No tengo miedo. No lo tengáis vosotros

Alexei Navalny: Un legado de valentía y compromiso. El disidente que desafío a Putin y al populismo occidental

Alexéi Navalni nació el 4 de junio de 1976 cerca de Moscú. Tras estudiar Derecho y más tarde Economía, comenzó su carrera política con un enfoque nacionalista, una postura que posteriormente repudió tras su conversión al cristianismo. Su activismo evolucionó hacia una lucha por la justicia y la libertad frente al sistema corrupto y autoritario de Vladímir Putin.

En 2020, su carrera política sufrió un giro dramático cuando fue envenenado, un atentado del que se recuperó milagrosamente en Alemania. A pesar de conocer los riesgos, regresó a Rusia, donde fue arrestado y sometido a una serie de juicios políticos y traslados entre prisiones. Finalmente, terminó en la colonia penal de máxima seguridad de Harp, más allá del Círculo Polar Ártico. El 16 de febrero de 2024, después de 300 días en aislamiento, falleció a los 47 años.

Navalni fue un disidente que desafió el autoritarismo de Putin y también el populismo y la corrupción en las democracias occidentales. Recientemente, se ha publicado un libro recopilatorio con sus reflexiones, entrevistas, intervenciones judiciales y escritos desde la cárcel. Titulado No tengo miedo, no lo tengáis vosotros, el libro ha sido editado por Ediciones Encuentro.

Más allá de su activismo, Navalni fue un hombre profundamente comprometido con tres amores fundamentales: su familia, el bien común y su fe. De ellos extrajo la fuerza para soportar con esperanza y humor el martirio político que padeció.

Un amor por el bien común

Navalni creía en la lucha por ideas que merecen la pena tanto para vivir como para morir. Organizó numerosas manifestaciones en Moscú, reuniendo a cientos de miles de personas. Sin embargo, insistía en que el verdadero cambio ocurría en las almas de quienes participaban. Antes de una de estas manifestaciones, dijo:

«La gente pregunta con frecuencia: ¿Qué puede cambiar esta manifestación? Esta manifestación nos cambiará a nosotros. Cambiará lo que diréis a vuestros hijos y nietos cuando os pregunten sobre este periodo tremendo. Debemos salir a la calle por amor a nosotros mismos. Entonces Rusia dejará de ser un simple país y se distinguirá del dictador demente responsable del fango que sigue deshonrando nuestra bandera, nuestra lengua y la misma palabra Rusia.»

En sus juicios políticos, Navalni aprovechaba cada oportunidad para dirigirse a sus jueces con valentía. En una ocasión, se enfrentó a ellos diciendo:

«Si os fotografiara ahora a los tres, también a los representantes de la llamada parte afectada, todos bajaréis la mirada. Siempre fijáis la vista en la mesa cuando me dirijo a vosotros. No tenéis nada que decir. Todos me decís la misma frase: ‘Alexéi Navalni, ¿entiende usted?’. Lo entiendo todo. Pero hay algo que no entiendo: ¿por qué bajáis continuamente la mirada?»

Un hombre de fe y esperanza

En su 45º cumpleaños, desde la cárcel, reflexionó sobre su situación con una mezcla de humor y determinación:

«Preferiría no tener que despertarme en esta perrera. Me gustaría desayunar con mi familia, recibir besos de mis hijos y abrir regalos. Pero la vida funciona de tal modo que el progreso social y un futuro mejor se logran solo si un determinado número de personas están dispuestas a pagar un precio por su derecho a tener convicciones. Cuantas más personas haya, menos pagarán todos, y llegará el día en que decir la verdad y defender la justicia en Rusia será algo normal y no algo peligroso.»


Un año antes de su muerte, con motivo de su 46º cumpleaños, escribió:

«Hoy cumplo 46 años y me encuentro fenomenal. Hay cosas que podrían mejorarse, claro, pero eso vale para todos. Estoy muy contento. Tengo una familia a la que quiero, compañeros inteligentes que continúan nuestra obra común. Y, sobre todo, tengo un inmenso y raro privilegio: en la Rusia de hoy, digo lo que considero justo y hago lo que considero necesario. Los canallas infames del Kremlin no tienen ningún poder sobre mí, aunque me hayan encerrado en un agujero.»

Alexéi Navalni fue un hombre que luchó hasta el final por la justicia y la libertad. Su legado perdurará como un testimonio de coraje, fe y compromiso con el bien común.