¿Cómo afrontar el dolor?
El binomio del amor y el dolor: cómo transformar el sufrimiento en oportunidad de crecer y amar mejor
Se acerca la Semana Santa, que nos permite “parar” un poco, y nos ayuda a ver algunos hechos impresionantes con más hondura, si hacemos silencio y calma en nuestro interior. El misterio del dolor…
En la vida, siempre aparece el sufrimiento de una forma u otra. Ante esos momentos difíciles pensar un poco acerca de este tema quizá nos ayude… Cuál es su sentido, cómo afrontarlo y sacar provecho de situaciones que duelen. También cómo abordarlo en familia para que no nos desestabilice. Es el problema del dolor con ese misterio que alberga.
A veces hay situaciones traumáticas que provocan rupturas en familia, o en pareja, y otras veces sirven para unir más a esas personas. Depende de cómo se afronten. Si nos ayudamos y apoyamos, haciendo acopio de generosidad, es una oportunidad para madurar y crecer. Quizá es una forma de hacer un alto en el camino para mirarse, dedicar tiempo y energía para reflexionar sobre lo importante en la vida, que a veces pasa desapercibido.
Es una gran suerte que el amor crece, no sólo con lo bueno, sino también con lo menos bueno, siempre y cuando se lleven juntos esos acontecimientos inesperados de la vida. Todo alimenta al amor: un viaje, una sorpresa, una comida, un regalo, pero también un mal día, una consulta médica, un atender a los niños, una enfermedad, unos malos momentos, o un «fracaso» de cualquier tipo…
El dolor es un misterio, y nos pone en predisposición de reflexionar. Estamos más acostumbrados a pensar en la resolución de problemas, pero no tanto respecto a los misterios. Así, al hacer una pausa, lo trivial cede paso a lo importante, y nos puede ayudar a priorizar.
Además, unido al amor siempre está el dolor, porque el amor requiere sacrificios, renuncias, ausencias…, y la vida conlleva sufrimiento. Pero, cuando se integra con el amor éste anima, da energía, y ayuda a superarlo.
El amor ayuda a mitigar el dolor: le da su fuerza y sentido, porque forman parte de la misma realidad. Ese binomio del amor y el dolor. Cuanto más amamos nos hacemos más vulnerables y nos exponemos a sufrir más por amor, pero siempre compensa amar. Algo que nos trasciende… El amor es una realidad tan rica, que crece y se expande al ofrecerlo.
Un gran escritor, C.S. Lewis, reflexionaba mucho sobre el tema del dolor, pues marcó su infancia. Y más tarde la Gran Guerra… Como les sucedió a sus amigos de tertulias literarias de Los Inklings, que se acompañan y «rescatan» entre sí de tanto sufrimiento y sinsentido de la Guerra y la muerte tan cercana.
Sobre estos amigos, en «el mago de las palabras», una biografía juvenil en Magisterio Casals, de la vida de JRR Tolkien, el experto Eduardo Segura escribe: «Se trataba de juntarse al calor de un buen fuego e intercambiar perspectivas sobre los más variados temas en tertulias que se prolongaban hasta bien entrada la noche, y muy divertidas, llenas de ideas chispeantes e ingeniosas».
Lewis, en sus conferencias, usaba una metáfora muy gráfica respecto al dolor: decía que somos como “bloques de piedra” en los que el “escultor” trata de sacar una obra maestra, una persona humana concreta. “Los golpes del cincel, que tanto daño nos hacen, también permiten que seamos más perfectos”.
Él tuvo una experiencia de sufrimiento enorme cuando era niño: sus padres murieron de cáncer, y eso le dejó una huella muy marcada. Toda la alegría y seguridad de su ambiente de familia desapareció con la muerte de su madre. Tenía nueve años.
Él siempre tuvo grandes anhelos de belleza en su interior…, que no encontraban respuesta. Ya mayor, conoce a Joy Gresham, una escritora americana joven muy sensible y perspicaz que leía sus obras, y surge el amor entre ellos. Se casan, pero al poco tiempo a ella le diagnostican un cáncer avanzado.
Queda muy bien reflejado en la película “Tierras de penumbra”, de R. Attenborough. En ella se ve cómo Joy desde el principio le cuestiona sus argumentos, le hace pensar, y le enseña a amar. Le ayuda a que se deje querer, pues se había creado una “máscara” de protección debido al dolor de su infancia. Desde niño había optado por la “seguridad”, por guardar su corazón, y no tanto por el amor…
Ante el diagnóstico inesperado pasan mucho tiempo juntos, y ella le habla de tantas cosas, también de su muerte: le dice que no le quita felicidad, pero lo hace más “real”. Le explica que el dolor que le vendrá es parte de la felicidad de ese momento. Que ambas realidades están unidas: “ese es el trato”.
Él la veía, y no podía soportar ver sufrir de ese modo a quien quería tanto. Entonces elige el sufrimiento, y no la seguridad. Sabe que merece la pena amar, entregar todo el corazón, sin endurecerlo, a pesar de poder sufrir lo inimaginable.
Al poco tiempo ella muere, y él se hace más preguntas: ¿por qué el amor cuando lo pierdes duele tanto? Ya no tenía respuestas, ya las ideas no le servían, quedaba la pregunta vital del sentido de la vida. Sólo tenía vivencias: algo que a ella le parecía más importante. Y la experiencia es una dura maestra…
Más tarde, pensando sobre ello, escribe: “Nunca se encuentra uno precisamente con el Cáncer, o la Guerra, o la Infelicidad. Solamente se encuentra uno con cada hora o cada momento que llegan. Con toda clase de altibajos: cantidad de manchas feas en nuestros mejores ratos y de manchas bonitas en los peores. No abarcamos nunca el impacto total de lo que llamamos “la cosa en sí misma”. Pero es que nos equivocamos en llamarla así.
Es increíble cuánta felicidad y hasta cuánta diversión vivimos a veces juntos… Qué largo y tendido, qué serenamente, con cuanto provecho llegamos a hablar aquella última noche, estrechamente unidos”.
Forman las “dos caras” del amor: de ese «binomio amor-dolor”. No se puede amar verdaderamente sin sufrir, pero por otra parte, el amor se hace más patente, y crece, en los momentos de sufrimiento. Por eso se dice que el dolor es la “piedra de toque del amor”, donde se palpa de veras ese amor.
Hay que saber unir esas dos realidades para que el dolor cobre sentido y no nos destruya; para que el amor aporte su energía y “suavidad”. Recubrir el dolor con amor para sanar heridas y sobrellevarlo mejor.
Este autor decía que, las dificultades de la vida preparan a personas comunes para metas extraordinarias…
Por tanto, un dolor inesperado puede alimentar al amor: en pareja, en familia, y puede unir más. El secreto está en quererse, en compartirlo y llevarlo juntos. Además, cuando hay sintonía afectiva las alegrías se hacen mayores, reverberan de uno a otro y aumentan; y las penas sin embargo disminuyen: se mitigan y suavizan.
La vida es la gran oportunidad para aprender a amar,
para engrandecer el corazón,
y bien enfocado,
hasta el dolor nos puede ayudar…

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