“La gran aventura de formar una familia implica una responsabilidad extraordinaria”
Rompiendo el Ciclo: Carlos Aponte Defiende la Vida y la Familia con el Ejemplo de Sus Nueve Hijos en la Convención Pro-Vida
Durante la II Convención Pro-Vida celebrada en el Congreso de la República, Carlos Aponte compartió un emotivo testimonio sobre su vida familiar y profesional, destacando su compromiso con la vida y la paternidad presente. Aponte, quien agradeció la invitación, afirmó que la familia «lo es todo» para él y que es lo que lo ha definido.
El corazón de su mensaje fue que es posible «romper el ciclo» de la disfunción familiar heredada. Aponte relató cómo su abuela fue huérfana y abandonada, y su madre fue abandonada por su padre. Él mismo tuvo un padre que fue hijo de madre soltera. A pesar de esta historia, Aponte y su esposa, Carolina, llevan más de 26 años casados y 31 años juntos, un logro que atribuye a la Gracia de Dios y a la lucha por ser un buen esposo y padre, buscando siempre estar «abiertos a la vida».
Nueve Hijos, una familia presente y equilibrada
La pareja tiene nueve hijos, incluyendo dos gemelos que perdieron por un aborto espontáneo, a quienes mencionó porque le «dieron la ilusión de soñar». Aponte expresó su gran satisfacción al ver a sus dos hijas mayores llevar una vida independiente y feliz, mientras los dos siguientes estudian ingeniería, y los otros cinco, de 9 a 17 años, crecen en un ambiente de confianza.
La clave de su éxito, según Aponte, ha sido el equilibrio y el sacrificio profesional. Compartió cómo su esposa decidió ser ama de casa los primeros 17 años, permitiéndole a él forjar una carrera. Posteriormente, invirtieron los roles, y él ha disfrutado ser amo de casa con oportunidades laborales flexibles por los últimos 8 años, apoyando con orgullo el progreso profesional de su esposa.
El orador enfatizó que el sistema laboral debe ser más flexible, pues muchos padres «queriendo ser figuras paternales o maternales presentes no lo pueden conseguir» , y esto incluso «los llena de angustia la noticia de la llegada de un bebe».
Las decisiones que «Valen la Pena»
Aponte reveló que en varias ocasiones tuvo que rechazar ofertas de trabajo importantes, como cuando trabajaba en Google tras la compra de la división de Motorola Canadá. Su matriz de prioridades fue siempre clara: «Primero Dios, segundo Carolina, tercero mis hijos, cuarto mi familia y amigos, y quinto el trabajo».
Refiriéndose a la paternidad presente, Aponte explicó que su límite personal para estar separado de su familia era 3 semanas, lo cual atribuye a que tuvo un padre ausente.
Aludiendo a las reflexiones de un libro sobre los Arrepentimientos de los moribundos, citó que el segundo lamento más común era: «Ojalá no hubiera trabajado tanto».
“Cualquiera de esos ‘mejores escenarios’ era pura ilusión, y si hubiera tomado ese camino, no habría sido tan divertido”.
La fórmula para familias numerosas: La regla del 1,5
Ante la pregunta de cómo lograr el equilibrio en una familia numerosa, Aponte compartió su regla: la proporción de trabajo laboral «no puede superar el indicador 1,5». Esto significa que es necesario que uno de los padres trabaje «máximo medio tiempo» , pues dos padres trabajando a tiempo completo «no se ajusta al objetivo principal de la familia: ser padres presentes».
Finalmente, Aponte cerró su intervención con una anécdota personal: a su madre le aconsejaron abortarlo a los 22 años por ser estudiante de la Nacional, con un hijo de 8 meses y en condiciones de pobreza.
El mensaje de Carlos Aponte fue una ferviente defensa del derecho a la vida y de la estructura familiar tradicional: «la gran revolución de nuestra era es y será hacer una familia donde se posibilite al inenarrable derecho que tiene un niño, después de nacer, de tener un papa y una mama».
Texto completo:
II Convención Pro-Vida. 18 de septiembre de 2025.
