Una interpretación de la historia humana
La providencia divina en el caos de la historia: entre horrores y avances
Poner el foco de la atención en el pasado y el presente de la humanidad comporta adentrarse en un interminable contenedor de benéficas acciones morales y sociales, de creatividad científica, tecnológica y artística, de descubrimientos geográficos… que han configurado la compleja civilización en que vivimos. Junto a ello, se puede contemplar también una vasta galería de horrores: multitud de devastadoras crisis y retrocesos colectivos, pueblos en permanente confrontación bélica, atrocidades apocalípticas, civilizaciones extinguidas e imperios desaparecidos… Es la crónica negra del maléfico espanto que recorre los siglos.
¿Significa esto que el escenario de nuestro planeta es tan caótico como una danza macabra de acontecimientos sin sentido? Lo sería si no se le concibiera en relación con un orden providencial, según el cual el mundo es fruto de una mente que está por encima de los propósitos particulares a los que los hombres aspiran, de forma que los estrechos objetivos de éstos sirven de medios en provecho de un fin más amplio, la perpetuación de la generación humana en el orbe. De ese modo, dicha providencia dirige las acciones humanas y encamina los impulsos aparentemente más desordenados hacia la conservación de nuestra sociedad. Esa es, en síntesis, la visión del filósofo napolitano Giovanni Battista Vico (1668-1744).
Sin embargo, este pensador –en su obra Principios de una Ciencia Nueva en torno a la naturaleza común de las naciones– afirma que la acción de la providencia no va encaminada a corregir milagrosamente las aberraciones causadas por la desorientación del hombre. Si fuera así, el único agente verdadero de la historia sería la providencia, Dios mismo y no el hombre. No hay una razón impersonal que, intrínseca a los acontecimientos históricos, actúe necesariamente en los individuos humanos coordinando sus acciones. Vico defiende que la sustancia, la norma y el significado último de la historia están más allá de las intervenciones de los acontecimientos particulares, de los cuales son autores los hombres.
Por ello, la providencia es el primer principio de las naciones, norma ideal a la que jamás se conforma totalmente el curso de los hechos. Está presente en el hombre y, por su mediación, se abre camino en la temporalidad, por cuanto que sólo de la relación con ella saca la humanidad la capacidad de fundar el mundo de la historia y de conservarlo. Pero la presencia del orden providencial en la conciencia de los hombres sirve para dirigir a ésta, no para determinarla. Los hombres permanecen libres aun conociendo el fin que alienta el devenir de su estancia en esta tierra.
Por ese motivo, las historias temporales de las naciones –con sus avances y retrocesos– pueden no seguir el curso normal de la historia ideal eterna, que es el punto de referencia de acuerdo con el cual transcurren las historias particulares. Existe siempre la posibilidad de la caída y del error, la corrupción y la decadencia de los pueblos, ya que esta contingencia se da en la naturaleza del hombre, que es su protagonista. Este es el panorama histórico dibujado por Vico en su Ciencia Nueva.
Sea como fuere, también la propia experiencia personal nos enseña que todo tiene su momento y hay un instante para cada cosa: “un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado; un tiempo para llorar y un tiempo para reír; un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz”. Siguiendo este sentir del Eclesiastés, lo que importa es que seamos capaces de ver que Dios no nos deja solos ante nuestros problemas y nos ha asegurado que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
Aunque puso en el corazón del hombre el sentido del pasado y del futuro, los límites de nuestra mente no pueden descubrir la obra que hace Dios desde el principio hasta el final. Pero al ser humano sí le cabe la esperanza en Quien tiene la última palabra. Ella nos asiste con el aliciente de lo que se sospecha, permitiendo interpretar el núcleo de la realidad para alcanzar la matriz de la corresponsabilidad comunitaria con la que se moldea la convivencia social.
Pedro Paricio . Dame tres minutos

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