10 abril, 2026

Síguenos en

Papa León XIV: “La santidad no es un privilegio para pocos, sino un don que compromete a todo bautizado”

Audiencia General: En su catequesis del 8 de abril de 2026, el Pontífice continuó su serie sobre la Constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II, destacando que la santidad es vocación universal de todos los fieles y se manifiesta en la vida cotidiana a través de la caridad y la imitación de Cristo

Papa León XIV: “La santidad no es un privilegio para pocos, sino un don que compromete a todo bautizado”

Durante la Audiencia General celebrada este miércoles 8 de abril de 2026 en el Vaticano, el papa León XIV profundizó en el quinto capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicado precisamente a la vocación universal a la santidad en la Iglesia. El Santo Padre recordó que este documento conciliar insiste en que la santidad “no es un privilegio para pocos, sino un don que compromete a cada bautizado a tender a la perfección de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el prójimo”.

El Pontífice subrayó que todos los creyentes están llamados a vivir en la gracia de Dios, practicando las virtudes y conformándose a Cristo, modelo y medida de la santidad. En este sentido, señaló que la forma más elevada de santidad sigue siendo el martirio, “supremo testimonio de fe y caridad”, y que todo fiel debe estar dispuesto a confesar a Cristo incluso hasta derramar su sangre, “como siempre ha sucedido y sucede también hoy”. Esta disponibilidad al testimonio se concreta cada vez que los cristianos dejan signos de fe y amor en la sociedad, comprometiéndose con la justicia.

León XIV explicó que todos los sacramentos, y de modo eminente la Eucaristía, constituyen “alimento que fomenta una vida santa”, asimilando a cada persona a Cristo. La santidad, añadió, es un don de Jesús que santifica a la Iglesia y se manifiesta en la vida diaria “cada vez que lo recibimos con alegría y le respondemos con compromiso”. Citando a san Pablo VI, recordó que para que la Iglesia sea auténtica, todos los bautizados deben “ser santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos, fuertes y fieles”.

El Papa reconoció que la Iglesia es santa por constitución, pero no de manera plena y perfecta en su peregrinar terrenal, sino que está llamada a confirmar este don divino “en medio de las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios”. La triste realidad del pecado en la Iglesia —es decir, en todos nosotros— se convierte en una invitación a una seria conversión, confiándonos al Señor que nos renueva en la caridad. “Esta gracia infinita que santifica a la Iglesia nos entrega una misión que realizar día tras día: la de nuestra conversión”, afirmó.

Por ello, la santidad “no tiene solamente naturaleza práctica, como si se redujera a un compromiso ético por grande que sea, sino que concierne a la esencia misma de la vida cristiana, tanto personal como comunitaria”.

El Santo Padre dedicó también una parte importante de su reflexión al capítulo sexto de Lumen gentium, sobre la vida consagrada. Los hombres y mujeres que abrazan los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia expresan de modo radical la vocación universal a la santidad. Estas tres virtudes, explicó, “no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo”. La pobreza expresa plena confianza en la Providencia, liberando del cálculo y del propio interés; la obediencia toma como modelo la entrega de Cristo al Padre, liberando de la sospecha y el dominio; y la castidad es la donación de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia.

León XIV recordó que no existe experiencia humana que Dios no redima: “incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino de santidad”. La gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece en toda prueba, orientándonos no hacia un ideal lejano, sino hacia el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor.

Al concluir, el Papa imploró la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre toda santa del Verbo Encarnado, para que sostenga y proteja siempre nuestro camino hacia la santidad.

Esta catequesis se enmarca en la serie que León XIV viene desarrollando desde inicios de 2026 sobre los documentos del Concilio Vaticano II, con especial atención a Lumen gentium, la Constitución dogmática sobre la Iglesia.

Texto completo:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 8 de abril de 2026

_________________

Los documentos del Concilio Vaticano II. II. Constitución dogmática Lumen gentium. 7. La santidad y los consejos evangélicos en la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

La Constitución del Concilio Vaticano II Lumen gentium (LG) sobre la Iglesia dedica todo un capítulo, el quinto, a la universal vocación a la santidad de todos los fieles: cada uno de nosotros está llamado a vivir en la gracia de Dios, practicando las virtudes y conformándose a Cristo. La santidad, según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfección de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el prójimo. La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados: infundida por el Padre, mediante el Hijo Jesús, esta virtud «rige todos los medios de santificación, los informa y los conduce a su fin» (LG, 42). El nivel más alto de la santidad, como en el origen de la Iglesia, es el martirio, «supremo testimonio de fe y de caridad» (LG, 50): por este motivo, el texto conciliar enseña que todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta el derramamiento de sangre (cf. LG, 42), como siempre ha sucedido y sucede también hoy. Esta disposición para el testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan señales de fe y de amor en la sociedad, comprometiéndose por la justicia.

Todos los sacramentos, de forma emitente la Eucaristía, son alimento que hace crecer una vida santa, asimilando cada persona a Cristo, modelo y medida de la santidad. Él santifica la Iglesia, de la cual es Cabeza y Pastor: la santidad es, en esta óptica, un don suyo, que se manifiesta en nuestra vida cotidiana cada vez que lo acogemos con alegría y le correspondemos con compromiso. A este respecto, San Pablo VI, en la Audiencia general del 20 de octubre de 1965, recordaba que la Iglesia, para ser auténtica, quiere que todos los bautizados deban «ser santos, es decir, verdaderamente sus hijos dignos, fuertes y fieles». Esto se realiza como una transformación interior, por lo que la vida de cada persona se conforma a Cristo en virtud del Espíritu Santo (cf. Rm 8,29; LG, 40).

