El Papa León XIV al Regnum Christi: «El carisma debe ser una fuerza vital, no algo estático»
El Pontífice insta a las Sociedades de vida apostólica a renovar su identidad carismática, fortalecer el gobierno evangélico y profundizar la comunión en la Familia Regnum Christi
El Papa León XIV recibió esta mañana en la Sala del Consistorio a los participantes en las Asambleas Generales de las Sociedades de vida apostólica del Regnum Christi. En un discurso cálido y estructurado, el Santo Padre compartió una reflexión centrada en tres pilares fundamentales: el carisma, el gobierno y la comunión, animando al movimiento a mantenerse fiel al don del Espíritu Santo en un mundo que exige claridad identitaria y dinamismo misionero.
El Papa comenzó saludando con afecto: «Queridos hermanas y queridos hermanos, ¡buenos días y bienvenidos!». Recordó que la Iglesia se rejuvenece constantemente gracias al Evangelio y al Espíritu Santo, que la enriquece con dones jerárquicos y carismáticos, tal como enseña el Concilio Vaticano II.
En el primer punto, dedicado al carisma, León XIV subrayó que este don del Paráclito no debe convertirse en algo estático, sino en una «fuerza vital» que fluye creativa y libremente. Citando al Papa Francisco, insistió en la necesidad de permanecer fieles a la fuente original mientras se dialoga con las nuevas realidades sociales y culturales. «Hoy más que nunca es necesario saber quiénes somos», afirmó, para evangelizar sin ser absorbidos por la uniformidad del mundo. El carisma, explicó, genera identidad específica y debe transmitirse como herencia viva a las generaciones futuras.
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Respecto al gobierno, el Pontífice lo presentó como un auténtico ministerio eclesial y un servicio pastoral orientado a acompañar la fidelidad consciente y responsable al seguimiento de Cristo. Invitó a experimentar nuevas formas de gobierno en armonía con el carisma propio, promoviendo el discernimiento comunitario para generar decisiones compartidas, corresponsabilidad y un mayor sentido de pertenencia.
Finalmente, en el tema de la comunión, León XIV destacó la importancia de profundizar la unidad en toda la Familia Regnum Christi, respetando la diversidad de vocaciones dentro de la dignidad bautismal común. Recordó las palabras de San Juan Pablo II en Vita consecrata: la unidad y la diversidad se iluminan mutuamente gracias al Espíritu Santo, que transforma cada vocación en servicio para la edificación del Cuerpo de Cristo.
El discurso concluyó con una nota de esperanza: «El Señor no hace ruido, pero su Reino brota y crece en todos los rincones del mundo». El Papa encomendó al movimiento a María, Estrella de la mañana, y cerró agradeciendo su labor: «Gracias por lo que hacen. Rezo por ustedes y los bendigo de corazón».
Texto completo:
DISCURSO DEL PAPA LÉON XIV
A LOS PARTICIPANTES EN LAS ASAMBLEAS GENERALES
DE LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA «REGNUM CHRISTI»
Sala del Consistorio
Jueves, 29 de enero de 2026
______________________________
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Queridos hermanas y queridos hermanos, ¡buenos días y bienvenidos!
Me alegra encontrarme con ustedes, en ocasión de sus Asambleas Generales, y aprovecho la oportunidad para compartirles una reflexión, que quisiera articular en tres puntos: carisma, gobierno y comunión.
Acerca del primer punto, el Magisterio nos enseña que «la Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio y el Espíritu continuamente la renueva, edificándola y guiándola “con diversos dones jerárquicos y carismáticos”. [1] El Concilio Vaticano II ha subrayado en repetidas ocasiones la maravillosa obra del Espíritu Santo que santifica al Pueblo de Dios, lo guía, lo adorna con virtudes y lo enriquece con gracias especiales para su edificación». [2]
En estos días han tenido ocasión de reflexionar y dialogar sobre la definición del propio carisma de las respectivas Sociedades de vida apostólica, reconociendo en él un don del Paráclito, ofrecido a la Iglesia para que reavive en ella su vida y dinamice su misión, tanto en su seno como en la sociedad. Este don, mientras genera vida y vitalidad en el Instituto, le confiere también una identidad específica, que cualifica y hace reconocible la presencia de ustedes en la Iglesia y en el mundo. Hoy más que nunca es necesario saber quiénes somos, si queremos dialogar de manera auténtica con la sociedad sin ser absorbidos o uniformados. Para evangelizar los contextos en los que viven —fin específico de su vocación— es por tanto fundamental que definan su identidad cada vez con mayor claridad.
Toda hermana y todo hermano que recibe el carisma está llamado a mantenerlo vivo en sí mismo, para que no se vuelva algo estático, sino que se convierta en una fuerza vital, que fluye creativa y libremente. Como recordaba el Papa Francisco, «se trata de permanecer fieles a la fuente original, esforzándose por repensarla y expresarla en diálogo con las nuevas situaciones sociales y culturales». [3] El Instituto, la Sociedad, son un cuerpo vivo donde la energía carismática atraviesa cada célula y cada miembro, de la cual a su vez son portadores y transmisores. Y esta energía debe animar la misión que llevan adelante e iluminar el camino a recorrer, para legarla después como herencia viva a las generaciones futuras, llamadas asimismo a enamorarse de ella y a convertirla en fuente de su servicio.
