¡Alzad la Mirada!
La belleza como lugar de encuentro
¡Mírame cuando te hablo!
Palabras de madre…
Hoy volamos CON EL VIENTO
Vivimos demasiado expuestos.
Y, sin embargo, profundamente solos.
Nunca fue tan fácil mostrarse.
Nunca fue tan difícil el encuentro.
Pero ser visibles no es lo mismo que ser mirados.
La visibilidad se conquista, se compra, se fabrica…
La mirada… se acoge.
Y cuando la vida depende de lo que otros ven, nos convertimos en maniquís de escaparate.
Entonces comenzamos a adaptarnos.
A medir.
A calcular.
A mostrar lo que funciona
y ocultar lo que estorba.
Sin darnos cuenta, la vida se convierte en estrategia.
Porque vivir para ser aplaudido es agotador.
Agota sostener una versión editada.
Agota vivir maquillado, tuneado.
Y quizá lo más duro no es la indiferencia por saturación, sino no saber ya quiénes somos cuando hemos perdido el mapa.
Aparece entonces el camuflaje.
El mimetismo.
El intento constante de encajar.
El complejo del camaleón.
Y en ese ajuste continuo se diluye lo único e irrepetible que portamos y aportamos a nuestro entorno.
La transparencia es a las cosas…
Hoy la transparencia es un valor.
Se busca autenticidad muy necesaria en las etiquetas de los alimentos. “sabor a chocolate” nos quiere decir que no es chocolate…
Pero las personas portamos una intimidad en la que la transparencia no consiste en exhibirse como una mercancía.
No tenemos fecha de caducidad preferente.
Consiste en permitir una mirada justa, respetuosa. (objetivo mínimo)
Una mirada que no invade.
Que no utiliza.
Que no reduce.
Una mirada que reconoce acoge y reclama verdad.
Y no siempre todo lo que se comprende se respeta. Lo sabe muy bien el marketing cuando estudia las bondades de un producto para sugerir la necesidad de este.
La persona no se usa, no se intercambia, no se sustituye.
El pudor, en cambio, protege.
Custodia la intimidad para que el encuentro sea posible.
Pero hay algo más profundo.
Podemos estar vivos… y permanecer en un sepulcro interior.
Encerrados en la tristeza.
En el desánimo.
En la apatía.
Como si nada pudiera moverse.
Como si la vida ya estuviera escrita.
Como si no hubiera salida.
¡Levantad la mirada!
“levantad los ojos y contemplad los campos”.
Juan 4,35:
La fe no es un recuerdo.
Ni un amuleto.
Ni un refugio decorativo.
La fe es una fuerza que irrumpe.
Que despierta.
Que desinstala.
Que pone en pie.
Dios sigue moviendo las piedras.
Piedras que tienen nombre.
Miedos.
Fracasos.
Egoísmo.
Indiferencia.
Heridas que bloquean el corazón.
Piedras que pesan más de lo que podemos sostener.
Pero no tienen la última palabra.
Alzad la mirada:
“Significa no quedarse atrapados en las preocupaciones, conflictos o tristezas del momento, sino a mirar más alto y reconocer la presencia de Cristo y la esperanza cristiana” (León XIV)
Alzar la mirada deja de ser esfuerzo.
Se convierte en respuesta.
Salir del vértigo.
Recuperar horizonte.
Volver al sentido.
Recuperar la profundidad perdida.
La Pascua no es un recuerdo lejano.
Es una llamada viva.
A dejarse perdonar.
A cambiar.
A salir.
A no quedarse encerrados.
Porque permanecer encerrados también es una forma de muerte.
“Cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo;
cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas;
cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir;
cuando sentimos tristeza o cansancio; cuando nos sentimos traicionados o rechazados;
cuando tenemos que hacer frente a nuestra debilidad, al sufrimiento, al cansancio de cada día,
entonces nos parece haber caído en un túnel del que no vemos la salida.” (León XIV)
la esperanza cristiana se impone.
No como idea.
Como presencia.
Como una certeza que atraviesa la vida sin negarla y la sostiene desde dentro.
La belleza aparece entonces.
No como adorno, como llamada.
La belleza abre.
Despierta.
Conduce.
Apunta más allá de nosotros.
Hacia un origen.
Hacia un destino.
La fe no anula la razón. La ensancha.
No empobrece la vida. La eleva.
Pero para eso hay que desacelerar.
Despegar del asfalto de la urgencia.
Del rendimiento constante.
De la productividad como identidad.
Aprender a detenerse.
A mirar sin prisa.
A habitar lo esencial.
A escuchar lo que de verdad importa.
Porque no todo lo urgente es importante.
Somos supervivientes
Del vértigo
Del hacer sin descanso.
De la eficacia sin sentido.
RASGAR EL VELO… SIN ROMPERLO.
Comprender sin reducir.
Mirar sin apropiarse.
Acoger sin invadir.
Dejarse mirar por la Belleza es uno de los actos más valientes de la vida.
Aceptar que no nos construimos solos.
Que hay una mirada que nos precede y nos sostiene.
Una mirada que no exige espectáculo.
Solo verdad.
¡ALZA LA MIRADA!
Y quizá entonces,
por primera vez en mucho tiempo,
no necesites ser visto…
Eres amado desde toda la eternidad.
Related
Aprender a descansar
Marketing y Servicios
13 abril, 2026
2 min
Las llagas de Jesús
Monseñor Gilberto Gómez González
13 abril, 2026
2 min
Aborto: legalización de un crimen
Isabel Orellana
09 abril, 2026
6 min
La gratitud como disciplina espiritual: cómo transformar la queja cotidiana en oración de acción de gracias
Patricia Jiménez Ramírez
08 abril, 2026
5 min
(EN)
(ES)
(IT)
