S. Ignacio de Loyola,\u00a0<i>Ejercicios espirituales<\/i>, 104.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn140\"><\/a>[140]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 297.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn141\"><\/a>[141] Cf.\u00a0<i>Carta a Ignacio de Loyola\u00a0<\/i>(23 enero 1541), en\u00a0<i>Lettres et instructions<\/i>, Lessius, Namur 2017, 84.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn142\"><\/a>[142]\u00a0<i>Vida de Ignacio de Loyola<\/i>, c. 8, 96, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2021, 147.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn143\"><\/a>[143]\u00a0<i>Ejercicios espirituales<\/i>, 54.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn144\"><\/a>[144] Cf.\u00a0<i>ib\u00edd.<\/i>, 230 ss.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn145\"><\/a>[145] XXIII Congregaci\u00f3n General de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, Decreto 46, 1:\u00a0<i>Institutum Societatis Iesu<\/i>, 2, Florencia 1893, 511.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn146\"><\/a>[146]\u00a0<i>En \u00c9l solo\u2026 la esperanza<\/i>, Secretariado General del Apostolado de la Oraci\u00f3n, Roma 1982, 180.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn147\"><\/a>[147]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1986\/documents\/hf_jp-ii_let_19861005_preposito-francia.html\">Carta al Prep\u00f3sito general de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/a><\/i>,\u00a0<i><\/i>Paray-le-Monial (5 octubre 1986):\u202f\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (19 octubre 1986), p. 4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn148\"><\/a>[148]\u00a0<i>Conferencias\u00a0a los Misioneros.\u00a0La pobreza<\/i>, 55\u00a0<i>(13 agosto 1655)<\/i>, en S. Vicente de Pa\u00fal,\u00a0<i>Obras completas<\/i>, t. 11\/3, S\u00edgueme, Salamanca 1974\u00a0<i>, 156.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn149\"><\/a>[149]\u00a0<i>Conferencias a las Hijas de la Caridad. Mortificaci\u00f3n, correspondencia, comidas, salidas (Reglas comunes, arts. 24-27), 89 (9 diciembre 1657), t. 9\/2, 974.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn150\"><\/a>[150] S. Daniel Comboni,\u00a0<i>Carta pastoral para la Consagraci\u00f3n del Vicariato al Sagrado Coraz\u00f3n<\/i>, El-Obeid (1 agosto 1873), en\u00a0<i>Escritos<\/i>, 515 (485), 3324.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn151\"><\/a>[151] Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/2003\/documents\/hf_jp-ii_hom_20030518_canoniz.html\">Homil\u00eda durante la Santa Misa de canonizaci\u00f3n<\/a><\/i>\u00a0(18 mayo 2003):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (23 mayo 2003), p. 5.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn152\"><\/a>[152]\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html\">Carta enc.\u00a0<i>Dives in misericordia<\/i><\/a>\u00a0(30 noviembre 1980), 13:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a072 (1980), 1219.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn153\"><\/a>[153]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/audiences\/1979\/documents\/hf_jp-ii_aud_19790620.html\">Catequesis<\/a><\/i>\u00a0(20 junio 1979):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (24 junio 1979), p. 3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn154\"><\/a>[154] Misioneros Combonianos del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas,\u00a0<i>Regla de Vida.<\/i>\u00a0<i>Constituciones y Directorio General<\/i>, Roma 1988,\u00a0<i><\/i>3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn155\"><\/a>[155] Religiosas del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas (Sociedad del Sagrado Coraz\u00f3n),\u00a0<i>Constituciones\u00a0<\/i>1982, 7.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn156\"><\/a>[156]\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19280508_miserentissimus-redemptor.html\">Carta enc.\u00a0<i>Miserentissimus Redemptor<\/i><\/a>\u00a0(8 mayo 1928),\u00a0<i><\/i>10:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a020 (1928), 174.