León XIV: «Formar en el respeto a la vida y en la prevención de los abusos»
En su discurso a los participantes de la Plenaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el Papa León XIV destaca que la formación cristiana no se limita a enseñar doctrina, sino que consiste en compartir la propia vida con entrega total y sin reservas. Insiste en la necesidad de acompañar y sostener a las víctimas de cualquier abuso y subraya que la fe no la genera un sacerdote, catequista o líder individual, sino la Iglesia unida y viva en su conjunto
En su discurso, el Pontífice destacó que la formación cristiana va mucho más allá de la simple transmisión de conocimientos doctrinales: se trata de una verdadera “obra de sinergia y comunión” orientada a “hacer nacer” a la fe. Según sus palabras, esta tarea implica una dinámica profunda que, aunque a veces dolorosa, conduce al discípulo a una unión vital con Jesucristo.
Compartir la vida, no solo doctrina
El Santo Padre señaló que, en ocasiones, en la Iglesia ha predominado la imagen del formador como un mero “pedagogo” que imparte instrucciones, en lugar de asumir el rol de “padre”. Sin embargo, aclaró que la misión cristiana exige algo mucho más elevado:
“Nuestra misión es mucho más alta, por lo que no podemos limitarnos a transmitir una doctrina, una norma o una ética. Estamos llamados a compartir lo que vivimos, con generosidad, amor sincero por las almas, disposición a sufrir por los demás y una entrega sin reservas, como hacen los padres que se sacrifican por el bien de sus hijos”.
La dimensión comunitaria de la formación
Recurriendo a la exhortación Evangelii Gaudium, el Papa subrayó el carácter comunitario de este proceso formativo:
“No es el sacerdote solo, ni un catequista o un líder carismático quien genera a la fe, sino la Iglesia: la Iglesia unida y viva, compuesta por familias, jóvenes, célibes y consagrados, animada por la caridad y deseosa de ser fecunda, transmitiendo a todos —y especialmente a las nuevas generaciones— la alegría y la plenitud de sentido que ella misma vive y experimenta”.
Una formación que exige paciencia y compromiso concreto
León XIV recordó que la formación es un “arte” que no se improvisa y que demanda paciencia, escucha atenta, acompañamiento y verificación constante. Propuso como modelo la parábola del grano de mostaza, que muestra cómo incluso lo pequeño puede crecer y dar fruto abundante. Invocó el ejemplo de grandes santos educadores —como san Ignacio de Loyola, san Felipe Neri, san José de Calasanz, san Gaspar del Bufalo y san Juan Leonardi—, y recomendó inspirarse en la obra de san Agustín De catechizandis rudibus.
Entre las prioridades, el Papa alentó a promover itinerarios de vida consistentes, atractivos y personalizados que conduzcan al Bautismo y los sacramentos —o a su redescubrimiento—, y que ayuden a quienes recorren un camino de fe a madurar un estilo de vida renovado que abarque todas las dimensiones de la existencia: privada y pública, laboral, relacional y cotidiana.
De manera especial, insistió en la necesidad de:
“Cuidar en nuestras comunidades los aspectos formativos orientados al respeto de la vida humana en todas sus etapas, en particular aquellos que contribuyen a prevenir cualquier forma de abuso hacia menores y personas vulnerables, así como a acompañar y sostener a las víctimas”.
Con estas palabras, el Papa reafirmó la importancia de una formación integral que, arraigada en la comunión eclesial, genere discípulos maduros capaces de vivir y transmitir el Evangelio con autenticidad y compromiso.

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