01 abril, 2026

Síguenos en

La Plenitud, tan desconcertante

Cuando “el puedo” se convierte en “quiero”

La Plenitud, tan desconcertante

No retires la mirada.

No cierres el teléfono.

Quiero hablar contigo…

Quisiera hacerlo con todos…

Pero ahora contigo.

Contempla este rostro, el rostro de Cristo, el mapa de sus heridas.

Nos rodean guerras,

persecuciones.

Nos rodea un mundo que habla otro idioma: desconocido, entrecortado.

El corazón humano se confunde.

Múltiples opciones que aturden y ralentizan.

Miles de diferentes caminos para llegar,

¿a dónde?

 

Posibilidades infinitas. Destino incierto.

Y, sin embargo, nos asalta una tentación que avanza silenciosa: detener el reloj, congelar el tiempo.

Queremos pensar, habitar nuestro propio silencio.

Algo se agita en nuestro interior y, como el niño perdido en el bosque, nos detenemos sin saber a dónde ir. Añoramos la libertad, pero hemos olvidado cómo era su sabor. Múltiples opciones, posibilidades infinitas que sacian

sin alimentar.

 

Confundimos libertad con posibilidad.

Ese “puedo”, pero no tengo que…

 

Cuantas veces esas múltiples opciones emborronan el para qué, oscurecen horizontes.

La inmediatez de lo nimio nos arrastra como bola de nieve ladera abajo.

La ley de la gravedad nos hace olvidar que tenemos alas.

Cuando “el puedo” no pasa por un corazón limpio se convierte en rebeldía, la del “no quiero eso que puedo”

Sin embargo, no puedo borrar lo que está grabado a fuego en mi corazón:

 

Puedo pensar antes de hacer

Puedo hablar desde el corazón

Puedo pedir ayuda

Puedo levantarme de mis caídas

Puedo recomenzar

 

Cuando “quiero” lo que “puedo” mi destino se ilumina. Mi día se reconstruye.

La libertad implica riesgos, y eso me asusta, me paraliza. La incertidumbre me congela. Quedarme en el puerto es tranquilidad, pero no nos conduce a ningún lugar.

 

No hay destino o lo desconocemos.

Hay temporal y nadie se mueve.

Estamos rotos.

Tenemos miedo.

No sabemos leer la carta de navegación.

 

La libertad no es solo elegir, es también aceptar.

Aceptar una opción única (ponle tú el nombre)

Lo que no cambia,

Lo que no entiendes,

Y todo esto sin rompernos por dentro

 

La libertad no es solo elegir entre opciones, es también abrazar esa opción única desde la decisión personal.

También saber rendir la inteligencia, ante lo no-evidente es humildad y es libertad.

 

Hablemos del dolor

Ese dolor que no hemos elegido,

Ese dolor que viene de quien amamos.

Reclama gestión, gobierno v no dejar que se aposente en nuestro corazón.

La trinchera es defensa del atacado.

El corazón atrincherado se endurece.

 

“El miedo a sufrir me incapacita para amar. Soy capaz de amar en la medida que soy capaz de sufrir por sostener ese amor. Como los arbotantes que. sostienen el edificio, al trasladar el peso hacia los contrafuertes, recogiendo la presión”

 

El amor es misericordia y es perdón.

 

El perdón es una decisión personal.

No es olvidar

No es justificar

No es debilidad

Es el regalo por excelencia.

Es un don, inmerecido en muchas ocasiones.

 

El acto supremo de la libertad es la decisión de amar, sin transacción comercial.

El acto supremo del amor es el

perdón,

sin contraprestación,

Sin cuentas pendientes.

Perdonar también es comprender:

No supo

No pudo

No vio por ceguera personal

 

Y entonces comprendes que

 

AMAR DUELE y amar de esa manera

 

lo eliges tú

lo decides tú

el que perdonas eres tú

 

HAY UNA VERDAD MÁS HONDA

El perdón no sólo es acción sino recepción. Si el perdón no se recibe no cura la herida. Sólo libera al que perdona, y deja la herida abierta del otro.

El corazón herido necesita la gracia de Dios, necesita ser alcanzado por Aquel que es perdón para romper las cadenas:

 

Del resentimiento

Del “ojo por ojo”

Del dolor infectado.

De la gangrena que avanza

 

El amor que perdona:

 

No negocia

No calcula

No reclama

 

Recordemos el

Poema antiguo, obra maestra del s. XVI

 

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte

Detente aquí

Lee despacio y paladea sus palabras.

Si lo que mueve tu corazón es el premio,

tu libertad es frágil.

Y si lo que te frena es el castigo,

tu libertad está condicionada

 

No me tienes que dar porque te quiera

Pues, aunque lo que espero no esperara

Lo mismo que te quiero te quisiera.

 

Amar sin respuesta

Elegir sin recompensa

Mantenerse, aunque nadie lo vea

 

La altura del vuelo depende de aquel que decide volar.

Mírame

Quiero hablar contigo.

“Tengo sed” dice Cristo desde la cruz

Sed de ti, sed de tu respuesta.

“Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”

 

Busca ese amor en cada mirada revelada.

Y escucha, como solo dirigida a ti, la pregunta que Cristo hace a quien a Él se acerca:

 

¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?

Ayúdame a recibir tu perdón

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.