Día mundial del niño por nacer
Análisis de una advertencia de Teresa de Calcuta
En 1979, al recibir el premio Nobel de la Paz, la Madre Teresa de Calcuta afirmó: «Quiero compartir algo con todos ustedes. El gran destructor de la paz hoy es el crimen del niño inocente no nacido. Porque, si una madre puede asesinar a su propio hijo en su seno, ¿qué puede impedir a ustedes y a mí que nos matemos unos a otros?».
Desde que la religiosa de Calcuta pronunció estas palabras hasta la actualidad, el número de abortos en el mundo ha ido en aumento y también en España. La puerta del aborto se abrió en la legislatura de Felipe González, en 1985. Lo justificaron basándose en la existencia de casos límites (embarazo por violación o cuando el embarazo suponga un grave peligro para la salud psíquica de la madre) que «humanamente», decían, clamaban a la compasión.
La puerta se siguió abriendo, poco a poco, en las clínicas abortivas gracias a los informes médicos que se redactaban y firmaban con el diagnóstico de sufrimiento psíquico de la embarazada, sin que constase el nombre de nadie y sin haber sido sometidas a un examen médico, y cuyo nombre se plasmaba en dichos certificados, sin más, cuando una embarazada iba a abortar. Es el testimonio de una colega, ginecóloga, días después de haberse negado a tal proposición. En la legislatura de Zapatero, los límites del tiempo para abortar se ampliaron. En la actualidad, se practican 100.000 abortos cada año en España, cuando el número de casos límites que podrían explicarse con los argumentos «humanitarios» antes señalados no pasarían de unos 150 al año.
Hace unos meses, el presidente del gobierno manifestó la intención de blindar el aborto como un derecho en la Constitución Española, siguiendo así lo conseguido en Francia en el 2014. Por lo tanto, uno se pregunta, ¿qué factores están influyendo en el gobierno español para seguir ampliando la posibilidad de recurrir al aborto?
La ideología que hay detrás de lo conseguido en Francia; es decir, la inclusión en la Constitución del derecho al aborto, cuyo modelo jurídico se está intentando seguir en España, aparece en la página 106 del libro, Por que dejé de ser masón, escrito por Serge Abad-Gallardo, y dice lo siguiente «Sobre temas como el aborto, es más bien arriesgado formular una opinión contraria a la “doxa” masónica». Por decirlo en pocas palabras, lo que explica Abad-Gallardo en su libro es que no cabe estar en contra del aborto en la masonería francesa.
Además, se sabe que «en Francia muchos ministros son masones desde el 2012 y los grandes maestros del Gran Oriente de Francia quieren cambiar la sociedad a través de leyes como la del aborto» (ver Iglesia y masonería de Alberto Bárcena, p. 286). Por lo tanto, no es de extrañar que, siendo Macron presidente de la republica francesa y masón, consiguieran incluir el aborto como un derecho en la Constitución Francesa en el año 2025.
De seguir esta tendencia en España, al final, se terminará blindando el derecho al aborto en la Constitución, y, como consecuencia de tal medida, se obligará a los médicos, por ley, a practicar abortos y se impedirá recurrir a la objeción de conciencia.
La objeción de conciencia está reconocida en la legislación vigente y la ley prevé el registro de objetores. Pero últimamente la obligatoriedad de crear listas de objetores está marcando la agenda política del gobierno. Como consecuencia, este tipo de listas podrían convertirse, en la práctica, en una forma de discriminación; por eso, hay bastantes profesionales y varias comunidades que se oponen a tal medida.
Para darle un sentido positivo a ese tipo de listas se podría crear en los Colegios de Médicos de España otra lista, que se le podría llamar, «la lista de Hipócrates», y encabezarla con la formulación hipocrática que dice: «No proporcionaré a ninguna mujer un pesario abortivo», porque, si los médicos acudiéramos masivamente a inscribirnos en esta lista, sería el modo más eficaz de recordar a la sociedad que el negarse a practicar abortos, aparte de cuestiones de conciencia, deriva de la obligación ética que tienen todos los colegiados de no practicar abortos según el artículo 61,1 del Código de Deontología Médica de España».
Y para acabar, conviene recordar que Teresa de Calcuta volvió sobre esta cuestión del aborto, años después, en la Asamblea de la ONU en 1985, cuando dijo: «Creo que el mayor enemigo de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño inocente asesinado por su misma madre». Estas palabras las pronunció tras advertir que una sociedad que se acostumbra a justificar la eliminación del ser más indefenso termina debilitando su propio fundamento moral. Puede discutirse la formulación, pero no debería despreciarse el fondo de la advertencia. Una sociedad insensible ante la vida del niño por nacer difícilmente podrá construir una cultura auténtica de paz. Mientras el aborto siga presentándose como un progreso incuestionable, seguirá siendo necesario recordar que no todo lo legal es justo, ni todo lo socialmente aceptado es moralmente correcto.
Ángel Jiménez Lacave. Oncólogo

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Artículo publicado en “La Nueva España” (Oviedo)
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