12 abril, 2026

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El mar de gracia que inunda el mundo

La Divina Misericordia, 12 de abril

El mar de gracia que inunda el mundo

El abrazo de Jesús que transforma el pecado en salvación: origen, celebración y la Coronilla que abre las puertas del Cielo

Hoy, domingo 12 de abril de 2026, la Iglesia universal celebra con solemnidad el Domingo de la Divina Misericordia, también conocido como el II Domingo de Pascua o Domingo in albis. Es el día en que las entrañas de la misericordia de Dios se abren de par en par, tal como lo reveló Jesucristo mismo a santa María Faustina Kowalska (1905-1938), y como lo instituyó para toda la Iglesia san Juan Pablo II el 30 de abril del año 2000, en el acto mismo de su canonización. No se trata de una devoción piadosa más, sino de un don extraordinario para nuestro tiempo: una invitación urgente a confiar plenamente en el amor misericordioso de Dios y a vivirlo como fuente de renovación personal y eclesial. En un mundo marcado por la desconfianza, el dolor y la división, esta fiesta nos recuerda que la misericordia no es un atributo secundario de Dios, sino su misma esencia.

El origen: las revelaciones de Jesús a santa Faustina Kowalska

Todo comienza en las apariciones privadas que Jesucristo concedió a la humilde religiosa polaca sor María Faustina Kowalska, de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia. El 22 de febrero de 1931, en su celda de Płock (Polonia), Faustina vio a Jesús vestido con una túnica blanca, con una mano levantada para bendecir y la otra tocando su pecho. De su corazón salían dos rayos: uno rojo (símbolo de la sangre) y otro pálido (símbolo del agua). Jesús le dijo: «Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en vuestra capilla y luego en el mundo entero».

En su Diario —obra aprobada por la Iglesia y considerada como un tesoro espiritual— Jesús le confió a Faustina tres grandes tareas: proclamar al mundo la verdad sobre el amor misericordioso de Dios, obtener la misericordia divina para las almas (especialmente los pecadores) a través de nuevas formas de culto, e inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia. Estas formas son precisamente la imagen con la inscripción «Jesús, en Ti confío», la fiesta del primer domingo después de Pascua, la Coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la Hora de la Misericordia (las tres de la tarde, hora de la muerte de Cristo).

Jesús insistió repetidamente: «Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia» (Diario, 699). No es casual que se celebre el domingo siguiente a la Resurrección: la Pascua culmina en la misericordia, y las llagas de Cristo resucitado (como en el Evangelio de Tomás) se convierten en fuente inagotable de perdón.

San Juan Pablo II, profundamente unido a este mensaje por su origen polaco y su propia experiencia del siglo XX (guerras, totalitarismos), lo elevó a fiesta litúrgica universal. En la homilía de canonización declaró: «Es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’». Desde entonces, la Iglesia entera lo celebra, confirmando que la misericordia es el corazón palpitante del Evangelio.

¿Qué es la Divina Misericordia?

La Divina Misericordia no es un sentimiento vago ni una indulgencia barata. Es el amor de Dios que sale al encuentro del pecador, que perdona sin medida y que transforma. En la Escritura, desde el Antiguo Testamento (Éxodo 34,6: «Señor, Señor, Dios misericordioso y clemente…») hasta el Nuevo (la parábola del hijo pródigo, la samaritana, la mujer adúltera), Dios se revela como Aquel que prefiere la misericordia al sacrificio. Jesús mismo es la Misericordia encarnada.

En el mensaje a Faustina, la misericordia se presenta como respuesta a la justicia divina: no la anula, sino que la supera. Jesús explicó que las almas que confían en Él reciben gracias inimaginables, incluso si sus pecados fueran «rojos como la grana». La desconfianza, en cambio, «desgarra Mis entrañas» (*Diario*, 50). Teológicamente, esta devoción recupera la filiación divina: Dios no es un juez lejano, sino Padre amantísimo que nos pide confianza de niños y, a la vez, nos llama a ser misericordiosos con los demás (cf. Mt 5,7; Lc 6,36).