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn157\"><\/a>[157] Cuando se ejercita la fe, referida a Cristo, el alma accede no s\u00f3lo a unos recuerdos, sino a la realidad de su vida divina (cf. S. Tom\u00e1s de Aquino,\u00a0<i>Summa Theologiae<\/i>, II-II, q. 1, a. 2, ad\u00a0<i><\/i>2; q. 4, a. 1).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn158\"><\/a>[158] P\u00edo XI, Carta enc.\u00a0<i>Miserentissimus Redemptor<\/i>\u00a0(8 mayo 1928),\u00a0<i><\/i>10:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a020 (1928), 174.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn159\"><\/a>[159]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2024\/documents\/20240328-omelia-crisma.html\">Homil\u00eda en la Misa Crismal<\/a><\/i>\u00a0(28 marzo 2024):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (29 marzo 2024), pp. 4-5.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn160\"><\/a>[160] S. Ignacio de Loyola,\u00a0<i>Ejercicios espirituales<\/i>, 203.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn161\"><\/a>[161]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2024\/documents\/20240328-omelia-crisma.html\">Homil\u00eda en la Misa Crismal<\/a><\/i>\u00a0(28 marzo 2024):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (29 marzo 2024), p. 4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn162\"><\/a>[162] S. Margarita Mar\u00eda Alacoque,\u00a0<i>Autobiograf\u00eda<\/i>, c. V, 115.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn163\"><\/a>[163] \u00cdd.,\u00a0<i>Carta\u00a0<\/i>133 (3 noviembre 1689),\u00a0<i>Al P. Croiset<\/i>, en\u00a0<i>Vida y Obras completas<\/i>, 464.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn164\"><\/a>[164] \u00cdd.,\u00a0<i>Autobiograf\u00eda<\/i>, c. VIII, 187.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn165\"><\/a>[165] Carta enc.\u00a0<i>Annum Sacrum<\/i>\u00a0(25 mayo 1899):\u00a0<i>ASS<\/i>\u00a031 (1898-99), 649.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn166\"><\/a>[166] Juliano,\u00a0<i>Carta a Arsacio, sumo sacerdote de Galacia<\/i>, Antioqu\u00eda (invierno de 362-363):\u00a0<i>Bolet\u00edn del Instituto de Estudios Hel\u00e9nicos<\/i>, 5 (1971), p. 94.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn167\"><\/a>[167]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, pp. 93-94.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn168\"><\/a>[168] Dicasterio para la Doctrina de la Fe,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_ddf_doc_20240402_dignitas-infinita_sp.html\">Declaraci\u00f3n\u00a0<i>Dignitas infinita<\/i><\/a>\u00a0(2 abril 2024), 19:\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (12 abril 2024), p. 9.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn169\"><\/a>[169] Cf. Benedicto XVI,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/letters\/2006\/documents\/hf_ben-xvi_let_20060515_50-haurietis-aquas.html\">Carta al Prep\u00f3sito general de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, con motivo del 50\u00b0 aniversario de la enc\u00edclica Haurietis aquas<\/a><\/i>\u00a0(15 mayo 2006):\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>98 (2006), 461.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn170\"><\/a>[170]\u00a0<i>In Num.<\/i>,\u00a0<i><\/i>Homil. 12, 1:\u00a0<i>PG\u00a0<\/i>12, 657.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn171\"><\/a>[171]\u00a0<i>Ep.<\/i>\u00a029, 24:\u00a0<i>PL<\/i>\u00a016, 1060.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn172\"><\/a>[172]\u00a0<i>Adv. Arium<\/i>\u00a01, 8:\u00a0<i>PL<\/i>\u00a08, 1044.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn173\"><\/a>[173] Cf.\u00a0<i>Tract. in Ioann.<\/i>\u00a032, 4, en\u00a0<i>Obras de San Agust\u00edn<\/i>, XIII, Tratados sobre el Evangelio de san Juan (1-35), BAC, Madrid 1955, 749.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn174\"><\/a>[174]\u00a0<i>Expos. in Ev. S. Ioannis<\/i>, cap. 7, lectio 5.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn175\"><\/a>[175] P\u00edo XII,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html\">Carta enc.\u00a0<i>Haurietis aquas<\/i><\/a>\u00a0(15 mayo 1956), 26:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a048 (1956), 321.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn176\"><\/a>[176] S. Juan Pablo II,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031987_redemptoris-mater.html\">Carta enc.