05 febrero, 2026

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Los dones del Espíritu Santo: Tesoros para el Alma

Catequesis del abuelo: Cómo estos regalos divinos nos ayudan a descubrir el amor de Jesús en lo cotidiano, como estrellas que guían nuestro camino

Los dones del Espíritu Santo: Tesoros para el Alma

Venid acá, queridos niños, que este abuelo os cuente de los regalos más maravillosos que podéis recibir, no envueltos en papel, sino directamente del cielo. Hablo de los dones del Espíritu Santo que descienden en la Confirmación: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Son como siete estrellas brillantes que iluminan el camino para buscar a Jesús, encontrarlo en las cosas simples y amarlo con un corazón puro y lleno de fuego.

Imaginadme a mí, de joven, enfrentando decisiones difíciles: qué camino tomar en la vida, cómo ayudar a la familia, cómo enfrentar miedos. El don de consejo fue como una voz amiga que me susurraba: «Busca a Jesús en la quietud». Y allí lo encontré, dándome claridad. La sabiduría me permitió ver más allá de lo que los ojos ven, reconociendo a Cristo en las personas humildes, en las bellezas de la creación. Estos dones no son para guardarlos en un cajón; son para usarlos cada día, cultivándolos como un jardín que florece.

En mi larga vida, he visto cómo la fortaleza me ayudó en tiempos de tormenta, como cuando el mundo parecía gris y las dudas acechaban. Me dio coraje para aferrarme a Jesús, para no rendirme. La piedad me hizo rezar con devoción, sintiendo su presencia como un calor reconfortante en el pecho. Y el temor de Dios, no es miedo, sino un respeto amoroso que nos hace quererlo más, evitando lo que lo entristece. Es tan profundo y positivo pensar en cómo estos dones nos unen a la misión de la Iglesia, nos hacen frutos de amor, como la caridad, el gozo y la paz que brotan del Espíritu.

Os cuento una anécdota: una vez, en una peregrinación, usé el don de ciencia para entender mejor la creación de Dios, viendo a Jesús en las montañas y los ríos. Me hizo amarlo con más pasión. Y en la vejez, la inteligencia me ayuda a discernir lo verdadero en un mundo lleno de ruidos. Queridos, estos tesoros crecen con la práctica; no son mágicos, sino gracias que Dios nos da para que lo busquemos activamente.

Es entrañable cómo el Espíritu nos transforma, haciendo que lo ordinario se vuelva extraordinario. En la Confirmación, recibís estos dones para ser luz en el mundo, para encontrar a Jesús en los amigos, en la escuela, en la familia. No os quedéis quietos; movedlos con acciones buenas.

Y ahora, para terminar, aquí van mis consejos de abuelo: Cultivad los dones rezando al Espíritu Santo cada mañana, pidiéndole que os guíe. Usad la fortaleza para resistir tentaciones y ayudar a quien sufre. Practicad la piedad yendo a misa con alegría y leyendo vidas de santos que vivieron estos dones. Buscad a Jesús en la naturaleza con el don de ciencia, y en las decisiones con el consejo. Recordad, queridos, que quererlo a través de estos regalos os llenará de una paz profunda; hacedlo hábito, y veréis frutos eternos.

Miguel Morales Gabriel

Soy un jubilado empresario católico, esposo devoto, padre esforzado, abuelo cariñoso y amigo leal; fundador de su empresa familiar donde lideró con integridad durante décadas generando empleo y desarrollo local, siempre guiado por su fe, la solidaridad comunitaria y el amor incondicional a su esposa, hijos y nietos, viviendo con el lema de servir con humildad.