En el contexto actual —con crisis de fe, guerras, rupturas familiares y desesperanza—, la Divina Misericordia es profecía: nos recuerda que ningún pecado es más grande que la sangre de Cristo, y que la Iglesia es «hospital de campaña» donde todos pueden sanar. Como enseñó san Josemaría Escrivá, la confianza en la misericordia nos agranda el corazón para dolernos de los sufrimientos ajenos y actuar con obras concretas de caridad.

Cómo se celebra el Domingo de la Divina Misericordia

La celebración litúrgica es sencilla pero profunda:

  • Participar en la Santa Misa con las lecturas propias del II Domingo de Pascua (Hch 5,12-16; Sal 117; Ap 1,9-13.17-19; Jn 20,19-31). El Evangelio de Tomás nos invita a tocar las llagas de Cristo resucitado y exclamar con fe: «¡Señor mío y Dios mío!».
  • Acercarse al sacramento de la Reconciliación (confesión) y recibir la Sagrada Comunión en estado de gracia.
  • Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia, especialmente a las tres de la tarde (Hora de la Misericordia).
  • Venerar la imagen de Jesús Misericordioso y propagar el mensaje.
  • Practicar obras de misericordia corporales y espirituales: una llamada, una visita, un perdón, un gesto de servicio.

La Iglesia concede indulgencia plenaria a quienes, cumpliendo las condiciones habituales (confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa y ausencia de apego al pecado), participen en las celebraciones o recen la Coronilla en presencia de un moribundo. Jesús prometió: «Al que crea en Mí, le daré una confianza tal en Mi misericordia que, aunque sus pecados fueran rojos como la grana, si recurre y se encomienda a Mi misericordia, será perdonado».

La Coronilla de la Divina Misericordia: la oración dictada por Jesús

La Coronilla es el arma poderosa que Jesús entregó a Faustina entre el 13 y 14 de septiembre de 1935 en Vilna, para aplacar la ira de Dios y obtener misericordia para el mundo. Se reza con un rosario ordinario. Según las fuentes oficiales del Vaticano:

  1. Señal de la Cruz: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
  2. Padre Nuestro.
  3. Ave María.
  4. Credo (Símbolo de los Apóstoles).

En los granos mayores (donde se dice el Padre Nuestro):

Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.

En los granos menores (donde se dice el Ave María):

Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Al final de los cinco decenas, se reza tres veces:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Oración conclusiva (opcional):

Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.

Jesús prometió a Faustina: «Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendarán a los pecadores como su último refugio de salvación. Aun si el pecador más empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia» (Diario). «Cuando recen esta Coronilla junto a los moribundos, Yo me pondré entre el Padre y el alma agonizante, no como el Juez justo, sino como el Salvador misericordioso».

Otras oraciones para hoy y siempre

  • Oración a la Hora de la Misericordia (3 de la tarde): «Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como fuente de misericordia para nosotros, en Ti confío».
  • Jaculatoria constante: «Jesús, en Ti confío».
  • Oración de ofrenda: Expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó para las almas y el mar de misericordia se abrió para el mundo entero. Oh fuente de vida, insondable Misericordia Divina, abarca al mundo entero y derrámate sobre nosotros.

Hoy es el día de la esperanza

El 12 de abril de 2026 no es un domingo más. Es el día en que Jesús nos dice: «No temas. Mis entrañas de misericordia están abiertas». Acércate sin miedo, confiesa, comulga, reza la Coronilla y sé misericordioso con los demás. Como escribió Faustina: «Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios» (Diario, 1107).

Que la Virgen María, Madre de la Misericordia, nos ayude a vivir este mensaje. Que la Divina Misericordia inunde tu vida, tu familia y el mundo entero. Jesús, en Ti confío. Amén.

Javier Ferrer García

Soy un apasionado de la vida. Filósofo y economista. Mi carrera profesional se ha enriquecido con el constante deseo de aprender y crecer tanto en el ámbito académico como en el personal. Me considero un ferviente lector y amante del cine, lo cual me permite tener una perspectiva amplia y diversa sobre el mundo que nos rodea. Como católico comprometido, busco integrar mis valores en cada aspecto de mi vida, desde mi carrera profesional hasta mi rol como esposo y padre de familia