03 abril, 2026

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“La Palabra de Dios satisface nuestra sed de significado, de verdad sobre nuestra vida”

El Papa León XIV profundiza en la Constitución Dei Verbum durante la Audiencia General, destacando el rol de la Escritura en la Iglesia y su impulso misionero

“La Palabra de Dios satisface nuestra sed de significado, de verdad sobre nuestra vida”

En una Audiencia General marcada por reflexiones profundas sobre la fe y la actualidad, el Papa León XIV continuó su ciclo de catequesis sobre la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, enfatizando el vínculo vital entre la Palabra de Dios y la Iglesia. Ante miles de fieles reunidos en el Aula Pablo VI, el Pontífice subrayó que la Sagrada Escritura no es un texto estático, sino una fuente inagotable que revela el misterio de Dios y nutre la jornada de fe de los creyentes.

El Santo Padre inició su predicación contrastando las «muchas palabras vacías» que rodean la vida cotidiana con la Palabra de Dios, que «es la única siempre nueva: al revelarnos el misterio de Dios, es inagotable, nunca deja de ofrecer sus riquezas». Según León XIV, la Iglesia es el «lugar propio» de la Escritura, nacida del Pueblo de Dios bajo la inspiración del Espíritu Santo y destinada a él. En la comunidad cristiana, la Biblia encuentra su hábitat para manifestar su significado y poder, proclamando a Jesucristo como la «Palabra viva del Padre» encarnada, cuya presencia salvífica se anuncia en todas las Escrituras para cada persona y para la humanidad entera.

Citado frecuentemente San Jerónimo, el Papa recordó que «la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo», y presentó la Revelación como un diálogo amistoso donde Dios habla a los hombres, especialmente en la lectura orante de la Biblia. Esta Palabra, confiada a la Iglesia, sostiene y fortalece a la comunidad, llamando a todos los fieles –especialmente en la Eucaristía y los sacramentos– a beber de esta fuente. Obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, exégetas y teólogos deben guiarse por el amor y familiaridad con la Escritura, que constituye el fundamento y el alma de la teología.

El Pontífice expresó el deseo ardiente de la Iglesia para que la Palabra llegue a cada miembro y alimente su camino de fe, al tiempo que impulsa a la comunidad eclesial más allá de sí misma, abriéndola continuamente a la misión hacia todos. En este contexto, León XIV invitó a abrir el corazón a este don «en la escuela de María, Madre de la Iglesia».

Dirigiéndose específicamente a los peregrinos polacos, el Papa evocó a los santos Cirilo y Metodio, apóstoles de los eslavos y patronos de Europa, como modelo para construir una «nueva unidad» en el continente, superando tensiones, divisiones y antagonismos religiosos y políticos, siguiendo el ejemplo de San Juan Pablo II en su encíclica Slavorum Apostoli.

En alusiones a la actualidad, León XIV recordó el inicio de la Cuaresma el próximo miércoles, como un tiempo para profundizar en el conocimiento y amor al Señor, examinar el corazón y recentrarse en Jesús mediante la oración, el ayuno y la limosna. Coincidiendo con la Jornada Mundial del Enfermo, el Papa encendió una vela ante la estatua de la Virgen de Lourdes en el Aula y rezó en la Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos, uniéndose espiritualmente a la celebración en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz en Chiclayo, Perú, y encomendando a los enfermos y sus familias a la protección mariana.

Finalmente, el Santo Padre lanzó un llamado de solidaridad con las víctimas de las graves inundaciones en Colombia, instando a la comunidad internacional a apoyar a las familias afectadas mediante la caridad y la oración, encomendándolas también a la Virgen de Lourdes. La Audiencia culminó con bendiciones y un llamado a la apertura al Evangelio en un mundo sediento de verdad.

