04 abril, 2025

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EL VIA CRUCIS: Acompañar a Jesús camino de la Cruz

Jesús, permíteme acompañarte en tu pasión

EL VIA CRUCIS: Acompañar a Jesús camino de la Cruz

¿Qué es?

El Vía Crucis es una antigua práctica de oración que consiste en acompañar a Jesús en su camino hacia el Calvario, meditando los momentos clave de su Pasión. Surgió en los primeros siglos cuando los cristianos peregrinaban a Jerusalén para recorrer los lugares santos. En la Edad Media, los franciscanos difundieron esta devoción por toda Europa. Era una forma de «ir espiritualmente a Tierra Santa» sin tener que viajar.

¿Cómo se reza?

Se contemplan 14 escenas (“estaciones”) de la Pasión. No se trata sólo de recordar, sino de entrar con el corazón en el misterio del amor de Cristo, que dio su vida por nosotros. Se puede rezar en solitario o en grupo, en un templo o en casa, con imágenes o sin ellas, recorriendo las estaciones o perma- neciendo en un mismo lugar, en voz alta o en silencio… Lo esencial es la meditación del camino de Cristo hacia la cruz. En cada estación, se puede seguir un esquema muy sencillo: 1. Invocación: Te adoramos, Señor, y te bendecimos. Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. 2. Lectura del título de la estación. 3. Breve meditación. 4. Oración breve (un Padrenuestro, un Avemaría o una oración espontánea).

El presente Via Crucis puede encontrarse aquí.

Jesús, vas a entrar en tu pasión. ¿Me permites acompañarte en el camino que conduce al Calvario? Concédeme la gracia de acoger lo que en cada momento quieres revelarme y dame, sobre todo, el ánimo firme y la entrega fiel para llegar y permanecer al pie de la cruz con María.

Primera estación: Jesús es condenado a muerte

Judas entrega a Jesús por treinta monedas. Caifás lo condena por blasfemia y Pilato, por miedo al César, ratifica la sentencia. También yo, oculto entre la multitud, he gritado: «¡Crucifícalo!». Mientras Judas cae en la desesperación, Caifás se justifica y Pilato se lava las manos. Yo reconozco mi culpa y te pido, humildemente, perdón.

Segunda estación: Jesús es cargado con la cruz

Jesús toma la cruz en silencio y con determinación. Su espíritu sereno acepta la misión de nuestra redención. Una cosa es decir «quiero hacer la voluntad de Dios» cuando todo va bien, y otra cuando enfrento la cruz. Señor, dame fuerza y generosidad para cargar mi cruz y reconocer en ella la voluntad amorosa del Padre.

Tercera estación: Jesús cae bajo el peso de la cruz

La humanidad de Jesús se quiebra. Ha perdido mucha sangre y el peso de la cruz lo aplasta, pero el amor lo impulsa a levantarse. Gracias, Jesús, por enseñarme que, cuando caigo, también puedo levantarme y continuar.

Cuarta estación: Jesús encuentra a su Santísima Madre

En medio de insultos y violencia, Jesús encuentra el rostro de su Madre. Su presencia es alivio y frescura. María, en su tristeza tranquila, consuela a Jesús con un amor reflejado en su propio dolor.

Quinta estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz

Jesús apenas puede continuar y un hombre es obligado a ayudarlo. Señor, permíteme ser también Cireneo, aceptar el sufrimiento como un llamado a unirme a ti en el camino de la redención.

Sexta estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Verónica se acerca a Jesús y con ternura limpia su rostro. Te doy gracias, mujer, por tu sensibilidad y amor. Que yo también sepa aliviar el sufrimiento de los demás con pequeños gestos de compasión.

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez

Jesús cae de nuevo, pero su dolor encierra una dulzura secreta. Señor, enséñame a ofrecer mi sufrimiento por amor, por los que andan extraviados, para ser parte de tu obra redentora.

Octava estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

A pesar del dolor, Jesús se detiene a consolar a unas mujeres. Concédeme, Señor, la gracia de amar como tú, de estar atento a quienes necesitan una palabra amable, una sonrisa, un gesto de ternura.

Novena estación: Jesús cae por tercera vez

Jesús cae sin fuerzas. El Padre permite este dolor porque el Hijo lo aceptó por amor. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». Señor, une mis sufrimientos a los tuyos y transfórmalos en oración por la salvación del mundo.

Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Jesús sufre el deshonor en silencio. Cuando sea calumniado o incomprendido, dame serenidad para confiar en que Dios conoce la verdad y será Él quien me justifique.

Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz

Desde la cruz, Jesús nos mira y perdona. El perdón es más que disculpar: es liberar el corazón del resentimiento. Contemplando tu amor, Jesús, afirmo con certeza: «Creo en el perdón de los pecados».

Duodécima estación: Jesús muere en la cruz

Jesús muere para que yo viva. Lo descubro en quien se entrega por amor: en el sacerdote, en el esposo fiel, en quien hace de su trabajo un servicio. Enséñame a dar mi vida por amor.

Decimotercera estación: Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

María recibe en sus brazos a su Hijo. Quisiera ayudar, pero me detengo en silencio, contemplando su ternura, su dolor y su fortaleza.

Decimocuarta estación: Jesús es sepultado

Jesús es colocado en la tumba. Todo parece acabado, pero en la oscuridad del sepulcro ya brilla la esperanza. Señor, enséñame a esperar en tu victoria, incluso en las noches más oscuras de mi vida.

Acompañando a Jesús en su pasión, aprendemos que el amor es el camino de la redención. Que cada caída sea un impulso para levantarnos, cada herida una ofrenda de amor, cada lágrima un acto de confianza en Dios. ¡Gracias, Señor, por el don de tu cruz!

Luis Herrera Campo

Nací en Burgos, donde vivo. Soy sacerdote del Opus Dei.