07 abril, 2026

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¿Ahora qué?

La victoria pascual según León XIV: de la Resurrección a la misión concreta de una Iglesia que construye paz

¿Ahora qué?

En la mañana radiante del Domingo de Pascua 2026, el Papa León XIV, desde la logia central de San Pedro, nos ha confrontado con la pregunta más urgente que brota del sepulcro vacío: ¿Ahora qué? No como una expresión de desconcierto, sino como un llamado profético y esperanzador a la acción. Su primer Urbi et Orbi como Sucesor de Pedro no ha sido un mero saludo litúrgico, sino un profundo análisis teológico y pastoral que une la victoria de Cristo con la responsabilidad de los bautizados en un mundo herido por la guerra, la indiferencia y la muerte.

Emerge un hilo conductor coherente en toda la Semana Santa: la Pascua no es un final, sino el verdadero comienzo. En la Vigilia Pascual, el Santo Padre recordó que “esta noche santa expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”. El Resucitado, “el mismo Creador del universo”, nos capacita para “dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad”. No se trata de una utopía ingenua, sino de una realidad sacramental que brota de la Cruz y del sepulcro vacío.

La fuerza no violenta de la Resurrección

León XIV desmonta con claridad cualquier tentación de interpretar la Pascua como un triunfo mundano. La victoria de Cristo “no es violenta”. Es “semejante a la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece”. Es la fuerza del Amor que perdona, que dialoga, que se entrega hasta el extremo. Esta lectura evangélica —fiel a san Juan y san Pablo— contrasta radicalmente con las lógicas del poder actual. Mientras el mundo multiplica armas y odios, el Papa nos recuerda que la verdadera potencia pascual reside en el vaciamiento kenótico: “para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos, se hizo esclavo”.

Didácticamente, el Santo Padre nos enseña que la Resurrección enfrenta nuestra libertad: podemos elegir el miedo y la mentira como los guardias del sepulcro, o el asombro y la misión como las mujeres y los Apóstoles. “¡Dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor nos transforme el corazón!” Esta conversión del corazón es la condición indispensable para cualquier cambio social. Sin ella, todo activismo se vuelve ideología; con ella, cada gesto cotidiano se vuelve semilla de Reino.

Tres actitudes para el Tiempo Pascual

  1. Combatir la globalización de la indiferencia Con eco fiel del magisterio de Francisco, León XIV denuncia que “nos estamos acostumbrando a la violencia” y nos volvemos indiferentes ante el sufrimiento. La Pascua nos obliga a mirar: a las víctimas de la guerra, a los pobres, a los descartados. No basta con lamentarse; hay que “hacer oír el grito de paz que brota del corazón”.
  2. Elegir el diálogo y el abandono de las armas Con valentía profética, el Papa clama: “¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo”. Este no es un pacifismo pasivo, sino una propuesta activa de encuentro y bien común. La paz de Cristo “toca y transforma el corazón”.
  3. Ser agentes de nueva creación Resucitados con Cristo, “también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo”. Cada bautizado está llamado a remover las piedras que oprimen: desconfianza, rencor, egoísmo, injusticia. La Vigilia nos invita a renovar las promesas bautismales precisamente para esto: ser “lámparas para el mundo”, testigos de que “el mal no tiene la última palabra”.

Construyamos juntos

Este artículo pretende convocar. La Pascua de León XIV es un programa positivo y realista para la Iglesia del tercer milenio: una Iglesia que escucha el clamor de los pobres (como propuso en su Mensaje de Cuaresma), que sirve con humildad (como en el lavatorio de pies) y que anuncia sin miedo la victoria de la vida.

¡Ahora qué! Ahora, resucitar cada día. Ahora, perdonar setenta veces siete. Ahora, construir puentes donde otros levantan muros. Ahora, ser esa “nueva humanidad” que el Resucitado ya inició.

Que la Vigilia de oración por la paz convocada para el 11 de abril sea solo el primer paso de un Pueblo de Dios que, fiel a su Señor, transforma el lamento en Aleluya y la muerte en vida abundante.

¡Cristo ha resucitado de veras! ¡Felices Pascuas! Que María, Estrella de la mañana, nos acompañe en esta hermosa misión. Amén.

Javier Ferrer García

Soy un apasionado de la vida. Filósofo y economista. Mi carrera profesional se ha enriquecido con el constante deseo de aprender y crecer tanto en el ámbito académico como en el personal. Me considero un ferviente lector y amante del cine, lo cual me permite tener una perspectiva amplia y diversa sobre el mundo que nos rodea. Como católico comprometido, busco integrar mis valores en cada aspecto de mi vida, desde mi carrera profesional hasta mi rol como esposo y padre de familia