Precisamente para lograr este fin, es importante el segundo tema sobre el cual quisiera que reflexionemos: el gobierno, el cual, para poder comenzar procesos decisionales maduros en un clima de auténtico discernimiento, necesita de la comunión.
Vienen en nuestra ayuda una vez más, a este propósito, los documentos de la Iglesia, donde se dice que «las personas consagradas son llamadas al seguimiento de Cristo obediente dentro de un “proyecto evangélico”, o carismático, suscitado por el Espíritu y autenticado por la Iglesia», [4] y que «en este camino, la autoridad tiene la obligación pastoral de guiar y decidir». [5] El gobierno es un servicio necesario en las Sociedades de vida apostólica; un auténtico ministerio eclesial, que acompaña a las hermanas y a los hermanos hacia una fidelidad consciente, libre y responsable en el seguimiento de Cristo. [6] Todo Instituto y toda Sociedad, además, están llamadas a reconocer en él un estilo propio, en armonía con su carisma específico y con su espiritualidad.
Un gobierno auténticamente evangélico, por otra parte, siempre está orientado al servicio: sostiene, acompaña y ayuda a cada miembro a configurarse cada día más con la persona del Salvador y, en este sentido, el discernimiento comunitario es el lugar privilegiado en el que pueden madurar decisiones compartidas, capaces de generar comunión y corresponsabilidad. No tengan miedo de experimentar nuevas formas de gobierno, [7] es más, conviene que tengan siempre presente que la búsqueda conjunta de un estilo propio en el ejercicio de la autoridad abre caminos que no sólo enriquecen a las Sociedades y a sus miembros individuales, sino que también refuerzan el sentido de pertenencia y la participación en la misión común.
Y esto nos lleva al tercer tema en el que quiero que nos detengamos: la comunión dentro de la Familia del Regnum Christi. El camino particular de ustedes, insertado en la gran historia de un cuerpo apostólico, lleva las huellas de la acción silenciosa y poderosa del Espíritu Santo, que renueva continuamente a la Iglesia y la hace joven en la esperanza. En este contexto, están llamados a promover una comunión cada vez más profunda en toda la Familia, compartiendo espiritualidad y apostolado, viviendo plenamente la vocación específica a la que Dios los ha llamado como miembros de la Sociedad a la que pertenecen, comprometidos a dar testimonio, con su propia vida, de la fidelidad al carisma recibido.
Como nos recuerda la Exhortación apostólica Vita consecrata, «todos los fieles, en virtud de su regeneración en Cristo, participan de una dignidad común; todos son llamados a la santidad; todos cooperan a la edificación del único Cuerpo de Cristo, cada uno según su propia vocación y el don recibido del Espíritu Santo (cf. Rm 12,3-8)». [8] La unidad en la dignidad bautismal y la diversidad de vocaciones no se contraponen, sino que se iluminan mutuamente. La comunión orgánica en la diversidad es obra del Espíritu Santo, que transforma cada vocación en servicio para los demás, para que el Cuerpo de Cristo crezca en la historia y cumpla su misión en el mundo.
Todos somos vidas en camino, a las que Dios sigue inspirando sus sueños a través de los profetas de ayer y de hoy, para liberar a la humanidad de antiguas y nuevas esclavitudes, involucrando a jóvenes y ancianos, pobres y ricos, hombres y mujeres, santos y pecadores en las obras de su misericordia y en las maravillas de su justicia. El Señor no hace ruido, pero su Reino brota y crece en todos los rincones del mundo. Y en este sentido, muchas ciudades y muchas comunidades necesitan que se les diga: “En verdad no eres la menor” (cf. Mt 2,6).
Sí, el Señor nos sigue sorprendiendo y sigue dejándose encontrar por caminos que no son los nuestros (cf. Is 55,8), y por eso su fidelidad sigue sorprendiéndonos. Mientras respondemos a los dones divinos, encomendémonos a María, Estrella de la mañana.
Muy queridos amigos y amigas, gracias por lo que hacen. Rezo por ustedes y los bendigo de corazón. Gracias.
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[1] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium (21 noviembre 1964), 4.
[2] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Iuvenescit Ecclesia (15 mayo 2016), 1.
[3] Francisco, Discurso a los participantes en la Asamblea general del Movimiento de los Focolares (6 febrero 2021).
[4] Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Instrucción El servicio de la autoridad y la obediencia (11 mayo 2008), 9.
[5][1] Ibíd.
[6] Cf. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, A vino nuevo, odres nuevos (6 enero 2017), 41.
[8] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Vita consecrata (25 marzo 1996), 31.
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