\u00a0<i>Redemptoris Mater<\/i><\/a>\u00a0(25 marzo 1987), 38:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a079 (1987), 411.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn177\"><\/a>[177] Conc. Ecum. Vat. II,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Const. dogm.\u00a0<i>Lumen gentium<\/i><\/a>, 62.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn178\"><\/a>[178]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Ib\u00edd<\/a>.<\/i>, 60.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn179\"><\/a>[179]\u00a0<i>Serm\u00f3n<\/i>\u00a020, 4, en S. Bernardo,\u00a0<i>Obras completas<\/i>,\u00a0<i><\/i>II, 122.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn180\"><\/a>[180]\u00a0<i>Introducci\u00f3n a la vida devota<\/i>, III, c. 35, en\u00a0<i>Obras selectas<\/i>, BAC, Madrid 2010, 186-187.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn181\"><\/a>[181]\u00a0<i>Serm\u00f3n en el domingo XVII despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s\u00a0<\/i>(30 septiembre 1618), en\u00a0<i>\u0152uvres de Saint Fran\u00e7ois de Sales<\/i>, t. 9, Sermones, vol. 3, Ni\u00e9rat, Annecy 1897, 200-201.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn182\"><\/a>[182]\u00a0<i>Retiro hecho en Nazaret del 5 al 15 de noviembre de 1897. Jes\u00fas en su pasi\u00f3n<\/i>, en\u00a0<i>Escritos espirituales, Studium, Madrid 1964, 58.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn183\"><\/a>[183] Desde el 19 de marzo de 1902 todas sus cartas est\u00e1n encabezadas con las palabras\u00a0<i>Iesus Caritas<\/i>, separadas por un coraz\u00f3n coronado por una cruz.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn184\"><\/a>[184]\u00a0<i>Carta al abate Huvelin<\/i>\u00a0(15 julio 1904), en C. Foucauld &#8211; H. Huvelin,\u00a0<i>Correspondance in\u00e9dite<\/i>, 211.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn185\"><\/a>[185]\u00a0<i>Carta a dom Martin<\/i>\u00a0(25 enero 1903), en\u00a0<i>Cahiers Charles de Foucauld<\/i>, vol. 2, 154.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn186\"><\/a>[186] Anexo VI en Ren\u00e9 Voillaume,\u00a0<i>Les fraternit\u00e9s du P\u00e8re de Foucauld<\/i>, Cerf, Par\u00eds 1946, 173.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn187\"><\/a>[187]\u00a0<i>M\u00e9ditations des saints \u00c9vangiles sur les passages relatifs \u00e0 quinze vertus<\/i>\u00a0(Nazaret 1897-1898),\u00a0<i>Charit\u00e9\u00a0<\/i>77\u00a0<i><\/i>(\u00a0<i>Mt\u00a0<\/i>20,28), en C. Foucauld,\u00a0<i>Aux plus petits de mes fr\u00e8res<\/i>, Nouvelle Cit\u00e9, Par\u00eds 1973, 82.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn188\"><\/a>[188]\u00a0<i>Ib\u00edd., Charit\u00e9\u00a0<\/i>90 (\u00a0<i>Mt\u00a0<\/i>27,30), 95.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn189\"><\/a>[189]\u00a0<i>Quelques directeurs d\u2019\u00e2mes au XVII si\u00e8cle<\/i>, Libraire Victor Lecoffre J. Gabalda, Par\u00eds 1911, 97.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn190\"><\/a>[190]\u00a0<i>Conferencias a las Hijas de la Caridad. Servicio de los enfermos, cuidado de la propia salud (Reglas comunes, arts. 12-16), 85 (11 noviembre 1657), t. 9\/2, 917.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn191\"><\/a>[191]\u00a0<i>Reglas comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/i>, c. 2, 6 (17 mayo 1658),\u00a0<i>t. 10, 470.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn192\"><\/a>[192]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1986\/documents\/hf_jp-ii_let_19861005_preposito-francia.html\">Carta al Prep\u00f3sito general de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/a><\/i>,\u00a0<i><\/i>Paray-le-Monial (5 octubre 1986):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>,\u00a0<i><\/i>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (19 octubre 1986), p. 4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn193\"><\/a>[193]\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/encyclicals\/documents\/S.%20JUAN%20PABLO%20II,%20Exhort.%20ap.%20postsin.%20Reconciliatio%20et%20Paenitentia\">S. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsin.