Un artículo periodístico recoge la demanda que el ayuntamiento de Nueva York, el Departamento de Educación y la Corporación de Salud y Hospitales de la ciudad han presentado contra los más importantes gigantes tecnológicos por fomentar la adicción digital. La demanda, de 327 páginas se dirige contra redes sociales como Facebook, Instagram y su empresa matriz Meta, Google, Snapchat, Tik Tok (de ByteDance) y YouTube (Google), acusándolas de «crear un sistema pensado para atrapar la atención de los menores a cualquier precio».
Entre los efectos secundarios derivados del abuso en la exposición a pantallas que los denunciantes señalan, cabe destacar depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, autolesiones y tendencias suicidas entre miles de niños y jóvenes.
El Congreso de los Estados Unidos interrogó el año pasado a los directores ejecutivos de las empresas relacionadas más destacadas, como Shou Zi Chew, propietario de TikTok, o el director de Meta, Mark Zuckerberg, quien afirmó: «lamento todo lo que han pasado, …nadie debería de pasar por las cosas que han sufrido sus familiares».
¿Pero, existen motivos fundados de preocupación?
Acaba de publicarse un interesante metanálisis que reúne doce estudios que incluyen un total de 11.234 participantes, en el que se revisan y sintetizan sistemáticamente las evidencias obtenidas por técnicas de neuroimagen, relacionadas con los efectos de los medios digitales en el desarrollo cerebral adolescente, que analizan los circuitos de recompensa y el control cognitivo durante periodos críticos del desarrollo.

Estos hallazgos sugieren, según los autores, una necesidad crítica de enfoques informados por la neurociencia para el bienestar digital durante el desarrollo cerebral adolescente.
El principal de ellos, entre otros, fue una señal de activación del estriado ventral asociada con el uso de medios digitales que supera el umbral de significancia clínica.
Lo trascendente de este hallazgo es que este patrón es coherente con los modelos neurobiológicos de adicción y sugiere que las plataformas de medios digitales pueden estar activando mecanismos del sistema de recompensa de manera que se asemejan a los patrones de abuso de sustancias.
Se evidencia que los usuarios habituales de redes sociales muestran una activación del sistema de recompensa creciente con el tiempo en lugar de la disminución esperada en el desarrollo de la sensibilidad a la recompensa, según demuestran algunos estudios.
Esta trayectoria divergente apunta a la posibilidad de que la exposición a los medios digitales pueda impedir la progresión normal del desarrollo hacia patrones de procesamiento de recompensas más maduros.
Según afirman los autores del estudio “la persistencia de la hipersensibilidad a la recompensa adolescente en la edad adulta podría tener implicaciones significativas en la toma de decisiones, la asunción de riesgos y la vulnerabilidad ante procesos adictivos a lo largo de la vida”.
Por otra parte, el aumento del volumen de materia gris observado en determinadas zonas, semejante al observado en los trastornos por consumo de sustancias, sugiere que la exposición a medios digitales puede producir cambios estructurales cerebrales análogos a los que se han encontrado en conductas adictivas.
La adolescencia: la trascendencia de una etapa de fragilidad.
Es la adolescencia un periodo de gran trascendencia en el desarrollo integral de la persona, en sus dimensiones anatómica, fisiológica, endocrina y, sobre todo, neurológica: la maduración cerebral en esta etapa tendrá implicaciones en la construcción de su cognición, regulación emocional y comportamiento futuros.
Así, los procesos de poda sináptica, mielinización y reorganización funcional que 
Pero también supone un estado de especial vulnerabilidad a los estímulos del ambiente y las conductas que pueden adoptarse en esta etapa, que moldearán, para bien o para mal, la arquitectura neural a lo largo de la vida.
Actualmente, y este es el asunto que nos ocupa y que está moviendo iniciativas como la emprendida desde el Ayuntamiento de Nueva York, la exposición sin precedentes de los adolescentes a medios digitales está creando un entorno especialmente agresivo para el correcto neurodesarrollo de sus cerebros: sobreabundancia de estímulos gratificantes unívocamente ligados a la exposición a pantallas, junto a la preocupante ausencia de diversificación hacia otros estímulos, como las relaciones sociales no virtuales, la exposición al entorno natural, la capacidad reflexiva y el ejercicio crítico o la actividad física -la sobreexposición digital conduce al sedentarismo-, que ofrecen una preocupante perspectiva en el desarrollo de sus capacidades futuras.
Así surgen como resultado de esta sobreexposición síntomas habituales en cualquier conducta adictiva, como trastornos en la motivación, la atención, la memoria, la capacidad cognitiva y comunicativa, autocontrol y resiliencia, así como depresión, dependencia, tendencias autodestructivas o aislamiento.
Valoración bioética
La enorme trascendencia del crecimiento incontrolado de la exposición a medios digitales, especialmente en las edades más vulnerables como la infancia y la adolescencia, obliga a un análisis y valoración urgente de la conveniencia de su regulación o restricción, del mismo modo que se hace con sustancias psicoactivas o conductas adictivas.
Si los patrones cerebrales ligados al exceso en la exposición a pantallas ofrecen grandes similitudes -según muestra este reciente metaanálisis- con los observados en las conductas adictivas ya conocidas, parece inaceptable que no se adopten de forma urgente medidas drásticas destinadas a evitar el abuso en la exposición a medios digitales a cualquier edad, pero específicamente en los periodos de más vulnerabilidad, tal como ya se ha dicho.
La educación y el entrenamiento en el uso racional de los medios digitales resultan necesarios, pero no suficientes. Se impone la necesidad de una estricta regulación de la capacidad de acceso a ciertos medios y contenidos, así como de perseguir a quienes utilizan los medios digitales para la difusión de contenidos especialmente adictivos y destructivos, como la pornografía, el juego y las apuestas, los trastornos de la conducta alimentaria, la violencia y otros, que resultan tanto más tóxicos cuanto más vulnerable es el receptor.
El recurso a la defensa de la libertad individual en la capacidad de acceso a estos contenidos no debe plantearse de forma ilimitada. Las desastrosas consecuencias que la exposición tóxica a medios digitales puede causar en la población expuesta, la mayoría de nuestros adolescentes y jóvenes, constituyen un factor limitante hacia su libre acceso, dada la dificultad de los afectados para calibrar la trascendencia de estos efectos negativos, que pueden ser permanentes en muchos casos.
La responsabilidad en la gestión del enorme riesgo que conlleva la sobreexposición a medios digitales afecta desde las familias hasta los organismos reguladores, pasando por las entidades educativas y los medios de comunicación social, que deben ser puntualmente informados de los trascendentes hallazgos que, como el que ahora analizamos, muestran el rostro más temible de conductas que, por extendidas, tienden a normalizarse sin restricción.
Julio Tudela . Observatorio de Bioética . Universidad Católica de Valencia
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