Ecos del Jubileo de los Misioneros de la Misericordia
La Misericordia en Acción

El mensaje del jubileo de los misioneros de la misericordia tiene plena, palpitante y urgente actualidad.
Este evento se ideó para ser no solo un jubileo sino también el cuarto encuentro mundial de los misioneros de la misericordia para su formación específica y para encontrarse con el Papa.
Por primera vez, y por razón de su convalecencia, el Vicario de Cristo no pudo estar presente. Esto es, no estuvo físicamente presente, pero sí muy presente, muy cercano. Esto creo que es un dato esencial, que conviene no olvidar, porque proporciona una clave muy importante del encuentro.
En efecto: consta, por Monseñor Rino Fisichella, que el Papa ha rezado por los misioneros de la misericordia y por cada uno de ellos. Monseñor Fisichella también ha señalado lo conmovedor que es que el mensaje del Papa a los misioneros de la misericordia es del 19 de marzo, cuando el Santo Padre estaba enfermo en el Policlínico Gemelli. Ahí, el Papa, manifestó su deseo de estar en este acto jubilar. El sucesor de Pedro, en esta ocasión, como había hecho en dos encuentros anteriores, nos ha regalado una estola, a los misioneros de la misericordia. En ella manifiesta la potestad especial, recibida directamente del Sumo Pontífice, que tenemos los misioneros de la misericordia relativamente al sacramento de la confesión, llamado también sacramento de la misericordia.
A su vez, el Sumo Pontífice ha estado muy presente en la mente y en el corazón de los misioneros de la misericordia. Así, por ejemplo, el Santo Rosario, rezado por Monseñor Fisichella y por todos nosotros, en los jardines vaticanos, ha sido por el Papa Francisco.
En una palabra, ha sido un encuentro filial – paternal, de comunión eclesial entorno a Pedro, junto a la Roca sobre la que está edificada la Iglesia. Así pues, este acto, en el que han participado centenares de sacerdotes de todo el universo, puede ayudar a querer más al Papa, especialmente en estos momentos de su convalecencia.
Esta cercanía de Su Santidad está también muy relacionada con su insistencia en la gran importancia del sacramento de la confesión para la vida de los católicos, ya que los misioneros de la misericordia somos, especialmente, confesores. Es este un elemento destacadísimo de su Pontificado. Resulta ello también muy importante porque este sacramento está siendo muy combativo, hay mucha desorientación sobre el mismo y son muchos los que no lo valoran suficientemente.
En las cuestiones prácticas importa sobremanera el fin propuesto. Ahora bien, como muy bien se ha indicado en vatican.news, “el objetivo de este evento es volver a poner el sacramento de la reconciliación en el centro de la vida pastoral de la Iglesia”. Esto es algo que conviene no olvidar.
En este sexto gran evento del actual Año Santo, y como viene siendo usual en estos encuentros mundiales, los misioneros de la misericordia, con el Santísimo Sacramento del Altar expuesto solemnemente, nos hemos confesado entre nosotros, de manera que sacerdotes de todo el mundo hemos dado testimonio del santo sacramento de la confesión. Esto no deja de ser importante, ya que el hombre contemporáneo suele valorar más el testimonio que las palabras.
El acontecimiento ha coincidido también con la doceava celebración de las veinticuatro horas con el Señor, instituida por voluntad del Papa. Iniciativa mundial, ésta, que promueve en todo el mundo la adoración al Santísimo Sacramento y la administración del sacramento del perdón, y que los misioneros de la misericordia estamos llamados a promover.
En la formación de este año, para los misioneros de la misericordia, que incluye la conferencia internacional, se ha insistido especialmente en la relación entre el sacramento de la confesión y la esperanza. Jesús es nuestra esperanza. El sacramento abre a la maravillosa esperanza, ya que nos abre las puertas del cielo, y renueva de manera bellísima nuestras vidas. Este tan deseable reflorecer de nuestra existencia se hace por el amor misericordioso del Señor que nos abraza de manera muy especial en este santo sacramento. El confesor está llamado a ser la caridad de Cristo, que acoge, que quiere, que ayuda, que alienta, que ilusiona, que es instrumento de Dios para ese vivir esperanzado, bello y nuevo. Como señaló el Papa Francisco, “la misericordia suscita alegría, porque el corazón se abre a la esperanza de una vida nueva”. El sacramento de la confesión es el sacramento de la paz y de la alegría ¡Grandísimo tesoro! ¡Música bellísima! ¡Miel muy apetecible!
La belleza del perdón queda también muy de manifiesto en la hermosísima parábola del hijo pródigo, que fue la del evangelio de la Santa Misa que presidió Monseñor Rino Fisichella, Pro Prefecto del principal dicasterio de la Santa Sede, el de la Evangelización, y que concelebramos los misioneros de la misericordia.
En suma, el mensaje principal de este evento es la importancia y necesidad de confesarse, la maravilla y hermosura de la confesión, su profunda relación con la esperanza. No hay que olvidar que un jubileo sin confesión sería un jubileo vacío. Así pues, en este año jubilar, lo que ahora toca, es, confesarse.
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