\u00a0<i>Reconciliatio et Paenitentia<\/i><\/a>\u00a0(2 diciembre 1984), 16:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a077 (1985), 215.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn194\"><\/a>[194] Cf.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Carta enc.\u00a0<i>Sollicitudo rei socialis<\/i>\u00a0(30 diciembre 1987),<\/a>\u00a036:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a080 (1988), 561-562.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn195\"><\/a>[195]\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Carta enc.\u00a0<i>Centesimus annus<\/i><\/a>\u00a0(1 mayo 1991), 41:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a083 (1991), 844-845.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn196\"><\/a>[196]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/a><\/i>, 1888.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn197\"><\/a>[197] Cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/audiences\/1994\/documents\/hf_jp-ii_aud_19940608.html\">Catequesis<\/a>\u00a0<\/i>(8 junio 1994), 2:\u202f\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (10 junio 1994), p. 3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn198\"><\/a>[198]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/speeches\/2024\/may\/documents\/20240504-reparer-irreparable.html\">Discurso a los participantes del Coloquio internacional \u201cR\u00e9parer l\u00b4irr\u00e9parable\u201d, en el 350 aniversario de las apariciones de Jes\u00fas en Paray-le-Monial<\/a><\/i>\u00a0(4 mayo 2024):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>\u00a0(4 mayo 2024), p. 12.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn199\"><\/a>[199]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/speeches\/2024\/may\/documents\/20240504-reparer-irreparable.html\">Ib\u00edd<\/a><\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn200\"><\/a>[200]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/cotidie\/2018\/documents\/papa-francesco-cotidie_20180306_perdonar-ser-perdonados.html\">Homil\u00eda durante la Santa Misa<\/a><\/i>,\u00a0<i><\/i>Domus Sanctae Marthae\u00a0<i><\/i>(6 marzo 2018):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (16 marzo 2018), p. 10.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn201\"><\/a>[201]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/speeches\/2024\/may\/documents\/20240504-reparer-irreparable.html\">Discurso a los participantes del Coloquio internacional \u201cR\u00e9parer l\u00b4irr\u00e9parable\u201d, en el 350 aniversario de las apariciones de Jes\u00fas en Paray-le-Monial<\/a><\/i>\u00a0(4 mayo 2024):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>\u00a0(4 mayo 2024), p. 12.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn202\"><\/a>[202]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2024\/documents\/20240328-omelia-crisma.html\">Homil\u00eda en la Misa Crismal<\/a><\/i>\u00a0(28 marzo 2024):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (29 marzo 2024), p. 5.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn203\"><\/a>[203]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2024\/documents\/20240328-omelia-crisma.html\">Ib\u00edd<\/a><\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn204\"><\/a>[204]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2024\/documents\/20240328-omelia-crisma.html\">Ib\u00edd.<\/a><\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn205\"><\/a>[205] Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html\">Laudato si\u2019<\/a><\/i>\u00a0(24 mayo 2015), 80:\u00a0<i>AAS\u00a0<\/i>107 (2015), 879.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn206\"><\/a>[206]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/a><\/i>, 1085.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn207\"><\/a>[207]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Ib\u00edd.<\/a><\/i>, 268.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn208\"><\/a>[208]\u00a0<i>Autobiograf\u00eda<\/i>, c. IV, 107.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn209\"><\/a>[209] Ms A, 84 r\u00b0, 246.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn210\"><\/a>[210]\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn211\"><\/a>[211]\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn212\"><\/a>[212] Ms A, 83v\u00b0, 245; cf. Cta 226,\u00a0<i>Al P. Roulland<\/i>\u00a0(9 mayo 1897), 585-589.