¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?: Comentario del P. Jorge Miró
Domingo, 14 de diciembre de 2025
El P. Jorge Miró comparte con los lectores de Exaudi su comentario al Evangelio del domingo 14 de diciembre de 2025 titulado, “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.
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El tercer domingo de Adviento es el Domingo de la alegría. Así comienza la antífona de entrada: ¡Estad alegres! Os lo repito, estad alegres en el Señor.
Pero, ¿Por qué hemos de estar alegres? Porque muchas veces el panorama que tenemos a nuestro alrededor no invita demasiado a la alegría, por la cantidad de dificultades, de problemas, de combates, de historias que tenemos que vivir.
La primera lectura nos da las claves. Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará. Entonces se despegarán los ojos del ciego, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo. Retornan los rescatados del Señor… Quedan atrás la pena y la aflicción.
El Señor viene a ti, a tu corazón, a tu vida. Viene a curar tus heridas, a cargar con tus pecados y a perdonarlos, a decirte que te ama gratuitamente, tal y como eres; a decirte que no dejará de amarte nunca y que te regala una vida nueva.
Y esta es la verdadera alegría: tener la certeza de la fidelidad y del amor de Dios, la certeza de que no hay nada ni nadie que pueda separarte del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.
La alegría cristiana no es un estado de ánimo o un sentimiento, sino la experiencia de la presencia de Jesucristo Resucitado en tu corazón que con el don de su Espíritu hace nueva tu vida.
La alegría cristiana es uno de los frutos del Espíritu (cf. Gal 5, 22); muchas veces va unida al dolor, a la cruz; pero desemboca en la vida nueva.
El evangelio nos presenta a san Juan Bautista que manda a dos discípulos suyos a preguntarle a Jesús si es el Mesías, el Salvador. La respuesta de Jesús es afirmativa: Jesús es el Salvador, el Mesías, el que tenía que venir, en Él se cumplen las profecías del Antiguo Testamento: los ciegos ven, los sordos oyen…
Con ello, la Palabra de Dios te invita a vivir la Navidad de tal manera que no se quede ni en una fiesta puramente sentimental, ni en un mero recuerdo histórico del Nacimiento de Jesús, ni mucho menos aún en una fiesta comercial y consumista, sino que abras tu corazón de par en par al Señor, que aceptes en tu vida que Jesús es el Señor, el Mesías, el Salvador, y, que, por tanto, prepares tu corazón para acogerle.
Jesús es el Mesías, el Salvador, y no hay que esperar a otro. Él es el Maestro y el Señor, Él es el que puede darle la vida, la paz, la felicidad; el que puede dar sentido a tu vida.
Esta llegada de Jesús te debe llenar de alegría, porque llega tu salvación, llega la luz que necesitas para salir de la oscuridad, llega la esperanza.
¿Qué quieres tú de Jesucristo? ¿Qué esperas de él? ¿Quién es para ti? ¿Es solo un personaje de la historia o realmente para ti Jesús es el Salvador, el Señor, el Mesías, el único que puede darte la vida? Y por eso esta palabra es una invitación a que abras tu corazón a Jesús. A que abras el corazón al Salvador que viene a tu vida.
Y en la medida en que le abras el corazón, también tú verás cumplida esta palabra en tu vida. Verás que desaparece tu ceguera y puedes ver al Señor en medio de tu vida concreta, de tu historia concreta. Verás cómo desaparece tu sordera y puedes escuchar la palabra de Dios y acogerla como una buena noticia.
Y el gran peligro es sentirte escandalizado por Jesús.
Sentirse escandalizado por Jesús es querer convertirte tú en «maestro» para discutir con Jesús, para «negociar» las exigencias del Evangelio, para hacerte el Evangelio a tu medida.
Sentirse escandalizado por Jesús es ponerle condiciones para seguirle, aceptar el evangelio a medias, hacer sólo lo que te conviene…y en un corazón así no puede nacer el Señor.
Por eso, es necesario limpiar todo obstáculo, es necesaria la conversión.
¡Ánimo! Pide el don del Espíritu Santo, para que prepare tu corazón. Entonces podrás acoger a Jesucristo no como una carga sino como un don, y lo mirarás no como una amenaza sino como una aventura.
¡Si crees, verás la gloria de Dios!
¡Ven, Señor Jesús!
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