11 abril, 2026

Síguenos en

A los ocho días llegó Jesús : Comentario del P. Jorge Miró

Domingo, 12 de abril de 2026

A los ocho días llegó Jesús : Comentario del P. Jorge Miró
Ilustración de la Divina Misericordia © Cathopic

El P. Jorge Miró comparte con los lectores de Exaudi su comentario al Evangelio del domingo 12 de abril de 2026 titulado, “A los ocho días llegó Jesús”

***

La palabra que nos regala el Señor en este segundo domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, nos invita a contemplar a Jesucristo resucitado. Y a Jesucristo resucitado, que vive en su cuerpo, que es la Iglesia.

Y cuando nos encontramos con Jesucristo, cuando dejamos que Jesucristo entre en nuestro corazón y tome posesión de nuestra vida, somos renovados, nacemos de nuevo. Como nos dice la segunda lectura, Jesucristo, mediante la resurrección, nos ha regenerado para una esperanza viva, para una herencia incorruptible.

Nos ha regenerado por el bautismo. Por el bautismo nosotros somos sumergidos en las aguas de la muerte y resucitamos a una vida nueva. Y toda la vida del cristiano no es otra cosa más que vivir el bautismo, dejar crecer la semilla que recibimos en el bautismo hasta que lleguemos a la estatura de Cristo, hasta que lleguemos a la meta que nos ha dicho hoy también San Pedro, que es la salvación de vuestras almas hasta que lleguemos al cielo.

Cuando nos encontramos con Jesucristo, con Él viene la paz, la paz en medio de las pruebas y de las dificultades. También nos lo ha dicho San Pedro en la segunda lectura: Os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas. Así, la autenticidad de vuestra fe merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo.

La paz y la alegría vienen con el Señor: los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Y todo esto ocurre en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Y por eso hoy la Palabra nos ha hablado también de esta dimensión eclesial de la fe. Nadie puede tener a Dios por padre si no tiene a la Iglesia por madre (S. Cipriano).

Estamos llamados a vivir la fe no de una manera solitaria, no de una manera individual, sino a vivirla en comunidad. En la comunidad concreta en la que el Señor nos ha llamado a vivir la fe.

La primera lectura nos habla un poco de las características de la comunidad cristiana.

¿Qué es lo que hace crecer a la comunidad cristiana?

La comunidad la convoca el Espíritu Santo. No es una comunidad de amigos, sino de hermanos y, por tanto, los hermanos no los elige cada uno. Los amigos, los elegimos nosotros, pero los hermanos no. Los hermanos los elige el Señor y él llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere.

Y la comunidad crece por la acción del Espíritu Santo y la comunidad se constituye por escuchar la enseñanza de los apóstoles, por vivir la eucaristía, por vivir en la comunión fraterna y por vivir en la oración en común.

La comunidad no crece por medios humanos, por técnicas humanas, por acciones espectaculares, no. Lo que hace crecer a una comunidad es vivir con esta perseverancia. Perseverar y dejar actuar al Señor. Y todo eso va dando frutos, va dando frutos en la vida de cada día.

Alababan a Dios, vivían con sencillez de corazón, con alegría, compartiendo sus bienes según la necesidad de cada uno. Viven con un corazón nuevo, con un espíritu nuevo.

Hoy celebramos el Domingo de la Divina Misericordia, fiesta instituida por San Juan Pablo II. Esta fiesta nos invita a vivir la primera y más importante verdad de la Fe: Dios te ama, y no dejará de amarte nunca.

Te ha creado por amor y para amar y te ha creado para vivir con Él para siempre. Vivir de la Fe es vivir la vida como una historia de amor con el Señor. ¡Disfrútala!

¡Feliz Domingo de la divina misericordia!

¡Ven Espíritu Santo!  (cf. Lc 11, 13).

 

 

 

Jorge Miró

Sacerdote de la archidiócesis de Valencia y profesor en la Facultad de Ciencias Jurídicas, Económicas y Sociales de la Universidad Católica de Valencia