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn213\"><\/a>[213] Oraci\u00f3n 6,\u00a0<i>Ofrenda de m\u00ed misma como v\u00edctima de holocausto al amor misericordioso de Dios<\/i>\u00a0(9 junio 1895), 759.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn214\"><\/a>[214] Ms B, 3v\u00ba, 261.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn215\"><\/a>[215]\u00a0<i>Cta 186, A Leonia (11 abril 1896), 538.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn216\"><\/a>[216]\u00a0<i>Cta 258, Al abate Belli\u00e8re (18 julio 1897), 611.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn217\"><\/a>[217] P\u00edo XI, Carta enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19280508_miserentissimus-redemptor.html\">Miserentissimus Redemptor<\/a><\/i>\u00a0(8 mayo 1928),\u00a0<i><\/i>5:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a020 (1928), 169.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn218\"><\/a>[218]\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 8:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a020 (1928), 172.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn219\"><\/a>[219] S. Juan Pablo II,\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/audiences\/1979\/documents\/hf_jp-ii_aud_19790620.html\">Catequesis<\/a><\/i>\u00a0(20 junio 1979):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (24 junio 1979), p. 3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn220\"><\/a>[220]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/cotidie\/2014\/documents\/papa-francesco_20140627_cancion-cuna-dios.html\">Homil\u00eda durante la Santa Misa<\/a><\/i>,\u00a0<i><\/i>Domus Sanctae Marthae\u00a0<i><\/i>(27 junio 2014):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (4 julio 2014), p. 10.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn221\"><\/a>[221]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1999\/documents\/hf_jp-ii_let_19990611_consagrazione-sacro-cuore.html\">Mensaje con motivo del centenario de la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano al Sagrado Coraz\u00f3n realizada por Le\u00f3n XIII<\/a><\/i>, Varsovia (11 junio 1999):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (2 julio 1999), p. 6.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn222\"><\/a>[222]\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn223\"><\/a>[223]\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1999\/documents\/hf_jp-ii_let_19990604_bishop-bille.html\">Carta a Mons. Louis-Marie Bill\u00e9, Arzobispo de Lyon, con motivo de la peregrinaci\u00f3n a Paray-le-Monial<\/a><\/i>\u00a0(4 junio 1999):\u00a0<i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (2 julio 1999), p. 7.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn224\"><\/a>[224]\u00a0<i>Conferencias. Repetici\u00f3n de la oraci\u00f3n (22 agosto 1655), 58, t. 11\/3, 190.<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn225\"><\/a>[225] Carta\u00a0<i>Diserti interpretes<\/i>\u00a0(25 mayo 1965), 4, en Francisco Cerro Chaves y V\u00edctor Casta\u00f1o Moraga [eds.],\u00a0<i>Enc\u00edclicas y Documentos de los Papas sobre el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/i>, Monte Carmelo, Burgos 2009, 141.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn226\"><\/a>[226]\u00a0<i>Vita Nuova<\/i>\u00a0XIX, 5-6.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn227\"><\/a>[227]\u00a0<i>Ms A, 45 v\u00b0, 166.<\/i><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre el amor humano y divino del coraz\u00f3n de Jesucristo<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":111479,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[102],"tags":[20350,29031,29028,29039,29026,29029,29040,29030,20343,29042,29041,29034,29037,29036,29033,29035,29027,29032,16760,29038],"class_list":["post-111478","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos","tag-amor-de-dios","tag-amor-en-la-biblia","tag-amor-humano-y-divino","tag-amor-y-amistad-en-el-cristianismo","tag-carta-enciclica-dilexit-nos","tag-corazon-de-jesucristo","tag-corazon-humano-en-la-teologia","tag-ensenanzas-del-papa-francisco","tag-espiritualidad-catolica","tag-filosofia-del-amor-en-la-religion","tag-identidad-espiritual-y-amor","tag-importancia-del-corazon-en-la-espiritualidad","tag-jesus-y-el-amor-incondicional","tag-mensajes-de-amor-en-el-cristianismo","tag-reflexiones-sobre-el-amor-cristiano","tag-san-pablo-y-el-amor","tag-santo-padre-francisco","tag-significado-del-corazon-en-la-fe","tag-teologia-del-amor","tag-valor-del-corazon-en-la-vida-cristiana"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Dilexit