Congreso de la Republica
Debo agradecer a la Bancada Provida por invitarnos a formar parte de este increíble proyecto. La familia lo es todo para mí, y no exagero, porque me ha definido. Siempre he creído que, si quieres vivir una aventura extraordinaria, una gran aventura, eso implica una responsabilidad extraordinaria. Debo aclarar que llevar más de 26 años casados (ya obtuvimos la medalla de plata), 31 años desde novios (significa que he pasado más tiempo con Carolina que soltero), no es porque tenga capacidades extraordinarias. De verdad que no: se lo puedo decir aquí en el Congreso de la República a Carolina, a varios de nuestros hijos, a nuestra familia y a nuestros amigos que me lleguen a escuchar. Para mí, con la Gracia de Dios, el verdadero reto ha sido poder romper el ciclo en que venía mi propia dinámica familiar, queriendo estar abiertos a la vida, luchando por ser un buen esposo y padre. Mi abuela tuvo la difícil vida de ser huérfana de padre para luego ser abandonada por mi abuelo, así mi madre fue abandonada por su padre y tuvo que lidiar con la horrible situación de lidiar con la otra mujer de mi padre. Yo tuve mejor papa que mi padre quien fue hijo de madre soltera desde sus 3 meses de edad.
Hoy en día, dos de nuestros nueve hijos, las mayores, llevan una vida independiente y feliz: es una gran satisfacción cuando tus hijos dan ese paso con carácter decidió. Los dos siguientes están estudiando ingeniería y les va muy bien. Los otros cinco, aquí presentes desde los 17 hasta los 9 años están en el colegio, creciendo en un ambiente de confianza. Nosotros también sufrimos un aborto espontáneo de gemelos y estoy seguro de que nuestros bebés siempre nos cuidan desde la otra vida, y debo mencionarlos porque ellos nos dieron la ilusión de soñar. Mi esposa decidió ser ama de casa durante los primeros 17 años de matrimonio; sin ella habría sido imposible tener la carrera profesional que yo tuve, pudiendo aceptar un traslado profesional para vivir fuera del país y otro para poder regresar… Y los últimos 8 años he disfrutado de ser amo de casa con oportunidades laborales flexibles para equilibrar el presupuesto familiar, mientras he visto con orgullo el progreso profesional de mi esposa. ¡Se puede romper el ciclo! Por encima de los desafíos que se presenten o sacrificios que haya que afrontar, de verdad se puede, ese es mi mensaje, ¡y vale la pena!
“El ayer es historia, el mañana es misterio y el hoy es un regalo, por eso se llama El Presente”, esa es una de las mejores frases de nuestra película familiar favorita, Kung-Fu Panda, y expresa el concepto completo de cómo hemos logrado equilibrar el trabajo y la familia, a pesar de incluso de extenuantes jornadas de trabajo, la alegría de despedirme de mis hijos por la mañana y recibirlos por las tardes han llenado cada día de mi vida. Dicho esto, el período más largo que tuve que estar separado de mi familia fueron 5 semanas siendo mi límite personal de 3 semanas, tal vez porque tuve un padre ausente y siempre busqué oportunidades laborales que me permitieran ser un padre presente. Pero no ha sido la historia de muchos casos cercanos, que queriendo ser figuras paternales o maternales presentes no lo pueden conseguir, por lo inflexible del sistema laboral. E incluso los llena de angustia la noticia de la llegada de un bebe debiendo ser, como en mi caso, de inmenso gozo. Siempre le daré gracias a Dios, a mi familia, a las leyes que defienden la vida y a los jefes que tuve por poder vivir la crianza de mis hijos.