Texto completo de la Audiencia:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 11 de febrero de 2026

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Catequesis – Los Documentos del Concilio Vaticano II – I. Constitución dogmática Dei Verbum 5. La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

En la catequesis de hoy nos detendremos en la profunda y vital relación que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, relación expresada en la Constitución conciliar Dei Verbum, en el capítulo sexto. La Iglesia es el lugar proprio de la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios, y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su habitat: efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado y manifestar su fuerza.

El Vaticano II recuerda que «la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia». Además, «siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe» (Dei Verbum, 21).

La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), en la que afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia» (n. 29).

Por tanto, la Escritura encuentra en la comunidad eclesial el ámbito en el que desarrollar su propia tarea y alcanzar su fin: dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios. «La ignorancia de la Escritura – de hecho – es ignorancia de Cristo» [1]. Esta célebre frase de san Jerónimo nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de Él, entrar en relación con Dios; relación que puede ser entendida como una conversación, un diálogo. Y la Constitución Dei Verbum nos presenta la Revelación precisamente como un diálogo en el que Dios habla a los hombres como a amigos (cfr. DV, 2). Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración: entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros.

La Sagrada Escritura, confiada a la Iglesia y custodiada y explicada por ella, desempeña un papel activo: con su eficacia y potencia, sostiene y fortalece la comunidad cristiana. Todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, sobre todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. El amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas. El trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias bíblicas es muy valioso; y en la Teología, que tiene su fundamento y su alma en la Palabra de Dios, la Escritura ha de ocupar el puesto central.

Lo que la Iglesia desea ardientemente es que la Palabra de Dios pueda alcanzar a todos sus miembros y nutrir su camino de fe. Pero la Palabra de Dios también empuja a la Iglesia más allá de sí misma, la abre continuamente a la misión hacia todos. De hecho, vivimos rodeados de multitud de palabras; sin embargo, ¡cuántas de ellas son palabras vacías! A veces escuchamos también palabras sabias pero que no tocan nuestro destino último. En cambio, la Palabra de Dios sacia nuestra sed de sentido y de verdad sobre nuestra vida. Es la única Palabra siempre nueva: revelándonos el misterio de Dios es inexhaurible, no cesa nunca de ofrecer sus riquezas.

Queridos, viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se refiere totalmente a Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda de su valor y su potencia. Cristo es la Palabra viviente del Padre, el Verbo de Dios hecho carne. Todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia que salva, para todos nosotros y para toda la humanidad. Abramos, entonces, el corazón y la mente para acoger este don, siguiendo a María, Madre de la Iglesia.

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[1] S. Jerónimo,  Comm. in Is., Prol.:  PL 24, 17 B.

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Saludos 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Me uno espiritualmente a cuantos hoy se reúnen en Chiclayo, Perú, para celebrar solemnemente la Jornada Mundial del Enfermo y confío a todos, especialmente a los enfermos y a sus familiares, a la protección maternal de la Santísima Virgen María. Bajo su amparo también encomiendo a las víctimas y a todos los afectados por las graves inundaciones en Colombia, mientras exhorto a toda la comunidad a sostener con la caridad y la oración a las familias damnificadas. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

La Constitución dogmática Dei Verbum reflexiona sobre el vínculo profundo que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia. La Biblia tiene su origen en el Pueblo de Dios, y a él va dirigida; esto significa que su fuerza y su significado se manifiestan plenamente en la vida y en la fe de la comunidad cristiana.

La Iglesia anhela que todos sus miembros conozcan la Palabra de Dios y se alimenten de ella, para que se encuentren con Cristo y puedan dialogar con Él. Pero, además, la Palabra de Dios impulsa a la comunidad eclesial a salir más allá de sí misma y a ser misioneros de la Buena Noticia hasta los confines de la tierra.

En la Iglesia se aprende que Cristo es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne, nuestro Salvador. Por eso, todos los fieles están llamados a acercarse con amor y familiaridad a las Sagradas Escrituras, especialmente en la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos.

Exaudi Redacción

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