Referentes para mis nueve hijas
La fe no limita: santas de todos los tiempos como guía para la libertad y la vocación de mis nueve hijas
Soy madre de familia.
Y soy madre de nueve mujeres.
Cuando se acerca el 8 de marzo, no puedo evitar pensar en ellas. En el mundo que reciben. En las voces que les dicen quién deben ser, cómo medir su éxito. Pero, sobre todo, pienso en algo más profundo: en su necesidad de tener referentes verdaderos, amplios, luminosos, donde mirarse sin miedo y sin complejos.
Por eso esta campaña de la Asociación Católica de Propagandistas me parece una bocanada de aire limpio.
Bajo el lema “Busca la santidad”, nos recuerda algo que hoy suena casi revolucionario: la grandeza femenina no es un molde único ni una ideología estrecha. Es amplitud. Es vocación. Es libertad de la de verdad.
La fe no encarcela. No empequeñece. No pone techo.
Ahí está la Virgen María, modelo silencioso de fortaleza y confianza, sosteniendo la historia sin necesidad de focos.
Ahí está Santa Teresa de Jesús: carácter, inteligencia, fundadora, escritora, mujer con pasión pura por Dios que no pidió permiso para reformar nada.
Ahí está Santa Mónica, madre perseverante, sosteniendo su hogar con lágrimas que eran oración.
Ahí está Isabel la Católica, gobernando en tiempos decisivos, asumiendo responsabilidades históricas sin renunciar a su fe.
Ahí está Teresa de Calcuta, radical en la entrega, abrazando la miseria más cruda sin perder la sonrisa.
Familia. Vida pública. Contemplación. Gobierno. Servicio. Historia. Mujeres únicas, con caminos distintos, vocaciones diversas, decisiones que se abrieron en tiempos y lugares muy diferentes.
La fe no las hizo más pequeñas. Las hizo más libres. Más valientes. Más completas.
Hijas mías, decidáis lo que decidáis —vida profesional intensa, matrimonio y maternidad, misión consagrada, compromiso social— no dejéis que nadie os diga que la fe os limita.
Seguir la dirección que marca el Señor te garantiza tener la mejor versión de tu vida.
Gracias a la campaña de la ACdP por mostrarnos mujeres absolutamente diferentes, con vocaciones y misiones únicas, que se desarrollaron en tiempos, lugares y circunstancias muy variadas. Pero hay un hilo que las une: un denominador común: vivir mirando al cielo, un principio que seguirá sirviendo a todas las mujeres, pase lo que pase y estén donde estén, para las de hoy, para las de mañana, para ti…para las que vendrán.
Gracias de parte de una madre de nueve hijas a ACdP.

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