Tengo también otros amigos que no se dan cuenta del vacío que cualquier niño experimenta cuando alguno de sus padres no está realmente involucrado en presentaciones escolares, funciones navideñas e incluso cumpleaños, pero luego, cuando pasa el tiempo y los roles se intercambian, sufren porque esos que fueron niños y ahora son adultos siempre están ocupados y no tienen tiempo para visitar a sus padres ancianos a veces para vengarse. No me arrepiento en absoluto de la partida de mis dos hijos mayores: lo que más anhelaba en la vida era encontrar una mujer con la que pudiera construir una vida y, literalmente, «perder el tiempo» con ellos. Obviamente, he rechazado ofertas de trabajo que no encajaban con mi matriz de prioridades: Primero Dios, segundo Carolina, tercero mis hijos, cuarto mi familia y amigos, y quinto el trabajo. Recuerdo especialmente algunos momentos cuando trabajaba en Google, cuando compraron la división de Motorola Canada. Quería destacar; me atraía un sueldo enorme que me permitiera comprar una casa y un coche más grandes para la familia. Era difícil encontrar el equilibrio, y aprendí con dolor y, a veces, con rabia, a afrontar mis propias limites diciendo que no, porque pondría en riesgo la estabilidad familiar. Sin embargo, fueron las mejores decisiones porque al final todo salió bien y sucedió de la forma más conveniente para nosotros. Cualquiera de esos «mejores escenarios» era pura ilusión, y si hubiera tomado ese camino, no habría sido tan divertido. Un amigo siempre me decía: «Es como si Alguien siempre te llevara de Su mano». Hay un libro que, de vez en cuando, suelo repasar y quiero compartirlo con ustedes. El libro se llama Arrepentimientos de los moribundos: Al preguntarle una enfermera sobre sus arrepentimientos o sobre algo que harían de forma diferente a pacientes antes de fallecer, los temas comunes surgieron una y otra vez. Estos son los cinco más comunes:
- Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí.
- Ojalá no hubiera trabajado tanto.
- Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar mis sentimientos.
- Ojalá hubiera seguido en contacto con mis amigos.
- Ojalá me hubiera permitido ser más feliz.
La vida es una elección. Es TU vida. Elige sabiamente, elige honestamente. Elige la felicidad.
Cuando revisé ese orden, «trabajar duro» está en segundo lugar y lo cambiaría por trabajar con inteligencia. Creo que he tenido mucha suerte, porque criar a nueve hijos requiere concentración. Creo además que es más difícil criar a uno, o a ninguno que, a nueve, porque puedes caer en la tentación de dárselo todo a ese pequeño emperador o, peor aún, a ti mismo. El mejor regalo para mí al tener una familia numerosa es haber podido «estar a la altura de las circunstancias», como decía Winston Churchill, pensando siempre antes de decidir qué es lo mejor para quienes Dios me he confiado. Al final, incluso si las cosas no salieron como estaba previsto, el resultado fue mejor sabiendo que se pueden encontrar alternativas si uno asume el papel de protagonista en lugar de víctima. Nunca me hubiera podido imaginar que lo que estaba en juego con el regreso a Colombia era poder estar cerca a mis viejos que fallecieron, con una muerte santa y a dos días de diferencia, en el segundo pico de contagio del COVID 19. Ellos, con mis demás parientes y amigos que se me adelantaron, deben estar muy orgullosos viéndome hablar en el Capitolio de la Republica desde la otra orilla del rio. Reconozco que estos tiempos no son fáciles y que mucha gente sufre muchísimo, y por eso me esfuerzo por ser agradecido y sonreír siempre. Una actitud agradecida con sentido del humor puede marcar la diferencia en momentos difíciles, aunque no se pueda hacer mucho más.
A menudo nos preguntan: ¿Cómo lo hacen? ¿Qué hay del futuro para sus hijos y para sí mismos (una pensión)? ¿Cómo logran un equilibrio equitativo entre el trabajo profesional y las responsabilidades del cuidado de los hijos? Y la verdadera respuesta es poco a poco, paso a paso, ladrillo a ladrillo. Cuando nació nuestro primer bebé, mi esposa no quería que nadie la cuidara más que ella misma, así que ajustamos el presupuesto a una familia con un solo ingreso. Los abuelos nos ayudaban en aquella época cuidando a los niños mientras salíamos a ver una película. No éramos precisamente de esas parejas de fiesteros y pretenciosos, pero siempre llevaba a Carolina conmigo en mis viajes de trabajo, siempre que era posible, y la familia extendida nos ayudaba mucho. Cuando nos trasladaron a Canadá, vivíamos solos, pero pudimos encontrar una niñera entre amigos o feligreses de la parroquia para dedicar un par de horas a cuidar nuestro matrimonio. Pero cuando el número de hijos aumentó lo suficiente (4), nos dimos cuenta de que para criar una familia numerosa la proporción de trabajo laboral no puede superar el indicador 1,5. Ósea tiene que haber uno que pueda trabajar máximo medio tiempo. Eso significa que dos padres trabajando a tiempo completo no es adecuado y no se ajusta al objetivo principal de la familia: ser padres presentes. Como dije antes, uno aprende a decir que no a las cosas buenas para que surjan las mejores.
