La comunicación y mirada en el matrimonio
Obstáculos que la bloquean y claves para fortalecer el amor sin palabras y con ellas
En mi experiencia atendiendo matrimonios día a día, hablaré primero de los principales obstáculos que impiden una buena comunicación, y luego de los dos tipos fundamentales de comunicación: la no verbal (donde entra la mirada) y la verbal.
Charlton Heston, a sus 84 años, afirmó que había superado todo en su vida —incluso haber bombardeado en la Segunda Guerra Mundial—, pero nunca pudo superar el divorcio de sus padres. Hoy, el divorcio se presenta como algo «normal», al igual que el aborto en muchos países. Que algo sea común no lo hace bueno; es una tragedia. No juzgo a nadie —cuando era niño pensaba que los divorciados eran «desgraciados», pero al crecer y atender a las personas vi cuántas víctimas hay: «Le di oportunidades, perdoné, pero se fue con otro»… Nadie se acusa, pero las rupturas, las separaciones y el distanciamiento con los hijos («No hablo con mi madre desde hace 5 años») son tragedias reales.
¿Por qué se llega a esto? Cuando me preguntan cuál es el tema más importante en el matrimonio, respondo: la comunicación. Problemas enormes se resuelven con buena comunicación; problemas pequeñísimos, sin ella, crecen hasta estallar. La comunicación no es un tema más entre muchos (economía, perdón, intimidad, suegros, autoridad en casa, valores, hijos…); es el tema de los temas. Genera amor, entendimiento, intimidad; es esencial para perdonar y pedir perdón.
Los obstáculos principales los divido en externos e internos.
Factores externos:
- La prisa y la falta de tiempo: Vivimos en una cultura de la velocidad. Trabajo, traslados largos (algunos pasan 3-4 horas diarias en el coche), cansancio al llegar a casa… A las 8 de la mañana das lo mejor al trabajo; por la noche, llegas exhausto.
- Los medios y la tecnología: Celulares, tablets, redes sociales… Están siempre con nosotros. Recuerdo anécdotas graciosas, como un esposo que en la oscuridad buscaba el control remoto y su esposa pensó que era un avance romántico.
- Otras personas y ocupaciones: Incluso los hijos (una bendición) quitan tiempo. Actividades diferentes (fútbol vs. baile, montaña vs. cenas) que no se discutieron en el noviazgo o no se valoraron.
- Trabajos y horarios incompatibles.
Factores internos:
- Carácter muy diverso (uno habla todo el día, el otro es callado como «una momia embalsamada»).
- La edad y la falta de hábito: Si no se cultiva desde jóvenes, a los 60-70 años solo se habla de achaques.
- Malas experiencias: «Hablaba, pero siempre terminábamos mal, así que me refugié en el silencio».
- Comunicación errónea: Decir lo contrario de lo que se piensa («Sí… uf, fue no»).
- Falta de contenido interior: Pasar de conversaciones profundas en el noviazgo a solo hablar de compras, tareas y croquetas.
- Superficialidad, distracción y huida de los problemas.
- El silencio negativo: Mejor pelear con respeto que callar por paz de cementerio.
Los medios para superar esto: Comunicación no verbal y verbal.
Comunicación no verbal (las obras dicen más que las palabras; casi más importante que las verbales, aunque Fulton Sheen decía: «Jamás sabrás si alguien te ama si no te lo dice»):
- Fidelidad: Certeza absoluta de que no hay nadie más. Corazón «inaccesible» para lo íntimo, como el nido del águila real.
- Transparencia y verdad: Teléfono abierto, nada que ocultar. Las mentiras abren la desconfianza.
- Tiempos de oro: Calidad cuando la cantidad escasea.
- Escuchar (no solo oír): Acto de voluntad, mirarse a los ojos.
- Actos de servicio: Interés genuino por el otro.
- Respeto absoluto: Nunca cruzar la línea del insulto (las vasijas rotas quedan marcadas).
- Siempre perdonar (70 veces 7): Con arrepentimiento real, no cinismo.
- Ilusión al llegar a casa: Demostrar que no ves la hora de verte.
- Celebraciones: Días semanales solos, escapadas, solemnidades como la Iglesia (domingos, aniversarios).
- No hay otro como tú: Preferirte siempre.
- Intimidad: Lenguaje del amor que surge naturalmente cuando lo anterior está.
- Hablar de futuro: «Cuento contigo 50 años más».
- Besos al despedirse y encontrarse.
- Ayudarse mutuamente para ser más felices y estar bien con Dios.
- La sonrisa: La curva más atractiva; llega con ella.
Detalles cotidianos (flores, chocolates, jugo favorito) complementan, pero los anteriores son exigencias del amor.
Comunicación verbal: Hay que decirlo. Características clave:
- Cordial (tono, mirada).
- Oportuno (no pedir favores cuando el otro está mal).
- Humilde (no soberbio disfrazado de cordial).
- Positivo (ver el lado luminoso).
- Claro (sin «nada» cuando hay algo).
- Paciente (no perder ambos la paciencia; uno pilota mientras el otro descansa).
- Superficial y profundo: Reírse de tonterías y hablar de lo esencial («Te amo, te necesito, no me veo sin ti»).
En conclusión, la comunicación no verbal (con la mirada como eje) y verbal son el corazón del matrimonio. Estas reflexiones ayudan a mejorar. La renovación matrimonial la hacen ustedes: cenen, platiquen y pregúntense «¿Qué tenemos que cambiar?». Hagamos todo el bien que podamos. Que Dios los bendiga siempre.

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