Nuestro peregrinar y transición
Acompañando a Jesús en su Pasión, muerte y Resurrección: lecciones de amistad, enfermedad y esperanza
La palabra triduo proviene del latín “triduum”, que significa tres días. Esta semana, los católicos celebramos el triduo pascual que es el centro de nuestra Fe. Por eso, acompañamos a Jesús en la conmemoración del misterio de su pasión, muerte y resurrección. Es un espacio para una profunda reflexión y renovación personal.
Al respecto, hace unos meses, escribí un artículo titulado “Memento Mori” en el cual comentaba que cada uno de nosotros tiene una fecha de caducidad al margen de nuestra edad cronológica. En ese sentido, quisiera compartir con ustedes una breve historia personal sobre nuestro peregrinar y transición en esta tierra.
Por esas cosas que suceden en la vida, Jessica y yo, hace 23 años tuvimos la suerte de conocer a un sacerdote joven (unos cuantos años mayor que nosotros) que nos acompañó en medio de la enfermedad que a Jessica se le presentó en pleno embarazo de nuestra hija mayor, Mariana. Nos enseñó a rezar mejor, a saber escuchar, a confiar y tener más Fe en el señor. Y nos encaminó a tener presente la pregunta clave: ¿Para qué suceden estas cosas? Asimismo, entre otras muchas cosas, generamos un vínculo de buena amistad. Por ello, luego bautizó a Mariana, también a mi segunda hija Fátima, es más por otra coincidencia de la vida, ella nació el 15 de agosto y recuerdo que el padre J.P. bromeaba y nos decía que debería llamarse Asunta en lugar de Fátima. También estuvo presente y le dio los auxilios católicos antes de partir a Tico, hermano de Jessica, y también a Don Manuel, su papá. Y hace unas semanas nos enteramos de que el padre J.P. está muy enfermo y lo más probable es que, dentro de poco, vaya al encuentro de Jesús.
Es por ello que deseo compartir las enseñanzas personales que me deja esta historia en caso de que les puedan servir de reflexión, algunas son obvias, pero vale mencionarlas:
- Los buenos amigos están contigo sobre todo en las tempestades y dificultades;pero también en los momentos alegres y felices.
- Todas o la mayoría de las personas vamos a pasar por el trance de la enfermedad y luego la muerte.
- Al final de nuestras vidas, nos recordarán por el amor que hemos desplegado en nuestro entorno familiar, amical e inclusive laboral.
- Enfoquémonos en el presente y vivámoslo con vigor, a través de conversaciones y escuchas sinceras, dando gracias, disculpándote o disculpando, impactando positivamente a toda persona con la que te encuentres, sea un familiar, un amigo o compañero de trabajo.
- El futuro dejémoslo en manos de Dios y preparémonos para esa vida prometida.
- Finalmente, ante la partida de una persona querida, no confundamos amor con egoísmo (por miedo al dolor).
Para ir terminando esta reflexión, comparto un fragmento de la poesía “Vivo, sin vivir en mí” de Santa Teresa de Ávila; “Venga ya la dulce muerte, venga el morir muy ligero, que muero porque no muero”
Te deseo unos días de descanso, reflexión y que el próximo domingo tengas una feliz Pascua de Resurrección.
Tú y yo aún estamos a tiempo de pensar, decir y hacer siempre el bien, de manera coherente. Solo así aportaremos un granito de arena para tener un mundo mejor. Recuerda y ten presente, ¡A seguir remando fuerte contra corriente y mar adentro!

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