Cuando regresamos a Colombia con siete hijos, el mayor de 12 años, pudimos contratar, ocasionalmente, personas para que nos ayudaran con las tareas domésticas. Sin embargo, desde el año pasado, nos volvimos autónomos porque esa rutina diaria enseña y prepara a los niños para la vida, para servir, aunque la calidad del trabajo que realizan no sea el esperado. Dostoievski dice que “quien ha tenido una infancia feliz está a salvo. Y un niño es feliz cuando recibe una buena crianza, cuando se le educa para sentirse capaz y capaz de hacer muchas cosas”. Solo se puede ir más rápido, pero juntos podemos llegar más lejos. Hoy en día, como pareja, podemos irnos un par de días —incluso lo hicimos durante casi un mes— sabiendo que no tendremos que enfrentarnos a un terremoto al regresar a casa. Recordé la crisis que viví cuando esperábamos al sexto: como si no pudiera, como si mis expectativas —algunas heredadas— no pudieran realizarse. Entonces pensé y me dije: «ir a ese delicioso restaurante que quiero ir otra vez es solo un recuerdo de hace tres hijos, pero lo que quiero verdaderamente es disfrutar de mis hijos y ser feliz con lo que tengo». Realmente no se necesita tanto para ser feliz. Y hoy puedo decir que Dios me ha dado mucho más de lo que nunca imagine.
Es cierto que una familia numerosa trae más dificultades, pero también más soluciones. Ser padre de una familia numerosa me ha hecho sentir más grande. Lo que los niños necesitan para enfrentarse a ese mundo hostil, fuera de las cuatro paredes de casa, es que mamá y papá se quieran y se sientan amados… un lugar realmente llamado hogar, cálido para ellos, para los demás y para la sociedad. Podría arrepentirme de algunas decisiones que tomé, pero nunca de ninguno de mis hijos. Cada uno me ha traído mucha felicidad. No quiero simplificar demasiado, pero se trata de creer que se puede y ayudar a que otros crean y hacérselos posible. Cierro con una anécdota de mi mama y una frase de GK Chesterton, primero la frase: “los que atacan la familia no saben lo hacen pues no saben lo que deshacen”. Ahora la anécdota: a mi mama le aconsejaron que me abortara pues ella con 22 años, mi hermano mayor tenía 8 meses, estudiante de la Nacional y pobres. Si los niños comprenden el ejemplo de sus padres y el Estado de Derecho propicia un ambiente de Ley y Orden que defienda el derecho constitucional de la vida ¡vaya si van a tener éxito! Y los hijos de nuestros hijos también. Porque en medio de tanto discurso revolucionario, la gran revolución de nuestra era es y será hacer una familia donde se posibilite al inenarrable derecho que tiene un niño, después de nacer, de tener un papa y una mama. Mientras yo, cuando fallezca, quisiera tomarme esa siesta con la certeza de que, con la ayuda de Dios, se creó una nueva dinámica para los años venideros, mientras tuve la gran aventura de formar una familia. ¡Muchas gracias!

Related
Los dones del Espíritu Santo: Tesoros para el Alma
Miguel Morales Gabriel
05 febrero, 2026
3 min
San Jesús Méndez Montoya, 5 de febrero
Isabel Orellana
05 febrero, 2026
6 min
Beata Isabel Canori Mora, 05 de febrero
Isabel Orellana
05 febrero, 2026
4 min
¡Gracias, Doctor!: Un movimiento que inspira y transforma la Atención Sanitaria Mundial
Exaudi Redacción
04 febrero, 2026
5 min
(EN)
(ES)
(IT)