La Lumen gentium describe la santidad de la Iglesia católica como una de sus características constitutivas, que debe acogerse en la fe, en cuanto se cree que es «indefectiblemente santa» (LG, 39): eso no significa que lo sea de forma plena y perfecta, sino que está llamada a confirmar este don divino durante su peregrinaje hacia la meta eterna, caminando «entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios» (S. Agustín, De civ. Dei 51,2; LG, 8).

La triste realidad del pecado en la Iglesia, es decir, en todos nosotros, invita a cada uno a emprender un serio cambio de vida, encomendándonos al Señor, que nos renueva en la caridad. Precisamente esta gracia infinita, que santifica la Iglesia, nos confía una misión que debemos cumplir día tras día: la de nuestra conversión. Por eso, la santidad no tiene solamente una naturaleza práctica, como si se pudiera reducir a un compromiso ético, por grande que sea, sino que concierne a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria.

En esta perspectiva, un papel decisivo lo asume la vida consagrada, que se aborda en el capítulo sexto de la Constitución conciliar (cf. nn. 43-47). En el pueblo santo de Dios, esta constituye una señal profética del mundo nuevo, experimentado en el aquí y el ahora de la historia. De hecho, señales del Reino de Dios, ya presente en el misterio de la Iglesia, son aquellos consejos evangélicos que dan forma a toda experiencia de vida consagrada: la pobreza, la castidad y la obediencia. Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios. La pobreza expresa la plena entrega a la Providencia, liberando del cálculo y del interés; la obediencia tiene como modelo la entrega de sí mismo que Cristo hizo al Padre, liberando de la desconfianza y del dominio; la castidad es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia.

Conformándose a este estilo de vida, las personas consagradas dan testimonio de la vocación universal a la santidad en toda la Iglesia, en la forma de un seguimiento radical. Los consejos evangélicos manifiestan la participación plena en la vida de Cristo, hasta la cruz: ¡es precisamente por el sacrificio del Crucificado que todos somos redimidos y santificados! Contemplando este evento, sabemos que no hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en una vía de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos refuerza así en toda prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor. Que la Virgen María, Madre toda santa del Verbo encarnado, sostenga y proteja siempre nuestro camino.

______________________

Llamamiento

Tras estas últimas horas de gran tensión para Oriente Medio y para todo el mundo, acojo con satisfacción y como señal de viva esperanza el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas. Solo mediante la vuelta a las negociaciones se puede llegar al final de la guerra.

Exhorto a acompañar este tiempo de delicado trabajo diplomático con la oración, auspiciando que la disponibilidad al diálogo pueda convertirse en el instrumento para resolver el resto de situaciones de conflicto en el mundo.

Renuevo para todos la invitación a unirse a mí en la Vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí en la Basílica de San Pedro el sábado 11 de abril.

_______________________

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María, Reina de todos los Santos, que interceda por nosotros, para que seamos perseverantes y alegres en el camino de la santidad, dando testimonio cada día de nuestra fe en Cristo resucitado. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

_______________________

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Reflexionamos hoy sobre el capítulo quinto de la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a la universal vocación a la santidad en la Iglesia, y sobre el capítulo sexto, acerca de la vida consagrada. Según este documento conciliar, la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino un don que compromete a todos los bautizados a vivir la plenitud del amor a Dios y a los hermanos. Los sacramentos, especialmente la Eucaristía, son el alimento para crecer en una vida santa, es decir, para configurarse con Cristo en virtud del Espíritu Santo.

Las personas consagradas dan testimonio de esta vocación universal a la santidad de toda la Iglesia siguiendo a Cristo de modo radical, por medio de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. La pobreza expresa la confianza total en la Providencia, la obediencia tiene como modelo el don de sí que Cristo hizo al Padre y la castidad es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de su Iglesia.

Exaudi Redacción

¿Qué es Exaudi News? Exaudi News es un medio de comunicación católico internacional que informa, forma y transforma, diariamente en español, inglés e italiano. A través de noticias, artículos de análisis y transmisiones en directo de los eventos del Papa, Exaudi busca fortalecer la unidad de los cristianos y contribuir a la evangelización del mundo, siempre guiados por la doctrina social de la Iglesia. Trabajamos para acercar la verdad y los valores cristianos a cada rincón del planeta. ¡Ayúdanos a transformar el mundo con Exaudi! En Exaudi creemos que la evangelización y la información de calidad pueden cambiar vidas. Para continuar con nuestra misión y expandir nuestro alcance, necesitamos tu ayuda. Además, buscamos personas comprometidas que deseen unirse a nuestro equipo. Con tu apoyo, lograremos llegar a más personas, difundir el mensaje de Cristo y reforzar la unidad de los cristianos. ¿Te unes a nuestra misión? Para más información sobre cómo colaborar, visita Exaudi.org/es o contáctanos directamente: [email protected] Exaudi: Informa, forma y transforma.