Nos &#8211; 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Exaudi News es un medio de comunicaci\u00f3n cat\u00f3lico internacional que informa, forma y transforma, diariamente en espa\u00f1ol, ingl\u00e9s e italiano. A trav\u00e9s de noticias, art\u00edculos de an\u00e1lisis y transmisiones en directo de los eventos del Papa, Exaudi busca fortalecer la unidad de los cristianos y contribuir a la evangelizaci\u00f3n del mundo, siempre guiados por la doctrina social de la Iglesia. Trabajamos para acercar la verdad y los valores cristianos a cada rinc\u00f3n del planeta. \u00a1Ay\u00fadanos a transformar el mundo con Exaudi! En Exaudi creemos que la evangelizaci\u00f3n y la informaci\u00f3n de calidad pueden cambiar vidas. Para continuar con nuestra misi\u00f3n y expandir nuestro alcance, necesitamos tu ayuda. Adem\u00e1s, buscamos personas comprometidas que deseen unirse a nuestro equipo. 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Para m\u00e1s informaci\u00f3n sobre c\u00f3mo colaborar, visita Exaudi.org\\\/es o cont\u00e1ctanos directamente: info@exaudi.org Exaudi: Informa, forma y transforma.\",\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/ExaudiNoticias\\\/\",\"https:\\\/\\\/www.instagram.com\\\/exaudi_noticias\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Exaudi_noticias\",\"https:\\\/\\\/www.youtube.com\\\/@exaudicatholicnews\"],\"url\":\"https:\\\/\\\/exaudi.org\\\/es\\\/author\\\/redaccionexaudi\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Dilexit Nos &#8211; Exaudi","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Dilexit Nos &#8211; Exaudi","og_description":"Sobre el amor humano y divino del coraz\u00f3n de Jesucristo","og_url":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/","og_site_name":"Exaudi","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/ExaudiNews","article_author":"https:\/\/www.facebook.com\/ExaudiNoticias\/","article_published_time":"2024-10-24T11:06:30+00:00","article_modified_time":"2024-10-24T11:11:52+00:00","og_image":[{"width":750,"height":422,"url":"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422-7-2.jpeg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Exaudi Redacci\u00f3n","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@Exaudi_noticias","twitter_site":"@Exaudi_News","twitter_misc":{"Escrito por":"Exaudi Redacci\u00f3n","Tiempo de lectura":"162 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/"},"author":{"name":"Exaudi Redacci\u00f3n","@id":"https:\/\/exaudi.org\/#\/schema\/person\/f5fc8f063065e38742da7afe15f25df7"},"headline":"Dilexit Nos","datePublished":"2024-10-24T11:06:30+00:00","dateModified":"2024-10-24T11:11:52+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/"},"wordCount":32402,"image":{"@id":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422-7-2.jpeg","keywords":["amor de Dios","Amor en la Biblia","Amor humano y divino","Amor y amistad en el cristianismo","Carta Enc\u00edclica Dilexit Nos","Coraz\u00f3n de Jesucristo","Coraz\u00f3n humano en la teolog\u00eda","Ense\u00f1anzas del Papa Francisco","espiritualidad cat\u00f3lica","Filosof\u00eda del amor en la religi\u00f3n","Identidad espiritual y amor","Importancia del coraz\u00f3n en la espiritualidad","Jes\u00fas y el amor incondicional","Mensajes de amor en el cristianismo","Reflexiones sobre el amor cristiano","San Pablo y el amor","Santo Padre Francisco","Significado del coraz\u00f3n en la fe","Teolog\u00eda del amor","Valor del coraz\u00f3n en la vida cristiana"],"articleSection":["Documentos"],"inLanguage":"es"},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/","url":"https:\/\/exaudi.org\/es\/dilexit-nos-enciclica\/","name":"Dilexit Nos &#8211; 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