10 abril, 2026

Síguenos en

El Comité Olímpico Internacional prohíbe a las mujeres trans competir en categoría femenina

El pasado 26 de marzo el COI publicó un documento exponiendo sus nuevas políticas en relación con la participación de mujeres trans en competiciones olímpicas. Esta nueva normativa se aplicará a partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles que se celebrarán en 2028 y no es retroactiva

El Comité Olímpico Internacional prohíbe a las mujeres trans competir en categoría femenina

El documento afirma que en las competiciones de categoría femenina de los Juegos Olímpicos o de cualquier otro evento del Comité Olímpico sólo podrán participar mujeres, es decir, con sexo biológico femenino, tanto en competiciones individuales como en las que se realizan por equipos.

Para establecer quién puede competir en la categoría femenina se realizará una prueba genética para detectar la presencia del gen SRY, que determina que esa persona tiene sexo masculino.

Se trata de una prueba sencilla que se realiza recogiendo saliva, con un frotis bucal o con una muestra de sangre, que se realiza una vez y sirve de por vida.

De esta forma, las atletas con una prueba negativa del gen SRY podrán participar en competiciones femeninas.

Como excepciones a esta norma están los atletas que padecen el Síndrome de Insensibilidad Completa a los Andrógenos u otros trastornos raros en el desarrollo sexual (DSD), que no se benefician de los efectos de mejora de la testosterona.

Los atletas con un resultado positivo en la prueba SRY podrán competir en las categorías masculinas o en categorías mixtas.

El grupo de trabajo que ha elaborado el documento ha revisado las últimas evidencias científicas y han llegado a la conclusión de que el sexo masculino presenta una ventaja competitiva en todos los deportes respecto al sexo femenino tanto en fuerza como en la potencia y resistencia.

Según el COI esta nueva política protege la igualdad de oportunidades de las mujeres atletas en las competiciones, potencia los valores olímpicos y aumenta la visibilidad de la categoría femenina.

Antecedentes

En septiembre de 2025 el Comité Olímpico de Estados Unidos ya vetó la participación de “mujeres trans”, es decir, varones biológicos que habían transicionado hacia el género femenino, en competiciones femeninas.

Hasta ahora el Comité Olímpico Internacional permitía que cada federación deportiva decidiera si los atletas trans podían competir en eventos a nivel internacional.

Anteriormente, tanto World Aquatics como la Federación Mundial de Atletismo, World Athletics,  ya habían prohibido a las mujeres trans competir en categorías femeninas.

En 2023, Sebastian Coe, campeón olímpico y director de World Athletics, declaró que “debemos mantener la equidad para las mujeres atletas por encima de todas las demás consideraciones. Nos guiaremos en esto por la ciencia en torno al rendimiento físico y la ventaja masculina que inevitablemente se desarrollará en los próximos años. A medida que haya más evidencia disponible, revisaremos nuestra posición, pero creemos que la integridad de la categoría femenina en el atletismo es primordial”.

Valoración bioética

Los conflictos que plantea la instauración de los postulados que defiende la ideología de género tienen su origen en la falta de fundamentación científica. La confusión creada en el tratamiento de los conceptos de sexo y género, promoviendo su disociación absoluta, genera agravios comparativos cuando el simple deseo ignora la condición biológica que todo ser humano posee, específicamente en su forma sexuada de ser.

La configuración sexual de los individuos de la especie humana, al igual que ocurre en muchas otras especies, viene determinada por la combinación genética de los genomas de los gametos masculino y femenino en el momento de la fecundación. Así, desde el estado de cigoto -individuo de la especie humana de una sola célula- el sexo queda definido no solo por la presencia del gen SRY (Sex determining Region Y, por las siglas en inglés de “Región de determinación sexual del cromosoma Y), ubicado en la región 1 del brazo corto del cromosoma Y, y principal responsable del desarrollo de las características sexuales masculinas en mamíferos.

Este gen determina el proceso de masculinización en la séptima semana de gestación. Pero otros genes están también implicados en la diferenciación sexual, como el gen Tfm, situado en el cromosoma X, que codifica el receptor de las hormonas masculinas, o la región ODF del cromosoma X, que favorece el desarrollo del ovario e inhibe el del testículo.

En el desarrollo embrionario la activación de ciertos genes de carácter sexuado lleva a al silenciamiento de sus homólogos del otro sexo: el gen H19 se silencia en el cromosoma de origen paterno y el gen Igf2 se silencia en el materno (mecanismos epigenéticos).

Otros genes, situados en distintos cromosomas se ven involucrados en la diferenciación sexual. Así, el gen que codifica la síntesis de la hormona antimulleriana por las células de Sertoli del testículo está en el brazo corto del cromosoma 19, o el gen Gadd45g, que se encuentra en el cromosoma 9, y que es determinante en la masculinización, e interacciona con el gen SRY.

Además, otro gen, el WNT4, situado en el brazo corto del cromosoma 1, codifica una proteína importante para la formación del sistema reproductor femenino, los riñones y varias glándulas productoras de hormonas. La proteína que codifica regula la formación de los conductos de Müller, que darán lugar al útero, ovarios, trompas de Falopio, cuello uterino y parte superior de la vagina.

La expresión genética diferenciada por sexos también juega un papel fundamental en el desarrollo sexual. En un estudio, han sido identificados cerca de 6.500 genes humanos codificadores de proteínas, que reaccionan de forma diferente en el sexo masculino y femenino. Este estudio establece que los rasgos sexualmente dimórficos resultan principalmente de la expresión diferencial de genes presentes en ambos sexos. Dichos genes pueden estar sujetos a restricciones de selección diferentes, e incluso opuestas, en los dos sexos.

De todo ello se deduce que el patrimonio genético que define el sexo en humanos es complejo y multifactorial, con multitud de genes implicados, que constituyen las dos expresiones fenotípicas masculina y femenina.

Distintas alteraciones en la configuración genética definitoria del sexo pueden conducir a anomalías del desarrollo sexual (DSD, por las siglas en inglés de Disorders of Sex Developement), dando lugar a desarrollos incompletos de las gónadas o características fenotípicas de ambos sexos, que constituyen en todo caso raras excepciones a la norma biológica de la diferenciación sexual.

Así, tal como hemos publicado previamente, estas infrecuentes alteraciones en el desarrollo sexual deben diferenciarse de los procesos de transición en transexuales, requiriendo un análisis y valoración individualizados.

Ignorar las diferencias biológicas de ambos sexos, codificadas de manera muy estable por amplias secciones de nuestro genoma, responsable de las diferencias en su expresión fenotípica, abre la puerta a la discriminación en la competición deportiva, donde algunas características del desarrollo presentan diferencias importantes.

Esto no debería relacionarse con procedimientos discriminatorios, porque lo que sí resulta discriminatorio es exigir el mismo rendimiento en condiciones fisiológicas muy diversas, algo que siempre se ha tratado de evitar mediante la creación de categorías masculina y femenina en las competiciones deportivas en las que estas diferencias afectan de forma importante al rendimiento.

Julio Tudela . Ester Bosch . Observatorio de Bioética . Instituto Ciencias de la Vida . Universidad Católica de Valencia

Observatorio de Bioética UCV

El Observatorio de Bioética se encuentra dentro del Instituto Ciencias de la vida de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” . En el trasfondo de sus publicaciones, se defiende la vida humana desde la fecundación a la muerte natural y la dignidad de la persona, teniendo como objetivo aunar esfuerzos para difundir la cultura de la vida como la define la Evangelium Vitae.