11 febrero, 2026

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Rosa Montenegro

Voces

22 septiembre, 2025

6 min

Libertad, esa extraña tan íntima

Sello de excelencia (Conjugando pronombres)

Libertad, esa extraña tan íntima

Queramos o no, nuestras decisiones nos revelan. Lo que elijo me desvela más que mis palabras. Y hasta cuando no decido, decido: el silencio puede ser prudencia o cobardía; aceptar un compromiso puede ser salto a la madurez o simple rutina. Cada acto libre deja una huella imborrable en el mapa de mi vida. Mapa que es huella visible.

Persona y Personalidad

No somos piezas rematadas e inmóviles, sino proyectos abiertos – ser y un llegar a ser-. La persona es y, al mismo tiempo, está en camino hacia su versión original: el nombre que Dios le dio desde el principio del mundo. La libertad va cincelando -en gerundio- nuestra personalidad como un escultor que golpea el mármol hasta sacar la figura que dormía en su interior.

Este partido se juega en lo ordinario, minuto a minuto, por ejemplo, un adolescente que estudia, aunque nadie lo vigile; un trabajador que rehúsa falsear un informe, aunque nadie se dé cuenta; una madre que se levanta de madrugada para cuidar a su hijo, con una sonrisa y sin una queja…. La personalidad no se improvisa: se fragua en las pequeñas fidelidades de cada día.

Nos definen Nuestros Amores

Más que los títulos o los logros, lo que nos define son los amores que sostienen nuestra historia. Me atrevería a decir ¿“Mi currículum vitae? MIS AMIGOS”. Son ellos quienes escriben la verdad de mi biografía. Y Jorge Guillén lo expresó con fuerza en Cántico: “Amigos, nada más. El resto es selva”.

Somos seres vinculados. La libertad florece en los vínculos: en la paciencia de una amistad, en la fidelidad a un sí, en presente para un futuro eterno, en el matrimonio; en la entrega incondicional y sencilla a los hijos, o en esa tarde en que decido acompañar a un amigo en lugar de quedarme cómodamente en casa. Cuando el yo se encierra, la libertad se marchita; cuando se abre, se ensancha y florece.

Libertad y Excelencia Humana

Somos seres vinculados y el vínculo por excelencia que libera es el amor. Amor que revela quien soy; amor que da altura a mis vuelos, amor que hace de mi obra “el hacer de Alguien”.

La libertad se “cuaja” en el amor, y se actualiza en cada acto que lo reinicia; el amor se hace verdad en el perdón. El perdón es la donación más excelsa. Es el regalo que da vida, aunque el otro ni lo pida, ni lo merezca, sino porque yo decido liberar y liberarme, de las cadenas que esclavizan.

¿Quién no ha vivido esa escena? Una discusión familiar que parecía irreparable… hasta que alguien rompe el hielo y pide perdón. Una amistad rota que revive cuando uno reconoce su error. Perdonar no solo salva una relación: nos revela a todos, revela lo que nos hace personas libres: esa libertad que nos capacita para amar; solo el amor rompe las cadenas del odio y el rencor. El amor cura todas las heridas. El amor como decisión personal no como descarga eléctrica que funde la instalación original,

El Proceso de la Decisión

Cada decisión es un acto único, no siempre hay vuelta atrás, y con consecuencias, no

siempre previstas.  Algunas se corrigen; otras marcan para siempre…

Decidir bien exige dos pasos:
1. INFORMARSE con fuentes verdaderas, suficientes y adecuadas, convenientes.

No todo debe ser probado para saber cómo sabe…

  1. REFLEXIONAR: detenerse en el qué, el porqué, el para qué, el cómo y el cuándo. Con quién, dónde…

El exceso de información ahoga; su falta asfixia.

 Informarse sin pensar es perder el tiempo; pensar sin datos es lanzarse al vacío. Y en medio de ese equilibrio, siempre inestable, conocerse: ¿cuál es mi talón de Aquiles?  -la cadena se rompe siempre por el eslabón más débil. ¿Conozco mis eslabones débiles?

Cuántas veces hemos oído decir: “Si quieres, puedes” No del todo verdad y las medias verdades confunden. Me gusta decirlo de otro modo: “Si quiero lo que puedo, puedo eso que quiero”. La libertad no es soñar imposibles, sino abrazar lo que está a mi alcance y merece la pena. Por ejemplo, “Si no tengo voz, no puedo querer ser barítono” la falta de conocimiento propio es fuente continua de frustración por expectativas falsas. Y es un arte cotidiano saber de mí: qué leo en internet, cómo respondo a un WhatsApp, cuánto tiempo paso en una pantalla. Lo decisivo no es la magnitud de la elección, sino si lo que decido hoy me acerca al mañana que anhelo. Pasos dirigidos al propósito.

Virtud y excelencia humana

La excelencia no se mide en medallas, sino en virtudes que son siempre dinámicas. La guerra no se gana hasta la última batalla.

Un profesor me enseñó que “el respeto es aquello que hay que tener para poder conseguir” y puede aplicarse a cualquier virtud en desarrollo.

Entre las virtudes que orientan la libertad y

Posibilitan su desarrollo están:

  • La sinceridad, que nos ayuda a saborear la verdad, incluso cuando duele. Condición radical. No confundir certeza con verdad.
  • La fortaleza y la valentía, que sostienen cuando el camino se vuelve costoso y el cansancio oscurece la mirada. Cuando la soledad nos invade…
  • La humildad, que me recuerda que no soy el centro y que necesito a los demás. Estoy tan cerca de mí que todo se vuelve confuso. Hay personas que saben dar la vida, pero nunca la piden, a esto le llamaba un amigo “humildad autosuficiente” con cierta ironía…

Estas virtudes no salen en titulares, pero son las que sostienen la verdad: el padre que escucha antes de imponer, el estudiante que reconoce un error, la persona que se atreve a decir la verdad, aunque moleste o hiera, pero luego cura…

Al final, la libertad concretada en la conducta diaria, medible y cuantificable nos revela: no quién sueño o fantaseo ser, sino quién soy de verdad. Cada decisión va dibujando mi real versión. No se trata de perfección rígida, sino de crecer día a día desde la verdad y el amor, hasta convertirme en don para los demás.

Recuerda: “Respeto es lo que hay que tener para poder conseguir” puedes poner aquí la virtud que quieras…

Te dejo mi regalo por la paciencia de leerme o escucharme.

Cuando así me miras

besaría tus ojos,

porque a tus ojos

asoma el alma,

el alma que yo besaría

besando tus ojos

Una pupila con asomo de lágrima,

lágrima mojada,

el alma asomada.

El alma que yo besaría

Besando tu lágrima

 

Y yo te miro,

mirada callada,

sin besar

ni tus ojos

ni tu lágrima,

por miedo a que se empañe

el alma,

el alma que yo besaría

besando esa mirada

mojada.

(Rosa Montenegro)

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.